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viernes, 10 de julio de 2015

Piero Gleijeses: Lo que nos propone y enriquece


Por Felipe de J. Pérez Cruz*

  Fperez
 La pasada semana compartí con los lectores la breve respuesta que elaboré para una estudiante australiana sobre el tema, hoy recurrente, de los impactos en Cuba de las relaciones con los Estados Unidos. Entonces afirmé que “existe en los Estados Unidos una intelectualidad universitaria (de izquierda y también de derecha) con sólidas e importantes fortalezas y muchas virtudes a compartir con sus colegas cubanos”. Y los días 26 de junio y 2 de julio, asistimos en La Habana, a  dos ejercicios de ese saber humanista, de ciencia y conciencia –como lo definió el padre Félix Varela y Morales-, que desde el país del Norte, nos enriquecen y proponen. Me refiero a sendos encuentros con el Dr. Piero Gleijeses (Venecia, 1944), de la Johns Hopkins University, a propósito de la presentación de su último libro sobre la participación internacionalista cubana en el proceso de liberación nacional del Cono Sur africano. La tarde del día 2, el programa televisivo Mesa Redonda dedicó su espacio a multiplicar la inteligente presencia del profesor Gleijeses, en cientos de hogares y espacios cubanos.

 Jorge Risquet Valdés y Ricardo Alarcón de Quesada, hicieron de la presentación de los dos tomos de “Visiones de Libertad: La Habana, Washington, Pretoria y la Lucha para el África Meridional, 1976-1991” Ciencias Sociales, 2015 -Premio FriederichKatz 2014 de la Asociación de Historiadores Norteamericanos-efectuada el día 26, en los jardines del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, una jornada de privilegio histórico y notable valor testimonial. Piero Gleijeses resumió en cuatro precisas tesis más que el libro, su visión sobre las misiones internacionalistas cubanas en África, a las que el autor ya le había dedicado un primer texto -Misiones en Conflicto: La Habana, Washington y África, 1959-1976, Ciencias Sociales, 2003- y no pocos análisis en su nutrida producción para revistas especializadas y la prensa política en general. 

 La Cátedra “Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales”, de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC) en La Habana, tiene por objeto, organizar, coordinar e incentivar los proyectos de investigación, promoción y enseñanza, que se orientan en subrayar la pertenencia de la historia nacional, al proceso histórico caribeño, latinoamericano y mundial, así mismo incentivar en el país los estudios históricos  internacionales. Esta cátedra, cuyo nombre hace homenaje a la institución que con similares propósitos fundó Emilio Roig de Leuchsenring en 1940, invitó al profesor Gleijeses a un intercambio con historiadores, combatientes y trabajadores internacionalistas, que por espacio de otras dos horas, profundizó en la obra del destacado académico.

 Gleijeses en Cuba

 El profesor de relaciones internacionales Piero Gleijeses llegó a Cuba bajo una gran interrogante: No lograba entender como una nación tan pequeña y pobre pudiera hacer algo tan impactante en África; razón por la cual nació en él un deseo por comprender esta actitud hacia el mundo, algo sin precedentes en la historia moderna. Avanzó en su conocimiento de Cuba, cuando el presidente “demócrata” Bill Clinton, aprobaba la Ley genocida “para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubana”, conocida como Ley Helms-Burton, y colocaba como prioridad agresiva, el llamado “Carril II” de la subversión político ideológica, engendro concebidocomo parte de la no menos  agresiva “Ley para la Democracia Cubana” o Ley Torricelli (1992). Persistió en su empeño en medio de la ola fascista del republicano George W. Bush, el terrorismo de Estado, el autogolpe  contra las libertades del pueblo norteamericano y la ofensiva guerrerista a nivel global, luego del 11 de septiembre del 2001. Cuba fue en el lenguaje soez del Emperador Bush, “uno de los oscuros rincones del mundo” que conformaba “el eje del mal”. Piero Gleijeses no se amilanó, y continuó y profundizó sus lazos con quienes persistíamos tozudamente en no doblegarnos.

 El profesor estadounidense también tuvo que vencer obstáculos “internos”: Este “yanqui” suelto por Cuba, en tiempos de tanta presión desde el Norte, tenía necesariamente que levantar suspicacias y dudas en algunos compañeros; pero la honestidad, inteligencia y perseverancia de Gleijeses pudo más. Piero –sin más títulos-, supo encontrar y cultivar amigas y amigos cubanos, que calaron en su ser, no se limitaron en cariño ni se dejaron prejuiciar. Estos conciudadanos merecen nuestra felicitación. También, los compañeros  que en nuestra dirección política, tuvieron la agudeza de penetrar en las motivaciones del profesor, otorgarle la confianza profesional que merecía, y dedicar largas jornadas a leer y desclasificar muchos más pliegos que los que Gleijeses finamente leyó y anotó. Según  la estadística del profesor, en los últimos tres lustros, pudo leer y trabajar con una masa de 18 500 pliegos de documentos oficiales cubanos.

 El esfuerzo y la cooperación, esta vez fructificaron en la sólida obra, que hoy rescata la historia y fundamenta la batalla internacional de nuestra Revolución entre 1959-1991, junto a los patriotas africanos, por la real descolonización de sus naciones. 

 Y digo “esta vez”, porque no han faltado “profesores” y “profesoras”, que tras prodigar en sus excursiones cubanas sonrisas amistosas, y hasta declaraciones izquierdistas, terminan sus ensayos salpicados de mentiras, tergiversaciones y engendros del peor anticomunismo. 
 
“Honrar honra”

  Piero Gleijeses“Honrar honra”, nos enseñó muy tempranamente José Martí Pérez, y el profesor Gleijeses fue investido el 18 de junio, como académico correspondiente extranjero de la Academia de Historia de Cuba. Es de felicitar la decisión de nuestra prestigiosa Academia, aunque la nomenclatura, insuficiente siempre a la hora de las especificidades, no se ajusta a este hombre, que ya hace años, no es “un extranjero”, y preferimos asumirlo italo-cubano-estadounidense, como lo define Jorge Risquet Valdés: un interlocutor privilegiado, hombre clave de Fidel Castro en Angola,  fundamental para el logro de sus investigaciones en Cuba y en África, amigo e incisivo crítico, segúnlo describe el propioGleijeses. “Piero es un sabio, al estilo de Carlos Marx, hasta estudio afrikáans, para leer en su idioma nativo a los racistas sudafricanos”,  escuché comentar con admiración a Ricardo Alarcón.

 Sin dudas el premio mayor para el profesor ha sido –así lo reconoció ante los televidentes cubanos-, el encontrarse el 1 de julio, con el protagonista mayor de la epopeya cubana que ha estudiado, con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Durante 19 años de investigaciones en Cuba, nunca había logrado una entrevista con el Jefe de la Revolución, y no por falta de empeño, había escrito en su último libro.

 Gleijeses no olvida a la hora de la cosecha, y reconoce: El mérito para su esposa SetsukoOno – que ha dejado sus huellas artísticas en la Isla-, es lo primero que se lee en su galería de lealtades, lo que nos abre a la imagen de quien cultiva y dignifica el indispensable amor en la pareja, aquella que no se cansa, comparte ideales y deberes, que multiplica. A la historiadora Gloria María León Rojas su apoyo, pero sobre todo el “haberle ayudado a entender a los cubanos”. El líder sindical y Embajador Pedro Ross Leal y sus colaboradores en Luanda,  nuestros diplomáticos en Washington, especialistas, militares, políticos y amigos en nuestro archipiélago, la bella y profesional María de los Ángeles Navarro González y el equipo de la Editorial de Ciencias Sociales, y una lista minuciosa y agradecida que recorre los avatares del investigador por Estados Unidos, Europa y África. La no menos importante mención al centro, a los directivos y colegas que le han permitido ser y hacer en la School of Avanced International Studies (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins, donde enseña.

  Menciones todas, que dan cuenta de la real sabiduría de este hombre, que se dignifica y crece en la modestia de saberse parte y no universo.

 Los que siempre buscan en la luz, sombras, confunden exigencia y rigor, con rispidez; sinceridad y apego a la verdad, con simpatías y antipatías ideológicas. En abismal contraste, son muchísimas las personas, que además de respetar al historiador, le estiman en la nobleza de su carácter, y hasta he visto quien le mima con ese  cariño de hermanos, que tanto eleva a las y los humanos buenos. Y no solo en Cuba: Hamlet Herman, desde Santo Domingo, al conocer los actuales andares habaneros del profesor Gleijeses nos reclamó: que no me avisaron antes…. Me hubiera dado gusto haber estado junto a Piero, un gran amigo, y habría inventado un viaje a La Habana para verlo. Por lo menos, mándenme el texto”. 

La obra que trasciende

 El profesor Piero Gleijeses trasciende por haber hecho verdad de ciencia, lo que sabían en sus corazones, los 385 908 cubanos y cubanas que cumplieron misiones militares internacionalistas, 337 033 en Angola. Estos patriotas, hicieron realidad  ese cambio en la historia del África, que el profesor sustenta como contribución sin par de la Revolución Cubana a la contemporaneidad: La plena independencia y seguridad de Angola, la independencia de Namibia  y el fin del apartheid en Sudáfrica.

 El profesor Gleijeses prueba verdades que duelen a unos y asombran a otros: Los documentos oficiales cubanos, le develaron la limpieza moral y la rectitud de principios de nuestros jefes y soldados, y esta verdad se proclama en la obra, y es eje de su ejercicio histórico. Para no dejar lugar a dudas, ni herir la modestia, al hablar de nuestras virtudes, prefiere hacerlo citando las fuentes de los otros protagonistas, y en particular las de los adversarios, con testimonios y datos irrefutables obtenidos en archivos estadounidenses, sudafricanos, angolanos, yugoslavos y soviéticos –hoy rusos.

 No han faltado los intentos de mediatizarlo, de alinearlo con los consensos de la “objetividad” imperial. Su respuesta ha sido fundamentar más. Un director del Journal of ColdWarStudies, cambió o borró unas 25 palabras y/o pedazos de frases para suavizar la crítica a los Estados unidos y el elogio a Cuba, y Gleijeses  lo conminó de armar un escándalo, con lo que le obligó a publicar la versión original en próximo número de la revista(1).

 Tras casi dos décadas de estudios, la lectura a hacer de la obra del profesor Piero Gleijeses -lo que me confirma como historiador y revolucionario cubano-, resulta inobjetable: 1) La Revolución Cubana en África, acudió  a pagar una deuda histórica. No precisaba del petróleo, ni de los diamantes, ni de las demás riquezas de los países de la región. Necesitaba cumplir el destino que se había reservado: Defender a los pobres y oprimidos de este mundo, hacer patria que es humanidad, liberar a los hijos del continente donde estaban sus ancestros, sus abuelos y abuelas negros, para ser y sentirse más libres. 

2) Cuba al cumplir su decisión no le pidió permiso a nadie. Confrontó a las dos superpotencias de la época: Sabía el costo de ruptura de diálogo, bloqueo y agresión, que vendría del Norte. Midió las aprehensiones y resistencias del aliado soviético, y –enarboló los principios y valores que proclamara la Revolución de Octubre, y obligó a su cumplimiento, aunque en ellos ya no creían la mayoría de los burócratas y traidores encaramados en la dirección del Partido Comunista de la URSS-, supo concitar frente a una dirección en plena decadencia, lo que les quedaba de moralidad revolucionaria, para llevarla a la colaboración  material que resultaba imprescindible, y de la que lo mejor del pueblo soviético nunca renegó.

 3) Cuba colaboraba con el independentista Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA), desde los años sesenta del siglo XX. Instructores internacionalistas cubanos, entrenaron y combatieron en la región mucho antes de la invasión sudafricana a Angola de 1975, que ocurre en momentos de la transición del poder colonial portugués al MPLA. Es falsa la tesis de que hubo “un proceso clásico de acción-reacción”, de los sudafricanos por la presencia de los cubanos. Fue una operación  contrarrevolucionaria del régimen del apartheid, coordinada con la CIA, para impedir la llegada al poder de Agostinho Neto(1922-1979),  y el MPLA.

 4) Desde que bajo el recuerdo heroico de la esclava insurrecta Carlota (1843), se acudió al llamado del presidente Neto y el MPLA, y se paró el 10 de noviembre de 1975 la ofensiva sudafricana y mercenaria a las puertas de Luanda, hasta la derrota de los invasores, a lo largo de más de 1 000 kilómetros, que huyen y cruzan la frontera con Namibia el 27 de marzo de 1976, se sabía en la dirección cubana, que la guerra definitiva sería contra el apartheid, por la liberación del África austral de este flagelo. De 1981 a 1987, los sudafricanos lanzaron por oleadas invasiones en el sur de Angola, lo que hizo necesaria la permanencia de las tropas cubanas. La guerra, estaba en un punto muerto, la asesoría soviética había llevado una y otra vez a las FAPLA -las Fuerzas Armadas Populares de Liberación angolanas -, al desgaste frente al poderoso apoyo militar sudafricano a la UNITA -la llamada Unión Nacional para la Independencia Total de Angola,organización fantoche aliada a los racistas-. En  noviembre de 1987, las mejores unidades de las FAPLA estaban acorraladas y en peligro de aniquilamiento, cuando la dirección cubana –a solicitud de soviéticos y angolanos- acudió en su auxilio, y decidió además, expulsar a los sudafricanos fuera del país de una vez por todas. El 23 de marzo de 1988, los sudafricanos lanzaron su último ataque importante contra Cuito Cuanavale. Fue un fracaso absoluto. A la par que los internacionalistas cubanos liberaban Cuito Cuanavale, sus poderosas columnas, con un dominio total de la aviación de combate, avanzaron hacia la frontera de Namibia, y empujaron a los sudafricanos a un repliegue, que fue desbandada.  Pretoria capituló. Aceptó las demandas de los vencedores, se retiró incondicionalmente de Angola y aceptó el acuerdo de las elecciones supervisadas de la ONU en Namibia, que ganó el movimiento de liberación nacional, la SWAPO, sigla en inglés de la Organización Popular de África del Sudoeste.

 5) Los soldados de la pequeña Cuba, tenían diferencias sustanciales con las tropas de ocupación estadounidenses en la guerra de Viet Nam,  y en otras aventuras militares de los países del capital, y por supuesto con la desastrosa intervención militar soviética en Afganistán: Eran tropas voluntarias. La inmensa mayoría reservistas, pueblo combatiente que acudió a la defensa de un ideal, por propia decisión. No estaban en el terreno para intervenir en el conflicto interno, su misión fue proteger  a Angola de la agresión y la intervención miliar sudafricana. Los cubanos y cubanas que combatían en Angola estaban deseosos –ansiosos muchos- de regresar a su patria, pero a la vez dispuestos a estar en el cumplimiento de su misión todo el tiempo que fuera necesario.

 El profesor Gleijeses resalta, que la participación cubana no fue solo militar. 6) La Revolución Cubana en medio de la guerra civil y la intervención militar extranjera, movilizó además a un masivo contingente de trabajadores  civiles. Llevó médicos, maestros que alfabetizaron, ingenieros, constructores: 43 257 colaboradores internacionalistas prestaron sus servicios en Angola.  7) Mientras, en la segunda isla del archipiélago, en la Isla de la Juventud, se desplegó el más universal programa de colaboración multicultural Sur-Sur, que hasta el día de hoy se ha desarrollado en el mundo, con la atención y capacitación a través de becas gratuitas, financiadas por el Gobierno Revolucionario, de unos 50 mil adolescentes y jóvenes de África. Asia, y América Latina: De ellos más de 6 mil angolanos y 2 mil quinientos niños y niñas sobrevivientes de las masacres  de los racistas sudafricanos contra el pueblo de Namibia. Ningún otro país del Tercer Mundo –afirma Gleijeses- ha brindado un programa de asistencia técnica del tal alcance y generosidad.  

 8) Los cubanos fuimos firmes y a la vez caballerosos en la victoria: Diplomacia inteligente, sagaz, fina, exquisita, diplomacia de principios y respeto con el adversario, que además de perder la guerra, se sabía en completa desventaja estratégica y táctica, para dar continuidad al conflicto. 

9) La pequeña Cuba, con la colaboración logística de la URSS, hizo por África lo que ningún otro país intentó hacer, y esto lo reconocen en primer lugar los africanos. Nelson Mandela (1918-2013) y los principales líderes africanos,los históricos y los actuales, lo han manifestado en innumerables ocasiones.

 10) La epopeya africana de la Revolución Cubana, fue conducida por Fidel Castro Ruz, líder de magnitud mundial, genio político y militar, genuino revolucionario,movido por los más altos principios de justicia social y dignificación humana, que contó además con una constelación de exitosos generales, jefes y soldados, con un pueblo preparado, culto, consciente de su papel en la historia. 

 Precisar, documentar y validar ante la comunidad académica norteamericana y occidental, verdades tan difíciles de digerir, resulta un mérito sustantivo. Enfrentar la prepotencia imperial, la desinformación y la ignorancia prevaleciente, fue una tarea ciclópea ganada día a día por Pietro Gleijeses, suficiente para hacerlo un intelectual de mérito. Sin embargo, pienso que hay más.

 No pocos colegas, persisten en ver la frontera de su hacer a través de un distanciamiento “dicen que científico”, de sus sujetos de estudio. A estos académicos, les debemos su esfuerzo personal y las obras enjundiosas que aportan. Pero Piero Gleijeses, insisto, nos da más: Sin ceder un ápice frente a la solidez teórico metodológica, ha logrado maestría en el difícil arte de colocarse en la piel de los pueblos, de los sujetos de y en la Historia, en el comprometerse, sentir y expresar esa cercanía en colores y adjetivos, y por supuesto, con apreciaciones que aventuran la polémica, y que otros eluden para –dicen- evitar el “error”. Tal hacer es a mi juicio, el mérito principal de la obra –de academia- de Piero Gleijeses. Lo hizo con la historia de Cuba, y también con excelentes ensayos sobre la Revolución guatemalteca 1944-1954(2), y la rebelión dominicana de 1965(3). Tres estudios donde se demuestra la política criminal del imperio estadounidense. 

 Hay afirmaciones y matices del profesor Gleijeses que no comparto, pero que no puedo discutir en profundidad, porque carezco de referentes documentales. Nuestro Estado tiene el deber de poner a disposición de las historiadoras e historiadores cubanos, la masa de documentos que sustentan el trabajo del profesor. Este es un tema crucial, no solo para el complejo tema que tratamos, sino para cumplir la urgente e imprescindible tarea colectiva de entregarle al pueblo cubano una y muchas historias de la Revolución, porque lo que hoy tenemos son solo ensayos introductorios, meritorios tanto por la seriedad en su desbroce inicial, como en la toma del riesgo profesional de sus autores, pero insuficientes todos en la evaluación de no pocos asuntos. En lo que tal problemática se resuelve –y trabajamos para que sea en breve-, y aún después de que se escriban otros tantos libros sobre el tema, será un lujo de ciencia y premio de dignificación, que se estudie y ame la historia de la patria-humanidad, desde las obras de Piero Gleijeses. Así se lo hemos recomendado a nuestro Ministerio de Educación, en estos días certeramente ocupado en construir una biblioteca mínima de obras, que apoyen la enseñanza de la Historia en el país.

El mérito principal, un valor adicional

 El profesor Gleijeses, elevó su saber al activismo en la lucha por la justicia, y se colocó junto a los y las camaradas que desde las entrañasdel imperio, pelearon la liberación de nuestros cinco héroes antiterroristas. La carta del Profesor Gleijeses al Presidente Barak Obama, del 5 de febrero del 2014, fue sin dudas uno de los documentos más incisivos, de los muchos que les agradecemos a nuestros amigos estadounidenses de la solidaridad militante: 
“No le hablaré de los errores jurídicos del juicio contra los Cinco Cubanos –escribió Piero Gleijeses-. Estos errores son muy conocidos y otros han escrito sobre ellos. Los Cinco fueron condenados por un tribunal de opereta a largas penas a causa de los crímenes de Fidel Castro… 

El crimen de Fidel Castro – por el cual los Cinco tienen que pagar – es evidente: él ha humillado a los Estados Unidos. Tal como lo dijo un ex-embajador británico en Cuba, Castro es “todavía un hueso metido en la garganta de los americanos. Ha desafiado y ridiculizado a la única superpotencia del mundo, y eso no se le perdona….

¿Dónde es que los hermanos Castro desafiaron a los Estados Unidos? Uno de los lugares más importantes es África meridional. Yo estoy seguro de que usted se dio cuenta de esto en su reciente viaje a Suráfrica cuando fue testigo del cariño con el cual el pueblo surafricano recibió a Raúl Castro. Y escuchó las palabras del presidente del Congreso Nacional Africano: “Ahora vamos a presentar a un líder que viene de una pequeña isla, de un pueblo que nos liberó, que luchó por nosotros… el pueblo de Cuba…
Ojalá, Señor presidente, lo que usted vio en Suráfrica pueda inspirarlo a vencer la brecha y entender que en este pleito entre los dos países, Estados Unidos no es la víctima y, que los Cinco Cubanos son, simplemente, presos políticos.

A mi juicio aquí está el mérito principal de Piero Gleijeses, mérito de académico comprometido con las verdades de su tiempo, mérito de valentía en vida. Mi trinchera de lucha en la batalla de ideas, -afirma-es Estados Unidos. Escribo para un público norteamericano, de Europa Occidental, para un público que no entiende, porque no quiere entender, o porque hace treinta o cuarenta años que le dicen las mismas mentiras.

Luego de los recientes anuncios de los respectivos países de abrir embajadas como parte del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, Gleijeses reconoció la valentía del presidente estadounidense al tomar tan sabia decisión. Esto –afirmó- es solo el primer paso para poner fin a una política criminal que ha fracasado. En lo adelante, añadió, hay un montón de obstáculos por sortear. No obstante, advirtió, es una victoria para Cuba y un mérito de Obama.

Pienso que la obra de Piero Gleijeses, posee un valor adicional en estos tiempos de restablecimiento de relaciones gubernamentales. Es que la lectura de sus libros puede resultar un ejercicio nada despreciable para los que en Washington piensan y deciden la política cubana, sobre todo aquellos que siguen con el pie en estribo de la confrontación terrorista, el espionaje y la subversión político-ideológica

Del presente al futuro

 El profesor Piero Gleijeses confirma. Hay en la academia estadounidense excelentes estudios sobre Cuba y América Latina. A lo interno, ya superamos el debate sobre la “Cubanología” y los cubanólogos”. El problema “ideológico” o la intencionalidad política, no pueden ser óbice para privarnos del intercambio y el dar, conocer y aprender: Solo se crece frente a la contradicción y al reto.

 No todos en el mundo y mucho menos en los Estados Unidos, tienen que pensar como nosotros, ni creer en nuestras verdades, y no por ello hay que verlos como “enemigos”. Si, muy a nuestro pesar, no nos han dejado otra alternativa que el estar alertas.

 En medio de las conversaciones para normalizar relaciones con Cuba, el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes federal,acaba de aprobar en el presupuesto del año fiscal 2016, la cifra de 30 millones de dólares cuyo objetivo es “promover la democracia y fortalecer la sociedad civil en Cuba”, lo que significa que el dinero que paga a mercenarios, compra voluntades y promueve la subversión dentro del país, aumentará en 10 millones de dólares más que lo asignado en el actual año fiscal del 2015. Ese proyecto de ley, también asignó otros 28 millones de dólares para las ilegales y groseras transmisiones Radio y TV Martí, y un presupuesto “adicional” de 17 millones y medio de dólares, que pretende promover programas de “acceso” a Internet, como los que intentó montar en Cuba el tecnólogo de los servicios de inteligencia estadounidenses Alan Gross, ZunZuneo, y otros más, aún no públicamente denunciados.  
                                          
El profesor Piero Gleijeses, representa la relación que aspiramos a tener con la academia estadounidense. Relaciones fraternales, de mutuo beneficio y enriquecimiento. Relaciones que a pesar del bloqueo, el terrorismo y la maldad de ultraconservadores y mafiosos batistianos, vienen desarrollándose y creciendo. Y que vamos a continuar y fortalecer.

Notas:
(1) La versión original: “Moscow´s Proxy? Cuba and Africa, 1975’1988,” Journal of ColdWarStudies, Fall 2006.
(2) La Esperanza Destrozada: La Revolución Guatemalteca y los Estados Unidos, 1944-1954. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2004
(3) La Esperanza Desgarrada. La rebelión dominicana de 1965 y la invasión norteamericana, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2011

*Doctor en Ciencias Pedagógicas,  Profesor e investigador y Presidente en La Habana de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC)

jueves, 9 de julio de 2015

Cuba: Cinco desafíos de la comunicación en un nuevo contexto

Texto Raúl Garcés

Raúl Garcés en el IV Pleno Ampliado del Comité Nacional
Raúl Garcés en el IV Pleno Ampliado del Comité Nacional
Septiembre de 2014. Teniendo como telón de fondo las imágenes de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y el grupo de experimentación sonora del ICAIC, el dúo Buena Fe entona la emblemática canción de la nueva trova Cuba Va, acompañado del coro entusiasmado de cientos de personas. Probablemente el hecho habría carecido de mayor trascendencia, si no fuera porque ocurría en el mismísimo Miami Dade County Audiotorium.
Abril de 2015. Uno de los símbolos más representativos de la intolerancia política en Miami, Ileana Ross Lehtinen, pone cara de derrota frente a la revista Foreign Policy, como si cinco décadas de industria anticastrista se vinieran abajo de un tirón sobre sus espaldas desde una altura comparable a la del Empire State. “No podemos darle marcha atrás. Es una situación sin salida”.-confiesa, refiriéndose a la eliminación de Cuba de la lista de países terroristas.
Más o menos por esa fecha,  la cantante Rihanna alborota las calles de La Habana, como lo habían hecho antes Beyoncé o Paris Hilton. Más allá de su fama, todas ellas forman parte del oleaje que trae a nuestras costas más visitantes norteamericanos, y que, hasta el nueve de mayo de 2015, había experimentado respecto al año anterior 36 por ciento de crecimiento. Las encuestas dicen claramente que el 65 por ciento  de los norteamericanos, el 56 por ciento de los latinos y la mayoría de los cubanoamericanos apoyan el giro actual de las políticas de Obama. Para colmo, el New York Times ha situado a Cuba en el lugar dos entre los 50 países más atractivos para visitar, y, en ese contexto, el efecto 17D se esparce también por Europa, cuyos habitantes viajan apuradamente a redescubrir la Isla ya no en carabelas, sino en confortables aviones.
Estas son las nuevas circunstancias. Cierto que no se ha levantado el bloqueo, que Marco Rubio y su equipo de pugilato añaden enmiendas contra la Isla a determinadas leyes, que Obama no utiliza todas sus prerrogativas como Presidente para avanzar. Y cierto también que, transcurridos seis meses, estamos más cerca de la posibilidad de convivir civilizadamente y abrir caminos.
¿Qué implicaciones tienen los escenarios descritos para el trabajo de la prensa y los periodistas? ¿Cómo se reacomodarán en lo adelante los significados de la “plaza sitiada”? ¿Cederemos a la tentación de actuar como si todas las murallas se hubieran derribado?
Quisiera dividir esta reflexión en cinco desafíos que, a mi juicio, deberemos afrontar con profesionalidad e inteligencia, si queremos ajustarnos a la sensibilidad y el tacto político demandados por la nueva época.
1. El desafío de la representación
Una investigación reciente de la Facultad de Comunicación confirma que el tratamiento de las fuentes y el acceso a la información sigue siendo un problema medular entre nosotros. De 636 noticias analizadas, el 43.4 por ciento incluía una sola fuente, mientras que el 22.4 por ciento,  dos fuentes representativas del mismo enfoque editorial. La presencia de diferentes puntos de vista se advirtió en apenas el seis por ciento de las notas. Y, tan preocupante como el dato anterior, es que solo el 17.4 por ciento de ellas utilizó documentos, en contraste con el 77.4 por ciento que se conformó con fuentes humanas.
Aspirar a una cobertura del acontecer internacional que desconozca estos antecedentes y prácticas sería como pedirle peras al olmo. Desde el pasado 17 de diciembre hasta la fecha, Cuba y los Estados Unidos han dialogado sobre un amplio espectro de temas, según las notas oficiales emitidas por ambos gobiernos: la lucha contra el terrorismo, la discusión sobre límites marítimos en el Golfo de México, el tratamiento de epidemias; las acciones para enfrentar la emigración ilegal, el contrabando de personas y el fraude de documentos; la conservación de especies marinas, las estrategias para contener derrames de hidrocarburos en el Estrecho de la Florida, la mitigación del cambio climático… ¿Cuáles de ellos han sido abordados por nuestros medios? ¿Qué otros géneros, además de las notas oficiales, hemos utilizado con mayor frecuencia? ¿Cuántos expertos cubanos y norteamericanos han sido entrevistados? Se habrán dado cuenta de que estas preguntas son más retóricas que reales, porque la respuesta es bien conocida por nosotros.  No caeré, sin embargo, en la tentación de culpar a las fuentes, ni mucho menos en la de culparnos a nosotros mismos. La madurez de este gremio sabe, tras nueve congresos de la UPEC, que esa ruta  ayuda poco a entender el problema y dilucidar sus causas.
(…)
 “Es preciso que se sepa la verdad de los Estados Unidos –diría José Martí-. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se han de pregonar sus faltas como virtudes”.
Lo que he llamado “el desafío de representación” tiene que ver entonces con superar estereotipos y cuños que nos han representado históricamente en el discurso público. Participar en política, fortalecer el espíritu de la nación en torno a su presente y futuro, formar ciudadanos, implica que pensemos y discutamos entre todos los dilemas de la actual coyuntura, que recuperemos sin ingenuidades el imaginario simbólico de nuestra Historia, que aprendamos la Historia antigua y contemporánea de los propios Estados Unidos, su cultura política y que distingamos entre su espíritu de libertad y de conquista.  
2.-   El desafío de la comunicación:
Tratarse como iguales no significa, como tantas veces se ha repetido, que los Estados Unidos hayan renunciado a sus objetivos históricos respecto a Cuba. “Aprender el arte de convivir en medio de nuestras diferencias” significa cimentar y abonar un terreno donde el Imperio –entrenado vastamente en una cultura de dominación- y la Isla- obligada a desplegar por más de cincuenta años una cultura de resistencia- puedan dialogar de forma civilizada y productiva.
Ahora bien, que hayan cambiado los medios y las tácticas de conseguir los mismos fines no es marginal, ni el alcance de esos métodos debería subestimarse.
(…)
Es, probablemente, la prueba más grande que haya enfrentado la institucionalidad revolucionaria en las últimas décadas. La pequeña isla, sometida y acosada históricamente por las políticas de bloqueo, privada muchas veces de diálogo con instituciones financieras internacionales, sumergida en el “vivir al día” para resolver cotidianamente problemas de sobrevivencia, tiene que reaccionar ahora a señales que provienen de todas partes, responder con agilidad propuestas, ejecutar proyectos, enfrentar la sobreexcitación global sin desconcertarse.
Es difícil, lo sé, pero la alternativa no es –ni lo está siendo- esconder la cabeza dentro de una concha de caracol. Ha llegado la hora de que el capital humano, intelectual y cultural formado por la Revolución demuestre sus potencialidades, afronte decisiones complejas, desate sus iniciativas para ponerlas en diálogo con las nuevas circunstancias. La avalancha no puede enfrentarse centralizadamente. No en todos los casos. Y menos en la prensa, que tiene y tendrá cada vez más radios, corresponsalías, periódicos comunitarios y redes sociales por todas partes.
(…)
Hay que construir el tejido social de nuestro proceso de cambios comunicativamente y la institucionalidad revolucionaria debiera asegurarse de que dispone  de las estructuras, los recursos humanos y la voluntad para garantizarlo. Luego de tantos años invisibles para las trasnacionales mediáticas, deberíamos aprovechar  el boom del interés por Cuba, lo mismo en titulares de periódicos que en visitas de primeros ministros, congresistas y personalidades de todo tipo, para dar a conocer lo que somos y, sobre todo, lo que podríamos llegar a ser.
Estados Unidos ha dicho, como también cabía esperar, que apoyará al sector privado emergente dentro de la Isla. Y el gobierno cubano, por su parte, ha reconocido las potencialidades de ese sector como  fuente de crecimiento económico. Que se visibilice, que utilice recursos de comunicación para insertarse en el mercado, incluso que necesite la publicidad para posicionarse en un ambiente de creciente competencia, no debiera extrañarnos.
(…)
El Estado tiene el desafío de ser eficiente, y el sistema comunicativo de la Revolución tiene el deber de acompañarlo en ese propósito. Pero si no hay voceros en los ministerios y otras entidades, si las estrategias de comunicación no se convierten en instrumentos de aplicación práctica cotidiana,  si los funcionarios no se entienden a sí mismos como servidores públicos y carecen de entrenamiento para enfrentarse a cámaras, grabadoras y micrófonos, el camino de mostrar la sostenibilidad y prosperidad de nuestro socialismo se hará más empedrado y difícil.
3.   Un problema de interacción.
No es novedad decir que se ha transformado estructuralmente el espacio público cubano. El modelo mediocéntrico, que caracterizó  a nivel global la producción y distribución de formas simbólicas, es ya historia. No digo que los medios no tengan importancia. Lo que quiero decir es que se insertan ahora dentro de un ecosistema más desestructurado y complejo, donde las jerarquías se diluyen. Si en 1980 visibilizar los efectos de un huracán dependía de las cámaras de la televisión o las fotografías de un periódico, hoy los celulares, las redes sociales, el paquete semanal pueden cumplir potencialmente los mismos propósitos.
(…)
Cualquiera de nosotros podría, al analizar estos temas, llamar la atención sobre las dimensiones de la encrucijada cultural en la que estamos. (…)
Por más que nos pese, este es el mundo en que vivimos y el Paquete Semanal, aún en medio de las singularidades del contexto cubano, se parece mucho a lo que Direct TV ofrece a millones de espectadores en todas partes, que no paran de hacer zapping frente a cientos de ofertas audiovisuales simultáneas. La televisión a la carta es una tendencia irreversible e imparable del escenario comunicativo contemporáneo. Y la reacción frente a ella no puede ser la censura, ni los ojos ciegos, ni los oídos sordos.
Lo que en realidad debiera preocuparnos es que nuestros centros de enseñanza no dispongan aún de programas de recepción crítica frente a la televisión, que la crisis de valores desestructure  los mecanismos sociales disponibles para discernir lo ético de lo que no lo es, que los medios  reproduzcan impunemente la misma banalidad y norteamericanización que le cuestionamos al Paquete, que la crítica a todo lo anterior no siempre cristalice en un potente movimiento cívico, de defensa de la cultura de la nación.
(…) Entendamos de una vez que se puede tener la prensa y no tener la comunicación.
4.     Un desafío de gestión.
Si me preguntaran una de las prioridades que la subversión ideológica adoptará en las nuevas condiciones, afirmaría que es cavar un abismo entre la capacidad de creación e innovación del pueblo cubano, y la supuesta intransigencia de sus instituciones.
Como sugerí antes, no nos asombremos de que el adversario apueste a contrastar las formas de gestión no estatal con las públicas,  que intente enfrentarlas, o presentarlas en el imaginario social como dos polos opuestos: de un lado, presuntamente, la modernidad, el emprendimiento, la habilidad para desatar hasta el infinito las fuerzas productivas. De otro, una imagen de inercia, lentitud y burocracia por parte de los aparatos del Estado.
(…)
Dentro de este contexto, resulta decisivo que se respire un ambiente de innovación en la prensa cubana, que aprendamos con urgencia sobre economía de medios y formas novedosas de gestión  para hacerlos sostenibles, que retengamos a los mejores recursos humanos y a cientos de jóvenes talentosos, portadores del espíritu de renovación; que habilitemos las condiciones objetivas y subjetivas para sacudir a los mediocres y premiar a los más consagrados.
Es un hecho que, en algunos casos, las audiencias caen como de un despeñadero o se desplazan desde los medios tradicionales hacia otras plataformas de comunicación más atractivas y dinámicas. Lo anterior debería preocuparnos y obligarnos a evaluar soluciones puntuales, sin esperar a una transformación general del sistema comunicativo. Hay que concentrar los mayores recursos donde más frutos rindan. Como mismo chequeamos con sistematicidad los lineamientos de la política económica –y generamos en torno a ellos propuestas experimentales-, deberíamos intentar llegar a la II Conferencia del Partido con experimentos sòlidos y consistentes, que se constituyan para nuestros medios en locomotoras del cambio.
En las aulas de nuestras universidades, y en la experiencia acumulada por los medios revolucionarios está la arcilla para modelar la nueva prensa. Hay cientos de jóvenes periodistas, con sólida formación académica y modernas habilidades profesionales, dispuestos a fundar. No es incomprensiones y trabas burocráticas lo que ellos buscan, sino libertad de creación, ambientes innovadores, oídos abiertos a formulaciones osadas, iniciativas que los hagan crecer y no desmovilizarse profesionalmente. En todo caso, es lo mismo que buscábamos nosotros en otra época y en otras circunstancias, cuando teníamos 20 años.
5.    El desafío de la construcción de nuevos consensos
Desde el pasado diciembre, y más recientemente a propósito del anuncio de la apertura de embajadas en ambos países, los presidentes Raúl Castro y Barack Obama han dado muestras ejemplares de que es posible entenderse y dialogar. En su misiva al mandatario cubano, Obama invocó términos como “relaciones respetuosas y cooperativas” y ratificó principios de la Carta de Naciones Unidas como “igualdad soberana”, “respeto por la integridad territorial e independencia política de los Estados” y “no injerencia en los asuntos internos”. Hemos tenido que esperar 113 años y recorrer una larga ruta de independencia para desterrar el espíritu plattista de las declaraciones de un gobernante norteamericano. Si la política necesita del discurso para expresarse y hacerse entender,  el próximo 20 de julio estaremos abriendo no solo embajadas, sino también una nueva dimensión comunicativa.
Le toca a la prensa en el nuevo contexto encontrar los tonos apropiados para cada momento, ecualizar el lenguaje, profundizar en los argumentos de acuerdo con la complejidad de las circunstancias. Recuperar la iniciativa del debate y  la policromía del discurso público. No es una prioridad solo para la nueva era en las relaciones Cuba-Estados Unidos, sino también para el fortalecimiento permanente del consenso nacional.
(…) Estos tiempos no son los años 60, ni Cuba es el país de analfabetos que registró el último censo previo al triunfo de la Revolución. Si algo produjeron las últimas cinco décadas fueron hombres y mujeres pensantes, jóvenes informados, ciudadanos capaces. Todos ellos forman parte del presente y el futuro de la República, y ninguna de sus críticas debiera ser motivo de exclusión. En todo caso, fue la  Revolución la que les aseguró el derecho de pensar con cabeza propia y expresar sus convicciones.
(…) Ahora que los Estados Unidos no estarán solo a 90 millas, sino, probablemente, en opulentos aviones de American Airlines posados en nuestros aeropuertos, o en lujosos ferrys con sus narices asomadas al Puerto de La Habana, ninguna escaramuza de coyuntura debiera ser más fuerte que la unidad nacional. Y aunque parezca paradójico, la unidad nacional será más sólida mientras más flexibles y abiertos a la diferencia resulten los límites de la cultura política compartida. (…)
(…) Este pueblo terco y  perseverante que somos los cubanos está entrenado en dar la pelea. Casi doscientos años de lucha por el camino de la independencia nos han hecho llegar hasta aquí y vivir la expectativa de los días que corren. Por nosotros, por nuestros hijos, por Cuba, nos toca ahora, con prudencia y al mismo tiempo con osadía, asumir los riesgos.
*Fragmentos de la ponencia presentada por Raúl Garcés durante el pleno, la cual propició el debate entre los asistentes de todas las provincias del país.

jueves, 2 de julio de 2015

Cuba y EEUU: ¿y ahora qué?

Por Dalia González Delgado*
 Sinaeeuu-habana-claudia-camps_0Pasó lo que tenía que pasar; lo que estaba anunciado desde el 17 de diciembre. Aquel fue un día histórico; este miércoles, la confirmación de las voluntades expresadas por Raúl Castro y Barack Obama. Luego de 18 meses de conversaciones secretas y otros seis de rondas públicas, Cuba y Estados Unidos restablecerán relaciones diplomáticas y abrirán embajadas en las respectivas capitales.

 De acuerdo con The New York Times, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, planea venir a La Habana para la apertura de su misión el próximo día 22.

 Después de la euforia generada por la noticia, largamente esperada, salta una pregunta: ¿Y ahora qué? Este restablecimiento es tanto un punto de llegada como uno de partida. En términos prácticos, favorecerá la oficialización de canales de comunicación entre ambos gobiernos, lo que permitirá continuar negociando asuntos pendientes.

 Por otra parte, podría conducir al establecimiento de nuevos consulados en ambos países, lo cual facilitaría las gestiones de los casi dos millones de cubanoamericanos que residen en Estados Unidos y de los norteamericanos que nos visiten, así como de futuros negocios.

 Para tener una idea, entre 1902 y 1961 existieron en territorio norteamericano 48 representaciones consulares cubanas, de las cuales casi 30 permanecían abiertas el 1ro de enero de 1959, 15 de ellas con rango de consulados. En la actualidad, con una población emigrada mucho mayor que entonces, Cuba cuenta solo con una oficina consular en Washington.

 La apertura de las embajadas no abre un camino fácil. Falta por ver cómo será el comportamiento de los funcionarios estadounidenses en Cuba, algo sobre lo que el gobierno de La Habana ha advertido en más de una ocasión.

 De acuerdo con la Convención de Viena, que rige las relaciones diplomáticas internacionales, las funciones de una misión consisten en “representar al Estado acreditante ante el Estado receptor; proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus nacionales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional; negociar con el gobierno del Estado receptor; enterarse por todos los medios lícitos de las condiciones y de la evolución de los acontecimientos en el Estado receptor e informar sobre ello al gobierno del Estado acreditante; fomentar las relaciones amistosas y desarrollar las relaciones económicas, culturales y científicas entre el Estado acreditante y el Estado receptor”.

 Hasta el momento, las rondas de conversaciones oficiales habían estado encaminadas a restablecer las relaciones diplomáticas. Ahora, para Cuba, quedan pendientes otros temas vitales como la eliminación del bloqueo, la devolución del territorio de la Base Naval de Guantánamo, el cese de las transmisiones ilegales de Radio y Televisión Martí y el fin de los programas originalmente concebidos para promover un “cambio de régimen”.

 Igualmente, son temas a negociar las compensaciones por los daños humanos y económicos provocados por el bloqueo al pueblo cubano, y del lado estadounidense el pago por las propiedades nacionalizadas luego del triunfo de la Revolución en 1959.

 Asimismo, las conversaciones técnicas que se han dinamizado después del 17 de diciembre podrían tomar un nuevo impulso. Ahí se incluyen, por ejemplo, las rondas migratorias, sobre derechos humanos, posible cooperación en materia de salud, enfrentamiento a desastres naturales y otros asuntos.

 Como era de esperar, no todos los políticos en Washington recibieron con agrado la noticia, a pesar de que la opinión pública de ese país apoya mayoritariamente el acercamiento. Marco Rubio, miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, ha dicho que bloqueará la nominación de un embajador para La Habana. Pero en la práctica eso no impedirá la apertura y funcionamiento de la embajada.

 El tema Cuba se ha convertido en parte del campo de batalla que es el Congreso norteamericano. Paralelamente, allí se han presentado proyectos de ley que intentan allanar el camino de las relaciones bilaterales y otros que se proponen dificultarlas.

 Habrá que seguirle la pista a cada una de esas propuestas, pues el órgano legislativo es el único con la autoridad para eliminar completamente el bloqueo. A fin de cuentas, las medidas adoptadas hasta ahora por Obama son ejecutivas y eso significa que, al menos en teoría, pueden ser revertidas, aunque en la práctica es improbable que regresemos a un escenario como el previo al 17 de diciembre.

 Cuba ha reiterado que el restableciendo de las relaciones diplomáticas y la normalización de las relaciones son dos procesos distintos. Lo primero ya podemos festejarlo; lo segundo es improbable. Más allá de que la palabra “normalización” se repita una y otra vez en discursos políticos a ambos lados del Estrecho de la Florida, habría que preguntarse si Estados Unidos tiene relaciones “normales” con alguien. No las tiene con Israel que es su aliado, ni con grandes potencias como Rusia o China.

 Estados Unidos es un país con mentalidad imperial, y Cuba un pequeño estado en su área de influencia más cercana. En ese escenario, lo “normal” para Washington sería mandar y que La Habana obedezca, y eso no es lo que buscan las autoridades de la Isla. Se trata, en cualquier caso, y siendo realistas, de lograr una convivencia pacífica entre vecinos con respeto a la soberanía, y cooperando en los asuntos que sean de interés común, en beneficio de ambos pueblos y del mundo.

Fuente: Cuba contemporánea

*Periodista cubana. Colabora habitualmente con Progreso Semanal, CubaSí y Cuba contemporánea, entre otros sitios digitales.

miércoles, 1 de julio de 2015

Cartas intercambiadas entre los Presidentes de Cuba y Estados Unidos: textos íntegros

Relaciones-Cuba-EEUU5
 El jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, José Ramón Cabañas Rodríguez, fue recibido en la mañana de hoy en el Departamento de Estado por el secretario de Estado interino Anthony Blinken, a quien hizo entrega de una carta del General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al presidente Barack Obama. Por su parte, en esta capital, el ministro interino de Relaciones Exteriores, Marcelino Medina González, recibió en la sede de la Cancillería al jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, Sr. Jeffrey DeLaurentis, quien le entregó una carta del presidente Barack Obama dirigida al General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. En ambas misivas se confirmaba la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas entre los dos países y abrir misiones diplomáticas permanentes en las respectivas capitales, a partir del 20 de julio de 2015. A continuación, el texto íntegro de las misivas:
Texto de la carta del Presidente Raúl Castro a su par, Barack Obama

La Habana, 1ro de julio de 2015
 Excmo. Sr. Barack H. Obama

Presidente de los Estados Unidos de América

 Señor Presidente:

    En consonancia con los anuncios del 17 de diciembre de 2014 y las conversaciones de alto nivel entre nuestros gobiernos, me complace dirigirme a Usted para confirmar que la República de Cuba ha decidido restablecer relaciones diplomáticas con los Estados Unidos de América y abrir misiones diplomáticas permanentes en nuestros respectivos países, el 20 de julio de 2015.

La parte cubana asume esta decisión, animada por la intención recíproca de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación entre nuestros pueblos y gobiernos.

Cuba se inspira asimismo en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, a saber, la igualdad soberana, el arreglo de las controversias por medios pacíficos, abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, la no intervención en los asuntos que son de la jurisdicción interna de los Estados, el fomento de relaciones de amistad entre las naciones basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y la cooperación en la solución de problemas internacionales y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos.

Lo anteriormente expresado está en conformidad con el espíritu y las normas establecidas en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas del 18 de abril de 1961 y en la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares del 24 de abril de 1963, de las cuales tanto la República de Cuba como los Estados Unidos de América son Estados Parte, y regirán las relaciones diplomáticas y consulares entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América.

Hago propicia la oportunidad para expresarle, señor Presidente, el testimonio de nuestra consideración.

 Raúl Castro Ruz
 
Carta del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, al Presidente cubano Raúl Castro

 Su Excelencia
Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado
y de Ministros de la República de Cuba

Habana

  Estimado Sr. Presidente:

Me complace confirmar, tras conversaciones de alto nivel entre nuestros dos gobiernos, y con arreglo al derecho y las prácticas internacionales, que los Estados Unidos de América y la República de Cuba decidieron reestablecer relaciones diplomáticas y misiones diplomáticas permanentes en nuestros respectivos países el 20 de julio de 2015. Este es un avance importante en el proceso de normalización, iniciado el pasado diciembre, en cuanto a las relaciones entre nuestros dos países y pueblos.

Al tomar esta decisión, los Estados Unidos se ven alentados por la intención recíproca de entablar relaciones respetuosas y cooperativas entre nuestros dos pueblos y gobiernos, congruentes con los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en particular los relativos a la igualdad soberana de los Estados, la solución de controversias internacionales por medios pacíficos, el respeto por la integridad territorial y la independencia política de los Estados, el respeto por la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos, la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, así como la promoción y el fomento del respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos.

Los Estados Unidos y Cuba son partes en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, firmada en Viena el 18 de abril de 1961, y la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, firmada en Viena el 24 de abril de 1963. Me complace confirmar el entendimiento de los Estados Unidos de que las antedichas convenciones se aplicarán a las relaciones diplomáticas y consulares entre nuestros dos países.

Lo saluda atentamente,

 Barack Obama

(FOTO: MINREX)

Declaración del Gobierno Revolucionario

•Restablecidos los vínculos diplomáticos con Estados Unidos, será imprescindible el levantamiento del bloqueo, entre otros aspectos, para la normalización de las relaciones.

bandera-cubana-f-kaloianEl 1 de julio de 2015, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz y el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama intercambiaron cartas mediante las cuales confirmaron la decisión de restablecer relaciones diplomáticas entre los dos países y abrir misiones diplomáticas permanentes en las respectivas capitales, a partir del 20 de julio de 2015.

Ese mismo día, se realizará la ceremonia oficial de apertura de la Embajada de Cuba en Washington, en presencia de una delegación cubana presidida por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla e integrada por destacados representantes de la sociedad cubana.

Al formalizar este paso, Cuba y los Estados Unidos ratificaron la intención de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación entre ambos pueblos y gobiernos, basadas en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, en particular, las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares.

El Gobierno de Cuba ha tomado la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos en pleno ejercicio de su soberanía, invariablemente comprometido con sus ideales de independencia y justicia social, y de solidaridad con las causas justas del mundo, y en reafirmación de cada uno de los principios por los que nuestro pueblo ha derramado su sangre y corrido todos los riesgos, encabezado por el Líder histórico de la Revolución Fidel Castro Ruz.

Con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas, concluye la primera etapa de lo que será un largo y complejo proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales, como parte del cual habrá que solucionar un grupo de asuntos derivados de políticas del pasado, aún vigentes, que afectan al pueblo y a la nación cubana.

No podrá haber relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos mientras se mantenga el bloqueo económico, comercial y financiero que se aplica con todo rigor, provoca daños y carencias al pueblo cubano, es el obstáculo principal al desarrollo de nuestra economía, constituye una violación del Derecho Internacional y afecta los intereses de todos los países, incluyendo los de los Estados Unidos.

Para alcanzar la normalización será indispensable también que se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, cesen las transmisiones radiales y televisivas hacia Cuba que son violatorias de las normas internacionales y lesivas a nuestra soberanía, se eliminen los programas dirigidos a promover la subversión y la desestabilización internas, y se compense al pueblo cubano por los daños humanos y económicos provocados por las políticas de los Estados Unidos.

Al recordar los temas pendientes de solución entre los dos países, el gobierno cubano reconoce las decisiones adoptadas hasta el momento por el presidente Obama, de excluir a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional, de instar al Congreso de su país a levantar el bloqueo y de comenzar a adoptar medidas para modificar la aplicación de aspectos de esta política en uso de sus prerrogativas ejecutivas.

Como parte del proceso hacia la normalización de las relaciones, a su vez, habrá que construir las bases de unos vínculos que no han existido entre nuestros países en toda su historia, en particular, desde la intervención militar de los Estados Unidos, hace 117 años, en la guerra de independencia que Cuba libró por cerca de tres décadas contra el colonialismo español.

Estas relaciones deberán cimentarse en el respeto absoluto a nuestra independencia y soberanía; el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ninguna forma; y la igualdad soberana y la reciprocidad, que constituyen principios irrenunciables del Derecho Internacional.

El Gobierno de Cuba reitera la disposición a mantener un diálogo respetuoso con el Gobierno de los Estados Unidos y a desarrollar relaciones de convivencia civilizada, basadas en el respeto a las diferencias entre ambos gobiernos y en la cooperación en temas de beneficio mutuo.

Cuba continuará enfrascada en el proceso de actualización de su modelo económico y social, para construir un socialismo próspero y sostenible, avanzar en el desarrollo del país y consolidar los logros de la Revolución.

La Habana, 1 de julio de 2015
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