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domingo, 31 de enero de 2016

Precios: No bastan los buenos deseos

Por István Ojeda Bello
 
¿Es posible intervenir por decreto los precios en el mercado? La tentadora idea vende muy bien en las encuestas de opinión pero en el pasado reciente, digamos las últimas dos décadas, desde el Gobierno no se ha tenido éxito diciéndoles a los vendedores particulares cuánto cobrar por sus mercaderías o servicios. 

Siempre que se plantea la cuestión de cómo “topar” de alguna manera dichas cotizaciones renace la opción de desandar, por enésima vez, la ruta de establecerles cotas fijas aunque en el fondo se sepa que esos límites muy pronto volverán a ser violados. Ni todos los llamamientos a incrementar la producción conseguirán bajarlas mientras no vayan acompañadas de acciones que incidan sobre las condiciones objetivas que las empujan hacia arriba.

Entre los cuentapropistas hay, es cierto, una cantidad determinada de “pillos” que reproducen las prácticas mencionadas motivados por la codicia, pero eso no puede impedirnos preguntarnos cuanto les cuesta realmente mantener en pie sus respectivas actividades. ¿Hasta dónde reproducen los márgenes de 200 y 300 por ciento entre los costos y la cotización al consumidor que tiene el Estado en parte de su red minorista? ¿Sabemos dónde termina los suministros “por la izquierda” que hacen injustificable cobrar caro lo que costó nada o muy poco y dónde empieza la carestía originada por los insumos adquiridos en una red minorista en pesos convertibles que no fue concebida para ellos?

Todo sea dicho: Tampoco la carencia de un mercado mayorista que baje los costos de los cuentapropistas se debe, absolutamente, al deseo manifiesto del Gobierno Revolucionario de no crearlo. Descontando las fallas burocráticas que estaría teniendo ese propósito hay otro factor objetivo que lo impide: la existencia de como mínimo dos tazas cambiarias de moneda en el país. Mientras ese escollo no desaparezca por muchas ganas que tengan los empresarios estatales de ofertar al por mayor sus mercaderías o servicios al sector privado siempre tendrán a sus contadores preguntándoles “¿Bueno como le calculamos el precio? ¿Sobre la base del cambio de 1 por 1 o a la de 1 por 25?”

En medio de un contexto en el cual el sector privado y cooperativo tiene un peso importante por ejemplo en la producción de alimentos, el Estado está apostado en los últimos cinco años por una variante más inteligente: incidir de indirectamente sobre los mecanismos de conformación de los precios, como la reducción de los impuestos o fortalecer la deprimida infraestructura del sistema estatal de la agricultura.

Esa estrategia no sería una concesión al capitalismo sino aprovechar las ventajas propias y ponerlas en función de traer equilibrio donde no lo hay. La voluntad está constreñida por las realidades y la historia económica de la Revolución Cubana es la mejor expresión de esa lección. Tratar de imponer precios “a dedo” a los cuentapropistas, solo oxigenaría al mercado negro y la corrupción que lo rodea. Si la exhortación y las reuniones no van de la mano del examen de las múltiples variables económicas que propician el desvío de recursos y que influyen a la hora de establecer un precio, todo quedará en los buenos deseos.
 

martes, 26 de enero de 2016

Precios en el Agromercado: Qué dicen los campesinos

Por José Raúl Concepción Llanes, Oscar Figueredo Reinaldo, Rafael Arzuaga
 
Agromercado de Tulipán y Panorama, administrado por la CCS Antero Regalado.Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.
Agromercado de Tulipán y Panorama, administrado por la CCS Antero Regalado.Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.
Hay que agarrarse el bolsillo hoy en Cuba si de procurar alimentos en los agromercados se trata. Los elevadísimos precios de la mayoría de los productos que se expenden irritan a casi todos los consumidores y suscitan dispares cuestionamientos hasta el punto de abrir muchas interrogantes. ¿Cuánto durará ese despropósito? ¿Cuál será el límite del desequilibrio entre los costos y el poder adquisitivo medio en el país? He aquí solo dos de las preguntas que este enero atizaron el debate al respecto, a propósito por un lado del desabastecimiento en la mayoría de los locales de venta, y también, del encarecimiento de los escasos productos disponibles, como fueron los casos del tomate y la malanga, por ejemplo.
Si bien algunas producciones crecieron en el año 2015 -descargue PDF (207 Kb)-, no tuvieron reflejo real en el costo para la población, un indicador que lejos de disminuir, aumenta peligrosamente.
El crecimiento logrado, sin embargo, no satisfizo en casi ninguna estación del año; porque ni se tradujo en aumento de las cantidades, variedades y calidades de hortalizas y viandas disponibles en los tipos de gestión de venta (mercado estatal, mercado de oferta y demanda, arrendados a cooperativas, cuentapropistas y el mercado EJT), ni logró la disminución de los precios.
Y esta disyuntiva puede llevar a pensar que la raíz del fenómeno está precisamente donde se siembran, atienden y cosechan los alimentos, un parecer que no comparten los asociados a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antero Regalado, de Güira de Melena, en la provincia Artemisa, según constató recientemente Cubadebate.
Desde 2013, con el objetivo de disminuir intermediarios y bajar los precios de los productos agrícolas, comenzó un nuevo sistema de comercialización directa desde las provincias Artemisa y Mayabeque hacia La Habana. Ello posibilitaría transformar la comercialización de forma tal que se eliminarían mecanismos para volverla más dinámica, eficiente y flexible.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez/ Cubadebate
 “Al principio quizás, pero hace buen rato que no es así. Acerca de esto mismo que sucedió en La Habana a principios de año, no creo que se haya aprovechado lo que se dijo en la Asamblea Nacional para aguantar la producción en el campo y que los precios aumenten. Me parece que es una buena medida topar los precios en La Habana porque ¿hasta dónde va a llegar el costo de los productos? Hoy es imposible para el pueblo, un jubilado por ejemplo, comprar una libra de malanga en 12 pesos o el tomate a 25. Creo que la causa del problema no está en el campo. Aquí lo que se siembra, lo cosechas o lo pierdes; y todo lo que se ha podido cosechar se ha sacado del campo”, expresó Abelardo Álvarez Silva, presidente de la CCS.
También para el usufructuario Horacio Báez González, la situación en la primera quincena de 2016 es consecuencia de las deficiencias de ese sistema de comercialización.
“Pienso que pasó porque pararon las camionetas particulares, pues esa es una de las principales vías para transportar las mercancías a La Habana, ya que acopio no está resolviendo el problema que hay. Hoy se contrata tan poco que no satisface las necesidades de la población. A nosotros, por ejemplo, nos contratan solamente un 30 por ciento de lo que producimos; el otro 70 tenemos que buscar medios para salir de él; en este caso pueden ser las famosas camionetas, que son las que generan luego el precio alto, porque le vendo por ejemplo el tomate a 100 pesos el quintal —le gano unos 20 ó 30 pesos— y sin embargo cuando llega al tarimero, este le vuelve a subir el precio y de esta manera gana el que ni toca la tierra”, precisó.
Sembradío de cultivos varios. Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.
Sembradío de cultivos varios. Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.

¿Acopiar o no acopiar?

Según José Puente Nápoles en su libro La comercialización de los Productos Agropecuarios, “el acopio estatal aunque ha sufrido y pasado por distintas fases y modalidades organizativas a los largo de estos años ha contado con transporte propio y especializado, almacenes, plantas de beneficio, fábricas de envases y mercados… No obstante como desventajas o insuficiencias que ha tenido… están: deficiencias organizativas y otras que le han impedido recoger la producción en el momento requerido y grandes pérdidas por mermas y desvíos de productos…”.
La mayoría de los campesinos aboga por que Acopio vuelva a desempeñar un rol importante en el comercio de las producciones, aunque sin los vicios y deformaciones que caracterizaron esa actividad antes de 2013.
“Queremos modificar el actual sistema de comercialización y volver a establecer uno que supere las dificultades que presentaba este mecanismo. Entre las principales insuficiencias del anterior sistema era que había muchos cultivos que no se acopiaban y por ello muchas hortalizas menores (rábanos, habichuelas, quimbombó) se dejaron de sembrar porque el Estado no las contrataba. Además, en momentos picos de la cosecha esa empresa se convertía en un cementerio de productos, sobre todo en Güira”, declaró Álvarez Silva.
El presidente de la CCS y otros asociados concordaron en que “existían condiciones de impago, pues era tanto lo que el campesino le vendía a la Empresa de Cultivos Varios que había demoras de hasta tres y cuatro meses”.
Además, “tampoco había una claridad con el tema del embalaje y el pesaje ni con la calidad de los productos a la hora del pago. En la mayoría de los casos los productos nuestros entraban con segunda-tercera calidad a los puntos de venta”.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
 Para Yamila Sarduy Martínez, presidenta de la filial provincial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeño (ANAP), luego del reajuste del sistema de mercadeo, ha habido aspectos “positivos y negativos”.
“En mi opinión —dice—, más positivos que negativos. Por ejemplo es un paso de avance que las cooperativas pueden tributar de manera directa en los agromercados de La Habana. En la actualidad administramos más de 60 en la capital, que nos ha posibilitado que las producciones no se pierdan en el campo y que se comercialice a precios asequibles en este tipo de mercados.
“Como aspecto negativo está que aquellas cooperativas que compran productos en el Trigal (mercado mayorista), los costos de los productos se encarecen y afecta sobre todo a la población que es el destinatario final. Para este año 2016 se están creado todas las condiciones para que funcione nuevamente Acopio y de abastecer de mejor manera los Mercados Agropecuarios Estatales”.

Si de precios se trata…

Con el objetivo de aplicar un único procedimiento para la formación de los precios de los insumos sin subsidios y en correspondencia con el mercado internacional así como establecer el precio único para todos los destinos, en el año 2015 se estableció nuevas tarifas para estimular la producción agropecuaria.
A través de la Resolución No. 236/2015, el MFP fijó los precios minoristas de los insumos, equipos e implementos agrícolas para todas las producciones agropecuarias del país que se venden por las empresas comercializadoras del sistema de la agricultura no cañera, así como los impuestos que se pagarán.
“De manera general creo que los precios son buenos, lo que sí está mal es las calidades que estableció Acopio. Ese librito por el cual ellos se rigen a la hora de establecer la calidad del producto no está acorde con los momentos que se están viviendo y la necesidad que tiene el pueblo de tener comida. Pero los precios en general están buenos, claro que estimulan las producciones”, así opina Antonio Hernández Morera, dueño de la Finca Las Ninfas.
Con la formación de los nuevos precios se vieron estimuladas producciones como el tomate, el café, el arroz, la leche y la carne de cerdo.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Según declararon especialistas del Ministerio de la Agricultura en la Mesa Redonda, los impactos más significativos en los precios de los insumos fueron:
- Se redujo entre un 30 y un 60% los precios de los que se habían aprobado sin subsidio.
- Se eliminó el subsidio del presupuesto a la venta de insumos.
- Se incrementó el precio del combustible hasta 3 pesos.
- La relación entre la disminución del precio de los insumos y el incremento del precio del combustible es favorable a la disminución de los precios.
- Aceptación general en los intercambios que en todo el país se hicieron con los productores, aunque requirió de explicaciones adicionales en el caso del precio de la leche por su vinculación con la calidad.
Entonces se impone la aclaración de que los precios de ventas hasta ahora descritos solo se aplican cuando las contrataciones ocurren con Acopio.
“Generalmente los alimentos no salen tan caros del campo. Los precios que se ponen aquí no tienen nada que ver con los de la ciudad. Por ejemplo, la malanga es 3.10 pesos o 3.20, y allá en La Habana se vende hasta en 18. Eso es algo absurdo, abusivo. ¿Cómo si usted produce aquí con un precio va a llegar al consumidor con otro tan alto? Con esos mecanismos que le suben los precios a los productos los campesinos no tenemos nada que ver”, asegura el pequeño agricultor Horacio Báez González.
El presidente de la CCS Antero Regalado considera que “los precios a los que se comercializa hoy en La Habana se deben porque todavía hay demasiados intermediarios en la cadena de distribución. Hoy el producto sale a un precio del campesino y cuando llega a La Habana tienen cinco, seis y hasta diez veces el valor con el que salió del campo”.
Abelardo tiene el criterio de que “nosotros siempre hemos mantenido bien bajos los precios de los productos y en consonancia con el costo de producción de los alimentos de manera general”.
“Sin embargo, no es secreto para nadie que en La Habana se le aumenta de manera descabellada el precio, por los intermediarios que hay, repito, y también por la inseguridad de los medios estatales que atienden la comercialización; aunque también por la irresponsabilidad de algunos campesinos que no cumplen con su plan de producción y de ventas y tratan entonces de vender sus cosechas por otros destinos”, aseveró.
Otro grupo de campesinos cree que se podía prever que los precios estarían altos para estas fechas porque el clima “no estuvo de nuestro lado”, pues en septiembre y octubre no se pudieron cultivar algunas hortalizas que debían cosecharse a finales de año y entonces fue mucho mayor la demanda que la oferta.
“Ahí es donde se aprovechan los inescrupulosos”, pero incluso así “es injusto y criminal cómo han subido los precios”, aseveraron.
Álvarez Silva cree que “las lluvias de diciembre y ahora en enero, cuando en casi una semana no ha escampado, ha retrasado las cosechas, las que se puedan salvar, claro, porque se han perdido productos como el tomate, el ajo, el frijol o la cebolla”.
Agricultura, Cuba.  Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Agricultura, Cuba. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.

Insumos: Cuando la cuenta no da

Si bien es cierto que en la actualidad los precios de los insumos que necesita el campesino son menores que un año atrás, la calidad de los mismos no posibilita mayores rendimientos. Los productores afirman que tampoco se garantizan a tiempo, ni en las cantidades necesarias.
“Los insumos no llegan a nosotros al ciento por ciento, algunos llegan al 10 por ciento, otros al 30 por ciento, y necesitamos que todos los recursos lleguen a nuestras manos y con la calidad requerida para lograr la superproducción que se pide. Vemos que por otras vías se resuelven. Sabemos que llegan al país, pero los campesinos no lo recibimos como es debido, y si lo recibiéramos, la producción se duplicaría; porque, le digo una cosa, el campesino sí trabaja para asumir los compromisos, y para mantener su familia de manera honrada, sin afán lucrativo, pero necesita lo debido. Si eso sucediera, los sobrecumplimientos estuvieran al máximo”, expresa Idarmi Ponce Musivae, copropietaria de la Finca Las Delicias.
Grosso modo, ese mismo criterio tienen Julián González Rodríguez, dueño de la Finca San Francisco y Antonio Hernández Morera, propietario de la Finca Las Ninfas.
Recibimos lo que se llama paquete tecnológico, que es de cuando el país estaba en el Período Especial de verdad. Abono, petróleo, pesticida…, pero eso no es lo necesario para que el campesino produzca más de lo que produce. Hay veces que los productos están, pero llegan por medio de revendedores, no por el canal que deben venir. Es una deficiencia que el Estado debe tomar medidas con eso”, argumenta González Rodríguez.
Y Hernández Morera supone que “cuando los insumos no están a veces en tiempo o están incompletos, que no alcanzan para el ciclo de vida de cualquier producto, debe ser por causas ajenas a la voluntad de las personas responsables de hacerlas llegar…, por cuestiones puntuales, transporte, o quizás un cheque que no está a tiempo para pagar…”.
Sin embargo, abunda, “aunque llegue a tiempo ese recurso tampoco es el que necesitamos. Estamos convencidos que el Estado destina importantes recursos para la agricultura y que llegan al país, pero por se van por otras vías, no nos llegan directamente. Aquí nadie tiene fábrica de veneno, ni tiene pozo de petróleo, ni fábrica de abono tampoco, ¿verdad? ¿Y entonces?
Precisa la presidenta de la ANAP que “hasta la fecha, por ejemplo, los insumos productivos no llegaron en la fecha establecida, ni tampoco ha llegado el 100 por ciento de la cantidad que se contrató. Gelma tiene responsabilidad en eso, pero esta entidad también depende de lo que pueda adquirir el país. Además de eso tenemos problemas de envases, sobre todo en los picos de cosecha como el tomate y la guayaba”.
GELMA, organización empresarial aprobada en el mes de noviembre del año 2013 como comercializadora mayorista de insumos, equipamientos y prestación de servicios técnicos especializados para el sector agropecuario del país, debe favorecer la ejecución del plan de compras del organismo, desde y hasta las formas productivas para asegurar los procesos de producción planificados.
El objetivo es acercarla a las unidades productoras eliminando los intermediarios y pasando de la asignación administrativa a métodos económicos y contractuales.
Agromercado en Tulipán y Panorama administrado por la CCS Antero Regalado de Güira de Melena.
Agromercado en Tulipán y Panorama administrado por la CCS Antero Regalado de Güira de Melena. Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.

Cerrando el ciclo: ¿A dónde van los productos?

Como parte de la experiencia de mercadeo puesta en práctica entre La Habana, Artemisa y Mayabeque, comenzó a funcionar el 18 de diciembre el mercado El Trigal, primer mercado mayorista de abasto de productos agropecuarios del país, al cual pueden acudir personas naturales y jurídicas y en el que el productor puede comprar y vender.
Igualmente se posibilitó vincular directamente a las unidades productoras agropecuarias con el abastecimiento a los mercados, para que participen en mayor medida del precio minorista.
“Eso es lo ideal, que el campesino pueda vender sus productos directos al consumidor, pero sabemos que no puede hacerse en todos los lugares. Nosotros tenemos dos agros en La Habana, en los cuales ofertamos 15 ó 20 productos a precios asequibles. Cuando el tomate se vende hasta en 25 pesos, en nuestro mercado se mantiene a 6. El boniato el año entero se mantiene a peso, mientras que en otras unidades de comercializa a 3.50 la libra, y no solo en La Habana, aquí en el mismo municipio se vendió de esa manera.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
“Vendemos en Tulipán y Panorama y también en 50 y 51 en Marianao, aunque todavía no son los precios que queremos. Hay productos que salimos a buscarlos en otras unidades productivas y a esos se les incrementa el precio porque ya no dependen de nosotros. Pero en esta cooperativa se discuten todos los meses los precios de los productos a vender en el mercado, y estamos dispuestos a hacer lo necesario para satisfacer al pueblo”, asegura Abelardo Álvarez Silva, Presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicio (CCS) Antero Regalado.
En cuanto a la experiencia de la venta y compra en el Trigal comentó:
“El Trigal fue una entidad creada con un objetivo muy positivo de concentrar todas las producciones provenientes de Artemisa y Mayabeque para que luego fueran distribuidas en La Habana. Pero realmente la cooperativa mía no tiene nada que hacer en el Trigal, ni lo tuvo cuando empezó, ni lo tiene ahora. Ese establecimiento dejó de ser hace un tiempo para lo que fue creado y se ha convertido en un antro de perdición en todos los aspectos. Los precios son abusivos, es por hoy un negocio de muchos cuentapropistas para enriquecerse y donde se desvían las producciones para otros destinos que no son los recomendables”, señala Álvarez Silva.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.

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jueves, 21 de enero de 2016

Oferta, demanda y los precios: esas piedras nuestras de cada día

Por Juan Triana Cordoví*

TarimaFue mi amigo Goyo quien me dijo un día que lo que resultaba perverso no era tropezar dos veces con la misma piedra, sino encariñarse con ella. En Cuba hemos estado tropezando con la piedra de los precios varias veces.
Esta vez, ha sido el tomate quien nos lo ha recordado. El Solanum lycopersicum  se convirtió en un gran protagonista de nuestra vida cotidiana a inicios de año, cuando sus precios (20 y 25 pesos cubanos la libra en los mercados agropecuarios, el equivalente a un día de salario medio) lo catapultaron a la fama y facilitaron que, nuevamente, los precios, el mercado, la oferta, la demanda y la magra capacidad de una buena parte de los bolsillos cubanos se vieran las caras.
Durante estos días y en más de una ocasión las culpas han estado pasando desde el Estado, hacia la famosa ley de la oferta y la demanda, la acción de los intermediarios (identificados mecánicamente como especuladores muchas veces) los campesinos y lógicamente la administraciones de los diferentes eslabones de esta cadena de entuertos.
Sin embargo, más que culpables creo que deben encontrarse las causas que provocan estas situaciones anómalas. Apuntaré algunas de ellas.
La primera de todas las verdades es que la producción nacional de algunos de estos productos sigue siendo insuficiente, en 2015 además declinó y por lo general los rendimientos que se obtienen están muy alejados de la media internacional y de nuestras necesidades. Esta es una de aquellas piedras a la que parece profesamos mucho cariño.
Gráfico-1-01aPero no todo lo que se produce va a la venta a la población. La mayor parte de la producción tiene otros destinos; la industria, el turismo y el consumo social, que son el otro componente de la demanda de estos productos.
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Según estos datos de la ONEI, sólo el 50% de la ya menguada producción de papa, el 6% de nuestros ansiados tomates y el 8,5% de nuestras cebollas es lo que llega a los mercados agropecuarios.
Como no existe importación de estos productos para mejorar la oferta en estos mercados, entonces no hay más recursos que incrementar la presencia en las tarimas y solo el consumidor puede acceder a lo que le llega de nuestra menguada producción nacional.
La demanda además, ha crecido, pues hoy centenares de nuevos restaurantes y cafeterías se han sumado como nuevos demandantes de esos productos.
Este año 2015, recién terminado, medio millón más de turistas se han sumado como comensales, parte de los cuales visita en una o varias ocasiones los restaurantes privados. La producción es, a todas luces, insuficiente para cubrir todos estos destinos.
De hecho en nuestros propios hoteles seguimos sorprendiéndonos cuando encontramos vegetales y hortalizas e incluso ¡hasta yuca! importada, ante la ausencia, falta de sistematicidad y calidad inadecuada de la producción agrícola nacional.
La demanda creciente es siempre una oportunidad para incrementar producciones e ingresos, expandir capacidades productivas, introducir mejoras tecnológicas, generar nuevos negocios…Pero en nuestro caso ocurre algo único en el mundo, la demanda creciente es ¡un problema!. Esta es otra de nuestras piedras recurrentes.
Otro aspecto, también interesante, es que en la estructura del mercado agropecuario cubano, los mercados  estatales siguen siendo predominantes en cuanto a su participación en el valor total de las ventas. Así en el año 2014 participaban en el 51% del valor de los productos vendidos, mientras que hasta septiembre del 2015 eran el 37,8%. A su vez, los llamados mercados de oferta y demanda oscilan entre el 7 y el 8% de participación en la facturación y los puntos de ventas y los vendedores ambulantes (carretillas) suman de conjunto, alrededor del 36% de toda la facturación. Son formas organizativas del mercado que muchas veces funcionan con lógicas diferentes y en condiciones también diferentes.
Por estas y otras razones es que los precios son solo en parte el producto de eso que llamamos oferta y demanda. En otra parte, decisiva por cierto, los precios son el resultado de los costos de producción, circulación y comercialización, más los beneficios correspondientes a cada uno de esos segmentos de la cadena.
O sea, que nuestro poco tomate no llega virgen a los puntos de venta a la población, sino con su costo a cuesta. Si los costos de cosecha son altos, porque el salario diario de un jornalero en la agricultura puede cuadriplicar el promedio del salario diario nacional, si el petróleo ha subido de precio, si los insumos para producir nuestro tomate son también caros, sería pues casi ingenuo esperar que el tomate nuestro de cada día sea barato, en especial cuando el término “barato” siempre es algo relativo, que tiene en la ¿fortaleza? del bolsillo del cubano promedio un elemento determinante.
Si además entendemos que las personas que venden los tomates son también compradores de otros productos que se venden en nuestras tiendas estatales en divisas, a precios que a veces duplican y triplican sus costos de importación incluyendo el flete (aceite, perros calientes, muslos y contramuslos de pollo, leche en polvo, espaguetis, puré de tomate, detergente y otros productos de aseo y limpieza, algún refresco y de vez en vez -por qué no- una cerveza) y que los ingresos que reciben como compradores deben permitirle, después de cubrir costos y pagar impuestos, adquirir, al menos, una parte de esos productos,  entonces estamos más cerca de entender la magnitud de la “piedra nuestra cada día”.
En el mercado de los productos en CUC, los precios se multiplicaron por varias veces el valor de sus referentes en el mercado en CUP allá por los inicios de la década de los noventa (por ejemplo, y a la tasa de cambio actual, menor que la que existía en 1993, el precio de un producto prescindible como la cerveza es 41 veces mayor al que tenía en 1989, es decir, 4000 % más; un litro de leche se pagaba a 25 centavos de peso cubano, pero su precio en la TRD alcanza 1,25 cuc, esto es 125 veces más o 12 500% de incremento) lo que redujo drásticamente el poder de compra del salario del trabajador cubano.
Aquella medida, que respondió a urgencias incuestionables,  trae hoy más perjuicios que beneficios, pues genera múltiples incentivos negativos, tanto hacia las empresas como hacia los consumidores.
Para hacerlo más gráfico, la pregunta sería ¿cuántas libras de tomate deben venderse para, luego de cubrir los costos, permitirle al productor, adquirir un litro de aceite, comprar un kilogramo de pollo, un paquete de leche en polvo, etc.?
La economía está muy interconectada, nuestros mercados aparentemente tan segmentados tienen vasos comunicantes, y todo indica que nuestro mercado en CUC se ha convertido, desde hace mucho tiempo, en el referente fundamental de precios para todos nuestros mercados de consumo.
Saltar estas piedras o darle un rodeo es una difícil tarea para un Estado que, por otro lado, subsidia en más de un 97% los primeros 100 KW de electricidad para todas las familias cubanas, mantiene precios de 40 centavos de peso cubano en los ómnibus, varias veces menos que el costo real del pasaje, subsidia alimentos para todos, (los que necesitan el subsidio y los que no) aunque sean muchos menos productos que en aquella época especial en que recibíamos la ayuda fraternal y solidaria de la Unión Soviética, hace lo mismo con los medicamentos y no ha renunciado a mantener los servicios de educación y salud gratuitos, incluso para aquellos que hoy podrían pagar una parte.
Sin embargo, abstenerse de regular correctamente lo que debe ser regulado no es una opción. Tampoco debe serlo viajar hacia atrás en el tiempo y adoptar soluciones de ya probada insuficiencia.
A la lista de piedras con las que seguimos chocando habría que sumar también otras “características” de nuestros mercados de productos agrícolas.
De una parte está su escaso desarrollo y baja tecnología, que recuerda formas casi primitivas de organización y funcionamiento, la ausencia de cadenas de comercios que oferten productos frescos, la inexistencia de importaciones de estos productos  para compensar déficit coyunturales, regulaciones algunas de ellas poco adecuadas a las necesidades actuales, poca transparencia en las operaciones de compra y venta en esos mercados, la existencia de muy pocos mercados mayoristas, y la consiguiente falta de competencia, que favorece precios monopólicos y muchas veces abusivos.
Un dato puede ilustrar la situación, en la Ciudad de la Habana cuando apenas éramos más de medio millón de ciudadanos existían tres grandes mercados al menos, que recibían productos de todo el país: El mercado de Carlos III, el de Cuatro Caminos y el de la Plaza del Vapor. En los años ochenta, operaban tres mercados concentradores: Berroa, Ocho Vías y El Trigal. Hoy tenemos solo El Trigal, a cuya cooperativa se le concedió el monopolio del mayoreo de productos agrícolas en la capital del país: ¿Qué impide estimular la presencia de más mercados mayoristas en la capital de todos los cubanos?
Cuando se afirma que la ley de la oferta y la demanda es la culpable de nuestro tomate de 20 pesos, se reducen de forma muy simplista las causas reales del problema.
Países muy ricos y con una vocación para nada socialista, desde hace muchos años entendieron que la producción y la comercialización de alimentos es un asunto de alta sensibilidad política y han adoptado repetidamente medidas que a la vez de proteger a los consumidores, garantizan las condiciones mínimas para evitar que sus productores agrícolas sucumban a la competencia desleal de los de otros países.
En realidad los consumidores cubanos solo asistimos al último acto de esta larga puesta en escena en sus diferentes temporadas. Somos los que tropezamos con la piedra todos los días, como si alguien la llevara debajo del brazo y la fuera lanzando delante de nosotros a cada uno de nuestros pasos.

Tomado de Jagüeyenses en la red 


*Doctor en Ciencias Económicas, Profesor e Investigador Titular del Centro de Estudios de la Economía Cubana