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viernes, 25 de mayo de 2012

Americanizar a Cuba

Por Osmany Sánchez


Hace poco una profesora me contaba sus vivencias en un colegio privado en Honduras en el que estuvo trabajando como profesora invitada hace algunos años. La profe nos contaba que lo primero que le llamó la atención fue que en la biblioteca, hermosa biblioteca según sus palabras, apenas habían libros sobre la historia de Honduras y los existentes estaban en los pisos altos, casi ocultos.

En el primer piso, bien a la vista y con ediciones de lujo estaban libros relacionados con la historia de los Estados Unidos, la biografías de todos los presidentes norteamericanos, etc. En esa misma biblioteca vivió momentos tristes pues los militares  norteamericanos iban a reclutar jóvenes para la guerra en Iraq y ella aunque tenía muchas ganas de hablar con ellos y explicarles que esa no era su guerra, no podía hacerlo.

Durante la exposición de un trabajo relacionado con la temática ambiental una de las estudiantes que estaba exponiendo se refiere al daño ambiental provocado por las bombas atómicas lanzadas por la URSS en Hiroshima y Nagasaki. La profe se vira y le dice a otro miembro del tribunal que la muchacha se había equivocado, que había dicho que las bombas atómicas las había lanzado la URSS y la otra profesora le dijo asombrada: no, no se equivocó, es así…

Nos cuesta pensar que sucedan cosas así, nos parece que es un cuento pero lamentablemente el hecho es real y no podemos decir que es aislado. Si vamos a la historia de Cuba podemos encontrar que lo mismo se intentó hacer con nosotros.

En el lejano 1852 aparecía la siguiente nota en un periódico de Nueva Orleáns:
“[…]  Su lenguaje (el de los cubanos) será lo primero en desaparecer, porque el idioma latino bastardo de su nación no podrá resistir apenas por tiempo alguno el poder competitivo del robusto y vigoroso inglés […]  Su sentimentalismo político y sus tendencias anarquistas seguirán rápidamente al lenguaje y de modo gradual, la absorción del pueblo llagará a ser completa debiéndose todo al inevitable dominio de la mente americana sobre una raza inferior”.

Después de la intervención norteamericana, entre 1900 y 1901, cerca de 2500 jóvenes cubanos ingresaron en varios centros de educación y universidades norteamericanas. Gilbert K. Haroon, director de la Asociación Educacional Cubana, escribía en 1900: “si pudiéramos disponer de mil niños anualmente nos ahorraríamos la mitad de los 100 años que, de otra forma, nos tomará americanizar este lugar”.

Cualquier semejanza con las becas que otorga la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana (SINA) para que jóvenes cubanos vayan a pasar cursos de liderazgo en el vecino del Norte no es pura coincidencia.

Quizás alguien pueda pensar que estoy leyendo periódicos viejos, o que estoy siendo paranoico cuando acudo a citas de más de 150 años para acusar al gobierno de los Estados Unidos de querer americanizar nuestro país pero si leemos el Plan Bush nos damos cuenta de que no han renunciado a ese propósito.

Dice el referido plan:
“[...] Organizar programas para recapacitar a los maestros y profesores cubanos”. “[...] Prepararse para mantener abiertas todas las aulas”… “[...] o importar voluntarios temporalmente durante el potencial período de inestabilidad que vendrá, de manera que los niños y adolescentes no estén en la calle envueltos en delitos”.
Descargar el texto íntegro aquí:  Plan-Bush-para-Cuba.pdf

Sería interesante ver cuál es el programa que tienen preparado para recapacitar a los maestros y profesores cubanos. Imagino que ahí les enseñarán a los niños cubanos, entre otras cosas, que si no llega a ser por los americanos los españoles no hubiesen podido ser derrotados en 1898. Ni qué decir de los maestros que importarán, imagino que en sus clases, Martí, Gómez y Maceo serán sustituidos por nombres en inglés. Seguro en los nuevos libros de historia de Cuba dirán que Henry Reeve fue enviado por el gobierno de los Estados Unidos para ayudar a los cubanos.

Hay muchos que se alegrarían de que eso suceda, al final de tanto ir a la SINA ya se sienten americanos, recuerdo que uno de ellos gritó durante una de sus reuniones que Bush era su verdadero presidente e incluso participan en votaciones simbólicas por el presidente de ese país. Es una pena, pero es así, algunos siguen hablando español porque no les queda más remedio pero desde hace mucho tiempo están pensando en inglés.

Imagen y adjunto agregados RCBáez

Tomado de La Joven Cuba




jueves, 5 de abril de 2012

Las contradicciones de Carlos Saladrigas

Por Edmundo García*

Carlos Saladrigas pronunció unas palabras en La Habana que han sido ampliamente comentadas fuera de Cuba. Tengo algunas opiniones sobre ellas que quiero compartir y, al hacerlo, voy a referir ocasionalmente una entrevista que sostuvimos en enero del 2009, que puede leerse íntegramente en la página de “La noche se mueve”. Las ideas allí recogidas pueden ayudar a entender lo expuesto recientemente por Saladrigas en la conferencia “Cuba y su Diáspora: Actitudes y políticas que debe adoptar la diáspora para reintegrarse en Cuba”, ofrecida en el Centro Cultural Félix Varela el viernes 30 de marzo de 2012, unas horas después del regreso del Papa Benedicto XVI a Roma desde Cuba.

Durante nuestra conversación, a un día de la toma de posesión del Presidente Barack Obama, le pregunté a Saladrigas por los orígenes de su interés en la política y hablamos de su tío, Carlos Eduardo Ramón Saladrigas y Zayas, que tuvo varios cargos en la era republicana, entre ellos el de Primer Ministro de Batista (1940-42) y candidato a las elecciones de 1944; que finalmente ganó Ramón Grau San Martín. Llama la atención que mientras hablábamos sobre estos temas históricos, Saladrigas reconoció que él no tiene vocación política y optó por definirse fundamentalmente como empresario. Y esto es importante para el debate actual, porque precisamente lo que veo detrás de ciertas inconsecuencias de palabra y de hechos en las proyecciones de Saladrigas obedece a su falta de ubicación, olfato y sentido de lo político.

Saladrigas dice entonces algo que ha repetido por estos días: que “la confrontación y el embargo han sido extremadamente útiles para el gobierno cubano” y que “ha ayudado al régimen cubano a obtener una legitimidad, que no ha podido obtener por otras formas”. Lo volvió a exponer en La Habana, en entrevista con el periodista Fernando Ravsberg para BBC Mundo, lo que demuestra que Saladrigas sigue desconectado de algunas realidades. La primera, que la revolución cubana (no el “régimen cubano”, como él le llama) tiene una legitimidad histórica desde su origen, que sale del hecho demostrado y vivido de que aquella república que algunos tratan de pintar como un paraíso interrumpido, era en verdad una sociedad quebrada por diferencias abismales entre ricos y pobres, entre negros y blancos, entre campo y ciudad, etc., y además con un tutelaje neocolonial que marcó antropológicamente la mentalidad histórica de los políticos de entonces. A quien quiera documentarse al respecto le recomiendo un libro de mucha actualidad: “La Historia me absolverá”, que contiene el proyecto social de la revolución cubana.

El proceso cubano tiene legitimidad popular, expresada individual, colectiva y masivamente; aunque Saladrigas opine que las muestras de adhesión revolucionaria son “una táctica… que usa Castro”, como ha repetido más de una vez. Y la revolución tiene también una legitimidad internacional mostrada en las votaciones contra el bloqueo en la ONU, en la representatividad y el respeto de Cuba en el sistema de relaciones entre países; donde la solidaridad de la isla con los más necesitados no ha faltado, a pesar de los pocos recursos.

Yo no puedo creer que una persona tan hábil como Saladrigas, que ha pasado por Harvard y otras instituciones educativas, crea eso de que el bloqueo a Cuba es una jugarreta del gobierno cubano para justificar políticas. Las agresiones contra Cuba unen más al pueblo cubano y agrandan las razones de sus dirigentes; pero ellas tienen un costo real para los cubanos. Las autoridades cubanas han ido desglosando el costo que la política de bloqueo ha tenido sobre Cuba; no en abstracto, no en símbolos, sino en productos y equipos médicos sin adquirir, en pagos sin recibir, en eventos sin participar, en transacciones comerciales frustradas, en confiscaciones monetarias del patrimonio cubano, etc. El efecto de esa política se suma en miles de millones de dólares de pérdidas para la economía y la sociedad, lo que es un cruel, inmoral e ilegal castigo sobre el pueblo cubano. Y en este artículo no quiero entrar en el alto costo que ha significado para Cuba la necesidad de contrarrestar la política de guerra sucia y terrorismo, que han apoyado varias administraciones norteamericanas.

Saladrigas dijo que Cuba debía tener una solución “elegante” y que debía comportarse de manera “seria” ante Obama. Todavía a estas alturas no queda muy claro qué solución y qué tipo de “elegancia” desea el empresario para Cuba. Me pregunto si Saladrigas estará dispuesto a preguntarle al Pte. Obama si ahora él está listo para comportarse elegantemente con Cuba.

Como sea, persisten las contradicciones en el discurso de Saladrigas. Porque si de lo que estamos hablando es de reformas en y para Cuba, de “actualización del Socialismo”, ¿cómo quiere participar Saladrigas en ese proceso si considera que en Cuba “el sistema está fracasado”? Después de esto puedo pensar que Saladrigas no entiende el proceso de reformas en Cuba; o lo entiende, pero no lo comparte, en cuyo caso, no sabría de qué diálogo y de qué acercamiento está hablando. Me gustaría agregar que en medio de las críticas posibles a cualquier realidad, de críticas que hacen incluso las autoridades cubanas en búsqueda de la superación de errores, es necesario reconocer que en los marcos de ese mismo proceso criticado se lograron resultados indiscutibles, reconocidos a nivel internacional; y que bajo la administración de esa misma burocracia que hoy también se critica, Cuba obtuvo logros en educación, erradicó enfermedades e instauró un sistema de justicia social que nadie niega en el mundo. Y muy importante: el condumio a ningún cubano le ha faltado, porque las estadísticas demuestran que en Cuba no hay problemas de desnutrición ni niños famélicos en las calles.

Saladrigas dijo en La Habana que había “histéricos” dentro y fuera de Cuba que estaban obstruyendo el futuro de la isla. Lo primero que me gustaría es que Saladrigas citara por lo claro, con nombres y apellidos, quiénes son los “histéricos” en ambas partes. Para que las palabras de Saladrigas tengan crédito, para que oyentes y lectores le respeten, Saladrigas debería decir: “Miren, yo creo que en La Habana fulano y mengano están inmovilizando el avance de Cuba; y en Miami, este y aquel otro están frenando el desarrollo de la nación cubana”; y así se entendería mejor. Saladrigas, como orador, usa términos pintorescos como “histéricos” e “históricos”, pero a mí no me parece que sean clasificaciones serias que ayuden a sacar adelante una política, y ni siquiera un sólido sistema de ideas. Saladrigas debió tener valor político para identificar, en La Habana y en Miami, las personas y grupos que padecen de lo que él considera histeria social.

No me queda claro tampoco si son histéricos u otra cosa peor algunos de los disidentes y opositores que conoce Saladrigas en Cuba, y que llevan bastante tiempo en sus propósitos. Es curioso que entre todos ellos Saladrigas elija para distinguir al señor Dagoberto Valdés, quien ha sido identificado por los órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior con información gráfica, como colaborador de intereses extranjeros para promover un cambio de gobierno en Cuba. No sé cómo puede Saladrigas en medio de una visita que se supone de buena voluntad, celebrar a todo bombo, como amado y respetado profundamente, a un personaje que es considerado por las autoridades cubanas un desleal opositor aliado a servicios de inteligencia norteamericanos y de otros países; y menos me es coherente esta devoción de Saladrigas por alguien que se pliega a planes extranjeros, con su afirmación de que no está de acuerdo con presiones sobre Cuba desde el exterior. Le pregunto a Saladrigas: ¿Qué más presión desde el exterior puede haber que un proyecto para derrocar al gobierno cubano? No lo entiendo; aunque puede que toda esta incoherencia demuestre eso que decía Saladrigas de sí mismo: no tiene vocación política.

A lo mejor mi estilo periodístico es muy incisivo, pero me gusta decir las cosas por lo claro; y lo claro es que a mí me provocan muchas dudas las posiciones ambivalentes de Saladrigas. Yo lo veo decir una cosa aquí y otra allá; lo veo participar en una reunión y decir una cosa dentro y luego otra distinta a la prensa afuera; o participar en eventos donde se proyectan posiciones contra Cuba, después de haber viajado a la isla y afirmar que quiere contribuir al éxito de las reformas. Por ejemplo, en el mismo Centro Cultural Félix Varela, Saladrigas ha dado conferencias antes de esta última sobre su experiencia como empresario, porque supone que puede ser útil a personas que participan en las reformas económicas que viene implementando el gobierno cubano; pero pasan unas semanas o unos pocos meses y Saladrigas aparece en un evento de la Heritage Foundation junto a personajes como Roger Noriega, el Senador Marco Rubio, Carlos García el director de la mal llamada Radio y Televisión Martí y el cabildero anticubano Mauricio Claver Carone, para ver cómo se puede usar la Internet para provocar un descongelamiento que conduzca a un cambio de régimen en Cuba. Tengo que reconocer que Saladrigas fue el más moderado del grupo, y que incluso dijo cosas que en ese contexto tan derechista pueden ser hasta positivas, pero eso no niega la incongruencia en sus proyecciones.

Personalmente le comuniqué a Saladrigas, cuando recién llegaba de su primer viaje a Cuba, que yo había hablado con el ejecutivo del “Cuba Study Group” Tomás Bilbao, quien había participado por teleconferencia desde Washington en el desprestigiado y anticubano programa “A mano limpia” de Oscar Haza, compartiendo burlas sobre la salud del líder de la Revolución Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando este convalecía de su enfermedad. Le dije a Saladrigas que terminando el citado programa yo había hablado con Bilbao para decirle que me parecía mentira que se prestara a esas ofensas, precisamente en el momento en que el “Cuba Study Group” intentaba un acercamiento a Cuba. Le añadí a Saladrigas que un comportamiento tan fuera de lugar era inexplicable, y él aseguró que investigaría lo sucedido. Pero hasta el momento no ha habido reacción: Bilbao sigue donde estaba y Saladrigas ni siquiera ha contestado al respecto.

A esta torpeza siguió otra. El propio Saladrigas compareció en el programa del flotillero Ramón Saúl Sánchez Rizo en “La Poderosa 6.70” de Miami a las 6 de la tarde; un hombre conocido por su historial de violencia anticubana, donde el empresario sugirió que una caída suave del socialismo, a través del acercamiento, ladrillo a ladrillo como en Europa del Este, podría suceder en otro lugar (¿Cuba?). Me parece más que una torpeza una estupidez política: ¿cómo puede Saladrigas, cómo puede cualquier político, comparecer en un programa de radio o televisión sugiriendo al aire que se ha propuesto cambiar al mismo gobierno a quien le ha ofrecido conversar? Quiero insistir en que desde el momento en que le hice esas observaciones desde el programa “La Tarde se Mueve”, Saladrigas no me ha respondido correos ni se ha decidido a regresar a mi estudio; al que por supuesto está invitado.

No quería concluir sin retomar una pregunta que le hice una vez a Saladrigas: “¿por qué las fuerzas políticas, que se llaman moderadas en Miami, en las cuales usted se incluye, por qué no han creado un PAC, un comité de acción que influya, que haga lobby en el Congreso, para llevar adelante las ideas políticas que ustedes respaldan? ¿Por qué la ultraderecha sí hace un trabajo de lobby tan fuerte y tan sostenido, y las llamadas fuerzas moderadas no?”. Para hacer más específico el argumento: ¿Por qué no han hecho Saladrigas y el “Cuba Study Group” una acción concreta para quitar el bloqueo y sacar a Cuba de la ofensiva lista de países que promueven el terrorismo confeccionada por el Departamento de Estado; criticada por altas personalidades civiles y militares de este país, incluyendo a generales del Pentágono? Pero todavía más: ¿por qué Saladrigas no ha hablado claro desde La Habana u otro lugar, para que saquen a Cuba de esa lista? Creo que Saladrigas debe empezar a emprender acciones sólidas; porque no es hablando en foros académicos en la Brookings Institution u otro lugar que puede ayudar a Cuba, sino poniendo los recursos para lobbies congresionales, que es la forma en que se hace política en los Estados Unidos.

Finalmente hay otro lado práctico del que parecen cojear los proyectos cubanos de Carlos Saladrigas; y este es muy importante porque también toca a su condición como empresario. Quizá se explique por su falta de conocimiento de lo que significa realmente dirigir un país; por un fallo al momento de sopesar las diferencias entre un proyecto personal y un proyecto nacional; lo cierto es que con la sabiduría de siempre, antes de toda esta polémica por las palabras en el Centro Cultural Félix Varela de La Habana, el Comandante en Jefe Fidel Castro había descrito con exacto ojo clínico la llamada contribución de Carlos Saladrigas a las reformas en Cuba. Esto fue lo que dijo Fidel en la Reflexión titulada “¿Quién quiere entrar en el basurero?” (22 de febrero de 2008):
“Carlos Saladrigas me suena en el oído como nombre y apellido que escuché muchas veces cuando, como colegial de 18 años, concluía mis estudios en el quinto y último curso de Bachillerato. Era el candidato escogido por Batista al terminar el último año de su mandato constitucional. Antes había sido su Primer Ministro. Estaba finalizando la segunda guerra mundial. ¡Qué barato nos quiere comprar el nuevo Carlos Saladrigas! Con el dinero de Miami, ‘el mayor fondo de ayuda que ninguna transición ha conocido en la historia’, algo que Estados Unidos no ha podido lograr con todo el dinero del mundo. La realidad es otra y esta no se oculta a los que observan con realismo los acontecimientos que tienen lugar en Cuba”.


*Edmundo García periodista cubano independiente residente en EE.UU., conductor del programa "La Noche se Mueve".

Fuente original: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad
Estos textos pueden ser reproducidos libremente siempre que sea con fines no comerciales y cite una de las fuentes

Imagen agregada cortesia de Noticias Marti

lunes, 21 de junio de 2010

Mirando desesperadamente al Norte

Por Eliades Acosta Matos
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En diferentes momentos de la Historia de Cuba, como obedeciendo a un conjuro ancestral o a una maldición, una extraña enfermedad suele asolar las almas de algunos nacidos sobre este suelo. Sus síntomas son notables: debilitamiento de la espina dorsal, tendencia a estar de rodillas con las manos extendidas, como rogando por un milagro, amnesia profunda, y un endurecimiento de los músculos del cuello, que obliga a los afectados a mantener la vista fija en el norte.

En otras tierras de Europa Central, incluso en la Galicia de 1871, cuando se inició un proceso judicial contra un sujeto de apellido Romasanta acusado de convertirse en hombre-lobo y matar a trece personas, la ocurrencia de enfermedades tan inexplicables y extravagantes no es puesta por nadie en tela de juicio. Se admite, por ejemplo, que bajo el influjo de la luna llena aflora la Licantropía en ciertos sujetos. Una persona civilizada puede, en consecuencia, transformarse de golpe en una bestia irracional. A la vista de Estados Unidos, incluso de España, Inglaterra y hasta México, y ante dificultades en el suelo natal, algunas almas criollas son irremisiblemente presas de una congoja parecida. También se transforman. El resultado final es un anexionista. ¿Será acaso esa oscura tendencia a no creer en el destino ni la fuerza de los propios cubanos, a desconfiar visceralmente de sus capacidades para el autogobierno, la convivencia y el desarrollo, la expresión de una secreta tendencia licantrópica nacional?

Por suerte, esa propia Historia de Cuba, que es lo primero que los hombres-lobos criollos olvidan en noches de luna llena, desmiente que el anexionismo sea la tendencia principal de nuestro devenir como pueblo. Por algo, contra viento y marea, tenemos Patria independiente, y por algo no hemos sido engullidos, ni antes, y mucho menos después de 1959. Pero dé una vuelta por Internet y encontrará detallados proyectos y glamorosos argumentos para anexar esta islita a cualquier entidad, especialmente a los Estados Unidos, con tal de acabar con la Revolución. Para cierto sector de la contra cubana, no para toda, la apostasía lejos de ser un pecado, es una virtud a enarbolar y de la que vanagloriarse. Con tal de resolver su problema político, esta camada no dudaría en echar por la borda una identidad y una cultura labradas con la sangre, el sudor, y la inteligencia de muchas generaciones de cubanos blancos, negros y mestizos, de variadas creencias religiosas y diferentes credos políticos, unidas por el mismo amor a Cuba, la fe en su pueblo y en su propio destino.

Ya hemos visto, dentro y fuera de Cuba, el triste espectáculo, como decía Martí, de “esos hijos de carpintero que se avergüenzan de serlo”. Ya se ha publicado parte de la correspondencia de aquellos autonomistas, siempre pendientes de servir al fuerte y prolongar la sujeción de la isla, con aquel otro José Ignacio Rodríguez, el “Cuban-american lawyer”, que echó contra el Apóstol la malquerencia de los políticos yanquis y murió solo y amargado, bien al norte, cuando los cubanos emancipados de España no quisieron seguir sus prédicas. Aquella “turba mulata, partidaria de la (Independencia) Absoluta” como aparece descrito nuestro pueblo en la carta de aquellos caballeros, optó por un camino propio, desde el 10 de octubre de 1868. ¿Y vendrá ahora a diluirse, pasivamente, porque se lo propongan dos fulleros, siempre hábiles para el tumbe de turno, que no tienen ni el verbo, ni el brillo, ni los conocimientos de aquellos adversarios de Martí, o se confabulen con fuerzas imperialistas foráneas para borrar de un plumazo los ideales que resistieron los rigores de la manigua, las balas españolas, las intervenciones abiertas y encubiertas, el entreguismo de algunos sectores de la burguesía republicana, la corrupción y la desesperanza?

Los problemas de la nación cubana sólo podrán ser resueltos desde su Historia, jamás en contra de ella. Esta verdad de Perogrullo exige ser repetida, una y otra vez. Lo obvio es lo que algunos parecen estar incapacitados de ver. O no les conviene ver.

Por ejemplo, el eminente jurista Francisco Carrera Jústiz, quien publicase en 1905 una obra notable sobre los municipios cubanos, había declarado al “The New York Times”, el 21 de agosto de 1898, “que se oponía a una república cubana porque la consideraba un imposible”. Fue Ministro en Washington, durante el gobierno de José Miguel Gómez, representando a la misma quimera que años antes se había negado a apoyar. Y desde su cargo solicitó a Philander C. Knox, Secretario de Estado del gobierno de Taft, que le remitiese los records de Evaristo Estenoz, líder del Partido Independientes de Color, compilados por la Inteligencia Militar del Ejército de Ocupación bajo el mando de Charles Edward Magoon, para usarlos en el juicio que se le formaba en Cuba por sus actividades. Y este se los negó, en carta del 15 de junio de 1910, más por guardar los arcanos imperiales, que por repugnancia a contribuir al clima de linchamiento institucional y de racismo que culminó con la masacre de 1912.

Hoy, los miopes para las virtudes nacionales y los transformistas, por conveniencia, al estilo de aquel Dr. Carrera Justiz, son los que legislan en el Congreso norteamericano para endurecer el bloqueo que hace sufrir a sus compatriotas. Y lo saben. Los mismos que no pierden oportunidad para incitar una agresión, una invasión, o al menos una oleada de bombarderos enfilados contra las ciudades de esta islita, con alegaciones rocambolescas de que somos una amenaza para la seguridad de la superpotencia global, de la nación más y mejor armada del planeta; de que exportamos virus, hackers, y ahora, (no se rían) terroristas somalíes. Son los que no presentan iniciativas legislativas para ayudar a sus electores en medio del desempleo y la crisis inmobiliaria, la decadencia de la educación, la falta de seguridad médica, de atenciones a la vejez, o el auge de la violencia irracional, que se acaba de cobrar en Miami, de manos de un cubano joven, la vida de varias mujeres jóvenes, también cubanas. Pero tienen todo el tiempo del mundo para legislar y proponer cómo asfixiar más y mejor a once millones de personas, por el solo pecado de vivir en su Patria, y quererla libre e independiente.

En efecto, hay algo de maldición licantrópica sobre estos pobres seres, jubilosos  apátridas por convicción y conveniencia, que miran tan insistentemente al norte. Pero Cuba no está allí, sino donde hay cubanos que la defiendan y la lleven en su alma, arraigada como una airosa palma real. Dentro o fuera de sus fronteras.

Habita, por ejemplo, en las calles humildes de la nación, en sus niños, y en la cartera de una mujer que lleva ya más de una década viviendo en España y me mostró, con ojos empañados y manos trémulas, un recorte de periódico estrujado, del que nunca se separa, con los versos del poema “Mi bandera”, de Bonifacio Byrne.

¿Serán capaces de leer los hombres-lobos? ¿De soñar? ¿Y de amar?


 Imagen agregada: Comp. fotgr. RCBáez_Licantropía