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miércoles, 28 de octubre de 2015

Del bloqueo yanqui y nuestro trabajo

Por Rolando López del Amo*

ONU 2015

Hoy, 27 de octubre de 2015, ha sido un día memorable para nuestro país. Si desde hace 24 años la Asamblea General de las Naciones Unidas fue testigo del creciente rechazo de la comunidad internacional al bloqueo yanqui cotra Cuba, hasta alcanzar el apoyo de 188 gobiernos, este año la discusión del tema ocurría en una circunstancia nueva dado el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los EEUU. Aspiraba el gobierno estadounidense a que Cuba cayera en la trampa de retirar el tema de la agenda y reducirlo a negociaciones bilaterales de toma y daca para exigir concesiones de Cuba a cambio de graduales modificaciones de la genocida política entronizada hace más de medio siglo. Así quedó evidenciado por la intervención del representante de los EEUU en la Asamblea General al discutirse el tema.

El contundente discurso de nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, dejó claramente establecida la posición cubana. Cuba no tiene nada que conceder y sí todo que exigir para poner fin a la infame política imperialista. El bloqueo es, además, un asunto que afecta a toda la comunidad internacional la que, en esta ocasión, no sólo reiteró su apoyo pleno a Cuba, sino que aisló más a la obtusa política imperial. Fueron 191 miembros de las Naciones Unidas los que exigieron el fin del bloqueo, dejando al gobierno de los EEUU y a su socio Israel solos contra el resto del mundo. Esta vez nadie se abstuvo. Es un éxito enorme del pueblo de Cuba, del trabajo de su diplomacia revolucionaria y de la solidaridad internacional en la que debe incluirse la opinión mayoritaria del propio pueblo norteamericano.

El bloqueo económico, financiero y comercial de los EEUU contra Cuba es una seria impedimenta para nuestro desarrollo económico. A más de las acciones bilaterales contra Cuba existe una presión constante para que terceros países sean parte de él. Multas de miles o cientos de millones de dólares a los bancos que tienen transacciones con Cuba, sean estos franceses, alemanes, suizos o de cualquier país; no importación de artículos que tengan componentes de origen cubano; no venta a Cuba de productos de empresas de capital norteamericano que radican fuera del territorio de los EEUU; prohibición a buques mercantes que han tocado puertos cubanos de operar en puertos de EEUU durante los seis primeros meses de haber estado en Cuba; imposibilidad de utilizar el dólar estadounidense--principal divisa internacional todavía- en el comercio de Cuba con otros países. Añádase a eso el no acceso, para una relación normal, al mercado más cercano a Cuba que es, además, la primera economía mundial.
Los ejemplos de todo el daño causado por el bloqueo más largo de la historia es bien conocido por nuestro pueblo, su principal víctima, y rechazado por la casi totalidad de la comunidad internacional de manera expresa, año tras año, en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El bloqueo viola el espíritu y la letra de la Carta de las Naciones Unidas y es una acción criminal.

Por razones tácticas, la actual administración estadounidense dice que el bloqueo debe eliminarse y sostiene que esta decisión la debe tomar el Congreso del país, pues el bloqueo está normado por un conjunto de leyes. Y eso es cierto, pero el Presidente tiene también poderes y facultades para modificar aspectos importantes que irían dejando sin mucho contenido al entramado legislativo que sostiene al bloqueo.

Varios políticos estadounidenses que hablan en contra del bloqueo, comenzando por el Presidente Obama, han dicho claramente que este ha sido un fracaso en el intento de liquidar a la revolución cubana y que, en lugar de aislarla, quienes resultaron aislados políticamente en el continente y el mundo fueron los EEUU. La existencia de la CELAC y lo ocurrido en relación con la Cumbre de las Américas así lo prueban.

El cambio de política está encaminado a lograr en Cuba los mismos objetivos anteriores por otros medios y a debilitar el frente antiimperialista y por la liberación nacional en América Latina y el Caribe con el apoyo de las oligarquías neocoloniales y proimperialistas dentro de esos países.

La dirigencia revolucionaria cubana tiene suficiente experiencia y firmeza política para manejar esta situación sin concesiones de principio y con responsabilidad. Ni nos vendemos ni nos rendimos.

La eliminación del bloqueo sería un triunfo de la razón sobre las fuerzas peores de la potencia imperialista vecina. Y nos libraríamos, nosotros y el resto del mundo, de una carga verdaderamente pesada.

Sin embargo, Cuba ha podido resistir este embate durante 55 años, incluyendo el grave acontecimiento de la desaparición del socialismo europeo en el poder hace 25 años. Y hoy, año 2015, nuestra situación en la arena internacional es mucho más favorable que entonces.

En realidad, el futuro depende, sobre todo, de nosotros mismos. Tenemos suficiente espacio para nuestro progreso y desarrollo si aplicamos políticas acertadas y mantenemos en el poder, a todos los niveles, los principios éticos que hicieron posible el triunfo de la revolución. Tal como previó José Martí en el siglo XIX y lo afirmó Fidel en el 2005, la revolución sólo puede ser destruida desde adentro.

La revolución puede ser destruida por políticas equivocadas y por la corrupción de los dirigentes y funcionarios. Si se practican políticas a favor del pueblo, de todos los ciudadanos y se mantiene el vínculo estrecho entre dirigentes y dirigidos, trabajando y luchando por objetivos comunes y con una conducta ejemplar y transparente de los cuadros de dirección, no faltará la fuerza necesaria para enfrentar y derrotar al enemigo externo. Nuestra experiencia histórica lo demuestra.

Se trata ahora de hacer nuestra parte en cambiar lo que necesita ser cambiado y hacerlo con la mayor celeridad posible. Esto implica cambiar modos de pensar y de hacer, romper rutinas y, sobre todo, empoderar al pueblo como contralor de la nación a todos los niveles.

Entre las tareas urgentes la primera es crear condiciones para favorecer el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Esto pasa por estimular la iniciativa personal y colectiva dentro de una economía mixta en la que el Estado se concentre solamente en los medios fundamentales de producción y servicios y exista suficiente espacio para pequeñas y medianas empresas individuales y colectivas. No hay que olvidar que los valores de uso que producimos son también valores de cambio, mercancías, y que seguimos utilizando esa mercancía que expresa el valor de las demás: el dinero. Se necesita revalorizar el papel del mercado y armonizarlo con la planificación.

Si no eliminamos la incongruencia de dos monedas nacionales, con una de ellas con valores dispares según el uso y que va, desde 25 CUP por un CUC hasta uno por uno, no encontraremos modo de ordenar nuestras finanzas. Esto no admite más dilación.

Un elemento esencial es que los trabajadores puedan realmente vivir de su salario y no sean compelidos a delinquir o depender de remesas del extranjero.
Disminuir y simplificar el aparato burocrático que administra el país es otra necesidad para ahorrar tiempo y gastos innecesarios que permitirían contar con recursos para mejorar la situación salarial de los verdaderamente necesarios.

Ni paternalismo creador de vagos, ni igualitarismo desestimulador de los laboriosos. Sí igualdad de oportunidades, sin manipulación ni discriminación, y estímulo, material y moral, al mérito, al trabajo, al servicio a la comunidad y al país para lograr el socialismo próspero deseado.

Y estas cosas no tienen que esperar a que se levante el bloqueo para realizarlas.
La pobreza, bien se sabe, no es la forjadora del ser humano mejor a que aspiramos. Tal como advirtió José Martí:

Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno (8-289)
 La única manera de concebir el bien general es halagar y proteger el trabajo y el interés de cada uno (6-271)

Tomado del Blog Cubano en 1er plano

* Poeta cubano. Profesor, editor, fue vicedecano de la Facultad de Humanidades. Ha ocupado numerosos cargos diplomáticos, en Cuba y en el Servicio exterior.

domingo, 25 de octubre de 2015

Cuba consolida el socialismo

Por Ricardo Arturo Salgado Bonilla*

AIN FOTO Marcelino VÁZQUEZ HERNÁNDEZ 6

Si bien Cuba ha logrado, sobre la base de muchos sacrificios, convertirse en un ejemplo a seguir por los países del mundo, los medios de comunicación transnacionales se han encargado de fijar la agenda informativa sobre la isla alrededor de los intereses más mezquinos. Actualmente, se dice mucho sobre la reapertura de relaciones con los Estados Unidos, mientras se deja en silencio el asombroso proceso interno que ahora interesa la vida cotidiana de los cubanos.

Cuba consolida el socialismo


Cuando se acerca el quinto aniversario de la entrada en rigor de la política de actualización del modelo económico, hay resultados concretos que mueven a pensar que se marcha por el camino correcto, que se está dando una transformación profunda que beneficia a la sociedad cubana, y que consolida el socialismo y sus conquistas, así como la participación masiva de toda la sociedad en la toma de decisiones.

Víctima del bloqueo más largo de la historia, y aún sufriendo las limitaciones que resultaron del periodo especial, Cuba afronta el futuro con seriedad, organización y planificación la transición hacia una economía basada en novedosas formas de propiedad, que superan los límites teóricos que conocemos hasta la fecha. Es por eso que resulta muy importante entender las verdades cubanas.

En primer lugar debemos apuntar que los lineamientos que rigen la actualización del modelo económico son el producto de un amplio debate nacional, sin precedentes en la historia latinoamericana (al menos). Durante este proceso se dieron miles de asambleas a lo largo y ancho de la isla, en la que participaron ocho millones de personas, que emitieron tres millones de opiniones sobre cada detalle de la vida nacional, toda esa información se registró debidamente y es accesible a cada persona. A partir de ahí, se sistematizo la información obtenida y se llegó al documento que contiene los 313 lineamientos que hoy rigen la economía cubana.

No podemos encontrar en la historia de nuestro continente un ejercicio democrático de esta envergadura. Esto se da gracias al hecho de que la revolución ha permitido superar ampliamente el asunto ideológico que afecta a nuestras sociedades, susceptibles de la más vil manipulación a través de la desinformación de masas. El pueblo cubano tiene hoy su mayor fortaleza en su posibilidad de discernir, de inferir, de opinar y, sobre todo, de garantizar que su opinión cuenta. Seguramente un ejemplo de libertad al que todos deberíamos anhelar.

Como todos los procesos las cosas sufren modificaciones en el camino, pero la idea central de avanzar en la consolidación socialista se da con paso firme. El PIB muestra índices de crecimiento por encima de la media continental, en una época en la que muchos aspiran a metas más modestas, y el acceso a la tecnología aumenta de manera gradual, ordenada y democrática, contrario a nuestros países en los que cada quien compra lo que puede.

La producción agrícola se ha incentivado garantizando acceso a la tierra y a los medios tecnológicos necesarios para que el trabajo de la misma sea gratificante para quienes asumen la tarea de avanzar hacia la soberanía en el campo alimentario. La base de avance en el campo de la investigación científica, que tiene una sólida base desde hace décadas, contribuye hoy para que el desarrollo en el campo cuente con toda la ciencia que le ayude a estar en nivel óptimo.

El asunto de “las dos monedas”, es algo en lo que se trabaja y se espera que en breve este será resuelto con la consolidación del peso cubano como moneda única de intercambio en la isla. Antes se ha tenido mucho cuidado en evitar el enorme impacto inflacionario que tendría sobre la población, y sobre las conquistas de la revolución un cambio súbito en este sentido.

Seguramente hay mucho que escribir sobre cada uno de los detalles alrededor de este proceso fascinante, mediante el cual se marcha hacia la eliminación del estigma de que el socialismo es sinónimo de precariedad. Pero aún más seguro es el hecho de que la revolución se consolida, que ninguna de sus conquistas será puesta a un lado, y que el avance hasta ahora logrado será la base para seguir avanzando.

Los latinoamericanos podemos estar seguros que la Cuba revolucionaria, de Fidel y del Che, sigue marcando el camino; y sobre todo que los principios sobre los que se construyó, que la han hecho ejemplo de solidaridad en todo el mundo, están más vigentes que nunca. Los pasos que hoy se dan, son la consecuencia directa de la consciencia del pueblo cubano ganada en mil batallas, y de la claridad de su liderazgo histórico. No hay rupturas, ni caídas. Esto demuestra que el socialismo si es viable, que es dialectico, y además es capaz de retribuir a toda la sociedad con el ben vivir.

Claro está, para que la revolución lograra esto ha sido necesaria la lucha permanente; ha sido imperativo el crecimiento de una sociedad cada vez más crítica, consciente de los momentos históricos y las coyunturas que le afectan. Esto también es posible únicamente en socialismo. Aquí los hechos no agarran por sorpresa a nadie ni se pasa de la embriaguez consumista a la miseria de un día para otro.

Muchos nos aferramos a las imágenes estáticas de glorias pasadas como si fueran verdades eternas. El ejemplo cubano nos muestra fehacientemente que mientras más conoce un pueblo su historia, más capaz es de remontar las arremetidas incesantes de sus enemigos, de aquellos que lo quieren poner de rodillas.

No se trata de que se haya alcanzado la panacea, ni de que aquí acaba todo. Al contrario, cada día trae nuevos retos; los enemigos pueden cambiar de mascara pero no de propósitos, y la lucha es el único camino para seguir adelante. No es que el lobo se convirtió en caperucita y ahora es bueno. La consciencia meridiana de estas verdades hace más fuerte la revolución cubana y su confirmación socialista.
Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR

*Licenciado en Matemáticas de la Universidad Autónoma de Honduras Estudios de Postgrado en Sociología: Universidad de Berlín, Experto en Investigación Social en Zonas Costeras entre poblaciones Pesqueras. Escritor de varios Informes y Articulos de Opinion Miembro del Frente Nacional de Resistencia Popular Secretario de Relaciones Internacionales Partido Libertad y Refundación, LIBRE

FOTO AIN/ Marcelino VÁZQUEZ HERNÁNDEZ

domingo, 20 de septiembre de 2015

América Latina y el Caribe en el contexto del 17D

Por Elier Ramírez Cañedo*
 
Raúl Castro y Barack Obama. Foto: Pablo Martínez/ AP
Raúl Castro y Barack Obama. Foto: Pablo Martínez/ AP

Es cierto que la primera variable a considerar a la hora de entender el “nuevo enfoque” de política hacia Cuba, anunciado por el presidente Barack Obama el 17 de diciembre de 2014, es la propia resistencia del pueblo cubano y la sabiduría de su liderazgo histórico, quienes durante más de 50 años han vencido las más disímiles variantes de agresión diseñadas por once administraciones estadounidense para lograr el “cambio de régimen” en la Isla. Sin esa resistencia y sobrevivencia del proyecto cubano sería imposible analizar otros factores que también incidieron en el curso actual adoptado por la administración Obama en cuanto a la política hacia Cuba.

Por demás, Cuba arribó al 17D en medio de un proceso de actualización de su modelo económico y social y en el momento más exitoso de su historia en el escenario internacional, elementos que indudablemente fueron tomados en cuenta por la administración demócrata para la reevaluación de su política hacia la Mayor de las Antillas. Cuba entra además en esta nueva etapa de pie, no de rodillas, sin la menor sombra a su soberanía o concesión alguna que signifique la abjuración a los principios proclamados y defendidos por la Revolución durante décadas.

Sin embargo, la capacidad de sobrevivencia de la Revolución Cubana no hubiera sido suficiente para producir una revisión de la política de los Estados Unidos hacia Cuba como la que hemos visto del 17 de diciembre a la fecha. Otro grupo de variables también han tenido un rol significativo. Entre ellas, sin duda, la variable América Latina y el Caribe, en medio de importantes desplazamientos en la correlación de fuerzas a nivel internacional, ha sido la de mayor impacto. Los cambios ocurridos en la región, desde la llegada de Hugo Chávez al poder en  Venezuela en 1998 hasta la actualidad, explican también en gran medida el 17D.

La administración Bush resultó ser un fracaso en cuanto a su política hemisférica. Años que fueron muy bien aprovechados por las fuerzas progresistas y de izquierda en la región, las cuales igualmente ganaron terreno ante los nefastos efectos que dejaron en la región los políticas de ajuste neoliberal.

Si nos guiamos por las llamadas estrategias de “seguridad nacional” de los Estados Unidos, podríamos caer en el error de pensar que América Latina y el Caribe, no es la región por excelencia que, desde el punto de vista geopolítico, reviste la mayor importancia para los intereses de los Estados Unidos. El hecho de que la región no aparezca mencionada con frecuencia en estos informes, no significa que esté lejos de  formar parte de las máximas prioridades de la política exterior de los Estados Unidos. “Más allá de la retórica y de argucias diplomáticas –destaca Atilio Borón-, América Latina es, para los Estados Unidos, la región del mundo más importante”.[i]

Recordemos que en América Latina, y muy especialmente en Sudamérica, existe una exorbitante riqueza de recursos naturales. Posee casi el 50% del agua dulce del planeta y las mayores reservas probadas de petróleo en Venezuela y submarinas en el Litoral Paulista en Brasil. México, Ecuador, Perú, Colombia y Argentina también cuentan con grandes reservas de petróleo. Además de eso, en la región se concentran grandes yacimientos de gas y ríos que proporcionan energía hidroeléctrica. Siete de los países de la región se encuentran entre los diez productores de minerales claves para el complejo militar  industrial norteamericano. La mitad de la biodiversidad del planeta también se halla en América Latina y el Caribe.[ii] Esto y mucho más, lo conocen bien los Estados Unidos, sobre todo en tiempos en que se acrecienta la lucha por apropiarse de los bienes comunes del planeta.

Por otro lado, para nadie es un secreto que un fallo de los Estados Unidos en la imposición de su voluntad en América Latina y el Caribe como el que hemos visto en los últimos años, cuestiona su decisión de recuperar o mantener el liderazgo en otras regiones del mundo. En un momento de relativo declive de la hegemonía de los Estados Unidos a nivel global, y cuando otros actores internacionales, en especial China y Rusia, disputan cada vez más a Washington esta supremacía, incluso en su “histórico traspatio” -dentro de muy poco se estará abriendo un canal interoceánico por Nicaragua, a partir de una gran inversión china- Estados Unidos necesita replegarse hoy más que nunca hacia lo que consideran también como su área natural de influencia, en busca de una recomposición más efectiva de su liderazgo. La situación en América Latina y el Caribe se les ha ido tanto de las manos que necesitan hacerlo de un modo diferente.

Por el momento, Washington aspira lograr la rearticulación de esa hegemonía a través de vías y mecanismos mucho más inteligentes y sutiles, dentro de la concepción estratégica que Joseph Nye[iii] ha denominado poder inteligente, y que consiste en una mejor articulación en la política exterior norteamericana de los instrumentos tradicionales del poder duro (hard power) como son: el uso del poderío militar y la coerción económica con los instrumentos del “poder blando” (soft power) relacionados con la capacidad de persuasión utilizando la diplomacia, los medios de comunicación, la promoción del modo de vida norteamericano y la asistencia al exterior.[iv]

Y es en esa estrategia donde Cuba se convierte en una pieza fundamental para Washington, pues su arcaica, fallida e impopular política hacia la Isla se había convertido en un impedimento para hacer avanzar sus intereses en la región; en una especie de muro de contención hacia propósitos mayores.Las Cumbres de las Américas en las que había participado el presidente Obama, antes de la más reciente celebrada en Panamá, habían sido la muestra más elocuente de esa realidad. En especial la VI, realizada en Cartagena de Indias, Colombia, en abril del 2012, donde Obama recibió fuertes críticas de prácticamente todos los países presentes por la ausencia de Cuba en esos foros, incluso, con declaraciones de varios mandatarios latinoamericanos en las que señalaban que, de no estar Cuba en la próxima cumbre, dejarían de asistir. Como resultas, la política de aislamiento de los Estados Unidos contra Cuba durante años fue provocando un autoaislamiento de los Estados Unidos y una pérdida significativa en su capacidad de influir en Cuba y en el hemisferio. Así lo ha reconocido el propio Obama y su secretario de Estado, John Kerry.

Como ha señalado el destacado investigador cubano Jesus Arboleya, la absurda política de los Estados Unidos hacia Cuba amenazaba con poner en riesgo todo el sistema panamericano creado por los Estados Unidos para garantizar su dominación en América Latina y el Caribe.[v] Quitarse de encima lo que algunos autores han denominado “la distracción cubana” para poder trabajar en otros objetivos mucho más estratégicos en el hemisferio dentro de su agenda de “seguridad nacional”, se hacía entonces indispensable para Washington. De ahí que Cuba hoy tenga ese altísimo nivel de prioridad –antes inimaginable- que estamos observando en la política exterior de los Estados Unidos. Prácticamente el mismo que tuvo en el siglo XIX, al considerarse un puente imprescindible para la expansión de la dominación de los Estados Unidos en el continente.

Solamente en los años 70 del siglo pasado, América Latina y el Caribe, había sido un factor también determinante –aunque en menor medida a lo que es hoy- para la administración Ford-Kissinger -y luego también la de James Carter- a la hora de intentar avanzar hacia una mejor relación con Cuba.[vi] En aquellos años, amplios sectores de la élite de poder de los Estados Unidos valoraban que el éxito de la política de la administración republicana hacia la región –el llamado “nuevo diálogo”-, dependía en gran medida de una política de distensión con Cuba. Después de Viet Nam, Watergate, el golpe de estado a Salvador Allende, la revelación para el público norteamericano y mundial de numerosos planes de asesinatos contra líderes extranjeros, era necesario construir una nueva imagen de los Estados Unidos hacia el hemisferio. Un mejoramiento de las relaciones con Cuba formaba parte de esa estrategia de limpieza de imagen pública y a la vez el resultado –entre otros factores- de una fuerte presión de los países de la región exigiendo el cambio.

“La mayoría de los países en el hemisferio ahora se oponen a las sanciones de la OEA –le decía Stephen Low a Henry Kissinger el 30 de agosto de 1974; la constante introducción del tema cubano amenaza con distorsionar el nuevo diálogo; y la aplicación de nuestras sanciones de negativa comercial a terceros países ahora nos cuesta más de lo que le cuesta a Castro. El tema de Cuba también  está complicando nuestras relaciones con Canadá y algunos países europeos y asiáticos”.[vii] Asimismo, El 27 de marzo de 1975 el asesor del subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Harry Shlaudeman, hizo una valoración que pudiera estar hoy en boca de alguna figura clave dentro de la administración Obama: “Si alguna ventaja entraña para nosotros el fin del perpetuo antagonismo reside en eliminar a Cuba de las agendas nacional e interamericana —anular el simbolismo de un asunto intrínsecamente trivial (…) Nuestro interés es dejar atrás el problema de Cuba, no prolongarlo indefinidamente”.[viii]

Por lo tanto, podemos concluir que el respaldo de América Latina y el Caribe ha sido fundamental para Cuba a la hora de hacer frente a la asimetría que siempre han caracterizado las relaciones con los Estados Unidos. Cuando Cuba se sienta en la mesa de negociaciones con la gran potencia del Norte lo hace consiente que tiene detrás la solidaridad de toda una región que es hoy cada vez más vital para los intereses de “seguridad nacional de los Estados Unidos” o más bien para los intereses de seguridad imperial de la clase dominante en ese país. De ahí que, cuando Estados Unidos negocia con Cuba, está también negociando de manera indirecta con América Latina y el Caribe, y con otros actores en el escenario internacional que han exigido durante años un cambio en el enfoque de la política hacia la Mayor de las Antillas.

Con el nuevo curso de política que la administración Obama está siguiendo con Cuba, Washington está tratando de hacer converger los intereses particulares  hacia Cuba, con los regionales y globales, en una variante de política ganar-ganar, al decir de Hillary Clinton.[ix] De ahí la gran campaña de opinión pública, de símbolos e imágenes, que se han estado moviendo detrás de cada paso dado por la administración Obama en su política hacia la Isla. No fue casual, que las primeras medidas de flexibilización de la política de Estados Unidos hacia Cuba –aumento de los viajes y las remesas-, adoptada por la administración Obama, se hayan anunciado pocos días antes de la realización de la  Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, como  tampoco que, el anuncio del 17 de diciembre, se hubiera efectuado a pocos meses de la celebración Cumbre de las Américas en Panamá.

La nueva política de Washington hacia la Habana no deja también de procurar crear confusión y división dentro de las fuerzas progresistas y de izquierda en la región y afectar en lo posible el avance de los procesos y mecanismos de integración entre nuestros países, desplazando su mayor atención y concentración de recursos e instrumentos hacia el objetivo de revertir el proceso revolucionario en Venezuela, por lo que representa ese país en toda la arquitectura integracionista de los países del Sur y el Caribe, así como por sus recursos naturales. Destruyendo la Revolución Bolivariana, consideran se establecería el efecto dominó que revertería uno a uno los procesos revolucionarios del continente y una vez presentes en Cuba, después de establecidas las relaciones diplomáticas y económicas, su pensamiento pragmático –siempre errado a la hora de aplicarlo a nuestro país- los conduce a vaticinar  que a la Isla no le quedaría otra alternativa que sucumbir dócilmente a sus pies. Máxime, cuando se acerca el cambio generacional en la dirección del país. “Si nos acercamos –dijo Obama el 21 de diciembre de 2014 al ser entrevistado por un programa de CNN-, tendremos la oportunidad de influir en el curso de los acontecimientos en un momento en que va a haber cambios generacionales en ese país. Creo que debemos aprovecharlo y tengo intención de hacerlo”.[x]
 
Los hechos comprueban que la actitud de Cuba en relación con sus vecinos latinoamericanos y caribeños, así como con los procesos de integración se mantiene incólume. El resuelto apoyo del gobierno y pueblo cubano a Venezuela, luego que el presidente Obama declarara que esa nación representaba una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, fue la señal más importante a la hora de marcar cual es la hoja de ruta de Cuba.

“Estados Unidos debería entender de una vez –expresó el presidente Raúl Castro en Caracas el 17 de marzo de 2015-  que es imposible seducir o comprar a Cuba ni intimidar a Venezuela. Nuestra unidad es indestructible. Tampoco cederemos ni un ápice en la defensa de la soberanía e independencia, ni toleraremos ningún tipo de injerencia, ni condicionamiento en nuestros asuntos internos. No cejaremos en la defensa de las causas justas en Nuestra América y en el mundo, ni dejaremos nunca solos a nuestros hermanos de lucha. Hemos venido aquí a cerrar filas con Venezuela y con el ALBA y a ratificar que los principios no son negociables”.[xi]
 
Si precisamente los logros alcanzados en materia de integración y unidad en América Latina y el Caribe han tenido un influjo importante  en las posiciones  “conciliadoras” de Washington con La Habana, cómo pensar que Cuba pudiera ahora asumir la conducta ingenua y poco ética de abandonar el camino que desde los inicios de la Revolución ha caracterizado la política exterior de nuestro país hacia la región -aún en momentos de total aislamiento- y que tanta sangre y sacrificio ha costado al pueblo cubano. Pero además, no puede encontrarse en la historia de la Revolución Cubana, ningún hecho donde el gobierno cubano haya afectado los compromisos y la solidaridad con otras naciones para agradar a los Estados Unidos. Así fue en los años 70, cuando Estados Unidos pedía que, a cambio de la “normalización” de las relaciones, Cuba retirara sus tropas de África.

Cuba jamás vinculó en la agenda de su política exterior el proceso de “normalización” de las relaciones con los Estados Unidos con su activismo internacional y solidaridad con las causas del Tercer Mundo. Fue Estados Unidos, en aquella coyuntura, el que estableció ese nexo dañino, importándole más el conflicto este-oeste, que la normalización de las relaciones con la Isla; el que mezcló los asuntos bilaterales con los multilaterales, pretendiendo ser juez y árbitro de la proyección internacional de Cuba.

Si para los Estados Unidos la mejor estrategia –como ya estamos viendo en la actualidad- es emplearse a fondo para revertir  los procesos de cambios que hoy se viven en nuestro hemisferio, apoyar la restauración conservadora y fracturar a través de los más disímiles y sofisticados instrumentos la integración y unidad de la región, para Cuba será siempre fortalecer aún más los vínculos y los procesos de integración con los gobiernos y pueblos latinoamericanos, así como con esos países que hoy contribuyen a la formación de un mundo multipolar, agrupados fundamentalmente en el grupo de los BRICS, como el único camino emancipador posible.

El 17D puede considerarse uno de los resultados políticos más importantes del cambio de época que hoy vive América Latina y el Caribe, también la presencia de Cuba por primera vez en una Cumbre de las Américas, así como el hecho de que el presidente Obama tuviera que retractarse de la ofensiva y ridícula orden ejecutiva del 9 de marzo del 2015 donde se calificaba a Venezuela como una amenaza extraordinaria e inusual a la “seguridad nacional” de los Estados Unidos. En otros tiempos de triste recordación en el hemisferio, eso hubiera implicado irremediablemente la invasión de los marines yanquis.

No obstante, pienso que América Latina y el Caribe, debería avanzar también la integración en el área militar –aunque primero o paralelamente habría que deshacerse de todo el sistema interamericano de defensa creado por los Estados Unidos desde 1948-, pues basándonos en la historia de los imperios, no podemos descartar un escenario futuro en que, los Estados Unidos, ante el fracaso de sus objetivos estratégicos en América Latina y el Caribe y el incremento de las dificultades para el acceso a los recursos naturales con los cuales sostienen sus supremacía militar y los altos patrones de consumo de su sociedad, opte nuevamente por privilegiar los mecanismos más abiertamente agresivos e intervencionistas. No es fortuito que los Estados Unidos en los últimos años hayan venido incrementando su presencia militar en la región en las zonas que pueden generar mayor conflictividad a sus intereses y donde se encuentran los recursos naturales más estratégicos de cara al futuro. Actualmente Washington posee 77 bases militares operando en la región. Tampoco es accidental la reactivación de la IV Flota desde mediados de 2008.

Notas
[i] Atilio Borón, América Latina en la Geopolítica Imperial, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014, p.66.
[ii] Atilio Borón, El papel de América Latina y el Caribe en el tablero de la geopolítica mundial, en: El imperialismo norteamericano. Pasado, presente y futuro, Editorial de Ciencias Sociales-Ruth Casa Editorial, La Habana, 2014, pp.129-151.
[iii] Graduado en la Universidad de Princenton y doctor en Harvard. Especializado en los estudios de las Relaciones Internacionales. Actualmente es profesor de la Kennedy School of Government de la Universidad Sandwich, New Hampshire.
[iv] Véase Abel Enrique González Santamaría, La Gran Estrategia. Estados Unidos vs América Latina, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2013, pp.283-284.
[v] Jesús Arboleya, Tres preguntas básicas sobre el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Progreso Semanal, 5 de enero de 2015.
[vi]Véase Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales Domínguez, “De la confrontación a los intentos de “normalización”. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.
[vii]  Memorándum de Stephen Low a Kissinger, “Política hacia Cuba”, 30 de agosto de 1974, www.gwu.edu/~nsarchiv/ (traducción del ESTI)
[viii] Memorándum de Harry Shlaudeman a William Rogers, 27 de marzo de 1975, www.gwu.edu/~nsarchiv/ (traducción del ESTI)
[ix] Discurso de Hillary Clinton en Miami, Florida, 31 de julio del 2015.http://time.com/3980244/hillary-clinton-florida-cuba-race-voting/
[x] Barack Obama, Entrevista con el programa “State of the Union”, en CNN, 21 de diciembre de 2014.
[xi] Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la IX Cumbre Extraordinaria del ALBA-TCP, convocada en solidaridad con el hermano pueblo de Venezuela, efectuada en Caracas, República Bolivariana de Venezuela, el 17 de marzo de 2015. (Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)
*Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro “De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”.
Tomado de Cubadebate

jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Los batistianos llegaron ya?

Iroel Sánchez y Luis Toledo Sande
Parte de la "obra" de Fulgencio Batista
Parte de la "obra" de Fulgencio Batista
Reproduzco un texto del escritor Luis Toledo Sande, publicado originalmente en la revista Bohemia, y añado al final varias preguntas y una reflexión.
Que no nos priven las palabras o Fulgencio Batista, ¿un santo constructor?
Cuando en vísperas del pasado 26 de Julio me dirigía al Centro de Estudios Martianos –situado en una de las esquinas de Calzada y 4, en El Vedado habanero– para hacer un trámite profesional, no imaginaba nada parecido a la sorpresa que me esperaba a pocos metros de esa institución. Extenuado por el viaje en una mañana de fuerte calor, sentí la necesidad de sumar algo al desayuno que había ingerido presurosamente, y recordé el timbiriche particular instalado a pocos metros de allí cuando el llamado cuentapropismo no vivía el apogeo que tendría años más tarde. Al acercarme, noté que le había surgido un rival colindante mucho mejor plantado, con entradas por la calle 4 y por Línea.

Cafetería-4
“Plan de obras del presidente Batista. Ministerio de Obras Públicas”. El mensaje lo enfatiza, al pie de la foto, una mesita adosada a la pared y en la cual se reproduce la franja donde aparece el cartel. Foto: Luis Toledo Sande/ Bohemia

La mitad superior muestra, en construcción, el trecho de la calle Línea desde cerca de la nueva cafetería hasta el túnel por donde se rebasa en automóvil la ría del Almendares. Foto: Luis Toledo Sande/ Bohemia
La mitad superior muestra, en construcción, el trecho de la calle Línea desde cerca de la nueva cafetería hasta el túnel por donde se rebasa en automóvil la ría del Almendares. Foto: Luis Toledo Sande/ Bohemia
Poco tiene que ver con los empeños iniciales para revitalizar, por vía privada, la gastronomía nacional. Es otra cosa. Higiene y recursos se unen a una oferta variada, bien servida y no mal cobrada. “Desconocía este sitio”, le dije a uno de los empleados, y me respondió con corrección: “Abrimos hace dos meses”.
No hay duda: aquello se hizo con dinero. ¿Acumulado de qué modo? ¿Dentro del país? Aunque el local es pequeño, con espacio para pocas mesas, se ve bien, confortable. Es un servicio tipo “paraditos”, pero acogedor. Pronto me percaté de la foto de apreciable tamaño con que el propietario, o los propietarios, decidieron personalizar –palabra de moda– su negocio. Bien tomada, bien impresa, bien montada en una estructura vítrea. Allí hay solvencia.
La mitad superior muestra, en construcción, el trecho de la calle Línea desde cerca de la nueva cafetería hasta el túnel por donde se rebasa en automóvil la ría del Almendares. La mitad inferior corresponde a la imagen del mismo tramo, pero con el empaque actual de la célebre arteria urbana. Su nombre –informa la enciclopedia EcuRed– rinde tributo a la vía por donde transitaron los trenes precursores del tranvía que existió hasta mediados del siglo XX, y que aún muchos añoran.
También rinde tributo, sobre todo, a la justa voluntad popular de borrar otros nombres con que los gobiernos de turno la bautizaron: primero, en 1918, Avenida del Presidente [Thomas Woodrow] Wilson, expresión del intervencionismo de los Estados Unidos; luego, en los años 50, Doble Vía General Batista, marrullería del criminal golpista a quien todavía algunos procuran enaltecer.
Me acerqué para ver, en el borde inferior, lo que supuse un recuadro añadido para indicar créditos: fuente documental, fotógrafo, diseñador del montaje… Pero forma parte de la imagen original, y es un cartel con texto en caracteres de apreciable puntaje: “Plan de obras del presidente Batista. Ministerio de Obras Públicas”. El mensaje lo enfatiza, al pie de la foto, una mesita adosada a la pared y en la cual se reproduce la franja donde aparece el cartel.
El texto, parco, parecería querer borrar años de historia. De hecho, voluntades aparte, se inscribe en maniobras dirigidas a idealizar a un tirano cuya ejecutoria abarca incontables y brutales asesinatos y torturas, y gran saqueo de las arcas de la nación. A ese tirano se alude, sin más, como si hubiera sido un gobernante a quien sería justo agradecer un plan de obras públicas, y cuyo Ministerio del ramo se ve exculpado de la gran corrupción que practicó.
En la Cuba actual se ha querido que no nos parezcamos a contextos donde el concepto de reformas y la introducción o crecimiento de modos de propiedad privada –que en determinadas circunstancias y para fines concretos puede ser necesaria, pero caracteriza al capitalismo, que la refuerza como dogma en su etapa neoliberal–, llevaron al desmontaje, programado, de todo afán de construir el socialismo. A este lo definen, entre otras cosas, el peso de la propiedad social en los medios fundamentales de producción y de servicios.
Los términos cuentapropismo y cuentrapropista, y sus derivados, que se han puesto en boga, designan formas de gestión administrativa y de propiedad correspondientes a lo privado y a la privatización. Si lo olvidáramos, acabaríamos con los sentidos privados por la “magia” de las palabras, y la desmemoria podría empujarnos a comportamientos, ideas y decisiones torpes, como pasar por alto quién fue Batista, y qué hizo.
Mucho habrá que seguir esclareciendo, y regulando, para el correcto funcionamiento de la propiedad privada que crece entre nosotros. Una vertiente concierne al movimiento sindical, que debe asegurar la protección a trabajadores y trabajadoras del sector privado, o de gestión no estatal, para quienes ya no será necesario vérselas precisamente con posibles errores, insuficiencias o deformaciones en un Estado erigido con la voluntad de velar por los intereses colectivos, del pueblo. Ahora necesitarán, cada vez más, protección frente a dueños que se enriquecen con la plusvalía extraída de la fuerza de trabajo que explotan, cualesquiera que sean los salarios que paguen, y a quienes voceros del imperio han declarado que ven como germen de una clase social en que tendrían aliados.
Por mucho que ganen quienes trabajan en ese sector, hay una realidad que deben conocer: sus empleadores –ojalá todos paguen escrupulosamente los debidos impuestos–, no tienen que construir ni mantener escuelas, centros de salud ni otros modos de servicios fundamentales para la población. Esto va dicho sin desconocer que quienes siguen trabajando en el ámbito de la propiedad social, administrada por el Estado, y básica para el socialismo, también necesitan que sus salarios crezcan en términos absolutos y en relación con el costo de la vida.
Ese tema requiere estudiarse a fondo, y los presentes apuntes se centran someramente en la foto ya comentada, y en sus alcances. No es una política de prohibiciones lo que urge tener: ellas pueden acabar siendo contraproducentes, si no lo son o lo han sido ya. Pero prohibiciones necesarias hay y habrá, y deben cumplirse al servicio de una adecuada cultura de civilidad y orden. (Tomado de Bohemia)
Mis preguntas:
¿Cuál es la postura ante lo que relata Toledo Sande de aquellas organizaciones donde militan víctimas de la dictadura de Fulgencio Batista? No estoy llamando a ninguna acción extrema ni a prohibiciones absurdas pero el silencio y la renuncia al debate son los mejores aliados de la desmovilización y la derrota, ¿no debería la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana del área donde está enclavada esta cafetería hacer llegar su parecer, en boca de algún combatiente de la clandestinidad o el hijo de algún mártir de la tiranía que se cuentan por miles en toda Cuba, a los dueños de este lugar donde se homenajea el "Plan de obras del Presidente Batista"?
¿Los revolucionarios cubanos vamos a continuar en silencio ante la reescritura de nuestra historia, la degradación de nuestros símbolos o su hibridación y sustitución nada ingenua por otros, como ya ha ocurrido recientemente más de una vez en nuestros medios de comunicación?¿Qué sucederá cuando no viva la generación que enfrentó a la dictadura batistiana?
¿Para defender la memoria de la Revolución hay que pedir permiso al organismo superior?¿Como los militantes del Partido Comunista de la Unión Soviética contemplaremos disciplinadamente las tareas de desmontaje del socialismo que ya empiezan a ejecutarse por sus referentes simbólicos?
¿Es casual que sitios como el Parque Lenin o el Coppelia, símbolos de la democratización de la recreación y el acceso de las mayorías al refinamiento, abierto por el proyecto colectivo de la Revolución, languidezcan entre el mal servicio y el deterioro estructural, mientras se asienta la idea de que lo bueno y lo bello son patrimonio exclusivo del pasado prerrevolucionario?¿Por qué cada vez más al Estadio Latinoamericano se le llama en nuestros medios el "Estadium del Cerro"?
¿Es una Habana para turistas la que va a esperar sus 500 años, reproduciendo las celebraciones con tufo colonial que a diferencia de lo sucedido con el medio milenio de Santiago de Cuba tuvieron lugar en buena parte de las villas fundadas por los españoles?¿O como en Santiago, los barrios hechos por la Revolución y hoy más o menos barbarizados (Camilo Cienfuegos, San Agustín, Alamar, Mulgoba, Reparto Eléctrico..) podrán renovar su (falta de) urbanismo y elevar la calidad de vida de cientos de miles de trabajadores habaneros que nunca han podido sentarse en una paladar?
¿Será el remozado Capitolio de La Habana vieja forma para una democracia nueva o un casacarón que entre mármoles y bronces, tan caros a las dictaduras y las plutocracias, olvide consagrar el nombre de Jesús Menéndez, el parlamentario negro y obrero que impuso a los yanquis y la burguesía cubana un trato justo para los trabajadores azucareros y por eso lo asesinaron sin que valiera su inmunidad parlamentaria en "el periodo más democrático de la historia contemporánea de Cuba", según dice el diario español El País bajo la firma de un "historiador" cubano?
Son algunas preguntas que me destraba este artículo de Luis Toledo Sande porque nuestro problema no es cómo decide ambientar el dueño de una cafetería su negocio sino por qué éste cree legítimo hacerlo con un tributo al que -enseñan nuestras escuelas y repite nuestra televisión- es el asesino de miles de cubanos,  y cómo funciona el resto de la sociedad en relación con ello.

martes, 14 de julio de 2015

La urgencia de pensar la comunicación política

Por Darío Machado Rodríguez*

 
La comunicación política, prefiero llamarla de contenido político, tiene hoy el mayor de los desafíos: preservar y enriquecer los valores cultivados por la revolución socialista en condiciones de un cuádruple conjunto de factores que conspiran en contra.

Naturalmente, la comunicación política no puede echar sobre sus hombros toda la responsabilidad. Sin el predominio de la propiedad social, sin un Estado, sin voluntad política y leyes que respalden la orientación socialista de la sociedad cubana poco o nada significarán las acciones en el terreno de la comunicación social. Pero de igual manera, sin la acción consciente desde la ideología y la política revolucionarias, estos factores pueden debilitar y hacer desaparecer el rumbo socialista y con ello la independencia, la soberanía nacional y la identidad cultural.

Pero el tema que nos ocupa concretamente es el de la comunicación de contenido político y, por tanto, lo primero es explicar la naturaleza de ese cuádruple desafío y hacerlo pensando en la posible acción que pueden tener en lo inmediato y en el mediano plazo.

El enfocar los desafíos ideológicos de la comunicación política hay que ir a la raíz de la realidad social, tener en cuenta los datos que esta aporta.

El primer desafío es el que presentan las transformaciones económicas en curso hoy y en los años siguientes en la sociedad cubana, impulsadas por el Estado revolucionario y por la voluntad política de la nación expresada en los Lineamientos y que amplían la acción del mercado y de la propiedad privada.   Ambos elementos contienen el germen del individualismo y junto con su ampliación recrean y amplían la base económica alrededor de la cual puede y de hecho ya ha comenzado a recomponerse subrepticiamente la ideología liberal derrotada por la revolución socialista.

Todos los cubanos, sin importar el lugar que ocupamos en la estructura socioclasista, recibimos iguales beneficios de las políticas sociales del Estado, pero las relaciones económicas que se van abriendo paso, estimuladas por la acción del mercado y la propiedad privada, van tejiendo también relaciones personales de entendimiento mutuo de quienes se encuentran ligados a una cotidianidad específica, diferente de quienes participan en la parte de la economía vinculada a la propiedad social, relaciones que pueden conducir a una autoidentificación como grupo social, con intereses diferentes a los de la sociedad en su conjunto, aun compartiendo los beneficios de las políticas sociales consideradas por muchos “naturales”. Una cadena de favores mutuos, tiende a apartarlos de la proyección colectiva, de la visión de futuro compartido. La ausencia o debilidad en el examen de las consecuencias para todos de ese alejamiento solo servirá a la rearticulación del liberalismo.

No significa lo anterior que estos cambios traigan automáticamente cambios en la mentalidad de las personas, pero tampoco significa negar que a la larga, la cotidianidad de su espacio económico traerá inevitablemente una influencia en la conciencia de los protagonistas, que puede terminar dándose la mano con la ideología liberal si no hay acciones conscientes para evitarlo.

El repunte de la ideología liberal arriba aludido se observa, por ejemplo, en una relectura exageradamente entusiasta de la vieja república que esconde una negación de las transformaciones materiales y culturales desarrolladas por la revolución socialista, o en las propuestas de fórmulas jurídicas y políticas que miran más al pasado que al presente y al futuro, o en la negación a ultranza de fórmulas de orientación socialista para el desarrollo social y económico del país.
Tenemos además presentes los hechos de corrupción que ya han provocado importantes acciones legales en contra de funcionarios que han privatizado los cargos para operar en ellos en función de intereses personales espurios, a lo que se suma el oportunismo que tanto daño espiritual y material hace a la sociedad.
Corruptos y oportunistas no tendrán escrúpulo alguno en servir a la ideología liberal y a una ampliación ilimitada del papel del mercado y de la propiedad privada, puesto que sus intereses individuales hace rato que ya no están en clave social, si es que en algún momento lo estuvieron. A los corruptos y a los oportunistas les viene bien el capitalismo.

Un tercer factor en contra se presenta con el proceso de normalización de las relaciones con los Estados Unidos, ya que junto con la ampliación de los contactos, las inversiones y el comercio, vendrá la propaganda sociológica implícita en la sociedad norteamericana y en su modo de vida. Una sociedad solo exporta lo que porta. La política y las leyes deberán hacer lo suyo en materia de poner límites claros a estas relaciones, pero el efecto simbólico de su presencia -en lo adelante creciente en la sociedad cubana- no se podrá conjurar si no hay un correlato ideológico y político pensando sistémicamente y expresado en la comunicación de contenido político.

Y un cuarto elemento ya lo tenemos también presente en nuestra realidad: me refiero a los medios principalmente digitales y de otra índole a través de los cuales fluye producción informativa y cultural, no siempre veraz y no siempre de buen gusto, conformándose un panorama simbólico diferente en el cual se mira hoy cada vez más la sociedad cubana.

Es imprescindible que nuestros medios nacionales, propiedad social y al servicio del pueblo trabajador, presenten un espejo analítico, crítico, comprometido, convincente de nuestra vida, en el que se vea y reflexione la sociedad cubana. Naturalmente no solo la radio y la televisión nacionales, y la prensa nacional, sino los medios digitales que crecen y se desarrollan en una batalla contra el tiempo.

La necesidad de un enfoque integral de la comunicación de contenido político que recupere todo el talento nacional imbuido de la necesidad de proteger el proyecto de nación que solo sobrevivirá si mantiene su esencia socialista, es hoy el principal objetivo político para echar a andar la ofensiva ideológica en toda la línea de la batalla por la preservación, afianzamiento y enriquecimiento de los logros culturales de la revolución socialista.

En este contexto, se observa en ocasiones una distonía entre el abordaje de los asuntos sensibles del país en la producción periodística que comunican los medios nacionales y en la producción habitualmente llamada cultural: novelas, programas humorísticos, etc.

Mientras en la producción informativa y periodística en general los temas que se aprueban por los medios solo pueden ser tratados parcial e insuficientemente para el nivel cultural del público y las realidades de la sociedad cubana, en la producción cultural se observan licencias que pasan en ocasiones de la crítica necesaria, profunda y constructiva a zaherir sensibilidades en la audiencia y, al exceder los límites, hacen reprobables esos mensajes. Hay que encontrar el justo medio, el equilibrio que de rienda suelta a la creatividad y la diversidad y a la vez evite la confusión y el desencanto.

El correlato ideológico de la aplicación de los cambios necesarios en la economía del país, imprescindibles para garantizar la orientación socialista y con ello preservar la independencia nacional y el proyecto de nación, tiene que tener expresión en los medios nacionales que sirven a la sociedad cubana con más confianza en nuestro público, en nuestros periodistas y en los colectivos de los medios de comunicación, quienes deberán enfocar su trabajo con la necesaria autonomía y no solo otorgarles el derecho a equivocarse como cualquier otra actividad humana, sino también reconocerles el derecho a tener la razón.

Solo ventajas en la actual batalla de ideas nos traerá el tratamiento de la comunicación de contenido político desde la autoestima de los periodistas, los medios y el público,  para un accionar responsable, comprometido y sin secretismos de la realidad nacional. Un público mejor informado y escuchado confiará más en los medios y en la institucionalidad revolucionaria, estará cada vez mejor preparado para ejercer su derecho a participar en los asuntos del país y para controlar su funcionamiento, en particular previniendo la corrupción y la ilegalidad, a la vez que contribuirá a alcanzar como nos pidió nuestro Presidente, toda la democracia posible.

La ofensiva en la comunicación política, como toda operación compleja, deberá tener una estrategia clara, que abarque integralmente todos los escenarios en los cuales tiene y tendrá lugar la batalla de ideas y deberá también mantener y acrecentar sus reservas, lo cual pone la mirada en los más jóvenes.

Estoy convencido que en esta pelea la población adulta cubana formada por la revolución socialista está más preparada para vérselas con la mentira sobre Cuba que los adultos de los países del norte para aceptar la verdad, pero es de importancia estratégica contribuir a la mejor preparación de los jóvenes.

Cabe preguntarnos por qué, si hoy por hoy, cuando el escenario más dinámico de la batalla de ideas está en la comunicación social, nuestros medios de comunicación no producen programas que expliquen la naturaleza de esta confrontación y en especial por qué en nuestro sistema educacional esta materia no tiene el tratamiento que corresponde al desafío que representa. Circula en todo el país información y programación de ninguna o cuando menos escasa o dudosa calidad en el orden ético y cultural (que tiene su principal símbolo en el famoso “paquete”), sin que haya una acción consciente de cara a este verdadero reto de nuestra época.

Creo que debe pensarse seriamente por parte de quienes integran el sistema nacional de educación en cómo instruir y educar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes acerca del funcionamiento de estos medios, en formar una conciencia contrahegemónica en ellos, enseñarles la importancia que tiene para nosotros la veracidad en la producción informativa y también las artimañas de los medios al servicio de los intereses imperialistas para ocultar la verdad. Desarrollar en ellos una conciencia crítica que les permita comprender las intenciones de la producción desinformativa y anticultural de estos medios. No solo pienso en el sistema nacional de educación si lo destaco es porque resulta por su solidez y sistematicidad el más importante, sino en general en todos los espacios formativos del país.

En resumen, junto con el imprescindible crecimiento y desarrollo económico, una organización a tono con los nuevos tiempos, un entramado jurídico normativo eficiente, deben marchar indisolublemente articuladas las políticas sociales que ha defendido el ideal socialista en Cuba, y un correlato ideológico y político que reproduzca y defienda creativa y audazmente los valores de la revolución cubana.


Enviado por su autor para Cubacoraje

*Licenciado en Ciencias Políticas. Diplomado en Teoría del proceso ideológico y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

viernes, 5 de junio de 2015

Cuba-EE.UU.: ¿Y ahora qué?

Por Angel Guerra Cabrera, @aguerraguerra *

  Gran_obama-cubaLa pregunta es muy legítima pues después de dos años de diálogos (secretos hasta el 17D y públicos a partir de ese momento), han ocurrido evoluciones muy favorables si las comparamos con la situación de hostilidad mutua que tiñó las relaciones entre los dos países desde enero de 1959 y hasta la fecha antes mencionada.

 Solamente durante las dos semanas anteriores ocurrieron dos acontecimientos muy importantes: la sección de intereses y futura Embajada de Cuba en Washington pudo abrir una cuenta bancaria el recibir la entidad operadora una licencia del Departamento del Tesoro; más trascendente aun: Cuba fue excluida de la lista de países patrocinadores del terrorismo, que aparte de que no haber justificación válida para que un país se arrogue el derecho de instrumentarla unilateralmente, en todo caso, no existió nunca razón moral ni legal para incluir en ella a La Habana.

 Ahora bien, la práctica totalidad de las disposiciones de castigo económico a los integrantes de la lista de patrocinadores del terrorismo, están también contenidas en la urdimbre de leyes que forman el bloqueo económico, comercial, financiero y mediático contra la isla, a lo que hay que añadir las leyes que proporcionan apoyo económico a la esmirriada y desprestigiada, pero codiciosa, contrarrevolución interna y externa.

 De modo que la exclusión de Cuba de esa lista, aunque indudablemente constituye una prueba de buena voluntad de Washington, debe valorarse principalmente en su dimensión moral. Más allá de esto no debería descartarse tampoco cierto impacto sicológico positivo que puede tener en algunas entidades como las agencias de viajes y líneas aéreas y marítimas que aunque deseosas de establecer vínculos con la isla se han abstenido de hacerlo por simple temor a las draconianas multas impuestas por EU a bancos y entidades que mantienen vínculos económicos con la isla.

 Este aspecto sicológico es tan importante que el solo hecho de haberse anunciado el proceso de restablecimiento de relaciones y los discretos pasos que lo han acompañado ha aumentado de manera notable el flujo de visitantes a Cuba en lo que va de año en un 36, un 26, un 25, un 22 y un 16 por ciento, procedentes de EU, Reino Unido, Francia, Alemania y España respectivamente.

 Muy significativo, la nueva medida propiciaría al presidente Obama, si tiene la voluntad política para hacerlo, el uso de su autoridad ejecutiva, para notificar al Congreso que está en el “interés nacional” dejar en suspenso el bloqueo en cuanto a la prohibición a tratar con Cuba a los organismos internacionales de crédito que ese país aun controla: BM, FMI y BID. En realidad, si es cierto que solo el Congreso puede derogar el bloqueo, no es menos cierto que el Ejecutivo dispone de la prerrogativa de convertirlo en un simple cascarón usando su pluma.

 Se han producido también en los últimos cuatro meses acontecimientos de excepcional importancia simbólica y no tan simbólica. Entre ellos, la al parecer auspiciosa visita de una delegación oficial estadunidense que informó sobre las nuevas medidas previstas para aliviar el bloqueo en el campo de las telecomunicaciones y fue informada por sus contrapartes de las prohibiciones aun en vigor que impiden la normalización de las relaciones en la materia.

 De la misma manera el restablecimiento de la línea de ferris entre Florida y La Habana suspendido hace décadas, la licencia a un hospital newyorkino para realizar un protocolo clínico a la eficaz vacuna terapéutica cubana contra el cáncer de pulmón, la visita a La Habana y ovacionados conciertos de la Orquesta Sinfónica de Minnesotta, la participación de botes estadunidenses en el Torneo de Pesca Ernest Hemingway, donde no participaban hace mucho tiempo, y el tope futbolístico amistoso entre el Cosmos de Nueva York y la selección nacional de Cuba.

 Como puede observarse, se avanza a paso lento pero seguro en un proceso que el propio presidente Raúl Castro calificó de largo y complejo pues no se ha resuelto ni existe idea de cuándo se resolverá lo esencial: el levantamiento del bloqueo.

 Aún sin entrar en añejos reclamos de Cuba como la devolución de la base de Guantánamo, ahora mismo es muy importante con vistas a la reapertura de embajadas, el acuerdo a qué deben llegar las partes sobre la aplicación de la Convención de Viena a sus respectivas sedes y diplomáticos en cada país.

 Como es conocido EE.UU. no se caracteriza por ser muy respetuoso de las normas ni Cuba por permitir que se violen.

*Periodista cubano residente en México y columnista del diario La Jornada