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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Falleció en Bogota el compositor de "¡Cuba Sí, Yanquis No!"

Alejandro Gómez Roa en La Habana 1960 junto con Fidel y el año 2003 en Bogota (foto enmarcada).

Falleció en Bogotá el compositor de “¡Cuba Sí, Yanquis No!”

Por Dick Emanuelsson

TEGUCIGALPA / 2014-09-10 / Hay hombres en la vida que uno nunca olvidará. El colombiano Alejandro Gómez Roa es uno de ellos. No por que fuera el compositor de la canción y consigna “¡Cuba sí, yanquis no!” sino por su entrega a la causa revolucionaria, tanto en Colombia como en Cuba o Venezuela. Hoy me llega la información que ayer, 9 de septiembre, falleció el compañero.

Con Venezuela

Lo conocí la primera vez en la caravana “No Pasarán” que salía de Bogotá rumbo a Caracas. Eran los primeros días de 2003 y la contrarrevolución venezolana entraba en el segundo mes para estrangular la nación vecina. Los gerentes de PDVSA se habían levantado de sus sillas, llevándose todo, inclusivo las claves del sistema computarizado de la producción y distribución del petróleo venezolano. Pusieron todo en una sola canasta para derrocar al gobierno revolucionario durante el sabotaje petrolero.

De Bogotá salimos en 7 u 8 buses, en una acción en solidaridad con Venezuela organizada principalmente por los sindicatos colombianos. Llegamos a Cúcuta y pasamos la frontera donde íbamos a hacer transbordo a buses venezolanos en la ciudad fronteriza San Antonio.

Era confrontación total entre Revolución y Contrarrevolución y se notaba en la Plaza de San Antonio donde los “escuálidos” nos gritaron “Guerrilleros-Terroristas”. Los chavistas nos dieron una bienvenida en una ciudad y región mezclada por el poder de la oposición antichavista y apoyada por el paramilitarismo colombiano. Unos pocos kilómetros de allá, el paramilitarismo masacraba colombianos en alianza con el ejército nacional. El jefe era Salvatore Mancuso y terminando su obra sangrienta ya habían sido asesinados decenas de miles de habitantes en Santander y el Norte de Santander, tildados de... “Guerrilleros-Terroristas”.


Sin ningún miedo canta Alejandro durante la caravana en enero 2003 en una ciudad venezolana, una canción compuesta especialmente en solidaridad con el pueblo venezolano.

Disparando a los buses

A las 10 de la noche partimos de San Antonio con Caracas como destino. En la ciudad Rubio nos estaban esperando con piedras y balas que fueron disparados contra los buses. Alejandro y su esposa se salvaron por un milagro de ser las primeras víctimas mortales cuando un tiro atravesó el vidrio donde estaban sentados los compañeros. Pero Alejandro estaba totalmente tranquilo.

En San Cristóbal, capital de Táchira, nos quedamos por la noche en los pasillos de un estadio de baseball y los chóferes, horrorizados por los ataques opositores, no se atrevieron a continuar el viaje hasta Caracas, para el cual habían sido contratados. Pero no solo ellos se negaron a avanzar, un grupo considerable del sindicato banquero colombiano también regresó a Bogotá. La situación era complicada.
Nos quedamos todo el día ahí en la ciudad hasta que los chavistas locales lograron conseguir buses municipales que nos llevarían hasta Caracas en un viaje que duró dos días. Luego de un mes fue derrotada la contrarrevolución venezolana a un costo de casi 20 mil millones de dólares.

La Habana 1960

Alejandro cantaba en Caracas como cantaba esa noche en La Habana cuando él, en calidad de secretario general de la Federación Nacional de Estudiantes, representó a los estudiantes colombianos en julio de 1960 en una conferencia juvenil latinoamericana en apoyo a la Revolución Cubana.
1960 fue también un año decisivo en el combate contra la contrarrevolución cubana y los preparativos para resistir la invasión que se sabía que iba a venir y efectivamente fue ejecutada en Playa Girón el 15 de abril del año siguiente.
Alejandro era el mismo comunista humilde que había viajado en 1960. Cuando lo entrevisté en 2003 me mostró las fotos que para él eran más importantes y valiosas que cualquier royalties que nunca cobró por su canción, las fotos donde está con Fidel esa hermosa noche en La Habana.

-Qué significa unos millones de dólares a cambio de un pueblo entero que canta mi canción que también es mi aporte a la Revolución- me dijo.

Y contó que había agregado unas líneas a la canción con relación a la situación en Colombia:

“En Colombia se convierten las escuelas a cuarteles / En Cuba se acabaron con esos vicios / ¡Cuba Sí, Yanquis No”! (libremente traducido de la memoria).

Fidel perdió la voz


Fidel con Alejandro en agosto 1960.
Pero ¿cuál era el origen de la famosa canción y frase? le pregunté.

– En la conferencia del 4 de agosto éramos 900 delegados de todo el continente. Che había inaugurado la conferencia ese día y Fidel la clausuraría el 6 de agosto. En el presidio se encontraban todos los comandantes guerrilleros unidos desde la lucha en Sierra Maestra.
Fidel perdió la voz, cuenta Alejandro y dijo a Raúl, su hermano, que dijera “al colombiano con el acordeón, tomar los micrófonos”, mientras que Fidel se recupera.
Resulta que Fidel había llegado unos días atrás a la casa donde Alejandro estaba albergado y esa noche escuchó la canción que desde esos momentos sería legendaria en todo el mundo.
Cuando Fidel perdió la voz a las 23.40 de la noche del 6 de agosto, Alejandro Gómez subió al escenario y comenzó cantar:

“Llegamos a Cuba / para defender la revolución / por que es hermana gemela a la lucha en America / CUBA SI, CUBA SI, CUBA SI, YANQUIS NO!”/

– A las 4 de la madrugada, después de las canciones, las ovaciones y los coros con la misma frase, Fidel se había recuperado y reinició su discurso (Sic!).

Prepararse para la lucha armada

Alejandro, como muchos colombianos y latinoamericanos, regresaron a sus respectivos países después de la clausura de la conferencia juvenil en La Habana pero regresaron, como fue el caso de Alejandro, dos años después a La Habana. Allí comenzó una nueva etapa en la lucha política, la tarea armada.

La confrontación entre el imperialismo y la Patria, entre Oligarquías y los Pueblos no dejaba, como en el caso colombiano, muchas alternativas.

– El Che me dijo varias veces que “ahora es tiempo de reemplazar el acordeón por el fusil”. También Fidel me dijo, pero con palabras más diplomáticas y no dijo “fusil” sino “guitarra”. Era imposible no interpretar el símbolo, relató Alejandro entre carcajadas ese día de julio de 2003 en su humilde apartamento en Bogotá.

Pasaron un par de años. Alejandro regresó a La Habana en un barco soviético de carga junto con 40 colombianos, pero no desde Colombia sino desde Helsinki, capital de Finlandia donde había participado en el Festival de la Juventud y Estudiantes. La situación en Colombia era tensa. En Cuba se encontraban varios colombianos que posteriormente serian comandantes en las guerrillas de las FARC y ELN.

La misma lucha, Cuba-Colombia

– Nuestra preparación militar en Cuba era tanto en defensa a la isla como un comienzo de una nueva forma de lucha en nuestros propios países. Piensa que los gringos ya habían hecho la invasión a la Playa Girón y en la crisis de Octubre casi llevaron al mundo a una tercera guerra mundial.

Pero para Alejandro, el acordeón era preferible antes que la lucha armada. Durante un preparativo militar en Cuba, Alejandro tiró una granada de mano pero no llegó lo suficientemente lejos. Un fragmento de la granada entró en el cuello incrustándose solo a unos milímetros de la aorta. Quedó en el hospital en La Habana un largo tiempo donde fue a visitarlo el Che. Por recomendación de los cubanos regresó a Colombia. También la música es un frente de lucha, decían.

“Operación Laso”

En Colombia comenzó el operativo militar dibujado por el Pentágono; “Operación Laso”. (Latin American Security Operation) Los blancos militares de los aviones de guerra y los 16.000 soldados de la infantería del ejército colombiano eran solo 48 campesinos encabezados por Manuel Marulanda en la comunidad montañosa Marquetalia. La tarea era eliminarlos físicamente para que jamás pudieran expresar la palabra Reforma Agraria. Pero la historia ya la sabemos, en vez de derrotarlos lo que hicieron fue provocar al pueblo consciente de defenderse con lo que el Che le había enseñado a Alejandro en Cuba: el fusil en las manos.

Y Alejandro combatía con su acordeón y voz en su frente de lucha, compartiendo la consigna con los guerrilleros, tanto en Colombia como en La Habana;

¡Contra el Imperialismo, por la Patria!
¡Contra la Oligarquía, por el Pueblo!

Es extraño, pero esas consignas están más vigentes que nunca. Y a pesar de que Alejandro ya no esté con nosotros físicamente, pues siempre se gritará desde lo más profundo del corazón:

“¡Cuba sí, yanquis no!”

¡Que descanse, camarada, desde donde estés cantando junto con El Che!

Video en Youtube
Agencia de Noticias Nueva Colombia, ANNCOL
Web: https://anncol.eu/, Redacción: anncol@anncol.eu,
YouTube: http://www.youtube.com/user/anncol4?feature=mhee,

jueves, 14 de noviembre de 2013

Teresita para siempre

Por Marlene Caboverde Caballero*
  
No solamente la escuchaba, yo soñaba a Teresita Fernández García. Primero me encantó con Vinagrito, después con Tin Tin la lluvia. Y yo solía repetir aquellas canciones de memoria hasta comprender que más bien se trataba de hermosas lecciones de ternura y bondad.

 En aquellos primeros años de mi infancia asistí a ese juego diferente con palabras y música que se aliaban para cautivar a los niños. Pero lo más profundo y hermoso de aquel regalo era la voz de esta juglar, “pobre, nómada y libre” que fue, Teresita Fernández.

 Como decía Liuba María Hevia, a Teresita no hacía falta conocerla para quererla. Por eso, cuando comencé a verla en la televisión no reparé en su ropa ni en su despego por los adornos, porque para brillar le bastaba la guitarra y entonar Lo feo, Dame la mano y danzaremos, Vamos todos a cantar.

 Todo ese mundo de fantasías y colores que vivía en mi imaginación cobraba vida solo en la voz de Teresita, y es que ella tenía esa rara virtud de adivinar los sueños, y dibujarlos exactamente como los pensábamos los niños de mi generación, y sé que continuará siendo así para todos los tiempos.

 Teresita Fernández era una maestra que cantaba, y su único propósito era repartir la alegría. Por eso creó La peña de los Juglares, en el Parque Lenin, y tuvo el acierto multiplicar esa iniciativa en otros espacios de la geografía cubana donde se compartían los versos y la risa, y se abrazaban los amigos.

 Cuando supe la noticia de su fallecimiento esta mañana, me estremecí, y sé que a la misma vez millones de personas en Cuba y otras partes del mundo lamentaban su partida.

 Teresita acaba de irse, pero, ¿será realmente así? No lo creo, ni siquiera acepté que estaba muriendo en su apartamento de La Habana donde vivía con su Vinagrito de cartón esperando en una pared; contemplando los gorriones en su ventana; las flores silvestres, las nubes… el amanecer, el mar, porque según ella… “la naturaleza es superior a la vida que nosotros mismos nos imponemos y limitamos”.

 Y es que ayer mismo Teresita llenaba mi casa con esas canciones que también le gustan a mi pequeño Alessandro. Y mañana repetirá su concierto en otras casas, en las montañas, en los ríos, bajo los árboles donde entonaba mejor porque estaba más a gusto entre los colores y los olores de la vida.

 Teresita Fernández empezará a renacer desde hoy de una manera diferente en los hormigueros, las enredaderas, los manantiales. Ella continuará con su tienda de maravillas a cuestas para plantarla donde hay sombras y tristezas, y así cumplir una y otra vez esa sagrada misión que es, conmover a los demás, para siempre.

*Periodista cubana, trabaja en la emisora Radio Jaruco, y una de las fundadoras del Comité “Alas de Libertad” de esa emisora, por la Libertad de los 5


viernes, 1 de noviembre de 2013

Algo sobre poemas y letras de canción


Por Luis Toledo Sande*

En una prestigiosa institución tuvo lugar, hará una década, un memorable foro que trató, entre otros temas del patrimonio cultural de nuestra América, la riqueza de la cancionística en la región. Animado por esa riqueza, que tanto nos honra, ¡y nos alegra!, alguien valoró los textos de las canciones y, defendiéndolos contra prejuicios elitistas o de similar carácter, sostuvo: “Son verdaderos poemas”.
Las generalizaciones suelen ser imprecisas, y alguien matizó: “Ni son ni tienen por qué ser poemas. Un poema puede funcionar bien como letra de canción, y una letra de canción puede tener altos valores poéticos; pero no son lo mismo. Grandes canciones se han escrito asimismo en nuestros países, y en otros. De los nuestros disfrutamos desde canciones clasificadas como líricas hasta el repertorio de Los Panchos; grandes boleros y diversas contribuciones de la trova, la ‘nueva’ y la ‘vieja’, ambas también con boleros en su haber”.
Pudo haber añadido que la canción es de tal poder de comunicación que, salvo quizás poetas de gran jerarquía literaria y afectiva, como José Martí o Antonio Machado, lo más probable es que, si un poema se musicaliza y la canción triunfa, los registros de derechos de autor no impidan que se acabe dando crédito al músico solamente. Pero ni la altura de Martí bastó para que un agente aduanero, de poca simpatía con el quehacer revolucionario entre cuyos pilares sobresale la obra del poeta héroe, permitiese pasar por la frontera a su cargo libros de textos martianos cuando, movido por su ignorancia, las respuestas del viajero a su interrogatorio le hicieron suponer que Martí era el autor de La guantanamera. Y hasta un poema de Machado puede recibirse como “obra de Joan Manuel Serrat”.
María Teresa Vera no quiso opacar el peso de Guillermina Aramburu como autora de la letra de Veinte años, pero la difusión popular, y hasta la de mayor profesionalidad, han destacado, cuando no absolutizado, el papel de la compositora y cantante. Un intérprete verdadero puede ser proclamado creador de composiciones debidas a otros. Así, una que fuese cantada por Benny Moré paraba en creación suya, y creador del ritmo Pilón mereció ser llamado Pacho Alonso, aunque las piezas correspondientes fueran de su amigo, coterráneo y compadre Enrique Bonne.
Cosa muy diferente son ciertas manipulaciones mercantiles, como la que reveló en Cubarte, no hace mucho, Guillermo Rodríguez Rivera: la atribución de canciones de Compay Primo, Lorenzo Hierrezuelo, a Compay Segundo, Francisco Repilado. Sin recato, aunque ello supusiera sepultar a un artista imprescindible, fundamental en Los Compadres, y en Cuba, la empresa productora echó mano al nombre del que entonces vendía más, dada una combinación de sus indudables virtudes, algo como de arqueología y el efecto del fenómeno Buena Vista Social Club, que no benefició a Hierrezuelo, muerto años antes.
No se agota con ello la nómina de quienes, por lo menos de Ernesto Lecuona para acá, han musicalizado textos de Martí, pero un buen ejemplo lo dio Teresita Fernández al salir airosa de batirse con todo Ismaelillo: “hasta con sus espacios en blanco”, ha reiterado ella. No siempre los poemas de mayor altura son los que más éxito alcanzan musicalizados. Se ha dicho que, a su modo, el mayor acierto de Amaury Pérez con poemas de Martí radicó en haber sabido escoger algunos de los que Martí relegó, anteriores al deslindante Ismaelillo.
Hace años, refiriéndose al plan de Julio García Ruda, entonces compositor en formación, de emplear Abdala, texto del Martí adolescente, para componer una ópera, el maestro Carlos Fariñas elogió ese proyecto —cuyo destino ignoramos— y lo contrastó con óperas célebres basadas en escritos que, a su juicio, si no eran banales, tampoco son comparables en cuanto a trascendencia con el precoz poema dramático martiano. El camino de los textos a los que se pone música, o que se escriben para ella, tiene sus particularidades: en Cuba ha sido o es un lugar común decir que Gustavo Sánchez Galarraga logró como letrista de Lecuona más éxito que como poeta, o, para decirlo con mayor propiedad, como autor de poemas.
En el foro aludido al inicio, quien reclamó dar a cada texto, fuese poema o letra de canción, el lugar merecido por sus valores, citó de memoria un fragmento de Para vivir, de Pablo Milanés: “Muchas veces te dije que antes de hacerlo/ había que pensarlo muy bien,/ que a esta unión de nosotros/ le hacía falta carne y deseo también,/ que no bastaba que me entendieras/ y que murieras por mí,/ que no bastaba que en mi fracaso/ yo me refugiara en ti”. Luego comentó: “Esa canción es no solo un claro testimonio de los años de mayor altura del autor en cuanto a creatividad musical y textual, y a calidad interpretativa, sino también una de las más grandes canciones cubanas; pero difícilmente un poeta de apreciable profesionalidad quisiera tener ese texto en un libro suyo. Si se le quita el soporte que le da la estructura musical, no parece que se sostenga como poema. Se le aprecia no únicamente por sus aciertos poéticos de letra de canción, sino porque ya no hay manera de leerlo, ni de pensarlo siquiera, sin sentir que cabalga sobre dicha montura”.
Una letra de canción, sobre todo si es buena y sabe tocar las fibras del alma, tiene tal poder que incluso aunque incluya pifias verbales puede conmover a los lingüistas más rigurosos. En general, las pifias son indeseables, y a veces horrorosas; pero a menudo ocurre lo que sucede con un familiar querido: es nuestro aunque no domine el idioma, así como nos pertenece lo que él, o ella, nos dice. ¿Será cierta la anécdota de la profesora de español que rechazó a un enamorado no porque él fuera cursi y en una carta la llamara “mi corazón”, sino porque, al hacerlo, escribió corasón, así, con ese? Los sentimientos son sentimientos, no trazos gráficos, aunque estos sean importantísimos para expresarlos y cultivarlos.
La comunicación cotidiana, o estrictamente personal, tiene su propia manera de ser asumida como acto de intimidad, y grandes documentos suscitan un respeto colectivo que llega a ser paralizante. ¿Cómo corregir, en la más conocida de las cartas de Ernesto Guevara, el pasaje donde se lee: “Me recuerdo en esta hora de muchas cosas”? El mismo guerrillero tenía vocación literaria y conocimientos para haber hecho la rectificación adecuada: “Me acuerdo en esta hora de muchas cosas” o “Recuerdo en esta hora muchas cosas”. Pero esa carta es el testamento de un héroe que no la escribió en las bondades del sosiego.
Sin llegar a documentos de tal trascendencia, hay deslices con los que no solo convivimos, ya sea por voluntad propia o a regañadientes: algunos son compañía entrañable, y no estamos dispuestos a prescindir de ella. En eso brillan algunas canciones. Al panameño Carlos Eleta Almarán quizás no se le recuerde por haber sido un hombre de empresa, o promotor del boxeador Roberto Durán, Manos de Piedra. Hasta el nombre del empresario puede ignorarse, pero su bolero Historia de un amor se recuerda y se agradece. ¿Cómo ser indiferente a la melodía y el texto dedicados a un amor “como no habrá otro igual”? Y ¿quién se detendrá a reprochar el desliz presente en el lamento ocasionado por ese amor, que —lo proclama el compositor— “me hizo comprender/ todo el bien, todo el mal/ que le dio luz a mi vida/ apagándola después”? El mal uso de ese gerundio es palmario, pero ¿vamos a sustituir “apagándola después” por “y me la apagó después”?
Nuestro Sindo Garay legó entre otras joyas el bolero La tarde. Sea la letra suya, o de la poeta puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió —como se ha dicho—, o de quien o de quienes sea, el trovador, por haberla utilizado, es el responsable de que esa canción tenga la que tiene, y en ella ha hecho historia lo que se tiene por error lexical: la confusión de agolparse con golpearse. No es el momento para palabras terminantes sobre este asunto, ni tal es el propósito del articulista, y, como es frecuente al reproducirse el texto de una canción, del siguiente fragmento hay diferentes versiones. Pero cabe atenerse a esta: “Las penas que a mí me matan/ son tantas que se atropellan/ y como de acabarme tratan,/ se agolpan unas a otras/ y por eso no me matan”.
También se oye, o se lee, “y como de matarme tratan”, y no falta un cambio “purificador”: el de “se agolpan” por “se mellan”; pero una alteración como esta última daña la eufonía del texto y suprime las asociaciones derivables de “se agolpan”, donde la idea del tumulto valdría para explicar por qué las penas se paralizan y no logran matar al sujeto lírico de la canción. De ahí quizás, y de la voluntad de librar de falta semántica al compositor, que a veces en lugar de “se agolpan unas a otras” se oiga, o se lea, “se agolpan unas con otras”.
Pero con ello persiste la idea de agolpamiento, no de golpeadura, aunque vale la pena recordar que, según el Diccionario de la Academia Española de la Lengua, agolpar tiene esta primera acepción: “juntar de golpe en un lugar”, y entre los sujetos con que se ejemplifica el uso de ese verbo aparecen precisamente las lágrimas. Si estas se juntan de golpe, ¿no pueden neutralizarse y perder efecto? Se dirá que buscamos piedad para salvar a Sindo; pero él no necesita perdón alguno para asegurarse la permanencia que su obra le ha ganado, y debe seguir ganándole mientras haya sentimiento y gusto musical en este mundo.
Además, Sindo no buscaba la “originalidad” que parecen perseguirse al escribir cosas como esta: “Para comer libertades me tienen que fenecer”, lo cual equivale a decir: “Me tienen que suicidar”. Ser de veras poético no es siempre algo que se logre a voluntad. Una metáfora empieza por ser lenguaje figurado, y pierde efectividad cuando se agota por el abuso. Y la enunciación “Necesito una estrella que brille con luz propia y natural” no es tan metafórica. Hasta en una clase elemental de física la estrella se define, literalmente, como un cuerpo celeste que brilla con luz natural y propia.
Lo peor que puede ocurrirle a una canción no es tener deslices gramaticales que, en casos como los de Almarán y Sindo —gran autodidacta el segundo, y tal vez también el primero— pueden deberse a la circunstancia de componer en la penumbra de un bar con atmósfera etílica. Tampoco lo peor serían las imágenes infelices o fallidas. Esos pueden ser o son defectos que sería preferible que ninguna canción tuviera; pero algunas, a pesar de tenerlos, se las arreglan para saltar, con su saldo de aciertos, por encima de imperfecciones, y se afincan en eso que tan tranquilamente, como si fuera lo más simple del mundo, suele llamarse inmortalidad. Algunas, incluso correctísimas, ni de lejos rozan semejante logro.
Entre lo peor de una canción, o de algo que se proponga serlo, figura lo que no puede reprochársele ni a Sindo ni a Almarán: cultivar la chabacanería y el mal gusto. Para transitar por los senderos del doble sentido sin caer en la grosería se necesita el ingenio de un Ñico Saquito o de un Guayabero, y esos no siempre abundan, aunque lo parezca. Hoy prospera la chapucería, promovida incluso por compositores que han tenido muchas más posibilidades que aquellos de adquirir una sólida formación técnica y cultural, no solo la pericia para hacer sonar bien los instrumentos y las voces. El arte es más que eso.
Cada época tiene —los crea— los ritmos, los géneros y los modos musicales de su preferencia, que llegan a caracterizarla, y ninguno es fatalmente detestable, ni ha ocurrido que borre los precedentes ni impida el surgimiento de otros. Abominable en una canción puede resultar lo grosero que se monta sobre una estructura musical determinada, sea cual sea. Pero lo que más debe preocupar no es que circunstancialmente le toque a un género o a otro ser el soporte difusor de lo indeseable, aunque haya autores capaces de darles otro uso a esos mismos géneros. Lo más grave estriba en por qué un tiempo determinado en un país concreto se presta para la difusión de valores o, mejor dicho, desvalores que urge combatir y erradicar, y prosperan porque no concitan el rechazo eficaz de hornadas de ciudadanos en cuya instrucción se han invertido recursos que merecerían dar resultados mucho mejores. Como diría Hamlet, y esta vez sin asomo de duda: “Esa es la cuestión”.
No solamente música y canciones pueden convertirse en portadores de lo chabacano. Si en ellas ocurre, búsquense fuera de ellas las motivaciones de un mal que aflorará también en la vida cotidiana, y dañará quién sabe cuántas esferas del funcionamiento general de la sociedad, incluidas otras manifestaciones del arte. Hace poco, la Televisión Cubana trasmitió para todo el país, en horario estelar, una actuación de su compañía de ballet insignia, felicitada por haber cumplido cincuenta años, y el estribillo o casi texto único de la pieza musical utilizada era “Tóquenme los timbales”, expresión que hace tiempo perdió su valor de doble sentido en beneficio de una sola de las significaciones posibles.
¡Ah!, para no dejar duda al respecto: buena o mala, pobre o extraordinaria, puede ser una letra de canción, como bueno o malo, pobre o extraordinario, puede ser un poema.

Publicado originalmente en
http://www.cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/algo-sobre-poemas-y-letras-de-cancion/24958.html

*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia.
Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.
  Atiende el Blog “Luis Toledo Sande: artesa en este tiempo”
http://luistoledosande.wordpress.com   
Foto: Sindo Garay, copia web

viernes, 28 de septiembre de 2012

Tony Guerrero: Allí nos hicimos hombres para estos tiempos

Queridos amigos:

Si, es cierto que hace buen tiempo no les escribía unas líneas y ya alguno que otro me ha preguntado si todo está bien. En efecto, todo está perfectamente bien, en la rutina que conocen y otras cosas que le cuento brevemente.

Casi de una leve idea, con la que le sugerimos a Víctor Casaus (poeta y amigo) publicar los ENIGMAS (que muchos de ustedes respondieron) a través del Centro Pablo de la Torriente Brau, lo que ha surgido es un gran proyecto, que no sabemos ahora cuánto va a abarcar ni dónde se va a detener. El ha escrito hoy, creo que es en la página del Centro, unas líneas sobre este trabajo, en una sección que han titulado DESDE MI ALTURA. Ese trabajo nos ha tenido muy ocupados.

Septiembre ya se termina. Llega el otoño. Sutilmente el clima comienza a cambiar, aunque hoy el clima ya cambia cuando quiere. Y haciendo un balance vemos que ha sido un mes de duro batallar por nuestra libertad, al cumplirse 14 años de injusto encierro.


Leí con detenimiento la moción presentada por nuestro abogado Martin Garbus. Son argumentos irrebatibles, diría yo, nuevos argumentos irrebatibles, porque muchos son los aspectos por los que nuestro "juicio" debió haberse anulado. Pude escuchar la conferencia a través de la Luz en lo oscuro. He podido leer todos los escritos recientes sobre nuestro caso del compañero Ricardo Alarcón, que tienen una claridad y una fuerza inmensas.

Todo refuerza nuestra verdad. Todo nos fortalece. Todo nos une cada día más en el objetivo común de luchar por un mundo mejor.

Hoy es 28 de septiembre y en especial envío, en nombre de los cinco, una felicitación a los cederistas de la amada patria.

En mi hogar de infancia radicó la dirección del CDR de la cuadra. Con los CDR participamos en muchas actividades: trabajos voluntarios, planes de la calle, recolección de materias primas, guardias nocturnas y muchas otras. Allí se formo nuestro temple revolucionario y nuestro sentido de responsabilidad y de solidaridad. Allí se formo nuestra consciencia de luchar contra lo mal hecho y de proteger bienes y vidas de los ciudadanos. Allí nos hicimos hombres para estos tiempos.

¡Vivan los CDR!

Éxitos en sus tareas vitales para la Revolución.

Cinco abrazos.
¡Venceremos!

Tony Guerrero Rodríguez
28 de septiembre de 2012
Prisión Federal de Marianna