Mostrando entradas con la etiqueta ayuda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ayuda. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de octubre de 2014

¿Por qué Cuba puede hacer tanto contra el ébola?

Por Angel Guerra Cabrera*

Cuba está realizando una aportación mayor de personal sanitario al combate del ébola en Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry –los tres países invadidos por la epidemia- que ningún otro estado en el mundo.
El complejo mediático que usualmente dispara sin pausa mentiras y calumnias contra la isla no ha tenido más alternativa que reconocerlo puesto que es imposible ocultar un hecho de tan extraordinaria relevancia relacionado con el enfrentamiento a una enfermedad que se ha vuelto noticia de primera plana y que si no es frenada a tiempo puede convertirse en una pandemia global, como alertó Raúl Castro.
El secretario de Estado John Kerry, que nunca ha pronunciado una palabra amable hacia La Habana y jefe de una política exterior que cada vez aprieta más duro la asfixiante tuerca del bloqueo tuvo que reconocer el aporte cubano.
El The New York Times va más lejos pues días después de haber reclamado editorialmente el restablecimiento de las relaciones diplomáticas Estados Unidos-Cuba y el eventual levantamiento de la medida punitiva –no sin hacer algunas alegaciones infundadas-, publica una nueva entrega titulada “La impresionante contribución de Cuba a la lucha contra el ébola” en la que lamenta que Washington, “primer contribuyente financiero” en esta lucha no tenga vínculos diplomáticos con La Habana, “dado que Cuba podría terminar desempeñando la labor más vital”.
El editorial propone que Estados Unidos dé cabida en un centro médico especial que ha habilitado en Monrovia –capital de Liberia- a los trabajadores sanitarios cubanos que eventualmente puedan ser contagiados con la enfermedad y contribuya de ser necesario a su evacuación.
El diario censura que las autoridades estadunidenses “insensiblemente”, se han rehusado a indicar si estarían dispuestos a brindar algún tipo de apoyo y termina dando la razón a Fidel Castro cuando en una columna publicada en Granma expresó la disposición de Cuba a colaborar “gustosamente” con Estados Unidos en aras de enfrentar la epidemia.
Posteriormente, el martes 21 de octubre, voceros del Departamento de Estado dijeron que Estados Unidos estaría dispuesto a colaborar con Cuba en el combate al ébola pero sin especificar cómo.
Es pertinente puntualizar que, independientemente de las particularidades del ébola y de la grave amenaza para la vida de millones de personas que significaría su eventual propagación, Cuba no está haciendo nada que no haya hecho antes.
Desde el triunfo de la Revolución, la solidaridad con los demás seres humanos ha sido siempre un principio cardinal de la educación y la cultura política en la isla, correspondido en la práctica con innumerables acciones de solidaridad internacional en el curso de los años, particularmente en el campo de la salud pública. Sin ir muy lejos, la acción de la brigada médica cubana en Haití, apoyada por médicos haitianos y latinoamericanos formados en Cuba, fue decisiva para frenar la extensión de la tremenda epidemia de cólera en ese país.
Esto solo es posible porque la Revolución ha construido un sólido sistema de salud pública cuyo principio ético básico es que no hay nada más importante que la vida de un ser humano. Podrán faltar medicamentos y equipos cada vez más negados por el bloqueo pero la calidad humana y científica del personal sanitario cubano sigue asegurando que los índices de salud de Cuba sean los mejores de América Latina y varios de ellos superiores a los de Estados Unidos.
No ha de extrañar a nadie que en la isla existan miles de voluntarios dentro del personal de salud para partir a combatir el ébola ni que los cientos de médicos y enfermeros cubanos involucrados directamente en la lucha contra la enfermedad estén apoyados en labores preventivas por más de 4000 compatriotas trabajadores de la salud que laboran actualmente en 32 países africanos desde mucho antes del estallido de la epidemia.
La celebración, en La Habana, de la cumbre de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba) dedicada a preparar a sus miembros para prevenir y combatir el ébola, y proteger sobre todo a los países caribeños más vulnerables, complementa las acciones iniciadas por Cuba. El Alba ha invitado a convocar una reunión de ministros de salud de la Celac, que seguramente contribuirá a crear una red regional de protección de nuestros pueblos contra esta y otras epidemias.

*Periodista cubano residente en México y columnista del diario La Jornada.
(Fuente La Jornada; Tomado de Cubadebate)
Cumbre extraordinaria del ALBA-TCP sobre el bola, celebrada en La Habana el 20 de octubre de 2014. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

sábado, 4 de octubre de 2014

Fidel: Los héroes de nuestra época


Mucho hay que decir de estos tiempos difíciles para la humanidad. Hoy, sin embargo, es un día de especial interés para nosotros y quizá también para mu­chas personas.

A lo largo de nuestra breve historia revolucionaria, desde el golpe artero del 10 de marzo de 1952 promovido por el imperio contra nuestro pequeño país, no pocas veces nos vimos en la necesidad de tomar importantes decisiones.

Cuando ya no quedaba alternativa alguna, otros jóvenes, de cualquier otra nación en nuestra compleja situación, hacían o se proponían hacer lo mismo que nosotros, aunque en el caso particular de Cuba el azar, como tantas veces en la historia, jugó un papel decisivo.

A partir del drama creado en nuestro país por Estados Unidos en aquella fecha, sin otro objetivo que frenar el riesgo de limitados avances sociales que pudieran alentar futuros de cambios radicales en la propiedad yanki en que había sido convertida Cuba, se engendró nuestra Revo­lución Socialista.

La Segunda Guerra Mundial, finalizada en 1945, consolidó el poder de Estados Unidos como principal potencia económica y militar, y convirtió ese país —cuyo territorio estaba distante de los campos de batalla— en el más poderoso del planeta.
La aplastante victoria de 1959, podemos afirmarlo sin sombra de chovinismo, se convirtió en ejemplo de lo que una pequeña nación, luchando por sí misma, puede hacer también por los demás.

Los países latinoamericanos, con un mínimo de honrosas excepciones, se lanzaron tras las migajas ofrecidas por Estados Unidos; por ejemplo, la cuota azucarera de Cuba, que durante casi un siglo y medio abasteció a ese país en sus años críticos, fue repartida entre productores ansiosos de mercados en el mundo.

El ilustre general norteamericano que presidía entonces ese país, Dwight D. Eisenhower, había dirigido las tropas coaligadas en la guerra en que liberaron, a pesar de contar con poderosos medios, solo una pequeña parte de la Europa ocupada por los nazis. El sustituto del presidente  Roosevelt, Harry S. Truman, resultó ser el conservador tradicional que en Estados Unidos suele asumir tales responsabilidades políticas en los años difíciles.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas —que constituyó hasta fines del pasado siglo XX, la más grandiosa nación de la historia en la lucha contra la explotación despiadada de los seres humanos— fue disuelta y sustituida por una Federación que redujo la superficie de aquel gran Estado multinacional en no menos de cinco millones 500 mil kilómetros cuadrados.

Algo, sin embargo, no pudo ser disuelto: el espíritu heroico del pueblo ruso, que unido a sus hermanos del resto de la URSS ha sido capaz de preservar una fuerza tan poderosa que junto a la República Popular China y países como Brasil, India y Sudáfrica, constituyen un grupo con el poder necesario para frenar el intento de recolonizar el planeta.
Dos ejemplos ilustrativos de estas realidades los vivimos en la República Popular de Angola. Cuba, como otros mu­chos países socialistas y movimientos de liberación, colaboró con ella y con otros que luchaban contra el dominio portugués en África. Este se ejercía de forma administrativa directa con el apoyo de sus aliados.

La solidaridad con Angola era uno de los puntos esenciales del Movimiento de Países No Alineados y del Campo So­cialista. La independencia de ese país se hizo inevitable y era aceptada por la co­munidad mundial.

El Estado racista de Sudáfrica y el Go­bierno corrupto del antiguo Congo Belga, con el apoyo de aliados europeos, se preparaban esmeradamente para la conquista y el reparto de Angola. Cuba, que desde hacía años cooperaba con la lucha de ese pueblo, recibió la solicitud de Agostinho Neto para el entrenamiento de sus fuerzas armadas que, instaladas en Luanda, la capital del país, debían estar listas para su toma de posesión oficialmente establecida para el 11 de noviembre de 1975. Los soviéticos, fieles a sus compromisos, les habían suministrado equipos militares y esperaban solo el día de la independencia para enviar a los instructores. Cuba, por su parte, acordó el envío de los instructores solicitados por Neto.
El régimen racista de Sudáfrica, condenado y despreciado por la opinión mundial, decide adelantar sus planes y envía fuerzas motorizadas en vehículos blindados, dotados de potente artillería que, tras un avance de cientos de kilómetros a partir de su frontera, atacó el primer campamento de instrucción, donde varios instructores cubanos murieron en heroica resistencia. Tras varios días de combates sostenidos por aquellos valerosos instructores junto a los angolanos, lograron detener el avance de los sudafricanos hacia Luanda, la capital de Angola, adonde había sido enviado por aire un batallón de Tropas Especiales del Ministerio del Interior, transportado desde La Habana en los viejos aviones Britannia de nuestra línea aérea.

Así comenzó aquella épica lucha en aquel país de África negra, tiranizado por los racistas blancos, en la que batallones de infantería motorizada y brigadas de tanques, artillería blindada y medios adecuados de lucha, rechazaron a las fuerzas racistas de Sudáfrica y las obligaron a retroceder hasta la misma frontera de donde habían partido.
No fue únicamente ese año 1975 la etapa más peligrosa de aquella contienda. Esta tuvo lugar, aproximadamente 12 años más tarde, en el sur de Angola.

Así lo que parecía el fin de la aventura racista en el sur de Angola era solo el comienzo, pero al menos habían podido comprender que aquellas fuerzas revolucionarias de cubanos blancos, mulatos y negros, junto a los soldados angolanos, eran capaces de hacer tragar el polvo de la derrota a los supuestamente invencibles racistas. Tal vez confiaron entonces en su tecnología, sus riquezas y el apoyo del imperio dominante.

Aunque no fuese nunca nuestra intención, la actitud soberana de nuestro país no dejaba de tener contradicciones con la propia URSS, que tanto hizo por nosotros en días realmente difíciles, cuando el corte de los suministros de combustible a Cuba desde Estados Unidos nos habría llevado a un prolongado y costoso conflicto con la poderosa potencia del Norte. De­sa­parecido ese peligro o no, el dilema era decidirse a ser libres o resignarse a ser esclavos del poderoso imperio vecino.

En situación tan complicada como el acceso de Angola a la independencia, en lucha frontal contra el neocolonialismo, era imposible que no surgieran diferencias en algunos aspectos de los que po­dían derivarse consecuencias graves para los objetivos trazados, que en el caso de Cuba, como parte en esa lucha, tenía el derecho y el deber de conducirla al éxito. Siempre que a nuestro juicio cualquier aspecto de nuestra política internacional podía chocar con la política estratégica de la URSS, hacíamos lo posible por evitarlo. Los objetivos comunes exigían de cada cual el respeto a los méritos y experiencias de cada uno de ellos. La modestia no está reñida con el análisis serio de la complejidad e importancia de cada situación, aunque en nuestra política siempre fuimos muy estrictos con todo lo que se refería a la solidaridad con la Unión Soviética.

En momentos decisivos de la lucha en Angola contra el imperialismo y el racismo se produjo una de esas contradicciones, que se derivó de nuestra participación directa en aquella contienda y del hecho de que nuestras fuerzas no solo luchaban, sino que también instruían cada año a miles de combatientes angolanos, a los cuales apoyábamos en su lucha contra las fuerzas pro yankis y pro racistas de Sudáfrica. Un militar soviético era el asesor del gobierno y planificaba el empleo de las fuerzas angolanas. Discrepábamos, sin embargo, en un punto y por cierto importante: la reiterada frecuencia con que se defendía el criterio erróneo de emplear en aquel país las tropas angolanas mejor entrenadas a casi mil quinientos kilómetros de distancia de Luanda, la capital, por la concepción propia de otro tipo de guerra, nada parecida a la de carácter subversivo y guerrillera de los contrarrevolucionarios angolanos. En realidad no existía una capital de la UNITA, ni Savimbi tenía un punto donde resistir, se trataba de un señuelo de la Sudáfrica racista que servía solo para atraer hacia allí las mejores y más suministradas tropas angolanas para golpearlas a su antojo. Nos oponíamos por tanto a tal concepto que más de una vez se aplicó, hasta la última en la que se demandó golpear al enemigo con nuestras propias fuerzas lo que dio lugar a la batalla de Cuito Cuanavale. Diré que aquel prolongado enfrentamiento militar contra el ejército sudafricano se produjo a raíz de la última ofensiva contra la supuesta “capital de Savimbi” —en un lejano rincón de la frontera de Angola, Sudáfrica y la Namibia ocupada—, hacia donde las valientes fuerzas angolanas, partiendo de Cuito Cuanavale, antigua base militar desactivada de la OTAN, aunque bien equipadas con los más nuevos carros blindados, tanques y otros medios de combate, iniciaban su marcha de cientos de kilómetros hacia la supuesta capital contrarrevolucionaria. Nuestros audaces pilotos de combate los apoyaban con los Mig-23 cuando estaban todavía dentro de su radio de acción.

Cuando rebasaban aquellos límites, el enemigo golpeaba fuertemente a los valerosos soldados de las FAPLA con sus aviones de combate, su artillería pesada y sus bien equipadas fuerzas terrestres, ocasionando cuantiosas bajas en muertos y heridos. Pero esta vez se dirigían, en su persecución de las golpeadas brigadas angolanas, hacia la antigua base militar de la OTAN.

Las unidades angolanas retrocedían en un frente de varios kilómetros de ancho con brechas de kilómetros de separación entre ellas. Dada la gravedad de las pérdidas y el peligro que podía derivarse de ellas, con seguridad se produciría la solicitud habitual del asesoramiento al Presidente de Angola para que apelara al apoyo cubano, y así ocurrió. La respuesta firme esta vez fue que tal solicitud se aceptaría solo si todas las fuerzas y medios de combate angolanos en el Frente Sur se subordinaban al mando militar cubano. El resultado inmediato fue que se aceptaba aquella condición.

Con rapidez se movilizaron las fuerzas en función de la batalla de Cuito Cuanavale, donde los invasores sudafricanos y sus armas sofisticadas se estrellaron contra las unidades blindadas, la artillería convencional y los Mig-23 tripulados por los audaces pilotos de nuestra aviación. La artillería, tanques y otros medios angolanos ubicados en aquel punto que carecían de personal fueron puestos en disposición combativa por personal cubano. Los tanques angolanos que en su retirada no podían vencer el obstáculo del caudaloso río Queve, al Este de la antigua base de la OTAN —cuyo puente había sido destruido semanas antes por un avión sudafricano sin piloto, cargado de explosivos— fueron enterrados y rodeados de minas antipersonal y antitanques. Las tropas sudafricanas que avanzaban se toparon a poca distancia con una barrera infranqueable contra la cual se estrellaron. De esa forma con un mínimo de bajas y ventajosas condiciones, las fuerzas sudafricanas fueron contundentemente derrotadas en aquel territorio angolano.

Pero la lucha no había concluido, el imperialismo con la complicidad de Israel había convertido a Sudáfrica en un país nuclear. A nuestro ejército le tocaba por segunda vez el riesgo de convertirse en un blanco de tal arma. Pero ese punto, con todos los elementos de juicio pertinentes, está por elaborarse y tal vez se pueda escribir en los meses venideros.

¿Qué sucesos ocurrieron anoche que dieron lugar a este prolongado análisis? Dos hechos, a mi juicio, de especial trascendencia:

La partida de la primera Brigada Mé­dica Cubana hacia África a luchar contra el Ébola.

El brutal asesinato en Caracas, Vene­zuela, del joven diputado revolucionario Robert Serra.

Ambos hechos reflejan el espíritu heroico y la capacidad de los procesos revolucionarios que tienen lugar en la Patria de José Martí y en la cuna de la libertad de América, la Venezuela heroica de Simón Bolívar y Hugo Chávez.

¡Cuántas asombrosas lecciones encierran estos acontecimientos! Apenas las palabras alcanzan para expresar el valor moral de tales hechos, ocurridos casi simultáneamente.

No podría jamás creer que el crimen del joven diputado venezolano sea obra de la casualidad. Sería tan increí­ble, y de tal modo ajustado a la práctica de los peores organismos yankis de inteligencia, que la verdadera casualidad fuera que el repugnante hecho no hubiera sido realizado intencionalmente, más aún cuando se ajusta absolutamente a lo previsto y anunciado por los enemigos de la Revolución Venezolana.

De todas formas me parece absolutamente correcta la posición de las autoridades venezolanas de plantear la necesidad de investigar cuidadosamente el carácter del crimen. El pueblo, sin embargo, expresa conmovido su profunda convicción sobre la naturaleza del brutal hecho de sangre.

El envío de la primera Brigada Médica a Sierra Leona, señalado como uno de los puntos de mayor presencia de la cruel epidemia de Ébola, es un ejemplo del cual un país puede enorgullecerse, pues no es posible alcanzar en este instante un sitial de mayor honor y gloria. Si nadie tuvo la menor duda de que los cientos de miles de combatientes que fueron a An­gola y a otros países de África o América, prestaron a la humanidad un ejemplo que no podrá borrarse nunca de la historia humana; menos dudaría que la acción heroica del ejército de batas blancas ocupará un altísimo lugar de honor en esa historia.

No serán los fabricantes de armas letales los que alcancen merecido honor. Ojalá el ejemplo de los cubanos que marchan al África prenda también en la mente y el corazón de otros médicos en el mundo, especialmente de aquellos que poseen más recursos, practiquen una religión u otra, o la convicción más profunda del deber de la solidaridad humana.

Es dura la tarea de los que marchan al combate contra el Ébola y por la supervivencia de otros seres humanos, aun al riesgo de su propia vida. No por ello debemos dejar de hacer lo imposible por garantizarle, a los que tales deberes cumplan, el máximo de seguridad en las ta­reas que desempeñen y en las medidas a tomar para protegerlos a ellos y a nuestro propio pueblo, de esta u otras enfermedades y epidemias.

El personal que marcha al África nos está protegiendo también a los que aquí quedamos, porque lo peor que puede ocurrir es que tal epidemia u otras peores se extiendan por nuestro continente, o en el seno del pueblo de cualquier país del mundo, donde un niño, una madre o un ser humano pueda morir. Hay suficientes médicos en el planeta para que nadie tenga que morir por falta de asistencia. Es lo que deseo expresar.

¡Honor y gloria para nuestros valerosos combatientes por la salud y la vida!

¡Honor y gloria para el joven revolucionario venezolano Robert Serra junto a la compañera María Herrera!

Estas ideas las escribí el dos de octubre cuando supe ambas noticias, pero preferí esperar un día más para que la opinión internacional se informara bien y pedirle a Granma que lo publicara el sábado.





Fidel Castro Ruz
Octubre 2 de 2014
8 y 47 p.m.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Organización Mundial de la Salud: Cuba da el ejemplo en la lucha contra el virus del ébola en África


Cuba ha decidido mandar un contingente de 165 médicos y otro personal de salud a Sierra Leona, arrasada por el virus del ébola
Según las Naciones Unidas, la epidemia de ébola de tipo Zaire, fiebre hemorrágica que golpea actualmente una parte del oeste de África, particularmente Sierra Leona, Guinea y Liberia, constituye la más grave crisis sanitaria de los últimos tiempos. En el espacio de algunas semanas, el virus se propagó a gran velocidad y la epidemia parece fuera de control. Se trata de la crisis de ébola “más larga, más severa y más compleja” jamás observada desde el descubrimiento de la enfermedad en 1976. Altamente contagioso, el virus se transmite mediante el contacto directo con la sangre y los fluidos corporales. Se han observado cerca de 5.000 casos y más de 2.400 personas perdieron la vida. La Organización Mundial de Salud lanzó un llamado urgente a la comunidad internacional para brindar ayuda a las poblaciones africanas abandonadas a su suerte.[1]
 
Cuba respondió inmediatamente a la petición de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud. La Habana anunció que mandaría a partir del mes de octubre de 2014 a 165 profesionales de la salud a Sierra Leona, el país más afectado por la epidemia con Guinea y Liberia. La misión durará al menos seis meses y se compondrá de experimentados profesionales que ya realizaron misiones humanitarias en África.[2]
 
Agencia Efe

Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud, saludó el gesto de Cuba: “Lo que más necesitamos son personas, personal médico. Lo más importante para evitar la trasmisión del ébola es tener las personas adecuadas, los especialistas adecuados y entrenados apropiadamente”, para enfrentar este tipo de crisis humanitaria”. La OMS recuerda que “Cuba es famosa en todo el mundo por su capacidad de formar excelentes médicos y enfermeras. Es famosa, además, por su generosidad y solidaridad con los países en la ruta hacia el progreso”.[3]
 
Chan exhortó al resto del mundo, particularmente los países desarrollados, a seguir el ejemplo de Cuba y expresar la misma solidaridad hacia África: “Cuba es un ejemplo […]. Ha sido la oferta más grande de médicos, enfermeros y especialistas, así como de expertos en control de enfermedades infecciosas y epidemiólogos […]. Espero que el anuncio que ha hecho hoy el Gobierno cubano estimule a otros países a anunciar su apoyo”.[4] En un comunicado, Ban Ki Moon, secretario general de las Naciones Unidas, también felicitó a Cuba por su acción: “El Secretario General dio una cálida bienvenida al anuncio del Gobierno de Cuba”.[5]
Science, la más importante revista médica del mundo, destacó también el ejemplo de Cuba: “Se trata de la mayor contribución médica humana mandada hasta la fecha para controlar la epidemia. Ello tendrá un impacto significativo en Sierra Leona”.[6] Hasta el anuncio cubano, la presencia médica internacional en el oeste de África se elevaba a 170 profesionales según la OMS.[7] Ahora Cuba aportará una ayuda equivalente a la de todas las naciones del mundo juntas.

Roberto Morales Ojeda, ministro cubano de Salud, explicó las razones que motivaron la decisión del gobierno de La Habana:

“El Gobierno cubano, como lo ha hecho siempre en estos 55 años de Revolución, ha decidido participar en este esfuerzo global bajo la coordinación de la OMS para enfrentar esta dramática situación. 

Desde el primer momento Cuba decidió mantener nuestras brigadas médicas en África, independientemente de la existencia de la epidemia de ébola y de manera particular en Sierra Leona y Guinea Conakry, con la previa disposición voluntaria de sus integrantes, expresión del espíritu de solidaridad y humanismo característico de nuestro pueblo y Gobierno”.[8]
 
Agencia Efe

Cuba siempre ha hecho de la solidaridad internacional un pilar fundamental de su política exterior. Así, en 1960, incluso antes del desarrollo de su servicio médico y mientras acababa de perder a 3.000 médicos (que eligieron emigrar a Estados Unidos tras el triunfo de la Revolución en 1959) de los 6.000 presentes en la isla, Cuba ofreció su ayuda a Chile tras el terremoto que destruyó el país. En 1963, el Gobierno de La Habana mandó su primera brigada médica compuesta de 55 profesionales a Argelia para ayudar a la joven nación independiente a enfrentar una grave crisis sanitaria. Desde esa fecha, Cuba ha extendido su solidaridad al resto del mundo, particularmente a América Latina, África y Asia. En 1998, tras los huracanes George y Mitch que destrozaron el Caribe y América Central, Fidel Castro elaboró el Programa Integral de Salud destinado a responder a las situaciones de emergencia. Gracias a este programa, 25.288 profesionales cubanos de la salud actuaron voluntariamente en 32 países.[9]
 
Por otra parte, Cuba ha formado a varias generaciones de médicos de todo el mundo. En total, la isla formó a 38.920 profesionales de la salud de 121 países de América Latina, África y Asia, particularmente mediante la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) fundada en 1999. 

Además de los médicos que cursaron sus estudios en la ELAM en Cuba (cerca de 10.000 graduados cada año), La Habana contribuye a la formación de 29.580 estudiantes de medicina en 10 países del mundo.[10]
La Operación Milagro, lanzada en 2004 por Cuba y Venezuela, que consiste en tratar a las poblaciones del Tercer Mundo víctimas de cataratas y otras enfermedades oculares, es emblemática de la política solidaria de La Habana. Desde esa fecha, cerca de 3 millones de personas de 35 países han recobrado la vista, entre ellas 40.000 en África.[11]
 
Tras el huracán Katrina que destruyó la ciudad de Nueva Orleans en septiembre de 2005, Cuba creó el “Contingente Internacional de Médicos Especializados en el Enfrentamiento a Desastres y Grandes Epidemias Henry Reeve”, compuesto de 10.000 médicos. La isla, a pesar del conflicto histórico con Estados Unidos, ofreció su ayuda a Washington, que la rechazó. A partir de ese contingente, Cuba creó 39 brigadas médicas internacionales que han actuado en 23 países[12].

En África, cerca de 77.000 médicos y otros profesionales cubanos de la salud han brindado sus servicios en 39 países sobre 50. Actualmente más de 4.000, de ellos más de la mitad médicos, trabajan en 32 países de África.

En total, cerca de 51.000 profesionales de la salud, entre ellos 25.500 médicos, de los que un 65% son mujeres, trabajan en 66 países del mundo. Desde el triunfo de la Revolución, Cuba realizó cerca de 600.000 misiones en 158 países, con la participación de 326.000 profesionales de la salud. Desde 1959, los médicos realizaron más de 1.200 millones de consultas médicas, asistieron 2,3 millones de partos, efectuaron 8 millones de operaciones quirúrgicas y vacunaron a más de 12 millones de mujeres embarazadas y niños.[13]
 
Cuba ha erigido la solidaridad con los pueblos necesitados como principio básico de su política exterior. Así, a pesar de las dificultades inherentes a todo país del Tercer Mundo, Cuba mandó seis toneladas de medicamentos y material médico a Gaza[14]. Es un ejemplo entre muchos otros. Fidel Castro explicó las razones: “Ese es un principio sagrado de la Revolución; eso es lo que nosotros llamamos internacionalismo, porque consideramos que todos los pueblos somos hermanos y antes que la Patria está la humanidad”.[15] La Habana demuestra al mundo que a pesar de recursos limitados, a pesar de las sanciones económicas estadounidenses que asfixian al país, sin abandonar a su propia población (con un médico por cada 137 habitantes, Cuba es la nación mejor dotada del mundo), es posible hacer de la solidaridad un vector esencial del acercamiento y de la amistad entre los pueblos.[16]

Notas:
[1] Granma, « Cuba responde al llamado de la ONU para combatir el ébola », 11 de septiembre de 2014. http://www.granma.cu/mundo/2014-09-11/cuba-responde-al-llamado-de-la-onu-para-combatir-el-ebola (sitio consultado el 14 de septiembre de 2014)
[2] Cuba Debate, « Apoyo de Cuba a la lucha contra el ébola responde a la solidaridad de su Revolución », 13 de septiembre de 2014. http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/09/13/apoyo-de-cuba-a-la-lucha-contra-el-ebola-responde-a-la-solidaridad-de-su-revolucion/#.VBSAxVd42So (sitio consultado el 14 de septiembre de 2014).
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Javier Ortiz, « Ban Ki Moon felicita iniciativa de Cuba contra el ébola », Cuba Debate, 13 de septiembre de 2014. http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/09/13/ban-ki-moon-felicita-iniciativa-de-cuba-contra-el-ebola/#.VBSBDld42So (sitio consultado el 14 de septiembre de 2014).
[6] Kai Kupferschmidt, “Cuba to Commit Large Health Corps to Ebola Fight”, Science, 12 de septiembre de 2014. http://news.sciencemag.org/africa/2014/09/cuba-commit-large-health-corps-ebola-fight (sitio consultado el 14 de septiembre de 2014).
[7] Cuba Debate, « Apoyo de Cuba a la lucha contra el ébola responde a la solidaridad de su Revolución », 13 de septiembre de 2014, op. cit.
[8] Roberto Morales, « África está urgida de la solidaridad internacional »,  Cuba Debate, 12 de septiembre de 2014. http://www.cubadebate.cu/especiales/2014/09/13/africa-esta-urgida-de-la-solidaridad-internacional/ (sitio consultado el 14 de septiembre de 2014).
[9] Ibid.
[10] Ibid.
[11] Ibid.
[12] Ibid.
[13] Ibid.
[14] Agence France Presse, “Cuba envía 6 toneladas de medicamentos a Gaza y está dispuesta a recibir heridos”, 11 de septiembre de 2014.
[15] Cuba Debate, « Cuba ha colaborado en Salud con 120 países del mundo », 22 de mayo de 2014.
[16] Salim Lamrani, Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, p. 41.
 Enviado por su autor, publicado originalmente en Opera Mundi
*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula The Economic War Against Cuba. A Historical and Legal Perspective on the U.S. Blockade, New York, Monthly Review Press, 2013, con un prólogo de Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade.
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

viernes, 20 de junio de 2014

¿Y qué pasa con los pobres de Cuba?

Sin ánimo de polemizar ni de desmentir lo que acá expresa Juan Manuel (con mucho, a mi modesto entender, de los que mejor retratan nuestra realidad) quería puntualizar algunas ideas que me surgen con la lectura de este texto... ¿Existen diferencias entre los distintos sitios habitacionales de mi Patria? Evidentemente sí, cuando conozco casos en las zonas en las que he vivido los ultimos 25 años o más, en que los casos sociales son tratados a través de la trabajadora social del Policlínico Gregorio Ortiz, ubicandolos en asilos de ancianos, o son atendidas en comedores al efecto, personas que no mantienen vinculo laboral por enfermedad u otras causas. Donde vecinos sin dicho vínculo recibieron su ATEC-Panda a pagar en modestísimas cuotas, donde otros en igual condición fueron beneficiados por los módulos de cocina, o cambiaron sus ventiladores y refrigeradores...

¿De qué iría la historia, entonces? De garantizar que dichos servicios, instituidos por nuestro gobierno, sean ofrecidos a todos los que lo necesitan, por supuesto. Pero también de que aquellos que forman parte de esa masa poblacional en desventaja, sea receptiva de este esfuerzo: y me refiero a aquellos que -pudiendo hacerlo- no han cumplido sus compromisos de pago, a aquellos que re-vendieron esos artículos sin siquiera concluir sus pagos, a aquellos que rechazan ayuda médica y continúan sumidos en el vicio del alcohol... Si como bien dice Juan Manuel " la maravillosa herejía" les dio las oportunidades, veamos por qué no las aprovecharon y no permitamos la repetición de tan nefastos hechos.
Con todos y para el bien de todos, dijo el Maestro. Y ese todos también nos engloba. NO cerremos los ojos ni miremos, cómplices, hacia otro lado. Y no permitamos, efectivamente, que estos temas se los robe el enemigo. Porque somos nosotros los que hemos de resolverlos.

¿Y qué pasa con los pobres de Cuba?

Por  Juan Manuel Alvarez Tur (@Alvarez_Tur)

Tenemos una masa importante de cubanos y cubanas viviendo en condiciones de pobreza. No se publicitan los estudios académicos al respecto, pero de manera empírica lo puedo afirmar, porque he visto el fenómeno. Pobreza de todo tipo. Esto es: gente que no tiene capacidad pecuniaria para mejorar las condiciones de su vivienda, comer y vestirse de manera básica, ni posibilidades reales tampoco para acceder a la cultura. 



A veces encontramos personas con estas características agrupadas en una misma ubicación geográfica, y otras tantas, con cierta tonalidad oscura en su piel como denominador común.

Cuando la pobreza toma color. Foto: Lilian Cid (Cubaxdentro)
¿Una manifestación de vulnerabilidad social? Foto: Lilian Cid (Cubaxdentro)

¿Cuándo tendremos datos oficiales sobre el tema? ¿Cuándo estará en las agendas de las reuniones del Consejo de Ministros y las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular? ¿La zona de desarrollo del Mariel y el ingreso por los servicios profesionales en el exterior permitirán diseñar acciones afirmativas para esas personas y zonas económicamente más vulnerables? ¿Y qué pasa con aquellos que mueren hoy, ahora, bajo esas condiciones de vida? ¿Qué significa “no quedar desamparado”? Si nos atenemos a que los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución marcan de algún modo esa agenda de problemas fundamentales a resolver, hay que tener en cuenta entonces que ella se preocupa más por las aperturas económicas que por fijar acciones concretas e integrales para desterrar la inopia de los más retrasados en la reproducción de la vida material. Ahora se discute mucho sobre los salarios, el fin de la dualidad monetaria, si las aprobaciones de nuevas cooperativas y licencias para particulares avanzan muy lento, o si los automóviles, el acceso a Internet y las líneas móviles se tasan en precios excesivamente altos.

Los pobres pueden, por ejemplo, abrazar un proyecto de trabajo por cuenta propia, ¿pero pueden entrar con éxito todos a ese mercado laboral? Esas posibilidades están jerarquizadas. No es lo mismo un cartel anunciando “pan con croqueta” escrito a lápiz que uno digital, bien rimbombante y moderno, promocionando “pizzas”. Estamos entrando de lleno en el mundo de la competencia, que es desleal y abrumadoramente discriminatorio. Esta realidad, subliminal, viene escondida dentro de la noción de “sentido común”, que como decía recientemente en la Universidad de las Ciencias Informáticas, el intelectual cubano Fernando Martínez Heredia, no ha dejado de ser burgués. Imagino que alguno dirá que el pobre tendrá otro igual o más pobre que él para que le compre su pan con croqueta. ¿Así vamos a construir socialismo en Cuba?

La explotación entre las personas vuelve a enseñorearse, ahora en un campo quizás más fértil, porque va resultando extemporáneo recordar a un hombre que ayudó mucho a entender de qué iba el asunto, como Carlos Marx.

Recientemente la prensa digital cubana se hacía eco de una nota de The New York Times que alababa las reformas económicas cubanas. Yo creo que debemos preocuparnos cuando desde el Norte celebran lo que hacemos. Me parece que lo medido en verdad por ellos es cuánto capitalismo le estamos inyectando a la vida cubana. Nos están evaluando con su vara y nos estamos tragando el “elogio”.

Existen prácticas para subsidiar servicios y productos a ciudadanos que viven en contacto directo y permanente con la carencia de ciertas oportunidades de índole material, pero ni es suficiente ni llega a todos. Cuba ha sido y es un ejemplo para muchos en el mundo porque fue más allá de lo que parecía posible, como plantea Martínez Heredia. Él también afirma que se debe tener conciencia de lo que está mal, y yo digo también que hacerla pública, sobre todo desde la dirección del país, para palpar  la implicación de éste con los problemas fundamentales, y tener definida una línea base, que estará supeditada al influjo de nuestras dificultades propias y el bloqueo estadounidense fundamentalmente.

Tenemos guetos donde las personas viven sumidas en el alcohol y tienen que hacer lo indecible para sobrevivir. Tampoco me llamo a cuento. A mi juicio la mayoría de la población, por la izquierda o por la derecha, se las arregla. Yo me refiero a esos que llamamos “casos sociales críticos”. Eso da para otra pregunta, ¿qué metodología determina un caso social crítico? Hay indigentes, individuos que piden limosnas y otros que no bucean precisamente en abisales y limpias aguas. Eso es incompatible con el socialismo, y no hay que esperar a que los ricos produzcan muchas riquezas, para que entonces tributen más y después, y solo después, sea posible rescatar a mucha gente del área subterránea en que se encuentran. ¿Y las voluntades? ¿Y la capacidad para convocarlas? ¿La perdimos totalmente? ¿Y la presión de los ciudadanos para resolver esas realidades?

Es una gran deficiencia decir que los que van ahora arrastrándose por la vida “se lo merecen”, “que no estudiaron”, o como escucho decir sobre los que piden limosnas, que “son descarados” que “hacen mucho dinero así”. Tiene que haber penetrado una cantidad notable de miseria moral y material en una persona para que asuma ese modus vivendi. Y si bien es cierto que por la vida le pasaron oportunidades dentro de la maravillosa herejía que ha significado hasta hoy la Revolución Cubana, también lo es que fue una incapacidad de todas las estructuras de nuestra sociedad el que no las aprovechara.

Para seguir siendo una Revolución lo que triunfó en Cuba en 1959, no puede desistir en el empeño de hacer realidad, de verdad, aquello de que ella es de los, por los, y para los humildes, que no saben qué es Internet, que no tienen cuentas en CUC como para preocuparse por el Día Cero, ni piensan en un carro y tampoco les interesa cuándo viene la televisión digital porque ni televisor tienen. Quisiera que nos ocupáramos más por eso, hasta donde podamos, aunque sólo sea para poner en claro como mínimo cuál es el umbral de la pobreza. 

No podemos regalar el tema a los enemigos del proceso revolucionario. Al mismo tiempo la sociedad civil debe utilizar todos los mecanismos existentes, y crear otros nuevos para reducir progresivamente ese lastre social tan injusto. No podemos continuar indiferentes. Hagámosle caso a uno de los hombres más grandes que ha dado este país, el General Antonio Maceo, cuando decía: “El que baja para subir al caído, enaltece su nombre colocándose por encima de todos”.

Publicado en su Blog CubaxDentro

viernes, 23 de noviembre de 2012

Después de Sandy, solidaridad más allá del bloqueo

Por Annalisa Melandri
enlace al original
[Aunque este trabajo lleva algunos días en la red, creemos válida su lectura. N. del. E.]
Santiago de Cuba
Solamente después  que el huracán Sandy ha dejado las costas orientales de Estados Unidos, donde ha sembrado destrucción y muerte, para dirigirse, desclasado a simple tormenta hacia Canadá, los grandes medios de comunicación mainstream se han dado cuenta  que durante su pasaje por el Caribe, antes de tocar territorio norteamericano, había  dejado tras de sí un numero considerables de muertos y había provocado daños incalculables en las frágiles economías caribeñas.En las redes sociales ya se había desatado la justa polémica por la diferente cobertura mediática que  había  tenido el pasaje del  huracán Sandy. Si bien es verdad que este ha dejado un saldo de más de un centenar de muertos  a lo largo de la  East Coast y casi 50 billones de dólares de daños, es también verdad que en el Caribe ha provocado más de 60 muertos, un número no bien precisado de desaparecidos y  daños incalculables que, como escribe la periodista Carla Reschia en el periódico italiano La Stampa,  “ningún presupuesto estatal  pagará”.
Pero así es, el “mundo de abajo” no es noticia y las polémicas se repiten  cada año a cada temporada ciclónica,  que en estas latitudes empieza en junio y termina en noviembre. Pasó lo mismo el año pasado con el huracán Irene,  que sólo en República Dominicana provocó la muerte de tres personas, un desaparecido, casi 30 mil desalojados y  80 comunidades aisladas.
Los daños de Sandy este año en Norteamérica han sido relevantes, seguramente más relevantes de los de Irene el año pasado y a los estadounidenses  va obviamente toda nuestra solidaridad. Sin embargo es importante llevar  la atención sobre la tragedia que puntualmente se repite en el Caribe cada año en este periodo, pero también sobre la capacidad de respuesta colectiva que tienen las naciones del Sur del grande continente americano.
Ninguna  gigantesca maquinaria  organizativa alertada, ningún moderno centro de acogida por los desalojados, ninguna campaña mediática para activar la solidaridad y la compasión de la humanidad, los varios gobiernos nacionales que se encuentran a enfrentar estas tragedias son abandonados  por la comunidad internacional, por lo menos la “que cuenta”.
Sandy en Republica Dominicana
Solamente en República Dominicana,  el pasaje  de Sandy hace apenas unas semanas  ha provocado por lo menos  tres muertos, casi 26 mil desalojados , ha damnificado o destruido  4600 viviendas y ha aislado completamente 145 comunidades. En Haití la cifra de los  muertos  ha sido de 54, mientras 21 son los desaparecidos y 20 los heridos, además de  daños estructurales notables que van a agravar la ya precaria situación de este país duramente afectado por un devastador terremoto en enero de 2010. Las inundaciones además podrían complicar la difícil situación sanitaria, donde todavía se registran casos de cólera y donde el dengue en esta temporada, como en toda la región,  es muy difuso.
El  70 por ciento del las cosechas, se ha perdido, y esto por si solo  eso representa  una tragedia en la tragedia, en uno de los países más pobres del planeta.
En la isla de Cuba, que se distingue de los demás países por una más que eficiente protección civil, los muertos han sido 11, las viviendas damnificadas 200 mil, las destruidas 17 mil. En la zona de Santiago, la más  afectada,  ha sido damnificada gravemente la producción agraria en casi 100 mil hectáreas de tierra, cultivada sobre todo a  caña de azúcar, plátanos  y guineos.  Destruidas también las centrales hidroeléctricas y reportados ingentes daños a la red hídrica de agua potable.
Las Naciones Unidas han declarado en un reciente informe que: “los impactos en el sector de la agricultura tendrán grandes repercusiones en el resto del país, debido a la importancia de las áreas afectadas en la producción de cultivos principales para toda la isla” y que este ha sido “el huracán más devastador que haya azotado  las provincias orientales de Cuba en los últimos 50 años”.
El presidente Raúl Castro ha declarado durante su visita en Santiago que  “Sandy ha sido un golpe realmente duro… Santiago conmueve, parece una ciudad bombardeada” y luego dirigiéndose a los habitantes de la  segunda ciudad de la isla: “Vamos a salir de esto. Ustedes son gente aguerrida. Lo sabemos desde hace más de medio siglo” refiriéndose al hecho que propio en Santiago de Cuba  germinó  la Revolución. 
Y así por todo el Caribe: en Jamaica un  muerto y 18 mil desalojados, en las Bahamas dos muertos y 300 millones de dólares de daños.
Sin embargo, la solidaridad, la “no alineada”, no se ha hecho esperar. Los países del área ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) a la que también Cuba pertenece,  han inmediatamente contestado a la emergencia aunque de forma individual.
Venezuela ha predispuesto un plan de ayudas y un puente aéreo  hacia Cuba y Haití, que han inmediatamente recibido un primer envío  de 14 toneladas  de ayudas  alimentarias.
Un buque venezolano está en viaje hacia  Cuba  con 530 toneladas de alimentos y agua potable y 116 de maquinarias para ambos países.
También  la pequeña Bolivia ha asignado, a través de la firma de un decreto Supremo,  120 toneladas de ayudas que serán enviadas a  Cuba en dos contingentes. El ministro boliviano de la defensa Rubén Saavedra ha explicado que estas ayudas han sido erogadas según el principio de “reciprocidad y solidaridad” porque Cuba siempre ha sido solidaria con el  pueblo boliviano en la realización de programas  de impacto social con la formación de miles de médicos bolivianos y  con la  realización del programa  “¡Yo si puedo!”  por la erradicación del analfabetismo del país.
Rusia, histórica aliada de Cuba y  que con los demás países de la región tiene buenas relaciones comerciales, como ya otras veces en pasado en situaciones similares, ha contestado positivamente a la emergencia, enviando un cargo de material para la reparación de las viviendas.
Sobrevivirá Cuba también esta vez, la pequeña y rebelde isla comunista,  gracias a la solidaridad regional y a la valentía y fuerza de su bravo pueblo.
Son además positivas las señales que llegan desde  la región respecto a políticas comunes a más  largo plazo, en tema de prevención y de investigación respecto a los desastres naturales. El 26 octubre pasado, Argentina, México y Brasil han constituido la Asociación Latinoamericana de Autoridades Ambientales (ALAA) que  enfrentará y analizará temas vinculados al medioambiente, al cambio climático y a la biodiversidad.
“Las problemáticas en el caso de los países del Mercosur y Latinoamérica son muy similares justamente por la biodiversidad. Y estamos padeciendo los mismos azotes del cambio climático” ha declarado a la agencia ANSA Ariel Lópec subsecretario argentino  de Ambiente. Propio en los días pasados Buenos Aires ha tenido que enfrentar un intenso temporal de lluvia que ha literalmente paralizado la capital argentina por casi 24 horas.
Nueve países latinoamericanos han participado además a un plan de acción para la reducción de los riesgos de desastres ambientales financiado por la Unión Europea y dirigido por las Naciones Unidas donde se han establecido criterios comunes de gestión.
América latina es altamente vulnerable y necesita de acciones comunes, como por ejemplo la realización de un protocolo general por la respuesta a los tsunamis en la costa pacífica.
Un proyecto, entonces, con el objetivo de desarrollar una política regional desvinculada de las dinámicas geopolíticas globales, las cuales, respecto al tema ambiental, se reflejan  en los fracasos de las grandes cumbres internacionales empezando por la de Kyoto hasta la de Brasil de hace algunos meses, conocida como Río+20.
 
Articulo original publicado en italiano por l’Indro