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viernes, 22 de enero de 2016

Migrantes cubanos: Travesía de alto riesgo (+Fotos, Infografía y Mapa)

Por


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En noviembre pasado, las autoridades de Costa Rica desarticularon el núcleo de una red internacional de tráfico de cubanas y cubanos.(Foto: Internet)
Mientras más de 7 000 migrantes cubanos aguardan en Costa Rica por seguir viaje hacia Estados Unidos, Escambray relata la historia de un matrimonio de espirituanos que venció ese itinerario, cuajado de extorsiones, asaltos, coyotes, policías corruptos…
Si no hay plata, los matamos aquí mismo
Ley de Ajuste: un imán solo para cubanos
Cuando menos, en una ratonera se siente Yunialsy en aquel cuarto de hotel de décima categoría en la ciudad de Turbo, Colombia. Recostada al espaldar de la cama y con las rodillas en el mentón, intenta calmar el cosquilleo frío que le salta en el estómago. “Cubanos no se duerman, los estamos velando para matarlos”. La advertencia escrita venía de las paredes. No. Venía de los hombres, quizás de los que yacían desperdigados por el suelo en el vestíbulo con olor a marihuana.
Yunialsy lo intuía, como también su esposo Miguel José, quien se recuesta al mismo espaldar. No pegarán los ojos, por si las moscas; aunque, ¿cómo podría defenderse esta pareja de cubanos, a miles de kilómetros de Sancti Spíritus, en medio de la noche antioqueña, en una de sus paradas en la ruta hacia Estados Unidos?
En mayo del 2015 se apareció Damián en la casa del matrimonio.
—Si quieren irse, es ya, les urgió.
El deshielo de las relaciones diplomáticas anunciado al unísono el 17 de diciembre de 2014 por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama cebó la expectativa ante la posibilidad de la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano, aprobada en 1966 por el Congreso de Estados Unidos, que le concede un tratamiento diferenciado y único en el mundo, al admitir de modo inmediato y automático a cualquier persona nacida en la isla, sin importar la vía empleada para arribar al territorio norteamericano.
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Infografía. ( tomada de El Financiero)
Luego de vender la casa y de casi ahogarse en deudas, Yunialsy y Miguel José arriban el 5 de junio al aeropuerto de Quito, Ecuador. A las afueras, Damián y su esposa colombiana aguardan por ellos para trasladarlos al apartamento de este traficante de cubanos.
—Anoten todo, le aclaró al amanecer a la pareja en la sala.
Más precavida que su esposo, la muchacha apunta teléfonos, lugares, nombres de contactos, evidencia de una lucrativa red de tráfico de cubanos y cubanas que implica a “coyotes” y a otros miembros en Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos. Según el periódico Granma, el pasado año esa travesía internacional de cubanos y cubanas pudo dejar una estela de alrededor de 30 millones de dólares, exprimidos de los bolsillos de los propios habitantes de la isla y de sus familiares y amigos diseminados por medio planeta.
Pero a Yunialsy le importa un bledo la millonaria cifra y le lanza una pregunta al regordete de Damián.
—¿Y tú no vas con nosotros hasta salir de Colombia?
—Sí, pero en otro bus. Denme todo el dinero; yo se los cuido.
—Pero, mira…, interviene Miguel José.
— Si no es así, esto se jodió aquí mismo.
El traficante rastrilló las palabras en son de “lo toman o lo dejan”.
Mochila al hombro, el matrimonio salió en bus de Quito a Ipiales, ciudad colombiana fronteriza con Ecuador, con la recomendación de Damián cimbrándoles en los oídos: “Ni se les ocurra hablar con alguien. Ese tonito los chivatea”.
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En el intento de llegar a territorio de los Estados Unidos, los migrantes se han convertido en víctimas de traficantes y de bandas delincuenciales. (Foto: Getty Images)
Punto en boca en todo el trayecto. “7:45 pasado meridiano”, anuncia Radio Ipiales, desde la bocina del bus. “Informaciones a esta hora: Luego de dos años y medio del asesinato de 23 taxistas nocturnos en el municipio de Ipiales, los familiares denuncian…”.
La pareja deja atrás la noticia; finge no escucharla y se abisma en la noche de la urbe en busca de un hostal cercano a la terminal de buses hacia Medellín, recomendada por Damián. Poco antes del amanecer, otro coyote está plantado frente a ellos, Gabriel, cuyo porte nada se semeja al hijo del telegrafista de Aracataca, García Márquez.
— ¿Y mi plata?
El saludo, muy cordial, por cierto. De los dólares que Yunialsy separó a escondidas y previsoramente en la casa de Damián, en Quito, le deja caer 50.
—No hablo paja (mentira, en el diccionario cubano); el chofer los recogerá afuera de la terminal. Será una maricada montar dentro; la policía está…
La frase en suspenso de aquel hombre con voz sheriff vendría a aguar el itinerario siguiente. Vencida la ciudad de San Juan de Pasto, en el primer retén…
—Documentos.
Una sola palabra les cuesta 50 dólares, y mucho más. Al parecer, los uniformados le tomaron la chapa al bus y en el próximo retén la policía se dirige a ellos sin pestañear. La misma palabra y otros 50 dólares que descargan a la cloaca de la corrupción. Las extorsiones suman 400 dólares al arribar a Medellín, una ciudad picada de sur a norte por el río Aburrá y sentada a horcajadas entre montañas andinas; mas, ni Yunialsy ni Miguel José están ahora para disfrutar el paisaje.
En el camino de Medellín a Turbo, los espirituanos casi se dan de narices con Damián.
—Al fin apareces, compadre, le espeta Miguel José a quien lleva a cuestas casi todo el dinero que prácticamente le regalaron en bandeja de plata en Quito. ¿Qué tajada se llevará esta versión cubana de coyote que ha hecho un trillo entre La Habana, Quito y Medellín? Poca, poquísima: 3 600 dólares.
—Nos vemos en Turbo, intenta animarlos Damián.
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Yunialsy y Miguel José pasaron una noche interminable en la ciudad de Turbo, Antioquia, Colombia. (Foto: Internet)
Alrededor de las dos de la mañana del lunes arriban a Turbo, al noroeste de Medellín. Nadie los espera en una ciudad sin reponerse aún de la resaca dominguera. Caminan sin rumbo.
—Tengan cuidado, los van a matar, les alertan, y ellos aceleran el paso hasta que llegan a un hotel; sin embargo, no les permiten entrar por ser cubanos. Súplicas a la señora que continúa en sus trece.
—Si se quedan, nos caen a tiros a todos.
Telefonean a Damián, que duerme a piernas sueltas con su mordida verde de almohada. En la cartilla de instrucciones, dictada por el coyote, Yunialsy descubre el nombre de otro contacto en Turbo, quien llega tambaleándose sobre un motor por causa de tanto alcohol en sangre.
—Me llevo a uno primero y al otro después.
No bastan los ruegos de la joven, quien se queda tragada por la noche en una esquina. “Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!…”, implora de rodillas. Y piensa que no estuviera pasando por esta zozobra de no habérseles denegado las visas en la entonces Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana. Cuando ya cree a su marido sin vida, escucha aproximarse la moto.
— ¡Ay, mi madre! “Padre nuestro, que estás…”.
Por ahora, Yunialsy es escuchada. La evidencia está en que sigue recostada al espaldar de la cama de este hotelucho, junto con Miguel José, quien tampoco ha pegado un ojo durante la noche, presto a salir corriendo de aquella ratonera al despuntar el día.
Golpes secos en la puerta, tan secos como la voz del hombre del motor que les exige 900 dólares en total por los servicios prestados —incluidas la ración por venir del lanchero y de otro guía— por el cruce esa noche de la frontera de Colombia con Panamá, junto a otros migrantes de la isla. Toda una maquinaria bien aceitada.
Llueve. Y salen a partir el monte que los separa de la costa; distante a unos 10 kilómetros. Casi nada. Se tornan sombras mudas; los paras y los asaltantes que conocen esos atajos de memoria permanecen a la caza en busca de su “vacuna”; pero los aguaceros y el fango los ahuyentaron. Otra noche sin dormir. Y ahí están Yunialsy y Miguel José, picados por los mosquitos y el miedo.
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Cuando la lancha da señales de vida a las siete de la mañana, se arma el sálvese quien pueda en el abordaje. Veinticinco personas intentan acomodar los huesos en una embarcación de apenas 10 capacidades, para cruzar el Golfo de Urabá. Debido a ese mismo oleaje, que ahora zarandea la lancha, padres cubanos verían el mar encrespado llevarse a su hijo meses después; cuentan que al pisar tierra firme buscaron alambres para suicidarse.
Un año atrás, siete migrantes (¿cubanos, nepalíes, ghaneses?) zozobraron también; por Turbo se corrió el rumor: los propios coyotes los lanzaron al mar, después de quitarles todo el dinero. “Son personas como uno y demás, y sus familias en el otro lado del mundo no saben qué pasó con ellos”, comentó el sepulturero del pueblo, Evelio Cortés, a la prensa colombiana.
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El sepulturero de la ciudad de Turbo, Colombia, ha enterrado a varios migrantes ahogados en el Golfo de Urabá. (Foto: Andrés Abello)
Sobre esas aguas de incertidumbre en el Urabá, navegan los espirituanos durante dos horas y media. A más de 100 metros de la costa panameña, los conminan a tirarse ante el temor de ser interceptados por los guardafronteras. Cunde el pánico. Varios hombres se arrojan, mochila en mano. Otros se niegan; igual, las mujeres. En ese justo momento, una lancha que curiosea entra en el juego y, billetes verdes por medio a sus tripulantes, los acerca a la orilla.
Empapados aún, sortean el diente de perro, no así la “multa” a la entrada de la montaña por vencer, que les reclaman —a golpe de pistola— otros apostados en el camino, empecinados en su filosofía: para ellos, un extranjero es un cajero automático rodante.
—Cincuenta pesitos por cada uno; si no, los matamos.
Yunialsy y Miguel José, que solo habían visto armas de juguete, desembolsan la cuantía sin chistar. Al lado, un habanero rebusca, mas, el bolsillo no clona billetes. Dos de los armados, que llevan gorra de camuflaje, arrastran al muchacho hacia la orilla y, sin recato, encuentran la bestial fórmula de cobrarle el peaje con su cuerpo. Después lo tiran al camino, y ahí se queda el habanero, consumido por la impotencia y la vergüenza.
En escasos minutos se enfrentan a la escarpada mole de tierra y piedra. Resbalan, como tantos otros. Con su brazo izquierdo fracturado en plena jungla —antes de zarpar la lancha en Colombia—, la mujer más gruesa del grupo suplica ayuda. Sus coterráneos parecen no oír el reclamo. Más caídas al bajar la montaña, que casi los desparrama en la costa.
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El matrimonio de espirituanos debió aguardar tres jornadas en Puerto Obaldía. (Foto: Internet)
Con el Mar Caribe de vigía, marchan hasta topar con Puerto Obaldía, donde se entregan a la Policía panameña, que no los extorsiona. Por primera vez, respiran cierto sosiego desde la partida de Quito. Medio millar de cubanos deambula por el pueblo, con servicio eléctrico solo de seis de la tarde a seis de la mañana. Tres noches por 30 dólares en un hotelito no les asusta el bolsillo a Miguel José y a Yunialsy; pero sí a otra pareja que opta por plantar su campamento debajo de una mata repleta de almendras, que les salvan de la hipoglucemia.
—Mami, mami; estamos entrando a Panamá. Todo bien, bien.
¿Alguien le reprocharía a Yunialsy por Ia mentira piadosa? Sí es certeza la partida a Ciudad de Panamá en avioneta a 180 dólares por persona. De ahí, en bus hasta la ciudad de Paso Canoas, mitad panameña, mitad costarricense, donde permanecen el fin de semana.
Con el permiso de ingresar a suelo tico, hasta el lunes no pueden seguir rumbo norte, hacia Nicaragua. Desconocen que tal dilación podría obedecer a la estratagema de la ramificación en tierra costarricense de una red internacional de trata de seres humanos —desarticulada en noviembre pasado— de retardar los viajes para exprimirles aún más la cartera a inmigrantes en hoteles y escondites diversos en ese país.
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Las autoridades de Costa Rica desarticularon el núcleo de una red internacional de tráfico de personas. (Foto: Dirección General de Migración y Extranjería de Costa Rica)
El Ganga, un coyote que olfatea a los cubanos a mil kilómetros a la redonda, guía a los espirituanos, junto a un numeroso grupo de coterráneos de la isla, hasta las cercanías de Peñas Blancas, en el cantón de La Cruz —último suspiro geográfico de Costa Rica—, adonde arriban en busetas. Minutos después se esfuman en el monte para evadir la vigilancia fronteriza.
—Papi, ¿qué es esto?, inquiere un niño no mayor de cinco años.
—Un campismo, mi’jo.
Nicaragua adentro, deciden entregarse al Ejército. Veinte dólares por persona y van directo al control migratorio en Managua. Honduras, otra parada. En San Pedro de Sula —la urbe más violenta del planeta— intentan conciliar el sueño; antes, reciben un training sobre el manejo de las pistolas que les ha prestado el “guía” por si se presenta cualquier emergencia. Antes, telefonean al coyote de México, país que de solo mencionar los aterra debido a los posibles riesgos.
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El coyote, pieza clave en la red de traficantes de personas. (Foto: Internet)
Yunialsy y Miguel José nunca han leído una línea acerca de los maras; por ello, se sienten más confiados en Guatemala, adonde llegan apenas nueve de los más de 40 del grupo de cubanos que entraron con la pareja a Nicaragua. Los restantes quedaron a la vera de la camino, devanándose los sesos en cómo hacerse del dinero que les exigen los coyotes para continuar la ruta. Por ejemplo, El Ringo les reclama ahora 500 dólares por dejarlos en una vivienda clandestina en las inmediaciones de la frontera con México, que pasan el 23 de junio.
A las dos de la madrugada, inician el cruce del río con la nariz a ras del agua. Miguel José tropieza con una piedra del fondo, y la corriente le lleva la mochila y los pasaportes, que irían a parar al mismísimo Golfo de México.
Tres días y tres noches de caminata por el monte, ríos, hasta encallar en un pantano inundado de mosquitos; ahí permanecen ocultos durante horas, también bajo el asedio de cocodrilos. Luego, a riesgo de ser descubiertos, en ocasiones abordan alguna camioneta que los adelanta hasta un escondrijo de México D.F.
Como sardinas en lata se sienten en aquella casa, de donde salen a cuentagotas hacia la frontera con EE.UU. A sabiendas de que por plata baila hasta el mono, la joven se acerca a la dueña de la casa al tercer día.
—Te doy un regalito, si nos sacas ya.
—Órale pues. Esta noche.
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Migrantes de diversas naciones cruzan la costa oriental de México en embarcaciones. (Foto: BBC Mundo)
Dieciocho horas en el camarote de una rastra sin comer ni hablar hasta Nuevo Laredo. Al pisar con los maltrechos zapatos el asfalto del puente sobre el río Bravo, recuerdan el consejo que pasa de boca en boca entre los migrantes cubanos. “Cuando estén allí, caminen y no hagan caso a nadie”. Pero, Yunialsy y Miguel José olvidan la sugerencia y no caminan. Corren, corren; porque en esas decenas de metros se juegan algo más que los casi 18 000 dólares que les mordieron coyotes, policías, lancheros… en los casi de 8 000 kilómetros vencidos en 26 días de travesía.
—Somos cubanosss, dicen jadeando a las autoridades de Inmigración de EE.UU., frase convertida en una acepción de “abracadabra” para ingresar a los dominios de Washington. Así y todo, no es hasta el segundo día que reciben el permiso de entrada.
En ese instante —como máquina engrasada— ya aguarda por la pareja —1 300 dólares mediante—, un bus, que por mucho que avanza en la carretera en busca de Miami, no deja atrás la pesadilla vivida por Miguel José y Yunialsy, quienes, aún hoy, sienten el mismo cosquilleo frío en el estómago de aquella noche en el hotelucho de Turbo.
Nota: Escambray mantuvo en el anonimato los nombres de los protagonistas de esta historia.
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Los migrantes centroamericanos no poseen los privilegios de los de la isla caribeña, favorecidos por la Ley de Ajuste Cubano. (Foto: CBP Arizona)

Boteros de La Habana, ¿un mal necesario?

Por José Raúl Concepción Llanes*


Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
En algunos recorridos, los taxis de La Habana han aumentado los precios, creando descontento en la población. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Todos los critican, pero sin ellos es casi imposible moverse rápido por la capital. El servicio que ofrecen es pésimo, sin embargo no tienen competencia. Son los reyes de la transportación ligera. Aumentan los precios sin justificaciones aparentes. Los boteros también tienen sus quejas, pero quien paga por ellas es el pueblo, siempre último eslabón de la cadena.
Todo extranjero que llega a Cuba se impresiona con el sistema de trabajo y el aspecto de los taxis en la Isla. No van donde les pides, al contrario, tienen rutas preestablecidas, como un ómnibus. Son un auténtico museo rodante. Llamativo para los turistas, en ocasiones molesto para los nativos.
Algunos se conservan impecables. Otros son incómodos, calurosos y apestan a combustible. De origen estadounidense la mayoría, mantienen la carrocería original por fuera, pero las más diversas nacionalidades por dentro. Los mecánicos cubanos han creado el Chevyshi o el Fordyota, funcionales Frankenstein de la automovilística que forman parte de la identidad de la ciudad.
Pero los boteros empiezan a competir con los agromercados en cuestión de subida de precios. Respaldados por la ley de oferta y demanda piden 20 pesos donde antes se pagaba 10 o sólo te montan si tu camino es corto.
“Antes iba desde 19 y 70 (municipio Playa) hasta el Coppelia por 10 pesos, pero desde hace un tiempo me dicen que no llegan hasta allí (no es cierto) o me piden 20 pesos”, dice Yaimara Castellanos, vecina del reparto Buena Vista. Testimonios como este los brindan personas de casi toda La Habana.
Sucede de manera similar en recorridos como San Miguel del Padrón – Parque del Curita; Boyeros – Habana Vieja; Víbora – Vedado; La Palma – Habana Vieja; La Lisa – Capitolio; Mariano – Parque de La Fraternidad, etc.
Los boteros son indispensables, he ahí una de las razones que les permite obrar de esta manera: “el transporte público es demasiado insuficiente como para lograr que disminuya la demanda de los almendrones. Para ellos existe un horario muerto – entre las diez de la mañana y las dos de la tarde – pero el resto del tiempo son muy solicitados”, explica Maribel Poulot, directora de la Unidad de Trámites de la Dirección General de Transporte.
Simplemente no tienen competencia. Los taxistas, almendroneros, transportistas no estatales, choferes cuentapropistas, boteros – llámele como desee – son los únicos con los que se puede contar para trasladarse medianamente rápido en La Habana. O casi los únicos…
También están los taxis de las agencias estatales, tan caros que sus precios son desconocidos, casi nadie se molesta en preguntarles. Igualmente son piezas de un museo, no por exóticos, sino porque “se miran, pero no se tocan”.
Además están las cooperativas de los ruteros, que en algunos recorridos son pequeñas y cómodas Yutong, en otros enormes y cálidas Transmetros. Cualesquiera, cobran cinco pesos sea un viaje largo o corto. No obstante, “los ruteros no dan abasto, no satisfacen la suficiente demanda como para garantizar que los boteros bajen sus precios”, comenta Poulot.
Entonces, con un transporte público ineficiente y sin más alternativas, quien no dispone de un automóvil y está apurado o enfermo o simplemente quiere ir un poco más cómodo que en los ómnibus, debe pararse en una arteria principal, hacer el gesto correspondiente a su recorrido y pagar lo que pida el chofer. No queda de otra.

¿Cuáles son las razones de los taxistas para subir sus precios?

Ni los taxis ruteros ni mucho menos los arrendados por agencias estatales hacen que la demanda de los boteros disminuya.  Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Ni los taxis ruteros (izq) ni los arrendados por agencias estatales (der.) hacen que la demanda de los boteros disminuya. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
El tema es más complejo de lo que parece. Se les podría describir a todos según el estereotipo del hombre vulgar y codicioso. Aunque la realidad es más diversa. “Muchos de los choferes pertenecen a un sector social con poca educación y no están controlados por sus jefes, así que nadie les exige cómo tratar a los pasajeros, andan en su propio mundo”, dice Orestes González dueño de un Buick de 1951.
“Existen boteros irrespetuosos, pero también educados, hay de todo”, opina por su parte Benito Pérez, propietario de un Chevrolet de 1952, quien agrega: “Este negocio no alcanza para hacerse rico. Gana mucho dinero quien es dueño de varios carros y tiene muchos choferes trabajando para él. Pero el botero normal obtiene lo suficiente para gastar en los productos básicos”.
Según explicaron varios entrevistados, los altos precios de los mercados en divisa provocan que el taxista no pueda bajar los suyos, porque “lo que ganas se te acaba en los mercados estatales ¿por qué atacan a los boteros si en las tiendas todo es muy caro? Si los otros precios bajan, entonces el de los taxis bajará también”, reflexiona Alfredo, quien maneja un Moskvitch y no devela su nombre completo porque aún no tiene licencia.
Sin desviar el tema, en general la vida es cara. Los alimentos y los productos de primera necesidad para el hogar tienen precios demasiado elevados, lo que repercute en las cuentas del cuentapropista, quien para no perjudicarse – al estar regido por la ley de oferta-demanda – puede subir sus precios y quien termina afectado es el cliente.

Las piezas, el combustible. Gastos y dificultades de un botero

Ser botero es un trabajo duro, pero existen muchos otros más complicados y menos remunerados. Foto: Phil O'Brien/Empics Sport.
Ser botero es un trabajo duro, pero existen muchos otros más complicados y menos remunerados. Foto: Phil O’Brien/Empics Sport.
“Abandoné el boteo porque era demasiado estresante, todo el tiempo pendiente de los arreglos del carro, tenía que lidiar con cualquier tipo de gente, porque se montan personas respetuosas, pero también borrachos y ladrones”, comenta Benito Pérez, quien prefería hacer la ruta Habana Vieja – Paradero de Playa.
Un taxi conlleva un gran número de gastos continuos, aunque al final es rentable. Es un trabajo difícil, no por complicado, sino por extenuante. Se debe lidiar con los clientes, los mecánicos, los buquenques (organizadores de piqueras), los compañeros de oficio y sobre todo con el propio carro. Aunque existen unas cuantas profesiones más espinosas y mucho menos remuneradas.
Por otra parte, todo lo necesario para mantener un taxi es caro. Las piezas y el combustible cuestan demasiado en los centros estatales. Entonces, todo se mueve por la izquierda. “En las tiendas no hay piezas y cuando la sacan son demasiado caras. Casi siempre dependes de lo que encuentres en la calle, donde todo es un poco más barato, pero igual cuesta mucho”, añade González.
Una decena de pesos en moneda nacional se paga en el mercado negro por un litro de petróleo, el doble por uno de gasolina. En los servicentros cuesta un CUC (peso convertible equivalente al dólar) el diésel (15 pesos más caro) y la gasolina 1, 20 CUC (10 pesos más).
Mil CUC cuesta una reparación completa del motor. Los neumáticos se cambian cada seis meses y cuestan más de 100 CUC cada uno. La batería, la bomba, el disco de cloche, las bandas de freno, la correa, la mano de obra, el somatón… por todo se pagan considerables cantidades.
“No hay tiendas mayoristas para comprar piezas a menor precio y poder adquirir repuestos”, dice Carmen Sotolongo, quien rentaba su auto hasta que decidió cambiar de negocio, también por el desgaste diario que suponía. Explica también que los carros son demasiado viejos y cuando hacen muchos viajes diarios se rompen.
“En la declaración anual tributaria te permiten declarar las reparaciones y ese dinero quedaría libre de impuestos, pero como todo se hace por la izquierda, no puedes entregar las facturas. Por eso, aunque te exoneran el 20 por ciento de los ingresos anuales por gastos relativos a la actividad, normalmente se invierte más y no se puede probar”, agrega.
Los impuestos son otro tema preocupante para los boteros. Tienen una especie de convenio tácito con la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT), que les exige declarar los ingresos correspondientes a siete viajes diarios de 10 pesos por personas. Si declaran menos los investigan y como nadie quiere que le revisen sus cuentas, pagan. Entonces para ganar más hacen más de siete viajes diarios, porque tienen que cubrir los días en que se detienen para reparar o descansar.
La ONAT no tiene cómo saber cuánto gasta un chofer cuentapropista en arreglos porque la mayoría paga en efectivo. Se utilizan poco las facturas, las transacciones. Los mecanismos de control son fundamentalmente empíricos. Tampoco se puede saber si el declarante dice la verdad exacta o la matizada, si es que existen varios tipos de verdades. En fin, el asunto no está en aumentarles los pagos tributarios, porque entonces subirían aún más los precios.
La reacción de los boteros ante la Ley Tributaria está relacionada concierto misticismo, desconocimiento e inconformidad.

¿Cuánto se gana en un almendrón?

Foto: Fernando Medina/Cubahora.
Los taxistas por cuenta propia tienen ingresos superiores a la media en Cuba. Foto: Fernando Medina/Cubahora.
Tras varios cálculos en los que se tuvo en cuenta el precio de las piezas, la mano de obra de las reparaciones, el costo del combustible, la frecuencia con la que suelen romperse los autos viejos sometidos a tanto trabajo, la cantidad de viajes promedio que hace un taxi de este tipo, el pago de la licencia operativa y de todos los impuestos, entre otras variables, se supo que la ganancia promedio de una persona dedicada a tiempo completo a esta actividad se ubica entre los 200 y 300 CUC mensuales. Estas cifras fueron ratificadas por varios entrevistados vinculados directamente al negocio.
Los gastos y ganancias evaluados corresponden al promedio de los autos estadounidenses de diésel, que son la mayoría presentes en esta actividad, aunque también están los soviéticos de gasolina y algunos de los llamados modernos, pero estos tienen otro balance en las cuentas. No obstante, se estima que sea similar.
Se habla de una media aproximada de ingresos para quien rente o maneje sólo un carro, posea licencia y se dedique a trabajar al menos ocho horas del día durante 20 jornadas mensuales.

Servicio de poca calidad. Indisciplina en la vía

Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Según el director de Inspección Estatal de Transporte los boteros frecuentemente cometen infracciones para recoger a los pasajes. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Subirse a un almendrón puede resultar una molesta travesía. “Más de una vez me he arañado con alguna punta metálica sobresaliente en la puerta o me he roto una blusa. Eso sin mencionar el mal olor con que siempre me bajo”, cuenta Carla Aguilera que espera en la esquina de 23 y L. Su rumbo es “Playa por 19”, pero lleva rato y nada.
Se aparta un momento del grupo de impacientes que se abalanza sobre cada conductor que se detiene. “¿Hasta 41 y 42?” “¡31, Ceguera!” “¿Llega al paradero?” “¿La Lisa?” “¡No, Ceguera!” Números y nombres se gritan entre chofer y posibles pasajeros. Un grito del primero y caras de decepción o movimientos rápidos hacia las puertas de los segundos. Más atrás, camino hacia J, están las paradas, donde esperan quienes también gritan y corren, pero hacia los ómnibus. Esto es 23 y L entre las siete y las nueve de la mañana; entre las cuatro y las seis de la tarde. A veces es así a cualquier hora.
En la céntrica esquina, Carla Aguilera clasifica a los boteros en dos tipos: los educados, que “saludan y nunca se equivocan con el vuelto”, y los que “maltratan”, es como “si yo fuera quien debiera tratarlo bien a él, pero se supone que sea al revés”. Exactamente, es el taxista quien brinda el servicio, pero la máxima: “el cliente siempre tiene la razón” es olvidada con frecuencia en el gremio.
“Vas incómodo – más todavía si te toca al lado del chofer – no te sientes seguro porque muchos manejan como locos y además el precio es alto”, así caracteriza el residente de Plaza, Víctor Portillo, a los boteros de La Habana.
Además de la ausencia de confort en el interior, que no es en todos, pero sí en muchos, como dice Víctor el pasajero puede sentirse “inseguro”.
“Los dichosos boteros o trabajadores no estatales – que es el término correcto –cometen muchas indisciplinas en la vía, por ejemplo el adelantamiento indebido para recoger primero un pasaje, arriesgando la vida de los demás en busca de 10 o 20 pesos. Con frecuencia violan las leyes del tránsito, se llevan la luz roja, no paran en los pasos peatonales”, declara el Ing. Erasmo Arias, director de Inspección Estatal de Transporte.
Continúa explicando que con el objetivo de buscar más dinero, los taxistas por cuenta propia trabajan con autos sin las condiciones técnicas necesarias, lo que “afecta la seguridad activa del vehículo”, porque no poseen requisitos básicos como “el buen estado de la dirección, los frenos y la emergencia”.
Para Erasmo una de las causas principales de estos frecuentes desperfectos es el poco mantenimiento al que son sometidos, en contraposición con el intenso trabajo que llevan a cabo.
En tanto, Rafael Naranjo, Jefe del Departamento de Inspección Estatal de La Habana, explica con énfasis cómo son reincidentes en sobrepasar los límites de velocidad en las arterias principales.
El 60 por ciento de las contravenciones impuestas en el año 2015 fueron al transporte de pasajeros. “Nosotros hemos enfrentado bastante a los choferes por cuenta propia y no es que les estemos haciendo una guerra, lo que queremos es hacer cumplir lo establecido y proteger la vida humana”, ratifica Arias.
Tanto Erasmo como Rafael coinciden en que las vías más conflictivas son las Calzadas de Diez de Octubre, Monte y San Miguel del Padrón, así como las avenidas 51 y 23.

¿Existe una solución?

El transporte público es deficiente, lo que contribuye aún más a la especulación de los taxistas. Foto. José Raúl Concepción/Cubadebate.
El transporte público es deficiente, lo que contribuye aún más a la especulación de los taxistas. Foto. José Raúl Concepción/Cubadebate.
El servicio que ofrecen es de poca calidad y hasta inseguro, sin embargo ingresan más de 200 CUC mensuales. No hay excusa para que el aumento de los precios continúe. Pero al estar regidos por oferta-demanda no necesitan dar explicaciones, si son indispensables pueden cobrar más porque su servicio seguirá siendo necesario. No existe otra alternativa.
Como tienen rutas estables, el pasajero debe adaptarse y si su camino no coincide está obligado a combinar dos o más taxis para acercarse al destino. Al subir los precios la situación empeora y cuando acortan los tramos es el equivalente a cobrar más, porque para trasladarte una distancia que antes costaba 10 pesos, ahora necesitas cambiar de carro y pagar el doble.
Un trasporte público eficiente repercutiría en la demanda y obligaría a bajar los precios. Pero lograr puntualidad en los “Pes” es un tema complicado con rostro de utopía.
Para el ex taxista, Benito Pérez sería una buena opción topar los precios de los boteros, establecerles un máximo a cobrar según la distancia. Siempre que se realice un estudio profundo para determinar el costo de cada tramo. El proyecto sería posible si se le “brindan precios diferenciado a los boteros en la compra de piezas y combustible”.
Una idea similar se lleva a cabo con relativo éxito en los camiones particulares que transitan la ruta del PC (Hospital Naval – Paradero de Playa).
A estos vehículos de transportación masiva se les vende el combustible a un precio diferenciado y se les entrega neumáticos todos los años. A cambio “sólo pueden cobrar 60 centavos, si no lo hacen son multados por alterar el precio. De cada pasaje pagan la cuarta parte al estado para reponer el dinero de los subsidios. Además, tienen derecho a entrar a una terminal de ómnibus y allí los revisan. Son los únicos que están vinculados al estado, junto con los autos convertibles que pertenecen a una agencia”, explica Maribel Puolot. Una alianza similar con los boteros podría ser una alternativa para garantizar la estabilidad de los precios.
Hasta el 2015 se han aprobado cuatro mil 921 licencias para los choferes cuentapropistas (ver infografía). En la Dirección General de Transporte no tienen los datos, pero según cálculos realizados, estos mueven como mínimo unos 175 mil pasajes diarios. Son imprescindibles para la movilidad dentro de la ciudad.
Los gastos de los boteros se mantienen estables mientras sus precios suben. No tienen razones reales para cobrar más, pero la situación se lo permite. Sin embargo, culpar sólo a los taxistas por el aumento de sus precios equivale – parafraseando a Shakespeare – a estar en el bosque y no ver los árboles.
El sistema de transporte estatal no funciona mejor. Quienes dependen de los ómnibus tienen muchas más quejas que quienes pueden trasladarse habitualmente en almendrones. “Con los boteros al menos se resuelve”, termina diciendo Carla Aguilera cuando se despide en busca de un “almendrón por 19”.

Nota al margen

Destacamos un comentario de los Especialistas de la Dirección General de Transporte Provincial La Habana, que tuvieron la gentileza de participar, junto con nuestros lectores habituales, en el espacio de deliberación que sigue a esta nota. Reconforta que nuestras autoridades asistan a estos debates donde se expresa la población:
Consideramos que el artículo está muy bueno, porque refleja la realidad de lo que está pasando, le corresponde a La Dirección General de Transporte buscar soluciones y realizar una propuesta a la dirección del país porque es la misión que nos ha dado el estado cubano, los directivos, funcionarios y especialistas de esta dirección estamos conscientes de nuestra responsabilidad ante el pueblo, que nunca será eliminar (botar el sofá) este modo de transporte que ayuda a la movilidad de la ciudad, sino buscar fórmulas que permitan que puedan reducir los precios y organizar y controlar este tipo de servicio de forma tal que mejore en calidad y seguridad. Nos hemos propuesto como un nuevo estilo de trabajo estar atentos a las opiniones y sugerencias que el pueblo hace, para que con la participación ciudadana poder identificar los problemas y encontrar la mejor solución a estos.
Los boteros son necesarios para el transporte en la capital, pues mueven una gran cantidad de personas cada día. Autor: Jorge Aguirre/Cubadebate.
Los boteros son necesarios para el transporte en la capital, pues mueven una gran cantidad de personas cada día. Autor: Jorge Aguirre/Cubadebate.
Rutas de los boteros en La Habana. Autoras: Yisell Martínez y Lisandra Andrés.
Rutas de los boteros en La Habana. Autoras: Yisell Martínez y Lisandra Andrés.
Los boteros son los únicos que brindan una oferta viable para trasladarse rápido en La Habana. Foto tomada de Cubahora.
Los boteros son los únicos que brindan una oferta viable para trasladarse rápido en La Habana. Foto tomada de Cubahora.
En determinados horarios es bien difícil subir a un taxi. Existe una sobredemanda que influye en la subida de los precios. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
En determinados horarios es bien difícil subir a un taxi. Existe una sobredemanda que influye en la subida de los precios. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Los pasajeros suelen sentirse incómodos e inseguros en este tipo de taxis. Foto: Fernando Medina/Cubahora.
Los pasajeros suelen sentirse incómodos e inseguros en este tipo de taxis. Foto: Fernando Medina/Cubahora

*Periodista de Cubadebate, graduado en 2015 en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

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miércoles, 26 de agosto de 2015

Cuba es humanidad

Por  Pablo González Casanova*

Entre los muchos problemas que enfrentamos a nivel mundial se encuentra el fin del cruel bloqueo de Cuba por Estados Unidos –un bloqueo que duró más de cincuenta años-. La reanudación de relaciones diplomáticas, familiares, turísticas, comerciales, culturales y financieras entre ambos países nos provoca una mezcla de júbilo por el cese de la agresiva medida y una natural preocupación sobre la mejor forma de seguir construyendo y luchando por la libertad, el socialismo y la emancipación.

Los avances de Cuba durante estos cincuenta años son por todo el mundo reconocidos. En medio del cerco y los incesantes asedios del imperio, la pequeña Isla del Caribe logró uno de los primeros lugares en la lucha contra la desigualdad y por la seguridad social; alcanzó los más altos índices de alfabetización y escolaridad, realizó la más profunda reforma agraria y dio uno de los más fuertes apoyos económicos y técnicos a los agricultores y trabajadores del campo; consiguió una reducción óptima del desempleo; redujo la criminalidad de delitos del orden común y dio un grado de seguridad interna a sus habitantes, poco común en otros países; alcanzó altos niveles en la educación universitaria así como en la preparación de técnicos, ingenieros, médicos y otros profesionales; impulsó las artes y las ciencias y realizó numerosos descubrimientos científicos reconocidos a nivel internacional, sobre todo en el terreno biológico y en la medicina. Música, ballet, teatro, cine y otras bellas artes, así como innumerables deportes, merecieron un fuerte impulso del Estado.

Pero si todos esos logros son innegables y realmente impresionantes, desde el punto de vista de la emancipación humana, para muchos no son de creer.
Hoy, en Cuba vive un pueblo cuya conciencia se ha convertido en voluntad, su voluntad en inteligencia y su inteligencia en organización. Y si semejante afirmación parece exagerada piénsese por qué Cuba, no sólo ha logrado resistir durante más de medio siglo el bloqueo y las numerosas agresiones de que ha sido objeto, sino en este año de 2015 en que todos los países del mundo son capitalistas, y en que ya todos los que fueron o se dijeron socialistas han restaurado abierta y hasta agresivamente el capitalismo, Cuba es el único que sobrevive en medio de esa tragedia humana. Y es que la Revolución Cubana, lejos de ser la última marxista-leninista (ya debemos acostumbrarnos) es la primera de un nuevo tipo de revoluciones que inició el “26 de Julio”. En ella, no fue sólo un decir que José Martí es el autor intelectual de la Revolución Cubana; es el impulsor histórico de la actual moral de lucha y cooperación, y de coherencia  impresionante entre lo que se dice y se hace.

La moral fuerza es, además, una fuente motriz que a partir del pensar de los actores, en lucha por su propio país, los lleva a seguir aquel otro precepto de inmenso valor: el de “Patria es Humanidad”.  Al postularlo enriquece el enlace del internacionalismo proletario y la inmensa cultura en que destacan Marx, Lenin, el Che y, a la cabeza ayer y hoy, el propio Fidel.

De la junta de humanismos surge una manifestación Latinoamericana del socialismo, que entre sus variadas fuentes cuenta con el liberalismo radical y otros humanismos que incluyen  al Padre Varela y al humanismo cristiano que más tarde, y por su parte, se expresa en la teología de la liberación. Esa es la realidad, si nos dejamos de mitos y de dogmas; esa es la esperanza, si ahora repensamos lo que pasó y por lo que se luchó y consideramos lo que puede pasar, y por lo que se debe luchar.

Los hechos son ciertos y las propuestas vienen de un futuro que ya llegó. El futuro que entrevemos nos permite explorar el qué hacer y el cómo hacerlo. Primero nos lleva a fijarnos en el momento que vivimos y a reparar en la política que sigue el complejo empresarial-militar-político y mediático de Estados Unidos de Norteamérica. De inmediato advertimos que en este mismo momento Estados Unidos está pasando más y más a la ofensiva en su proyecto globalizador neoliberal. Sus triunfos son innegables en la Unión Europea, donde ya es el jefe militar de la OTAN y en que con la lógica de “la eficiencia” hace que los Jefes de Estado impulsen por sentido común las empresas de la paz y la guerra, e impongan más y más la política neoliberal de la “acumulación por desposesión” o saqueo, que Estados Unidos encabeza.

Día a día más obsecuentes y sujetos a Estados Unidos. Los países dominantes en la Unión Europea no sólo se pliegan a su creciente fuerza financiera, militar, política y mediática, sino que destruyen su propio proyecto de una Europa Unida con sus presiones sobre Italia y España y su cruel maltrato de Grecia.

Desconocimiento y descalificación de la democracia en Grecia, acaban de convalidar su inexorable imperio financiero sobre los países endeudados a quienes habían ya impuesto una  política fiscal, financiera y monetaria que los llevaba al abismo de la deuda pública y a romper el compromiso de mantener un equilibrio presupuestal. Su creciente asedio a los partidos que proponen una política socialdemócrata está desprestigiando a éstos de tal manera que al “fin de las ideologías” se añade cada vez más el fin de los partidos que luchan por resolver los problemas sociales y nacionales y no cumplen en nada. Que esa responsabilidad es atribuible a la propia Europa y a sus clases dominantes, desde la tristemente famosa Thatcher mal llamada dama de hierro, no cabe duda, pero que seguir esa política primero impulsada por Estados Unidos con Pinochet en Chile, nos presenta un panorama en que el predominio de Estados Unidos es cada vez mayor, y en que ante el desprestigio de los partidos con membrete de izquierda  tiende a suceder --entre los desheredados, los pequeños propietarios y el “Lumpen”--el predominio de nuevos líderes y clientelas neofascistas, como ya ocurre en Francia y se manifiesta cada vez más en Estados Unidos.

En medio de una crisis a la vez financiera, económica, ideológica y política –en que no deja de tener un peso inmenso la restauración del capitalismo en Rusia y China, los demás países gran “campo socialista” y los gobiernos de la Trilateral y de Bandung-, los proyectos globalizadores adquieren un carácter particularmente violento con la resistencia que muestra Rusia a ser tratada como si fuera una república bananera y hace alarde para ello de su inmenso poderío nuclear.

Lejos de detenerse, la política de la globalización continúa y juega con el individualismo y con la lucha de clases para su cosecha. El “individualismo”, el clientelismo, el particularismo, el sectarismo constituyen un arma de muchos filos capaz de destruir las luchas de liberación y las de la clase obrera y los pueblos despojados y  oprimidos  o, las más amplias de los pueblos por sus soberanía y las de los trabajadores que se limitan a la defensa de sus derechos, o las de las de las comunidades por sus territorios y su autonomía,  o las más antiguas por la Patria Chica, la Patria Grande y la Humanidad,  a las que dividen y enfrentan para vencerlas.

Parecida fuerza a la del individualismo tiene otra arma que en términos genéricos es la corrupción. En ella destacan la colusión, la cooptación, el soborno, el cohecho, el mercado negro y sus mercaderes de mayoreo, y hasta llega a quienes usan la economía informal para resolver  problemas  apremiantes que los llevan a ceder y comprar artículos de primera necesidad y que no por ello dejan de desmoralizar a una parte de la población que tiene parecidas carencias y menos o ningún recurso. La profusa y seductora publicidad que al mismo tiempo hace la sociedad de consumo –sin aclarar que del mismo sólo goza una mínima parte de la población- llega a despertar sueños ilusos sobre todo entre los jóvenes que no vieron ni vivieron la inmensa miseria en que estaba Cuba antes de la Revolución, y la que vive la inmensa mayoría de la humanidad. La publicidad -con el individualismo y la corrupción-, es la mejor arma del Complejo empresarial militar.

Allí no queda todo. La globalización neoliberal está extendiendo y acentuando el uso de otra de sus armas principales: la privatización.

La privatización es −como el individualismo y la corrupción− un arma de muchos filos  que se utiliza en formas abiertas y encubiertas, legales e ilegales, y en este momento hegemónicas entre los dirigentes de los complejos y corporaciones dominantes,  y en los asociados a ellos y sus subalternos, o que  dependen de ellos y dominan  en todos los continentes del mundo.

Los promotores y protectores de la privatización, en este mismo momento, están proyectando −con los gobiernos de cincuenta países− aumentar todavía más el poder y la propiedad de los señores y dueños que tienen como móvil la maximización de utilidades y riquezas. Según la prensa, los gobiernos de cincuenta países se están reuniendo en secreto para elaborar un plan de privatización de todas las actividades económicas a su alcance. Quieren llevar al máximo y a la organización global un proyecto de por sí ya muy avanzado: que las corporaciones tengan a su cargo toda la producción, la distribución, el intercambio, los servicios y el consumo que en el mundo existe.

Imaginar cómo sería un mundo así sería pensar en un inmenso quiebre histórico en que sobre la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción se montaría la contradicción entre las fuerzas de represión y las relaciones de represión, fenómeno que de por sí ya se está dando con la construcción de soldados que son robots y que tienen capacidad de distinguir (eso piensan sus productores) a quienes deben eliminar y a quienes deben respetar e incluso defender.

Pero no es necesario imaginar semejantes peligros para reconocer aquéllos a que ya nos enfrentamos y de que hay amplias y repetidas pruebas. No me refiero sólo al cambio climático y sus consecuencias para la vida en la Tierra, ni sólo me refiero a la gran cantidad de bombas nucleares y sistemas de lanzamiento que numerosos países tienen con muchos de sus gobernantes y ayudantes que rezuman una creciente cultura del odio, del sectarismo racial, religioso, machista, sádico, xenófobo, por lo demás bien armado y bien provisto de municiones y sustancias letales cuyos productores y proveedores gozan de buena salud y bella vida.

Todo ocurre en medio de supuestas religiones que ni sus rituales cumplen ni sus sagrarios dejan a salvo. Se da con un terrorismo natural y comercial que al amparo de las corporaciones y gobiernos rinde beneficios billonarios de que las huestes no gozan, empeñadas como están en destruirse unas a otras y en destruir sobre todo pueblos, presas, calles, casas, ciudades y zonas arqueológicas de sus propios antepasados.

Esos horrores acostumbrados, y muchos más, que hasta los científicos y especialistas de las comisiones intergubernamentales convalidan,  son mirados e incluso  negados, de la manera más irresponsable que quepa imaginar, por los ideólogos y apologistas del sistema y por sus víctimas subalternas en quienes también domina una especie de patología cognitiva,  que hasta los lleva a perseguir, con todos los descalificativos, y por todos los medios a su alcance a quienes no ven como inevitable el ecocidio antropogénico que amenaza la vida en la Tierra.

Crisis ecológica y crisis social plantean la inminente  necesidad de otra organización del trabajo y de la vida en el mundo, en que no predomine la lógica y la cultura de la maximización de utilidades y riquezas sino la que en busca de la libertad humana se desarrolló desde los inicios del capitalismo mercantil y usurario, y en la cultura, desde el  Renacimiento y la Ilustración hasta el nuevo pensamiento revolucionario, que con Cuba y los Zapatistas, encabeza hoy en Roma el Papa Francisco, y que es cultivada cada vez más por esa juventud que empezó a andar en 1968 y a la que hereda la que hoy no sólo va a prever el futuro sino va a vivir el futuro.

Es en estas condiciones como se advierte que Cuba no debe limitarse a una cultura de la resistencia, sino desempeñar como Estado Nación, un doble papel mundial que ningún otro país puede realizar, y es, en primer lugar, el de ser la  sede de encuentros entre las fuerzas que luchan en su tierra por un mundo mejor y que no por haber recurrido a las formas violentas porque les niegan el derecho de luchar en formas pacíficas, dejan de estar dispuestas a negociar y a defender en formas pacíficas el interés general de comunidades, ciudadanos, pueblos y trabajadores. La experiencia cubana en ese terreno –así como en la resistencia y construcción del socialismo y sobre todo la verdadera democracia y soberanía de esa nación- hace de ella la Isla de la Tierra más adecuada para dar hospitalidad a semejantes tareas.

A la enorme capacidad que tiene Cuba para contribuir a resolver ese proyecto se añade otro no menos sino igual o más importante. En Cuba puede darse la última tabla de salvación para la vida humana y emprender la creación de un organismo autónomo mundial en que los expertos más destacados y responsables de las variadas posiciones críticas y científicas que existen en el mundo diseñen los modelos de una transición pacífica a un modelo de organización de la vida y el trabajo que asegure la vida en la tierra y aleje los actuales peligros de destrucción de la biósfera y del ecocidio.

Que semejantes proyectos suenen a pura ilusión, ingenuidad y utopía es un juicio digno de reconsiderar ahora que se acaba un cruel bloqueo que duró más de medio siglo y más de veinte años de la restauración mundial de países que se decían socialistas y cuyos dirigentes han llevado a cabo la acumulación primitiva más cuantiosa de toda la historia.

Que la revolución cubana es del todo diferente es algo que no se necesita probar porque ya se probó. Sus nuevas relaciones con Estados Unidos se dan sin que la doblaran ni la quebraran.

Es hora de la utopía, del proyecto que no parece realista y que es el único que puede salvar --con la libertad-- la vida en nuestro planeta. Toda la historia de la emancipación y de la humanidad ha empezado con utopías. Esta no será la excepción.

Las utopías abrieron metas sin saber cómo seguir. Por eso y para pensar qué hacer y cómo hacer es necesario por lo pronto luchar por la paz y prepararse para la guerra defensiva, por si acaso. Y hacerlo sin esas divisiones de intereses que hicieron perder a Espartaco.


* Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Tomado de Alainet
Imagen agregada: Foto de Ismael Francisco/Cubadebate

martes, 9 de diciembre de 2014

Damas de Blanco pretenden sabotear Festival de Cine de La Habana

El cine Yara en la céntrica esquina de 23 y L, en La Habana
La contrarrevolución cubana no se anda por las ramas para declarar que el próximo 10 de diciembre saboteará el derecho del pueblo cubano a disfrutar de esa fiesta internacional de la cultura que es el Festival Internacional de Cine de La Habana.
 
Según twitters publicados hace unos días, miembros del grupúsculo de las llamadas Damas de Blanco, usando como pretexto la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos, atentarán nuevamente contra la paz ciudadana en la céntrica esquina habanera de 23 y L.

Lo que no ha dicho aún ni dirá ningún mercenario, ni en Twitter ni en ninguna otra parte, es que las también conocidas como Damas del Verde recibieron este mes de la Fundación Nacional Cubano Americana, una organización terrorista radicada en Miami, 1 500 dólares para pagar los “ideales” de sus seguidoras. Ni que con tales acciones intentan lavar  la deteriorada imagen de Berta Soler y de su sargento mayor, Laura Labrada Pollán, dignos ejemplares de la fauna de ladrones y estafadores que no vacilan en apuñalarse entre ellos por una visa.

El anuncio de las provocaciones tiene lugar poco después de una reunión de contrarrevolucionarios cubanos efectuada en México bajo el amparo de la Fundación Konrad Adenauer y donde los defensores a sueldo de los intereses del gobierno de Estados Unidos en la Isla, ratificaron su intención de, a través de la “lucha no violenta”, intentar implementar las estrategias del “golpe suave”, eufemismo con que se denomina a la situación de crisis que suele preceder a genocidas invasiones de la OTAN.

En momentos como los que vive hoy Estados Unidos en los que el racismo y la más criminal represión policial provocan multitudinarias protestas en varias ciudades norteamericanas, llama la atención el cinismo de un gobierno que paga marionetas para sabotear las manifestaciones de un pueblo culto que ocurren ahora mismo en los cines de la capital cubana.

Si los anexionistas cubanos tuvieran tan sólo un ápice de vergüenza deberían manifestarse, en defensa de los derechos humanos, ante la sede de la Oficina de sus pagadores en La Habana. (MHL)
 
Tomado de Cambios en Cuba
 
Una prueba más de quiénes son las Damas del Cheque en Blanco:
 
Esta es la atención que les da el pueblo cubano:
 
 
 
Esta, la de la prensa extranjera:
 
 
 
Baste para evidenciar el carácter de show mediático y como dice Lagarde justifican el salario del mes y buscan "aguinaldo"