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viernes, 22 de enero de 2016

"Cuenta regresiva para cerrar Guantánamo" campaña para que Obama cumpla su promesa


Por Norelys Morales Aguilera
 
"Cuenta regresiva para cerrar Guantánamo" antes de que Barack Obama deje la presidencia en 2017, es una campaña que convoca a la gente a tomarse fotos con letreros pidiendo el cierre de la prisión en la base que ocupan los Estados Unidos en Cuba, entre otras iniciativas.
Los impulsores son un grupo de abogados, periodistas, militares jubilados y personas interesadas, que creen que Guantánamo socava los valores de Estados Unidos y perjudica a su seguridad nacional, y debe ser cerrado sin más demora, según indica el sitio web http://www.closeguantanamo.org

Tom Wilner y Andy Worthington (@GuantanamoAndy) han sido los principales impulsores de la iniciativa. Wilner, es abogado, y fue Consejero de Registro para los presos de Guantánamo en sus casos ante la Corte Suprema en 2004 y 2008. Mientras, Worthington es un reconocido periodista de investigación independiente, autor del libro "The Guantánamo Files", y co-director (con Polly Nash) de la película documental "Fuera de la ley: Las historias de Guantánamo".

En enero de 2012 fue emitida una declaración [Ver en Pdf] para lanzar la campaña y crearon el sitio web, respaldada por numerosas personas y las organizaciones. En esa fecha solo se reflejaban los cambios en el número de prisioneros y aquellos a quienes se concedía libertad, pero el cambio de la campaña pretende que el cierre de Guantánamo sea realizado por Obama, quien hizo la promesa hace durante su carrera a la Casa Blanca, hace siete años.

El famoso músico Roger Waters, uno de los fundadores, bajista, cantante y compositor de la emblemática banda de rock Pink Floyd, ha contribuido al lanzamiento de la campaña "Cuenta regresiva para cerrar Guantánamo",

Al cumplirse una aniversario de la orden ejecutiva firmada por Obama, sin que se haya clausurado el tenebroso penal, Democracy Now! entrevistó a al músico, Waters y al promotor, Worthington, considerado una autoridad en los temas de Guantánamo. El video que sigue recoge esa entrevista, en inglés.


jueves, 4 de julio de 2013

Alberto Korda: Click… e inmortalizó al Che

Por Gloria Analco*


Un hecho muy singular ocurriría ese día que estaba marcado por la tragedia.

El fotógrafo Alberto Korda llevaba varias horas sin dormir, a causa de que el día anterior -4 de marzo de 1960- había estallado el barco francés La Coubre, cuando descargaba armamento y explosivos en el Puerto de La Habana.

En la esquina de 12 y 23, en El Vedado, se improvisó una tribuna donde Fidel pronunciaría el discurso de despedida de duelo de las víctimas.

La histórica esquina se había llenado con los ruidos y las voces de la muchedumbre afectada por los acontecimientos de la víspera, y que guardó silencio cuando Fidel se dispuso a hablar.

Sobre la tribuna estaba la plana mayor de los revolucionarios, donde también se encontraban Simone de Beauvoir y Jean Paul Sastre. Fue una casualidad que esos hechos, que involucraban a cubanos y franceses, coincidieran con su visita a La Habana.

Era aquel el mejor momento de la jornada de luto para Korda. A placer tomaba fotografías sin saber todavía que en breves instantes más capturaría la imagen que iba a contribuir a inmortalizar al Che, y que se convertiría en la fotografía de mayor circulación en la historia.

Fidel se encontraba en su sitio respectivo, llenando la escena con su altísima figura, y elevaba la voz a todo lo que daba para que ni una sola alma dejara de escucharle.

“Hay instantes que son muy importantes en la vida de los pueblos, hay minutos que son extraordinarios, y un minuto como ese es éste, minuto trágico y amargo que estamos viviendo en el día de hoy”, comenzó a decir Fidel con voz vibrante.

Korda se esmeraba en tomarle a Fidel la mejor fotografía, que seguramente ocuparía la primera plana del periódico Revolución del día siguiente, en la que, desde luego, debían aparecer también los famosos intelectuales franceses.

El fotógrafo procuraba que sus tomas resultasen interesantes en los detalles de manera que pudieran reflejar la magnitud de lo que estaba aconteciendo, según él mismo me contaría en la misma esquina, 36 años después.

Era un momento excepcional, que había traído calamidades y muerte.

El Che veía la situación como una gigantesca trama urdida desde Washington, al igual que Fidel, que en esos momentos no lo estaba poniendo en duda. Algo, en fin, que constituía un hecho susceptible de una profunda reflexión.

“¿A qué se debía aquella explosión?”, preguntaba Fidel a la audiencia. “Se sabe que los explosivos explotan, y es posible imaginarse que puedan explotar fácilmente. Sin embargo, no es así”, afirmaba Fidel sin asomo de duda.

Entonces procedió a dar detalles muy precisos de por qué había sido un sabotaje. Fidel había evidenciado la mano de la CIA en el estallido de La Coubre.

Estados Unidos se había negado a venderle armas a Cuba, por lo que se había visto obligada a comprárselas a Francia, país que no había puesto ninguna objeción.

Apenas unas cuantas semanas atrás, Fidel le había ofrecido un tour por la isla a Anastas Mikoyan, Vice Primer Ministro y Canciller de la otrora Unión Soviética, dando a entender que si los norteamericanos no variaban su política de presiones, irremisiblemente caerían en los brazos de la URSS.

Sin embargo, el Departamento de Estado norteamericano se mostraba todavía más hostil en una política ilógica, al predominar más la soberbia que el sentido común.
Lo ocurrido con La Coubre constituía la tarjeta de presentación estadounidense de una confrontación que dejaba de ser simplemente económica.

“Cuando se trata de un régimen revolucionario, justo… que tanto se ha esforzado por defender los intereses del pueblo… de nuestro pueblo sufrido y explotado, explotado por los monopolios, explotado por los latifundios, explotado por los privilegiados, un régimen que ha librado al pueblo de todas esas injusticias… un régimen humano, lo combaten. ¡Vaya democracia que ayuda a los criminales y ayuda a los explotadores!”, afirmaba Fidel en aquellos momentos de luto.

A medida que el duelo por las víctimas iba transcurriendo y se sentía la fuerza de las palabras de Fidel, el rostro del Che iba adquiriendo un aspecto muy particular.
En esos momentos de reflexión, el Che estaba sabiendo muchas cosas, al igual que Fidel, sólo que Fidel las estaba diciendo con palabras, y, entre tanto, el Che las había concretado en una mirada.

Pero si tenían que ganar en experiencia, en aquellos precisos momentos ellos se estaban convirtiendo en revolucionarios más hechos y maduros todavía. El estallido de La Coubre era un aviso de que Estados Unidos estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que la Revolución fracasara.

“Quiere decir que si nosotros hacemos leyes aquí, si nosotros tomamos medidas en beneficio de nuestro pueblo, ellos se arrogan el derecho de matar de hambre a nuestro pueblo”. “Es decir que, utilizando la ventaja económica de que disfrutan a consecuencia de la política de monocultivo y de latifundio y de subdesarrollo que siguieron aquí, tratan de restringir los derechos de nuestro pueblo a actuar de manera independiente y soberana, bajo la amenaza de matarnos de hambre. ¿Qué quiere decir eso, si no una Enmienda Platt económica?”.

Fidel ya visualizaba que el embargo económico por parte de Estados Unidos contra Cuba ya venía en camino.

Todas esas cosas también pasaban por la mente del Che, acomodado unos pasos a la derecha de Fidel, pues se trataba del inevitable proceso que iba a perpetuar la guerra.

El Che se quedó ensimismado en sus propios pensamientos, con la mirada puesta en alguna parte, cuando Korda lo vio.

Acostumbrado a observar con detenimiento en una ráfaga de tiempo, sintió que aquella imagen que le ofrecía el líder guerrillero quedaría almacenada en la historia.

Korda me confió que ese pensamiento le vino después, ya que de momento “observé aquella expresión en el Che y me quedé perplejo. No atinaba a reaccionar. Se me olvidó momentáneamente que yo era un fotógrafo, pero tuve la suerte de que él permaneció largo rato así, y entonces pude tomar la fotografía”.

Lo que expresaba el rostro del Che no era para menos. Si los revolucionarios cubanos continuaban en su destino, no cabía duda que las cosas se pondrían todavía más difíciles para ellos. Entonces era un momento que causaba muchas preocupaciones, sobre ellos había negros nubarrones, y el Che sintetizaría esas circunstancias en una mirada.

Nadie ha podido descifrar suficientemente con palabras lo que el Che proyecta en su histórica fotografía, pero paradójicamente muy pocas personas pueden prescindir de ella.

Es la fuerza de la imagen que no nos mira, pero que nos lleva a un lugar en el que, por alguna razón desconocida, quisiéramos estar.


Reportera mexicana, publica en Uno más uno y otros órganos de prensa. Colaboradora habitual de Cuba coraje

domingo, 24 de marzo de 2013

Mella: Ese muchacho sobre la hierba

¿Desde cuándo Mella formó parte de mi imaginario paradigmático? Tal vez desde los días juveniles en los que, antes que el legendario revolucionario, nos atrajo el guapo joven que derrochaba fuerza y carisma... Luego, en mis días de estudios pedagógicos, nos llegó su pensamiento y su acción revolucionaria, y creció su figura... y ningún homenaje me pareció más digno que verlo primero junto a Camilo y luego junto al Ché, en la simbólica imágen de nuestras juventudes comunistas... Hoy, no encuentro homenaje mayor a su figura que este texto de una de las periodistas cubanas que más admiro, desde mucho antes de estas lides en la web:

Ese muchacho sobre la hierba
Por Alina Perera

DSC01796Hay una imagen fotográfica de Julio Antonio Mella que resulta, para mí, la más bella de todas las que conozco de él. Está fechada en 1928. Es él acostado sobre la hierba, con los ojos cerrados, con el torso desnudo y un brazo delicadamente extendido hacia delante, por cuyo gesto queda una axila al descubierto y se produce una revelación finísima de la textura de la piel y las vellosidades que la pueblan.

Son las mismas pestañas conocidas, el brillo en el mentón firme y en el pelo ensortijado. Son los mismos labios delineados y carnosos. Pero la pose sobrecoge: es la belleza serena y desplegada, y la prueba de que un revolucionario tan intenso y fecundo, tan intransigentemente plantado en su antiimperialismo y amor patrio, no concebía una vida mejor, un mundo futuro, sin la premisa de lo bello como derecho legítimo, no como herejía o detalle suntuoso.

Así lo dije hace algún tiempo. Porque de Julio Antonio, nacido el 25 de marzo de 1903, siempre me ha deslumbrado cómo es que la profundidad, el compromiso más recto, no estuvieron en contradicción con el amor por la vida, y por todo lo hermoso que esa vida pudiera entrañar.

Un testimonio dejado para la posteridad por un profesor universitario que conoció al excepcional comunista nos lo muestra como una persona equilibrada, con un apetito envidiable, y con una excelente salud. También se sabe que era alegre, entusiasta, amante del deporte, que hablaba como abrazando, que siempre buscaba el tiempo para leer, que era sumamente sensible y que, como su pasión era la justicia, defendía sus ideas con fuerza que podía llegar a ser telúrica.

En una frase preciosa y breve, el intelectual cubano Alfredo Guevara describió a Mella durante la inauguración de una exposición fotográfica en La Habana (entre cuyas imágenes —todas tomadas por Tina Modotti— estaba la que he mencionado): «Fue un mago: en poquísimo tiempo hizo de todo. Construyó estructuras de lucha antiimperialista; participó del apoyo a Sandino; fundó la FEU y el Partido Comunista, participó de la I Internacional... Y no duró nada, pero eso que duró vale por mil años».

En Julio Antonio, en ese muchacho que vivió como quemándose en pos de un afán liberador, que descubrió y entendió a Martí como pocos, encontramos camino hacia nuestras raíces, y también sentidos para continuar una lucha proyectada al futuro. Hay que volver a él; estudiarlo con paciencia. Hay que subrayar su exhortación a que fuésemos seres pensantes, no seres conducidos, porque esa convocatoria adquiere un tono particular en la Cuba actual tan necesitada de creatividad, de verdades compartidas, de propuestas y audacias nacidas desde cada uno de nosotros.

Hay que volver a él, a su gusto por lo poético, a su entusiasmo, a su capacidad de amar, a su pudor (palabra que habla de las sutilezas del alma y que algunos han intentado desterrar del mapa social mientras ostentan cualquier cosa, ya sea un rasgo físico o una posesión material).

Julio ofrece claves sobre una belleza redonda: se puede defender una gran causa sin que ello implique chatura, aburrimiento, falta de pasión o falta de elegancia. Se puede ser un enamorado de lo grande, suerte que solo será posible si antes se vivió un enamoramiento por múltiples jornadas pequeñas, por diversos detalles, por anhelos cotidianos y tangibles que condimentan la vida misma del día a día.

«Te quiero, serio, tempestuosamente. Como algo definitivo». Vuelve como una ola, desde el pasado, la declaración amorosa del gran luchador a su última novia, Tina Modotti. Se nos ha quedado esa frase en el corazón, casi como bandera, porque en esa capacidad de amar encontramos la sustancia del hombre grande, encontramos la certidumbre y la decisión de entregarse: virtudes cardinales para seguir haciendo el mundo que soñamos y que nos urge.

Fuente Juventud Rebelde