
Imágenes como estas pueden observarse luego del 17 de diciembre pasado. Foto: Franklin Reyes/AP
Luego
del anuncio del 17 de diciembre, han ocurrido numerosos y relevantes
acontecimientos que han contribuido al mejoramiento de las relaciones
entre ambos países, en especial las visitas a Cuba de congresistas,
gobernadores, delegaciones comerciales norteamericanas, así como las
rondas de conversaciones sostenidas en la Habana y Washington para
discutir sobre asuntos migratorios, la reanudación de las relaciones
diplomáticas, derechos humanos, entre otros asuntos. Pero el principal
hecho histórico, único desde el triunfo de la Revolución Cubana el 1ro
de enero de 1959, fue el encuentro cordial y las conversaciones
respetuosas sostenidas por el General de Ejército, Raúl Castro y el
presidente Obama, durante la celebración de la Cumbre de las Américas en
Panamá. Una visita a Cuba del presidente estadounidense en el 2016,
marcaría otro hito histórico en las
relaciones Estados Unidos-Cuba.
Sin
embargo, a pesar de los notables avances y del ambiente de optimismo
que se respira, lo esencial aun no se ha resuelto, como señaló el
General de Ejército, Raúl Castro, en su alocución del 17 de diciembre.
El bloqueo continúa y el camino hacia la “normalización” parece ser un proceso largo y complejo. “
Nuestro pueblo debe comprender que –añadió Raúl en su discurso ante la Asamblea Nacional el 20 de diciembre-
,
en las condiciones anunciadas, esta será una lucha larga y difícil que
requerirá que la movilización internacional y de la sociedad
norteamericana continúe reclamando el levantamiento del bloqueo”.
[i]
Por
otro lado, es oportuno recordar que el 14 de julio de 2009 Cuba
presentó oficialmente al gobierno de los Estados Unidos una propuesta de
agenda, con los temas que serían claves para la Isla en un proceso de
diálogo con los Estados Unidos, demostrando algo que ha sido una
constante: la voluntad del gobierno cubano a buscar algún tipo de
entendimiento con los Estados Unidos sobre la base del respeto a los
principios y la soberanía.
[ii] La agenda comprendía los siguientes puntos:
-Liberación de los antiterroristas cubanos presos en cárceles estadounidenses.
-Levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero.
-Exclusión de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
-Abrogación de la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados”.
-Devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo
-Fin de la agresión radial y televisiva contra Cuba
-Cese del financiamiento a la contrarrevolución y a la subversión interna.
-Compensación a Cuba por los daños del bloqueo y las agresiones.
-Restitución de los fondos congelados robados.
Como
puede observarse, de esta agenda solo se ha hallado solución al primer y
tercer tema. Todo lo demás, aun está pendiente de solucionarse junto a
otros asuntos que estarán en la agenda de Washington como las
reclamaciones por las propiedades estadounidenses nacionalizadas a
inicios de la Revolución.
De todos ellos, el bloqueo, representa
el principal impedimento para una mejor relación entre ambos países.
Cuba sigue negociando con los Estados Unidos, en condiciones
desventajosas, con un puñal colocado en su garganta.
Pero lo
cierto es que, hasta ahora, las medidas anunciadas e implementadas por
la administración Obama, se limitan a determinadas áreas, cuando el
presidente norteamericano, de hacer uso de sus amplias facultades
ejecutivas podría convertir el bloqueo en una especie de cascarón vacío.
¿Por qué no lo hace? ¿Por qué, por ejemplo, no utiliza esas facultades
ejecutivas para permitir que Cuba utilice el dólar en sus transacciones
financieras con otros países? Si esos aspectos del bloqueo que aun hoy
permanecen inamovibles, pretenden ser utilizados como carta de
negociación, sería un error lamentable, pues Cuba nunca a dado paso
alguno, ni ha negociado jamás sobre la base de la imposición, la fuerza o
el chantaje.
Además de la aberrante
Ley Helms Burton,
otras regulaciones posteriores impiden que Obama pueda levantar las
restricciones a los viajes de turismo de los ciudadanos estadounidenses a
Cuba. Este obstáculo no lo tuvo Carter durante su mandato y ello le
permitió, en marzo de 1977, eliminar de una sola vez todas las
restricciones que existían para viajar a Cuba. Sin embargo, a diferencia
de Obama, Carter sí tenía la facultad ejecutiva que le permitía
eliminar el bloqueo, pero no lo hizo.
El restablecimiento de las
relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas parece ser una
cuestión fácil, no así el proceso hacia la “normalización” de las
relaciones. De hecho, considero que al tratarse de un conflicto de
naturaleza sistémica, hacia donde nos dirigimos es hacia un
modus vivendi
entre adversarios ideológicos o una relación más civilizada entre
contrarios. Cuba y los Estados Unidos jamás han tenido una relación
normal, no la tuvieron en el siglo XIX, tampoco en el XX, y mientras la
esencia del conflicto siga siendo hegemonía versus soberanía, mucho
menos será posible hablar de una normalidad en las relaciones. Utilizar
hoy ese concepto en su acepción clásica puede resultar engañoso y
confuso. Cuba ha defendido siempre una normalización, que en nada se
ajusta a la visión estadounidense del término. Estados Unidos
históricamente ha entendido la normalización de las relaciones con Cuba
sobre la base de la dominación o la injerencia.
Si bien
existen como nunca antes posibilidades para que el proceso hacia la
“normalización” de las relaciones avance, no son pocos los obstáculos
-además de las legislaciones y los puntos de la agenda aun no resueltos-
que también funcionan a la hora de adormecer, torpedear o poner en
riesgo cualquier mejoría de las relaciones, aunque ninguno de ellos
constituye una barrera infranqueable. Todos estos temas complejos,
pueden ser superados con el paso del tiempo, si la voluntad política y
el contexto lo favorecen.
Podemos aventurarnos y presentar algunos de ellos, aunque quizás no sean todos:
-
La cultura política
enraizada en buena parte de los círculos de poder de los Estados Unidos
de que Cuba debe pertenecerles o de lo contrario a ajustarse a los
intereses hegemónicos de los Estados Unidos. Lo que el Dr. Carlos
Alzugaray, denomina el
Síndrome de la Fruta Madura.[iii]
-
El condicionamiento de la política o la política del condicionamiento.
La vetusta idea de que para que exista una normalización plena de las
relaciones entre ambos países, Cuba debe estar dispuesta ceder espacio
soberano, tanto en el escenario doméstico, como en su política exterior.
Ahora el foco de esas exigencias está más dirigido a la primero que a
lo segundo.
-
La diplomacia del quid pro quo.
Pretender que ante cada paso tomado por el gobierno de los Estados
Unidos que signifique el desmontaje de una política agresiva que el
propio gobierno estadounidense considera fallida, Cuba debe responder
con algún paso que sea funcional a los intereses de Washington. Esto es
un enfoque totalmente contraproducente, pues Cuba no tiene ninguna
política agresiva que desmontar contra los Estados Unidos. Si se repasa
la historia de lo ocurrido durante las administraciones de Gerald Ford y
Jimmy Carter en cuanto a las relaciones Estados Unidos-Cuba, se podrá
comprender fácilmente que la diplomacia del
quid pro quo nunca ha
funcionado con Cuba. Como expresara Josefina Vidal, Directora General
de Estados Unidos, del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) de
Cuba, en una entrevista trasmitida por la televisión cubana:
“Las
relaciones entre Cuba y Estados Unidos han sido históricamente
asimétricas. Por lo tanto, no se puede aplicar un enfoque de lo que se
llama en diplomacia de quid pro quo, yo te doy algo y tú me das algo, no
se puede aplicar con automatismo, teniendo en cuenta que hay muchas más
cosas que desmontar del lado de Estados Unidos que del lado de Cuba,
porque en Cuba no tenemos sanciones contra empresas o ciudadanos
norteamericanos, tampoco tenemos un territorio ocupado en Estados Unidos
que podamos cambiar por el territorio ocupado en la base naval en
Guantánamo, no tenemos programas financiados desde Cuba con vistas a
influir dentro de la situación de Estados Unidos o a promover cambios en
el orden interno de Estados Unidos, no tenemos transmisiones radiales y
televisivas ilegales, especialmente concebidas desde Cuba hacia Estados
Unidos, sino que es lo contrario. En fin, hay un grupo mayor de
políticas y de medidas que hay que cambiar del lado de Estados Unidos
que del lado de Cuba”.[iv]
-
La política de los Estados Unidos hacia Venezuela.
Una mayor injerencia y política de agresión de los Estados Unidos
contra Venezuela, pudiera afectar el acercamiento entre Estados Unidos y
Cuba. Los estrechos y sensibles vínculos históricos, económicos y
políticos entre Venezuela y Cuba, hacen que cualquier tipo de agresión
de los Estados Unidos contra Venezuela sea visto desde Cuba, como una
agresión también contra la Isla. Para Cuba la mayor prioridad en su
política exterior va a ser siempre la integración y unidad de los
pueblos latinoamericanos y caribeños, proceso en el cual Venezuela
constituye uno de sus ejes fundamentales. El hecho de que la
administración Obama hubiera lanzado un decreto en el que se calificaba a
Venezuela como una amenaza a la “seguridad nacional” de los Estados
Unidos, indudablemente tuvo –junto a otros factores- algún efecto en el
retraso de la apertura de las embajadas en ambos países.
-
La búsqueda del cambio de régimen en Cuba,
como lo han expresado públicamente varios funcionarios del gobierno
estadounidense, en especial, la subsecretaria de Estado para asuntos del
Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson. Estas intenciones se
materializan a través de los llamados programas para la promoción de la
democracia y los derechos humanos, cada vez más cuestionados. Sin
embargo, para mi sorpresa, en una conferencia de prensa realizada
durante la Cumbre de las Américas en Panamá, el presidente
estadounidense expresó: “
En Cuba, no somos parte del negocio
del cambio de régimen. Somos parte del negocio de asegurarnos que los
cubanos tengan libertad y la capacidad de participar y formar su propio
destino y propias vidas, y de apoyar a la sociedad civil”. Más adelante
agregó: Lo que le dije al Presidente Castro es lo mismo que le he dicho a
otros líderes de toda la región. Nosotros tenemos un punto de vista y
no tememos expresarlo. Pero confío en que la manera de alzar los valores
que apreciamos es mediante la persuasión. Y ese será el primer enfoque
que tomaremos para encarar una variedad de asuntos, principalmente
porque no tienen una implicación sobre nuestra seguridad nacional de
manera directa (…) Y a menudo, cuando nos insertamos de una manera que
va más allá de la persuasión, nuestras acciones resultan
contraproducentes”.
[v]
Mi
sorpresa viene dada, en que las palabras de Obama se contradicen con
otras pronunciadas por él anteriormente y no coinciden en nada con las
de otros representantes de su gobierno, y mucho menos con la realidad.
Si el enfoque fuera solo el de la persuasión, no creo habría problemas,
pero de lo que se trata es de una injerencia desencarnada en los asuntos
internos de Cuba. Va más allá del discurso y de la expresión de una
opinión diferente y se materializa en acciones concretas como la
creación, incitación, orientación y respaldo material y financiero a
grupúsculos internos para que trabajen por el cambio de régimen en Cuba.
El caso de Alan Gross, fue un ejemplo dramático de estas acciones
injerencistas.
Surge siempre la pregunta de cómo interpretaría el
gobierno de los Estados Unidos que Cuba promoviera y respaldara
financieramente a grupos internos en los Estados Unidos para que estos
se opusieran al gobierno. ¿Sería visto este apoyo simplemente como parte
de una acción persuasiva o como una injerencia en los asuntos internos
de los Estados Unidos? Si Estados Unidos no desiste de estos programas
injerencistas, estará poniendo en riesgo todo el tiempo el éxito del
proceso de “normalización” de las relaciones con Cuba. Si la apertura de
las embajadas y luego consulados responde simplemente a un interés por
parte de Estados Unidos de aumentar las capacidades de sus
“diplomáticos” en la realización de acciones que se apartan del espíritu
y la letra de lo que establece la Convención de Viena sobre las
relaciones diplomáticas y consulares, se estará condenando también el
proceso de acercamiento al fracaso.
-
Extrema derecha. La
presencia en el congreso de elementos de la extrema derecha
cubanoamericana enemigos jurados de cualquier política que signifique
una mejoría de las relaciones con Cuba, así como los opositores del
nuevo enfoque de política hacia Cuba que tiene Obama dentro de la propia
clase dominante de los Estados Unidos y dentro del Partido Republicano.
-
La contradicción Nación/Imperio o de los auténticos intereses de seguridad nacional,
con los intereses de seguridad imperial de la clase dominante norteamericana que
marca todo el proceso de conformación e implementación de la política
de los Estados Unidos hacia Cuba. El presidente estadounidense expresó
en la conferencia citada en la Cumbre de las Américas de Panamá, que
Cuba no era un peligro para la “seguridad nacional” de los Estados
Unidos. Lo cierto es que nunca lo ha sido, al menos para la auténtica
seguridad nacional de los Estados Unidos. Todo lo contrario. Lo que si
siempre ha sido es un desafío para la seguridad imperial de la clase
dominante de los Estados Unidos, que es otra cosa. Si los Estados
Unidos, a la hora de diseñar e implementar la política hacia Cuba,
privilegiara sus legítimos “intereses nacionales” y de “seguridad
nacional”, el proceso de normalización de las relaciones con la Isla
avanzaría aceleradamente, pues paradójicamente Cuba es una garantía para
la seguridad nacional de los Estados Unidos en asuntos como la lucha
contra el terrorismo, el tráfico de personas, la inmigración ilegal, el
tráfico de drogas, el enfrentamiento a catástrofes naturales y el
combate a grandes pandemias, por solo mencionar algunas áreas. Pero en
el caso de la política hacia Cuba, aunque también hacia el resto de la
región, ha primado más la lógica de las
estrategias de seguridad imperial que las de una legítima
seguridad nacional.
La contradicción pragmatismo/idealismo en la política exterior de ambos países.
Estados Unidos se equivoca una y otra vez al pensar que Cuba actúa en
política exterior bajo el prisma del pragmatismo. Durante las
administraciones Ford y Carter, se pensó que Cuba iba a sacrificar sus
principios de solidaridad con Puerto Rico y las misiones
internacionalistas en África, a cambio de una normalización de las
relaciones con Estados Unidos. Para Cuba esos asuntos jamás fueron
negociables. Es evidente que Washington una vez más se equivocó al
pensar que Cuba iba a tener una posición más moderada en relación con el
decreto de Obama del 9 de marzo catalogando a Venezuela una amenaza a
la “seguridad nacional” de los Estados Unidos, por estar ahora
conversando con Washington para restablecer las relaciones diplomáticas.
-
El factor tiempo.
Obama cuenta con apenas un año y medio para poder hacer avanzar y
cosechar algún éxito en su nuevo enfoque de política hacia Cuba. Las
elecciones presidenciales serán en noviembre de 2016 y está por verse
quienes serán los candidatos de ambos partidos y sus posturas en
relación con Cuba. De ahí la importancia de fortalecer aún más las
variables que empujaron la decisión del 17 de diciembre y que las bases
de los puentes de relación que se construyan sean tan sólidas que hagan
bien difícil la reversibilidad del proceso. Aunque realmente no creo
existan hoy las condiciones que propicien se repita la historia de lo
ocurrido en 1981, cuando lo avanzado durante el gobierno de Carter en el
camino hacia la una relación más civilizada con Cuba, fue revertido
radicalmente por la administración Reagan.
NOTAS
[i]Discurso
del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de
Estado y de Ministros, en la clausura del IV Período Ordinario de
Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder
Popular, en el Palacio de Convenciones, el 20 diciembre de 2014,en:
http://www.cuba.cu/gobierno/rauldiscursos/2014/esp/r201214e.html, (Internet)
[ii]Además
de esta agenda de temas generales, el 13 de noviembre de 2012, en su
discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Ministro de
Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parilla, ofreció a
Washington “negociar acuerdos de cooperación en áreas del mayor
interés mutuo, como el enfrentamiento al narcotráfico, al terrorismo, al
tráfico de personas y para la completa regularización de las relaciones
migratorias, así como para la prevención y la mitigación de desastres
naturales y la protección del medio ambiente y de los mares comunes, y “retomar
las conversaciones, unilateralmente suspendidas por la contraparte,
sobre temas migratorios y para el restablecimiento del correo postal”.
Estas propuestas además se le hicieron llegar al gobierno
estadounidense en varias oportunidades y por diversas vías. Nunca antes
Estados Unidos había recibido tantos ofrecimientos concretos de
negociación por parte de Cuba, con vista a establecer una relación más
civilizada, que pondere más los espacios cooperación, que de diferendo.
[iii] Es
decir: “la percepción que existe en la clase política de que EE.UU.
tiene el derecho –o es más, el deber- de imponer su hegemonía sobre Cuba
y los cubanos debido a razones históricas, ideológicas, geoconómicas y
geopolíticas”. Carlos Alzugaray, El síndrome de la Fruta Madura, Trabajo impreso, Archivo Personal del autor.
[iv] El bloqueo no ha terminado.
Entrevista a Josefina Vidal, Directora General de Estados Unidos, del
Ministerio de Relaciones Exteriores, Granma, 3 de febrero de 2015, p.5.
Tomado de
Cubadebate
*
Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro “De
la confrontación a los intentos de normalización. La política de los
Estados Unidos hacia Cuba”.