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jueves, 19 de septiembre de 2013

Responde radio pública en Miami WLRN a reclamos por censura al profesor Stephen Kimber

Por Edmundo García*

Les voy a hablar hoy de un tema que tiene varios aspectos. Esta semana se dio a conocer un caso de censura en Miami. En La Tarde se Mueve del martes 17 y el miércoles 18 hablamos también de la censura de la noticia sobre ese acto de censura.

Por último, también me quiero referir a lo que la radio alternativa de esta ciudad pudo hacer, y logró, para que todo eso empezara a solventarse. Un resultado feliz en el duro empeño de todos los días.
Muchos saben, porque ha repercutido en la prensa cubana e internacional, que el pasado lunes 16 de este mes de septiembre el Comité Internacional por la Libertad de Los 5, a través de Alicia Jrapko y Nancy Kohn, dio a conocer que el profesor canadiense Stephen Kimber estaría realizando una gira por varias ciudades de Estados Unidos para promover su libro “Lo que hay del otro lado del Mar. La Verdadera Historia de los Cinco Cubanos”.

Como su título indica, la publicación trata de mostrar las verdaderas motivaciones de los antiterroristas y Héroes de la República de Cuba, pero tiene también un interés académico porque el autor realizó una investigación documental de más de 20 mil páginas de  registros judiciales del caso más largo en la historia de Estados  Unidos. 

El profesor Kimber ha estado haciendo sus presentaciones sin dificultad; si descontamos un incidente con la radio WLRN (Miami 91.3 FM) que le canceló una entrevista previamente acordada.

Sobre la suspensión un empleado de WLRN comunicó lo siguiente:

“Lamento informarle que el productor ejecutivo y host del programa Topical Current, Joseph Cooper, me ha pedido cancelar la entrevista con Stephen Kimber. Después de leer parte del libro y el material que lo acompañaba, [Cooper] siente que el tema es demasiado ‘incendiario’ y teme una reacción negativa por parte ciertos segmentos de la comunidad.”

Con “comunidad” el mensaje se refería realmente a los grupos de extremistas radicados en el sur de la Florida; porque la WLRN es un medio de comunicación basado aquí. Algunos de ustedes podrían pensar que entonces la noticia no tiene nada de particular, pues la radio de Miami está en poder de los anticubanos y está más que confirmado que la prensa de esta ciudad es enemiga declarada de Los Cinco.

Todo eso es cierto. Pero lo peculiar en este caso es que la WLRN es una estación pública, uno de esos medios que hasta el momento han dejado abierto al menos un resquicio, mínimo, de libertad de expresión. Como dice el colega Eddie Levy, copresentador de La Tarde se Mueve, la WLRN, afiliada a la National Public Radio, no se sostiene por anunciantes sino por subvenciones y su rol está precisamente en marcar la diferencia respecto a los medios vendidos al capital.

¿Es que acaso instituciones públicas de Miami como Florida International University, el Miami Dade College y ahora la WLRN también se van a poner al servicio de la derecha extremista? Se entiende que lo haga Radio Mambí, La Poderosa, el Canal 41, el Diario Las Américas y otros por el estilo, pero, ¿los medios públicos también?

Una vez producido el acto de censura sobre la entrevista del profesor Kimber, vino entonces la censura informativa sobre ese mismo hecho. La prensa servil de Miami tenía poderosas razones para tratar de esconder la noticia y solapar la decisión de la WLRN. Eran varios sus motivos. En primer lugar porque se trataba de un flagrante acto de censura sobre la libertad de expresión en Miami, en la propia ciudad donde viven.

Pero además porque la explicación dada por la WLRN acerca de que el tema de Los Cinco era “incendiario”, y que “teme una reacción negativa por parte ciertos segmentos de la comunidad”, confirmaba algo que precisamente han estado diciendo Los Cinco, sus abogados, los familiares y todos aquellos que miran al menos con objetividad el caso: que Miami no era una sede adecuada para realizar el juicio.

Como mismo dijo el profesor Kimber en su página web: “Ese correo electrónico dice todo lo que se necesita saber - y más - sobre por qué era imposible encontrar un jurado imparcial en Miami para el caso de los Cinco cubanos. Y por qué es más importante aún hoy - 15 años más tarde, con cuatro de los cinco aún en prisiones estadounidenses - para los estadounidenses  aprender los hechos de este caso.”

Lo primero que hizo La Tarde se Mueve (la información del Comité Internacional por la Libertad de Los Cinco salió en email el lunes 16 a las 6:55 p.m.) fue informar a sus oyentes sobre el hecho y denunciarlo. Pero además retamos a la prensa miamense, apelando a la reserva de profesionalismo y vergüenza que debe quedarle, a que reportara sobre la suspensión de la entrevista al profesor Kimber por la WLRN y se no limitara solo a denostar sobre la libertad de expresión en otros países cuando esa misma libertad se estaba violando ante sus narices.

Los emplazamos a que asumieran la noticia y el problema local, que es lo que debe caracterizar a la prensa social y comunitaria de nuestros días.

Déjenme decirles que esta posición de resistencia desde nuestra hora radial diaria empezó a darnos satisfacciones. Tanto el periódico en inglés The Miami Herald el mismo martes 17, como El Nuevo Herald en español el miércoles 18, publicaron la noticia; aunque con su parcialidad habitual. Hay que reconocer que al menos esta vez sin traducciones manipuladoras para el lector hispano, desde el título hasta el punto final.

Pero La Tarde se Mueve fue más allá. Gracias a que el colega y copresentador Eddie Levy es un oyente regular de la WLRN, movilizó una corriente de opinión para que escribieran a la misma de manera muy inteligente.

Primero, insistiendo la importancia de la radio pública en el desarrollo de la comunidad del sur de la Florida; segundo,  recordando la historia y los logros de WLRN marcando la diferencia ante la radio extremista miamense; tercero, especificando que no se trata de la WLRN en general, como institución, sino específicamente del programa “Topical Currents”, de Joseph Cooper, y muy particularmente del productor Richard Ives.

Como informó Eddie Levy ayer mismo en el Programa La Tarde se Mueve, los reclamos a la WLRN por la censura al profesor Stephen Kimber han dado resultados (ESCUCHAR aquí la intervención de Eddie en el programa de ayer miércoles a partir del minuto 20: http://latardesemueve.com/grabaciones).
A la radio alternativa de Miami le satisface comprobar que algunas cosas se pueden logar a pesar de la modestia de recursos y las amenazas de los extremistas.

Como habrán podido escuchar en la grabación recomendada, Elena Freyre, Presidenta de la Fundación para la Normalización de las Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, reclamó a la WLRN por lo que consideró un atentado contra la libertad de expresión y recibió una respuesta de John Labonia, General Manager de WLRN, de la que edito un fragmento en versión al español: “Queremos pedir disculpas a nuestros oyentes del sur de la Florida por la decisión tomada esta semana por Joseph Cooper, presentador de ‘Topical Currents’ de WLRN, de cancelar una entrevista con el autor de un libro polémico sobre Cuba que el Sr. Cooper consideró demasiado ‘incendiario’ para que esta comunidad escuchara sobre él. La decisión del Sr. Cooper se hizo sin nuestro conocimiento y de ninguna manera refleja -de hecho, contradice abiertamente- lo que somos y lo que queremos hacer en el sur de la Florida como una radio pública que informa y promueve el debate. También contrasta con los recientes esfuerzos de WLRN para dar una mayor cobertura de noticias sobre América Latina, lo que incluye foros más abiertos sobre Cuba…Como resultado de esto, la división de noticias de WLRN (a la que el Sr. Cooper no pertenece) entrevistará a Stephen Kimber este viernes en el programa ‘Florida Roundup’.” (Al mediodía: http://wlrn.org/programs/florida-roundup)

Para que conste en record, y para que los lectores tengan completo acceso a la información, reproduzco el intercambio en sus originales:

-Correo de Elena Freyre, Presidenta de la Fundacion para la Normalizacion de las Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, a WLRN: “I am appalled at the cancellation of this interview. If this is what we can expect from our Public Radio Station, we are indeed lost in this community. Why don't you, who should be setting the example on free speech and exchange of ideas, allow this community to make up its own mind. I am ashamed and sad that it has come to this. You owe this community an apology.”

-Respuesta de John Labonia, General Manager de WLRN: “WLRN has always prided itself on being South Florida’s communal roundtable – a place where the news and issues that most concern us can be discussed and debated in an intelligent and above all tolerant forum. That’s especially true when it comes to the controversial issue of Cuba. As a radio station we realize that it remains a highly sensitive matter in Miami, especially within the Cuban-American community. But we also realize that the local conversation about Cuba has evolved and become more broad-minded over the past decade – and that it can accommodate opinions today that might have been too uncomfortable to engage a generation ago.

As a result, we want to apologize to our South Florida listeners for the decision made this week by Joseph Cooper, the host of WLRN’s “Topical Currents” show, to cancel an interview with the author of a controversial new book on the so-called Cuban Five, the Cuban spies who were convicted of espionage charges here in 2001. The book argues that the Cubans are innocent, a claim that Mr. Cooper deemed too “incendiary” for this community to hear – a judgment that I and the rest of WLRN’s management strongly disagree with. Mr. Cooper’s decision, in fact, was was made without our knowledge, and it in no way reflects – in fact, it blatantly contradicts – who we are and what we do as South Florida’s source for public radio news and discussion.

It also belies the recent launch of WLRN’s efforts to provide our listeners with more coverage of Latin American news and issues, and that includes more open forums on Cuba policy.

We want to do more than express a mea culpa, however. We want to make this right. As a result, WLRN’s news division (to which Mr. Cooper does not belong) will be interviewing Stephen Kimber, the author of What Lies Across the Water: The Real Story of the Cuban Five,  this Friday on its weekly Florida Roundup show. We will accord Mr. Kimber his say, but we will also ask him our own hard questions about his claims. Just as important, joining the show will be an expert to rebut those claims – and that person will also be asked hard questions about the Cuban Five episode.

WLRN values the trust of its listeners above all else, and we promise to work even harder after this week’s controversy to deserve it.”

Vea además:

Exitosa conferencia de Chomsky y Kimber sobre Los Cinco en Instituto Tecnológico de Massachusetts

sábado, 22 de junio de 2013

La prensa en el centro de la cultura, de la vida

Por Luis Toledo Sande*
 

 
Que los medios encargados de hacerlo no informen con pleno vigor sobre las reuniones en que los trabajadores de la prensa defienden revolucionariamente que ella afiance sus virtudes y -como ha exigido la máxima dirección del país- se libre de déficits que menguan su efectividad, no significa que dichas reuniones no sean vigorosas. En ellas, acaso más que en la brega cotidiana, donde pudieran predominar formas de una “inercia” que viene de lo establecido vuelto costumbre, trabajadores del sector expresan ideas y actitudes contrarias felizmente a la debilidad, la grisura, la resignación y la parálisis.

Lo hacen porque saben que se necesitan conceptos válidos para perfeccionar -como parte de la sociedad en su conjunto- la información, que es un bien público y debe ser de ley, exista o no exista una ley de la información. Los obstáculos en ese camino son disímiles y pueden tener gran peso. Pero no enfrentarlos con la decisión de vencerlos sería funesto para el país, cuyo perfeccionamiento no debe reducirse a la economía. Si prevalecieran resortes capaces de frenar los ideales socialistas, a los que deben servir los cambios económicos necesarios, las conquistas del socialismo estarían en peligro junto con él.

Sería ingenuo creer que el logro de aspiraciones semejantes resultará fácil. La prensa debe estar atenta a los obstáculos que lo dificulten, porque le toca informar acerca de ellos para que sean revertidos, y porque atentan contra el desarrollo que ella misma necesita alcanzar. Entre los obstáculos figuran las carencias económicas del país, inseparables de deficiencias internas que se agravan por el férreo bloqueo económico, financiero y comercial que el imperio le ha impuesto al país durante medio siglo, y cuyo cese no se vislumbra.

No cabe desconocer tales escollos, pero el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, ha dicho que, no obstante el enorme asedio lanzado contra ella desde el exterior, lo que podría derrocarla serían sus propios errores y en especial la corrupción, objetivamente contrarrevolucionaria. Esperar a que el bloqueo expire para luego erradicar esos males, y esperar a que esté asegurada la eficiencia económica para entonces perfeccionar el funcionamiento social cotidiano, pudiera favorecer el advenimiento de una sociedad que estaría harto lejos de representar los ideales por los que se ha vertido sudor y sangre.

No hay que ilusionarse con un pronto levantamiento del bloqueo, y menos aún esperar que el imperio lo suspenda con el ánimo de facilitarle a Cuba la construcción del socialismo. Luchar contra el bloqueo es un deber político y moral; aunque, de levantarse, quizás sería porque el imperio hubiera decidido librarse ya de la influencia de la camarilla -de origen cubano en gran parte- que ha hecho de la contrarrevolución un negocio altamente lucrativo. Pero tal camarilla no es una adherencia anómala del poder en los Estados Unidos, sino parte de él, en el que tiene peso, y en sus tendencias dominantes la gran potencia no parece encaminarse a la apertura comercial como un medio más eficaz que la abierta hostilidad para influir en Cuba y torcerle el camino.

Si el bloqueo es una forma particularmente visible de la reacción imperialista contra una Cuba que molesta porque decidió alcanzar y defender su soberanía, y buscar la justicia social, hay razón para vaticinar que el imperio solamente dejaría de reaccionar contra ella si dejara de resultarle incómoda y no mereciera ya el honor de ser objeto de su tirria. Tal vez no estén descaminados quienes ven el bloqueo como parte de un conflicto histórico que viene del siglo XIX y, en cuanto a persistencia, pudiera tener derivaciones comparables con las que median entre el Israel sionista y la Palestina agredida.

Uno de los propósitos -y no el menos malvado- que con mayor o menor conciencia animan a los promotores de la hostilidad imperialista contra Cuba, pudiera ser que en ésta se generalizase una mentalidad defensiva capaz de conducirla a un autobloqueo letal. En ello tendría su parte una prensa que, atascada en la idea de no permitir que el enemigo le trace su agenda, evada dar al pueblo toda la información que éste necesita, reclama y merece, y eternice prácticas como las que hace décadas Fidel Castro llamó síndrome del silencio o del misterio, y en años recientes Raúl Castro ha tildado de secretismo y enfáticamente ha llamado a erradicarlas.

En la resistencia que parece actuar contra ese llamamiento se yerguen a veces las sombras de la perestroika y la glásnot, nombres de aspiraciones -en ruso, como se sabe, transformación y transparencia, respectivamente- que en la otrora Unión Soviética eran necesarias, pero terminaron manipuladas como recursos para desmontar el socialismo llamado real y desintegrar la propia URSS. Ante fantasmas como esos, lejanos ya para nuevas hornadas de periodistas y ciudadanos en general -muchos nacidos cuando la URSS ya no era presentada como el modelo a seguir-, es necesario ir a la historia, a la vida, en busca de verdades rotundas.

Frente a lo que parece ser la tendencia a olvidarlo, se debe insistir en una máxima sostenida por Lenin: la verdad es revolucionaria, no porque los hechos que ella expresa sean necesariamente revolucionarios, sino porque ninguna práctica revolucionaria puede triunfar cuando la verdad se desconoce, se enmascara o se falsea.

Si la perestroika y la glásnot fueron inicialmente consignas capaces de movilizar y entusiasmar a poblaciones enteras y a partidos que debían ser comunistas de verdad -en los hechos y con la actitud de sus militantes, empezando por los dirigentes- pero estaban desmovilizados en la rutina de la obediencia verdadera o simulada, no se debió al poder mágico de palabra alguna, sino a que la sociedad necesitaba cambios. Ninguna supuesta o real transparencia informativa dio al traste con el socialismo: lo demolieron la inercia y las deformaciones acumuladas en el funcionamiento cotidiano de la sociedad, y, sobre todo, las mafias que en torno al poder político o en él, se formaron al amparo de ocultamientos, misterios, silencios y secretos avalados o impuestos.

Ignorar esos hechos puede servir para calzar autocomplacencias, pero no para encontrar vías y actitudes necesarias cuando se quiere transformar acertadamente la realidad. Si de voluntad marxista se trata, el camino errado puede conducir a que se echen por la borda las luces del materialismo histórico, y a dictaminar que un traidor más o menos taimado y otro adicto al alcohol pueden echar abajo la obra de todo un partido. No se menosprecie el papel de las personalidades, pero tampoco se olvide que ellas por sí solas no hacen la historia ni echan abajo partidos numerosos y bien pertrechados de ideas, de buenos ejemplos y de una claridad ideológica difícil de imaginar allí donde falte la transparencia indispensable. La convocatoria a lograrla puede tropezar, más que con fantasmas, con hechos asociables formalmente a la subjetividad, pero objetivos por su peso y por sus efectos prácticos.

Realidades como las que vivieron la URSS y en general el denominado campo socialista europeo aportan lecciones a los movimientos revolucionarios en el mundo: no para impedir las transformaciones necesarias y la debida y legítima claridad en la información, sino para asumirlas resueltamente y con lucidez. Además de que en Cuba sería suicida posponerlas al levantamiento del bloqueo o a la solución de problemas económicos que en efecto urge vencer, la solución de éstas ni siquiera depende por completo de la voluntad nacional: también el afán socialista sufre los efectos de la crisis sistémica global del capitalismo.

Es necesario impedir que al amparo de calamidades provocadas o reforzadas por el asedio imperialista prosperen justificaciones y se afiancen cortinas a cuyo amparo -fueran ellas de hierro o de silencio- surja o crezca la corrupción generadora de mafias, como hemos recordado que ocurrió en los países europeos llamados socialistas. De igual modo, que las desigualdades sociales resulten inevitables no es razón para abandonar el ideal de justa igualdad -por muy inalcanzable que esta resulte o parezca ser-, ni para olvidar que las desigualdades pueden ser aliadas de la corrupción y de otros males, sobre todo si las autoridades y la prensa no cumplen su papel esclarecedor, un papel que en particular a la segunda es necesario exigirle y permitirle.

Habrá problemas materiales que resolver en la prensa, como en otros sectores. Pero sería calamitoso esperar a tener todas las computadoras y la conectividad necesarias -¡ojalá se tuvieran pronto!-, la capacidad editorial y poligráfica convenientes y los cambios salariales apremiantes no solo en ella, para luego buscar la soltura informativa ineludible en la brega revolucionaria. Se puede ver con ojeriza y devaluar de antemano a quienes critiquen los déficits de la prensa; pero si las críticas tienen una determinada cantidad de razones, de aciertos, lo sensato no es limitarse a ignorarlas, repudiarlas o negarles valor. Lo que el país necesita es eliminar los hechos que dan razones a la impugnación de la realidad.

Antonio Machado, quien tenía en mente la España que él representaba y defendía -un ideal aplastado por la sedición fascista que se adueñó del poder durante décadas-, podía desear para ella una república cristiana, democrática y liberal, virtudes de las cuales a una república como la Cuba de hoy, laica y no guiada por prédicas liberales, le corresponde cultivar para sí la democracia: una democracia verdadera y basada en la plena participación popular. Pero algo enseña lo que el machadiano Juan de Mairena sostiene con otro personaje: “En una república […] conviene otorgar al Demonio carta de naturaleza y de ciudadanía, prescribirle deberes a cambio de concederle sus derechos, sobre todo el específicamente demoníaco: el derecho a la emisión del pensamiento. Que como tal Demonio nos hable, que ponga cátedra, señores. No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas”.

El poeta sevillano -hombre que era, “en el buen sentido de la palabra, bueno”- creó heterónimos, especialmente Juan de Mairena, para desplegar debates dialécticos en sus textos. En ese juego tan serio asumió como lo demoníaco fértil “la emisión del pensamiento” y como práctica útil, eso que en la sabiduría colectiva se ha definido como ejercer de abogado del diablo. Se trata de confrontar ideas, de propiciar la polémica orientada a iluminar los caminos por donde triunfe el bien, una aspiración que incluye saber que el Demonio no tiene la razón, pero conviene oírle sus razones, para dejarlo sin ellas, no reduciéndolas al silencio, sino transformando la realidad que les dé base.

La discusión sería estéril o no del todo fértil, si se limitara a hacer trizas lo dicho por el enemigo, aunque también eso es necesario, como en las circunstancias en que, buscando para Cuba una revolución verdadera y victoriosa, vivió antes de 1959 el Fidel Castro que publicó en aquellos años, en La Habana: “¡Mientes, Chaviano!” y otros artículos similares. El citado fue parte de una labor para la cual el líder halló en Bohemia el espacio por el cual, pensando también -no solamente- en aportes de esa revista posteriores a 1959, pudo calificar a dicha publicación como “nuestro más firme baluarte”.

La franqueza y el coraje son necesarios asimismo dentro de la obra revolucionaria, para enfrentar responsablemente actitudes y hechos en que de algún modo haya motivos para ver obstáculos opuestos a la Revolución. Siempre será preferible la necesidad de hacer rectificaciones justas -para eso sirven el diálogo y la polémica- antes que apoyar errores con la connivencia del silencio. Debe preocupar que quien practique el secretismo lo haga sabiendo que no corre por ello ningún peligro, y que lo costoso sea no observar la prudencia capaz de conducir al falseamiento o la ocultación de la realidad.

A varios ejemplos se ha referido este articulista en otros textos, y habría más. Hace décadas Fidel Castro reaccionó enérgicamente ante una poda hecha en el testamento político de José Antonio Echeverría para ocultar su religiosidad, y más recientemente Raúl Castro reaccionó también con ardor contra la discriminación de una trabajadora religiosa. Pero aún alguien puede suprimir en un texto la alusión a la religiosidad de un héroe, sin que nada le ocurra por ello, como, que sepamos, ningún riesgo corre quien frena la información sobre hechos inocultables que el pueblo acaba conociendo por rumores (o por medios enemigos).

Si la intensidad y la honradez de los debates que protagonizan trabajadores de la prensa no son reflejadas vigorosamente, para favorecer su buen efecto, por órganos que pueden o deben hacerlo, ¿no será porque prevalecen prácticas que la dirección del país ha llamado a erradicar? Cuanto más persistan -en la prensa pueden sobrevivir como “prerrogativas de quien dirige” y “líneas editoriales”-, mayor será el peligro de que la nación no logre a tiempo y bien los cambios que le urgen. No es cuestión de fantasmas, ni de imitaciones.

*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia. Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.


Atiende Luis Toledo Sande: artesa de este tiempo

Fuente: CUBARTE; (Detalles en el órgano, XV)
 Fecha: 2013-06-21


Imagen agregada RCBáez