Mostrando entradas con la etiqueta nación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nación. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de agosto de 2014

Cuba y la partición de Palestina (año 1947): Documento de archivo

Publicado en exclusiva por Discrepando.com

El Sr. Ernesto Dihigo (Cuba):

"De modo muy breve deseamos exponer las razones por las cuales la delegación cubana se ve obligada a votar en contra del Plan de la partición de Palestina, recomendado por la Comisión ad hoc.

Hemos seguido con interés los debates; analizados los argumentos de unos y otros, a fin de llegar a la conclusión que nos pareciera más justa.

Cuba ha demostrado su simpatías hacia los hebreos y aprecio por sus cualidades, pues ha admitido en su territorio a miles de ellos, que hoy viven entre nosotros libres y tranquilamente, sin discriminaciones, ni prejuicios, pero no podemos votar aquí conforme a sus deseos, porque consideramos que la partición de Palestina es contraria al derecho y la justicia.

En primer, la base inicial de toda su reclamación es la declaración Balfour, causante de todo el problema que hoy tenemos ante nosotros. Pero la Declaración Balfour, a juicio nuestro, carece por completo de valor jurídico, pues el Gobierno Británico ofreció en ella una cosa de la cual no tenía derecho a disponer, porque no era suya. Mas, aceptando su validez, lo que ahora quiere hacerse va mucho más allá de sus términos, pues la misma prometió a los hebreos un “hogar” nacional en Palestina, dejando a salvo los derechos civiles de la población árabe; pero no un estado libre, cuya creación forzosamente representaría una violación de esos derechos que se trato de salvaguardar.

Es también contraria al derecho la Partición, si nos atenemos al mandato contenido por la Sociedad de Naciones Unidas. Cabría preguntar si la Sociedad de Naciones podría, en justicia, hacer lo que hizo, o sea, ordenar el establecimiento de un hogar nacional judío con las grandes consecuencias demográficas y políticas que ha tenido, en una tierra ajena, sin el consentimiento de sus habitantes. Pero, admitiendo el hecho, la partición que estudiamos va contra los términos de ese mandato, que un articulo ordeno no fueran afectados los derechos y la posición de la población hebrea de Palestina. Y mal puede sostenerse que esos derechos no resultan perjudicados, cuando va a arrebatárseles a los nativos más de la mitad de sus territorios, y varios cientos de miles de árabes quedaran sometidos al gobierno hebreo, y colocados en una situación subordinada, allí, donde antes eran los dueños.

En tercer lugar, el proyecto es también contrario al derecho, porque va contra la libre determinación de los pueblos, que era principio esencial del Parto de la Sociedad de Naciones, pues aquí se está disponiendo de la suerte de una nación, privándola de la mitad de su suelo nacional, el suelo que ha tenido durante muchos siglos, sin que se haya consultado para conocer su opinión. Y si del Pacto de la Sociedad pasamos a la Carta de las Naciones Unidas, encontramos que va a cometerse idéntica violación, porque el principio de la libre determinación de los pueblos se encuentra reconocido en el párrafo 2 del artículo primero, con carácter general, y reiterado en el párrafo 8 del artículo 76 para los pueblos no autónomos, al decir que “el régimen de administración fiduciaria (equivalente al Mandato de la Sociedad) deberá tener en cuenta los deberes libremente expresados de los pueblos interesados” No nos convence el argumento, dicho por algunos de que Palestina es un Estado , y por tanto, no tiene el carácter de sujeto de derecho internacional, pues en todo caso, esos preceptos no hablan de estados, sino de pueblos, y no cabe dudas de que el de Palestina lo es.

Hemos proclamado solemnemente el principio de la libre determinación de los pueblos; pero, con gran, alarma vemos que, cuando ha llegado el momento de aplicarlo, nos olvidamos de él. Tal sistema nos parece funesto. La Delegación de Cuba está firmemente convencida de que la paz verdadera y el mundo de justicia de que tanto hablaron los Grandes Líderes de la Segunda Guerra Mundial no depende de que ciertos principios fundamentales se inscriban en las convenciones y tratados, y allí queden como letra muerta; sino de que, llegado el momento oportuno, se cumplan por todos y para todos; grandes y pequeños; débiles y fuertes.

¿Por qué no se ha procedido de un modo democrático en este caso, consultando la voluntad de todo el Pueblo de Palestina? ¿Es que se ha temido que el resultado de la consulta fuera contrario a lo que de todos modos se quería hacer? Y, si esto es así, ¿Dónde están los principios, y donde está la democracia que continuamente invocamos?

No terminan ahí nuestras dudas legales. En el curso del debate, se han impugnado las facultades de las Asambleas para acordar la Partición. Se ha acordado que, conforme a los artículos 10 y 11 de la Carta, la Asamblea puede hacer recomendaciones sobre todo problema que este dentro de los límites de la misma, que se relacionan con el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Sin discutir ahora si el problema de Palestina esta dentro de esos límites, o si constituye una amenaza para la paz internacional, no debemos dejar de advertir que una cosa es hacer recomendaciones, y otra cosa muy distinta es adoptar un plan que afecta la integridad internacional de un pueblo y suposición jurídica; y recomendar la ejecución de un proyecto a una comisión de la propia Asamblea. Tampoco me parece que pueda sostenerse el que ese proyecto sea una mera recomendación, pues toda recomendación lleva implícita la posibilidad de que no sea aceptada, y el plan aprobado tiene, sin duda alguna, carácter coactivo, como lo prueba el hecho de que por una de sus disposiciones, será considerado como una amenaza o violación de la paz y un acto de agresión, conforme al artículo 39 de la Carta, cualquier tentativa de alterar por la fuerza el arreglo contemplado en la Resolución. Se trata, pues, de algo que se impone a la fuerza, no de una mera recomendación. Y como esto, a juicio nuestro, infringe la Carta, no podemos votar a favor del proyecto.

Porque teníamos todas esas dudas legales, votamos en la Comisión a favor de que previamente se consultara con la Corte Internacional de Justicia, para que pudiéramos avanzar sobre terreno firme.

La consulta fue rechazada por mayoría, lo que consideramos un error no justificado por la demora que ello hubiera causado, pues más valía haber esperado unos pocos meses que lanzarnos a una acción que tantas dudas ofrece. Aparte de que la negativa de acudir a la Corte pudiera dar la impresión de que la Asamblea rehúye buscar soluciones conforme al derecho.

Por otro lado, consideramos que el proyecto es, además injusto. “El pueblo árabe ha tenido ininterrumpidamente, durante muchos siglos, el territorio de Palestina, y por los datos oficiales que se nos han presentado, al terminar la Primera Guerra Mundial constituía casi el 90% de la población total del país.

Mas, por medio del Reino Unido, como Potencia Mandataria, en cumplimiento por lo resuelto por la Sociedad de las Naciones, se abrió las puertas de una inmigración extranjera, ofreciéndole un lugar en que pudiera vivir y desenvolver su existencia conforme a sus deseos, de libertad religiosa y sin discriminaciones humillantes, Hemos dicho inmigración extranjera, de modo consciente, pues, con todo respeto hacia la opinión de los hebreos, ellos son, a juicio nuestro extranjeros en la tierra Palestina.

En efecto, durante los debates de la Comisión se produjeron datos para probar que los antepasados de un gran número de los hebreos que han dicho ya que aún quieren ir a Palestina, jamás estuvieron en esa región. Pero, aun el caso de que los remotos antecesores de todos ellos hubieran vivido allí, es indudable que abandonaron dicha tierra hace tanto tiempo, al establecerse en otros países, que sus descendientes han dejado de pertenecer a Palestina, del mismo modo que nosotros, hombres de América nacidos de emigrantes, que vinieron de todos los rincones de la tierra, no debemos considerarnos con derecho a la tierra de nuestros padres en el Viejo Continente.

El intimo y ferviente anhelo de los hebreos de volver a Palestina, tal vez por tradición, tal vez por razones místicas u obsesión religiosa, es algo que puede tener toda nuestra consideración y simpatía sentimental, pero que no constituye en opinión nuestra un título para que se les entregue lo que no les pertenece; y mucho menos, si para ello hay que despojar por la fuerza a otro con mas derecho.

Así mismo consideramos injusto el proyecto, porque es la impresión del criterio de una minoría sobre una mayoría enorme, en contra de un principio cardinal de la democracia. En el caso actual, esa minoría, no queriendo someterse al criterio de los demás pretende poner casa aparte, pero llevándose una porción del territorio del pueblo que lo admitió en su seno.

Hay otro aspecto que quiero mencionar dejando para el futuro los resultados: el Plan de Partición de Palestina implica el establecimiento por esta Asamblea del principio de que toda minoría racial, o de otra índole, puede pedir su separación de la comunidad política de la cual forma parte.

Como ya expresó el jefe de nuestra Delegación de la Comisión, Cuba, no hace muchos años, corrió el peligro de perder una parte de su territorio como consecuencia de una inmigración norteamericana en la Isla de Pinos. Por fortuna nuestra, y para honor del Gobierno de los Estados Unidos de América, aquella tentativa fracasó, porque los dirigentes de este país reconocieron noblemente nuestros derechos. Pero no podemos olvidar lo que ese peligro fue para nosotros, y pensando en lo que hubiéramos sentido los cubanos si se nos hubiera quitado una parte de nuestro suelo, no es fácil imaginar lo que sentirían los árabes de Palestina si aprobara el plan de partición. Y no podemos contribuir con nuestro voto a que se haga con ellos lo que estaba dispuesto a aceptar que se hiciera con nosotros.

Que no se diga que a veces hay que aceptar una solución política aunque sea injusta, pues sobre la injusticia no se podrá nunca asentarse la paz y la cordialidad entre los pueblos.

Respecto de los refugiados, judíos, o no judíos, que hoy se encuentran en campos de concentración -problema por el cual tanto se ha insistido por los partidarios del proyecto-, Cuba expresó que debía resolverse con un criterio de buena voluntad por parte de todas las Naciones Unidas, aceptándolos proporcionalmente, según las condiciones peculiares de cada país; pero entiende que no puede imponerse a Palestina que ella lo resuelva, sobre todo si se tiene en cuenta que es ajena por completo a las causas que han determinado el desplazamiento de todas esas personas .

Por esas razones, tendremos que votar en contra del plan de partición, como ya lo hicimos en la Comisión, y una vez que lleguemos a formar nuestro criterio, nos consideramos en deber de manifestarlo por medio de nuestro voto, manteniéndolo con firmeza, a pesar de las gestiones y presiones que se han hecho en torno nuestro".

28 de noviembre de 1947

Publicado en Discrepando.com

Nota e imagen agregada:

Ernesto Dihigo y López Trigo. Fue miembro de la Academia Cubana de la Lengua, Doctor en Filosofía y Letras y en Derecho Civil en la Universidad de La Habana y Profesor y especialista en estudios jurídicos. Presidió la Comisión Organizadora de la Academia Interamericana de Derecho Comparado e Internacional. Delegado Permanente de Cuba, representó al país en varias sesiones de la Asamblea General de la ONU. Perteneció a la Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU). Ya en el período revolucionario, se desempeñó como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Cuba en los Estados Unidos. (Con datos de Ecured)

Imagen: Ernesto Dihigo Lopez Trigo (de pié) como parte de la delegación cubana en la conferencia de San Francisco, realizada del 25 de abril al 26 de junio de 1945


sábado, 19 de octubre de 2013

Himno Nacional: más que texto y sonido

Por Luis Toledo Sande*

 Si se piensa en la historia de la humanidad, decir que una nación se formó en guerras no aclara quizás mucho, pues tal ha sido el camino por donde ha marchado de una manera o de otra la generalidad del mundo. Pero si se dice que un pueblo se fraguó en luchas por su liberación, y no arrastrado por fuerzas opresoras, la idea alcanza una precisión mucho mayor. Ese es el caso de Cuba. De ahí el significado que para ella tienen sus símbolos patrios, que se han fijado al calor de sus luchas por la independencia, y en el siglo XX se afincaron en el enfrentamiento al imperialismo, que frustró el triunfo independentista y, a los gobiernos vernáculos que actuaron como lacayos del poder foráneo y entronizaron la corrupción y en general las peores herencias de la colonia, aparte de enlutar a la nación, sobre todo en el caso de la tiranía machadista y de la batistiana.

En países regidos por intereses opresivos la población se ha visto asiduamente llevada por la realidad a ver los símbolos nacionales como propios de poderes que no la representan, cuando no de fuerzas que la avasallan y contra las cuales ella debe luchar. A Cuba -como a otros pueblos que han transitado caminos similares, aunque este artículo se centra en ella- la han movido las luchas por su emancipación y el afán de construir un modelo justiciero de sociedad. Eso explica la actitud, como de mística revolucionaria y combativa, ante el escudo, la bandera y el Himno Nacional.

“Ella es sencilla […]/ pero si siente de la patria el grito/ todo lo deja, todo lo quema,/ ese es su lema, su religión”, escribió Sindo Garay de la mujer bayamesa en la canción que le dedicó. Pudo haber hablado en general de la mujer cubana, pero la de Bayamo devino símbolo de la nación, por su papel, junto a los hombres, en la revolución independentista iniciada el 10 de octubre de 1868. Ese papel se reafirmó el 20 del mismo mes, cuando los mambises entraron victoriosamente en aquella ciudad, y el 11 de enero de 1869, cuando sus pobladores la quemaron antes que dejarla caer en poder del ejército español.

Junto con la historia de aquellos hechos, el trovador tenía de su lado el Himno Nacional, en cuyo llamado a los bayameses para que corriesen al combate, se ha sentido representado todo el pueblo de Cuba. Desde la Revolución Francesa, mientras no llegaron los estancamientos políticos e ideológicos que detuvieron o convirtieron en cosa del pasado sus ímpetus emancipadores, los revolucionarios y progresistas de toda Francia podían sentirse representados en La marsellesa, que, escrita en 1792, devino más tarde himno oficial de una nación cuyos rumbos son conocidos. Los patriotas cubanos protagonistas del estallido del 68, o vinculados con él, no fueron una excepción: en ese espíritu quisieron tener La bayamesa, como se tituló inicialmente el que se convertiría en Himno Nacional.

Cubanos y cubanas se han educado, generación tras generación, en el respeto a su Himno, a su bandera y a su escudo. El primero de ellos es el tema central del presente artículo, escrito en la proximidad del Día de la Cultura Cubana, que desde 1980 se celebra cada 20 de octubre, con lo cual se perpetúa en la memoria la fecha de 1868 en la cual se interpretó por primera vez, en el Bayamo tomado por los patriotas rebeldes, la letra de La bayamesa, cuya música se había estrenado antes, en la misma ciudad, en una festividad religiosa pública.
Aunque tenga aire de leyenda el relato según el cual lo escribió sentado en la silla de su cabalgadura de combatiente el día del estreno, el texto La bayamesa es también obra de Perucho Figueredo, como la música. Ambos integran desde aquel 20 de octubre una unidad que ha enardecido al pueblo cubano en la defensa de la libertad y la justicia, tanto en la guerra como en la paz. No han sido pocos los combatientes, hombres y mujeres, que han muerto heroicamente en esa defensa. El Himno proclama que “morir por la patria es vivir”, pero su espíritu no termina en su valor para la lucha armada: abona el valor requerido para la acción en la cotidianidad.

Por eso es legítima y necesaria la existencia de normas que regulen —al igual que en el caso de la bandera y el escudo— los modos de usar el Himno. En el centro de esas normas se halla la Ley No. 42 de 1983, De los símbolos nacionales. Pero no todo se reduce a ella, que, dirigida a fomentar el respeto en torno a dichos símbolos, tampoco tiene por qué generar parálisis en torno a ellos: la veneración deja de cumplir su cometido plenamente si no la acompaña de modo natural la relación afectiva con lo respetado. La propia Ley pudiera ser objeto de revisión o replanteo siempre que sea de veras necesario.

Vendría bien, por ejemplo, saber en qué se fundamenta la aseveración, hecha en ese documento, de que al escudo lo orlan un ramo de laurel y otro de encina. Desde la infancia nos acostumbramos a leer y oír que son respectivamente uno de laurel, símbolo de la victoria, y otro de olivo, representación de la paz. ¿Tiene la encina igual significado que el olivo? ¿Son símbolos intercambiables en la heráldica?

En el caso del Himno, ¿sería desdeñable que legalmente, y desde ese camino en el quehacer educacional y por medio de la divulgación necesaria, se fijara una letra que empiece por ser gramaticalmente correcta? Ello sería de gran valor en sí mismo, y por la importancia de que niñas y niños no encuentren en ese documento, resumen de ideales, ninguna validación de incorrecciones, por menudas que estas sean o se considere que son. No se trata de divulgar, como en un museo, la copia de un facsímil, sino de acuñar en la vida, del mejor modo posible, un texto que ha sufrido modificaciones a lo largo de su historia, empezando por la supresión de una buena parte de él, así como en la música se introdujeron modificaciones para atenuar el propósito original de rendirle homenaje a La marsellesa por la vía de la herencia sonora.

Modificaciones textuales y melódicas han dado por fruto una pieza ágil, de contundente brevedad y de musicalidad electrizante. Una letra canónica incluso por la puntuación propiciaría, para empezar, que los primeros versos dijeran: “Al combate corred, bayameses,/ que la patria os contempla orgullosa”. De ese modo el gentilicio bayameses cumpliría debidamente su papel de vocativo. Algo similar ocurriría con el último verso, en el cual lo más razonable es percibir en valientes un adjetivo en función sustantiva, como vocativo intercambiable con bayameses, de acuerdo con el contexto.

Así el verso sería: “¡A las armas, valientes, corred!”, con las comas que no tiene en las versiones conocidas. Puesto que la valentía no es virtud propia de las armas, sino de quienes las empuñan, otra opción sería atribuir a valientes función adverbial y, por tanto, no indicaría el carácter de los patriotas llamados a la lucha, sino el modo como deben correr a ella, y en ese caso se justificaría la ausencia de las comas; pero no parece lo más probable.

Ajustes gramaticales necesarios son apenas un ejemplo de la inconveniencia de generar parálisis con respecto a símbolos que deben combinar solemnidad y vida, como una obra emotiva y respetuosa que Hubert de Blanck aportó a la música cubana: Paráfrasis para piano compuesta alrededor del Himno. Sería contraproducente frenar en la ciudadanía la relación personal con el Himno y con los otros símbolos nacionales y reducirla a lo estrictamente protocolar o marcial.

 En ningún caso se trata de menoscabar el sentido, místico si se quiere, que debe rodear a símbolos cuyo valor convocante, incluso para el sacrificio en el combate, debe preservarse con veneración para cuando sea necesario. Que nos entusiasme o hasta enardezca ver grandes cantidades de banderas en desfiles y otros actos patrióticos y revolucionarios, no borra luego el mal sabor que deja ver gran número de ellas revueltas con la basura. Si no hay manera de utilizar banderas que puedan ser, también en lo material, objeto del debido cuidado, y conservar la debida dignidad incluso en ese plano, ¿no sería preferible reducir la cifra empleada y priorizar la calidad?

Pero tal vez las mayores expresiones de irrespeto, o de respeto insuficiente, se observan hoy en lo tocante al Himno, cuya correcta interpretación de viva voz, no solo la profesional grabada por coros y orquestas, debería cultivarse más asiduamente. Cabría compararse ese ideal con lo que opera en las oraciones de carácter religioso cuando, en lugar de recibirse solamente por el oído, pasan por la vibración personal, por la fonación propia de cada feligrés: por su cuerpo. Cada vez es más fácil ver que en un acto —multitudinario o modesto—, a la hora del Himno hay personas que no adoptan la debida actitud de atención.

No se pretende agotar aquí esa realidad con un ejemplo aislado, como el que se pudo ver en el estadio Latinoamericano, en la ceremonia que daría comienzo a una serie de juegos entre un equipo visitante —de una nación no precisamente célebre por fomentar entre sus ciudadanos un verdadero patriotismo— y uno cubano. Sin hablar de lo que pudo apreciarse en el público, los peloteros foráneos mantuvieron una postura adecuada ante el Himno Nacional de su país y ante el de Cuba; pero entre los integrantes del equipo anfitrión no fue unánime esa conducta ante ninguno de los dos.

El comportamiento necesario en este asunto no es cosa que pueda hacerse depender de imposiciones solamente, ni en lo fundamental. Un papel primordial corresponde a la educación, no solo a la que se debe cultivar en la escuela, sino a esa otra, vital, decisiva, que se debe desarrollar desde la cuna por todos los medios posibles, con todos los recursos de la sociedad, incluida en ella, como célula básica, la familia. En el fondo es también una cuestión profundamente cultural, que no debe confundirse con la mera instrucción, aunque esta desempeña un papel nutricio decisivo para la cultura a nivel de la sociedad y en el plano personal de cada quien.

La indispensable labor educativa y cultural ha de formar ciudadanos que se desempeñen correctamente en la sociedad, con una conducta que de modo integral encarne valores, principios, normas e ideales de utilidad y perfeccionamiento humanos. En una colectividad en que se quebrante la disciplina y prosperen la grosería y actitudes chabacanas en general, ni los símbolos más sagrados escapan a los efectos indeseables de esa realidad.

Una adecuada formación cultural podría contribuir a que no se convirtiera en artículo de moda una bandera determinada, sea la británica o la de cualquier otra nación. No solo se debe respetar la bandera propia, sino también las ajenas, que no tienen por qué parar en adorno de prendas de calzar o vestir. Pero la invasión de banderas de otros países ¿a qué conduce, qué favorece? Mención aparte merece la de los Estados Unidos, ante la cual no cabe ingenuidad posible: debe respetarse como representación de ciudadanos honrados de ese país, pero es también el símbolo de una nación imperial cuyo gobierno ha sido y es violentamente hostil contra Cuba. No aboguemos por prohibiciones, sino, en primer lugar, por el valor de las convicciones propias, y por la utilidad de la persuasión.

La historia de Cuba, vista no solamente como cosa del pasado, sino en las implicaciones que tiene en la vida de su población hoy, debería ser suficiente para estar advertidos sobre hechos y perspectivas raigales. Unos y otras tienen su fuente mayor en la vida, y a ella sirven. Son necesarios para una buena orientación en ella. Se asumen de manera recta y fértil cuando se entienden y se abrazan como algo decisivamente cultural.

Como este artículo saluda el Día de la Cultura Cubana, no será ocioso recordar que, lejos de agotarse en lo estrechamente gremial, la cultura, tanto a nivel planetario como en una comunidad determinada —un país, por ejemplo—, es la obra de los seres humanos. Junto con elementos materiales e informativos la integran también, señaladamente, las normas de conducta, el modo de relacionarse las personas entre sí y fomentar valores y normas insoslayables para el buen funcionamiento colectivo.

Reitérese que en Cuba la formación de la nacionalidad pasó por la lucha armada necesaria en busca de la emancipación y la justicia, y esa historia tiene un día bautismal: el 10 de octubre de 1868. Ese hito —que no es ni debe ser de mero asueto— está marcado por el alzamiento fundador que tuvo lugar en 1868, y tuvo continuidad de profunda significación cultural el 20 de ese mes con el conocimiento público de la letra del Himno.

Es justo celebrar en honor de esa efeméride el Día de la Cultura Cubana, pero es necesario impedir que el 10 acabe reducido a un día de asueto. En esa historia, si la bandera es mucho más que tela, formas y colores, el escudo no es el simple remedo emblemático de un arma antigua y el Himno Nacional es mucho más que palabras y música. Debemos cuidarlos.

*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia.
Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.
Atiende el Blog “Luis Toledo Sande: artesa en este tiempo”

lunes, 30 de enero de 2012

Comunidad cubana residente en el extranjero contra campañas mediáticas

Por Carlos Rafael Diéguez


Virgilio Ponce Castillo es un cubano que vive hace más de 25 años en el extranjero, residente en Francia. Muy pegado a nuestra isla del Caribe independientemente de la lejanía. ¿Desde cuándo, los cubanos que se encuentran viviendo en el exterior, apoyan a la nación cubana y nuestra revolución?

VPC- Sí, yo soy Virgilio Ponce del Castillo, cubano cien por cien, residente en el extranjero. Nosotros apoyamos la Revolución cubana desde siempre, como lo hizo José Martí, porque a nosotros el vivir fuera no nos hace diferentes, nos sentimos tan cubanos como ustedes.

Siempre hemos defendido a Cuba y nos hemos ido organizando a partir del año 1995 con la reunión de Nación y Emigración efectuada en la Habana en el Ministerio de Relaciones exteriores, siguiendo el ejemplo de la Brigada Antonio Maceo y de los compañeros que en Estados Unidos fueron los primeros en iniciar este acercamiento hacia Cuba.

En 1995, a partir del llamado del MINREX, se comenzaron hacer diferentes organizaciones en Europa. Lentamente, porque la emigración nuestra es una emigración familiar desde mi época, no fue de aquella emigración de los primeros años de la revolución que le tenía miedo al comunismo que se “comía los niños chiquitos”, ni que le quitaron ninguna propiedad, ni que le nacionalizaron ningún central, o esbirro, dictador o torturador.

Nuestra emigración durante gran tiempo, primero ha sido familiar y luego económica como consecuencia de la crisis que se sufre producto de un bloqueo, pienso que si no hubiera el bloqueo no hubiera emigración a tan gran escala, fuera más pequeñita.

Nosotros en Francia empezamos a organizarnos, pero en pequeños grupos en asociaciones culturales y seguimos viniendo a Cuba a los encuentros de cubanos. En el año 2006 nuestra embajada en Paris sufrió una provocación por parte de elementos de origen cubano, digo de origen, porque esa gente no vale la pena llamarse cubanos, ellos intentaron atacar nuestra embajada, entre ellos una señora que se dice ser escritora, Zoe Valdés, digo se dice, porque los libros de ella no interesan, en ese momento surge otro grupo que va a defender nuestra embajada y este grupo funda una organización que se llamó Raíces Cubanas y a partir de ese momento nuestra misión no es sólo cultural, no sólo es divulgar la realidad de Cuba sino defender Cuba, ciento por ciento.

Defender a la Cuba por la que ustedes están aquí y así es como nosotros luchamos y por lo que nosotros crecimos. Ya ésta organización no existe como organización de cubanos, pero sigue existiendo como organización de solidaridad y hay otras organizaciones.

Periodista. ¿En qué parte de Francia usted vive?

VPC- Yo tengo el privilegio de vivir en el territorio Vasco, el país Vasco-Francés, también conozco el país Vasco-Español y visito el Reino Unido. Te hablo de tres países importantes de Europa donde hay cubanos, Francia, España e Inglaterra; conozco las comunidades de cubanos en esos países, y en Inglaterra soy miembro de una organización de cubanos que se llama organización cultural Martí-Maceo, en Francia estoy en CubaVa, en la Asociación de Habana Club de Lión y miembro de la coordinadora de cubanos residentes en Francia.

Periodista. ¿Entonces, Virgilio, ¿considera usted que los cubanos en el extranjero pueden contribuir mucho a esta isla?

VPC- Nosotros empezamos haciendo cositas, muchas de ellas aquí se desconocen…

Periodista. ¿Por ejemplo?

VPC: Por ejemplo existe un proyecto que existe en el país Vasco que se llama Cubainformación, este proyecto sale de una organización de jóvenes vascos pero se nutre después con algunos cubanos. Cubainformación es un portal de Internet, tiene también un periódico que sale trimestralmente y tiene emisoras de radio que trasmiten muchísimos programas de Cuba y tiene una mesa de debate; en el periódico no sólo se publica la realidad cubana, sino la contra información: demostrar que Yoani es una mentirosa, decir que el bloqueo es real, que el pueblo cubano lo está sufriendo, y que NO es un embargo, decir que hay cinco jóvenes cubanos que están presos y por qué están presos, demostrar que están presos por luchar contra el terrorismo para evitar que existan muertes en Cuba.

Cubainformación publica y demuestra por qué el gobierno de Obama es un mentiroso al igual que todos los demás gobiernos de Estados Unidos y denunciamos que existe un grupúsculo de cubanos-americanos que está haciendo una labor de zapa muy grande en USA para dañar a Cuba; que ha hecho acciones terroristas y en estos momentos sabemos que están luchado para que Cuba no desarrolle las plataformas petroleras, porque Cuba no compre una cosa aquí, una cosa allá o una medicina para salvar la vida de un niño, a esta gente no le importa eso, ellos están allá en el norte, viven muy bien y viven del cuento de luchar contra Cuba.

Periodista. ¿Cómo se accede a Cubainformación?

VPC. Este proyecto de Cubainformación es muy bueno pueden verlo en Internet y pinchar en http://www.cubainformacion.tv/

Nuestro coordinador, nuestro presidente José Manzaneda está condecorado por  el ICAP y la UPEC. Cubainformación es un proyecto solidario; nosotros tenemos otro que sale de Cuba, a lo mejor en Cuba no se conoce, que es el proyecto Hermes, que salió hace más de 25 años y en un primer momento la finalidad era romper el bloqueo informativo en materia de información científico técnico, se agarraba la información a través del Robot de manera diferida y se trasmitía a los principales proveedores. El creador de este proyecto es un viejo cubano de San Antonio de los Baños, Roberto Domínguez, un periodista que al radicarse en Canarias después de retirarse en Cuba y llegar a un lugar con mayores posibilidades tecnológicas el proyecto Hermes lo hizo crecer y se ha convertido un proyecto donde se reúnen tres esferas de actividades: una plataforma tecnológica que permite un amplio trabajo referido a la formación y comunicación como actividades de intervención social, tenemos asociaciones y preparamos programas de participación popular y otras iniciativas.

Periodista. Entonces Cubainformación se convirtió en un medio para combatir la guerra mediática?

VPC. Cuba información es un referente. Pero mira, Hermes http://auto-hermes.ning.com/ también es un proyecto que ha crecido, tenemos la información y los análisis de grandes periodistas cubanos: muchos de la isla y otros que viven afuera. Manuel Yepe nos escribe, y nos manda sus noticias desde la Habana, tenemos a Lázaro Fariñas desde Miami, Lorenzo Gonzalo que es el subdirector de Radio Miami, él está con El DUENDE, y tenemos también a Roberto Domínguez que es el coordinador de este proyecto que nos hace sus artículos originales.

Te puedo decir que la comunidad cubana es seguidora de aquella comunidad cubana que existió en Tampa y Cayo Hueso, somos seguidores de aquel Martí, por eso te decía, tenemos Hermes y Martianos, dos redes que pueden encontrar en Internet, defensoras de la Revolución cubana. Es una comunidad que está en las marchas por la defensa de los Cinco, frente a la embajada de Estados Unidos en Londres, es la comunidad que va con Cubasi en París o esa comunidad en las diferentes asociaciones de Madrid o de Barcelona.

Estamos al tanto de lo que ocurre en nuestro país aportando nuestro pequeño grano de arena, porque el gran aporte lo está haciendo el pueblo cubano.

Periodista. Una última pregunta, la misma que le hice hace unos días a Andrés Gómez

VPC. Ese es un maestro, un guía para nuestras comunidades…

Periodista: ¿Pueden convivir las sociedades cubanas y norteamericanas en paz?

VPC: Todas las comunidades pueden vivir en paz, nosotros no tenemos problemas con ningún pueblo, nosotros amamos a todos los pueblos y crecemos con la idea de que todos somos iguales, ahora hay que respetarnos y hay que tratarnos de igual, el pueblo cubano merece todo el respeto porque es un pueblo heroico, por lo que ha luchado por defender el proyecto social más humano que existe hoy. No hay un proyecto social más humano que éste, que es el proyecto de Martí y de Fidel. A pesar de todos los errores y deficiencias y las cosas que se hayan hecho mal, Cuba muestra el mejor proyecto social. Mis hijos viven en Cuba y duermo tranquilo porque sé que mis hijos viven en un país donde hay seguridad.

Periodista: Gracias, Virgilio, por tus palabras que confirman que la comunidad cubana en el extranjero es la misma de Martí, aquella que en el siglo 19 desde las entrañas del mal organizó la guerra necesaria para disfrutar la independencia que tenemos hoy.

Tomado de http://bloguerosrevolucion.ning.com/profiles/blogs/comunidad-cubana-residente-en-el-extranjero-contra-campanas-media