lunes, 26 de enero de 2015

Martí y el corazón cubano en la ronda de negociaciones entre Cuba y EE.UU.

Por Wilkie Delgado Correa*
 
Trabajemos entonces, hoy más que nunca, para darle aliento al corazón cubano ya que nuestra vida no se asemeja a la norteamericana, ni debe en muchos puntos asemejarse.

El 162 aniversario del nacimiento de José Martí puede ser una ocasión propicia para colocar algunas de sus ideas como bases estructurales armónicas en los acontecimientos que hoy jalonan las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

 Después de terminada la ronda de negociaciones durante dos días de enero entre las delegaciones de Estados Unidos y Cuba, quedan certezas en torno a la irreversibilidad del proceso para el restablecimiento formal de la relaciones diplomáticas, que pudiera alcanzarse en relativo corto plazo, y la continuidad de un proceso a más largo plazo donde se dialogue y diriman diversos asuntos que marcan las profundas diferencias en las concepciones sobre políticas nacionales e internacionales entre las dos naciones. En torno a algunos de estos temas puntuales surgen muchas interrogantes e incertidumbres que estuvieron presentes en las comparecencias de ambas delegaciones ante los periodistas. Si todo cambia, como es una verdad reconocida en este mundo, cabe preguntarse: ¿cambiará Estados Unidos?

 Esta es una pregunta clave del presente y del futuro. Si, como se sabe, la política que determinó el arsenal de medidas de los Estados Unidos contra Cuba se sustentó en los propósitos de destruir a la Revolución Cubana por todos los medios posibles, que incluyó entre otros el bloqueo unilateral y universal, rompimiento de las relaciones diplomáticas, aislamiento internacional y agresiones armadas y terroristas, ¿qué habrá pasado, en la mentalidad de la cúspide del gobierno estadounidense, con aquellos propósitos manifiestos de destruir a la Revolución? ¿Habrán sido lanzados al basurero de la historia tanto los resultados fallidos de la política como los fines que la motivaron?

 Se han recalcado las diferencias entre nuestros países, y tal parece, y así se hacen explícitas en las voces del presidente Obama y de sus delegados en las negociaciones, que sobre determinados aspectos se aspira a determinados fines que presuntamente no serían tan nobles para la parte cubana. Es como si se quisiera arrancar una confesión de culpabilidad por determinadas concepciones y prácticas en el sistema político, algo que evidentemente muestra las orejas peludas de la injerencia en los asuntos políticos y culturales del pueblo cubano.

 Sin embargo, pienso que es demasiado temprano para inferir todas las conclusiones posibles. Es difícil que en las negociaciones la parte norteamericana se despoje tan tempranamente de todos los ropajes tragicómicos que durante más de cincuenta años tuvo a bien exhibir ante la comunidad internacional y ante su misma nación para mostrar la imagen de una Cuba que era una mentira y una invención de sus sueños y pesadillas imperialistas.

 En la actual coyuntura todo lo logrado es plausible. En otro entorno internacional, principalmente en América Latina y el Caribe, la política de los Estados Unidos sufre un reacomodo, y si bien es posible especular sobre el futuro, la realidad de hoy indica que es una señal de los nuevos tiempos y que se avanza por el camino correcto. Ojalá se instale con fuerza imbatible el principio de que el respeto al derecho ajeno es la paz, según expresara Benito Juárez.

 El actual proceso a corto y largo exige paciencia y madurez. Coexistir conociendo las diferencias naturales y normales entre los pueblos sería lo sabio. Entender que pretender imponer los valores propios, incluso los universales, a nivel bilateral y fuera de los marcos ya establecidos por los órganos correspondientes de las Naciones Unidas, es una labor de “compromiso y mesianismo imperialista”, que se hace intolerable e inaceptable para la dignidad soberana de los pueblos. La democracia y los derechos humanos no es patrimonio de nadie, y mucho menos de quien en lo esencial y sustancial no es precisamente un modelo a imitar. Eliminar de la práctica política las incongruencias en las relaciones normales entre las naciones como son los actos que contradicen o minan las mismas, tal como se evidencian en las respuestas dadas por la parte norteamericana en torno al estímulo de la emigración ilegal a través de la Ley de ajuste cubana y la política estimulante de las deserciones de los profesionales de la salud en terceros países.

 Hablando de diferencias históricas es bueno poner sobre la mesa de negociaciones el pensamiento de José Martí, quien en sus cuadernos de notas hubo de realizar estas observaciones y advertencias que hoy tienen plena vigencia y ayudan con argumentos irrebatibles a entender las posiciones de ambas partes, a la vez que se afianzan las trincheras cubanas para hoy y mañana. Trabajemos entonces, hoy más que nunca, para darle aliento al corazón cubano ya que nuestra vida no se asemeja a la norteamericana, ni debe en muchos puntos asemejarse.  Así lo expresó Martí:
 “Los Norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento.-Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad.
  Y si hay esta diferencia de organización, de vida, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que sólo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan? (…) Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. (…) Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y le han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa! (…) Y si el estado general de ilustración en los Estados Unidos os seduce, a pesar de la corrupción, de su metalificación helada, ¿no podremos nosotros aspirar a ilustrar sin corromper?”
 Más claro no lo canta el gallo. De una y otra parte están la utilidad frente al sentimiento, la cabeza calculadora frente a la cabeza imaginativa, el corazón de algodón frente al corazón sensible cubano, las leyes y vidas diferentes, la metalificación y prosperidad norteamericana a toda costa y nuestra aspiración a ilustrar sin corromper…

 Si eso fue válido bajo la perspectiva del siglo XIX, mucho más valedero es hoy,  en el siglo XXI, cuando tantas cosas han cambiado en este mundo y cuando la revolución triunfante el primero de enero de 1959 abrió un paréntesis para la historia plenamente soberana y revolucionaria de la Cuba que soñara José Martí.

*Médico cubano; Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba. Enviado por su autor
Foto Internet, sin crédito conocido