domingo, 7 de junio de 2015

¡En sus marcas! ¿Listos? Nos vamos a La Habana

¡En sus marcas! ¿Listos? Nos vamos a La Habana
Por Lohania Aruca Alonso *
 
Nunca he negado la importancia que para la historia de Cuba significó el anuncio simultáneo del restablecimiento futuro de las relaciones diplomáticas entre EE. UU. y Cuba, aquel 17 de diciembre de 214,  que ya siento un poco lejano (desde entonces han transcurrido cinco meses y algunos días más). Mi primer artículo sobre esta cuestión lo escribí el 18 de diciembre y se publicó el 20 [1].
      Pero, sucede que aún no se han concretado total y satisfactoriamente las expectativas de la reapertura de las embajadas de dichos gobiernos en las sedes capitalinas estadounidense y cubana. No es algo negativo por el momento, muy al contrario, solamente es el fiel reflejo de dificultades previstas, y de otras que se apreciaron y aprecian mejor en el transcurso cotidiano de este complejo proceso,
     Muchas veces me he preguntado cómo definir con alguna exactitud  el significado del concepto de “normalización” aplicado desde la diplomacia al enfoque realista (yo, optimista, todavía lo veo en ciernes) de las relaciones bilaterales entre EE. UU. y Cuba.
La crudeza de las contradicciones existentes entre las políticas de ambos estados naciones se pueden percibir claramente a lo largo de su devenir histórico, desde los inicios del siglo XIX hasta las declaraciones del presidente Obama del 17 de diciembre 214, cuando refiriéndose a las características actuales dijo:
Al igual que habían hecho los inmigrantes en el pasado [2] los cubanos contribuyeron a rehacer los Estados Unidos, aún cuando sentían una dolorosa añoranza por la tierra y las familias que habían dejado atrás. Todo esto une a los Estados Unidos y a Cuba en una relación única, como miembros de una sola familia y como enemigos a la vez [3].
Aclararé: Hay una gran diferencia entre la inmigración cubana independentista del siglo XIX, y hasta de la que luchó contra los déspotas gobernantes Gerardo Machado y Fulgencio Batista  Zaldívar, buscando hacer realidad verdadera el sueño de la patria cubana, su independencia y soberanía total, y los que emigraron de Cuba a partir de 1959, huyendo de sus responsabilidades  por motivos de delitos comprobados,  o, yendo al exilio por la negación y renuncia a los derechos que nos otorga legalmente la existencia y el reconocimiento internacional de nuestra ciudadanía; por razones esencialmente de enfrentamiento político e ideológico, vistas y valoradas en el marco de la Guerra Fría.
     Aquel contexto histórico, e histérico, de los primeros años de la década del 60 del siglo pasado,  fue desarrollado internamente  y aupado desde los EE.UU. con planes nada amistosos y mucho menos respetuosos hacia un país libre y soberano. Fueron abiertamente agresivos contra el nuevo gobierno revolucionario y la mayoría del pueblo que lo apoyaba entusiasta y públicamente.
     De esto ahora aún se dice poco, para lo mucho que trastornó la vida familiar y nacional cubana, sin que el vecino poderoso consultará cuál era el interés y la opinión mayoritaria, para tenerla en cuenta en sus proyectos, y por el respeto que merece la totalidad de la población de un estado nación formalmente establecido.
    Recordamos actos terroristas “anticomunistas”, que llevaron al límite a las familias que aceptaron el criminal plan “Peter Pan” [4] y se separaron de sus inocentes hijos e hijas pequeños,  y los enviaron solos a los EE. UU. Esto debe constar en la historia de la contrarrevolución cubano estadounidense –aún cuando todavía no apuntase su filo genocida la invasión a Playa Girón (1961) o, las bandas contrarrevolucionarias o el bloqueo comercial, entre otros.
    Es muy necesario recordar que el fin del neocolonialismo estadounidense en Cuba fue el verdadero motivo del rosario de agresiones criminales que se desataron contra nuestro pueblo y gobierno, ya hace más de medio siglo. Perdieron en un par de años, lo que había anhelado por casi un siglo y lograron pérfidamente con la ocupación estadounidense de 1898 y la implantación a pura fuerza de la Enmienda Platt y los leoninos tratados comerciales y navales que vinieron después.
Casi perdemos la soberanía sobre una parte amada del territorio cubano, la Isla de Pinos, que fue reconocida por el Tratado Hay-Quesada gracias a más de dos décadas de lucha.
     Es decir, que “normalización” en este momento, posterior al posible restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los EE. UU. y Cuba,, en mi opinión se refiere únicamente a lo que debió ser “lo normal” cuando se izó la bandera cubana en la fortaleza del Morro de La Habana, el 2 de mayo de 1902: el respeto pleno, irrestricto,  a la independencia y soberanía de Cuba y del gobierno que fue elegido legítimamente por su ciudadanía. 
Esta situación histórica, tan deseada ahora y siempre, de relaciones normales entre dos estados naciones americanos, por demás vecinos -con fronteras marítimas contiguas que únicamente determinan el Golfo de México y el Estrecho de la Florida- se ha demorado ya ciento trece (113) años. ¿Cuánto más habrá que esperar para que nuestros muy civilizados y poderosos vecinos estrechen sinceramente nuestras manos y nos acepten tal cual somos y hemos optado por ser, independientes?
Todas estas justas aspiraciones, por parte de los cubanos y cubanas, no impiden en absoluto que contemplemos las contradicciones y los riesgos del presente y futuro; los beneficios y los peligros van de la mano, son los grandes, enormes,  desafíos de todos los megaproyectos humanos.
    Enfrentar tales desafíos, nombrados por el historiador Ramiro Guerra en los años cuarenta del siglo XX, tener el valor de vivir al filo de cada uno de ellos y superarlos, será la honrosa tarea de las nuevas generaciones que ejercen el poder político, económico y cultural en Cuba -desde el nivel de la circunscripción, el municipio, la provincia hasta el nacional a través de sus cargos y responsabilidades en el gobierno del Poder Popular, del Partido Comunista de Cuba, o de las numerosas y variadas organizaciones sociales, profesionales, religiosas, etc., que integran la sociedad civil real en nuestro país.
      Las generaciones “viejas” que cedemos el espacio y el poder, porque ocupamos el propio hace alrededor de seis décadas, no nos vamos a dormir, ni daremos tregua alguna a un largo “combate de siglos”, en el cual no sufrimos solamente amenazas de muerte o tortura –que es algo más que “pinchazos de alfileres”; nos preparamos para combatir en todos los terrenos y escenarios posibles,  así se ha hecho y se hará.
Los traidores anexionistas, los egoístas vendidos a “contratistas” nacionales o extranjeros, serán identificados y condenados. Son las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y los Comités de Defensa de la Revolución los “guardaespaldas” más efectivos que tenemos en Cuba, aunque ciertamente muy criticados por quienes hasta ahora ignoraban su razón de ser.
No vendrán impunemente a La Habana, ni a parte alguna de Cuba, quienes intenten hacernos retroceder a un pasado de infamia y de  desvergüenza. La normalización de relaciones diplomáticas no incluye lo que resta a la honra de la Revolución Cubana, sino lo que con justicia histórica reclamamos, porque sí,  nos corresponde.-
La Habana, domingo, 07 de junio de 2015


Notas
[1] Véase en el blog cubano de La Polilla, 20 diciembre 214, lo titulé “UN NUEVO DÍA HISTÓRICO PARA CUBA”. También fue publicado por esa fecha en el blog “El Heraldo”, La Habana.
[2] El Sr. Obama, posiblemente alude a la cuantiosa inmigración cubana que buscó refugio en aquel país, durante las distintas etapas de las Guerras por la Independencia de Cuba en el siglo XIX, y que fue recibida, generalmente, como mano de obra barata en empresas tales como las del tabaco, sobre todo al sur de la Florida, donde fundaron inclusive nuevas ciudades,. No obstante ello, las buenas relaciones diplomáticas con la metrópoli española y la búsqueda por parte de los presidentes estadounidense de una salida a la situación que no implicara el reconocimiento de Cuba como un estado independiente -aun cuando por aquellos años cabía la posibilidad de que aumentase una estrella en su bandera-, hizo que los independentistas cubanos no obtuvieran el apoyo oficial del gobierno de los EE. UU. hasta su entrada en la guerra en1898, con las conocidas consecuencias intervencionistas; aunque sí hubo respaldo a nuestro derecho a la independencia y soberanía total de la parte progresista de su pueblo y de la política liberal que prevalecíó cuando se realizó la Declaración Conjunta.
[3] Publicado en “Granma”, Internacionales, texto completo traducido al español del discurso del presidente Barack Obama “En aquellos aspectos en los cuales no coincidimos, abordaremos esas diferencias directamente”,  jueves 18 de Diciembre de 2014, p. 2.
[4] Operación Peter Pan (también Operación Pedro Pan) fue una maniobra coordinada entre el Gobierno de los Estados Unidos (con énfasis sobre la CIA), la Iglesia católica y los cubanos que se encontraban en el exilio, por la cual más de 14.000 niños fueron llevados de Cuba a Estados Unidos. Tuvo lugar entre el 26 de diciembre de 1960 y el 23 de octubre de 1962. La operación fue diseñada para transportar a los niños de padres cubanos preocupados que temían la idelogía comunista del gobierno cubano y que conocían lo sucedido con los "niños de Rusia" enviados por la Segunda República Española a la Unión Soviética,[1] las noticias de que ya había escuelas de adoctrinamiento, y de que al Ejército Rebelde lo estaban también adoctrinando, añadido a todo esto lo que estaba sucediendo con la implantación de un sistema comunista en Cuba.. Copiado por la autora de Wikipedia: «http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Operación_Peter_Pan&oldid=82519851»
*Lohania Josefina Aruca Alonso. Cubana. Periodista e investigadora histórica y cultural. Licenciada en Historia, con especialidad en Urbanismo. Máster en Ciencias Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba Miembro de la UNEAC, la Unión de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción y la UPEC. Cumplió tareas como funcionaria del Servicio Exterior del MINREX en Cuba