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martes, 26 de enero de 2016

Frei Betto: Pocas naciones son tan ricas como Cuba en capital simbólico

 Fragmento de Intervención inaugural de Frei Betto en el II Encuentro Internacional de Con todos y Para el Bien de Todos.
El teólogo brasileño, Frei Betto, ofreció una conferencia magistral.
El teólogo brasileño, Frei Betto, ofreció una conferencia magistral.

Fue el programa martiano, organizador de este evento el que me propuso el tema de mi intervención: El papel de la ética en las políticas de desarrollo.

  Se trata de un tema de suma importancia, en especial para Cuba en un momento en el que el país establece sus relaciones con los Estados Unidos,  se abre a la inversión extranjera además de promover cambios sustanciales en su economía.

En las primeras páginas de la Biblia, La Génesis, se encuentra el tema de la ética, el cual estaba en el centro del bien y del mal. Esto es un símbolo obvio de que toda la organización de la vida humana debe planearse en torno a principios éticos.
Nacemos para la libertad, y si somos libres tenemos siempre ante los ojos una diversidad de opciones; podemos objetar por la opresión o por la liberación, por la mentira o por la verdad, por la competitividad o por la solidaridad. Cada una de esas opciones tanto personales como sociales, se fundamentan en una raíz ética o antiética, porque como subraya Santo Tomás de Aquino, todos sin excepción buscamos un bien mayor e incluso cuando practicamos el mal: y el bien mayor es la felicidad.

Pero la ética nos exige una respuesta: ¿busco en mi felicidad algo que sea a costa de la felicidad ajena? O busco la felicidad de todos aunque mi felicidad se vea coronada por el sacrificio de mi propia vida.

Sabemos que en este mundo capitalista globo-colonizado, el desarrollo, como bien analizó Marx, siempre ha significado mayor acumulación de riquezas en manos privadas, nunca se ha emprendido en función de las necesidades reales de la mayoría de la población.  Se abren calles asfaltadas e iluminadas en lotes de terrenos vacíos destinados a condominios de lujo, mientras que las calles populosas de las periferias de las ciudades no merecen ningún tipo de pavimentación y pasan por ellas canales de desechos humanos.

Tal vez el ejemplo más significativo de la lógica perversa que rige el desarrollo capitalista sea el hecho extraordinario de que el ser humano haya puesto los pies en la superficie lunar a un costo de 6 mil millones de dólares, mientras que aun no se ha logrado poner los nutrientes esenciales en los estómagos de millones de niños de América Latina, de Asia y de África, clamor que el Papa Francisco tanto repite.

La razón instrumental de la modernidad fracasó, porque cedió al pragmatismo del mercado y se distanció de los valores de la ética. En el capitalismo todo sistema axiológico constituye un estorbo; la ética solo existe como discurso para engañar a los ingenuos, como los sellos verdes que marcan la propaganda de las grandes empresas que devastan el medio ambiente como algunas compañías en Brasil que en noviembre del año pasado debido a la ruptura de una presa ocurrió el mayor desastre ecológico de la historia de Brasil al envenenar un río que beneficiaba 3.5 millones de personas, una de nuestras más importantes vías fluviales  y ha causado daños evaluables como mínimo en 4 mil millones de dólares.

En el mundo capitalista el desarrollo es un negocio y no un programa para el mejoramiento de la calidad de vida de la población; una prueba es la especulación inmobiliaria. Mientras que la tercera parte de la población de Río de Janeiro vive en Favelas, en la franja marítima miles de apartamentos permanecen cerrados durante todo el año y solo se abren en las vacaciones de sus propietarios, que coinciden con el período veraniego.

En el devenir del desarrollo capitalista hay un virus que parece imbatible que es la corrupción. Desgraciadamente Brasil sobresale hoy por ser un país donde la corrupción contaminó al gobierno y a nuestras mayores empresas como Petrobras. Hay que recordar que lo mismo ocurre en numerosos países, la diferencia para mérito de Brasil es que los gobiernos de Lula y Dilma no han movido un solo dedo para impedir que la policía federal y el ministerio público denuncien e investiguen a corruptos en los poderes públicos y la iniciativa privada, incluido presidentes de grandes empresas, ministros de gobiernos y dirigentes del Partido de los Trabajadores.

Toda la historia del desarrollo brasileño está marcada por el matrimonio de corrupción e impunidad, por suerte el gobierno del Partido de los Trabajadores ha promovido su divorcio, establecido la transparencia y ha favorecido prisiones y castigos en un proceso que desgraciadamente está lejos de llegar a su fin.

Cuba vive actualmente un momento histórico de grandes transformaciones. Su lógica revolucionaria del desarrollo centrada en los derechos de la mayoría de la población se abre a las asociaciones público-privadas.

La construcción del puerto del Mariel, el más importante de todo el Caribe y quizás de todo el Océano Atlántico, inaugura nuevas posibilidades para el desarrollo económico. El desarrollo turístico, incrementado por la excelencia de los servicios sobre todo en el área médica y alto nivel educacional  de la mano de obra y también la protección se encamina como prometedora estrategia de captación de divisa.

Todos sabemos que el gobierno de Cuba se empeña en resolver el problema de la doble moneda; en resumen estudia y pone a prueba una serie de nuevas medidas para impulsar el desarrollo de este país.

Lo que tiene de original la lógica de desarrollo de esta nación es justamente su capital simbólico, que tiene como bases valores espirituales  como el sentimiento de libertad e independencia, de cooperación y solidaridad que marca la historia de este país desde la lucha de los esclavos hasta la implantación del Estado socialista.
Muchos en el exterior apuestan a que Cuba será una mini China políticamente socialista y económicamente capitalista. Este peligro existiría si Cuba abandonara lo más preciado que posee, su capital simbólico.

Este país no posee grandes recursos naturales y los pocos que tiene han sido repartidos para garantizar a cada habitante su derecho a la dignidad como ser humano. Pero pocas naciones del mundo son ricas como Cuba en capital simbólico encarnados en figuras como el padre Félix Varela, José Martí, Ernesto Che Guevara, Raúl y Fidel Castro.

Este capital simbólico no es solo resultado de la Revolución victoriosa de 1959, la revolución lo potenció pero es consecuencia de siglos de resistencia del pueblo cubano de los dominadores españoles y estadounidenses.

Pero no seamos ingenuos, la corrupción no tiene ideología, se inmiscuye en la derecha y en la izquierda.  Es un virus que penetra cuando el revolucionario pierde su inmunidad ideológica. Y esto ocurre cuando se despersonaliza fascinado por las funciones que ocupa en la estructura de poder.

Entonces la corrupción se torna más importante que la persona y esta hace cualquier cosa para no perderla, como náufrago que se aferra al tronco en medio de la borrasca marina.

Corrupto no es solo el que facilite el logro de intereses que no son de la colectividad; corrupto es también quien se encierra en su burbuja de cristal y no admite críticas y mucho menos  que lo depongan de su supuesta posición de general para asumir el puesto de simple soldado en las trincheras de la Revolución.

El corrupto nace de una ambición desmedida, de la vanidad exagerada, del auto convencimiento de que es intocable e insustituible que se ampara en la certeza de la impunidad.

Si la revolución cubana tiene el propósito de perdurar como un sol del mundo moral, como la expresión de Luz y Caballero, perfeccionar el socialismo es un desafío, y la cuestión ética se torna central en los procesos de educación de este país.

Cada cubano debe preguntarse por qué Martí que vivió casi 15 años en los Estados Unidos no vendió su alma al imperialismo ascendente. Por qué Fidel y Raúl, hijos de latifundistas y educados en los mejores colegios de la alta burguesía cubana, no vendieron su alma al enemigo. Por qué Che Guevara, médico formado en Argentina, revolucionario consagrado en Cuba, decidió abandonar todas las obras políticas y las comodidades inherentes al ejercicio de las funciones de poder para internarse anónimamente en las selvas del Congo y de Bolivia, donde la muerte lo encontró. He aquí la respuesta: la vida de cada uno de nosotros se define por el sentido que le imprima. Este sentido solo se transforma en capital simbólico cuando hay sentido de la ética.

El capitalismo con su poderosa máquina de publicidad quiere que la humanidad solo tenga sentido a través del tener y no del ser. Quiere formar consumistas y no ciudadanos.
Tomado de Cubadebate

lunes, 23 de febrero de 2015

Dos que son uno... tomados de Fanal Cubano

Quizá nuestra televisión no cumpla las espectativas de todos... yo confieso que hay muchas cosas de ellas que me gustan y otras no tanto... sin embargo, ¿vale la pena que por el simple hecho de "entretenernos", involucionemos?

Armas de embobecimiento masivo

Por Julio Martínez Molina

En varias de sus intervenciones recientes, el primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha puesto en la mirilla la necesidad de levantar bandera contra los patrones culturales negativos y la pertinencia de ampliar el acceso de la población cubana a productos audiovisuales de calidad. Ambos temas, abordados con insistencia por el dirigente, representan dos partes de una esencial ecuación de purificación/reconversión espiritual y gnoseológica.

Su despeje (a resolver por segmento considerable de personas, devorado por perjudiciales andanadas de productos musicales, televisivos y fílmicos de la peor laya) conducirá, inexorablemente, a esos mayores niveles de adquisición de cultura por parte de un receptor capaz, solo entonces, de reaccionar contra la vulgaridad, la superficialidad y la enajenación más absurda.

Cuando el individuo, una vez pertrechado del imprescindible discernimiento estético, sea capaz de rechazar por efecto de decantación a la impostura y lo banal, será el momento en el cual no necesitará de otro talismán para preservarse de las arremetidas negativas censuradas por el vicepresidente cubano.


Es un fenómeno complejo, con demasiadas interrelaciones, del cual no pocos espacios de reflexión del país se han ocupado bastante; aunque -la verdad sea dicha-, el saldo de tales prédicas no ha resultado todo lo fecundo que se hubiese deseado o supuesto.


La aseveración ancla crédito en la consulta de los hábitos de consumo de muchos espectadores, quienes lo mismo asienten ante clips de reguetón u otros géneros que ensalzan los peores antivalores (racismo, ostentación, indignidad, machismo, irrespeto al prójimo, violencia fratricida) combatidos por este sistema social desde hace 56 años, que santifican a la peor bagatela de la noche televisiva miamera y esos exponentes que cunden las televisiones del universo hispano en EEUU o Latinoamérica. Cadenas estas dirigidas por multinacionales, en ciertos casos de oscuros prontuarios ideológicos y conexiones directas con las agencias de inteligencia de los Estados Unidos.


No solo le venden al público regional (el latino de dicha nación y al del subcontinente) patrones de vida, modelos preconcebidos de “entretenimiento” pletóricos de mensajes subliminales -solo para referirnos al tema harían falta par de páginas. Lo más relevante de este nuevo “mundo feliz” catódico es que opera con arreglo al designio de los tanques pensantes del imperio de mantener al público embobecido en medio de la más absoluta vacuidad, mientras su gobierno mueve los hilos del retablo mundial. Pan y circo, Roma sabía. Lo mismo los de la Sala Oval. Idiocracia teledirigida.


Tales programas constituyen una droga de daños tan nocivos para el cerebro humano como las vegetales o sintéticas. En realidad, no están hechos para nuestra liga. Cuba compite en primera. Seguirle el juego a su visionaje sistemático aquí significa ponernos al nivel de las carencias formativas de países con índices de alfabetización o instrucción general deplorables.


Nuestros niños (no lo dice ningún adepto, sino la mismísima UNESCO mediante sus comprobaciones parciales) figuran entre los más educados del planeta. Ninguno tiene que reírle la gracia a los “geniecillos” inventados de ciertos espacios. La mujer cubana -culta, bella, sensual, sensible, lúcida- no precisa “admirar” shows mercantilistas que, bajo un falso ropaje de pretender ensalzar al género femenino, en la práctica lo denigran.


El único antídoto ante el fenómeno es la Educación Estética. El primer paso del camino para alcanzarla consiste en leer. No existirá entendimiento alguno, de nada, sin lectura. A la par, se precisa robustecer el conocimiento de forma integral, viendo, escuchando, asimilando e incorporando -desde una posición interpretativa al inicio y más tarde crítica-, cine, teleseries, música, danza, arte en los museos y espacios galéricos. E, igual, visitar epicentros expositivos, asistir a conciertos o puestas, participar en recorridos histórico-culturales.


Todo ello irá conformando una sensibilidad estética en la persona, la cual, en determinado grado ulterior de desarrollo (marcado en última instancia por el afán personal de superación), se convertirá en espíritu cultivado; por ende dotado de las herramientas valorativas necesarias como para que se le prenda un foco rojo en el encéfalo no más advierta la morralla estética a kilómetros.


Tomado de http://fanalcubano.blogspot.com/2015/02/armas-de-embobecimiento-masivo.html

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El man Gilbert

Por Enrique Ubieta Gómez


Como en La Rosa púrpura del Cairo, un personaje ha salido de la pantalla, y camina por una ciudad, la nuestra. O fue al revés: un espectador se obsesionó con cierto tipo de películas, seriales y videos, quiso vivir en ellos y se introdujo en la pantalla, renunció a ser persona para convertirse en personaje de ficción.


¿La ficción construye la vida, o la vida construye la ficción? Si en época de Cervantes era posible que alguien, de tanto leer historias de caballerías, encarnase en su vida-ficción real al personaje “loco” y justiciero, en la nuestra, la letra impresa ha cedido su capacidad de influencia al audiovisual.

No es, obviamente, la única ni la más importante diferencia. El audiovisual contemporáneo que impera recrea otras historias y reproduce otros valores, para nada quijotescos.


Al margen de la polémica sobre la validez artística del reguetón —no me interesa dilucidar su trascendencia como género musical—, por ejemplo (y no es un ejemplo tomado al azar), su puesta en pantalla nos impone un mediocre sentido de vida.
Parece inevitable que el reguetón se ofrezca en un módulo audiovisual que nos devalúa como seres humanos y nos mide a través de las cosas que nos poseen: el carro de lujo del año, la muchacha más Barbie (no es un elogio), descerebrada y deshuesada –la mujer como simple objeto sexual–, las cadenas de oro, las maletas de dólares, las bebidas más caras, los guardaespaldas, la ostentación (que en Cuba llaman especulación) como espuria evidencia de un falso triunfo.


Una noticia recorre las pantallas de las computadoras cubanas: un “especulador”, seudo cantante de reguetón, cuya vida imitaba los estereotipos visuales del género, fue detenido en un operativo policial digno del serial televisivo más espectacular. Por ahí circulan los videos de la detención, como si fuesen capítulos de UNO o de Tras la huella. Como no se han concluido las pesquisas ni se ha efectuado el juicio, no hablaré de cargos. Mi tema no serán las posibles ilegalidades de su conducta pública, sino su sentido corruptor.


Para ello acudo a los hechos visibles, constatables: este ciudadano, que se hace llamar Gilbertman —como Superman, o Spiderman, un “superhéroe” de mágicos (monetarios) poderes—, fugitivo de la justicia estadounidense (la cual, según parece, no ha querido colaborar con la nuestra en este caso), se instaló en su humilde barrio habanero de origen y compró en un año casas, autos de lujo, conciencias, cuerpos de mujer, y otros “objetos”.


Se hacía retratar mostrando su bíceps “poderoso”, y sobre él, en perfecto equilibrio, contenidos por su mano, fajos de billetes de a cien dólares. Fuerza física, fuerza monetaria. Llegaban sus autos y en ellos sus guardaespaldas; entonces descendía este SuperNada de 28 años, como si pisara la alfombra roja del éxito, como si de verdad alguien lo amara o pretendiera liquidarlo.


Nada que apareciese en los video-clips de sus amigos reguetoneros, y en los suyos, escapaba a su codicia simbólica. ¿Que en los videos se exhibían semi o casi desnudas las mujeres? Él alquilaba las suyas. ¿Que en los videos llegaban los tipos de mirada inflexible en carros de lujo? Llegó a coleccionar 22 autos de marcas caras. ¿Que en ellos se contaban historias de matones y de jefes mafiosos? Él mostraba sin recato una pistola, no sabemos si real o falsa, pero ¿importa?, y maletas llenas de dólares. Extraña, retorcida manera de parecer “alguien”.
Super/Gilbertman regalaba a los vecinos y parecía extorsionar a los restantes habitantes del planeta. ¿Imitaba a Pablo Escobar, es decir, la leyenda cinematográfica del “buen” matón colombiano? Su divisa, su fuerza, su triunfo aparente, era tener (ya se sabe que el cómo no importa) y especular; en esencia, la misma de Bill Gates o de Carlos Slim, aunque su origen era humilde y sus opciones otras.


En el capitalismo el matonismo es una profesión de prestigio, y tiene su glamour, su onda… ¿lo queremos en Cuba? Gilbertman financiaba videos de los Desiguales, de Eddy K (de regreso en la isla), del Yonki, del Príncipe, de Damián, a condición de que lo dejasen aparecer en pantalla. No se diferenciaban mucho esos videos de los que hacen Yakarta y el Chacal (por ejemplo, Ellas son locas), u Osmani García (por ejemplo, su reciente Barra abierta, made in Miami). En su afán por indiferenciar su vida de los más aberrantes modelos “musicales”, Gilbertman utilizaba su casa y sus carros como espacios de filmación, se representaba a sí mismo o a aquel con quien soñaba ser.


En una de sus últimas producciones, No hay break, reunía en su casa a sus financiados, entre maletas llenas de mujeres, de dinero, de expresiones duras, de pistolas, de cadenas de oro, de muebles caros y de mal gusto, como capos a la espera del resultado de una supuesta guerra callejera, importada de otras calles, de otro mundo que no es el nuestro, un video donde la violencia alcanza grados repugnantes, y en el que se compra la imagen, el símbolo esta vez invertido del joven actor que encarnaba al Chala: si el socialismo —que es representado por la maestra— peleaba en la película de Daranas, entre sus propias contradicciones, por salvar al niño de su familia y de su entorno social, este video reniega de aquella “conducta”, pisotea el símbolo.


La revista digital de frivolidades Vistar magazine —que presenta en su costado más banal a los buenos, regulares y malos artistas, con anuncios de negocios que pagan, sean o no legales—, le dedicó una página en uno de sus números y en otro, anunció el video.


La guerra cultural es explícita, aunque Gilbertman no tenga la menor idea de su existencia: nosotros necesitamos salvar, emancipar, ellos quieren hacernos creer que es imposible. Contaminan, corrompen. Este “Chala” de rostro duro, traiciona y dispara a sangre fría, para cobrar su parte. ¿No hay leyes en Cuba que castiguen la producción de videos violentos en los que participan niños?


Que triste vida la de Gilberto, el joven de 28 años que se disfrazaba de Gilbertman. Pero su caso, por extremo, es paradigmático: nadie encarnó tan literalmente el personaje del reguetonero audiovisual, del “triunfador” made in USA; nadie se jugó como él todas las cartas a favor de la cultura del tener, del capitalismo, en su versión más grotesca, más vulgar. Y es paradigmático también en otro sentido: Gilbertman creía que el dinero, su superpoder, lo haría invencible en Cuba, como podría serlo en Miami o en Bogotá. Tanto lo creyó que se anunciaba en Internet y alardeaba públicamente de su “fuerza”. La guerra cultural contra el socialismo pasa por el envilecimiento y la corrupción de nuestros ciudadanos. No puedo hablar de ilegalidades hasta que fiscales y abogados de la defensa diriman responsabilidades, pero trabajemos por forjar sueños mejores en nuestros niños y jóvenes, porque los cubanos tengan un paradigma de vida superior. (Fuente La Jiribilla)


Tomado de http://fanalcubano.blogspot.com/2015/02/el-man-gilbert.html

miércoles, 19 de noviembre de 2014

En busca del Unicornio perdido (VI). Mediocres y rastacueros: enemigos internos

Por  Antonio J. Martínez Fuentes*
“… desafiar poderosas fuerzas  dominantes
 dentro y fuera del ámbito social y nacional”
                     Fidel

"El mediocre… custodia celosamente la armazón de
 automatismos y prejuicios y dogmas acumulados
durante siglos, defendiendo ese capital común
 contra la asechanza de los inadaptables"

El pasado año escribí la Antropológicas 77 con el título Construir proyectos de vida sustentables, me  motivaron las experiencias,  lecturas y vivencias de nuestra vida cotidiana que nos  vienen haciendo meditar desde hace ya tiempo, y percibo que le sucede a un sinnúmero de amigos y amigas, me refiero nueva y necesariamente a la lamentable erosión (creo que mejor le llamaría deconstrucción) de numerosos hábitos conductuales correctos, éticos, morales y cívicos,  que lamentablemente  se han venido extendiendo (como el  marabú) y que por ende tienden a  “caracterizar” a un amplio sector de nuestra sociedad desde hace no poco tiempo. 
 
En ella narré la experiencia, grata, que tuve en marzo de ese  año, en nuestra casi  tricentenaria universidad habanera cuando acogió a los participantes del XVI Simposio Territorial y Fórum de Ciencia y Técnica de la Cultura Plaza de la Revolución. Me correspondió participar en la  sesión de la comisión no. 3, en ella  estábamos presentes desde niños y niñas de una escuela primaria hasta adultos mayores (entre los cuales me incluyo). Fue muy estimulante escuchar la ponencia: La Historia de la Biblioteca Nacional, presentada muy original y creativamente por los alumnos Alain Axel Badidila Rodríguez, Adrián Chacón García, Cynthia Fernández Huguet, Álvaro González Hernández, Jean Manuel Pérez Alfonso, Ernesto Suárez Aliño, Darián Ulacia Iglesias y José Enrique Villuendas Quesada, todos de la Escuela Primaria Frank País García del municipio en cuestión.

 “Terminadas las sesiones de trabajo nos encaminamos hacia el hermoso e  histórico Patio de los Laureles del Edificio Felipe Poey  del recinto universitario, lugar lleno de recuerdos de luchas pasadas iniciadas por Julio Antonio Mella en 1923. Allí dialogué con los escolares que presentaron el trabajo sobre la Biblioteca Nacional José Martí. Ellos no querían irse sin visitar nuestra también histórica y hermosa Aula Magna.  Los envié, al cuidado de una de las abuelas que los acompañaban, a contactar al apreciado amigo Mario Suárez (Mayito) que funge como administrador del Aula.

Al rato, volvieron  y me contaron, con esa magia de la niñez,  sus vivencias al entrar al bello e impresionante recinto; allí  vieron las pinturas que decoran las paredes, estuvieron frente a la urna que guarda los restos del Padre Félix Varela, de quien se dice nos enseño en pensar. Allí, según me expresaron, hicieron todos el juramento de graduarse como profesionales universitarios y con diplomas de oro!! Hermosa acción que  me dieron motivos para continuar teniendo fe en el mejoramiento humano. ¿Qué camino tomará cada uno? La familia, la escuela, la sociedad en su conjunto los llevaran quizás por caminos diferentes, pero confió en que por  buenos camino

 “Pero a veces pienso:¿cómo es que esas personitas sencillas, honestas, sinceras, inocentes, llenas de amor, pueden,  en un momento, dado comenzar un proceso de cambios, transformaciones, “mutaciones”, que los conviertan en jóvenes y adultos desprovistos de valores humanos?  Martí sentenció que los niños son la esperanza del mundo, pero en ocasiones esas esperanzas se truncan se trastocan y surgen anti-esperanzas y se puede perder el camino. A mí, como a muchas otras personas, me martilla frecuentemente la pregunta: ¿qué nos está fallando? Pero siempre veo alguna que otra esperanza,  en acciones de muchos niños y jóvenes, y adultos, y abuelos y abuelas”.

De acuerdo con el profesor  Wilson Leyva en su libro "Virtudes y vicios en la sociedad cubana" (Editorial Ciencias Sociales, 2013) “…en nuestro sistema moral hay “rasgos de moralidad” positivos y negativos (virtuosos y viciosos) distinguibles más allá de de las coyunturas  políticas a las que puedan ser asociados”.

La mediocridad

La mediocridad puede ser uno de las tantas formas de existir (vicios) que nos lleven a  perder  el camino. Al hablar de mediocridad no puedo obviar al filosofo argentino José Ingenieros (1877-1925) nacido en la ciudad de Palermo (Italia), donde trascurrió su infancia y luego emigró con la familia hacia Argentina. Estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires, y fue profesor  de psicología experimental en esa universidad. Está considerado como uno de los máximos representantes del positivismo en Latinoamérica y escribió su tesis doctoral, "La simulación en la lucha por la vida" (1903), en clara consonancia con la corriente darwinista que prevalecía en Argentina por aquella época. A ese respecto, y como miembro del Partido Socialista, defendió también la idea de que la lucha de clases era una de las múltiples manifestaciones de la lucha por la vida. Una de sus obras destacadas y ampliamente conocida es El Hombre Mediocre (1913)

El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar.

El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego.... Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos.

Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición, sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre es sinónimo de envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que otros  no sean reconocidos y  que no se pongan por encima de sí.

“Solamente los mediocres se conforman con la rutina”. “Son actitudes nefastas, que se convierten en una verdadera calamidad … y son más dañinas que una enfermedad”.
Mediocres  y rastacueros,  pareja malsana  y desgraciadamente más generalizada que el mismo cáncer… ¿Por qué?. Sencillo: pues  el cáncer no es contagioso, la mediocridad sí lo es,  el cáncer te acerca a las personas buenas, la mediocridad las aleja, en fin la cadena puede ser tan larga como nuestra capacidad para crear analogías. “El cáncer mata a las personas en forma individual, la mediocridad las mata en forma colectiva”.

La mediocridad para lo único que sirve es para destruir; demuele la iniciativa, la motivación, las buenas intenciones, el deseo de superación, el amor, la creatividad, en fin destruye el espíritu y la moral de las personas. Corroe las relaciones interpersonales, crea tensiones, desafectos, descontentos, desconfianzas, divisiones y agravios. El mediocre mira de que lado se vive mejor.

Los perjuicios del mediocre empoderado

Muchas veces me  he preguntado cómo accede el mediocre al poder y creo que se debe por  saber representar una personalidad que no es tal, por su dobles moral, por su poder de desdoblarse en lo que no es, por la adulonería, por saber lograr el ascenso y desplegar su total  realidad. Su propósito verdadero no es el éxito colectivo, es el individual, posee en verdad  un profundo sentimiento de  aversión al cambio, no cuestiona el estatus quo,  no contradice el escalón superior, pero desea lograrlo. Posee grandes reservas de envidia, rencor, autosuficiencia, menosprecio al otro, sin olvidar  que no pocas posiciones  están ocupadas  por personas que le tienen miedo al talento a pesar de de que pretenden dar la  imagen  contraria.

El mediocre por lo general actúa solapadamente y recurre a la manipulación de subalternos, consejeros,  homólogos y hasta sus propios jefes, “medran con torpes intrigas de antecámara” a fin de lograr manejarlos y ponerlos en función de  intereses malsanos. El mediocre es un manipulador por excelencia!

Según el destacado periodista Luis Sexto:

 “Para algunas instituciones, el sentido principal no es el servicio, sino aplicar fórmulas que les faciliten comodidad y placidez en la práctica de sus deberes. Hasta las explicaciones demoran, cuestan trabajo, porque tal parece que para ciertos funcionarios explicar al pueblo sus decisiones es como humillarse. Entonces, en qué país vivimos. Cómo queremos mejorarlo. ¿Acaso algunos creen que debemos gobernar para el pueblo, pero sin el pueblo? Si la pregunta fuera afirmativa, ya estaríamos alejándonos de los postulados de la revolución cubana.

 “Antes de fallecer a deshora, Joel James, agudísimo escritor revolucionario, escribió un ensayo en que sostenía que podremos tolerar que ciertas medidas de mercado en las actuales circunstancias de deterioro e insuficiencia  material,  potencien  la economía cubana. Lo único que no puede ocurrir -decía Joel James- es que  algunos de  cuantos dirigen y apliquen la política sean permeados por el mercado o sigan atrincherándose detrás de actitudes burocráticas. El pueblo, ese es el antídoto. Porque contando con el pueblo,  seguirá Cuba manteniendo  la esencia  de la revolución. Pero si algunos prescinden de la gente,  me parece que tendrán que rendir cuentas por un delito contra la doctrina y los intereses de la revolución y por ende de la nación.

No; nuestra  historia no puede ser una olvidada película en blanco y negro…”

Los efectos de las acciones implementadas por gente mediocre son frecuentemente  nuestra actual realidad. Tenemos  que luchar por cambiar sino las consecuencias serán peores que las actuales.

Por supuesto, no todas las personas son iguales, una gran parte actúa dentro de los límites de lo que llamaría estándar, los hay también ejemplares, pero existe una realidad oscura, de la que no siempre nos gusta hablar, que se sufre cotidianamente y que evidencia lo mediocre. Existen individuos que  sólo buscan mantener el status quo y evitar cualquier tipo de opinión contraria a su labor sin importar consecuencias.  Desgraciadamente, en una época de crisis como la actual,  muchas actitudes basadas en el poder de la mediocridad,  el miedo, la vida fácil y acomodaticia son demasiado frecuentes. La transparencia es una de las mejores recetas para combatirlas. Y si esto no ocurre se podrá seguir humillando y manipulando  a las personas, se les podrá incluso apartar de sus funciones  y seguirá triunfando la mediocridad que tanto daño nos hace, tanto a nivel personal como al social

El mediocre existe bajo cualquier “formato”, no es un tipo estándar en la sociedad, existe por doquier y en cualquier estrato, estamento, sector, pero mientras más poder acumula es más perniciosa  su acción.

Escribió José Ingenieros hace más de 100 año que “...la mediocridad es moralmente peligrosa y su conjunto es nocivo en ciertos momentos de la historia: cuando reina el clima de mediocridad

“Época hay en que el  equilibrio social se rompe en su favor. El ambiente tornase refractario a todo afán de perfección; los ideales se agostan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen la primavera florida.

“Aunque aislados no merezcan atención, en conjunto constituyen un régimen… Subvierten la tabla de los valores morales, falseando nombres, desvirtuando conceptos: pensar es un desvarío, la dignidad es irreverencia…, la virtud una estupidez”.

La mediocridad  es germen para el oportunismo y, como expresó Che “El oportunismo es un enemigo de la Revolución y florece en todos los lugares donde no hay control popular… y nosotros hemos hecho una Revolución contra la injusticia y porque es de política, el hacerlo, porque todos aquellos que, hablando de revolución, violan la moral revolucionaria, no solamente son traidores potenciales a la Revolución, sino que además son los peores detractores de la Revolución, porque la gente los ve y conoce lo que se hace”.

Uno de los métodos preferidos del mediocre es  crear estados de  opinión sobre las personas a su alrededor, un manipulador por excelencia que busca establecer marginaciones, y  ascender, con sus “refinados” métodos, según el clásico cuento de la serpiente!

De acuerdo con Wilson Leyva: “También en la  esfera de la dirección  en particular y  para el sentido de comprensión social en general, es importante el discernimiento que se haga de la relación política y ética o ética y política (cuestión que depende de la posición real que ocupe el sujeto en los niveles de estructura administrativa.

“En la sociedad cubana ha habido una pérdida de la capacidad de transmisión de virtudes por parte de instituciones como la familia e incluso en menor medida la escuela y el trabajo…”

“…sentimientos, saber y razón han de ser expresión de una cultura que a su vez se exprese  en una especie de cultura moral del ciudadano común en todas partes”.

Entonces duele  ver cómo después de décadas de constantes esfuerzos, de batallar intenso, de hacer caminos con  valor e inteligencia, estamos asediados de una costra malsana de burócratas, oportunistas, corruptos y rastacueros que hacen perder confianza,  así como  ideales que se nos van como agua entre los dedos. Sí, duele… duele ver esos enanos éticos.

Preguntaba  nuestro más universal de los cubanos:
 “¿A dónde irá un pueblo de hombres que hayan perdido el hábito de pensar con fe en la significación y alcance de sus actos? Los mejores, los que unge la naturaleza con el sacro deseo de lo futuro, perderán, en un aniquilamiento doloroso y sordo, todo estímulo para sobrellevar las fealdades humanas; y la masa, lo vulgar, la gente de apetitos, los comunes, procrearán sin santidad hijos vacíos, elevarán a facultades esenciales las que deben servirles de meros instrumentos y aturdirán con el bullicio de una prosperidad siempre incompleta la aflicción irremediable del alma, que sólo se complace en lo bello y grandioso".

La periodista Alina Perera Robbio, escribió en su columna del diario  Juventud Rebelde que “Marx, el sabio «aguafiestas» —como el mismo se dibujó—, tenía razón: estamos en la prehistoria de nosotros mismos. En la civilización nuestra, la cara oscura de la moneda ha tomado ventaja al amor, y hay que estar muy alertas, conscientes de la gravedad de los hechos, y en consecuencia actuar …” 

En el programa radial Hablando Claro, de Radio Rebelde, del miércoles 27 de agosto el periodista José Alejandro Gutiérrez Martínez habló de cómo en nuestra sociedad se ha desatado la desvergüenza y como las personas dignas se ven obligadas a estar aconchadas en sus casas. ¡Triste situación!

Contra la mediocracia y el rastacuerismo

El tejido social cubano exige revertir prontamente esta situación e ir al desarrollo de una sólida cultura humanística. Según el profesor José Antonio Baujin: “Se actúa de forma bastante ingenua frente a paradigmas culturales que exhiben hoy sectores importantes de la sociedad cubana, expresados a través de la cultura del “nuevo rico” emergente desde hace más de una década, de maneras de vestir  y de comportarse, de predilección de determinados gustos impuestos por la globalización del producto de arte colonialista y lobotomizante”. “Ejemplos sobran de cómo repercute negativamente el desconocimiento del planteo humanístico en el análisis de problemas sociales a nivel de país”. 

Formemos círculos concéntricos de mejoramiento humano, empezando con nosotros mismos y con nuestra familia, invitando a los que nos rodean a acompañarnos en esta ruta de reconquista de  valores  morales, establezcamos propósitos en este sentido, esto representa sacrificio pero generemos valor agregado a nuestra labor diaria y sobre todo recordar que solo tenemos una vida, disfrutémosla en familia, en colectivo,  demos  lo mejor de nosotros cada día  y si no somos  apreciados entonces cambiemos a  otro lugar donde se nos respete, pero por sobre todas las cosas seamos honestos con nosotros mismos, con nuestra familia y en nuestra  labor, cualquiera que esta sea. Al decir de Edgar Morin, "…educar para comprender las matemáticas o cualquier  disciplina es una cosa, educar para la comprensión humana es otra"; ahí se encuentra justamente la misión espiritual de la educación: enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad.

Nos dijo Benedetti: “Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni como lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen”.…“La sensibilidad, el coraje, la solidaridad,. la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humanidad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE”.  Gente que encarne  los grandes enemigos de la mediocridad, de la mediocracia..

“Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro.  Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor.  En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz.  Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres.  Ésos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro.  En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.  Esos hombres son sagrados”

La  forja de mejores ciudadanos exige de ese decoro, de esa cierta cantidad de luz, compartamos  conocimientos, habilidades y experiencias; que todos tengamos  oportunidades reales de participar y decidir, es decir de  construir. Cultivemos nuestros sueños hasta hacerlos realidad.

Nuestra sociedad  pagará, ya lo está pagando,  un elevadísimo costo  por las acciones que desarrollan esos enanos éticos.

*Sociedad Cubana de Antropología Biológica
Enviado por su autor; imagen agregada de internet

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Qué cultura debemos salvar?

Por Luis Toledo Sande*

 

El artículo “Nosotros, ¿nuestros recolonizadores?”, de Iroel Sánchez, publicado en su blog La Pupila Insomne, refuta una convocatoria que el autor testimonia haber oído no en una cháchara de barrio, sino en el Noticiero Nacional de Televisión Cubana, espacio que los enemigos del quehacer revolucionario considerarán especialmente supervisado y controlado de cerca por el poder político y sus instituciones de vigilancia ideológica.

 A propósito del inicio del nuevo curso escolar en Cuba, la convocatoria citada reclamó que las universidades formen “profesionales competitivos”, lo que el articulista interpreta así: profesionales “no competentes, no solidarios, no humanistas, sino competitivos, esa categoría que el neoliberalismo ha trasladado de las empresas a los seres humanos como si de mercancías, o peor aún, perros de pelea o caballos de carrera, se tratara”. Lo más grave es que tal interpretación tiene peso de realidad. Las palabras portan pensamiento, y competitivo remite al pragmatismo economicista que pudiera convertirnos en lo contrario de lo que hemos proclamado que aspiramos a ser.

 No han faltado indicios o brotes de ese peligro, que deben conjurarse no porque el enemigo pueda utilizarlos, sino porque le hacen daño al país, aunque a veces pasen inadvertidos en los agobios y las prisas de la ardua vida cotidiana. Algunos habrán sido hasta estruendosos, y no pocos habrán tenido aliados en trabas burocráticas; pero ninguno merece que se le regalen complicidades involuntarias. Sin ignorar malas yerbas aisladas, como ojalá fueran los obstáculos aludidos, estemos atentos contra prados de ellas que puedan prosperar al amparo de la necesidad de alcanzar la eficiencia económica, cuyo mayor crédito, si no único válido, sería asegurar un funcionamiento social basado en la civilidad y la ética, en el cultivo de los valores espirituales.

 Antes de que el avispero neoliberaloide se revuelva contra lo que aquí se dice  -aunque es sabido que se mantiene permanentemente revuelto- quede claro que ni al autor del artículo citado ni al de estas líneas se les ocurriría pensar que podemos darnos el lujo de formar profesionales ineptos. Se trata de algo muy diferente. Para solo aludir a la educación en general, y a la universitaria en particular, el ideal que no pasa de formar profesionales competitivos  —es decir: empresarios pragmáticos—, y resta importancia a su integralidad, ¡ni hablar de carreras humanísticas!, es central para el Plan Bolonia en Europa, y para otros similares que, comoquiera que se les llame, el neoliberalismo promueve en todas partes.

 En Cuba no han faltado voces —ni en encuentros juveniles convocados por organizaciones políticas, ni entre alumnos, adulticos ya, en cursos universitarios de posgrado— que expresen su deseo de que aquí se aplique en la enseñanza la privatización que en otras naciones ha suscitado la rebeldía de movimientos estudiantiles, como el de Chile, país cuyo sistema de instrucción está entre los que dichas voces han defendido como ejemplo. Al invocar la presunta superioridad de las universidades privadas, se desconoce la presencia en ellas de déficits que se han denunciado en distintas naciones, y al creer que la privatización es una panacea, se olvidan logros que por la vía social alcanzó Cuba, donde tanta sangre y tanto esfuerzo costó vencer el analfabetismo y establecer la educación pública universal.

 Eso le dio al país un crecimiento científico reconocido por numerosas instituciones internacionales de distintos signos ideológicos. Los problemas que hoy puedan señalarse fundadamente en la educación cubana, son inseparables de los que tiene la sociedad en su conjunto. Sería criminal culpar a la masividad, propia de una orientación de veras popular. 

Las causas de que el fraude cause estragos hasta en las universidades, se podrán hallar en el deterioro de la ética, y hasta en nobles ilusiones que entronizaron el promocionismo. Pero Cuba —lo han apreciado también instituciones internacionales— no es, ni con mucho, el mayor ejemplo de corrupción en este planeta, ni están libres de fraude países donde, junto con la corrupción sistémica, impera y crece el carácter privado de la educación, y de todo.

 El culto a la propiedad privada conduce a otro: el rendido a la ley del más fuerte. Los  neoliberales, tan hostiles a lo que se hace en Cuba, cuando les conviene esgrimen el criterio de distribución socialista: cada quien trabaja de acuerdo con su capacidad, y se le remunera en correspondencia con los resultados de su labor. No dicen, sin embargo, que para los ideólogos del socialismo, y en general para las personas justicieras y conscientes de la realidad en que tal norma se inscribe, esta puede ser necesaria por diversas razones, como lo mucho heredado del pragmatismo capitalista y la insuficiente asunción de la propiedad social; pero es expresión de una etapa, no el fin buscado. Una cosa es reprobar el llamado igualitarismo y otra considerarlo más dañino que las desigualdades, las cuales acaban siendo promovidas en función de que, en la competencia, el premio lo reciba quien primero llegue a la meta. Pero la sociedad en su conjunto no es una pista de carrera.

 Tampoco hoy están solas las ideas justicieras. Entre sus defensores cuenta el chileno Marcos Roitman, de quien Sánchez asume palabras como estas: “el éxito cultural del neoliberalismo ha consistido en hacer de los proyectos sociales democráticos, emancipadores y socialistas, una opción individual de mercado”. La cita es más extensa, pero desde esa parte apunta a un hecho básico: el asunto en discusión pasa por elementos políticos, económicos, sociales, jurídicos…, pero es, en su abarcamiento y en su médula, un hecho cultural. Para la reflexión que ello suscita se requiere mayor espacio. Solamente recordemos el llamado a salvar la cultura hecho por el líder de la Revolución Cubana ante el desastre del socialismo en Europa y el establecimiento en Cuba del denominado período especial, que, si bien ha cedido, perdura de distintas maneras.

 A veces se tiene la impresión de que aquella convocatoria se cita desde un entendimiento superficial de lo que significa la cultura. En ella tiene un lugar específico, pero con interrelaciones que la permean y la desbordan, lo que gremialmente se entiende por cultura, un concepto más o menos limitado a lo artístico y literario, y, para algunos, de preferencia al mundo del espectáculo. No hace falta poner en duda que el líder pensaba también en esas áreas culturales al hacer el reclamo citado, pues grandes han sido las inversiones del país en ellas de 1959 para acá.

 Pero el reclamo las desborda, y en su amplitud sigue demandando salvar la cultura justiciera, solidaria, con valores de hondo contenido humano y humanitario —no solo humanista en el sentido profesional— por la que viene abogándose, para no ir más lejos, desde La historia me absolverá. Esa fue una de las razones, si no la principal, por las cuales cupo declarar que José Martí había sido el autor intelectual de los sucesos del 26 de julio de 1953, aserto aplicable también a la obra revolucionaria iniciada con ellos.

 Es asimismo necesario salvar, por ejemplo, el arte —importante como otros— de las maracas, el tres y los bongoes. Pero ese arte puede también existir en un sistema social injusto. De hecho, no se fraguó ni se definió precisamente dentro del afán de construir el socialismo, aunque al calor de ese afán el apoyo a las expresiones artísticas experimentó no solo un salto cuantitativo sin precedentes en la nación, sino también cualitativo: se trata de un aporte de clara voluntad popular, no regido por dividendos económicos, sino por la utilidad social, que ha de seguir siendo la brújula, aunque el asidero económico resulte indispensable.

 No se permita, ni en nombre de la necesaria eficiencia organizativa y económica, que se levanten contra la espiritualidad muros frustrantes. Dentro de la producción artística y literaria habrá expresiones que, por ser más rentables en términos de economía —la cual no ha de esgrimirse para menospreciar lo propiamente cultural, estético, formador—, puedan aportar dividendos para el sostenimiento de otras. Pero no serán las ganancias dinerarias el índice para mantener o desmontar una manifestación artística determinada.

 Una buena revista, digamos, cumplirá una función social más importante que el monto de sus recaudaciones, y no será su precio lo que pague su producción. El país está por desarrollar en plenitud, sin desbocarse por los despeñaderos del mercantilismo, el funcionamiento empresarial y el papel de la publicidad. Pero no serán los ingresos el cartabón para decidir que una publicación se mantenga o se cierre. Quizás una revista pornográfica se autopromueva y se venda más que una de poesía, o de ciencia.

 Sin espiritualidad, ningún experimento revolucionario valdrá la pena. Ella nos hace distintos de los seres irracionales, y debe cuidarse desde el centro y desde los mayores niveles de dirección de la sociedad. Hoy se ve defendida ostensiblemente por personas que desde el punto de vista ocupacional clasifican como intelectuales, condición que los pragmáticos economicistas menospreciarán, mostrando con ello ignorancia, pues intelectuales son también ellos, mientras no se demuestre lo contrario. La realidad es más importante que las clasificaciones, por útiles que estas resulten. El autor rinde homenaje a la profesora Beatriz Maggi, quien solía decirle a su alumnado universitario: “Ustedes van a ser intelectuales, pero no se confundan: intelectual no es sinónimo de inteligente”.

 Si no se insiste más aquí en ese punto, es por no parecer que se aprueba la gris chatura antintelectual que de cuando en cuando aflora entre nosotros. Frente a eso, lo más provechoso será poner en práctica, de modo orgánico, no ocasional y consignero, el pensamiento justiciero, emancipador y lúcido que el país necesita, como el resto del mundo. Defenderlo corresponde a todas las personas que lo abracen, sean cuales sean sus ocupaciones, pero en ello una responsabilidad particular les toca a los dirigentes y funcionarios de la política y la economía, también intelectuales, pues trabajadores manuales no son, aunque participasen en tareas voluntarias en la agricultura, la construcción y otros frentes, si todavía se hicieran.

 Aún es pertinente recordar dos anécdotas a propósito del título “Nosotros, ¿nuestros recolonizadores?” del texto de Iroel Sánchez. Con motivo de la visita de uno de los papas que han venido a Cuba, una voz de los medios del país apuntó que —de acuerdo con el material de que está hecha— la estatuilla de la Virgen de la Caridad llegada al Santuario del Cobre es obra de un indígena evangelizado, ¡y lo dijo con alborozo! ¿Ignora lo que significó para los aborígenes la evangelización forzosa a la cual se les sometió como parte de planes de dominación reciamente orquestados? La segunda anécdota puede pasar sin comentario. Otra voz de los medios públicos nacionales habló sobre la fundación de una de las villas del Oriente cubano, y la atribuyó, ¡con júbilo!, a “nuestro primer conquistador”.

 Ojalá tales anécdotas sean hechos aislados, no asomos de fallas culturales por donde puedan entrar, o seguir entrando, peligros opuestos a la plena construcción de una república revolucionaria. En ella las desigualdades pueden ser inevitables, pero sería pavoroso que, lejos de suscitar preocupación, acabáramos aceptándolas, o aplaudiéndolas, como fruto de un mandato divino o natural incontestable. A diferencia de las otras especies animales, la humana puede ir más allá de los instintos reproductivos y de sobrevivencia, y plantearse metas que, aunque parecieran inalcanzables, o incluso especialmente por parecerlo, requieren el decidido concurso de los seres humanos de buena voluntad.

 Los medios de comunicación hegemónicos se las han arreglado para desprestigiar las ideas emancipadoras identificándolas como utopías, en el más devaluado sentido del término. Desafiarlos puede hacernos pasar por tontos ante quienes hayan decidido pensar y actuar, vivir, en función de sus intereses individuales, de su bienestar personal, en busca de un exitismo egoísta divorciado de la ética, contra el cual se erige el legado de los pensadores que han encarnado ideales de justicia, Cristo incluido, no solo “comunistas trasnochados”.

 Para justificar el individualismo habrá siempre excusas, y a nadie se le puede obligar a seguir el camino de la solidaridad y la vocación de servicio colectivo, ni a convencerse de que los poderes hegemónicos entronizados en el mundo no son ni tienen por qué ser eternos y, sobre todo, no conducirán al triunfo de la justicia. Es más: por el camino que lleva el planeta, su destrucción parece más probable que su salvación. Pero no menos claro que todo eso resulta el hecho de que dejarse empujar, o arrastrar, por los designios de los poderosos, por la inercia de la injusticia social acumulada durante siglos, no será lo que nos permita lograr un mundo mejor, el cambio de rumbo que la humanidad necesita.
*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia. Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.
Publicado originalmente enCubarte
Imagen agregada FOTO Roberto Ruiz

lunes, 25 de agosto de 2014

Politización y despolitización: Una ecuación dialéctica

Por Luis Sexto*

Al pretender escribir de política habría que empezar por definirla. ¿Qué es? Un término sumamente polisémico. En la historia de la filosofía hay diversas definiciones: entre otras, una se refiere a la teoría del Estado; aquella a la del derecho y a la moral según Aristóteles; y esta se relaciona con el arte y la ciencia de gobernar, que comparto porque es la que nos corresponde en este artículo.

 La vanguardia y el aparato políticos podrían estar preocupados por fortalecer al Estado, para convertirlo en el “estado fuerza”, como teorizó Maquiavelo, mediante la politización, con base filosófica, de la ciudadanía. Pero al ciudadano común le interesa más la política aplicada, el arte y la ciencia del buen gobierno, cuya finalidad consiste en construir y preservar una sociedad ordenada, y proveer, en justicia, los medios fundamentales de existencia.

 Por otro costado, el término politización tiene también un significado peyorativo. Con frecuencia escuchamos: “En Cuba la politización es excesiva”. ¿Y en qué país del planeta el ciudadano no se despierta y se duerme con mensajes en diversos dialectos políticos, como los anuncios comerciales o electorales, o los editoriales de los medios a favor de una injerencia militar, o justificativos de tal o más cual compromiso entre partidos? Pero, ciñéndonos a Cuba, la excesiva politización puede tener su correlato en una despolitización que trata de equilibrar los excesos, trazando un círculo vicioso: te politizo porque te despolitizas, o me despolitizo porque me politizas hasta abrumarme.

 A menudo, la política socialista ha recaído en la ritualidad; es decir, ciertos actos se ejecutan porque componen un imperativo, sin que tengan una explicación o una formulación que permita a los ciudadanos asimilarlos conscientemente. Y ello condiciona cierta despolitización, cierto desentendimiento de índole defensiva ante el predominio de un mayor interés por fortalecer el Estado, y preservar incólume la capacidad decisoria y la invulnerabilidad de sus ministros, que por exigir y proyectar el arte y la ciencia del buen gobierno.

 El interés de proteger al Estado de cualquier aparente debilidad ha servido, por momentos, como comodín para justificar la insuficiencia y la deficiencia, o aplicar un impolítico, y por tanto más expedito, ahorro del ejercicio de la política. Por ejemplo, recientemente, en una intervención de un alto funcionario del gobierno ante el plenario de la Asamblea Nacional, entre otras informaciones, dijo –cito las ideas y no las palabras- que nadie espere que como consecuencia de la inminente unificación monetaria, bajen los precios: serán los mismos de hoy. El pueblo, en mayoría, ante esa formulación inapelable, demandará: Dígannos, ¿para qué cambiamos?

 Está clara la verdad del alto funcionario, a pesar de que no lo vimos ni lo oímos esclarecerla en la TV. Por tanto, lo que hoy cuesta 2.00 CUC en una tienda donde se venda en esa moneda fuerte, el precio de un mañana previsto, pero sin día fijo, equivaldrá a 50.00 CUP,  para entonces la única moneda vigente, pero sin la fuerza del que será ya el “extinto peso convertible”. Uno comprende el fundamento económico financiero de la medida. Mas, lo más espinoso de aceptar es el tono y el hermetismo de una decisión, técnicamente justa y necesaria, aunque sin explicaciones plausibles. O lo mismo: los términos empleados por el alto funcionario gubernamental se expusieron desde una posición extraña a nuestra política. Si al menos hubiera explicado que al bajar los precios, a causa de una sobrevaloración artificial del CUP, se trastornaría la relación ente oferta y demanda dentro de circunstancias en que la producción e importación de bienes de consumo se someten a las irregularidades, insuficiencias y deficiencias de la economía cubana.

 Si lo hubiera dicho, o a lo mejor lo dijo y la TV no lo difundió, ni tampoco los demás medios, el ciudadano, en su parecer práctico, podría entender que la situación, sin revaluar el CUP, no se mordería la cola. Lo contrario, es decir, si bajaran los precios por decisión voluntarista, con una sola moneda continuaríamos girando alrededor de los mismos problemas. Desde luego, tanto los diputados como al pueblo, mucho más que conocer una decisión técnica, urgen de la legitimación política, de la explicación de por qué, aunque no lo parezca, la unificación monetaria condicionará favorablemente la evolución de la economía en un plazo más prolongado.

 Ante determinaciones autoritarias que niegan el ejercicio del buen gobierno, o de renuencias impopulares a explicar, mediante el uso racional de la política, los propósitos de una línea de administración o de gobierno, el ciudadano, como el hijo ante una absurda prohibición paterna, optará posiblemente por el bajo rendimiento, la indiferencia, o el descomprometimiento, y derivará incluso hacia la delincuencia u oposición. El ciudadano, al no comprender, podría experimentar una pérdida de fe, o una reducción de sus esperanzas de resolver carencias y satisfacer apetencias. Y experimentará la falsa conciencia de ser “la última carta de la baraja”, o de que ser cubano es un delito en Cuba, como ha expuesto en la web cierto comentario, poco equilibrado y sólo valido de argumentos anecdóticos.

 Ahondemos, y comprobemos racionalmente que en cierto momento la despolitización es el nombre de una politización a contrapelo de la política vigente. Como diversa es la nación, diversos son también los distintos modos de asumir y entender la política. Si digo que cierto sector de la juventud rechaza el modo de hacer política en Cuba, no afirmo que por ello esté despolitizado ese conglomerado de jóvenes, sino que ha experimentado el proceso de manera distinta. No lo dudo, adoptar la indiferencia ante un mensaje político equivale a asumir una posición política.

 Si aceptáramos que el valor supremo de la política es la honradez, la reconocida devaluación ética de nuestra sociedad estaría indicando una despolitización en términos generales. Y si continuamos insistiendo en que las consignas y su repetitiva fraseología componen el mejor modo de unir, de hacer política a favor de los empeños nacionales y socialistas, malgastaremos el tiempo. Con frecuencia, el discurso a base de automatismos expresivos y de lemas y consignas, deteriora el acto político: nada clarifica, nada propone, nada advierte, y encubre, incluso, con un código de doble moral, las acciones contra la honradez esencial de la política revolucionaria.

 Como sabemos, algún grupo se ha politizado despegándose de los ideales a favor del socialismo y de una sociedad independiente, justa y próspera. Y consecuentemente difunden otras propuestas desde los extremos de la derecha o de la izquierda. El sujeto político –en Cuba ha de serlo el ciudadano-, a la vez objeto de la política, refleja la vida, las relaciones sociales de diversas maneras; discrimina, elige una cosa por encima de otra. Todo forma parte de la ideología, y también de la política; por ello, al abjurar de una ideología y de su parte integrante, la política, es casi inevitable albergar otra que, por lo común, suele manifestarse como opuesta.

 Mas, no siempre resulta así. Parémonos sobre otro punto de vista. La emigración opera masivamente en Cuba como solución personal a problemas colectivos. En esa opción hay también una base política. Pero ¿de qué política se trata: de la condicionada por las ideologías, o de la funcional, de la que se expresa en reuniones, en postulados, en rendiciones de cuentas, o de la política que llevamos dentro sostenida por aspiraciones o intenciones de prosperidad personal? En el emigrante posiblemente rija la política de lo que necesito, espero, y no obtengo. No podemos, por tanto, emparejarla a la toma de partido del exiliado, perdedor político cuya revancha va en sus valijas hacia el extranjero. El emigrante se marcha, y regresa cuando pueda o estime. Al exiliado, en cambio, lo sostiene el afán de volver con la nueva política que impondrá cuando él sea parte del poder contrario y vencedor.

 Las relaciones humanas son igualmente éticas y políticas. Aceptar lo que el otro dice es una actitud política; negarlo también. Como es también una actitud ética escuchar al otro, incluso ponerse en su lugar de modo que sus necesidades e intereses modifiquen nuestras actitudes. Ética y política, si hablamos de la ética y la política de la revolución, se implican mutuamente. Por ello, la política autoritaria y la democracia teledirigida obran contra los principios éticos de la tradición revolucionaria.

 Y si nuestros valores históricos más firmes provienen del pasado, incluso de las dos o tres décadas iniciales de la Revolución de 1959, algo positivo alienta en nuestra tradición que aún sus valores de solidaridad, libertad, justicia e independencia continúan ofreciéndose como fundamentos preservadores de la integridad de la nación. Ahora bien, el país está precisamente cambiando, porque enjuicia a cuanto estorba proveniente del pasado inmediato, incluso del más lejano. En la literatura inaugural de la república intervenida de 1902, ciertos cubanos hallan páginas con manifestaciones todavía presentes en nuestra sociedad. Por ejemplo, en Generales y doctores. Habría, por tanto, que meditar sobre el conflicto social novelado por Carlos Loveira, y precisar su pervivencia entre nosotros a pesar de medio siglo de revolución reivindicadora. Pero no blindemos el intelecto en actitud de rechazo. Estudiemos la propuesta. Porque la herencia histórica advierte que la dialéctica no es una asignatura que se aprueba o se suspende en la escuela; es, sencillamente, un método de análisis y dirección que, por vinculaciones temporales, tendrá que considerar el pasado - lo que fuimos- para explicar las insuficiencias de lo que somos. Con ello, hemos de salvaguardar los principios éticos de la Revolución. Y así la ética funcionará como contrapartida en la impostergable necesidad de la política de sacudirse tanta rémora logrera y artificiosa, y de mantener su coherencia programática.

 *Periodista cubano y Premio nacional de periodismo José Martí 2009; tiene una columna fija los viernes en el periódico Juventud Rebelde. Datos Ecured
 Tomado de su Blog "Patria y Humanidad"

domingo, 24 de agosto de 2014

¿Qué seremos entonces?

Por Luis Sexto*


 

Cierto conferenciante en una universidad romana intentaba demostrar hace algún tiempo que a la música actual le falta corazón. Pueden sobrar combinaciones de sonidos e instrumentos para ejecutarlas, pero se echa de menos el latido de la emoción. Posiblemente, a ciertos juicios les  parezca un disparate tal conclusión. Otros, en cambio, se darán cuenta de que lo  predominante en el éter o en algún espacio es la estridencia, el ruido que  enardece la herencia primitiva de nuestra especie.

Para gustos -modifico el dicho- hay sonidos y colores. Y si me he colado en sector tan técnico ha sido como un modo de entrar en el tema. Corazón, pues, le falta sobre todo a la política, a las relaciones entre países y al uso del derecho internacional. De tanta cordialidad carecen las potencias económicas y militares, que a la puerta del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas podría colgársele este cartel promocional: “Se legalizan  agresiones, siempre y cuando provengan del fuerte contra el débil.”

¿Y qué letrero levantar en la fachada del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial? Cualquier término negativo encajará. Porque, en esencia, le falta corazón al capitalismo cuya economía aparenta multiplicar, y en la distribución resta más que divide: resta a los muchos para sumarles la diferencia a los menos. Y le falta sensibilidad a su prensa, o a  cierto sector de su prensa, que destruye un prestigio, sin discernir la verdad o la mentira, como si bebiera indiferentemente  un trago de mal güisqui.

Pero no es hábito de esta columna aterrizar en pistas internacionales. Y si hablo de cordialidad y sensibilidad –casi sinónimos en la semántica de las relaciones humanas- es para insistir en que a cada uno de nosotros y a las instituciones del país no nos debe faltar la sensibilidad, ni la cordialidad. Y si un tímpano preparado para oír y valorar los sonidos medidos y armonizados, puede detectar la falta de corazón de esta o aquella música, también una conciencia sensible sabrá precisar qué es y que no es ni podrá ser la política en Cuba.

Hace más de 150 años, un cubano llamado Antonio Bachiller y Morales, hombre de letras y ciencia, dijo en su curso de economía política en el seminario de San Carlos y San Ambrosio, que las acciones económicas eran válidas si servían para hacer felices al mayor número posible de personas. Dicho esto, que se empalma con los fundamentos del humanismo de la cultura cubana y la doctrina de la Revolución, tendremos que reconocer que la política necesita de un sustento ético. Porque sin el beneficio de la ética, la política se inclinaría a resolverse en consigna o cálculo de intereses.

Como advertencia imprescindible, oímos que todo cuanto se decide hoy en la sociedad cubana en lo económico y lo social, incluso en lo político, exige una anulación de la vieja mentalidad y la articulación de un nuevo concierto de ideas, iniciativas, costumbres y enfoques que sean el antídoto de ciertas fórmulas ya estériles. ¿Quién negaría que si la visión pervive envejecida, prácticamente la concreción de leyes, resoluciones, modificaciones atravesarán una zona reblandecida, demasiado movediza como para subsistir erectas y actuantes?

A mi manera de juzgar, la ética como orientación básica de los actos económicos o políticos nos tendrá que conducir a un fin, el fin auténticamente revolucionario y socialista: procurar la felicidad o el bienestar de la mayor cantidad posible de nuestros compatriotas. Cualquiera otra finalidad quizás se conjuraría contra lo actualmente proyectado o aplicado. Por tanto, la ética del deber ser tendrá que prevalecer contra la desvaída ética de lo que es o ha sido.

Se me ocurre un símil, un juego de palabras: podrá haber receso “docente”, pero nunca habrán de entrar en receso las actitudes “decentes”. ¿Me explico? La decencia, palabra que define verdaderamente a cualquier ciudadano, tendrá que convertirse en un rasero, una condición. Porque decente es mucho más que capaz, inteligente, culto. Decente viene siendo el que emplea sus facultades y posiciones para trabajar por los demás, sin acudir a las apariencias, o a las promesas fatuas, o a la mentira, ni otras mañas de basurero.

Y en ello consiste la diferencia: O nos renovamos en ideas y actitudes honradas, y consecuentemente  con el espíritu de la nación y del socialismo renovado, somos medidos y pesados por la actitud ética, o seremos… qué. Podría terminar la disyuntiva, mas no quiero ser pájaro de mal agüero y permito que lo medite usted, si me leyó hasta aquí.

*Periodista cubano y Premio nacional de periodismo José Martí 2009; tiene una columna fija los viernes en el periódico Juventud Rebelde. Datos Ecured
Tomado de su Blog "Patria y Humanidad"