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sábado, 7 de febrero de 2015

La “nueva política” de los Estados Unidos hacia Cuba I y II

Compartimos de forma íntegra el trabajo del Profesor Ramírez Cañedo, según nuestro modeto entender, uno de los más completos e interesantes sobre el tema:

La “nueva política” de los Estados Unidos hacia Cuba I
Por Elier Ramírez Cañedo*
Poco tiempo después de haber llegado a la Casa Blanca y cuatro días antes del comienzo de la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, en abril de 2009, Barack Obama anunció medidas de flexibilización de los viajes y el envío de remesas a Cuba, algo que constituyó una táctica inteligente del presidente estadounidense que le permitió llegar a la cita en un mejor ambiente y reducir las críticas de los países del hemisferio con relación a la absurda política hacia la Mayor de las Antillas. Fue en ese cónclave donde exclamó que intentaría hallar un “nuevo comienzo con Cuba”.
 Pero de inmediato quedó entrampado en los límites que el sistema de poder en los Estados Unidos impone a la rama ejecutiva y, sobre todo, por las circunstancias internas y externas que limitaron su capacidad de maniobra en este y otros temas.
 Quizás influyó en que no diera pasos más atrevidos para cambiar la política el hecho de que en Washington se valoró la posibilidad de una caída del régimen cubano, ante la repentina enfermedad de Fidel que implicó se apartara de la dirección del país y la dramática situación económica por la que atravesó la isla entre el 2008 y el 2009, debido fundamentalmente a la crisis económica internacional y el paso por territorio cubano de tres huracanes que causaron graves estragos. Error de cálculo que pudo llevar a los principales estrategas en Washington a pensar que la manida política de Estados Unidos hacia la Isla, con algunos retoques y una mejor instrumentalización del bloqueo, podía lograr finalmente el tan anhelado cambio de régimen.
 También pueden haber manejado la quimérica idea de la “solución biológica”, es decir, la de esperar la desaparición física de la generación histórica para negociar con líderes supuestamente más dóciles.
 En el aprensivo curso de acción seguido por la administración demócrata debe haber tenido alguna incidencia la difícil coyuntura tanto en el plano doméstico como exterior que enfrentó Obama al arribar a la presidencia. Situación que hacía que el tema Cuba no estuviera dentro de las más urgentes prioridades del presidente como para gastar capital político –el cual iba a necesitar para otros temas de mayor jerarquía para la “seguridad nacional” de los EE.UU- en una lucha por hacer cambios más significativos en la política hacia Cuba.
 El hecho es que Obama y sus asesores escogieron en ese momento el camino que pensaron era más inteligente en sus objetivos por destruir la Revolución Cubana en un lapso de tiempo más reducido, utilizando el bloqueo como herramienta para ejercer presión política sobre Cuba, aunque de una forma más creativa a como lo había hecho la administración Bush.
 También, haciendo un análisis del contexto de la realidad interna de los Estados Unidos, del entorno internacional y de la dinámica interna de la sociedad cubana en el 2009, es lógico pensar que hayan preferido seguir la “ley del menor esfuerzo”, buscando maximizar los resultados en la política hacia Cuba, al menor costo posible.
 La detención en Cuba a finales del 2009 del ciudadano estadounidense Alan Gross, y luego enjuiciamiento por actividades ilegales y subversivas al servicio de la USAID, se convirtió en el nuevo pretexto y obstáculo fundamental impuesto por la administración demócrata para avanzar en una nueva dirección en la relación con Cuba.
 Sin embargo, en poco tiempo, las variables fundamentales en torno al conflicto Estados Unidos-Cuba comenzaron a desfavorecer a la a administración demócrata y a empujar el cambio.
 A Obama se le fue generando el mejor contexto interno y externo que jamás tuvo presidente alguno para realizar un cambio profundo en el enfoque de la política hacia Cuba. También se observó que Obama tenía incluso un significativo respaldo dentro de la clase dominante de los Estados Unidos, la cual reclamaba una política más pragmática hacia Cuba. Hubiera sido realmente poco inteligente de su parte haber regalado el mérito de hacer historia, teniendo una oportunidad única, a los que le sucedieran en la Casa Blanca.
Una decisión histórica
 Está claro que Barack Obama desde que ejercía sus funciones de senador creía inefectiva y arcaica la política de los Estados Unidos hacia Cuba. El 20 de enero del 2004, en un discurso en la Universidad del Sur de Illinois, había expresado:
 “Considero que es hora de poner fin al embargo contra Cuba… Nuestro planeta se está reduciendo. Y nuestro mayor desafío en política exterior… es cómo asegurarnos de que otros países, en naciones en desarrollo, estén proporcionando sustento a su pueblo, los derechos humanos a su pueblo y una estructura básica de gobierno a su pueblo, que sea estable y segura, para que puedan ser socios en un futuro más brillante para todo el planeta. Y el embargo Cubano ha fracasado en proporcionar tipos de niveles de vida crecientes, ha oprimido a los inocentes en Cuba y fracasado de manera total en derrocar a Castro, quien ahora ha estado allí desde que nací. Ahora es el momento de reconocer que esa política en particular ha fracasado”.
 Mas es conocido que una cosa es lo que se puede decir y hacer fuera de la Casa Blanca, y otra, una vez que se está dentro de ella. Obama tuvo que moderar su discurso y encubrir en buena medida su pensamiento con relación a la política hacia Cuba, hasta que se le presentara el momento más oportuno para introducir las modificaciones que consideraba pertinentes; de ahí que una vez ganada las elecciones presidenciales del 2008, declarara que mantendría el bloqueo a Cuba, aunque manifestó que estaría dispuesto a dialogar tanto con amigos como enemigos.
 De esta manera, hasta el 17 de diciembre de 2014, lo realizado por la administración Carter en el período de 1977 a 1981, seguía siendo el momento histórico en que ambos países más habían avanzado hacia una relación más civilizada. Pero luego de su discurso ese día, Obama se convirtió en el presidente de los Estados Unidos que marca el principal punto de inflexión –aunque sin variar sus esencias, eso sería como pedirle peras al olmo- dentro de la clásica política agresiva de Washington contra La Habana en los últimos 55 años.
 Nunca antes presidente estadounidense alguno había realizado una llamada telefónica a su par cubano para hablar de manera cordial y respetuosa, apartándose al menos por unos minutos de la tradicional arrogancia imperial y reconociendo, de hecho, la legitimidad del gobierno cubano. Ningún presidente estadounidense había manifestado su opinión contraria al bloqueo contra Cuba, considerándola una política fallida. Carter y Clinton lo hicieron solo después de abandonar la Casa Blanca.
 Tampoco en la historia de las relaciones Estados Unidos-Cuba, desde la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961, se había coordinado un mensaje televisivo simultáneo de los líderes de ambas naciones anunciando el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el inicio de un proceso de normalización de las relaciones.
 Siempre, dentro los diferentes diseños de negociación con Cuba –fundamentalmente visibles durante las administraciones de Gerald Ford y Jimmy Carter- el restablecimiento de las relaciones diplomáticas fue contemplado por el gobierno de los Estados Unidos como parte del final de un largo proceso negociaciones. Obama invirtió el proceso, y de de un solo golpe, anunció que se abrirían embajadas en ambas capitales y pediría al congreso el levantamiento del “embargo”, tomando por sorpresa a los que más podían torpedear el proceso de acercamiento a Cuba, en especial a la extrema derecha cubanoamericana presente en el legislativo estadounidense.
 Precisamente ese proceder fue el que recomendaron a Obama los investigadores estadounidenses William Leogrande y Peter Kornbluh en su recién publicado libro Back Channel to Cuba: “…aunque el gradualismo parece ser políticamente seguro porque cada paso en incremento es pequeño y por lo tanto debe ser menos controvertido, un enfoque en incremento prolonga la lucha política con los opositores internos en Washington, quienes protestan ruidosamente lo contra los pasos pequeños como contra los grandes. Cada paso incremental les da una nueva oportunidad de detener el proceso, y solo tienen que ganar una vez. La alternativa es un golpe audaz que cambie en lo fundamental la relación (incluso aunque no solucione cada asunto) y deje a los oponentes ante un hecho consumado. El viaje de Nixon a China es un ejemplo paradigmático”.
 Si bien Obama tenía la autoridad para restablecer las relaciones diplomáticas con la Isla, la Ley Helms Burton limita sus posibilidades de barrer con el bloqueo de un plumazo, aunque en realidad, en uso de sus facultades ejecutivas el presidente norteamericano podría lograr una profunda flexibilización del bloqueo.
Obama quizás hubiera negociado con Cuba otros asuntos de mayor trascendencia para la mejoría de las relaciones bilaterales, aunque tardara más tiempo en hacer el anuncio de los acuerdos. Mas Obama estaba urgido por su principal objetivo de intentar reconstruir su hoy maltrecho “liderazgo” en Latinoamérica y el Caribe en la próxima Cumbre de las Américas a celebrarse en Panamá en el mes de abril, y por el poco tiempo con el que cuenta para que termine su mandato, apenas dos años.
 Por otro lado, si durante su primer mandato, Obama tuvo otras prioridades y se cuidó de no dar pasos arriesgados que pudieran comprometer la reelección, es evidente que en este segundo mandato se decidió a trabajar en su legado como presidente. El anuncio el 17 de diciembre de 2014, puede convertirse en el paso más osado y relevante de todo su mandato, por el que sea recordado en el futuro.
 Claro, ninguno de los predecesores de Obama en la presidencia del país, había tenido un contexto tan favorable para tomar ese camino, aun así, Obama mostró valentía política, pues eran predecibles los fuertes ataques que debería enfrentar de ciertos sectores de la clase dominante de los Estados Unidos, de figuras prominentes del partido republicano y de la extrema derecha cubanoamericana, defensores todos del más recalcitrante status quo. Obama sí, fue pragmático, pero llevar adelante ese pragmatismo requería valor, recodemos lo que le sucedió a J.F.Kennedy por intentar imponer su sello personal a la política hacia Cuba.
 Aunque todas las medidas adoptadas por Obama persiguen un fin muy bien explicitado en sus palabras, que no modifica los intentos de lograr un cambio de régimen en Cuba –la llamada transición pacífica hacia el capitalismo-, hay que reconocer que fue verdaderamente audaz al dar un paso que ninguno de los anteriores inquilinos de la Casa Blanca había se había atrevido a realizar y que tomó por sorpresa a la mayoría de los analistas. Las experiencias anteriores de acercamiento a Cuba nunca llegaron tan lejos.
 Si Kennedy tuvo el coraje en 1961 de reconocer el fracaso de la invasión mercenaria de Playa Girón -plan que había heredado de la administración Eisenhower- e incluso, asumir toda la responsabilidad, Obama también lo tuvo al reconocer el fracaso de la política de agresión y bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba por más de cinco décadas.
 Creo que respetar y reconocer determinas actitudes de quienes nos adversan, no deben interpretarse como una debilidad o desarme frente al enemigo. Nuestra historia recoge muchos ejemplos similares. Antonio Maceo no dejó de apreciar y respetar a Martínez Campos en los momentos en que éste se comportó con dignidad. Fidel hizo lo mismo con J.F.Kennedy, a pesar de que durante su mandato el clímax de la confrontación llegó a su punto más elevado durante la invasión mercenaria de Playa Girón y la Crisis de Octubre.
 Obama desató el nudo gordiano que representaba, para poder avanzar hacia la normalización de las relaciones con Cuba, prolongar por más tiempo la situación de los héroes cubanos Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino, presos injustamente en cárceles estadounidenses, y al mismo tiempo, la del ciudadano estadounidense Alan Gross, condenado en la Isla por actividades ilegales y subversivas al servicio de Estados Unidos, cuando tenía la posibilidad de satisfacer el reclamo del gobierno cubano de buscar una salida humanitaria a ambos casos.
 Otra decisión de extraordinaria importancia anunciada por el presidente estadounidense, fue la de revisar la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas. Este asunto que evidentemente nadie dentro de la administración Obama creía, sino más bien era utilizado como pretexto para sostener una justificación del bloqueo, una vez resuelto, será una notable contribución en el camino hacia la mejoría de las relaciones bilaterales y facilitará que algunas operaciones económicas y comerciales -hoy prohibidas por leyes estadounidenses- puedan ser sostenidas con Cuba.
Obama anunció además las siguientes medidas, no menos significativas:
-Estados Unidos colaborará con Cuba en temas de interés mutuo como migración, operaciones antidroga, protección medioambiental y tráfico de personas.
-Aumento de los viajes y el comercio
-Los viajeros estadounidenses podrán utilizar tarjetas de crédito y debito en Cuba.
-Aumento del monto de las remesas que pueden ser enviadas a Cuba a familiares en Cuba y eliminación de límites para enviar remesas que apoyan a proyectos humanitarios, al pueblo cubano y al emergente sector privado cubano
-Facilitación de las transacciones autorizadas entre Estados Unidos y Cuba. A las instituciones financieras estadounidenses se les permitirá abrir cuentas en las instituciones financieras cubanas. Y será más fácil para los exportadores estadounidenses vender bienes a Cuba.
-Autorización para incrementar las conexiones de las telecomunicaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Lo señalado anteriormente constituye un grupo de medidas anunciadas, algunas de las cuales ya se han publicado las regulaciones de implementación. Pero la mayoría de ellas implican un análisis previo y acuerdo con Cuba para poder llevarlas a la práctica. Conversaciones al más alto nivel entre funcionarios de ambos países, apertura de embajadas en ambas naciones, el retiro de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, y un posible encuentro de Obama y Raúl en la Cumbre de las Américas en Panamá, parecen ser los próximos pasos.
 A pesar de que se trata de un paso histórico, lo esencial no se ha resuelto, como señaló el General de Ejército, Raúl Castro, en su alocución del 17 de diciembre. El bloqueo continúa ahí y el camino hacia la “normalización” parece ser un proceso largo y complejo. “Nuestro pueblo debe comprender que –añadió Raúl en su discurso ante la Asamblea Nacional el 20 de diciembre-, en las condiciones anunciadas, esta será una lucha larga y difícil que requerirá que la movilización internacional y de la sociedad norteamericana continúe reclamando el levantamiento del bloqueo”.
 Creo que insistir en esto es clave. De lo contrario, perderíamos el apoyo decisivo que siempre ha tenido Cuba en su lucha contra el bloqueo. Si en estos años no se logra su levantamiento definitivo, habrá que seguir llevando el tema a las Naciones Unidas y a otros foros internacionales. La lucha contra el bloqueo no debe cesar y ni siquiera cuando este desaparezca debemos desmovilizarnos. Sería muy ingenuo pensar que el imperialismo no continuará buscando la manera de destruir nuestro proceso revolucionario. No hace falta leer entrelíneas para deducir los propósitos del nuevo enfoque pragmático que Obama quiere introducir en la política hacia Cuba. Pero sobre esto ampliaremos más adelante.
 El 14 de julio de 2009 Cuba presentó oficialmente al gobierno de los Estados Unidos una propuesta de agenda cubana, con los temas que serían claves para nuestro país en un proceso de diálogo con los Estados Unidos . La agenda comprendía los siguientes puntos:
-Liberación de los antiterroristas cubanos presos en cárceles estadounidenses.
-Levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero.
-Exclusión de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
-Abrogación de la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados”.
-Devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo
-Fin de la agresión radial y televisiva contra Cuba
-Cese del financiamiento a la contrarrevolución y a la subversión interna.
-Compensación a Cuba por los daños del bloqueo y las agresiones.
-Restitución de los fondos congelados robados.
 Como puede observarse, de esta agenda solo se ha hallado solución al primer tema, mientras que el tercero todo parece indicar que se resolverá en los meses siguientes. Todo lo demás, aun está pendiente de solucionarse junto a otros asuntos que estarán en la agenda de Washington como las reclamaciones por las propiedades estadounidenses nacionalizadas a inicios de la Revolución.
Lo cierto es que Obama ha comenzado a despejar el camino sobre la cuestión cubana a quien resulte candidato por el partido demócrata a las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Pero todavía hay mucha historia por ver y no debemos crearnos falsas expectativas. Lo más importante sería avanzar lo más rápido posible en la construcción de un puente de relación, que sea difícil derrumbar cuando en el 2017 arribe una nueva administración a la Casa Blanca.
Variables que incidieron en el cambio.
 El escenario de inestabilidad política que pudo imaginarse Washington tras la salida de Fidel del gobierno de Cuba, no se presentó en ningún momento, pese a algunos intentos de reproducir en nuestro país los eventos ocurridos en el Medio Oriente, la llamada “Primavera Árabe”.
 La Revolución comenzó a salir adelante a través del proceso de actualización del modelo económico-social y la estabilidad en la Isla dio notables pruebas de perdurabilidad en el tiempo, a lo que se unió que Cuba cosechó en los subsiguientes años los mayores éxitos en el plano internacional desde 1959 y aumentó su prestigio y liderazgo: el continuo voto contra el bloqueo en naciones unidas (la mayor derrota diplomática de los Estados Unidos año tras año en ese organismo), el inicio de negociaciones con la Unión Europea, su desempeño como garante en las conversaciones sobre la paz en Colombia, las reuniones de la CELAC, la ALBA y el CARICOM en La Habana y el reconocimiento universal en la batalla contra el ébola, son solo algunos ejemplos. Mientras esto ocurría, Estados Unidos era cada vez más criticado por sus guerras imperiales, las torturas en Guantánamo, el bloqueo contra Cuba, entre otras atrocidades que se conocieron a través de las revelaciones de Wikileaks y del excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos, Edward Snowden.
 No puede obviarse tampoco en el análisis el hecho de que Cuba ha demostrado enfáticamente durante muchísimos años, que lejos de ser una amenaza para la auténtica seguridad nacional de los Estados Unidos, más bien constituye una garantía en asuntos como: migración, terrorismo, narcotráfico, tráfico humano, situaciones de desastre, así como en el enfrentamiento a pandemias como el Ébola.
 Ahora bien, cualquier análisis serio que se haga sobre los factores que estimularon la decisión anunciada el 17 de diciembre por el presidente de los Estados Unidos tiene que ponderar en primer lugar, la heroica resistencia del pueblo cubano por más de 50 años y la firmeza y sabiduría de su liderazgo histórico en el enfrentamiento a las más disímiles variantes de agresión que Estados Unidos ha practicado contra país alguno.
 En segundo lugar, habría que considerar los cambios ocurridos en América Latina, desde la llegada al poder en Venezuela de Hugo Chávez en 1998. Si en los años 60 Estados Unidos tuvo cierto éxito en su política de aislamiento a Cuba, en la primera década del siglo XXI eran los Estados Unidos quienes habían quedado aislados en la región en su política hacia Cuba, como lo reconoció el propio secretario de Estado, John Kerry.
 Si las críticas de algunos gobiernos latinoamericanos y caribeños a esa política fueron tomadas por Washington durante una buena parte del tiempo como un elemento simbólico, en la actual coyuntura la necesidad de recuperar su “liderazgo” en el hemisferio pasa por una política constructiva hacia Cuba, y por la aceptación de la presencia de la misma en todos los foros interamericanos. En la Cumbre de las Américas celebrada en Cartagena de Indias, Colombia, Obama prácticamente fue abucheado por la mayoría de los países de la región, que exigían la presencia de Cuba, dificultado el tratamiento de otros temas de interés dentro de la agenda norteamericana.
 En ese sentido, pudiera decirse que Cuba no negoció sola frente a los Estados Unidos, sino que tuvo detrás el poder de una región unida contra la política de bloqueo y agresión de los Estados Unidos. Fue esa presión la que obligó también a Estados Unidos ha sentarse en igualdad de condiciones con Cuba en la mesa de negociaciones.
 Otro factor importante ha sido la dinámica interna en los Estados Unidos, en la que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses y entre ellos, incluso, los cubanoamericanos, apoyan el levantamiento del bloqueo a Cuba y la normalización de las relaciones. Así lo mostraron una y otra vez las diferentes encuestas realizadas y divulgadas en esa nación. Nunca antes presidente estadounidense alguno tuvo un consenso interno tan favorable para modificar sustancialmente la política hacia Cuba.
 En los últimos años fueron acrecentándose los pronunciamientos de tanques pensantes, del gremio agrícola, agroindustrial y petrolero, del sector de los viajes, la Cámara de Comercio, líderes religiosos, miembros del Congreso y de la sociedad civil en general a favor de la flexibilización de las regulaciones al comercio y la eliminación de las prohibiciones a los viajes. Dentro de este grupo, la gran clase empresarial estadounidense ha sido significativa en el empuje hacia un enfoque pragmático en la política hacia Cuba, en momentos en que el mercado cubano se vuelve más atractivo y otros países como Rusia, China y Brasil, están teniendo las mayores ventajas.
 A lo anterior habría que agregar los cambios demográficos ocurridos en la comunidad cubana en los Estados Unidos, en donde se observa que los nuevos emigrados y las nuevas generaciones han ido modificando a nivel de tendencia el patrón electoral de los cubanoamericanos al Sur de La Florida, mucho más inclinado ahora hacia los demócratas. Las posiciones de estos grupos se distancian cada vez más de las del llamado “exilio histórico”.
 Detrás de la decisión anunciada el 17 de diciembre por Obama, también incidió el factor geopolítico. En un momento de relativo declive de la hegemonía estadounidense en el mundo, Estados Unidos necesita replegarse hacia lo que consideran su “traspatio seguro” para ganar fuerzas que le permitan enfrentar los principales desafíos y adversarios a nivel global. El cálculo de Washington no deja de ser malévolo y todo indica que está dirigido a convertir a Venezuela en la punta del iceberg de su política agresiva hacia la región, después de eliminada la “distracción cubana”.
 Destruyendo la Revolución Bolivariana, consideran se establecería el efecto dominó que revertería uno a uno los procesos revolucionarios del continente y una vez presentes en Cuba, después de establecidas las relaciones diplomáticas y económicas, su pensamiento pragmático –siempre errado a la hora de aplicarlo a nuestro país- los conduce a vaticinar que a la Isla no le quedaría otra alternativa que sucumbir dócilmente a sus pies. Máxime, cuando se acerca el cambio generacional en la dirección del país. “Si nos acercamos –dijo Obama el 21 de diciembre al ser entrevistado por un programa de CNN-, tendremos la oportunidad de influir en el curso de los acontecimientos en un momento en que va a haber cambios generacionales en ese país. Creo que debemos aprovecharlo y tengo intención de hacerlo”.
 “La “normalización” de las relaciones con Cuba –señala magistralmente Atilio Borón- tiene pues una tenebrosa contrapartida: liberar las manos del imperio para abalanzarse con fuerza para doblegar al gobierno chavista y recuperar el petróleo venezolano. Además responde a una necesidad geoestratégica insoslayable, y ante la cual tanto la ruptura de las relaciones diplomáticas como el bloqueo se convirtieron en molestos estorbos para Washington. Lo que se logró con ambas políticas fue facilitar la penetración de China y Rusia en la mayor de las Antillas y, por extensión, en la “tercera frontera” de Estados Unidos: el Mar Caribe. Todos los textos e informes recientes sobre la seguridad nacional norteamericana señalan una y otra vez que aquellos dos países son “enemigos” que es preciso vigilar, controlar y, de ser posible, someter o derrocar…Máxime cuando, en el Mare Nostrum norteamericano China ha emprendido sin consultar ni mucho menos pedir permiso a Washington un megaproyecto llamado a ejercer una extraordinaria influencia no solo en el comercio internacional: un nuevo canal interoceánico a través de Nicaragua, obra para la cual el nuevo puerto cubano del Mariel asume una importancia estratégica”.
 No menos considerable ha sido el papel de las personalidades que han estado detrás del anuncio del 17 de diciembre: Raúl Castro, Barack Obama, el Papa Francisco, John Kerry y los equipos negociadores de ambas naciones, que han trabajado intensamente y de manera muy profesional para alcanzar este resultado. En el futuro se conocerá cuanto contribuyó cada uno en ese proceso de conversaciones secretas que se extendió durante 18 meses.
 Valdría la pena analizar los últimos 18 meses para ver como se preparó a la opinión pública estadounidense para dar este paso. No creo que la divulgación de diferentes encuestas como la del Atlantic Council, las revelaciones de AP y las 7 editoriales del New York Times, hayan sido todas coincidencias históricas. En el futuro seguramente sabremos también en qué medida fueron algunas de estas acciones coordinadas o no por la Casa Blanca.

Notas de la primera parte:
  1. Tomado de Internet : http://abcnews.go.com/blogs/politics/2009/04/president-ob-19/. Traducción del licenciado Pedro Silveiro.
  2. William M. Leogrande and Peter Kornbluh, Back Channel to Cuba. The hidden history of negotiations between Washington and Havana, The University of North Carolina Press, 2014, p.413.
  3. Véase Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales Domínguez: De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.
  4. Raúl Castro, Discurso ante la Asamblea Nacional, 20 de diciembre de 2014: http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2014-12-20/discurso-del-general-de-ejercito-raul-castro-ruz/ (internet).
  5. El 13 de noviembre de 2012, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parilla, volvió a reiterar esta agenda al gobierno de los Estados Unidos. Asimismo, ofreció a Washington “negociar acuerdos de cooperación en áreas del mayor interés mutuo, como el enfrentamiento al narcotráfico, al terrorismo, al tráfico de personas y para la completa regularización de las relaciones migratorias, así como para la prevención y la mitigación de desastres naturales y la protección del medio ambiente y de los mares comunes, y “retomar las conversaciones, unilateralmente suspendidas por la contraparte, sobre temas migratorios y para el restablecimiento del correo postal”.
  6. Medidas como la nueva ley migratoria, el mega proyecto inversionista del Mariel, la nueva ley de inversión extranjera, la ampliación del trabajo por cuenta propia, la creación de cooperativas no agropecuarias, la ampliación de los servicios de internet, mayor autonomía para las empresas, entre muchas otras, han tenido gran impacto gran impacto económico, social y político en la Isla y a su vez han influido en los rediseños de política de Estados Unidos hacia Cuba.
  7. Barack Obama, Entrevista con el programa “State of the Union”, en CNN, 21 de diciembre de 2014.
  8. Atilio Borón, “¡Cuba y Estados Unidos: ni un tantico así ¡”, en: blog personal de Atilio Borón. (Internet)

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La “nueva política” de los Estados Unidos hacia Cuba (II y final)
Por: Elier Ramírez Cañedo
 Si antes del 17 de diciembre parecía aun un poco lejano el día en que los Estados Unidos levantaran el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba –piedra angular de su política hacia la Isla- y se avanzara hacia la “normalización” de las relaciones, ese horizonte parece ahora más próximo.
 La historia de los últimos 55 años nos ha convertido en un pueblo curtido en el enfrentamiento a las más disímiles políticas agresivas de los Estados Unidos; pero tal vez no contamos con el mismo entrenamiento a la hora de afrontar una política de agresividad disimulada, una política que se proponga lograr los mismos objetivos por vías del acercamiento y el intercambio cultural, económico y político entre ambas sociedades, con menos restricciones. Un escenario, donde el enemigo que ha contribuido a conformar nuestra cultura política pretende hacerse menos visible, desdibujarse.
 Pero, al mismo tiempo, creo que poseemos suficiente talento, inteligencia y entereza para unirnos más, ajustarnos a los nuevos retos y aprovechar las oportunidades que también pudiera ofrecernos en algunas esferas la nueva coyuntura. De lo que se trata es de asimilar el cambio lo más rápido posible.
 Es cierto que, si Cuba no pudo ser absorbida culturalmente por los Estados Unidos antes de 1959 y se pudo hacer una Revolución Socialista, muy difícilmente eso pueda ocurrir ahora. No debemos perder nunca el optimismo, pero debemos ser optimistas activos, optimistas con una clara percepción del riesgo, de nuestras vulnerabilidades y de las nuevas tácticas que se articulan desde el norte para destruir la revolución.
 Sobre este tema Fidel expresó en 1992 al ser entrevistado por Tomás Borge: “Tal vez nosotros estamos más preparados incluso, porque hemos aprendido a hacerlo durante más de 30 años, para enfrentar una política de agresión, que para enfrentar una política de paz; pero no le tememos a una política de paz. Por una cuestión de principio no nos opondríamos a una política de paz, o a una política de coexistencia pacífica entre Estados Unidos y nosotros; y no tendríamos ese temor, o no sería correcto, o no tendríamos derecho a rechazar una política de paz porque pudiera resultar más eficaz como instrumento para la influencia de Estados Unidos y para tratar de neutralizar la Revolución, para tratar de debilitarla y para tratar de erradicar las ideas revolucionaras en Cuba”.
 Pero ocho años más tarde, también expresaría Fidel: “Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen”.
 A mi juicio, debemos sentirnos satisfechos de haber llegado hasta aquí sin ceder un ápice en cuestiones de principios, pero nadie puede llamarse a engaño y pensar que el ancestral conflicto Estados Unidos-Cuba ha llegado a su fin.
 Desarmarnos ideológicamente en estos momentos sería suicida, cuando, al tratarse de un conflicto de naturaleza sistémica, hacia donde nos dirigimos es hacia un modus vivendi entre adversarios ideológicos. Cuba y los Estados Unidos jamás han tenido una relación normal, no la tuvieron en el siglo XIX, tampoco en el XX, y mientras la esencia del conflicto siga siendo hegemonía versus soberanía, será imposible hablar de una normalidad en las relaciones. Utilizar hoy ese concepto en su acepción clásica puede resultar engañoso y confuso. Cuba ha defendido siempre una normalización, que en nada se ajusta a la visión estadounidense del término. Estados Unidos siempre ha entendido la normalización de las relaciones con Cuba sobre la base de la dominación, que implica que la Isla ceda terreno en asuntos que competen a su soberanía, ya sea en materia de política exterior o doméstica.
 Por otro lado, nada indica, hasta ahora, que otro de los pilares básicos de esa política, la subversión en sus diversas modalidades, vaya a cesar. Todo lo contrario, al parecer se irá incrementando con el tiempo a través de lo que Obama denomina vías más creativas y artificiosas que promuevan los valores e intereses norteamericanos. “La administración –dijo el presidente norteamericano- continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba”.
 El Departamento de Estado abrió convocatoria el 22 de diciembre, cinco días después de los anuncios de la Casa Blanca, para financiar programas por 11 millones de dólares que “promuevan los derechos civiles, políticos y laborales en Cuba”.
 Si Estados Unidos no renuncia a estos programas injerencistas se corre el altísimo riesgo de que nuevos Alan Gross sean apresados en Cuba y de nuevo se produzca un retroceso en la relación bilateral.
 Lo cierto es que la política de los Estados Unidos estará más caracterizada por la guerra cultural y la subversión política-ideológica, que por la idea de llevar a la Isla al colapso económico.
 Asimismo, cuando el presidente estadounidense señala que continuará apoyando a la sociedad civil cubana, ya sabemos a cual sociedad civil se está refiriendo y que no es otra que la de los mercenarios que han nutrido las filas de una contrarrevolución fabricada y financiada desde los Estados Unidos.
 Tanto la intervención de Obama como el Comunicado de la Casa Blanca demuestran que la administración Obama seguirá manejando las siguientes ideas en su estrategia subversiva e injerencista contra la Isla: “hacer que los ciudadanos obtengan cada vez más independencia económica del estado”, “los cubanoamericanos serán nuestros principales embajadores de la libertad”, “romper el bloqueo informativo”, “apoyar la sociedad civil en Cuba en materia de derechos humanos y democracia”, “empoderar al pueblo cubano y al naciente sector privado en Cuba”. La principal apuesta de la “nueva política” continuara siendo la juventud y dentro de ella: las mujeres, los negros, el sector cuentapropista y el artístico e intelectual.
 Dos días después del anuncio del 17 de diciembre, en una conferencia de prensa, Obama fue aún más enfático y claro en sus intenciones hacia la Mayor de las Antillas. Como han sido las palabras menos citadas en los medios reproduzco en extenso los fragmentos que me parecen más importantes en función del análisis que venimos haciendo:
 “Comparto las preocupaciones de los disidentes allá y de los activistas de derechos humanos de que este continúa siendo un régimen que oprime a su pueblo. Y como dije cuando hice el anuncio, no espero cambios de la noche a la mañana. Pero lo que sí sé irrevocablemente es que si usted ha estado haciendo lo mismo durante cincuenta años y nada ha cambiado, usted tiene que intentar algo diferente si quiere un resultado diferente.
 Y esto nos brinda una oportunidad para lograr un resultado diferente porque de repente Cuba se abre al mundo de una forma que no había sucedido antes. Se abre a los norteamericanos que viajan allá de una forma que no había sucedido antes. Se abre a grupos religiosos que visitan a sus compañeros de fe dentro de Cuba de una forma que no había sucedido antes. Ofrece la posibilidad de ampliar la disponibilidad de las telecomunicaciones y la Internet en Cuba de una forma que no había sucedido antes. Y con el tiempo, eso corroe esta sociedad tan cerrada y pienso que entonces ofrece las mejores posibilidades de conducir hacia más libertad y mayor autodeterminación para el pueblo cubano. Creo que comenzará dando tropezones, pero a través del compromiso tenemos más oportunidad de generar el cambio que si lo hubiésemos hecho de otra forma.
 (…)
 Pero cómo va a cambiar la sociedad, el país específicamente, su cultura específicamente, pudiera suceder rápido o pudiera suceder más lento de lo que me gustaría, pero va a suceder y pienso que este cambio de política va a promover eso.
 (…)
 …, y el sentido que tiene normalizar las relaciones es que nos brinda más oportunidad de ejercer influencia sobre ese gobierno que si no lo hiciéramos. (…) Pero lo cierto es que vamos a estar en mejores condiciones, creo, de realmente ejercer alguna influencia, y quizás entonces utilizar tanto zanahorias como palos”.
 Se desprende de estas palabras de Obama, una vez más, que no hay cambios en los objetivos estratégicos, que se pretende subvertir nuestra cultura socialista y que seguirán usando la política del palo y la zanahoria cuando lo consideren necesario.
 Evidentemente, las medidas anunciadas por Obama nos darán, en la medida que se vayan concretando, un respiro desde el punto de vista económico, y la posibilidad de acelerar la actualización de nuestro modelo económico y social, proceso sobre el que la administración Obama quiere influir y desviar hacia sus intereses. Pero tampoco debemos basar nuestras esperanzas de mejoría económica en espejismos aun no palpables y, aun cuando lo sean, todo debemos seguir fiándolo a nuestros propios esfuerzos, que a las supuestas “bondades” de un vecino tan poderoso.
 En sus palabras del 17 de diciembre el presidente hizo alusión a la necesidad de estimular el crecimiento y desarrollo del “emergente sector privado” en la Isla y el comunicado de la Casa Blanca se señala que “se estudiarán diferentes medidas adicionales dirigidas a fomentar el crecimiento de los emprendimientos y del sector privado en Cuba”, lo cual está en total correspondencia con las ideas que en febrero de 2013 aparecieran en un informe del Cuban Study Group, organización que se reconoce como ONG, integrada por empresarios, intelectuales y activistas políticos cubanoamericanos, que se identifican con una “línea más moderada” en la relación con Cuba, el cual entre otras cosas señalaba:
 “La codificación del embargo de EE.UU. contra Cuba no ha logrado cumplir con los objetivos establecidos en la Ley Helms-Burton de lograr un cambio de régimen y la restauración de la democracia en Cuba. El continuar ignorando esta verdad evidente no sólo es contraproducente para los intereses de los Estados Unidos, sino que es también cada vez más perjudicial para la sociedad civil cubana, incluyendo más de 400.000 cuentapropistas privados, ya que coloca la carga de estas sanciones directamente sobre sus hombros”.
 La idea de que el levantamiento del bloqueo y el establecimiento de los más variados y estrechos vínculos económicos, políticos y culturales entre la sociedad cubana y la estadounidense –con algunos componentes del llamado carril II de la Ley Toricelli-, es lo que verdaderamente puede llevar al “cambio de régimen” en Cuba, no es algo exclusivo del momento actual. Este criterio, aunque sin hacerse dominante como lo es hoy, estuvo también presente con anterioridad en diversos sectores de la clase dominante y en las estructuras de poder de Washington. En la década del 70, fundamentalmente en el período presidencial de Jimmy Carter (1977-1981), se hizo notorio en el propio presidente: “Sentía entonces, como ahora, que la mejor vía para lograr un cambio en el régimen comunista cubano era el restablecimiento del comercio, las visitas y las relaciones diplomáticas”, señaló el ex presidente, en una entrevista concedida en el 2004 a los investigadores estadounidenses Peter Kornbluh y William Leogrande.
 El 17 de junio de 1980, Robert Pastor, asistente para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional, y Peter Tarnoff, secretario ejecutivo del Departamento de Estado, quienes participaron en varias conversaciones con las autoridades cubanas y con el propio Fidel Castro, escribieron a Carter: “Aunque incluso un levantamiento parcial del embargo es imposible por el momento, debemos reconocer el efecto que podría tener con el tiempo, no sobre las actitudes de Castro sino sobre el entramado de la sociedad cubana. El regreso durante el último año de 100 000 cubanos-americanos para realizar visitas breves puso a Cuba en contacto con el magnetismo económico y cultural de los Estados Unidos y probablemente tuvo un efecto mayor en cuanto a abrir a Cuba que cualquier otra cosa hecha antes por los Estados Unidos. Levantar el embargo y abrir Cuba a las empresas y los contactos estadounidenses no podrían dejar de afectar al régimen de Castro”.
 El propio Robert Pastor declararía en una entrevista en el 2009: “Las relaciones normales entre Washington y La Habana podrían hundir a Cuba”.
 Lo que estamos presenciando hoy es que Estados Unidos ha traslado el centro de su atención hacia la realidad interna cubana, en la que pretenden incidir más abiertamente y con premura. La apertura de una embajada en la Isla responde igualmente a ese propósito.
 Si muchos de los que están a cargo del diseño y la implementación de la política hacia Cuba en los Estados Unidos creían que el bloqueo era funcional a la subversión, ahora se convencen de que más bien le resta efectividad. Si había consenso en que el bloqueo, al crear hambre y desesperación en el pueblo cubano, desataría la ira y el derrocamiento del gobierno, ahora consideran que facilitando al pueblo cubano el acceso a todo tipo de bienes materiales y medios de información, lo empoderan e independizan del gobierno y así, de forma gradual, terminará imponiéndose en la Isla el destino inevitable del capitalismo.
 Para Cuba, los retos no dejan de ser enormes, pero al menos hemos dejado atrás una etapa que constituía el escenario menos deseado. No creo que nadie en su sano juicio, prefiera continuar en el punto en que nos encontrábamos anteriormente y que no entienda lo ocurrido como el paso hacia una nueva etapa basada en la victoria cubana.
 Hace 56 años, el 8 de enero de 1959, Fidel expresó, en medio de la celebración por el triunfo, que quizás en lo adelante todo sería más difícil. Creo que, también ahora, quizás en lo adelante todo sea más difícil en algunos terrenos, especialmente en el campo del enfrentamiento ideológico y cultural al imperialismo. Del mismo modo, recordaba cuánto necesitaron nuestros mambises a José Martí y a Antonio Maceo en 1898. Los liderazgos de aquellas figuras imprescindibles hubieran ayudado muchísimo a los cubanos a enfrentar los desafíos de inicios del siglo XX. Por suerte para nosotros, esto ha sucedido en vida de nuestros principales líderes históricos: Fidel y Raúl.
 La nueva contienda debe enfrentarse no solo en el plano del discurso y la reflexión –no menos importantes-, sino sobre todo, en la transformación real y concreta de la vida cotidiana del pueblo cubano, tanto en el plano espiritual como material. Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria, pero es la práctica la que en última instancia transforma la realidad. Por eso Fidel insistió en numerosas ocasiones que la Batalla de Ideas eran también hechos y realizaciones concretas. Y el primer vicepresidente Miguel Díaz Canel ha planteado que “el mejor antídoto contra los intentos de subversión del enemigo es hacer las cosas bien en cada lugar”.
 Creo, a su vez, que hay que evitar cualquier viso de idealismo voluntarista o de pragmatismo economicista, extremos que conspiran contra el socialismo, y afrontar la transformación de nuestro país de manera orgánica, lo económico junto a lo ideológico y cultural. Se impone una batalla aún más rigurosa y efectiva contra todos aquellos males e insuficiencias de orden interno que en ocasiones resultan más subversivos que la labor de nuestro enemigo y les facilita el trabajo. En especial es necesario desatar una ofensiva a muerte contra el burocratismo, la corrupción, la insensibilidad, la negligencia y la doble moral.
 Como sabiamente expresara Graziella Pogolotti a los artistas y jóvenes intelectuales cubanos en octubre del 2013: “…el neoliberalismo propone una concepción totalizadora, una concepción económica, ideológica, social, de irrespeto a las víctimas, a los perdedores, y también cultural, que es la cultura de la banalidad que estamos consumiendo todos en alguna medida. Nuestro proyecto también tiene que ser un proyecto totalizador. Con una articulación que colocaría en otro orden lo político, lo social, lo cultural y lo económico, unido también a una batalla ideológica…”.
 Habrá que movilizar a la verdadera sociedad civil cubana –nada que ver con la que defiende Obama- para articular una respuesta coherente a la nueva etapa de confrontación y que toda ella se convierta en nuestro principal y más poderoso núcleo de resistencia cultural.
 Desde hace mucho tiempo estamos siendo testigos de una cruenta guerra de símbolos, por lo que resulta ineludible reforzar en el imaginario social nuestros símbolos y atributos nacionales, así como nuestras tradiciones más populares. Hoy nos hace mucho daño el hecho que una bandera cubana no pueda ser comprada a un precio asequible para el bolsillo de la mayoría de los cubanos o que nuestros niños no puedan tener calcomanías, juguetes y otros objetos con la imagen de animados cubanos como el Elpidio Valdés o Meñique y que ese vacío sea llenado por Mickey Mause y el Pato Donald. Al propio tiempo, nuestra ley y reglamento de símbolos nacionales necesita de una actualización urgente, pues la que existe prácticamente nos ata de pies y manos frente a la avalancha neocolonizadora.
 La guerra cultural no se da solo en el presente, sino también en el pasado, de ahí que el trabajo con la historia de Cuba revista hoy cada vez más importancia. Escribir y divulgar la historia de la Revolución Cubana en el poder, de 1959 hasta la actualidad, sin que existan anatemas o zonas vedadas, constituye en mi criterio una cuestión de primer orden.
 Debemos trabajar en la formación de un pensamiento crítico en nuestros jóvenes y adolescentes, dotarlos de un entrenamiento para el debate, e incentivar en ellos una mirada antiimperialista y anticolonialista. Así podrán cumplir la profecía de Fidel, cuando en el año 2000, dirigiéndose a los agoreros al servicio del Imperio, expresó: “…cumplo el cortés deber de advertirles que la Revolución cubana no podrá ser destruida ni por la fuerza ni por la seducción”.

Notas correspondientes a la segunda parte del trabajo
  1. Tomás Borge, Un grano de maíz. Entrevista concedida por Fidel Castro a Tomás Borge, Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas, 2011, pp.144-145.
  2. Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)
  3. Conferencia de prensa ofrecida por el Presidente Obama, el 19 de diciembre de 2014 en: http://abcnews.go.com/Politics/obama-touts-progress-home-abroad-americas-resurgence-real/story?id=27719486 (Internet)
  4. Hoja informativa de la Casa Blanca anunciando cambios en la política hacia Cuba, 17 de diciembre de 2014 en: http://www.whitehouse.gov/issues/foreign-policy/cuba-politica (Internet)
  5. Cuba Study Group, “Restablecimiento de la Autoridad Ejecutiva sobre la Política de los Estados Unidos hacia Cuba”, febrero 2013, en: http://www.cubastudygroup.org/index.cfm/restoring-executive-authority-over-u-s-policy-toward-cuba, (Internet)
  6. Entrevista realizada a Carter por Peter Kornbluh y William M. Leogrande, 2004, citada en: “Talking with Castro”, en Cigar Aficionado, febrero de 2009.
  7. Memorándum de Peter Tarnoff y Robert Pastor a Carter, 17 de junio de 1980, The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, (documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI) (Traducción del ESTI).
  8. Entrevista realizada a Robert Pastor por Juan O. Tamayo, en: Posted on Sun, 25 de octubre de 2009.
  9. Discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, miembro del Buró Político y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto por el aniversario 55 de la entrada de Fidel a La Habana. Ciudad Libertad, 10 de enero de 2014, en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/01/13/desterrar-el-inmovilismo-los-dogmas-y-las-consignas-vacias/ (Internet)
  10. Problemas de la Cultura Cubana. Conferencia de la Doctora Graziella Pogolotti, en el Segundo Congreso de la Asociación Hermanos Saíz, en la Escuela Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, el 18 de octubre de 2013. (Folleto)
  11. Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)

Imagen agregada: Caricatura Falco **


*Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro “De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”.
**Carlos Alejandro Falcó Chang. Caricaturista cubano. Licenciado en Educación Artística en la Universidad Pedagógica de La Habana

[N. del E.:Las notas no estaban identificadas en el texto en ninguna de las páginas web consultadas. Lamentamos las molestias que esto pueda ocasionar]

domingo, 5 de octubre de 2014

¡Me quedo en Venezuela!

Este texto es sobre Venezuela… pero suscribiría casi totalmente lo que el autor escribe… léelo tú también, cubano: "lo que queremos ser, todavía puede ser posible, si cada uno trata de ser lo que queremos que el país sea"
 
¡Me quedo en Venezuela!
Por Carlos Dorado

 Siento que tengo una gran deuda con el país. ¡Me ha dado todo lo que soy!

En la abadía de Westminster, está enterrado un obispo anglicano, cuya tumba tiene la siguiente inscripción: "Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar al mundo. Al hacerme mayor y más sabio, descubrí que no se podía y me resigné a cambiar a mi país. También resultó imposible. En mis últimos años, intenté desesperadamente cambiar al menos a mi familia más cercana, pero fue igualmente inútil. Ahora en mi lecho de muerte, caigo en la cuenta de que, si simplemente hubiera cambiado yo mismo en primer lugar, mi ejemplo habría transformado a mi familia. Con su inspiración y su apoyo, habría podido mejorar mi país y, ¿quién sabe?, tal vez habría cambiado el mundo".

 Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. ¡Todos quisiéramos una Venezuela mejor, pero no queremos ser un venezolano mejor! Que cambie el gobierno, que cambie la oposición, que cambien todo, ¡menos yo! ¿Cómo vamos a tener otros resultados, si estamos haciendo siempre lo mismo? ¡Un mundo diferente, no puede ser construido por personas indiferentes!

 Podemos pasar toda la vida, echándole la culpa al pasado o al presente, pero lamentablemente lo que tenemos por vivir es el futuro. Lo que no fuimos, ya no lo seremos. Pero lo que queremos ser, todavía puede ser posible, si cada uno trata de ser, lo que queremos que el país sea.

 Jamás me permitiré criticar a los que se fueron, o a los que se quedan, porque las razones de cada uno son difíciles de entender en el contexto de otro, y cada uno sabe de su propio dolor y de sus renuncias. A los que se fueron (siendo yo un hijo de emigrantes), entiendo y admiro su valentía, su tristeza, su soledad y sus añoranzas, y estoy seguro de que muchas veces, como solía hacer mi madre, "lloran en silencio", lejos de su gente, lejos de Venezuela.

 A ellos, sólo les pido, sean honestos, trabajen duro, sacrifíquense, logren un futuro y cuando eso suceda, porque sucederá si ustedes quieren que así sea, levántense con el orgullo de ser venezolanos; ese venezolano que es buena gente, alegre, espontáneo, trabajador, familiar, pacífico, decente y noble. Alcen la verdadera bandera de nuestro país, esa forjada por gente que dio ejemplo de trabajo, visión, sacrificio; y sobre todo de honestidad en la lucha por sus principios y creencias.

 Ese día será un gran día y se sentirán orgullosos de ustedes mismos, y de ser venezolanos. Ese día, nada ni nadie los puede parar. Ustedes pasarán a ser el mejor ejemplo de que el trabajo de Simón Bolívar no fue en vano, y el verdadero testimonio de Venezuela en el mundo.

 Yo me disculpo, ¡pero me quedo en Venezuela! Siento que tengo una gran deuda con el país. ¡Me ha dado todo lo que soy! Yo no la elegí, ella me eligió a mí, pero con el tiempo aprendí a quererla. ¡Siento que la traicionaría! Venezuela me tocó en el corazón, y las cosas más bellas del mundo no pueden verse, ni siquiera tocarse. ¡Sólo se sienten en el corazón!

 Mi padre solía decirme: "Carlos, la única forma de predicar es con el ejemplo". Cómo podría yo, un muchacho criado en una pensión en la zona de El Cementerio, mirar a los ojos a mis empleados (más de dos mil) y decirles: "me voy, porque Venezuela no está bien".

 "Lo que la oruga llama el fin del mundo, el maestro lo llama mariposa", solía decirme mi madre. Yo moriré tratando de que algún día, con mi trabajo, mis sueños y mi sacrificio; en el vuelo de esa mariposa llamada Venezuela, esté también dibujada mi sonrisa, mi entusiasmo y mi ejemplo.

Tomado de El Universal
Imagen agregada de Internet, sin crédito

martes, 7 de febrero de 2012

Barack Obama: La muerte de la esperanza

Por David Rieff

El presidente de Estados Unidos se ha convertido
en la sombra de lo que prometía ser hace tres años


Víctima de su propia inexperiencia y de un Partido Republicano que lo tiene prácticamente inmovilizado, el presidente de Estados Unidos se ha convertido en la sombra de lo que prometía ser hace tres años, cuando fue elegido y parecía una fuerza imparable destinada a renovar no sólo a su país, sino al mundo.

Ahora, escribe nuestro colaborador, "la desilusión por Obama es tan profunda -particularmente entre los jóvenes que votaron por él en gran número- que resulta difícil pensar cómo el entusiasmo de 2008 podrá replicarse" para las elecciones presidenciales del 6 de noviembre 2012.

Enoch Powell, el controvertido político británico del siglo XX, dijo alguna vez: "Todas las trayectorias políticas, a menos que interrumpan su devenir en algún punto afortunado, terminan en fracaso, porque ésa es la naturaleza de la política y de todos los asuntos humanos". Lo que los partidarios del presidente Barack Obama y, sin duda, el propio Obama (no sería humano, de otro modo) no esperaban, es que este fracaso llegaría tan pronto.

Obviamente, el fracaso del que hablamos no es un hecho consumado. Todavía faltan varios meses para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, que se llevarán a cabo el 6 de noviembre de 2012. Y el opositor Partido Republicano aún podría nominar como candidato a alguno de los bufones populistas imposibles de elegir, como Herman Cain o Newt Gingrich, en lugar del ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney quien, como van las cosas hasta ahora, tiene una buena posibilidad de impedir que Obama sea reelegido para un segundo periodo. Romney es en realidad una figura de centro, que se disfraza de fanático de la derecha para ganarse a los elementos más reaccionarios de su partido -sobre todo a los del Tea Party-, pues necesita su apoyo para obtener la nominación republicana. Como un amigo de Washington, republicano de cepa, me dijo hace poco, cuando le confesé que me ponía nervioso la inclinación extremista que ha mostrado Romney en tiempos recientes, "no te preocupes, ¡Mitt no cree ni una palabra de lo que ha declarado últimamente!".

Puede que tenga razón (eso espero) pero, en realidad, nadie lo sabe de cierto. En efecto, una de las convenciones de la política estadounidense es que los candidatos presidenciales republicanos viran hacia la derecha extrema, y los demócratas hacia la izquierda durante las primarias y que, una vez elegidos, se mueven de regreso hacia el centro. Pero vivimos una época en la que los extremos de cada partido ocupan cada vez más espacios por sobre quienes tienen posturas de centro, así que tampoco es cien por ciento seguro que las anteriores elecciones en Estados Unidos ayuden a esclarecer lo que sucederá en las que se avecinan.

Mientras tanto, los partidarios de Obama están desmoralizados y aprehensivos, preguntándose si acaso su suerte (y la del presidente) no da para más después de la sorprendente victoria en las elecciones de 2008. Al menos eso es lo que parecen estar pensando cierto número de profesionales de la política demócratas. Cuando le preguntaron a James Carville (director de la exitosa campaña presidencial de Bill Clinton en 1992) qué debe hacer en estos momentos la Casa Blanca de Obama, su respuesta fue: "¡Entrar en pánico!". Y todo parece indicar que así sucede ahora. El problema es que esa actitud sólo crea un círculo vicioso en el que, mientras más les gana el pánico a los demócratas, más se envalentonan sus adversarios y más republicanos vemos en el Congreso (ya son mayoría en la Cámara de Representantes, y una minoría con capacidad de bloqueo en el Senado) cada vez más decididos a obstaculizar cualquier propuesta de la administración Obama. Y con cada tropiezo legislativo, Obama luce más débil y parece confirmar el principal argumento de sus oponentes: que no funcionaría como presidente en una época de crisis económica mundial, con dos guerras inconclusas en el mundo islámico, una de las cuales, la de Afganistán, va cada vez peor, pese a la muerte de Osama bin Laden.

Hoy cuesta recordar que, cuando Obama ganó la Presidencia hace poco más de tres años, parecía una fuerza imparable, después de una corta carrera (ocho años, en total) en la política del estado de Illinois, donde fue elegido para el Senado Estatal en 1997; ahí sirvió hasta 2004. Luego de buscar un escaño en el Congreso, sin éxito, en 2000, Obama se convirtió en senador federal en 2005, en una votación en la que su primer oponente republicano (Jack Ryan) tuvo que renunciar a la candidatura debido a un escándalo sexual, y el segundo (Alan Keyes) era un personaje excéntrico que, aunque es muy querido en los círculos de extrema derecha, resultaba prácticamente inelegible. Cuatro años más tarde, Barack se había convertido en el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos y, además, en el primero negro, basándose en la definición estadounidense de la raza que, increíblemente, pese a todo el mestizaje de la pasada mitad del siglo xx, sigue basándose en la convicción de que una sola gota de "sangre negra" (lo que sea que eso signifique) basta para considerar que alguien es negro; una definición que comenzaron a propagar los esclavistas blancos sureños antes de la Guerra Civil estadounidense.

Los partidarios de Hillary Clinton, la rival más importante de Obama para la candidatura demócrata a la Presidencia en 2008, argumentaron en vano que Barack tenía muy poca experiencia para el puesto. Ya Obama había capturado la imaginación de buena parte del pueblo estadounidense con su lema "La audacia de la esperanza". Barack Obama parecía ofrecer un futuro a un país golpeado por el colapso de la burbuja financiera y por guerras que no habían progresado, ni remotamente, del modo en que los políticos lo habían prometido, de modo que la gente se sentía más pesimista que en cualquier otro momento desde la Guerra de Vietnam y de los disturbios por motivos raciales en docenas de ciudades estadounidenses. Cuando fue elegido y, no por casualidad, reunificó al Partido Demócrata al convencer a Clinton de ser su secretaria de Estado, incluso los estadounidenses que se habían opuesto a él compartieron una especie de satisfacción moral por reflejo de haberlo puesto en la silla presidencial, como si con eso se hubieran despojado de toda culpa y hecho borrón y cuenta nueva en cuanto a las raíces racistas de Estados Unidos y su historia de discriminación, y así se abriera una puerta a un futuro en el cual un país con cada vez más diversidad racial podía comenzar de nuevo.
¡Y vaya que los estadounidenses aman los nuevos comienzos! Como dice la famosa cita del escritor Francis Scott Fitzgerald: "No hay segundos actos en la vida de los estadounidenses". (Un tercer acto, al parecer, sería inconcebible y habría sido una gran sorpresa para los millones de ciudadanos que perdieron sus casas en la crisis inmobiliaria de 2008). No hay ningún problema con la buena suerte de los políticos, pero en la euforia del triunfo se perdió de vista el hecho de que Obama no tenía prácticamente ninguna experiencia de gobierno a nivel nacional y que, como sucedió durante su exitosa campaña senatorial en Illinois en 2004, en la elección presidencial se había enfrentado a un oponente que no lo igualaba, el senador John McCain, quien tenía todo en contra: su edad avanzada contrastaba de la peor manera con la energía juvenil de Obama; trataba de ocupar el lugar de George W. Bush, quien para ese entonces se había vuelto terriblemente impopular entre la población estadounidense; y, por si eso no hubiera sido suficiente, su campaña fue una de las más ineptas en la historia política estadounidense moderna.

EL ENEMIGO TAMBIÉN VOTA

Con todo lo anterior, el día que Obama asumió su cargo, el país estaba en una exaltación tal que más parecía que había sido ungido que elegido. Pero los partidarios del nuevo Presidente quizá debieron recordar que un cometa es una estrella que cae y no una que asciende. Lo cierto es que el propio Obama parece haber llegado a la Casa Blanca asumiendo que la escala de su victoria, la buena voluntad de la gente, con la que podía contar a partir de ese momento y -como incluso sus enemigos tienen que admitir- su notable carisma, combinado con sólidas mayorías legislativas en ambas cámaras del Congreso, hacían que pareciera fácil sacar adelante la ambiciosa agenda de reformas que había planteado durante su campaña.

Sin embargo, como los oficiales militares suelen decirle a sus subordinados que pecan de exceso de confianza: "En la guerra, el enemigo también vota". Por supuesto, los adversarios republicanos de Obama compartían ese punto de vista y, desde el principio, decidieron luchar con uñas y dientes y boicotear toda iniciativa, grande o pequeña, que proviniera de su gobierno. Al principio, Obama no podía creerlo. En un encuentro televisado con los representantes legislativos republicanos, que reiteraron sin cesar que no aceptarían su proyecto de reforma del sistema de salud, finalmente contestó, exasperado: "Oigan, hubo una elección. Yo la gané".

Esa respuesta puede haber impresionado a sus seguidores, pero no a los republicanos. La administración Obama sí consiguió llevar adelante el proyecto de legislación en materia de salud (aunque tuvo que suavizar muchas reformas y ceder en numerosos puntos para lograr que se convirtiera en ley) pero, desde entonces, el Presidente ha sufrido una derrota tras otra.

Se ha dicho que el resultado de la formación de Barack Obama como activista social en su juventud y abogado de derechos humanos en Chicago es su dominio del arte de transigir y negociar acuerdos. Pero al enfrentarse a una oposición intransigente, la negociación ha seguido, una y otra vez, un proceso en el que la administración establece su postura, después se echa para atrás y, cuando está claro que los republicanos no van a ceder, se echa todavía más para atrás. Como consecuencia de esto, cada propuesta de ley, desde las relacionadas con el medio ambiente hasta la reforma financiera y la educación, se quedaron a la mitad del camino. Y los republicanos no se durmieron en sus laureles, sino que se organizaron de una manera en la que los seguidores del presidente parecían incapaces de hacerlo. Así fue como surgió el movimiento del Tea Party, una erupción populista que estalló con una fuerza que no se había visto en Estados Unidos en décadas y, como efecto de su estallido, en las elecciones al congreso de 2010 los demócratas perdieron la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado no lograron una mayoría con suficiente ventaja para sacar adelante sus propuestas legislativas sin negociar con los republicanos.

Con cada una de esas concesiones, el apoyo hacia Obama se ha debilitado. No cabe duda de que sus partidarios tenían altas expectativas, pero su desilusión ya es tan profunda -en particular entre los jóvenes electores que desafiaron el patrón de comportamiento estadounidense para su segmento de edad y votaron por él en gran número- que resulta difícil pensar cómo el entusiasmo de 2008 podrá replicarse en 2012. El problema con los demócratas en general -y Obama no es la excepción- es que son un partido que queda a la izquierda del centro (según los estándares estadounidenses, al menos) y depende del dinero de Wall Street, de Hollywood y de Silicon Valley. En los buenos tiempos, esta contradicción puede atenuarse. Pero éstos no son buenos tiempos, ni mucho menos. Y la sorprendente resistencia del movimiento Occupy Wall Street, que de muchas maneras es la respuesta de la izquierda estadounidense al Tea Party, sólo acentúa esas tensiones. Obama ha tratado de mostrar su simpatía por los ocupantes, jóvenes en su mayoría y, a la vez, de apaciguar a Wall Street. Y en ese intento se ha ganado el rechazo de ambos lados.

Lo único que le queda al Presidente es que, aunque actúe con ineptitud, es brillante al hacer campañas, en especial cuando se presenta a sí mismo como el fuereño redentor que llega a Washington a arreglar las cosas. La política estadounidense tiene una larga tradición de políticos de carrera que se declaran en contra de Washington. El problema para Obama en 2012 es que, para ganar, tendrá que competir no sólo contra Washington, sino contra sí mismo. Siempre ha sido un tipo afortunado, pero éste puede ser un desafío incluso mayor que su buena suerte.

Tomado de http://esquire.esmas.com/features/395816/barack-obama/2

sábado, 10 de diciembre de 2011

Durban: en el mismo lugar y con la misma gente

Mientras las decisiones a nivel mundial sean tomadas por Estados Unidos y aquellos que anteponen dinero y poder a  preservación de la especie humana, los resultados seguirán siendo iguales a los de Copenhage, Cancún y, por lo que se ve, Durban. Veamos algunas opiniones sobre lo que está ocurriendo allí:

RCBáez: Foto de Yasemin Maracay sobre logo de Durban 2011
1.-
Durban será peor que Copenhague y Cancún
Por Pablo Solon

A dos días de la clausura aún no se conoce el verdadero texto que se está negociando. Todos saben que el documento de 131 páginas es sólo una compilación de las propuestas que ya estaban en la mesa en Panamá (hace dos meses). La negociación formal no ha avanzado casi nada. El verdadero documento aparcerá hacia el final de la COP17.

Después de 9 días de negociaciones no hay dudas de que ya vimos está película. Es el tercer refrito de Copenhague y Cancún. Mismos actores. Mismo guión. Los documentos se producen fuera de los espacios formales de negociación. En cenas y reuniones privadas a las que no asisten los 193 estados miembros. El resultado de estos encuentros se conoce sólo el último día. En el caso de Copenhague fue a las dos de la mañana del día después que debió haber terminado el evento. En Cancún el proyecto de decisión recién apareció a las cinco de la tarde del último día y no se abrió a la negociación ni siquiera para corregir una coma. Bolivia se mantuvo firme en las dos ocasiones. La razón: los bajísimos compromisos de reducción de emisiones de los países industrializados que llevan a un incremento de la temperatura de más de 4 C. En Cancún Bolivia se quedó sola. No podía hacer otra cosa. Como podía aceptar el mismo documento que en Copenhague había rechazado sabiendo que 350.000 personas mueren al año debido a desastres naturales producidos por el cambio climático. Permanecer en silencio es ser cómplice de genocidio y ecocidio. Aceptar cualquier desastre con tal de no quedarse solo es la receta de la diplomacia cobarde. Mucho más cuando uno pregona la “Diplomacia de los Pueblos” y se ha comprometido a defender el “Acuerdo de Cochabamba” de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y derechos de la Madre Tierra.

Durban será peor que Copenhague y Cancún. A dos días de la clausura aún no se conoce el verdadero texto que se está negociando. Todos saben que el documento de 131 páginas es sólo una compilación de las propuestas que ya estaban en la mesa en Panamá (hace dos meses). La negociación formal no ha avanzado casi nada. El verdadero documento aparcerá hacia el final de la COP17.

Pero lo más importante, la sustancia de la negociación sigue invariable desde Copenhague. Las promesas de reducción de emisiones siguen siendo de 13% a 17% de las emisiones que tenían los países desarrollados tomando en cuenta sus niveles de emisiones de 1990. Todos saben que eso es una catástrofe. En vez de indignarse buscan como endulzar el veneno. La envoltura de este paquete será el segundo período de compromiso del protocolo de Kioto y un mandato para un nuevo acuerdo vinculante. La sustancia del paquete será la misma que la de Copenhague y Cancún: no hacer prácticamente nada durante esta década en cuanto a reducción de emisiones, y conseguir un mandato para negociar un acuerdo que será aún más débil que el protocolo de Kioto y que lo sustituirá en el 2020. El Gran Escape III es el nombre de esta película que versa sobre como los gobiernos de los países ricos y las transnacionales buscan escaparse de su responsabilidad en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Lejos de fortalecer la lucha contra el cambio climático se está volviendo más suave y flexible, con compromisos voluntarios de reducción de emisiones. ¿La incógnita es quien se parará esta vez a denunciar el engaño hasta el final? ¿Sera que esta vez, todos aceptan el refrito de Copenhague y Cancún?

Lo cierto es que más allá de la escenografía y la última escena, el final de esta película será el mismo que el de Copenhague y Cancún: la humanidad y la madre tierra serán las víctimas de un incremento de la temperatura nunca antes visto en 800.000 años. www.ecoportal.net


* Pablo Solón, analista internacional y activista social. Fue Jefe negociador para cambio climático y Embajador ante Naciones Unidas del Estado Plurinacional de Bolivia (2009-Junio 2011).


Tomado de Aporrea

2.-

En suspenso conferencia de Durban por decisiones políticas
Por Enrique Torres, enviado especial

Durban, Suráfrica, 9 dic (PL) Intensas sesiones de negociación tienen lugar hoy en la recta final de la XVII conferencia ambiental de la ONU, con propuestas técnicas sobre la mesa a la espera de decisiones políticas.

  Luego de la extensa jornada del jueves, en la que no pocos delegados se retiraron del Centro Internacional de Convenciones entrada esta madrugada, y tras los primeros contactos informales de la mañana, comenzó a aflorar aquí cierto optimismo.

"Tengo la certeza de que en Durban se va a anunciar la puesta en operación del Fondo Verde del Clima, y se presentará como un gran resultado, pero es un fondo que no tiene un centavo", comentó a Prensa Latina un diplomático que participó en los debates a puerta cerrada.

Lo cierto es que a partir de lo negociado hasta ahora, durante 2012 se tendrá que seguir discutiendo sobre las fuentes de financiamiento de ese instrumento.

Según trascendió de los debates, es de esperar que en un inicio solo se produzcan pequeñas contribuciones voluntarias de naciones ricas de Europa, quizás países nórdicos, las cuales permitirán que el Fondo se constituya con una sede, a la cual aspiran, entre otros, México, Suiza y Singapur.

No obstante, el dinero estará en el Banco Mundial, que a tono con los acuerdos de Cancún será la entidad de fideicomiso a cargo de esos recursos financieros, dinámica que no ha sido del agrado de varios países subdesarrollados, pero que a toda luz resulta inamovible.

Según la metodología pactada, aquí se aprobaría poner en marcha el Fondo, y se pediría a los grupos de trabajo propuestas para la junta que lo dirigirá, la cual sería constituida alrededor de marzo venidero y por ende no se reuniría hasta abril.

Dicha junta propondría la sede del Fondo, de manera que el mecanismo no tendrá casa hasta mediados de año.

En cuanto al financiamiento, se está aprobando un programa de trabajo para comenzar a explorar las fuentes, alrededor de las cuales hay opiniones divergentes.

Los países industrializados se resisten a que las fuentes principales sean públicas, y apuestan al sector privado, pero este último también se niega a llevar el peso fundamental, que implicaría gravámenes para la recuperación de los recursos.

Las naciones subdesarrolladas prefieren la garantía de fondos públicos y sistemáticos.

La realidad es que durante un año más será necesario discutir estos temas para que exista cierta claridad en los orígenes del dinero.

En cuanto al segundo período de compromisos del Protocolo de Kioto, en varias salas a puerta cerrada grupos negociadores barajan opciones, dirigidas a que no muera el pacto, pese a la anunciada negativa de países como Canadá, Japón y Rusia a no sumarse a un nuevo capítulo.

Está en discusión el tiempo de vida del segundo período de compromisos y las cuantías en los niveles de mitigación a asumir por cada país, incluso las vías para lograrlo, que no están bien definidas.

Entre las opciones se contempla una fórmula para darle vida al Protocolo en el período 2013-2017, incluso uno mayor, de ocho años, sujeto a revisión en 2015. La decisión se debe adoptar en breve con el visto bueno de los ministros y otros jefes de delegaciones.

El Protocolo de Kioto fue suscrito en 1997, ratificado por 156 países y, luego rechazado por dos de los principales contaminantes del mundo, Estados Unidos y Australia.

En esencia establece el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en una media del 5,2 por ciento con respecto a los niveles de 1990, aunque en su anexo B precisa metas cuantificadas de mitigación por cada país.

La presidencia surafricana de la conferencia ha realizado una intensa labor de cabildeo con las partes, a fin de combinar opciones y lograr documentos equilibrados capaces de alcanzar el consenso.

En las llamadas sesiones de Indaba, los anfitriones han tratado de evitar que el epílogo de Durban sea igual al de la XVI conferencia de Cancún, donde no pudo revertirse la tendencia a destruir el actual régimen jurídico internacional fundado en la Convención.

Fuente Prensa Latina


3.-

Escuchen a la gente, no a los que contaminan
Por Amy Goodman

Durban, Sudáfrica.- Muy por encima de la calzada, frente a la famosa South Beach de Durban y a las olas del Océano Índico y a solo unas cuadras de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que reúne esta semana a unas veinte mil personas, siete activistas luchaban contra el viento para desplegar una pancarta que decía: "Escuchen a la gente, no a los que contaminan”. No era una tarea fácil. A pesar del sol de la mañana y del cielo celeste, el viento arreciaba feroz y el grupo que intentaba colgar la pancarta no era precisamente bienvenido. Eran de Greenpeace y estaban colgados del techo del Protea Hotel Edward.

Dentro, se desarrollaba el encuentro de ejecutivos del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, una organización que se presenta a sí misma como "una organización liderada por ejecutivos de compañías con pensamiento de vanguardia que impulsa a la comunidad empresarial mundial a crear un futuro sostenible para las empresas, la sociedad y el medio ambiente”. Abajo, frente a la puerta del hotel, mientras se acercaba la policía y muchas personas portaban carteles y pancartas y cantaban en solidaridad con los escaladores, Kumi Naidoo criticó al Consejo y lo calificó como uno de los "Doce mayores contaminadores” según Greenpeace.

Naidoo no es un extraño para quien sigue de cerca las acciones callejeras en Durban. Si bien actualmente es el director ejecutivo de Greenpeace Internacional, una de las más grandes y visibles organizaciones ambientalistas del mundo, en 1980, cuando tenía quince años de edad, fue uno de los millones de sudafricanos que lucharon contra el régimen racista del apartheid. Fue expulsado del secundario y finalmente debió pasar a la clandestinidad. Reapareció en Inglaterra, viviendo en el exilio, y prosiguió sus estudios en la Universidad Rhodes. Durante años, Naidoo ha luchado por los derechos humanos, contra la pobreza y a favor de acciones para combatir el cambio climático.

Mi colega de Democracy Now! Hani Massoud y yo nos escabullimos hasta el techo para registrar el momento en que los siete activistas que colgaban la pancarta eran arrestados. El escalador sudafricano Michael Baillie, uno de ellos, me dijo: "Nuestro objetivo aquí hoy era denunciar que los gobiernos están bajo la influencia excesiva de un puñado de corporaciones que intentan influir negativamente en las negociaciones sobre el cambio climático que se desarrollan aquí en Durban. Están tomando al clima de rehén.”

Más tarde, durante la conferencia de la ONU en el Centro Internacional de Convenciones Alfred Luthuli, llamado así en honor al presidente general del Congreso Nacional Africano y primer africano en ganar el Premio Nobel de la Paz, Kumi Naidoo me dijo acerca de la acción de esa mañana: "No nos oponemos a la idea de dialogar con las empresas, pero claramente las grandes empresas no se están moviendo a la velocidad que necesitamos que se muevan. De hecho, nos tiran hacia atrás. Por lo tanto, creemos que denunciarlas, nombrarlas, avergonzarlas es esencial para que la gente sepa por qué estas negociaciones sobre el clima no van a la velocidad que necesitamos que vayan.”

Entre los "Doce mayores contaminadores” de Durban figuran Royal Dutch Shell, ExxonMobil, Koch Industries y BASF, así como asociaciones comerciales como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible y el Instituto Americano del Petróleo. Greenpeace denunció a estas corporaciones y coaliciones corporativas por su presencia en Durban y por sus acciones a lo largo del proceso de negociaciones sobre el cambio climático, ya que van en perjuicio de un progreso significativo. El informe completo, titulado: "¿Quién nos impide avanzar? La presión de la industria contaminante en la negociación climática” explica de qué manera estas corporaciones no sólo hacen fracasar la legislación sobre el cambio climático a nivel nacional en todo el mundo, sino que además obtienen acceso privilegiado a las negociaciones a nivel mundial, como sucede en esta conferencia de vital importancia de las Naciones Unidas en Durban.

El ex Arzobispo sudafricano Desmond Tutu pronunció un discurso durante una manifestación previa a la cumbre en el que calificó al cambio climático de "gran enemigo”: "Decimos que ésta es la última oportunidad. Por favor, por el amor de Dios, tomen la decisión correcta. Este es el único mundo que tenemos, el único hogar que tenemos; si lo destruimos, nos hundiremos todos." La ex Presidenta irlandesa Mary Robinson agregó: "La gente está sufriendo debido al impacto del cambio climático. Los que más sufren no son responsables, por lo que el mundo rico tiene que asumir su responsabilidad. Tenemos que dar continuidad a Kioto, seguir un camino que nos lleve a un acuerdo justo, ambicioso y vinculante, y tenemos que hacerlo aquí en Durban”.

Existe un creciente consenso aquí en Durban respecto a que Estados Unidos representa el mayor impedimento al avance de estas cruciales negociaciones. Una coalición integrada por dieciséis de los más importantes grupos ambientalistas de Estados Unidos publicó una carta dirigida a la Secretaria de Estado Hillary Clinton, que supervisa directamente las negociaciones sobre cambio climático por parte de Estados Unidos. En la carta, los grupos señalan que a pesar de que el Presidente Obama prometió originalmente durante su campaña liderar las negociaciones mundiales sobre cambio climático, "tres años después, Estados Unidos corre el riesgo de ser considerado no como un líder mundial en la lucha contra el cambio climático, sino como un gran obstáculo al progreso de esa lucha.”

La industria de los combustibles fósiles ejerce una enorme influencia sobre el gobierno de Estados Unidos y sobre el pueblo estadounidense. Lo logra invirtiendo decenas de millones de dólares en ejercer presión y en campañas publicitarias destinadas a influir sobre la opinión pública. Kumi Naidoo, que estuvo preso varias veces a causa de su activismo, comparó la lucha contra el apartheid con la lucha contra el cambio climático: "Si la gente de todo el mundo puede unirse —los sindicatos, movimientos sociales, líderes religiosos, grupos ambientalistas y otros— como vimos que sucedió el sábado durante la marcha, rezo para que se produzca un milagro similar que lleve a estas negociaciones sobre el cambio climático a un resultado justo, ambicioso y legalmente vinculante.”

[Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 350 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur].

Tomado de Adital, fuente original Democracy Now
4.-
Durban: doce días en doce frases
AFP / J. Grau

La misma casa común
«No tenemos más que una casa y es nuestra única casa, da igual que seamos ricos o pobres». (Desmond Tutu, sudafricano, premio Nobel de la Paz, pidiendo a los países ricos que ayuden más a los países más vulnerables por el cambio climático, en un reunión previa al primer días de debates).

Cuestión de vida o muerte
«Para muchas personas en los países en desarrollo y en África, el cambio climático es una cuestión de vida o muerte» (Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica, apela a la vulnerabilidad del continente africano, huésped de esta XVII conferencia de la ONU sobre el clima).

Mandela
«Siempre parece imposible, hasta que se hace». (Christiana Figueres, responsable de la ONU para el clima, cita a Nelson Mandela para invitar a los delegados de los 190 países presentes en Durban, a tomar ejemplo de la larga lucha del ex presidente sudafricano contra el apartheid, que terminó con éxito).

Amor a Kioto
«Queremos mostrar nuestra solidaridad con el protocolo de Kioto» (frase de Barry McGarron, un joven irlandés que llevaba con orgullo una camiseta con la leyenda: I Love KP (amo el protocolo de Kioto), y que pedía el compromiso de los países industrializados con ese protocolo).

El pasado y el futuro
«Para Canadá, Kioto pertenece al pasado» (Peter Kent, ministro de Medio Ambiente de Canadá, confirmando que su país, al igual que Japón y Rusia, no asumirá nuevos compromisos dentro del marco acotado en Kioto).

Amandla y justicia climática
«Queremos una justicia climática, no un apartheid climático» (Lubna Nadvi, organizadora de una manifestación en la que el grito más oído era Amandla (una palabra zulú que significa «fuerza», y que era también la que más se repetía durante el apartheid).

Pedir más pruebas
«Es inconcebible la espera sin fin de más pruebas» (Rajendra Pachauri, presidente del grupo de expertos sobre la evolución del clima (GIEC), el órgano científico de referencia sobre el cambio climático, señalando que ya había demasiadas certezas sobre el calentamiento como para empezar a tomar medidas).

Agua
«Antes, si me hubieran preguntado, habría dicho que no sabía nada sobre el cambio climático. Pero ahora se me ha metido en casa» (Beatrice Omweri, una joven keniana que hizo el viaje a Durban para dar testimonio, después de que en Nairobi racionaran el agua corriente).

Estados Unidos
«Tengo la impresión de que la gente es menos paciente que antes con respecto al ciclo electoral estadounidense» (Jennifer Morgan, directora del programa del clima y la energía del World Resources Institute, en referencia a la irritación de ciertos países por la actitud de espera de los estadounidenses en las negociaciones).

Neófito
«Este problema no es el vuestro, no es el mío, es el nuestro» (Alfred Lado Gore, ministro de Medio Ambiente de Sudán del Sur, estado independiente desde hace cinco meses, que ha participado en las negociaciones climáticas como observador).

Fatiga
«Pollo frito a las 3:30 de la madrugada, los dedos pegajosos, pero siempre las mismas discusiones... Aún un día y necesito dormir» (un negociador europeo en su cuenta de twitter, cuando las discusiones se eternizaban, en la noche del jueves al viernes).

Viaje
«Me llevó 64 horas, de ellas 28 en barco, llegar hasta aquí». (Faipule Foua Toloa, jefe de gobierno de Tokelau, un archipiélago de solo 12 kilómetros cuadrados, con unos 1.400 habitantes, en el Pacífico Sur, que espera regresar a casa diciendo: «Algo ha sucedido en Durban»).

Tomado de ABC, España

5.-
Duras críticas a borradores finales de conferencia en Durban
Durban, Suráfrica, 11 dic (PL) Fuertes críticas recibió hoy aquí el paquete de documentos presentado por los grupos de trabajo de la Convención de la ONU sobre cambio climático y el Protocolo de Kioto, texto calificados por varias delegaciones de desequilibrados.

Los informes fueron discutidos en sesiones maratónicas que se extendieron hasta el inicio de la madrugada del domingo, pero pese a las críticas, enviados a la sesión plenaria de la XVII conferencia ambiental de Naciones Unidas, cuya sesión final debe comenzar en unos minutos.

El Grupo Africano y naciones de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se opusieron al paquete, que en materia de mitigación es muy flexible para los países industrializados, mientras refuerza exigencias para las naciones en desarrollo.

En acciones de mitigación, el informe del Grupo de Cooperación a Largo Plazo de la Convención dedica 60 párrafos con requerimientos y controles para los países pobres, y solo 31 para los desarrollados, los máximos contaminantes históricos del planeta.

De esa manera, se echa por tierra el principio de responsabilidades comunes pero diferencias, establecido por la Convención.

"Es el mundo al revés", exclamó en una encendida alocución la jefa del equipo negociador de Venezuela, Claudia Salerno, quien dijo apreciar un retroceso en el espíritu de los documentos, en comparación con lo aprobado hace un año en la conferencia de Cancún, proceso que también tuvo limitaciones.

"Este texto no solo es un Cancún menos, es un Kioto menos", señaló en referencia a otro de los temas debatidos en este foro, la necesidad de un segundo período de compromisos del Protocolo de Kioto, pacto cuyo primer capítulo expira en 2012.

El delegado de China también expresó discrepancias con el paquete, al señalar que el nivel de mitigación planteado para los países industrializados es muy inferior al que realmente debería ser. "Esa parte del texto no es buena", manifestó el diplomático, al tiempo que criticó la poca claridad del mecanismo de financiación a largo plazo para acciones de mitigación y adaptación al cambio climático. El grupo de trabajo no ha cumplido con su cometido, enfatizó.

El paquete, sin embargo, cuenta con el respaldo de la Unión Europea, Japón y Estados Unidos, entre otras naciones industrializadas, las cuales se pronunciaron a favor de su aprobación inmediata.

Ante la falta de consenso, continúa entre signos de interrogación cuál será el final de la XVII conferencia ambiental, que debió concluir el viernes, y que aún este domingo mantiene en incógnita su epílogo.

Tomado de Prensa Latina

 
Protesta de Oxfam en la cumbre de Durban_AFP-Stephane de Sakutin

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