Por Ariadna Cornelio Hitchma y Gretter Alfonso Guzmán, funcionarias del Minrex
Solo
existen cuatro aspectos en que el Presidente no puede actuar, pues
requieren la acción congresional para su eliminación o modificación por
estar regulados en leyes estadounidenses. Fuera de ellas, Obama puede
acudir a sus prerrogativas ejecutivas para modificar la implementación
de la política de bloqueo contra Cuba.
Aunque
el Congreso de Estados Unidos es el órgano facultado para decretar el
fin del bloqueo contra Cuba, este acto puede estar precedido del
desmontaje de la inmensa mayoría de las restricciones que conforman esta
política, a través de acciones ejecutivas del Presidente.
Con
la firma de la Ley para la Libertad y Solidaridad Democrática Cubanas
(conocida como Ley Helms-Burton) por el presidente William Clinton el 12
de marzo de 1996, quedó codificado en ley el bloqueo contra Cuba y la
madeja de órdenes ejecutivas que lo sustentan. De esta manera, las
prerrogativas del Presidente para conducir la política exterior hacia
Cuba fueron traspasadas al Congreso, en lo concerniente al levantamiento
del bloqueo contra nuestro país. Sin embargo, al mismo tiempo, esa
misma ley preservó las amplias facultades del Presidente para, a través
de la emisión de licencias, permitir transacciones referidas al bloqueo
que están reguladas por el Código Federal de Regulaciones de Estados
Unidos.
Solo
existen cuatro aspectos en que el Presidente no puede actuar, pues
requieren la acción congresional para su eliminación o modificación por
estar regulados en leyes estadounidenses. El primero es la prohibición a
subsidiarias de Estados Unidos en terceros países a comerciar bienes
con Cuba, recogida en la Ley para la Democracia Cubana de 1992 (más
conocida como Ley Torricelli). El segundo es la imposibilidad de
realizar transacciones con propiedades norteamericanas que fueron
nacionalizadas por nuestro país, lo cual está prohibido por la Ley
Helms-Burton. Otras dos prohibiciones fueron incluidas en la Ley de
Reforma de las Sanciones Comerciales y Ampliación de las Exportaciones
del 2000, que impide a los ciudadanos estadounidenses viajar a Cuba con
fines turísticos y obliga a nuestro país a pagar en efectivo y por
adelantado por las compras de productos agrícolas en Estados Unidos.
Fuera
de estas cuatro restricciones amparadas en las leyes estadounidenses
mencionadas, el Presidente puede acudir a sus prerrogativas ejecutivas
para modificar la implementación de la política de bloqueo contra Cuba.
Muestra
de esta capacidad presidencial fue lo ocurrido el pasado 17 de
diciembre del 2014, cuando el Presidente de Estados Unidos anunció
varias medidas para modificar la aplicación de determinadas regulaciones
del bloqueo. Con posterioridad a este paso, el 15 de enero del 2015,
los Departamentos de Tesoro y Comercio publicaron las regulaciones
administrativas para implementar las medidas anunciadas por el
Presidente, las cuales entraron en vigor el día siguiente.
Este
puede ser el procedimiento a seguir en lo adelante para eliminar una
buena parte de las restricciones económicas, financieras y comerciales
que el gobierno de Estados Unidos mantiene contra nuestro país. Las
modificaciones realizadas por Obama están lejos de ser “todo lo que el
Presidente puede hacer”, como bien reconocen varios sectores y expertos
en el propio Estados Unidos. Aunque ciertamente significan un paso de
avance en temas como viajes a Cuba, telecomunicaciones y remesas, muchas
otras prohibiciones pueden ser eliminadas con la intervención del
Presidente.
Una modificación sustantiva del andamiaje del bloqueo es
posible si Obama continúa utilizando sus amplias facultades ejecutivas
para eliminar muchas de las restricciones vigentes.
En
relación con los viajes, el Presidente podría permitir servicios de
ferry entre Estados Unidos y Cuba, además de eliminar el límite al valor
de los productos que pueden ser importados desde Cuba por los viajeros
estadounidenses que visitan nuestro país, para uso personal o como
regalos. También, podría autorizar que los aviones cubanos vuelen a
Estados Unidos y transporten viajeros entre los dos países.
En
materia de comercio, Obama podría permitir que Cuba importe desde
terceros países productos que contengan más de un 10 % de componentes
norteamericanos. Asimismo, podría autorizar las exportaciones a Cuba de
otros productos estadounidenses y permitir las importaciones en EE.UU.
de servicios o productos cubanos, incluyendo aquellos manufacturados en
terceros países que contienen materias primas cubanas como níquel o
azúcar.
La
salud es otro sector en el que se pueden adoptar medidas con amplio
impacto en el bienestar de ambos pueblos. La lista de acciones que
podría acometer el Presidente comprende entre otras: autorizar a
ciudadanos de EE.UU. a recibir tratamientos médicos en Cuba; permitir la
exportación de medicinas y equipos médicos que puedan utilizarse en la
producción de productos biotecnológicos cubanos; permitir las ventas de
materias primas que Cuba necesita para producir medicamentos para la
población cubana y para otros países en desarrollo, y autorizar la
comercialización en Estados Unidos de productos de la biotecnología
cubana, como el Heberprot- P y el Nimotuzumab, anticuerpo monoclonal
para tratar el cáncer de cabeza y cuello avanzados.
En
el sector bancario y financiero, donde el gobierno de Obama ha aplicado
acciones de acoso financiero, también pueden modificarse varias
regulaciones y autorizar por ejemplo, el uso del dólar estadounidense en
las transacciones internacionales de Cuba, el consentimiento para que
estas transacciones se realicen a través del sistema bancario de Estados
Unidos cuando provengan de operaciones nuestras con terceros países y
la reversión de la política de persecución financiera contra la Isla,
que incrementa el temor de los bancos de terceros países a operar con
Cuba o a ejecutar transferencias bancarias a favor de empresas u
organizaciones cubanas. Otras acciones comprenderían posibilitar a
entidades cubanas (bancos, empresas, etc.) abrir cuentas en bancos de
Estados Unidos e instruir a los representantes de Estados Unidos en las
instituciones financieras internacionales que no bloqueen el
otorgamiento de créditos u otras facilidades financieras a Cuba.
Por
tanto, Obama tiene posibilidades ilimitadas para modificar de manera
significativa las restricciones vigentes y vaciar al bloqueo de su
contenido fundamental mediante el ejercicio de sus prerrogativas con
determinación.
El
proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales pasa
necesariamente por el levantamiento del bloqueo, el cual constituye el
mayor obstáculo para las relaciones económicas, comerciales y
financieras de Cuba con Estados Unidos y el resto del mundo, y para el
desarrollo de todas las potencialidades de la economía cubana.
Fuente Diario Granma
Montaje fotográfico agregado RCBáez
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jueves, 12 de febrero de 2015
sábado, 7 de febrero de 2015
La “nueva política” de los Estados Unidos hacia Cuba I y II
Compartimos de forma íntegra el trabajo del Profesor Ramírez Cañedo, según nuestro modeto entender, uno de los más completos e interesantes sobre el tema:
La “nueva política” de los Estados Unidos hacia Cuba I
Por Elier Ramírez Cañedo*
Poco tiempo después de haber llegado a la Casa Blanca y cuatro días antes del comienzo de la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, en abril de 2009, Barack Obama anunció medidas de flexibilización de los viajes y el envío de remesas a Cuba, algo que constituyó una táctica inteligente del presidente estadounidense que le permitió llegar a la cita en un mejor ambiente y reducir las críticas de los países del hemisferio con relación a la absurda política hacia la Mayor de las Antillas. Fue en ese cónclave donde exclamó que intentaría hallar un “nuevo comienzo con Cuba”.
Pero de inmediato quedó entrampado en los límites que el sistema de poder en los Estados Unidos impone a la rama ejecutiva y, sobre todo, por las circunstancias internas y externas que limitaron su capacidad de maniobra en este y otros temas.
Quizás influyó en que no diera pasos más atrevidos para cambiar la política el hecho de que en Washington se valoró la posibilidad de una caída del régimen cubano, ante la repentina enfermedad de Fidel que implicó se apartara de la dirección del país y la dramática situación económica por la que atravesó la isla entre el 2008 y el 2009, debido fundamentalmente a la crisis económica internacional y el paso por territorio cubano de tres huracanes que causaron graves estragos. Error de cálculo que pudo llevar a los principales estrategas en Washington a pensar que la manida política de Estados Unidos hacia la Isla, con algunos retoques y una mejor instrumentalización del bloqueo, podía lograr finalmente el tan anhelado cambio de régimen.
También pueden haber manejado la quimérica idea de la “solución biológica”, es decir, la de esperar la desaparición física de la generación histórica para negociar con líderes supuestamente más dóciles.
En el aprensivo curso de acción seguido por la administración demócrata debe haber tenido alguna incidencia la difícil coyuntura tanto en el plano doméstico como exterior que enfrentó Obama al arribar a la presidencia. Situación que hacía que el tema Cuba no estuviera dentro de las más urgentes prioridades del presidente como para gastar capital político –el cual iba a necesitar para otros temas de mayor jerarquía para la “seguridad nacional” de los EE.UU- en una lucha por hacer cambios más significativos en la política hacia Cuba.
El hecho es que Obama y sus asesores escogieron en ese momento el camino que pensaron era más inteligente en sus objetivos por destruir la Revolución Cubana en un lapso de tiempo más reducido, utilizando el bloqueo como herramienta para ejercer presión política sobre Cuba, aunque de una forma más creativa a como lo había hecho la administración Bush.
También, haciendo un análisis del contexto de la realidad interna de los Estados Unidos, del entorno internacional y de la dinámica interna de la sociedad cubana en el 2009, es lógico pensar que hayan preferido seguir la “ley del menor esfuerzo”, buscando maximizar los resultados en la política hacia Cuba, al menor costo posible.
La detención en Cuba a finales del 2009 del ciudadano estadounidense Alan Gross, y luego enjuiciamiento por actividades ilegales y subversivas al servicio de la USAID, se convirtió en el nuevo pretexto y obstáculo fundamental impuesto por la administración demócrata para avanzar en una nueva dirección en la relación con Cuba.
Sin embargo, en poco tiempo, las variables fundamentales en torno al conflicto Estados Unidos-Cuba comenzaron a desfavorecer a la a administración demócrata y a empujar el cambio.
A Obama se le fue generando el mejor contexto interno y externo que jamás tuvo presidente alguno para realizar un cambio profundo en el enfoque de la política hacia Cuba. También se observó que Obama tenía incluso un significativo respaldo dentro de la clase dominante de los Estados Unidos, la cual reclamaba una política más pragmática hacia Cuba. Hubiera sido realmente poco inteligente de su parte haber regalado el mérito de hacer historia, teniendo una oportunidad única, a los que le sucedieran en la Casa Blanca.
Una decisión histórica
Está claro que Barack Obama desde que ejercía sus funciones de senador creía inefectiva y arcaica la política de los Estados Unidos hacia Cuba. El 20 de enero del 2004, en un discurso en la Universidad del Sur de Illinois, había expresado:
“Considero que es hora de poner fin al embargo contra Cuba… Nuestro planeta se está reduciendo. Y nuestro mayor desafío en política exterior… es cómo asegurarnos de que otros países, en naciones en desarrollo, estén proporcionando sustento a su pueblo, los derechos humanos a su pueblo y una estructura básica de gobierno a su pueblo, que sea estable y segura, para que puedan ser socios en un futuro más brillante para todo el planeta. Y el embargo Cubano ha fracasado en proporcionar tipos de niveles de vida crecientes, ha oprimido a los inocentes en Cuba y fracasado de manera total en derrocar a Castro, quien ahora ha estado allí desde que nací. Ahora es el momento de reconocer que esa política en particular ha fracasado”.
Mas es conocido que una cosa es lo que se puede decir y hacer fuera de la Casa Blanca, y otra, una vez que se está dentro de ella. Obama tuvo que moderar su discurso y encubrir en buena medida su pensamiento con relación a la política hacia Cuba, hasta que se le presentara el momento más oportuno para introducir las modificaciones que consideraba pertinentes; de ahí que una vez ganada las elecciones presidenciales del 2008, declarara que mantendría el bloqueo a Cuba, aunque manifestó que estaría dispuesto a dialogar tanto con amigos como enemigos.
De esta manera, hasta el 17 de diciembre de 2014, lo realizado por la administración Carter en el período de 1977 a 1981, seguía siendo el momento histórico en que ambos países más habían avanzado hacia una relación más civilizada. Pero luego de su discurso ese día, Obama se convirtió en el presidente de los Estados Unidos que marca el principal punto de inflexión –aunque sin variar sus esencias, eso sería como pedirle peras al olmo- dentro de la clásica política agresiva de Washington contra La Habana en los últimos 55 años.
Nunca antes presidente estadounidense alguno había realizado una llamada telefónica a su par cubano para hablar de manera cordial y respetuosa, apartándose al menos por unos minutos de la tradicional arrogancia imperial y reconociendo, de hecho, la legitimidad del gobierno cubano. Ningún presidente estadounidense había manifestado su opinión contraria al bloqueo contra Cuba, considerándola una política fallida. Carter y Clinton lo hicieron solo después de abandonar la Casa Blanca.
Tampoco en la historia de las relaciones Estados Unidos-Cuba, desde la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961, se había coordinado un mensaje televisivo simultáneo de los líderes de ambas naciones anunciando el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el inicio de un proceso de normalización de las relaciones.
Siempre, dentro los diferentes diseños de negociación con Cuba –fundamentalmente visibles durante las administraciones de Gerald Ford y Jimmy Carter- el restablecimiento de las relaciones diplomáticas fue contemplado por el gobierno de los Estados Unidos como parte del final de un largo proceso negociaciones. Obama invirtió el proceso, y de de un solo golpe, anunció que se abrirían embajadas en ambas capitales y pediría al congreso el levantamiento del “embargo”, tomando por sorpresa a los que más podían torpedear el proceso de acercamiento a Cuba, en especial a la extrema derecha cubanoamericana presente en el legislativo estadounidense.
Precisamente ese proceder fue el que recomendaron a Obama los investigadores estadounidenses William Leogrande y Peter Kornbluh en su recién publicado libro Back Channel to Cuba: “…aunque el gradualismo parece ser políticamente seguro porque cada paso en incremento es pequeño y por lo tanto debe ser menos controvertido, un enfoque en incremento prolonga la lucha política con los opositores internos en Washington, quienes protestan ruidosamente lo contra los pasos pequeños como contra los grandes. Cada paso incremental les da una nueva oportunidad de detener el proceso, y solo tienen que ganar una vez. La alternativa es un golpe audaz que cambie en lo fundamental la relación (incluso aunque no solucione cada asunto) y deje a los oponentes ante un hecho consumado. El viaje de Nixon a China es un ejemplo paradigmático”.
Si bien Obama tenía la autoridad para restablecer las relaciones diplomáticas con la Isla, la Ley Helms Burton limita sus posibilidades de barrer con el bloqueo de un plumazo, aunque en realidad, en uso de sus facultades ejecutivas el presidente norteamericano podría lograr una profunda flexibilización del bloqueo.
Obama quizás hubiera negociado con Cuba otros asuntos de mayor trascendencia para la mejoría de las relaciones bilaterales, aunque tardara más tiempo en hacer el anuncio de los acuerdos. Mas Obama estaba urgido por su principal objetivo de intentar reconstruir su hoy maltrecho “liderazgo” en Latinoamérica y el Caribe en la próxima Cumbre de las Américas a celebrarse en Panamá en el mes de abril, y por el poco tiempo con el que cuenta para que termine su mandato, apenas dos años.
Por otro lado, si durante su primer mandato, Obama tuvo otras prioridades y se cuidó de no dar pasos arriesgados que pudieran comprometer la reelección, es evidente que en este segundo mandato se decidió a trabajar en su legado como presidente. El anuncio el 17 de diciembre de 2014, puede convertirse en el paso más osado y relevante de todo su mandato, por el que sea recordado en el futuro.
Claro, ninguno de los predecesores de Obama en la presidencia del país, había tenido un contexto tan favorable para tomar ese camino, aun así, Obama mostró valentía política, pues eran predecibles los fuertes ataques que debería enfrentar de ciertos sectores de la clase dominante de los Estados Unidos, de figuras prominentes del partido republicano y de la extrema derecha cubanoamericana, defensores todos del más recalcitrante status quo. Obama sí, fue pragmático, pero llevar adelante ese pragmatismo requería valor, recodemos lo que le sucedió a J.F.Kennedy por intentar imponer su sello personal a la política hacia Cuba.
Aunque todas las medidas adoptadas por Obama persiguen un fin muy bien explicitado en sus palabras, que no modifica los intentos de lograr un cambio de régimen en Cuba –la llamada transición pacífica hacia el capitalismo-, hay que reconocer que fue verdaderamente audaz al dar un paso que ninguno de los anteriores inquilinos de la Casa Blanca había se había atrevido a realizar y que tomó por sorpresa a la mayoría de los analistas. Las experiencias anteriores de acercamiento a Cuba nunca llegaron tan lejos.
Si Kennedy tuvo el coraje en 1961 de reconocer el fracaso de la invasión mercenaria de Playa Girón -plan que había heredado de la administración Eisenhower- e incluso, asumir toda la responsabilidad, Obama también lo tuvo al reconocer el fracaso de la política de agresión y bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba por más de cinco décadas.
Creo que respetar y reconocer determinas actitudes de quienes nos adversan, no deben interpretarse como una debilidad o desarme frente al enemigo. Nuestra historia recoge muchos ejemplos similares. Antonio Maceo no dejó de apreciar y respetar a Martínez Campos en los momentos en que éste se comportó con dignidad. Fidel hizo lo mismo con J.F.Kennedy, a pesar de que durante su mandato el clímax de la confrontación llegó a su punto más elevado durante la invasión mercenaria de Playa Girón y la Crisis de Octubre.
Obama desató el nudo gordiano que representaba, para poder avanzar hacia la normalización de las relaciones con Cuba, prolongar por más tiempo la situación de los héroes cubanos Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino, presos injustamente en cárceles estadounidenses, y al mismo tiempo, la del ciudadano estadounidense Alan Gross, condenado en la Isla por actividades ilegales y subversivas al servicio de Estados Unidos, cuando tenía la posibilidad de satisfacer el reclamo del gobierno cubano de buscar una salida humanitaria a ambos casos.
Otra decisión de extraordinaria importancia anunciada por el presidente estadounidense, fue la de revisar la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas. Este asunto que evidentemente nadie dentro de la administración Obama creía, sino más bien era utilizado como pretexto para sostener una justificación del bloqueo, una vez resuelto, será una notable contribución en el camino hacia la mejoría de las relaciones bilaterales y facilitará que algunas operaciones económicas y comerciales -hoy prohibidas por leyes estadounidenses- puedan ser sostenidas con Cuba.
Obama anunció además las siguientes medidas, no menos significativas:
-Estados Unidos colaborará con Cuba en temas de interés mutuo como migración, operaciones antidroga, protección medioambiental y tráfico de personas.
-Aumento de los viajes y el comercio
-Los viajeros estadounidenses podrán utilizar tarjetas de crédito y debito en Cuba.
-Aumento del monto de las remesas que pueden ser enviadas a Cuba a familiares en Cuba y eliminación de límites para enviar remesas que apoyan a proyectos humanitarios, al pueblo cubano y al emergente sector privado cubano
-Facilitación de las transacciones autorizadas entre Estados Unidos y Cuba. A las instituciones financieras estadounidenses se les permitirá abrir cuentas en las instituciones financieras cubanas. Y será más fácil para los exportadores estadounidenses vender bienes a Cuba.
-Autorización para incrementar las conexiones de las telecomunicaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Lo señalado anteriormente constituye un grupo de medidas anunciadas, algunas de las cuales ya se han publicado las regulaciones de implementación. Pero la mayoría de ellas implican un análisis previo y acuerdo con Cuba para poder llevarlas a la práctica. Conversaciones al más alto nivel entre funcionarios de ambos países, apertura de embajadas en ambas naciones, el retiro de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, y un posible encuentro de Obama y Raúl en la Cumbre de las Américas en Panamá, parecen ser los próximos pasos.
A pesar de que se trata de un paso histórico, lo esencial no se ha resuelto, como señaló el General de Ejército, Raúl Castro, en su alocución del 17 de diciembre. El bloqueo continúa ahí y el camino hacia la “normalización” parece ser un proceso largo y complejo. “Nuestro pueblo debe comprender que –añadió Raúl en su discurso ante la Asamblea Nacional el 20 de diciembre-, en las condiciones anunciadas, esta será una lucha larga y difícil que requerirá que la movilización internacional y de la sociedad norteamericana continúe reclamando el levantamiento del bloqueo”.
Creo que insistir en esto es clave. De lo contrario, perderíamos el apoyo decisivo que siempre ha tenido Cuba en su lucha contra el bloqueo. Si en estos años no se logra su levantamiento definitivo, habrá que seguir llevando el tema a las Naciones Unidas y a otros foros internacionales. La lucha contra el bloqueo no debe cesar y ni siquiera cuando este desaparezca debemos desmovilizarnos. Sería muy ingenuo pensar que el imperialismo no continuará buscando la manera de destruir nuestro proceso revolucionario. No hace falta leer entrelíneas para deducir los propósitos del nuevo enfoque pragmático que Obama quiere introducir en la política hacia Cuba. Pero sobre esto ampliaremos más adelante.
El 14 de julio de 2009 Cuba presentó oficialmente al gobierno de los Estados Unidos una propuesta de agenda cubana, con los temas que serían claves para nuestro país en un proceso de diálogo con los Estados Unidos . La agenda comprendía los siguientes puntos:
-Liberación de los antiterroristas cubanos presos en cárceles estadounidenses.
-Levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero.
-Exclusión de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
-Abrogación de la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados”.
-Devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo
-Fin de la agresión radial y televisiva contra Cuba
-Cese del financiamiento a la contrarrevolución y a la subversión interna.
-Compensación a Cuba por los daños del bloqueo y las agresiones.
-Restitución de los fondos congelados robados.
Como puede observarse, de esta agenda solo se ha hallado solución al primer tema, mientras que el tercero todo parece indicar que se resolverá en los meses siguientes. Todo lo demás, aun está pendiente de solucionarse junto a otros asuntos que estarán en la agenda de Washington como las reclamaciones por las propiedades estadounidenses nacionalizadas a inicios de la Revolución.
Lo cierto es que Obama ha comenzado a despejar el camino sobre la cuestión cubana a quien resulte candidato por el partido demócrata a las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Pero todavía hay mucha historia por ver y no debemos crearnos falsas expectativas. Lo más importante sería avanzar lo más rápido posible en la construcción de un puente de relación, que sea difícil derrumbar cuando en el 2017 arribe una nueva administración a la Casa Blanca.
Variables que incidieron en el cambio.
El escenario de inestabilidad política que pudo imaginarse Washington tras la salida de Fidel del gobierno de Cuba, no se presentó en ningún momento, pese a algunos intentos de reproducir en nuestro país los eventos ocurridos en el Medio Oriente, la llamada “Primavera Árabe”.
La Revolución comenzó a salir adelante a través del proceso de actualización del modelo económico-social y la estabilidad en la Isla dio notables pruebas de perdurabilidad en el tiempo, a lo que se unió que Cuba cosechó en los subsiguientes años los mayores éxitos en el plano internacional desde 1959 y aumentó su prestigio y liderazgo: el continuo voto contra el bloqueo en naciones unidas (la mayor derrota diplomática de los Estados Unidos año tras año en ese organismo), el inicio de negociaciones con la Unión Europea, su desempeño como garante en las conversaciones sobre la paz en Colombia, las reuniones de la CELAC, la ALBA y el CARICOM en La Habana y el reconocimiento universal en la batalla contra el ébola, son solo algunos ejemplos. Mientras esto ocurría, Estados Unidos era cada vez más criticado por sus guerras imperiales, las torturas en Guantánamo, el bloqueo contra Cuba, entre otras atrocidades que se conocieron a través de las revelaciones de Wikileaks y del excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos, Edward Snowden.
No puede obviarse tampoco en el análisis el hecho de que Cuba ha demostrado enfáticamente durante muchísimos años, que lejos de ser una amenaza para la auténtica seguridad nacional de los Estados Unidos, más bien constituye una garantía en asuntos como: migración, terrorismo, narcotráfico, tráfico humano, situaciones de desastre, así como en el enfrentamiento a pandemias como el Ébola.
Ahora bien, cualquier análisis serio que se haga sobre los factores que estimularon la decisión anunciada el 17 de diciembre por el presidente de los Estados Unidos tiene que ponderar en primer lugar, la heroica resistencia del pueblo cubano por más de 50 años y la firmeza y sabiduría de su liderazgo histórico en el enfrentamiento a las más disímiles variantes de agresión que Estados Unidos ha practicado contra país alguno.
En segundo lugar, habría que considerar los cambios ocurridos en América Latina, desde la llegada al poder en Venezuela de Hugo Chávez en 1998. Si en los años 60 Estados Unidos tuvo cierto éxito en su política de aislamiento a Cuba, en la primera década del siglo XXI eran los Estados Unidos quienes habían quedado aislados en la región en su política hacia Cuba, como lo reconoció el propio secretario de Estado, John Kerry.
Si las críticas de algunos gobiernos latinoamericanos y caribeños a esa política fueron tomadas por Washington durante una buena parte del tiempo como un elemento simbólico, en la actual coyuntura la necesidad de recuperar su “liderazgo” en el hemisferio pasa por una política constructiva hacia Cuba, y por la aceptación de la presencia de la misma en todos los foros interamericanos. En la Cumbre de las Américas celebrada en Cartagena de Indias, Colombia, Obama prácticamente fue abucheado por la mayoría de los países de la región, que exigían la presencia de Cuba, dificultado el tratamiento de otros temas de interés dentro de la agenda norteamericana.
En ese sentido, pudiera decirse que Cuba no negoció sola frente a los Estados Unidos, sino que tuvo detrás el poder de una región unida contra la política de bloqueo y agresión de los Estados Unidos. Fue esa presión la que obligó también a Estados Unidos ha sentarse en igualdad de condiciones con Cuba en la mesa de negociaciones.
Otro factor importante ha sido la dinámica interna en los Estados Unidos, en la que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses y entre ellos, incluso, los cubanoamericanos, apoyan el levantamiento del bloqueo a Cuba y la normalización de las relaciones. Así lo mostraron una y otra vez las diferentes encuestas realizadas y divulgadas en esa nación. Nunca antes presidente estadounidense alguno tuvo un consenso interno tan favorable para modificar sustancialmente la política hacia Cuba.
En los últimos años fueron acrecentándose los pronunciamientos de tanques pensantes, del gremio agrícola, agroindustrial y petrolero, del sector de los viajes, la Cámara de Comercio, líderes religiosos, miembros del Congreso y de la sociedad civil en general a favor de la flexibilización de las regulaciones al comercio y la eliminación de las prohibiciones a los viajes. Dentro de este grupo, la gran clase empresarial estadounidense ha sido significativa en el empuje hacia un enfoque pragmático en la política hacia Cuba, en momentos en que el mercado cubano se vuelve más atractivo y otros países como Rusia, China y Brasil, están teniendo las mayores ventajas.
A lo anterior habría que agregar los cambios demográficos ocurridos en la comunidad cubana en los Estados Unidos, en donde se observa que los nuevos emigrados y las nuevas generaciones han ido modificando a nivel de tendencia el patrón electoral de los cubanoamericanos al Sur de La Florida, mucho más inclinado ahora hacia los demócratas. Las posiciones de estos grupos se distancian cada vez más de las del llamado “exilio histórico”.
Detrás de la decisión anunciada el 17 de diciembre por Obama, también incidió el factor geopolítico. En un momento de relativo declive de la hegemonía estadounidense en el mundo, Estados Unidos necesita replegarse hacia lo que consideran su “traspatio seguro” para ganar fuerzas que le permitan enfrentar los principales desafíos y adversarios a nivel global. El cálculo de Washington no deja de ser malévolo y todo indica que está dirigido a convertir a Venezuela en la punta del iceberg de su política agresiva hacia la región, después de eliminada la “distracción cubana”.
Destruyendo la Revolución Bolivariana, consideran se establecería el efecto dominó que revertería uno a uno los procesos revolucionarios del continente y una vez presentes en Cuba, después de establecidas las relaciones diplomáticas y económicas, su pensamiento pragmático –siempre errado a la hora de aplicarlo a nuestro país- los conduce a vaticinar que a la Isla no le quedaría otra alternativa que sucumbir dócilmente a sus pies. Máxime, cuando se acerca el cambio generacional en la dirección del país. “Si nos acercamos –dijo Obama el 21 de diciembre al ser entrevistado por un programa de CNN-, tendremos la oportunidad de influir en el curso de los acontecimientos en un momento en que va a haber cambios generacionales en ese país. Creo que debemos aprovecharlo y tengo intención de hacerlo”.
“La “normalización” de las relaciones con Cuba –señala magistralmente Atilio Borón- tiene pues una tenebrosa contrapartida: liberar las manos del imperio para abalanzarse con fuerza para doblegar al gobierno chavista y recuperar el petróleo venezolano. Además responde a una necesidad geoestratégica insoslayable, y ante la cual tanto la ruptura de las relaciones diplomáticas como el bloqueo se convirtieron en molestos estorbos para Washington. Lo que se logró con ambas políticas fue facilitar la penetración de China y Rusia en la mayor de las Antillas y, por extensión, en la “tercera frontera” de Estados Unidos: el Mar Caribe. Todos los textos e informes recientes sobre la seguridad nacional norteamericana señalan una y otra vez que aquellos dos países son “enemigos” que es preciso vigilar, controlar y, de ser posible, someter o derrocar…Máxime cuando, en el Mare Nostrum norteamericano China ha emprendido sin consultar ni mucho menos pedir permiso a Washington un megaproyecto llamado a ejercer una extraordinaria influencia no solo en el comercio internacional: un nuevo canal interoceánico a través de Nicaragua, obra para la cual el nuevo puerto cubano del Mariel asume una importancia estratégica”.
No menos considerable ha sido el papel de las personalidades que han estado detrás del anuncio del 17 de diciembre: Raúl Castro, Barack Obama, el Papa Francisco, John Kerry y los equipos negociadores de ambas naciones, que han trabajado intensamente y de manera muy profesional para alcanzar este resultado. En el futuro se conocerá cuanto contribuyó cada uno en ese proceso de conversaciones secretas que se extendió durante 18 meses.
Valdría la pena analizar los últimos 18 meses para ver como se preparó a la opinión pública estadounidense para dar este paso. No creo que la divulgación de diferentes encuestas como la del Atlantic Council, las revelaciones de AP y las 7 editoriales del New York Times, hayan sido todas coincidencias históricas. En el futuro seguramente sabremos también en qué medida fueron algunas de estas acciones coordinadas o no por la Casa Blanca.
Notas de la primera parte:
- Tomado de Internet : http://abcnews.go.com/blogs/politics/2009/04/president-ob-19/. Traducción del licenciado Pedro Silveiro.
- William M. Leogrande and Peter Kornbluh, Back Channel to Cuba. The hidden history of negotiations between Washington and Havana, The University of North Carolina Press, 2014, p.413.
- Véase Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales Domínguez: De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.
- Raúl Castro, Discurso ante la Asamblea Nacional, 20 de diciembre de 2014: http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2014-12-20/discurso-del-general-de-ejercito-raul-castro-ruz/ (internet).
- El 13 de noviembre de 2012, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parilla, volvió a reiterar esta agenda al gobierno de los Estados Unidos. Asimismo, ofreció a Washington “negociar acuerdos de cooperación en áreas del mayor interés mutuo, como el enfrentamiento al narcotráfico, al terrorismo, al tráfico de personas y para la completa regularización de las relaciones migratorias, así como para la prevención y la mitigación de desastres naturales y la protección del medio ambiente y de los mares comunes, y “retomar las conversaciones, unilateralmente suspendidas por la contraparte, sobre temas migratorios y para el restablecimiento del correo postal”.
- Medidas como la nueva ley migratoria, el mega proyecto inversionista del Mariel, la nueva ley de inversión extranjera, la ampliación del trabajo por cuenta propia, la creación de cooperativas no agropecuarias, la ampliación de los servicios de internet, mayor autonomía para las empresas, entre muchas otras, han tenido gran impacto gran impacto económico, social y político en la Isla y a su vez han influido en los rediseños de política de Estados Unidos hacia Cuba.
- Barack Obama, Entrevista con el programa “State of the Union”, en CNN, 21 de diciembre de 2014.
- Atilio Borón, “¡Cuba y Estados Unidos: ni un tantico así ¡”, en: blog personal de Atilio Borón. (Internet)
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La “nueva política” de los Estados Unidos hacia Cuba (II y final)
Por: Elier Ramírez Cañedo
Si antes del 17 de diciembre parecía aun un poco lejano el día en que los Estados Unidos levantaran el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba –piedra angular de su política hacia la Isla- y se avanzara hacia la “normalización” de las relaciones, ese horizonte parece ahora más próximo.
La historia de los últimos 55 años nos ha convertido en un pueblo curtido en el enfrentamiento a las más disímiles políticas agresivas de los Estados Unidos; pero tal vez no contamos con el mismo entrenamiento a la hora de afrontar una política de agresividad disimulada, una política que se proponga lograr los mismos objetivos por vías del acercamiento y el intercambio cultural, económico y político entre ambas sociedades, con menos restricciones. Un escenario, donde el enemigo que ha contribuido a conformar nuestra cultura política pretende hacerse menos visible, desdibujarse.
Pero, al mismo tiempo, creo que poseemos suficiente talento, inteligencia y entereza para unirnos más, ajustarnos a los nuevos retos y aprovechar las oportunidades que también pudiera ofrecernos en algunas esferas la nueva coyuntura. De lo que se trata es de asimilar el cambio lo más rápido posible.
Es cierto que, si Cuba no pudo ser absorbida culturalmente por los Estados Unidos antes de 1959 y se pudo hacer una Revolución Socialista, muy difícilmente eso pueda ocurrir ahora. No debemos perder nunca el optimismo, pero debemos ser optimistas activos, optimistas con una clara percepción del riesgo, de nuestras vulnerabilidades y de las nuevas tácticas que se articulan desde el norte para destruir la revolución.
Sobre este tema Fidel expresó en 1992 al ser entrevistado por Tomás Borge: “Tal vez nosotros estamos más preparados incluso, porque hemos aprendido a hacerlo durante más de 30 años, para enfrentar una política de agresión, que para enfrentar una política de paz; pero no le tememos a una política de paz. Por una cuestión de principio no nos opondríamos a una política de paz, o a una política de coexistencia pacífica entre Estados Unidos y nosotros; y no tendríamos ese temor, o no sería correcto, o no tendríamos derecho a rechazar una política de paz porque pudiera resultar más eficaz como instrumento para la influencia de Estados Unidos y para tratar de neutralizar la Revolución, para tratar de debilitarla y para tratar de erradicar las ideas revolucionaras en Cuba”.
Pero ocho años más tarde, también expresaría Fidel: “Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen”.
A mi juicio, debemos sentirnos satisfechos de haber llegado hasta aquí sin ceder un ápice en cuestiones de principios, pero nadie puede llamarse a engaño y pensar que el ancestral conflicto Estados Unidos-Cuba ha llegado a su fin.
Desarmarnos ideológicamente en estos momentos sería suicida, cuando, al tratarse de un conflicto de naturaleza sistémica, hacia donde nos dirigimos es hacia un modus vivendi entre adversarios ideológicos. Cuba y los Estados Unidos jamás han tenido una relación normal, no la tuvieron en el siglo XIX, tampoco en el XX, y mientras la esencia del conflicto siga siendo hegemonía versus soberanía, será imposible hablar de una normalidad en las relaciones. Utilizar hoy ese concepto en su acepción clásica puede resultar engañoso y confuso. Cuba ha defendido siempre una normalización, que en nada se ajusta a la visión estadounidense del término. Estados Unidos siempre ha entendido la normalización de las relaciones con Cuba sobre la base de la dominación, que implica que la Isla ceda terreno en asuntos que competen a su soberanía, ya sea en materia de política exterior o doméstica.
Por otro lado, nada indica, hasta ahora, que otro de los pilares básicos de esa política, la subversión en sus diversas modalidades, vaya a cesar. Todo lo contrario, al parecer se irá incrementando con el tiempo a través de lo que Obama denomina vías más creativas y artificiosas que promuevan los valores e intereses norteamericanos. “La administración –dijo el presidente norteamericano- continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba”.
El Departamento de Estado abrió convocatoria el 22 de diciembre, cinco días después de los anuncios de la Casa Blanca, para financiar programas por 11 millones de dólares que “promuevan los derechos civiles, políticos y laborales en Cuba”.
Si Estados Unidos no renuncia a estos programas injerencistas se corre el altísimo riesgo de que nuevos Alan Gross sean apresados en Cuba y de nuevo se produzca un retroceso en la relación bilateral.
Lo cierto es que la política de los Estados Unidos estará más caracterizada por la guerra cultural y la subversión política-ideológica, que por la idea de llevar a la Isla al colapso económico.
Asimismo, cuando el presidente estadounidense señala que continuará apoyando a la sociedad civil cubana, ya sabemos a cual sociedad civil se está refiriendo y que no es otra que la de los mercenarios que han nutrido las filas de una contrarrevolución fabricada y financiada desde los Estados Unidos.
Tanto la intervención de Obama como el Comunicado de la Casa Blanca demuestran que la administración Obama seguirá manejando las siguientes ideas en su estrategia subversiva e injerencista contra la Isla: “hacer que los ciudadanos obtengan cada vez más independencia económica del estado”, “los cubanoamericanos serán nuestros principales embajadores de la libertad”, “romper el bloqueo informativo”, “apoyar la sociedad civil en Cuba en materia de derechos humanos y democracia”, “empoderar al pueblo cubano y al naciente sector privado en Cuba”. La principal apuesta de la “nueva política” continuara siendo la juventud y dentro de ella: las mujeres, los negros, el sector cuentapropista y el artístico e intelectual.
Dos días después del anuncio del 17 de diciembre, en una conferencia de prensa, Obama fue aún más enfático y claro en sus intenciones hacia la Mayor de las Antillas. Como han sido las palabras menos citadas en los medios reproduzco en extenso los fragmentos que me parecen más importantes en función del análisis que venimos haciendo:
“Comparto las preocupaciones de los disidentes allá y de los activistas de derechos humanos de que este continúa siendo un régimen que oprime a su pueblo. Y como dije cuando hice el anuncio, no espero cambios de la noche a la mañana. Pero lo que sí sé irrevocablemente es que si usted ha estado haciendo lo mismo durante cincuenta años y nada ha cambiado, usted tiene que intentar algo diferente si quiere un resultado diferente.Se desprende de estas palabras de Obama, una vez más, que no hay cambios en los objetivos estratégicos, que se pretende subvertir nuestra cultura socialista y que seguirán usando la política del palo y la zanahoria cuando lo consideren necesario.
Y esto nos brinda una oportunidad para lograr un resultado diferente porque de repente Cuba se abre al mundo de una forma que no había sucedido antes. Se abre a los norteamericanos que viajan allá de una forma que no había sucedido antes. Se abre a grupos religiosos que visitan a sus compañeros de fe dentro de Cuba de una forma que no había sucedido antes. Ofrece la posibilidad de ampliar la disponibilidad de las telecomunicaciones y la Internet en Cuba de una forma que no había sucedido antes. Y con el tiempo, eso corroe esta sociedad tan cerrada y pienso que entonces ofrece las mejores posibilidades de conducir hacia más libertad y mayor autodeterminación para el pueblo cubano. Creo que comenzará dando tropezones, pero a través del compromiso tenemos más oportunidad de generar el cambio que si lo hubiésemos hecho de otra forma.
(…)
Pero cómo va a cambiar la sociedad, el país específicamente, su cultura específicamente, pudiera suceder rápido o pudiera suceder más lento de lo que me gustaría, pero va a suceder y pienso que este cambio de política va a promover eso.
(…)
…, y el sentido que tiene normalizar las relaciones es que nos brinda más oportunidad de ejercer influencia sobre ese gobierno que si no lo hiciéramos. (…) Pero lo cierto es que vamos a estar en mejores condiciones, creo, de realmente ejercer alguna influencia, y quizás entonces utilizar tanto zanahorias como palos”.
Evidentemente, las medidas anunciadas por Obama nos darán, en la medida que se vayan concretando, un respiro desde el punto de vista económico, y la posibilidad de acelerar la actualización de nuestro modelo económico y social, proceso sobre el que la administración Obama quiere influir y desviar hacia sus intereses. Pero tampoco debemos basar nuestras esperanzas de mejoría económica en espejismos aun no palpables y, aun cuando lo sean, todo debemos seguir fiándolo a nuestros propios esfuerzos, que a las supuestas “bondades” de un vecino tan poderoso.
En sus palabras del 17 de diciembre el presidente hizo alusión a la necesidad de estimular el crecimiento y desarrollo del “emergente sector privado” en la Isla y el comunicado de la Casa Blanca se señala que “se estudiarán diferentes medidas adicionales dirigidas a fomentar el crecimiento de los emprendimientos y del sector privado en Cuba”, lo cual está en total correspondencia con las ideas que en febrero de 2013 aparecieran en un informe del Cuban Study Group, organización que se reconoce como ONG, integrada por empresarios, intelectuales y activistas políticos cubanoamericanos, que se identifican con una “línea más moderada” en la relación con Cuba, el cual entre otras cosas señalaba:
“La codificación del embargo de EE.UU. contra Cuba no ha logrado cumplir con los objetivos establecidos en la Ley Helms-Burton de lograr un cambio de régimen y la restauración de la democracia en Cuba. El continuar ignorando esta verdad evidente no sólo es contraproducente para los intereses de los Estados Unidos, sino que es también cada vez más perjudicial para la sociedad civil cubana, incluyendo más de 400.000 cuentapropistas privados, ya que coloca la carga de estas sanciones directamente sobre sus hombros”.
La idea de que el levantamiento del bloqueo y el establecimiento de los más variados y estrechos vínculos económicos, políticos y culturales entre la sociedad cubana y la estadounidense –con algunos componentes del llamado carril II de la Ley Toricelli-, es lo que verdaderamente puede llevar al “cambio de régimen” en Cuba, no es algo exclusivo del momento actual. Este criterio, aunque sin hacerse dominante como lo es hoy, estuvo también presente con anterioridad en diversos sectores de la clase dominante y en las estructuras de poder de Washington. En la década del 70, fundamentalmente en el período presidencial de Jimmy Carter (1977-1981), se hizo notorio en el propio presidente: “Sentía entonces, como ahora, que la mejor vía para lograr un cambio en el régimen comunista cubano era el restablecimiento del comercio, las visitas y las relaciones diplomáticas”, señaló el ex presidente, en una entrevista concedida en el 2004 a los investigadores estadounidenses Peter Kornbluh y William Leogrande.
El 17 de junio de 1980, Robert Pastor, asistente para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional, y Peter Tarnoff, secretario ejecutivo del Departamento de Estado, quienes participaron en varias conversaciones con las autoridades cubanas y con el propio Fidel Castro, escribieron a Carter: “Aunque incluso un levantamiento parcial del embargo es imposible por el momento, debemos reconocer el efecto que podría tener con el tiempo, no sobre las actitudes de Castro sino sobre el entramado de la sociedad cubana. El regreso durante el último año de 100 000 cubanos-americanos para realizar visitas breves puso a Cuba en contacto con el magnetismo económico y cultural de los Estados Unidos y probablemente tuvo un efecto mayor en cuanto a abrir a Cuba que cualquier otra cosa hecha antes por los Estados Unidos. Levantar el embargo y abrir Cuba a las empresas y los contactos estadounidenses no podrían dejar de afectar al régimen de Castro”.
El propio Robert Pastor declararía en una entrevista en el 2009: “Las relaciones normales entre Washington y La Habana podrían hundir a Cuba”.
Lo que estamos presenciando hoy es que Estados Unidos ha traslado el centro de su atención hacia la realidad interna cubana, en la que pretenden incidir más abiertamente y con premura. La apertura de una embajada en la Isla responde igualmente a ese propósito.
Si muchos de los que están a cargo del diseño y la implementación de la política hacia Cuba en los Estados Unidos creían que el bloqueo era funcional a la subversión, ahora se convencen de que más bien le resta efectividad. Si había consenso en que el bloqueo, al crear hambre y desesperación en el pueblo cubano, desataría la ira y el derrocamiento del gobierno, ahora consideran que facilitando al pueblo cubano el acceso a todo tipo de bienes materiales y medios de información, lo empoderan e independizan del gobierno y así, de forma gradual, terminará imponiéndose en la Isla el destino inevitable del capitalismo.
Para Cuba, los retos no dejan de ser enormes, pero al menos hemos dejado atrás una etapa que constituía el escenario menos deseado. No creo que nadie en su sano juicio, prefiera continuar en el punto en que nos encontrábamos anteriormente y que no entienda lo ocurrido como el paso hacia una nueva etapa basada en la victoria cubana.
Hace 56 años, el 8 de enero de 1959, Fidel expresó, en medio de la celebración por el triunfo, que quizás en lo adelante todo sería más difícil. Creo que, también ahora, quizás en lo adelante todo sea más difícil en algunos terrenos, especialmente en el campo del enfrentamiento ideológico y cultural al imperialismo. Del mismo modo, recordaba cuánto necesitaron nuestros mambises a José Martí y a Antonio Maceo en 1898. Los liderazgos de aquellas figuras imprescindibles hubieran ayudado muchísimo a los cubanos a enfrentar los desafíos de inicios del siglo XX. Por suerte para nosotros, esto ha sucedido en vida de nuestros principales líderes históricos: Fidel y Raúl.
La nueva contienda debe enfrentarse no solo en el plano del discurso y la reflexión –no menos importantes-, sino sobre todo, en la transformación real y concreta de la vida cotidiana del pueblo cubano, tanto en el plano espiritual como material. Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria, pero es la práctica la que en última instancia transforma la realidad. Por eso Fidel insistió en numerosas ocasiones que la Batalla de Ideas eran también hechos y realizaciones concretas. Y el primer vicepresidente Miguel Díaz Canel ha planteado que “el mejor antídoto contra los intentos de subversión del enemigo es hacer las cosas bien en cada lugar”.
Creo, a su vez, que hay que evitar cualquier viso de idealismo voluntarista o de pragmatismo economicista, extremos que conspiran contra el socialismo, y afrontar la transformación de nuestro país de manera orgánica, lo económico junto a lo ideológico y cultural. Se impone una batalla aún más rigurosa y efectiva contra todos aquellos males e insuficiencias de orden interno que en ocasiones resultan más subversivos que la labor de nuestro enemigo y les facilita el trabajo. En especial es necesario desatar una ofensiva a muerte contra el burocratismo, la corrupción, la insensibilidad, la negligencia y la doble moral.
Como sabiamente expresara Graziella Pogolotti a los artistas y jóvenes intelectuales cubanos en octubre del 2013: “…el neoliberalismo propone una concepción totalizadora, una concepción económica, ideológica, social, de irrespeto a las víctimas, a los perdedores, y también cultural, que es la cultura de la banalidad que estamos consumiendo todos en alguna medida. Nuestro proyecto también tiene que ser un proyecto totalizador. Con una articulación que colocaría en otro orden lo político, lo social, lo cultural y lo económico, unido también a una batalla ideológica…”.
Habrá que movilizar a la verdadera sociedad civil cubana –nada que ver con la que defiende Obama- para articular una respuesta coherente a la nueva etapa de confrontación y que toda ella se convierta en nuestro principal y más poderoso núcleo de resistencia cultural.
Desde hace mucho tiempo estamos siendo testigos de una cruenta guerra de símbolos, por lo que resulta ineludible reforzar en el imaginario social nuestros símbolos y atributos nacionales, así como nuestras tradiciones más populares. Hoy nos hace mucho daño el hecho que una bandera cubana no pueda ser comprada a un precio asequible para el bolsillo de la mayoría de los cubanos o que nuestros niños no puedan tener calcomanías, juguetes y otros objetos con la imagen de animados cubanos como el Elpidio Valdés o Meñique y que ese vacío sea llenado por Mickey Mause y el Pato Donald. Al propio tiempo, nuestra ley y reglamento de símbolos nacionales necesita de una actualización urgente, pues la que existe prácticamente nos ata de pies y manos frente a la avalancha neocolonizadora.
La guerra cultural no se da solo en el presente, sino también en el pasado, de ahí que el trabajo con la historia de Cuba revista hoy cada vez más importancia. Escribir y divulgar la historia de la Revolución Cubana en el poder, de 1959 hasta la actualidad, sin que existan anatemas o zonas vedadas, constituye en mi criterio una cuestión de primer orden.
Debemos trabajar en la formación de un pensamiento crítico en nuestros jóvenes y adolescentes, dotarlos de un entrenamiento para el debate, e incentivar en ellos una mirada antiimperialista y anticolonialista. Así podrán cumplir la profecía de Fidel, cuando en el año 2000, dirigiéndose a los agoreros al servicio del Imperio, expresó: “…cumplo el cortés deber de advertirles que la Revolución cubana no podrá ser destruida ni por la fuerza ni por la seducción”.
Notas correspondientes a la segunda parte del trabajo
- Tomás Borge, Un grano de maíz. Entrevista concedida por Fidel Castro a Tomás Borge, Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas, 2011, pp.144-145.
- Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)
- Conferencia de prensa ofrecida por el Presidente Obama, el 19 de diciembre de 2014 en: http://abcnews.go.com/Politics/obama-touts-progress-home-abroad-americas-resurgence-real/story?id=27719486 (Internet)
- Hoja informativa de la Casa Blanca anunciando cambios en la política hacia Cuba, 17 de diciembre de 2014 en: http://www.whitehouse.gov/issues/foreign-policy/cuba-politica (Internet)
- Cuba Study Group, “Restablecimiento de la Autoridad Ejecutiva sobre la Política de los Estados Unidos hacia Cuba”, febrero 2013, en: http://www.cubastudygroup.org/index.cfm/restoring-executive-authority-over-u-s-policy-toward-cuba, (Internet)
- Entrevista realizada a Carter por Peter Kornbluh y William M. Leogrande, 2004, citada en: “Talking with Castro”, en Cigar Aficionado, febrero de 2009.
- Memorándum de Peter Tarnoff y Robert Pastor a Carter, 17 de junio de 1980, The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, (documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI) (Traducción del ESTI).
- Entrevista realizada a Robert Pastor por Juan O. Tamayo, en: Posted on Sun, 25 de octubre de 2009.
- Discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, miembro del Buró Político y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto por el aniversario 55 de la entrada de Fidel a La Habana. Ciudad Libertad, 10 de enero de 2014, en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/01/13/desterrar-el-inmovilismo-los-dogmas-y-las-consignas-vacias/ (Internet)
- Problemas de la Cultura Cubana. Conferencia de la Doctora Graziella Pogolotti, en el Segundo Congreso de la Asociación Hermanos Saíz, en la Escuela Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, el 18 de octubre de 2013. (Folleto)
- Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)
Imagen agregada: Caricatura Falco **
*Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro “De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”.
**Carlos Alejandro Falcó Chang. Caricaturista cubano. Licenciado en Educación Artística en la Universidad Pedagógica de La Habana
[N. del E.:Las notas no estaban identificadas en el texto en ninguna de las páginas web consultadas. Lamentamos las molestias que esto pueda ocasionar]
domingo, 25 de enero de 2015
Obama, la “nueva era” con Cuba y la Cumbre de la Celac
Por Carlos Fazio
El
“desayuno de trabajo” de Roberta Jacobson con siete disidentes cubanos,
el viernes 23, en La Habana, tras las primeras conversaciones de alto
nivel entre EU y Cuba en 35 años, devela que la intención de la
administración Obama es seguir apoyándose en cartuchos quemados. Entre
los opositores que conversaron con Jacobson en la residencia del Jefe de
la Sección de Intereses de EU, estuvieron Martha Beatriz Roque,
Guillermo Fariñas, José Daniel Ferrer y Elizardo Sánchez.
El
17 de diciembre, después de 18 meses de negociaciones secretas con
mediación vaticana, el presidente Barack Obama reconoció el fracaso de
la política de fuerza de Estados Unidos hacia Cuba, y dio un cambio de
timón que deberá conducir a una normalización de relaciones diplomáticas
con la isla. Ganó la política principista de La Habana. Fue una
victoria histórica; la diplomacia cubana forzó el entierro de la lógica
de guerra fría impulsada por diez sucesivas administraciones de
la Casa Blanca, de Dwight Einsenhower a George W. Bush. Y lo hizo sin
bajar la guardia.
El
jueves 22 de enero, en el Palacio de Convenciones de la capital cubana
tocó a la secretaria adjunta para América Latina del Departamento de
Estado, Roberta Jacobson y a Josefina Vidal, directora general para
Estados Unidos de la cancillería isleña, dar el primer paso concreto
para intentar dejar atrás 54 años de un vínculo que no ha estado basado
en la confianza. Concluida la reunión, ambas funcionarias coincidieron
en que será difícil superar las diferencias políticas e ideológicas, y
que el proceso de normalización de relaciones será aún largo. Largo y
tortuoso, cabe agregar. Pero sin duda asistimos al comienzo de una nueva
dinámica, en la cual, para que prospere, Estados Unidos deberá
abandonar sus viejos sueños de dominación imperial y distanciarse de su
tradicional política subversiva dirigida a forzar un “cambio de régimen”
en la isla.
Del
discurso y las primeras acciones de Obama se desprende que acepta al de
Raúl Castro como un gobierno legítimo, con el cual se puede coexistir y
dialogar. Estados Unidos lo hizo antes con China, con la antigua Unión
Soviética y con Vietnam. ¿Por qué no Cuba? En eso hay un evidente cambio
de actitud en Obama, que será resistido por el Partido Republicano que
ahora controla el Congreso.
Parece
razonable especular que el cálculo político de los estrategas de la
Oficina Oval ha sido modificado y asumido, debido, fundamentalmente, a
los cambios producidos en el seno de la comunidad cubano-estadunidense
de La Florida y Washington, hoy más moderada que en el pasado, y a la
oposición a la política cubana de Estados Unidos de varios países de
América Latina con gobiernos progresistas. Al respecto, cabe recordar
que el presidente Obama pasó un mal rato durante la sexta cumbre de Las
Américas, en Cartagena, Colombia, cuando varios jefes de Estado
latinoamericanos insistieron en la necesidad de un cambio en las
relaciones bilaterales entre EU y Cuba, con eje en principios
diplomáticos tan caros como la no injerencia, la autodeterminación y la
soberanía de los pueblos y la solución pacífica de las controversias.
No
obstante, del discurso y las acciones de Roberta Jacobson en La Habana,
y más allá del clima respetuoso y constructivo que primó en la primera
ronda de negociaciones con Josefina Vidal, es fácil deducir que
Washington no ha renunciado a intervenir en la política interna de la
isla y que seguirá apostando a formas sutiles de penetración política.
Como adelantó Manuel E. Yepe, Washington insistirá en una estrategia de “soft power” o “poder blando”; derrotado en el terreno de la fuerza, el establishment demócrata
insistirá en el método de la “seducción”. Como advirtiera Fidel Castro
en el año 2000, dado que no han podido destruir a la Revolución con
procedimientos criminales, “sueñan” que podrán hacerlo mediante “métodos
seductores”, como el que han bautizado “política de contactos pueblo a
pueblo”. Entonces Fidel aceptó el reto y les dijo a las autoridades en
Washington: “Pero jueguen limpio”.
Hoy
Obama sabe que un elemento clave y esencial del proceso de
normalización de relaciones pasa por el levantamiento del criminal
bloqueo económico, comercial y financiero. También conoce que Washington
debe rectificar la injusta inclusión de Cuba en la lista de estados
patrocinadores del terrorismo internacional. Está claro, asimismo, que
él ni nadie puede pretender que Cuba renuncie a sus principios, y que de
darse la reanudación del vínculo diplomático deberá ser con base a una
relación de iguales. Es decir, con eje en el respeto a la igualdad
soberana de los estados, principio fundamental de la Carta de las
Naciones Unidas.
En
ese contexto es necesario advertir que durante la III Cumbre de la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a celebrarse
en San José de Costa Rica los días 28 y 29 de enero, viejos operadores
de las políticas encubiertas de Washington y sus aliados intentarán
desacreditar a Cuba y debilitar la política de los países del ALBA
(Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América).
Existen
evidencias de que en sendas reuniones realizadas en México a comienzos
de diciembre de 2014, fueron planificadas una serie de acciones a
desarrollar en un eventual evento paralelo a la Cumbre de la Celac de
esta semana en Costa Rica, dirigidas a debilitar el bloque regional de
países progresistas reunidos en el ALBA y la Unasur (Unión de Naciones
Sudamericanas).
El
proyecto se concibió durante el evento denominado “Caminos para una
Cuba democrática”, auspiciado y co-financiado por la Fundación Konrad
Adenauer (KAS, por sus siglas en alemán), poderoso instituto conservador
germano asociado con el partido Unión Demócrata Cristiana, con sede en
Wesseling, Alemania.
El
evento “Caminos para una Cuba democrática”, co-patrocinado por la
Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), tuvo lugar en
Veracruz, en vísperas de la vigesimocuarta edición de la Cumbre
Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en ese puerto
mexicano los días 8 y 9 de diciembre. Fue precedido por una Cumbre de
Jóvenes Iberoamericanos, también auspiciada por la Konrad Adenauer y la
OCDA.
Cabe
consignar que la KAS forma parte del World Movement for Democracy
(Movimiento Mundial para la Democracia), entidad internacional creada
por la Fundación para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés),
cuyo financiamiento a su vez es aprobado por el Congreso de Estados
Unidos y figura en el presupuesto anual del Departamento de Estado
destinado a la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Varios
conspicuos miembros de la NED han sido vinculados con operaciones
clandestinas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
En
su momento, la creación del Movimiento Mundial para la Democracia
significó una nueva estrategia de la derecha mundial, cuyo objetivo era y
es la construcción de un movimiento globalizado de activistas
promotores de la democracia, dirigidos desde Washington D.C. por la NED.
En buen romance, la NED pone los insumos políticos e ideológicos y
parte del financiamiento, y la OCDA y la Konrad Adenauer ponen la cara y
otra parte de los recursos.
A
la reunión de Veracruz asistieron un grupo de contrarrevolucionarios
cubanos y de la extrema derecha regional, entre quienes estaban la
devenida aristócrata “comunicacional” Yoani Sánchez, el desacreditado
Guillermo Fariñas y Dagoberto Valdés Hernández. Aunque poco trascendió
del encuentro a puertas cerradas y sin difusión mediática −dadas las
contradicciones para lograr un mínimo de unidad−, se habrían puesto en
perspectivas acciones provocadoras para ser ejecutadas en el marco de la
cumbre de la Celac contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.
A
tales efectos se habrían retomado proyectos desarrollados durante la
cumbre de la Celac en Chile (2013), que contara con la anuencia de la
Democracia Cristiana local y la representación de la Konrad Adenauer en
el país austral. En enero de 2014 intentaron hacer lo mismo en Cuba,
pero fracasaron, y ante ello trasladaron el escenario a la Universidad
Internacional de la Florida, en Miami.
El
“desayuno de trabajo” de Roberta Jacobson con siete disidentes cubanos,
el viernes 23, en La Habana, tras las primeras conversaciones de alto
nivel entre EU y Cuba en 35 años, devela que la intención de la
administración Obama es seguir apoyándose en cartuchos quemados. Entre
los opositores que conversaron con Jacobson en la residencia del Jefe de
la Sección de Intereses de EU, estuvieron Martha Beatriz Roque,
Guillermo Fariñas, José Daniel Ferrer y Elizardo Sánchez.
Pero
no asistió la lideresa de las llamadas Damas de Blanco, Berta Soler,
porque, según adujo públicamente, no hubo un “balance” en cuanto a la
“diversidad de opiniones” de los participantes. En ese caso, como en
muchos otros anteriores, el “balance” y la “diversidad” tienen más bien
que ver con los jugosos presupuestos que han venido recibiendo de la
USAID y la KAS, quienes por año han cultivado la industria de la
contrarrevolución.
Huelga
decir que nos encontramos en una fase muy temprana del cambio de rumbo
de Barack Obama hacia Cuba. Existen indicios de que el presidente de
Estados Unidos buscará capitalizar regionalmente su audaz jugada durante
la Cumbre de las Américas, a celebrarse en abril próximo en Panamá.
Como sugirió The New York Times el pasado 27 de diciembre, la
diplomacia estadunidense estaría presionando para que el presidente
mexicano Enrique Peña Nieto y la mandataria de Brasil, Dilma Rousseff,
inviten a disidentes cubanos a la cumbre de Panamá.
En
ese contexto, cabe preguntar si resultará o no disonante que esta
semana, en Costa Rica, durante la III Cumbre de los países de la Celac,
la Konrad Adenauer concrete su disposición de financiar un nuevo evento
paralelo contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. En todo caso, de ser así,
ya fuera por inercia o con la participación planeada y encubierta de
Washington, tales maniobras obedecerían a la estrategia de “poder
blando” y el método de la “seducción” tan afín a la Casa Blanca; pero
sin duda restarían vigor al abrumador respaldo que a escala
internacional recibió Obama por el anuncio de la “nueva era” en su
relación con Cuba.
*Carlos Fazio es periodista, colaborador del diario La Jornada (México) y el semanario Brecha (Montevideo), y docente universitario en las áreas de ciencias políticas y derechos humanos.
Fuente ALAINET
sábado, 24 de enero de 2015
Cuba y EEUU, al fin con un diálogo que -obvio- no es amor
Por Emilio Marín
Antes de analizar las reuniones del 21 y 22 de enero hay que decir algo sobre el escenario de ese diálogo entre Cuba y Estados Unidos. Fue en el histórico Palacio de las Convenciones donde es habitual que se reúna la Asamblea Nacional del Poder Popular, las organizaciones sociales, etc. Allí se respira la revolución cubana. Por ejemplo, las delegaciones de Colombia y las FARC buscan allí una solución política a la guerra.
O sea que en cuanto al lugar de las conversaciones, Cuba jugó de local, para decirlo deportivamente. Cuando después de una guerra se firma la paz, el vencido acude a firmar los papeles al campamento del ganador. Que el lector saque sus conclusiones.
Se podrá decir que Roberta Jacobson, Secretaria para América Latina del Departamento de Estado, fue hasta La Habana no porque su país se sintiera derrotado sino porque no quería abrir EE UU a unos cubanos que llegaran alborotando al mundo. En ese caso se podría asegurar que la isla ha sido mejor anfitriona, abriendo su casa a quien durante 54 años -si se cuenta desde la invasión en Bahía Cochinos- se dedicó a tratar de derrocar a la revolución devenida en socialista.
Hay otros aspectos para entender quién cedió, o al menos quién debió ceder más, para llegar a esta ronda de diálogo entre los gobiernos de Raúl Castro y Barack Obama.
Uno de ellos es la histórica liberación de los tres antiterroristas cubanos presos en cárceles estadounidenses desde 1998. Eso fue anunciado en forma simultánea por los dos presidentes el pasado 17 de diciembre, quedando a cargo de La Habana liberar al agente estadounidense Alan Gross y a otro espía de la CIA. En Cuba hubo una enorme alegría por aquellas liberaciones. En cambio en EEUU la ultraderecha -sobre todo la republicana- y la gusanería de Miami pusieron el grito en el cielo ante lo que consideraron una "capitulación" de Obama.
Un último dato sobre la previa a las reuniones: el 16 de enero entraron en vigencia resoluciones de la secretaría del Tesoro y de Comercio de EE UU flexibilizando el bloqueo. Ahora los estadounidenses que quieran viajar a la isla podrán hacerlo por razones familiares, profesionales, culturales, deportivas, etc. Durante la estadía podrán usar sus tarjetas de crédito y traer de regreso productos hasta 400 dólares. Las líneas aéreas podrán volar a La Habana (no se levantaron las restricciones sobre viajes por vía marítima). Los bancos norteamericanos podrán abrir sucursales en Cuba, en cambio las entidades isleñas no están autorizadas a hacer lo propio en EEUU. Las empresas estadounidenses podrán hacer inversiones en áreas informáticas y la construcción, entre otros negocios.
Obama retoma así su política de 2009 de promover una flexibilización al bloqueo. Casi seis años después empieza por fin a darle forma. Es tarde e insuficiente pero es un hecho positivo.
Queda claro quien cambió para poder llegar a los diálogos de esta semana en La Habana.
Dos reuniones.
La primera reunión fue en el Palacio de las Convenciones, el 21 de enero. Jacobson no había llegado aún a Cuba, de modo que la representación estadounidense corrió a cargo de su segundo en la cartera, Alex Lee. Del lado cubano estuvo la jefa de delegación, Josefina Vidal, jefa de la sección de EE UU en la cancillería cubana, acompañada de Gustavo Machín, subdirector del área EE UU del MINREX.
Se habló de la agenda de migraciones. Washington ahora viene cumpliendo con el acuerdo de muchos años atrás, de otorgar 20.000 visas anuales a cubanos que quieren viajar al país vecino por diversas circunstancias, no necesariamente por disidencia política.
El problema es que en simultáneo persiste la vigencia de la Ley de Ajuste Cubano, en EE UU, que propicia la inmigración ilegal con todos los perjuicios para esos cubanos que creen necesario cambiar de aire. Algunos se lanzan al mar y a veces lo pagan con su vida. Esa norma norteamericana incentiva esa corriente ilegal pues estableció la regla de "pies secos-pies mojados": si el inmigrante logra pisar suelo estadounidense tiene derecho a residir y pedir en un año su residencia permanente; si lo pillan en el mar, es devuelto a Cuba.
Ningún inmigrante de otra nacionalidad tiene esa prerrogativa "made in USA" destinada a generar muchos intentos de llegar a La Florida. Si tenía éxito, era usado en la propaganda contra Cuba; si fracasaba, se lo devolvía furioso que despotricara contra Castro; y si había ahogados, el costo también sería para el país de origen.
En la reunión del 21/1 la parte cubana pidió el fin de esa ley, pero Lee dijo que continuaría vigente. Por eso, en su encuentro posterior con la prensa, el número 2 Machín declaró: "al menos hemos acordado que estamos en desacuerdo sobre algunos temas". Una vieja fórmula diplomática para decir que no hay acuerdos pero que las dos partes han podido expresar sus puntos de vista.
La segunda ronda de diálogo, ya con Jacobson en su asiento, fue el 22. El último funcionario estadounidense de su mismo nivel había visitado Cuba en 1980, o sea 35 años atrás. El temario se tornó más político, como debía ser, al conversar sobre cómo restablecer las relaciones diplomáticas interrumpidas desde 1961. Sería una buena noticia para los dos países y también para Suiza, cuya embajada en La Habana suple en parte la ausencia de la representación norteamericana (sólo cuenta con una Sección de Intereses-SINA).
La reapertura de embajadas no sería un trámite tan complejo, pero el problema es que en este tiempo se han acumulado diferendos que demandan una solución previa. La representante cubana reclamó que se solucione el problema del consulado cubano en Nueva York, privado de acceder a servicios financieros por disposición norteamericana. Esto ocasiona graves perjuicios a esa dependencia y a tantas personas que acuden allí con diversos trámites.
Además Vidal-Machín insistieron en que el Departamento de Estado saque a la isla de la lista de países que practican el terrorismo. Estar allí, además de tremenda injusticia, supone como consecuencia directa no poder tramitar créditos internacionales. Un país terrorista no califica para esos créditos, salvo que el terrorismo que practique sean las invasiones a Irak, Afganistán, Libia, Siria, Gaza, etc. En este caso sí tendrá préstamos internacionales...
Derechos humanos.
La representación cubana demandó el fin del bloqueo estadounidense, condenado por la ONU desde 1992. La delegación estadounidense habrá alegado que las medidas de la semana anterior demuestran la buena fe de la administración Obama. Habrán hecho mención que ahora los estadounidenses podrán aumentar sus remesas a familiares en la isla: 2.000 dólares por trimestre en vez de 400.
Pero Cuba no pide limosna sino poder comprar y vender, recibir inversiones, etc., sin que se le impongan previamente resignar su independencia política, soberanía nacional y socialismo martiano.
La excusa norteamericana puede girar en torno a que el bloqueo fue decidido por el Congreso vía ley Helms-Burton (1996). Ese Capitolio hoy está dominado en sus dos cámaras por la oposición republicana. La parte cubana urge a Obama a utilizar todas las prerrogativas para cortar las alas del bloqueo en todo lo que de su cargo depende, pero el problema es doble. Primero, el afroamericano no está dispuesto a levantar el bloqueo sino logra antes de la isla alguna renuncia de peso a su condición de socialista. Y segundo, a ese presidente, aún suponiendo muy buena voluntad que hasta ahora no mostró, le quedan sólo dos años en la Casa Blanca.
Los delegados cubanos no se quedaron en aquellos sentidos reclamos. También ofrecieron colaboración para la lucha conjunta contra el narcotráfico y el terrorismo, y afrontar en común enfermedades como el Ébola o el cuidado del medio ambiente.
La parte norteamericana no quiso tomar la mano que le tendían. Más aún, en la tarde del último día, Jacobson meneó el tema de los derechos humanos, presentado en un comunicado como gran preocupación de las autoridades norteamericanas junto con las reformas democráticas que según éstas se necesitan en la isla.
La respuesta de los delegados cubanos fue educada pero con sentido de contraofensiva. Dijeron que querían debatir cómo están esos derechos en EEUU. Pusieron de ejemplo las detenciones ilegales y las torturas en Guantánamo, así como "la brutalidad y el abuso policial, cada vez más alarmantes, como en los hechos ocurridos en Ferguson y Nueva York, el incremento del racismo y la discriminación racial". También el menor salario que perciben las mujeres trabajadoras.
Esa respuesta fue excelente. Demuestra que Cuba fue con las manos abiertas al diálogo con su hasta ahora mal vecino. Y cuando éste comenzó con agresiones, propias de la esencia de su sistema imperial, la isla cerró los cinco dedos en forma de puño y contragolpeó. La cancillería cubana calificó estas reuniones como positivas, pero advirtió que la negociación va a tener que seguir por más tiempo.
A Jacobson y sus jefes, Obama y John Kerry, les cabe el refrán argentino: "fueron por lana (a Cuba) y volvieron trasquilados".
Tomado de La Arena, Argentina
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Cuba y Estados Unidos tuvieron dos reuniones, con el propósito de avanzar hacia la normalización de relaciones. Fue un buen primer paso. Falta mucho para aquel objetivo y a Obama le quedan sólo dos años en la Casa Blanca.
Antes de analizar las reuniones del 21 y 22 de enero hay que decir algo sobre el escenario de ese diálogo entre Cuba y Estados Unidos. Fue en el histórico Palacio de las Convenciones donde es habitual que se reúna la Asamblea Nacional del Poder Popular, las organizaciones sociales, etc. Allí se respira la revolución cubana. Por ejemplo, las delegaciones de Colombia y las FARC buscan allí una solución política a la guerra.
O sea que en cuanto al lugar de las conversaciones, Cuba jugó de local, para decirlo deportivamente. Cuando después de una guerra se firma la paz, el vencido acude a firmar los papeles al campamento del ganador. Que el lector saque sus conclusiones.
Se podrá decir que Roberta Jacobson, Secretaria para América Latina del Departamento de Estado, fue hasta La Habana no porque su país se sintiera derrotado sino porque no quería abrir EE UU a unos cubanos que llegaran alborotando al mundo. En ese caso se podría asegurar que la isla ha sido mejor anfitriona, abriendo su casa a quien durante 54 años -si se cuenta desde la invasión en Bahía Cochinos- se dedicó a tratar de derrocar a la revolución devenida en socialista.
Hay otros aspectos para entender quién cedió, o al menos quién debió ceder más, para llegar a esta ronda de diálogo entre los gobiernos de Raúl Castro y Barack Obama.
Uno de ellos es la histórica liberación de los tres antiterroristas cubanos presos en cárceles estadounidenses desde 1998. Eso fue anunciado en forma simultánea por los dos presidentes el pasado 17 de diciembre, quedando a cargo de La Habana liberar al agente estadounidense Alan Gross y a otro espía de la CIA. En Cuba hubo una enorme alegría por aquellas liberaciones. En cambio en EEUU la ultraderecha -sobre todo la republicana- y la gusanería de Miami pusieron el grito en el cielo ante lo que consideraron una "capitulación" de Obama.
Un último dato sobre la previa a las reuniones: el 16 de enero entraron en vigencia resoluciones de la secretaría del Tesoro y de Comercio de EE UU flexibilizando el bloqueo. Ahora los estadounidenses que quieran viajar a la isla podrán hacerlo por razones familiares, profesionales, culturales, deportivas, etc. Durante la estadía podrán usar sus tarjetas de crédito y traer de regreso productos hasta 400 dólares. Las líneas aéreas podrán volar a La Habana (no se levantaron las restricciones sobre viajes por vía marítima). Los bancos norteamericanos podrán abrir sucursales en Cuba, en cambio las entidades isleñas no están autorizadas a hacer lo propio en EEUU. Las empresas estadounidenses podrán hacer inversiones en áreas informáticas y la construcción, entre otros negocios.
Obama retoma así su política de 2009 de promover una flexibilización al bloqueo. Casi seis años después empieza por fin a darle forma. Es tarde e insuficiente pero es un hecho positivo.
Queda claro quien cambió para poder llegar a los diálogos de esta semana en La Habana.
Dos reuniones.
La primera reunión fue en el Palacio de las Convenciones, el 21 de enero. Jacobson no había llegado aún a Cuba, de modo que la representación estadounidense corrió a cargo de su segundo en la cartera, Alex Lee. Del lado cubano estuvo la jefa de delegación, Josefina Vidal, jefa de la sección de EE UU en la cancillería cubana, acompañada de Gustavo Machín, subdirector del área EE UU del MINREX.
Se habló de la agenda de migraciones. Washington ahora viene cumpliendo con el acuerdo de muchos años atrás, de otorgar 20.000 visas anuales a cubanos que quieren viajar al país vecino por diversas circunstancias, no necesariamente por disidencia política.
El problema es que en simultáneo persiste la vigencia de la Ley de Ajuste Cubano, en EE UU, que propicia la inmigración ilegal con todos los perjuicios para esos cubanos que creen necesario cambiar de aire. Algunos se lanzan al mar y a veces lo pagan con su vida. Esa norma norteamericana incentiva esa corriente ilegal pues estableció la regla de "pies secos-pies mojados": si el inmigrante logra pisar suelo estadounidense tiene derecho a residir y pedir en un año su residencia permanente; si lo pillan en el mar, es devuelto a Cuba.
Ningún inmigrante de otra nacionalidad tiene esa prerrogativa "made in USA" destinada a generar muchos intentos de llegar a La Florida. Si tenía éxito, era usado en la propaganda contra Cuba; si fracasaba, se lo devolvía furioso que despotricara contra Castro; y si había ahogados, el costo también sería para el país de origen.
En la reunión del 21/1 la parte cubana pidió el fin de esa ley, pero Lee dijo que continuaría vigente. Por eso, en su encuentro posterior con la prensa, el número 2 Machín declaró: "al menos hemos acordado que estamos en desacuerdo sobre algunos temas". Una vieja fórmula diplomática para decir que no hay acuerdos pero que las dos partes han podido expresar sus puntos de vista.
La segunda ronda de diálogo, ya con Jacobson en su asiento, fue el 22. El último funcionario estadounidense de su mismo nivel había visitado Cuba en 1980, o sea 35 años atrás. El temario se tornó más político, como debía ser, al conversar sobre cómo restablecer las relaciones diplomáticas interrumpidas desde 1961. Sería una buena noticia para los dos países y también para Suiza, cuya embajada en La Habana suple en parte la ausencia de la representación norteamericana (sólo cuenta con una Sección de Intereses-SINA).
La reapertura de embajadas no sería un trámite tan complejo, pero el problema es que en este tiempo se han acumulado diferendos que demandan una solución previa. La representante cubana reclamó que se solucione el problema del consulado cubano en Nueva York, privado de acceder a servicios financieros por disposición norteamericana. Esto ocasiona graves perjuicios a esa dependencia y a tantas personas que acuden allí con diversos trámites.
Además Vidal-Machín insistieron en que el Departamento de Estado saque a la isla de la lista de países que practican el terrorismo. Estar allí, además de tremenda injusticia, supone como consecuencia directa no poder tramitar créditos internacionales. Un país terrorista no califica para esos créditos, salvo que el terrorismo que practique sean las invasiones a Irak, Afganistán, Libia, Siria, Gaza, etc. En este caso sí tendrá préstamos internacionales...
Derechos humanos.
La representación cubana demandó el fin del bloqueo estadounidense, condenado por la ONU desde 1992. La delegación estadounidense habrá alegado que las medidas de la semana anterior demuestran la buena fe de la administración Obama. Habrán hecho mención que ahora los estadounidenses podrán aumentar sus remesas a familiares en la isla: 2.000 dólares por trimestre en vez de 400.
Pero Cuba no pide limosna sino poder comprar y vender, recibir inversiones, etc., sin que se le impongan previamente resignar su independencia política, soberanía nacional y socialismo martiano.
La excusa norteamericana puede girar en torno a que el bloqueo fue decidido por el Congreso vía ley Helms-Burton (1996). Ese Capitolio hoy está dominado en sus dos cámaras por la oposición republicana. La parte cubana urge a Obama a utilizar todas las prerrogativas para cortar las alas del bloqueo en todo lo que de su cargo depende, pero el problema es doble. Primero, el afroamericano no está dispuesto a levantar el bloqueo sino logra antes de la isla alguna renuncia de peso a su condición de socialista. Y segundo, a ese presidente, aún suponiendo muy buena voluntad que hasta ahora no mostró, le quedan sólo dos años en la Casa Blanca.
Los delegados cubanos no se quedaron en aquellos sentidos reclamos. También ofrecieron colaboración para la lucha conjunta contra el narcotráfico y el terrorismo, y afrontar en común enfermedades como el Ébola o el cuidado del medio ambiente.
La parte norteamericana no quiso tomar la mano que le tendían. Más aún, en la tarde del último día, Jacobson meneó el tema de los derechos humanos, presentado en un comunicado como gran preocupación de las autoridades norteamericanas junto con las reformas democráticas que según éstas se necesitan en la isla.
La respuesta de los delegados cubanos fue educada pero con sentido de contraofensiva. Dijeron que querían debatir cómo están esos derechos en EEUU. Pusieron de ejemplo las detenciones ilegales y las torturas en Guantánamo, así como "la brutalidad y el abuso policial, cada vez más alarmantes, como en los hechos ocurridos en Ferguson y Nueva York, el incremento del racismo y la discriminación racial". También el menor salario que perciben las mujeres trabajadoras.
Esa respuesta fue excelente. Demuestra que Cuba fue con las manos abiertas al diálogo con su hasta ahora mal vecino. Y cuando éste comenzó con agresiones, propias de la esencia de su sistema imperial, la isla cerró los cinco dedos en forma de puño y contragolpeó. La cancillería cubana calificó estas reuniones como positivas, pero advirtió que la negociación va a tener que seguir por más tiempo.
A Jacobson y sus jefes, Obama y John Kerry, les cabe el refrán argentino: "fueron por lana (a Cuba) y volvieron trasquilados".
Tomado de La Arena, Argentina
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