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jueves, 28 de enero de 2016

El trato del esqueleto



Por Omar Segura*

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 Raúl Roa García, el "Canciller de la dignidad", al conceder una entrevista [1] en ocasión de conmemorarse en 1968 el centenario del inicio de nuestras luchas por la independencia, fue “retado” por el “luciferino entrevistador”, Ambrosio Fornet, a “retratar o definir con una frase” diferentes personajes y hechos de la etapa republicana. Al responder en relación con el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902, firmado entre Cuba y Estados Unidos, impuesto por esta nación a la Isla en el marco de la Enmienda Platt y del Tratado Permanente de Relaciones, Roa, con su aguzado ingenio y capacidad de síntesis, lo definió como “la variante yanqui del trato del esqueleto”, recurriendo a esta expresión que, en tono jocoso, definía como una de las partes, independientemente de su posición en el “trato”, llevaba siempre las de perder.

 La imposición de tratados se convirtió en una práctica de esa potencia imperialista, desde sus inicios, como un medio que refrendara legalmente sus afanes, expansionistas, anexionistas y de dominación.

 Cuba, la siempre codiciada “fruta”, fue objeto de esta política desde su inicio como República, condición ganada por su intransigencia y sus luchas, escamoteadas por el vecino del norte cuando ya los patriotas cubanos habían hecho la mayor parte del trabajo. Este tratado de “reciprocidad” comercial, firmado por el gobierno de la Isla en condiciones de ocupación militar,  estaba dirigido a imponer la posibilidad del control de Estados Unidos sobre la emergente república.

 Precisamente ese Tratado de 1902, que fuera ajustado posteriormente -en 1934- daba un trato abiertamente discriminatorio a los productos cubanos, y concedía a Cuba un lugar poco ventajoso al comercio con el poderoso vecino.

 Encontró en la época no poca oposición entre personalidades destacadas de la Isla. El patriota Manuel Sanguily dejó muy clara ante el Senado su posición, y alertó sobre las verdaderas intenciones del gobierno estadounidense y los posibles perjuicios que para Cuba conllevaría su aplicación. Sobre esas y otras aristas del Tratado, se manifestaron, entre otros, hombres como Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Emilio Roig de Leuchsenring, Raúl Cepero Bonilla y Jacinto Torras. 

Otros tiempos, otro panorama, otras medidas

 El tiempo, las luchas y la Revolución cambiaron el panorama. Ya Cuba no era la Isla que Estados Unidos administraba y controlara a sus antojos desde aquel entonces, 1898, y hasta el Primero de Enero de 1959.

 Al ver cómo su codiciada presa se les iba de las garras, y como represalia a su “díscolo” comportamiento, la potencia del norte decide romper sus vínculos con la Isla y, encima, aplicarle medidas tendientes a estrangularla, asfixiarla y aislarla económicamente para originar el hambre, la miseria y el caos interno que posibilitara volver a hacerse de su presa.

 Más de medio siglo y más de diez administraciones no dieron los resultados esperados.

 Al fin se dieron cuenta de que a las malas no caminaba la cosa. Lejos de perjudicar a la Isla, ellos también resultarían perjudicados. No solo se ganaron la animadversión de los cubanos. La Humanidad, casi en pleno, se puso de parte de estos y apoyó sus luchas. Se precisaba aplicar una nueva política, nuevos métodos, pero manteniendo los objetivos originarios: lograr que “la fruta” madurara y cayera en sus manos.

 El nuevo inquilino de la Casa Blanca, Barak Obama, se percata de ello e inicia una nueva era para reanudar las relaciones interrumpidas por más de medio siglo.
 Esta decisión sería dada a conocer públicamente, de forma simultánea por ese mandatario y el Presidente cubano, General de Ejército Raúl Castro Ruz, el 17 de diciembre de 2014.

 A partir de entonces, encuentros bilaterales entre representantes de los dos gobiernos, apertura de embajadas en los respectivos países, entre otras medidas adoptadas por las partes han matizado este proceso, donde la parte cubana plantea negociar sobre bases de reciprocidad y sin lesionar la soberanía ni admitir injerencias en los asuntos internos de cada país.

 Las negociaciones han venido caminando; algunas medidas se han tomado por ambos gobiernos, aunque sin adoptarse por la parte estadounidense decisiones medulares que resuelvan el problema principal que afecta a la nación cubana: el mantenimiento del bloqueo y la devolución de la base naval de Guantánamo, entre otras medidas incluidas en leyes refrendadas por diferentes administraciones estadounidenses, que violan, incluso, el Derecho Internacional, y que corresponde a esa parte resolver para hacer realidad el pleno disfrute de relaciones en justo plano de equidad y reciprocidad. 

Las nuevas medidas aprobadas por Obama

 Recientemente, en el marco de este proceso, los departamentos del Tesoro y de Comercio de los Estados Unidos anunciaron el martes 26 nuevas medidas relacionadas con Cuba en materias como las transacciones financieras, las exportaciones y los viajes.

 Sin pretender negar los avances obtenidos en esta reanudación de las relaciones EE. UU.-Cuba, no podemos sentirnos satisfechos. No es, como dicen algunos, que nos quejábamos de que Estados Unidos no nos vendiera bienes y servicios, y ahora nos quejamos de que nos quieran vender.

 Lo que no entendemos, más que simplemente “quejarnos”, es que este proceso no muestre reciprocidad, sea selectivo y que todo lo que se aprueba esté dirigido a poner al Estado contra la pared, y demagógicamente “empoderar al pueblo”, cuando de lo que realmente tratan es de empoderar a quienes trabajan y cobran para revertir el socialismo: los disidentes, los anexionistas. Es decir, que los revolucionarios, los militantes del Partido o los que les “huelan extraño” no entran en su concepto de pueblo.

 Otros han pedido que los cubanos no tomen estos resultados “como una ‘victoria’ contra el imperio debido a los ‘justos reclamos del pueblo…’”, y lo atribuyen a un gesto de “buena voluntad” por parte de USA para el descongelamiento de las relaciones bilaterales.

 Quienes así se expresan, desconocen (o pretenden desconocer) que, además de una victoria (así, sin comillas) de los cubanos, es, además, una victoria de todos los pueblos, que casi unánimemente han votado año tras año, por la eliminación de esa absurda y criminal política. Además, sin la resistencia de los cubanos, pésele a quien le pese, y disgústele a quien le disguste, eso no hubiera sido posible. Esto lo han reconocido no pocas personas, incluso, de diferentes creencias e ideas.
 En cuanto a lo de que es “un gesto de buena voluntad por parte de USA para el descongelamiento de las relaciones bilaterales”, diré que si se analizan bien -PERO BIEN- los discursos pronunciados por la parte estadounidense, desde el del presidente Obama el 17 de diciembre, en ellos se admite que el objetivo de la política estadounidense hacia Cuba se mantiene intacto y se reconoce tácitamente que el centro de las medidas pretenden desconocer al Estado cubano, el verdadero representante de este pueblo.

 ¿Tendrán esas personas pleno conocimiento de cuál ha sido la política hacia Cuba desde los inicios de esa gran nación? ¿O no conocen la política de la Fruta Madura?

 ¿Pretenderán reeditar, por otras vías y con otros términos, el Tratado de Reciprocidad Comercial? ¿Querrán aplicarnos el “trato del esqueleto”?
 Todos los gobernantes, sin excepción, desde los Padres Fundadores, han anhelado  -y lo han expresado- anexar nuestra estrella a su bandera. Lo que sucede es que “la fruta” está bien agarrada de su árbol, que tiene un tronco robusto y profundas raíces. Demostrado por la Historia.

 La verdadera Historia, no la que algunos pretenden revisar e imponernos.

Notas

 [1] Publicada en la Revista Cuba bajo el título “Tiene la palabra el camarada Roa”

Con informaciones extraídas de
 http://www.ecured.cu/Tratado_de_Reciprocidad_Comercial
 http://www.ecured.cu/Enmienda_Platt
 http://www.ecured.cu/Ra%C3%BAl_Roa

*Periodista cubano

domingo, 22 de noviembre de 2015

La Atlántida digital de la política de EEUU para Cuba

Por Rosa Miriam Elizalde*, @elizalderosa

 Una de los muchos servicios en EEUU para alojar páginas en Internet destinados al usuario cubano. Registrar un dominio .COM por un año solo cuesta 0,99 centavos.

Una de los muchos servicios en EEUU para alojar páginas en Internet destinados al usuario cubano. Registrar un dominio .COM por un año cuesta 9 dólares.

La Isla flota en el espacio digital como una Atlántida. No está claro el misterio que hace posible que uno de los negocios más boyantes aquí sea el de las páginas web y el registro de dominios (el Domain Name System, DNS, que ayuda a los usuarios a navegar por Internet), un servicio comercial sostenido con el poder de la infraestructura estadounidense y destinado exclusivamente al sector privado en Cuba. Acerca de esto, que yo sepa, las autoridades norteamericanas no han dicho ni pío.

He leído una y otra vez las medidas anunciadas por Obama en enero de este año, que favorecen las exportaciones de productos y servicios a Cuba en el campo de las telecomunicaciones, además del financiamiento para la creación de facilidades de este tipo de infraestructura en el sector estatal.

A pesar del entusiasmo y la retórica que han acompañado esta decisión, que ve en las telecomunicaciones el Santo Grial para el cambio de régimen en la Isla, apenas se han concretado dos proyectos con la empresa cubana ETECSA -bancos en terceros países de por medio-, porque para que esto pueda florecer es imprescindible el pago en efectivo y por adelantado. Debido a las sanciones financieras, gravita además sobre los empresarios estadounidenses el terror de caer en la telaraña de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro.

Ni en el paquete de Obama del 16 de enero de este año, ni en los que han venido después, se habla abiertamente de ofrecer facilidades a Cuba para el alojamiento de páginas web en servidores norteamericanos, otorgar registros de dominios internacionales de primer nivel -los conocidos .COM, .NET, .ORG, entre otros, adquiridos a través de empresas estadounidenses- o favorecer el comercio electrónico, servicios que tienen precio y que por regla requieren de transacciones a través de tarjetas de crédito y, por tanto, un diálogo directo entre bancos cubanos y estadounidenses, que no existe.

El comercio electrónico con la Isla es, de hecho, uno de los servicios sancionados por la Ley Torricelli (1992) y peso muerto del bloqueo estadounidense. Y para probarlo ahí está la empresa PayPal Inc., líder en transacciones electrónicas en EEUU, que en marzo aceptó pagar 7,7 millones de dólares y llegó a un acuerdo con los reguladores de Estados Unidos, luego de ser acusada de violar las sanciones impuestas por la Casa Blanca a Irán, Cuba y Sudán.

¿Cuál es el misterio, entonces, de que surjan como setas los medios privados en la web, destinados a usuarios en la Isla, sostenidos con una infraestructura transnacional y empleomanía local? ¿Cómo se produce tal exportación de servicios? ¿Por qué los temerosos empresarios del sector en EEUU acogen con entusiasmo a clientes que operan en la Isla por cuenta propia? ¿Por qué Google no bloquea la publicidad en las páginas web de los negocios que generan ganancias a ciudadanos residentes en Cuba, argumento que supuestamente le impide a la compañía abrir algunas de sus plataformas a todos los cubanos?

La paradoja resulta evidente. Si de Google se trata, un cubano, a través de intermediarios en EEUU, puede anunciar su negocio y obtener ingresos por concepto de publicidad incrustada en su página web para Cuba. Sin embargo, Google Adsense, el servicio líder de la compañía en la gestión de publicidad en la web, está bloqueado para los internautas que se conectan desde la Isla.

Basta una ojeada en Internet para descubrir que miles de sitios digitales que promueven o prestan servicios privados en Cuba, han sido alojados en Estados Unidos y portan dominios internacionales. Diría que es difícil encontrar un negocio particular con cierta solvencia en la Isla que no tenga un medio digital propio o se publicite en populares páginas de anuncios, todas alojadas fuera de la Isla. Independientemente de que en Cuba la normativa para el registro de dominios nacionales está varada en la Edad de Piedra y es este el servicio de su tipo más caro del planeta, eso no explica la indulgencia estadounidense, ni su discrecionalidad a la hora de aplicar su política de sanciones específicamente en este ámbito.

La prueba del crecimiento exponencial de los medios digitales cubanos con infraestructura estadounidense, está a la vista. Una búsqueda simple en Google de la palabra “cuba” en la raíz del dominio internacional .COM, por ejemplo, ha generado hoy más de 52 100 resultados, como se puede apreciar a continuación:

cuba punto com
La otra cara de la moneda es que no sabemos exactamente cuántas páginas han desaparecido de la red en virtud de la extraterritorialidad del bloqueo. 
Recordemos, como botón de muestra, la noticia que tuvo bastante eco en el 2008, cuando EEUU borró de Internet más de 80 nombres de dominio, entre los que estaban los de las páginas www.cuba-hemingway.com, www.cuba-havanacity.com, www.ciaocuba.com y www.bonjourcuba.com, estas dos últimas orientadas a turistas franceses e italianos que visitaban la Isla. Eran propiedad de un ciudadano inglés, que había comprado estos nombres en Islas Canarias, a través de una registradora estadounidense (eNom).

Tras el escándalo, la filial latinoamericana de la Corporación internacional para la Asignación de Nombres de Dominio, LatinoamerICANN, emitió una declaración en la que daba cuenta de que muchos Agentes Registradores afincados en EEUU están obligados por ley a no dar servicios a personas o entidades que entren en conflicto con los intereses de Estados Unidos. Reconocía que existen leyes para criminalizar el gasto de dinero de ciudadanos y empresas estadounidenses que favorecen negocios a personas radicadas en Cuba. ¿Cambió entonces la ley, siete años después? ¿Por qué no nos hemos enterado?

Para hacer de la política de EEUU en el ámbito de las telecomunicaciones un territorio aún más extraño, recientemente la Oficina de Transmisiones para Cuba del gobierno de los Estados Unidos rindió honores al informático estadounidense José Alpízar por la creación de una red de distribución de contenidos en la Isla, a través de DVD y unidades flash. Según los reportes de prensa,
“el Sr. Alpizar ha liderado el camino en la distribución de memorias flash que no solo contienen gigabytes de información de audio y video producidos desde Radio y TV Martí especialmente para Cuba -obviamente no se trata solo de programas de estos medios-, sino también información sobre la búsqueda y desarrollo de WiFi y transmisiones de señales de TV satelitales dentro de Cuba, alejadas del control estatal.”
Sería interesante saber si el gobierno de Estados Unidos, que tiene una lista negra unilateral sobre piratería y sanciona a los violadores del derecho de autor, está torpedeando sus propias leyes. Más preguntas se caen de la mata: ¿qué hay dentro de esos gigabytes de información?; el premiado Alpízar y otros que como él trabajan en los proyectos de cambio de régimen en Cuba, ¿distribuyen contenidos de la industria cultural estadounidense?; ¿vendrán de allá muchas de las películas y series que pueblan nuestro informal “Paquete semanal”?

(Fuente Cubadebate. Tomado del blog de la autora, Desbloqueando Cuba)
 
 

jueves, 20 de agosto de 2015

Equidad, igualdad e igualitarismo: A propósito del VII congreso del PCC

Por Darío Machado Rodríguez *

 

El debate acerca de la justicia social, la igualdad y el igualitarismo, ha sido, es y será algo permanente en la sociedad cubana y gozará de primera prioridad siempre que no se abandone la orientación socialista de la construcción social y económica.

No está de más recordar que el tema es asaz complejo y que apenas se pretende con este artículo participar en el intercambio de ideas, en el razonamiento colectivo.

En un trabajo publicado en el periódico Granma hace unos 20 años, el 19 de marzo de 1994, titulado Firmeza de principios y cambio de mentalidad, se plantea: “Las medidas económicas que se requieren para el funcionamiento cabal de este principio (se refiere al principio socialista que reza: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”) reclaman a su vez un cambio de mentalidad. Su aplicación hace emerger desigualdades reales, ya que las capacidades, habilidades, inteligencia y laboriosidad de la gente son objetivamente diferentes, aun cuando existan oportunidades iguales para todos.” Y más adelante: “Todos no podemos recibir lo mismo tanto porque no habría cómo hacerlo, como porque si lo pretendiéramos ello conduciría al inmovilismo y a la ineficiencia  (…) Debemos fijar en nuestras conciencias que las circunstancias han cambiado radicalmente y que el modo en que debemos continuar los objetivos socialistas y comunistas deben adaptarse a la nueva situación (1).”

Sean las circunstancias de mediados de la década de 1990, las de hoy ya adentrado el siglo XXI, como las futuras, el tema de la igualdad y de la justicia social,  debe ser objeto de sistemática atención.

La necesidad de esclarecer  el significado de los términos

En el debate sobre la igualdad social los contenidos adjudicados a los términos empleados son difusos. No pocas veces se identifica igualdad con igualitarismo, o equidad con igualdad. Por ejemplo, he leído la frase “trato equitativo” entendida como el enfoque que toma en cuenta el ámbito social y condiciones de existencia de cada individuo, lo que confunde en mi criterio su significado  con el de igualdad social.

La confusión de los términos, su carácter difuso, obedece a la cercanía de los contenidos que tratan, lo que obliga en primer lugar a la precisión de los significados que se tendrán en cuenta cuando se mencionen los conceptos de equidad, igualdad e igualitarismo. Y una vez aclarados los significados servirse desprejuiciadamente de ellos para el análisis.

El término equidad (equidad social), que se emplea hoy con mayor frecuencia en lugar del término igualdad (igualdad social), es un concepto que se ha tomado de la jurisprudencia, pertenece al terreno del derecho positivo, al significar originalmente el grado de discrecionalidad que tiene un juez para dictar sentencia en los marcos del ordenamiento jurídico real, existente y vigente en un determinado Estado, o sea, el derecho establecido, codificado.

En relación con los conceptos producidos en el terreno de la economía política en la época actual, la equidad social aparece efectivamente tomando distancia de la igualdad social en su contenido y significado ético y acercándolo a las normas del derecho. Desde el punto de vista de las realidades y el ideal, propongo aceptar la gradación siguiente: equidad, igualdad e igualitarismo.

Cuando se habla de distribuir equitativamente, el principio que rige es el de la equidad, es decir, de aquello a lo que hay, de últimas, derecho reconocido legalmente (2).  En un sentido significa igualdad, pero con los límites en la legalidad establecida, es igualdad en la aplicación de la equidad. De hecho cuando se profundiza en el origen etimológico del término en la lengua castellana, las raíces griegas refieren la equidad como un derivado de la igualdad, pero también existe otra interpretación vinculada a la raíz εικοσ que significa “razonable o justo”.

La distribución bajo el concepto de equidad no es contraria a la moral pública, antes bien responde a la moral predominante en la sociedad. Eso es precisamente lo que avistó Marx cuando hizo la crítica al programa de Gotha al referirse a la sociedad que enrumba por el camino socialista como una realidad emergente del capitalismo y mantiene en lo económico, así como en lo intelectual y lo moral el sello de esa sociedad.

Sin embargo, lo anterior no obsta para enfocar la igualdad social desde un punto de vista ético, como algo que está más allá de la equidad social y a lo que puede aspirarse cuando hay un consenso de la sociedad lo suficientemente consciente y amplio.

Fuera del debate acerca de los significados y evolución histórica del término, en la actualidad el concepto de distribución equitativa se refiere a lo que está regulado jurídicamente y lo que está regulado jurídicamente en materia económica son las relaciones económicas existentes. De modo que en este plano referiremos la equidad a los niveles de igualdad social que están jurídicamente codificados, a partir de las condiciones del desarrollo económico de la sociedad y de los entendidos prevalecientes, en particular la psicología y lógica del intercambio de equivalentes.

La equidad aparece en este enfoque como el principio que asegura que las aspiraciones a la igualdad no mermen la eficacia del esfuerzo productivo, dadas las actuales condiciones de la división social del trabajo, el desarrollo tecnológico y la prevaleciente psicología y lógica del intercambio de equivalentes.

Igualdad social es algo superior, tiene una carga no solo económica y jurídica, sino, y principalmente, ética. Cuando hablamos de igualdad estaremos refiriéndola a otros ámbitos de la actividad humana. Puede incluso verse como el ideal aceptable para el largo plazo en nuestra sociedad, lo que no quiere decir que no se pueda ejercer en los límites que la realidad impone y, como se dijo arriba, cuando se tiene el consenso.

En consecuencia, hablar de “igualdad social” requiere su enfoque global, que debe incluir lo ético, lo político, lo económico, lo cultural. Reducirla a su argumentación desde el metabolismo socioeconómico solamente es un vicio tecnicista.

El igualitarismo es la hipérbole de la igualdad. Y obviamente, como principio universal resulta disfuncional en condiciones de la división social del trabajo actualmente existente y en construcción en la sociedad cubana, cuando el modelo económico en curso y para el futuro es el de una economía mixta con diferentes formas de propiedad sobre los medios de producción y servicios, y cuando predomina una psicología de intercambio de equivalentes. Ello no significa que no se puedan establecer algunas formas de distribución bajo un concepto igualitario, no solo por la carga de humanismo y justicia social que tengan, sin también por lo conveniente que resultarán para el desarrollo equilibrado y eficiente de la actividad social incluyendo naturalmente la económica.

El ejemplo de lo anterior lo tenemos en Cuba donde los niveles de educación y salud de la población constituyen una fortaleza fundamental para enfrontar los desafíos del desarrollo económico.

No olvidar el pasado (3)

En Cuba pre revolucionaria existían algunas de estas vías de distribución que se sustraían a la lógica del mercado y se practicaban como modo de coadyuvar a la estabilidad social y al decurso “normal” del metabolismo socioeconómico vigente, sin que llegaran ni remotamente a cubrir las necesidades de la población. Pero ni siquiera aquellas vías de distribución quedaban totalmente protegidas, pues no pocas prestaciones (en el terreno de la educación y la salud pública, por ejemplo) se veían invadidas por las prácticas clientelares que reflejaban la lógica mercantil de modo más o menos directo.

Muy frecuentemente las familias quedaban huérfanas de apoyo para educar y proteger la salud de sus miembros, quedando como únicas responsables frente a una realidad que les resultaba hostil.

Por otra parte, y siguiendo con el ejemplo de la educación y de la salud pública, el predominio de la propiedad privada alcanzaba a estos sectores y con ello funcionaba en estas actividades básicas de la sociedad la lógica del intercambio de equivalentes. Como resultado las minorías pudientes tenían acceso a estos servicios pagados y los demás tenían que acudir a los públicos insuficientes y a menudo contaminados por el clientelismo.

La condición de país capitalista dependiente y subdesarrollado subordinaba la mayor parte del esfuerzo productivo de la sociedad a los intereses del capital estadounidense y de sus socios locales, mientras que los propietarios de los medios de producción y de servicios no vinculados a estos intereses controlaban los resultados de casi todo el esfuerzo productivo restante, si se exceptúa la economía natural y los trabajadores independientes, recibiendo así los restos del pastel económico del país.

Aquella sociedad generaba numerosas deformaciones estructurales: monocultivo, mono exportación, diferencias abismales entre la ciudad y el campo, infraestructura deficiente, profundas diferencias sociales que, a su vez, aprovechaban los políticos de turno, reduciendo aún más los derechos de los más pobres con el clientelismo y el abuso de poder.

Al cubano pobre y necesitado de entonces le resultaba muy difícil cuando no imposible ascender, mejorar en la propia escala social que pautaba el mercado capitalista dependiente del país. La movilidad social “hacia arriba” era lenta y tortuosa, predominaba la inercia cuando no el empeoramiento de la situación social de las mayorías. La tiranía batistiana resultó ser “la tapa al pomo” del entreguismo de la oligarquía criolla a los intereses de los EEUU.

En resumen, había en Cuba una minoría en posición social ventajosa y una mayoría presa del sistema con escasas posibilidades de mejorar sus condiciones de vida.

Las cifras a veces esgrimidas por algunos analistas sesgados acerca de la cantidad promedio de vehículos, televisores, transmisores de radio, etc. superior en la Cuba de entonces a la de muchos países de la región no puede ocultar la realidad de injusticia social que predominaba en el país.

Nada que no fuera ya explicado por Marx, cuando afirmaba en El Capital que el capitalismo –y más aún el subdesarrollado y dependiente- solo sabía desarrollar las tecnologías y los procesos productivos minando las fuentes originales de las riquezas: el ser humano y la naturaleza.

El principio que aportará la energía para mantener el rumbo socialista en Cuba, partirá de la realidad misma, de su constante esclarecimiento acerca del capitalismo que sufrimos y el que podríamos volver a sufrir si la sociedad deriva hacia el predominio en ella del mercado y de la propiedad privada. De regresar al predominio del mercado capitalista sobre nuestra sociedad, no se podrá esperar otra cosa como no sea la depauperación social, el deterioro del ecosistema y la pérdida de soberanía e independencia.

Ahí volvería indefectiblemente Cuba en los planos económico, social y finalmente político, si la sociedad a través del Estado revolucionario y de la participación social real no va solucionando paso a paso en función de mantener regulada la acción del mercado, las contradicciones entre la propiedad social y la privada, el mercado y la planificación, el interés individual y el interés social, el interés nacional y el del capital de las trasnacionales, contradicciones que pueden y deben convertirse en oportunidades para superar social y políticamente al mercado.

Obviamente, todas las políticas y acciones en general realizadas en esta dirección deben ser objeto del consenso de la sociedad, de ahí que sea tan importante la labor ideopolítica sistemática, capaz de resumir la inteligencia colectiva.

Si algo puede definir hoy a alguien en Cuba como revolucionario y como marxista, es la convicción de que se volverá a las condiciones del pasado si la ideología y la política no juegan su papel en la sociedad, en primer lugar orientando los cambios en el metabolismo socioeconómico.

Sobre el punto de partida actual

Primero despejar el tema desde lo económico:
La economía mixta como concepto estructural y dimensión jurídica reconoce la diversidad de intereses en la actividad económica y, por tanto, una desigualdad económica que se suma a desigualdad de rendimientos individuales. En condiciones de una economía mixta es natural reconocer determinados tipos, magnitudes y niveles de desigualdad social.

La necesidad de reconocer la relación mercantil, que parte de la realidad de la psicología y lógica del intercambio de equivalentes, radica en el reconocimiento primero de su capacidad para contribuir a ordenar y hacer funcionar el metabolismo socioeconómico de la sociedad y, a partir de su ordenamiento, la posibilidad de regularlo subordinando su funcionamiento al mandato de la sociedad.

La consideración de que es imposible regular al mercado, es el reconocimiento de la eternidad del sistema capitalista con sus nefastas y catastróficas consecuencias sobre los seres humanos y la naturaleza.

La consideración de que ello es posible es el fundamento del camino socialista.

Esa capacidad debe ser vista como un complejo de acciones combinadas: regulaciones jurídicas, económicas, organizativas, ideológicas, políticas, culturales, comunicacionales. No se trata solamente de una justa y proporcionada política impositiva sobre todo tipo de actividad económica, sino de la integración de acciones en una misma dirección: regular el mercado, con la fortaleza fundamental del predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios.

Pretender que puede alcanzarse la justicia social del socialismo desde la redistribución de lo que se recaude por impuestos procedentes de la actividad económica privada, y que por ello no hay que poner límites a esta propiedad, porque “si producen más habrá más para todos”, no solo es nuevamente un enfoque economicista, reducido, sino que supone que los fundamentos jurídicos y políticos del Estado socialista cubano no terminarán minados y finalmente destruidos, bajo el impulso del afán de lucro y la corrupción, tanto externos como internos.

Es una realidad que la crisis económica en Cuba no ha generado una crisis política, pero no es un cheque en blanco respaldado por un capital inagotable. Es preciso ubicar en perspectiva política los cambios económicos en curso. Ese pensamiento que postula: “resolver primero el tema económico y después ver lo político” contiene la ingenuidad de separar la economía de la política.

La única garantía de poder aspirar a mantener una orientación socialista de la economía radica en el predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y servicios, una legalidad que lo ampare y un Estado que la articule eficientemente, junto con una regulación colectiva de los trabajadores en cada unidad productiva o de servicios. Todo ello con el correlato ideológico de la actividad política y cultural que postule y promueva los valores humanistas del socialismo (4).

Quiero recalcar que digo expresamente “garantía de poder aspirar”, ya que se necesita una capacidad organizativa y una vigilancia política anclada en la participación popular, porque no basta que predomine la propiedad social. Si predomina la privada, no hay posibilidades, pero si predomina la social no es automático que funcionará como miel sobre hojuelas el metabolismo socioeconómico socialista de modo eficiente.

Todo un entramado de formas organizativas diversas, normas legales, control político, vigilancia popular, serán indispensables. Pero sobre todo, control popular.

Sin un anclaje popular en cada lugar donde se generan las riquezas, en el que cobre real sentido la importancia social de la actividad económica y también la actividad sindical y política, donde se aprenda en la práctica a dirigir y a responsabilizarse colectivamente con las decisiones que deben tomarse con estricta observancia de las leyes, la actividad económica terminará gestionada con un sentido puramente técnico, administrativo, de ordeno y mando, burocrático y todo el edificio social terminaría manejado por una superestructura que dejará de mirar “hacia abajo”, hacia la sociedad, que mirará solo “a los lados” y “hacia arriba”, generándose una tecnocracia y una burocracia, que se alejarán cada vez más de los trabajadores, de quienes crean las riquezas, sustrayéndoles el derecho a representar al colectivo laboral ante la sociedad y a la sociedad ante el colectivo laboral.

Lo anterior no niega, sino presupone las estructuras necesarias de dirección, las responsabilidades individuales, las diferenciaciones en la remuneración en función de esas responsabilidades, pero regulada por el colectivo laboral en los marcos establecidos por la ley.

En la coyuntura actual y futura de la sociedad cubana no podrá llevarse adelante ningún proyecto de desarrollo que responda a los intereses de la nación, si no se hace más eficiente el papel del Estado, si no se mantiene la cohesión de la ciudadanía alrededor del poder político del pueblo trabajador, y si no se transfiere poder hacia las bases de la sociedad, sin por ello perder vitalidad en su cohesión. 

Lo anterior es lo que significa efectivamente la descentralización del poder, el empoderamiento real de los trabajadores.

El socialismo implica desarrollar las fuerzas productivas desde la auto-organización de los trabajadores y desarrollar la auto-organización de los trabajadores desde el desarrollo de las fuerzas productivas, dentro del principio de proteger la naturaleza y los seres humanos. La legalidad socialista debe encontrar el modo de codificar esta relación.

Sobre las otras dimensiones de la igualdad social

La sociedad es más que economía. Parece algo obvio, sin embargo, no pocos pretenden resolver los problemas sociales buscando soluciones económicas y olvidando las restantes variables. Es un tema que hemos discutido en otros trabajos (5) .

Una de esas variables y forma de la igualdad social es la igualdad política de los cubanos. Ella es una de las dimensiones más efectivas que tiene el país, sin ser, ni mucho menos, lo mejor que puede y podrá hacerse. Esa igualdad política se asienta en última instancia en la igualdad económica que significa ser copropietarios colectivos de los medios fundamentales de producción y servicios y demás propiedades socializadas, pero en primer término es un fundamento jurídico político codificado por la ley, una expresión de la institucionalidad y ciudadanía cubanas, un derecho conquistado por la revolución socialista una ética consustancial al socialismo en Cuba.

La igualdad social es un concepto que incluye una serie de variables cuya influencia forma parte del bienestar, la satisfacción y la felicidad de los individuos, variables que rebasan la equidad. La igualdad social se refiere esencialmente a la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades, el trato correcto, igual y sin discriminación, por motivo de sexo, género, etnia, raza, posición social, los derechos de participación en las decisiones, la libertad de palabra, la libertad de asociación.

No creo necesario abundar en porqué todo ello es posible en condiciones de existencia de un único partido en la sociedad cubana. Baste señalar que la existencia de múltiples partidos para nada es garantía de una real libertad de expresión y de asociación, que es lo generalizado en las democracias representativas del capitalismo, en las cuales se alinean detrás de intereses corporativos las diferentes formas de asociación política generadas o cooptadas por esos intereses, que amordazan y secuestran la democracia, violentan las leyes y su cumplimiento, manipulan la información y los medios de comunicación, impiden la justicia social.

A la vez, el pluralismo político, ese que permite todas las opiniones políticas no depende de si hay uno o más partidos, sino de si hay o no pluralismo político en la sociedad, si se ampara legalmente, si la libertad de expresarlo tiene espacio en la sociedad. Si lo que se dice tiene real valor para las decisiones trascendentales en el país. De ahí el llamado de Raúl a conquistar toda la democracia posible.

Todo ello también deberá ser objeto de discusión en el proceso de reconstrucción del consenso, urgente e imprescindible dado el grado avanzado de las decisiones en curso en materia económica y por su importancia política en la sociedad cubana.

La desaparición del conflicto Este – Oeste que influyó en los procesos sociales en el mundo entero con magnitudes y formas diferentes, dio lugar a la aparición de una conflictividad política mucho más compleja y difícil, pero a la vez también nos ha obligado a entendernos mejor a nosotros mismos, pasar balance de logros y carencias, quedarnos con lo más auténtico de nuestra experiencia social y política, y a proyectar nuestros análisis de modo más ágil  y con una responsabilidad mayor, dada la conciencia que tenemos hoy de las realidades y del valor de los principios.

La “cuadratura del círculo”

De nada vale “descubrir” y afirmar que la desigualdad es inevitable en la actualidad y en el futuro. Hay que definir dónde y en cuáles magnitudes está hoy esa desigualdad, cuán justificable es no solo económicamente, sino también jurídica y éticamente. Tampoco tiene sentido o utilidad alguna afirmar que esa desigualdad hay que minimizarla, que no se puede perder la orientación socialista hacia la igualdad social, todos esos planteamientos no pasarían de ser simplemente “declarativos”, actos de fe, posiciones que muchos compartimos, pero que no ofrecen enfoques útiles para encontrar las salidas.

Es cierto que no es sencilla la solución, sino muy compleja. De cara a los problemas del presente y a la proyección futura es preciso establecer criterios básicos y el modo de asegurarlos junto con toda la proyección de desarrollo de la sociedad porque, incluso compartiendo declarativamente esos criterios, pueden practicarse políticas contrarias totalmente a ellos.

Por tal razón hay llevar el debate hasta su concreción en postulados básicos que no deberían ser en ningún caso trasgredidos, los que deben mantenerse anclados en la nueva constitución del país y en las leyes, como límites a la búsqueda de rentabilidad y producción “a cualquier costo”.

Obviamente, la definición de esos postulados básicos no puede ser obra de un grupo de iluminados, sino que tiene que ser algo discutido con toda la población del país en un debate amplio, en el que tengan cabida todas las opiniones sea cual fuere su argumentación, que fomente del desarrollo de una subjetividad enriquecida y que termine expresando fielmente aquello que goza del mayor consenso de la sociedad.

Tal debate debería estar hace rato manifestándose en nuestros medios de comunicación, pero al menos es posible comenzarlo ya y debe procurarse que tenga el tiempo necesario para que madure en la conciencia de la sociedad, esto es de los trabajadores, las amas de casa, los jubilados, los estudiantes, los militantes del partido y de la juventud, las mujeres, los jóvenes, los dirigentes administrativos y políticos, las instituciones económicas, políticas, jurídicas, sociales y culturales, en fin la sociedad en su conjunto. Un asunto de tal envergadura requiere que se le trate como tal.

Concretar el debate

Obviamente los temas a incluir dependerán de cómo se enfoque su planteamiento. A continuación me referiré a algunos que considero no deben faltar.
El predominio de la propiedad privada es el predominio del capital sobre el trabajo y el predominio del mercado sobre la sociedad. En consecuencia, lo primero y fundamental es el establecimiento de límites a la propiedad privada. 

Si ello no se define, si se deja al arbitrio de las decisiones posteriores, se corre el peligro del crecimiento y empoderamiento del mercado y sus leyes en lugar de su limitación y regulación (6) .

Algunas vías de distribución del producto social se deberán regir entonces por el concepto de equidad social, otras por el concepto de igualdad social y otras incluso por el concepto igualitario de la igualdad.

El debate debe reafirmar que la educación y la atención médica universal y gratuita y la seguridad social básica, deben formar parte de un área que debe conservarse en términos socialmente igualitarios.

Hay que incluir el enfoque de la política impositiva como un elemento universal inherente a toda actividad económica.

Naturalmente, hay que definir lo que debe entrar en el concepto de seguridad social básica (7).  La seguridad social básica se refiere no solo al pago de las jubilaciones, la protección de las personas con discapacidad, la protección de la maternidad, la protección laboral, los ancianos sin amparo filial, los grupos vulnerables, sino también a los subsidios que se consideren necesarios y posibles en el terreno del suministro de agua, de electricidad, de alimentos básicos, de las medicinas, etc. y a las formas de organizar y canalizar ese subsidio, donde el concepto de universalidad no significa  ni mucho menos uniformidad en las formas de realizarlo.

Hay que concretar el debate alrededor de los ejes fundamentales de la proyección socioeconómica de la sociedad cubana para los próximos años, en particular en lo referido a las políticas sociales.

Para terminar

El enfoque científico de la construcción socialista en la sociedad cubana no puede pretenderse acabado, ni completo. Justamente su carácter científico parte de reconocer su esencia inacabada e inexacta. De ahí también la necesidad de su sistemática reelaboración y junto con ella de la constante reconstrucción del consenso.

Los cambios que se producen y producirán en la sociedad como resultado de la política económica, del desarrollo del conocimiento, de las capacidades productivas, de la cultura, de las diferentes vías de comunicación, las transformaciones del entorno internacional, los desafíos que impone la naturaleza, y muchos otros factores influyentes, exigirán su expresión en la teoría, confirmando y extendiendo las prácticas positivas y desechando las negativas, siempre con la mirada puesta en alcanzar toda la justicia social posible.

El crecimiento económico que se espera con la ampliación de las relaciones mercantiles en la sociedad cubana debe ser en cada momento acompañado desde la ideología socialista y la política revolucionaria, para dejar atrás algo del capitalismo en cada paso hacia delante en materia de desarrollo económico y tecnológico, porque puede ocurrir que mañana el país produzca más, pero acabemos siendo menos humanistas, menos socialistas.

NOTAS:
  (1)   Ver: Darío L. Machado Rodríguez, “Firmeza de principios y cambio de mentalidad”, Periódico Granma, 19 de Marzo de 1994, p.3.
  (2) “Equidad”, según el “Diccionario del Español Moderno” de Martín Alonso, Editorial Aguilar, Madrid, 1982, p.434, significa en primera acepción: igualdad de ánimo, en segunda acepción: entereza, en tercera acepción: benignidad”, en cuarta acepción: justicia natural y en quinta y última acepción moderación en el precio de las cosas. Un diccionario de expresiones y términos jurídicos define la equidad así: “Es lo general dentro de lo especial. Se califica como fuente de derecho mediata. Se dice que es igualdad de ánimo; propensión a dejarse guiar o fallar por el sentimiento del deber o la conciencia…” Marzio Luis Pérez Echemendía y José Luis Arzola Fernández, “Expresiones y términos jurídicos”, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2009, pp. 141-142-
  (3) Quizá para muchos lectores lo que contiene este acápite sea innecesario por bien conocido. No obstante, y a riesgo de parecerles redundante, decidí incluirlo, sobre todo para quienes no tengan suficiente información y claridad acerca de cómo era la situación social anterior a 1959.
  (4) “El socialismo es la única alternativa de aprovechar el lado constructivo de las relaciones mercantiles en una fase de desarrollo de las fuerzas productivas en la que nos es posible asegurar a todo el mundo todas sus necesidades, ni la sociedad como un todo está subjetivamente preparada para ello, al reducir sus consecuencias sociales materiales y espirituales negativas, destructivas. Y tal relación es posible solamente si se tiene el dominio sobre la propiedad.” Ver Darío L. Machado Rodríguez, “¿Es posible construir el socialismo en Cuba?”, segunda edición, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2006, pp. 91-92. 
  (5) Ver: Darío Machado Rodríguez, “Economía…política, valga la redundancia”, Publicado en Rebelion el 2 de octubre de 2012.
  (6) “La necesidad de que el Estado no pretenda organizarlo ni administrarlo todo, la obligada tendencia a la descentralización no se puede confundir con la obligación de privatizar. Ese signo de igualdad tiene un sesgo ideológico signado por una suerte de condición de “varita mágica” que se sigue otorgando por algunos al carácter privado de la propiedad y con ello al individualismo y a la competencia capitalista. (Ver: Darío L. Machado Rodríguez, “¿Es posible construir el socialismo en Cuba?, Op. Cit. p.140.).
 (7) “En el socialismo, el criterio determinante para la distribución, fuera de la educación, la atención médica y la seguridad social básica, tiene que ser el aporte individual a la sociedad, es decir, la cantidad y calidad del trabajo que cada quien haga. De igual modo, la sociedad en su conjunto desarrollará sus capacidades y dispondrá de recursos y riquezas en dependencia de la capacidad y posibilidades de producción de sus integrantes.” (Ver: Darío L. Machado Rodríguez, “Firmeza de principios y cambio de mentalidad”, Periódico Granma, 19 de Marzo de 1994, p.3.).

*Licenciado en Ciencias Políticas. Diplomado en Teoría del proceso ideológico y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
Enviado por su autor para La Polilla Cubana. Imagen agregada RCBáez; montaje sobre fotos de archivo

sábado, 31 de mayo de 2014

¿Cuánto vale eso?

Por Darío Machado Rodríguez


Las medidas socioeconómicas que se están desarrollando en la sociedad cubana a partir de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución implican un espacio mucho mayor para las relaciones mercantiles como nunca antes en el más de medio siglo de experimento socialista en Cuba.

Se fundamentan en la necesidad de recuperar y fomentar en la conciencia de los cubanos el trabajo como un valor social a partir de la recuperación del valor del propio trabajo, cuya ponderación se basa en el intercambio de equivalentes entre personas y grupos diferentes, que ocupan distintas posiciones en la división social del trabajo.

La división social del trabajo representa entonces la estructura de las diferentes posiciones de las personas en el sistema de producción y reproducción de la vida, estructura que es relativamente independiente del movimiento en ella de quienes participan en los procesos de trabajo.

La división social del trabajo existente en la sociedad cubana actual, es ya radicalmente distinta de la heredada del capitalismo dependiente de la etapa prerrevolucionaria, tanto por sus contenidos como por sus formas, pero al igual que la anterior representa la estructura socioeconómica del aparato productivo de la sociedad y en el proceso de interacción de sus diferentes componentes prima también un acuerdo tácito, inercial, natural entre sus elementos referido a la aceptación práctica de las normas que rigen sus relaciones, ya que la interdependencia múltiple e integral de estos componentes es factor básico de la reproducción vital de la sociedad. Estas normas pueden estar codificadas o no, y su existencia no significa que de hecho serán cumplidas en cada circunstancia tal como exigen la ley y la moral.

Es algo elemental que el desarrollo ulterior de la división social del trabajo no hará sino reproducir y ampliar estas relaciones de interdependencia, de ahí que sea un factor esencial para el desarrollo socialista que esta ampliación mantenga el predominio decisivo de la propiedad social y el papel del plan y del control social en sus diversas vías y formas (estatal, popular participativo, mediático, político institucional, etc.) y la educación basada en los valores socialistas.

El propósito de lograr un socialismo próspero y sustentable, como sintetiza la consigna hoy generalizada, requiere promover a través de la práctica social y la educación una nueva ciudadanía capaz de valorar mejor el significado de las conquistas sociales, la importancia de cuidarlas y renovarlas y el imperativo de conservar los valores que representa la justicia social en el socialismo, de entender la importancia del aporte de cada quien a la sociedad, para que la sociedad pueda retribuirle la tranquilidad y seguridad que significan directa e indirectamente las políticas sociales del país.

La necesidad de un cambio de mentalidad hoy convertida en un reclamo generalizado no puede venir sino de la mano de cambios en la estructura y organización del sistema socioeconómico del país, pero es algo particularmente presente en la sociedad cubana desde los tiempos del proceso de rectificación de errores y tendencias negativas y luego revelada con mayor urgencia con los esfuerzos para superar el período especial.

En un trabajo publicado en el periódico Granma el 19 de marzo de 1994, titulado Firmeza de principios y cambio de mentalidad, se plantea: “Las medidas económicas que se requieren para el funcionamiento cabal de este principio (se refiere al principio socialista que reza: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”) reclaman a su vez un cambio de mentalidad. Su aplicación hace emerger desigualdades reales, ya que las capacidades, habilidades, inteligencia y laboriosidad de la gente son objetivamente diferentes, aun cuando existan oportunidades iguales para todos.”[i]
 
Se trata entonces de valorar mejor las conquistas sociales de la revolución, valorar mejor el patrimonio que tiene hoy en sus manos la sociedad, valorar mejor la importancia del trabajo, y naturalmente crecer económicamente en la medida en que ese crecimiento estructuralmente respaldado cubra las necesidades de la sociedad desde una perspectiva racional, saludable y responsable, que preserve el equilibrio ecosocial, o sea, “próspero y sustentable”..

Sobre el valor

Cuando un maestro de primaria va al mercado agropecuario y pregunta al vendedor “¿Cuánto vale eso?”, la persona que está detrás del mostrador no pregunta quién es, cuáles son sus ingresos, qué problemas tiene, qué importancia social tiene la labor que realiza, preguntas que de hecho tampoco hace el maestro de primaria al vendedor. En ese acto de compra – venta entre dos personas desiguales lo que media es el intercambio de equivalentes.

Pero habitualmente cuando preguntamos así “¿Cuánto vale?” no nos estamos refiriendo al “valor”, sino al precio, y este -que juega el papel de medida- no siempre es una representación que pueda asimilarse como justa para el valor real que tiene el objeto que es portador de esa relación.[ii]

El valor de algo y el precio de las cosas son conceptos y contenidos diferentes, solo que en el mercado, en el intercambio de equivalentes, el precio aceptado o no por aquél a quien corresponde pagarlo, es lo que en ese momento y en esa relación aparece como medida del valor y obviamente, a escala de la sociedad en su conjunto para ámbitos diferentes de la economía (y del comercio) o para toda la actividad económica y comercial en su conjunto, pueden encontrarse promedios.

El término valor es polisémico. Su comprensión depende del contexto en que se revela en un momento dado el fenómeno tangible o intangible que denomina, y dentro de ello, de los diferentes esquemas de apreciación que le otorgarán sentidos diferenciados a su significado, a su valor.

Ahora bien, cuando hablamos del valor de algo, ya sea tangible o intangible, aún dentro de un mismo concepto general, por ejemplo, el valor de una mercancía o el valor cultural de una obra plástica, hay que diferenciar el valor en sí como concepto de la intensidad con que ese valor concreto (en su expresión y sentido social) existe para personas diferentes.
Significa entonces que los objetos tangibles e intangibles tienen propiedades que aportan significados diferentes a diferentes personas y grupos humanos, pero solo en el medio social es donde único esas propiedades se convierten en valores. Suele afirmarse, por ejemplo, que el agua es indispensable para la vida, pero ¿cómo se pondera el valor del agua en una zona desértica y en otra donde esta es abundante?

La seguridad ciudadana que se ha mantenido en la sociedad cubana -un importantísimo valor social que es preciso preservar y afianzar evitando que la ampliación de las relaciones mercantiles en el país lo desafíe y debilite- constituye un elemento fundamental de la calidad de vida del cubano, un valor presente en su cotidianidad.

Si se trata de una mercancía, su valor de uso es tal no solo en virtud de sus propiedades generadas a partir del carácter concreto del trabajo, sino y fundamentalmente porque media prácticamente en las relaciones entre las personas. El valor de uso se realiza al servir para satisfacer necesidades humanas.[iii]

Hay valor porque hay subjetividad humana vinculada con los objetos tangibles e intangibles, pero en ambos está presente en su propia esencia la subjetividad, la conciencia, los valores, la orientación de las personas como componente inseparable de su existencia. Los propios objetos tangibles, tanto los que hay en la naturaleza como los generados culturalmente y en los que por tanto hay presentes valores incorporados, existen en un universo complejo en el que no pueden aislarse de la subjetividad, de los valores.[iv]

La actividad humana genera también valores intangibles que son subjetivos por su contenido, pero cobran existencia material en las acciones de las personas a partir de sus decisiones, asociadas naturalmente a sus intereses, estos últimos determinados por su práctica social, por su cultura.[v]

El valor del trabajo es diferente también en dependencia del contexto en el cual tiene significado. Un experimentado cirujano, un hábil pelotero o un inspirado músico que realizan su actividad con una calidad reconocida, más allá del valor cultural y humano de su desempeño, pueden obtener diferente retribución monetaria en diferentes contextos socioeconómicos, en dependencia de cómo se valora la cultura artística, el deporte y la salud en cada uno. Cómo aprecia su trabajo ese cirujano, ese pelotero o ese músico dependerá de su escala propia de valores, de lo que consideren importante, de cuáles son sus aspiraciones personales y cómo procuran satisfacerlas, pero compete a la sociedad en su conjunto cultivar valores solidarios y humanistas, misión en la que la ideología, la política, la organización, la juridicidad y la economía deben marchar en armónica articulación.

De lo anterior se desprende la relatividad del valor de los objetos tangibles e intangibles, en dependencia de los contextos y condiciones en que existen y se manifiestan y que la racionalidad que debe acompañar el desarrollo de una sociedad de orientación socialista no puede ser igual que la racionalidad capitalista, y que, por tanto, la ley del valor no puede dejarse librada a su propia dinámica.

La cultura socialista es imprescindible

La sociedad cubana de orientación socialista no puede girar sus conceptos sobre el significado del trabajo y de los bienes y servicios que éste produce para sintonizarlos con los prevalecientes en el mundo capitalista; y tal principio implica la acción política, organizativa, jurídica normativa, cultural, revolucionaria, la educación y la defensa de los valores solidarios del socialismo. Hay que trabajar de un modo socialista y vivir de un modo socialista.

Los fundamentos de la racionalidad económica del capitalismo tardío siguen siendo los mismos: la propiedad privada y la ganancia. Esa racionalidad que impulsó el desarrollo socioeconómico y científico tecnológico ha desembocado hoy en catastróficas consecuencias  para la naturaleza y el ser humano, no solo ha mantenido y consolidado la psicología del intercambio de equivalentes instaurada por las relaciones mercantiles y vigente hoy, sino que ha incrementado el afán de lucro, la desconfianza entre los seres humanos, la intolerancia, la desigualdad y la jerarquización social en dependencia del poder económico.

El sistema capaz de superar esa racionalidad del capitalismo no puede evitar la psicología del intercambio de equivalentes por lo que no puede hacer sino procurar conciliar la persistencia de esa psicología con la acción consciente para evitar que se imponga la lógica general capitalista. En efecto, las acciones políticas, jurídicas, económicas y organizativas del sujeto de la transformación socialista de la sociedad pueden controlar la amplitud de la propiedad privada, poner límites a las ganancias, alcanzar altos niveles de igualdad social, pero no pueden en el corto plazo eliminar la psicología del intercambio de equivalentes, ni pueden lograr sus objetivos sin educación, sin la ideología revolucionaria. Lo prueba el hecho de que esa psicología no ha podido ser superada luego de más de medio siglo de transformaciones socialistas, como demuestra también la relativa rapidez con la que han surgido y siguen surgiendo los pequeños emprendimientos privados y las cooperativas y asociaciones que ahora permite la ley en correspondencia con los Lineamientos.

A la racionalidad económica sembrada en la humanidad por el capitalismo hay que enfrentarla con una racionalidad social, humanista y ecológica orientada por la ideología de la transformación revolucionaria de la sociedad cubana, cuyo concepto del valor del trabajo y del producto del trabajo humano se fundamenta en su papel para el bienestar y la felicidad de las personas, aun reconociendo que en ese proceso jugará un papel fundamental por mucho tiempo el intercambio de equivalentes.

Las relaciones mercantiles generan y reproducen inevitablemente los sujetos que les resultan funcionales, o sea, con las propiedades y características que su accionar necesita.
En el marco de las relaciones mercantiles capitalistas, el valor de uso interesa solamente en la medida en que este permite acumular más valor en forma de ganancias. La contabilidad y el dinero se convierten aquí en instrumentos de una finalidad en sí misma: incrementar el patrimonio individual; de ahí el individualismo, la discriminación, el egoísmo, el afán de lucro, la promoción ilimitada e irresponsable del consumo y otras nefastas consecuencias sociales y ecológicas.

Las relaciones mercantiles en una sociedad de orientación socialista deben funcionar a la inversa, la contabilidad y el dinero deben ser instrumentos para una más justa distribución del producto social y para generar valores de uso para satisfacer necesidades de los seres humanos a través de un consumo que debe ser saludable, responsable y racional.
Para no caer presa de la fuerza centrípeta del mercado y de sus patrones consumistas es imprescindible la educación en una vida sana, culta, humanista y solidaria que contrarreste el encantamiento perverso del modo de vida que promociona el capitalismo tardío. No se trata, naturalmente, de un rechazo a los adelantos científicos y tecnológicos que ha logrado y logra el intelecto humano, sino de no asumir sus productos mercantiles de modo acrítico, sino teniendo en cuenta su impacto en la salud humana, en la sociedad y en la naturaleza.
El desarrollo tecnológico es un elemento principal de la vida humana moderna, es una realidad insoslayable y determinante, pero eso en modo alguno significa una fe ciega en las tecnologías como panacea para todos los males, como fin en sí misma, como un demiurgo ante el cual el ser humano, que es su creador, está condenado a quedar sin defensa, sin capacidad de control.

Los mayores avances científicos y tecnológicos los tienen los países del llamado primer mundo que amasaron sus fortunas a costa de la miseria del resto del planeta y muchas veces se objeta que para alcanzar el desarrollo y la excelencia tecnológica no hay otro modo que caer en la órbita de las transnacionales, pero si bien esta es una realidad del mundo de hoy, ello no significa que no haya poder de negociación con el capital transnacional, siempre y cuando haya en la sociedad cubana, y en otras, la capacidad política para asegurar la unidad de la ciudadanía en torno a los intereses mayoritarios, es decir, mientras se preserve y fortalezca el poder del pueblo.

El crecimiento de los pequeños emprendimientos privados, de las cooperativas y asociaciones, tiene lugar en un entorno en el que persiste la protección de toda la ciudadanía por las prestaciones sociales universales en materia de educación, atención médica y hospitalaria y seguridad social, y por las diferentes formas de subsidio que persisten en el país (por ejemplo en las viviendas, la energía eléctrica, la distribución normada de alimentos, el pago de los círculos infantiles, etc.).

En el contexto de la lógica socialista, los sujetos, los emprendimientos privados, las cooperativas, las asociaciones, que generan ingresos diferenciados en condiciones de la acción de la ley del valor y cuyos integrantes reciben los beneficios universales de la solidaridad socialista institucionalizada deben tener límites razonables a su crecimiento y en esa condición formar parte del plan de toda la sociedad, en el que la columna vertebral debe seguir siendo el predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios, su actividad planificada y formas socialistas de distribución del producto social.

La necesidad del plan capaz de imponer una racionalidad social y no simplemente económica, exige a la vez a la planificación un nivel de flexibilidad que nunca se ha logrado eficientemente en los países que han emprendido el experimento del socialismo, y que cuando han intentado su flexibilización han caído a la larga dentro de la fuerza centrípeta del mercado capitalista mundial. Ahí radica uno de los mayores desafíos para la política, la ideología revolucionaria y la educación ciudadana.

El plan en consecuencia no debe verse como algo “técnico”, como un asunto de “especialistas”. Sin negar que el plan necesite de esos técnicos y especialistas, la planificación tiene un lado cultural que compete a toda la sociedad, a los colectivos laborales, a las comunidades, a los diversos nodos organizativos de la división social del trabajo y sus objetivos deben ser, primero que todo, sociales. Sin esa participación real de los trabajadores, sin ese poder  y responsabilidad reales no podrán prosperar y consolidarse las convicciones socialistas, escudo y espada de la defensa de la justicia social del socialismo.
Por ello no es posible avanzar en dirección al socialismo, o lo que es lo mismo, dejar atrás en cada nuevo paso algo del capitalismo, si no se apela a la educación desde los fundamentos ideológicos y políticos del cambio revolucionario de la sociedad, para entender que ese intercambio de equivalentes no es absoluto y que la sociedad misma que lo reconoce está llamada también a imponer fórmulas consensuadas de redistribución del producto social que vayan gradualmente compensando las desigualdades en los ingresos, proceso que el sujeto de la transformación revolucionaria está llamado a sintetizar, explicar y explicarse sistemáticamente, en cada momento.

Si no se actúa con una nueva racionalidad, podremos el año entrante y los siguientes avanzar económicamente, pero ser menos socialistas, menos solidarios.

La desconfianza, la discriminación, el individualismo, el afán de lucro que vienen de la mano del mercado necesitan de la educación cívica de la ciudadanía, de construir una ciudadanía responsable con valores humanos que consideren el significado de la existencia humana de modo radicalmente diferente a como la ha deformado el capitalismo, que tenga conciencia de la importancia de su aporte a la sociedad en la cual vive y el imperativo de ser como diría el poeta: “…un poco menos egoísta”.
…………
Notas.

[i] Ver Darío L. Machado Rodríguez, “Firmeza de principios y cambio de mentalidad”, Periódico Granma, 19 de Marzo de 1994, p.4. En este mismo trabajo se plantea más adelante: “Todos no podemos recibir lo mismo tanto porque no habría cómo hacerlo, como porque si lo pretendiéramos ello conduciría al inmovilismo y a la ineficiencia… Debemos fijar en nuestras conciencias que las circunstancias han cambiado radicalmente y que el modo en que debemos continuar los objetivos socialistas y comunistas deben adaptarse a la nueva situación.”
[ii]El mercado, la práctica de las relaciones mercantiles a lo largo de siglos ha ido asimilando ambos términos al punto que en el uso habitual valor y precio se emplean como sinónimos. Cuando alguien dice “Eso es algo no tiene precio” está asimilando el concepto de valor al de precio; cuando se dice que una mujer es preciosa se alude a un valor estético; la primera de una larga lista de acepciones del término “valor” que da un prestigioso diccionario de la lengua castellana es “Grado de utilidad o estimación de las cosas, en cuya virtud se da por poseerlas un precio”; tal es el grado de sedimentación social de la igualación precio-valor. (Ver Martín Alonso, Diccionario del Español Moderno, Editorial Aguilar S.A., Madrid, 1982, p. 1038).
[iii]Sin embargo, un objeto puede tener un escaso valor mercantil, pero significar para alguien un importante valor sentimental, relación en la cual ese objeto es apenas su medio tangible y esa particularidad hacer que esa persona esté dispuesta a realizar un cambio nada equivalente en términos mercantiles.
[iv] Una montaña es un objeto tangible en el paisaje, cuya existencia no se debe a la existencia de la sociedad humana, pero la montaña no es solo un objeto material con propiedades, es también un accidente geográfico, un valor patrimonial, un valor estético, un valor ambiental, etc.
[v] Un litro de leche es un objeto con determinado valor de uso y valor. En Cuba se asegura a cada niño hasta los 7 años un litro diario cuyo valor mercantil es muy superior al que representa el precio de venta al por menor a la familia cubana, precio que es prácticamente simbólico. Constituye, sin embargo, un importante valor social, moral y material incomparablemente superior a su valor mercantil, tanto por su significado fisiológico para la salud y el crecimiento corporal y desarrollo mental del infante, como por la carga de justicia social que entraña como medida universal de protección a la niñez sin distinción alguna, y se sustenta en la cultura solidaria de la sociedad cubana que ha desligado por décadas de las reglas del mercado ese producto considerando su valor social por encima de su valor económico. Tal relación constituye hoy un valor cultural de la sociedad cubana, expresado en el consenso casi universal que respalda esa prestación.

* Licenciado en Ciencias Políticas, Diplomado en teoría del proceso ideológico, Doctor en ciencias filosóficas, investigador y profesor titular, preside la cátedra de periodismo de investigación y es vicepresidente de la cátedra de comunicación y sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
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