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domingo, 31 de enero de 2016

Precios: No bastan los buenos deseos

Por István Ojeda Bello
 
¿Es posible intervenir por decreto los precios en el mercado? La tentadora idea vende muy bien en las encuestas de opinión pero en el pasado reciente, digamos las últimas dos décadas, desde el Gobierno no se ha tenido éxito diciéndoles a los vendedores particulares cuánto cobrar por sus mercaderías o servicios. 

Siempre que se plantea la cuestión de cómo “topar” de alguna manera dichas cotizaciones renace la opción de desandar, por enésima vez, la ruta de establecerles cotas fijas aunque en el fondo se sepa que esos límites muy pronto volverán a ser violados. Ni todos los llamamientos a incrementar la producción conseguirán bajarlas mientras no vayan acompañadas de acciones que incidan sobre las condiciones objetivas que las empujan hacia arriba.

Entre los cuentapropistas hay, es cierto, una cantidad determinada de “pillos” que reproducen las prácticas mencionadas motivados por la codicia, pero eso no puede impedirnos preguntarnos cuanto les cuesta realmente mantener en pie sus respectivas actividades. ¿Hasta dónde reproducen los márgenes de 200 y 300 por ciento entre los costos y la cotización al consumidor que tiene el Estado en parte de su red minorista? ¿Sabemos dónde termina los suministros “por la izquierda” que hacen injustificable cobrar caro lo que costó nada o muy poco y dónde empieza la carestía originada por los insumos adquiridos en una red minorista en pesos convertibles que no fue concebida para ellos?

Todo sea dicho: Tampoco la carencia de un mercado mayorista que baje los costos de los cuentapropistas se debe, absolutamente, al deseo manifiesto del Gobierno Revolucionario de no crearlo. Descontando las fallas burocráticas que estaría teniendo ese propósito hay otro factor objetivo que lo impide: la existencia de como mínimo dos tazas cambiarias de moneda en el país. Mientras ese escollo no desaparezca por muchas ganas que tengan los empresarios estatales de ofertar al por mayor sus mercaderías o servicios al sector privado siempre tendrán a sus contadores preguntándoles “¿Bueno como le calculamos el precio? ¿Sobre la base del cambio de 1 por 1 o a la de 1 por 25?”

En medio de un contexto en el cual el sector privado y cooperativo tiene un peso importante por ejemplo en la producción de alimentos, el Estado está apostado en los últimos cinco años por una variante más inteligente: incidir de indirectamente sobre los mecanismos de conformación de los precios, como la reducción de los impuestos o fortalecer la deprimida infraestructura del sistema estatal de la agricultura.

Esa estrategia no sería una concesión al capitalismo sino aprovechar las ventajas propias y ponerlas en función de traer equilibrio donde no lo hay. La voluntad está constreñida por las realidades y la historia económica de la Revolución Cubana es la mejor expresión de esa lección. Tratar de imponer precios “a dedo” a los cuentapropistas, solo oxigenaría al mercado negro y la corrupción que lo rodea. Si la exhortación y las reuniones no van de la mano del examen de las múltiples variables económicas que propician el desvío de recursos y que influyen a la hora de establecer un precio, todo quedará en los buenos deseos.
 

martes, 26 de enero de 2016

Precios en el Agromercado: Qué dicen los campesinos

Por José Raúl Concepción Llanes, Oscar Figueredo Reinaldo, Rafael Arzuaga
 
Agromercado de Tulipán y Panorama, administrado por la CCS Antero Regalado.Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.
Agromercado de Tulipán y Panorama, administrado por la CCS Antero Regalado.Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.
Hay que agarrarse el bolsillo hoy en Cuba si de procurar alimentos en los agromercados se trata. Los elevadísimos precios de la mayoría de los productos que se expenden irritan a casi todos los consumidores y suscitan dispares cuestionamientos hasta el punto de abrir muchas interrogantes. ¿Cuánto durará ese despropósito? ¿Cuál será el límite del desequilibrio entre los costos y el poder adquisitivo medio en el país? He aquí solo dos de las preguntas que este enero atizaron el debate al respecto, a propósito por un lado del desabastecimiento en la mayoría de los locales de venta, y también, del encarecimiento de los escasos productos disponibles, como fueron los casos del tomate y la malanga, por ejemplo.
Si bien algunas producciones crecieron en el año 2015 -descargue PDF (207 Kb)-, no tuvieron reflejo real en el costo para la población, un indicador que lejos de disminuir, aumenta peligrosamente.
El crecimiento logrado, sin embargo, no satisfizo en casi ninguna estación del año; porque ni se tradujo en aumento de las cantidades, variedades y calidades de hortalizas y viandas disponibles en los tipos de gestión de venta (mercado estatal, mercado de oferta y demanda, arrendados a cooperativas, cuentapropistas y el mercado EJT), ni logró la disminución de los precios.
Y esta disyuntiva puede llevar a pensar que la raíz del fenómeno está precisamente donde se siembran, atienden y cosechan los alimentos, un parecer que no comparten los asociados a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antero Regalado, de Güira de Melena, en la provincia Artemisa, según constató recientemente Cubadebate.
Desde 2013, con el objetivo de disminuir intermediarios y bajar los precios de los productos agrícolas, comenzó un nuevo sistema de comercialización directa desde las provincias Artemisa y Mayabeque hacia La Habana. Ello posibilitaría transformar la comercialización de forma tal que se eliminarían mecanismos para volverla más dinámica, eficiente y flexible.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez/ Cubadebate
 “Al principio quizás, pero hace buen rato que no es así. Acerca de esto mismo que sucedió en La Habana a principios de año, no creo que se haya aprovechado lo que se dijo en la Asamblea Nacional para aguantar la producción en el campo y que los precios aumenten. Me parece que es una buena medida topar los precios en La Habana porque ¿hasta dónde va a llegar el costo de los productos? Hoy es imposible para el pueblo, un jubilado por ejemplo, comprar una libra de malanga en 12 pesos o el tomate a 25. Creo que la causa del problema no está en el campo. Aquí lo que se siembra, lo cosechas o lo pierdes; y todo lo que se ha podido cosechar se ha sacado del campo”, expresó Abelardo Álvarez Silva, presidente de la CCS.
También para el usufructuario Horacio Báez González, la situación en la primera quincena de 2016 es consecuencia de las deficiencias de ese sistema de comercialización.
“Pienso que pasó porque pararon las camionetas particulares, pues esa es una de las principales vías para transportar las mercancías a La Habana, ya que acopio no está resolviendo el problema que hay. Hoy se contrata tan poco que no satisface las necesidades de la población. A nosotros, por ejemplo, nos contratan solamente un 30 por ciento de lo que producimos; el otro 70 tenemos que buscar medios para salir de él; en este caso pueden ser las famosas camionetas, que son las que generan luego el precio alto, porque le vendo por ejemplo el tomate a 100 pesos el quintal —le gano unos 20 ó 30 pesos— y sin embargo cuando llega al tarimero, este le vuelve a subir el precio y de esta manera gana el que ni toca la tierra”, precisó.
Sembradío de cultivos varios. Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.
Sembradío de cultivos varios. Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.

¿Acopiar o no acopiar?

Según José Puente Nápoles en su libro La comercialización de los Productos Agropecuarios, “el acopio estatal aunque ha sufrido y pasado por distintas fases y modalidades organizativas a los largo de estos años ha contado con transporte propio y especializado, almacenes, plantas de beneficio, fábricas de envases y mercados… No obstante como desventajas o insuficiencias que ha tenido… están: deficiencias organizativas y otras que le han impedido recoger la producción en el momento requerido y grandes pérdidas por mermas y desvíos de productos…”.
La mayoría de los campesinos aboga por que Acopio vuelva a desempeñar un rol importante en el comercio de las producciones, aunque sin los vicios y deformaciones que caracterizaron esa actividad antes de 2013.
“Queremos modificar el actual sistema de comercialización y volver a establecer uno que supere las dificultades que presentaba este mecanismo. Entre las principales insuficiencias del anterior sistema era que había muchos cultivos que no se acopiaban y por ello muchas hortalizas menores (rábanos, habichuelas, quimbombó) se dejaron de sembrar porque el Estado no las contrataba. Además, en momentos picos de la cosecha esa empresa se convertía en un cementerio de productos, sobre todo en Güira”, declaró Álvarez Silva.
El presidente de la CCS y otros asociados concordaron en que “existían condiciones de impago, pues era tanto lo que el campesino le vendía a la Empresa de Cultivos Varios que había demoras de hasta tres y cuatro meses”.
Además, “tampoco había una claridad con el tema del embalaje y el pesaje ni con la calidad de los productos a la hora del pago. En la mayoría de los casos los productos nuestros entraban con segunda-tercera calidad a los puntos de venta”.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
 Para Yamila Sarduy Martínez, presidenta de la filial provincial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeño (ANAP), luego del reajuste del sistema de mercadeo, ha habido aspectos “positivos y negativos”.
“En mi opinión —dice—, más positivos que negativos. Por ejemplo es un paso de avance que las cooperativas pueden tributar de manera directa en los agromercados de La Habana. En la actualidad administramos más de 60 en la capital, que nos ha posibilitado que las producciones no se pierdan en el campo y que se comercialice a precios asequibles en este tipo de mercados.
“Como aspecto negativo está que aquellas cooperativas que compran productos en el Trigal (mercado mayorista), los costos de los productos se encarecen y afecta sobre todo a la población que es el destinatario final. Para este año 2016 se están creado todas las condiciones para que funcione nuevamente Acopio y de abastecer de mejor manera los Mercados Agropecuarios Estatales”.

Si de precios se trata…

Con el objetivo de aplicar un único procedimiento para la formación de los precios de los insumos sin subsidios y en correspondencia con el mercado internacional así como establecer el precio único para todos los destinos, en el año 2015 se estableció nuevas tarifas para estimular la producción agropecuaria.
A través de la Resolución No. 236/2015, el MFP fijó los precios minoristas de los insumos, equipos e implementos agrícolas para todas las producciones agropecuarias del país que se venden por las empresas comercializadoras del sistema de la agricultura no cañera, así como los impuestos que se pagarán.
“De manera general creo que los precios son buenos, lo que sí está mal es las calidades que estableció Acopio. Ese librito por el cual ellos se rigen a la hora de establecer la calidad del producto no está acorde con los momentos que se están viviendo y la necesidad que tiene el pueblo de tener comida. Pero los precios en general están buenos, claro que estimulan las producciones”, así opina Antonio Hernández Morera, dueño de la Finca Las Ninfas.
Con la formación de los nuevos precios se vieron estimuladas producciones como el tomate, el café, el arroz, la leche y la carne de cerdo.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Según declararon especialistas del Ministerio de la Agricultura en la Mesa Redonda, los impactos más significativos en los precios de los insumos fueron:
- Se redujo entre un 30 y un 60% los precios de los que se habían aprobado sin subsidio.
- Se eliminó el subsidio del presupuesto a la venta de insumos.
- Se incrementó el precio del combustible hasta 3 pesos.
- La relación entre la disminución del precio de los insumos y el incremento del precio del combustible es favorable a la disminución de los precios.
- Aceptación general en los intercambios que en todo el país se hicieron con los productores, aunque requirió de explicaciones adicionales en el caso del precio de la leche por su vinculación con la calidad.
Entonces se impone la aclaración de que los precios de ventas hasta ahora descritos solo se aplican cuando las contrataciones ocurren con Acopio.
“Generalmente los alimentos no salen tan caros del campo. Los precios que se ponen aquí no tienen nada que ver con los de la ciudad. Por ejemplo, la malanga es 3.10 pesos o 3.20, y allá en La Habana se vende hasta en 18. Eso es algo absurdo, abusivo. ¿Cómo si usted produce aquí con un precio va a llegar al consumidor con otro tan alto? Con esos mecanismos que le suben los precios a los productos los campesinos no tenemos nada que ver”, asegura el pequeño agricultor Horacio Báez González.
El presidente de la CCS Antero Regalado considera que “los precios a los que se comercializa hoy en La Habana se deben porque todavía hay demasiados intermediarios en la cadena de distribución. Hoy el producto sale a un precio del campesino y cuando llega a La Habana tienen cinco, seis y hasta diez veces el valor con el que salió del campo”.
Abelardo tiene el criterio de que “nosotros siempre hemos mantenido bien bajos los precios de los productos y en consonancia con el costo de producción de los alimentos de manera general”.
“Sin embargo, no es secreto para nadie que en La Habana se le aumenta de manera descabellada el precio, por los intermediarios que hay, repito, y también por la inseguridad de los medios estatales que atienden la comercialización; aunque también por la irresponsabilidad de algunos campesinos que no cumplen con su plan de producción y de ventas y tratan entonces de vender sus cosechas por otros destinos”, aseveró.
Otro grupo de campesinos cree que se podía prever que los precios estarían altos para estas fechas porque el clima “no estuvo de nuestro lado”, pues en septiembre y octubre no se pudieron cultivar algunas hortalizas que debían cosecharse a finales de año y entonces fue mucho mayor la demanda que la oferta.
“Ahí es donde se aprovechan los inescrupulosos”, pero incluso así “es injusto y criminal cómo han subido los precios”, aseveraron.
Álvarez Silva cree que “las lluvias de diciembre y ahora en enero, cuando en casi una semana no ha escampado, ha retrasado las cosechas, las que se puedan salvar, claro, porque se han perdido productos como el tomate, el ajo, el frijol o la cebolla”.
Agricultura, Cuba.  Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Agricultura, Cuba. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.

Insumos: Cuando la cuenta no da

Si bien es cierto que en la actualidad los precios de los insumos que necesita el campesino son menores que un año atrás, la calidad de los mismos no posibilita mayores rendimientos. Los productores afirman que tampoco se garantizan a tiempo, ni en las cantidades necesarias.
“Los insumos no llegan a nosotros al ciento por ciento, algunos llegan al 10 por ciento, otros al 30 por ciento, y necesitamos que todos los recursos lleguen a nuestras manos y con la calidad requerida para lograr la superproducción que se pide. Vemos que por otras vías se resuelven. Sabemos que llegan al país, pero los campesinos no lo recibimos como es debido, y si lo recibiéramos, la producción se duplicaría; porque, le digo una cosa, el campesino sí trabaja para asumir los compromisos, y para mantener su familia de manera honrada, sin afán lucrativo, pero necesita lo debido. Si eso sucediera, los sobrecumplimientos estuvieran al máximo”, expresa Idarmi Ponce Musivae, copropietaria de la Finca Las Delicias.
Grosso modo, ese mismo criterio tienen Julián González Rodríguez, dueño de la Finca San Francisco y Antonio Hernández Morera, propietario de la Finca Las Ninfas.
“Recibimos lo que se llama paquete tecnológico, que es de cuando el país estaba en el Período Especial de verdad. Abono, petróleo, pesticida…, pero eso no es lo necesario para que el campesino produzca más de lo que produce. Hay veces que los productos están, pero llegan por medio de revendedores, no por el canal que deben venir. Es una deficiencia que el Estado debe tomar medidas con eso”, argumenta González Rodríguez.
Y Hernández Morera supone que “cuando los insumos no están a veces en tiempo o están incompletos, que no alcanzan para el ciclo de vida de cualquier producto, debe ser por causas ajenas a la voluntad de las personas responsables de hacerlas llegar…, por cuestiones puntuales, transporte, o quizás un cheque que no está a tiempo para pagar…”.
Sin embargo, abunda, “aunque llegue a tiempo ese recurso tampoco es el que necesitamos. Estamos convencidos que el Estado destina importantes recursos para la agricultura y que llegan al país, pero por se van por otras vías, no nos llegan directamente. Aquí nadie tiene fábrica de veneno, ni tiene pozo de petróleo, ni fábrica de abono tampoco, ¿verdad? ¿Y entonces?”
Precisa la presidenta de la ANAP que “hasta la fecha, por ejemplo, los insumos productivos no llegaron en la fecha establecida, ni tampoco ha llegado el 100 por ciento de la cantidad que se contrató. Gelma tiene responsabilidad en eso, pero esta entidad también depende de lo que pueda adquirir el país. Además de eso tenemos problemas de envases, sobre todo en los picos de cosecha como el tomate y la guayaba”.
GELMA, organización empresarial aprobada en el mes de noviembre del año 2013 como comercializadora mayorista de insumos, equipamientos y prestación de servicios técnicos especializados para el sector agropecuario del país, debe favorecer la ejecución del plan de compras del organismo, desde y hasta las formas productivas para asegurar los procesos de producción planificados.
El objetivo es acercarla a las unidades productoras eliminando los intermediarios y pasando de la asignación administrativa a métodos económicos y contractuales.
Agromercado en Tulipán y Panorama administrado por la CCS Antero Regalado de Güira de Melena.
Agromercado en Tulipán y Panorama administrado por la CCS Antero Regalado de Güira de Melena. Foto: Jose Raúl Concepción / Cubadebate.

Cerrando el ciclo: ¿A dónde van los productos?

Como parte de la experiencia de mercadeo puesta en práctica entre La Habana, Artemisa y Mayabeque, comenzó a funcionar el 18 de diciembre el mercado El Trigal, primer mercado mayorista de abasto de productos agropecuarios del país, al cual pueden acudir personas naturales y jurídicas y en el que el productor puede comprar y vender.
Igualmente se posibilitó vincular directamente a las unidades productoras agropecuarias con el abastecimiento a los mercados, para que participen en mayor medida del precio minorista.
“Eso es lo ideal, que el campesino pueda vender sus productos directos al consumidor, pero sabemos que no puede hacerse en todos los lugares. Nosotros tenemos dos agros en La Habana, en los cuales ofertamos 15 ó 20 productos a precios asequibles. Cuando el tomate se vende hasta en 25 pesos, en nuestro mercado se mantiene a 6. El boniato el año entero se mantiene a peso, mientras que en otras unidades de comercializa a 3.50 la libra, y no solo en La Habana, aquí en el mismo municipio se vendió de esa manera.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
“Vendemos en Tulipán y Panorama y también en 50 y 51 en Marianao, aunque todavía no son los precios que queremos. Hay productos que salimos a buscarlos en otras unidades productivas y a esos se les incrementa el precio porque ya no dependen de nosotros. Pero en esta cooperativa se discuten todos los meses los precios de los productos a vender en el mercado, y estamos dispuestos a hacer lo necesario para satisfacer al pueblo”, asegura Abelardo Álvarez Silva, Presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicio (CCS) Antero Regalado.
En cuanto a la experiencia de la venta y compra en el Trigal comentó:
“El Trigal fue una entidad creada con un objetivo muy positivo de concentrar todas las producciones provenientes de Artemisa y Mayabeque para que luego fueran distribuidas en La Habana. Pero realmente la cooperativa mía no tiene nada que hacer en el Trigal, ni lo tuvo cuando empezó, ni lo tiene ahora. Ese establecimiento dejó de ser hace un tiempo para lo que fue creado y se ha convertido en un antro de perdición en todos los aspectos. Los precios son abusivos, es por hoy un negocio de muchos cuentapropistas para enriquecerse y donde se desvían las producciones para otros destinos que no son los recomendables”, señala Álvarez Silva.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.
Infografía: Luis Amigo Vázquez.

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viernes, 22 de enero de 2016

Boteros de La Habana, ¿un mal necesario?

Por José Raúl Concepción Llanes*


Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
En algunos recorridos, los taxis de La Habana han aumentado los precios, creando descontento en la población. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Todos los critican, pero sin ellos es casi imposible moverse rápido por la capital. El servicio que ofrecen es pésimo, sin embargo no tienen competencia. Son los reyes de la transportación ligera. Aumentan los precios sin justificaciones aparentes. Los boteros también tienen sus quejas, pero quien paga por ellas es el pueblo, siempre último eslabón de la cadena.
Todo extranjero que llega a Cuba se impresiona con el sistema de trabajo y el aspecto de los taxis en la Isla. No van donde les pides, al contrario, tienen rutas preestablecidas, como un ómnibus. Son un auténtico museo rodante. Llamativo para los turistas, en ocasiones molesto para los nativos.
Algunos se conservan impecables. Otros son incómodos, calurosos y apestan a combustible. De origen estadounidense la mayoría, mantienen la carrocería original por fuera, pero las más diversas nacionalidades por dentro. Los mecánicos cubanos han creado el Chevyshi o el Fordyota, funcionales Frankenstein de la automovilística que forman parte de la identidad de la ciudad.
Pero los boteros empiezan a competir con los agromercados en cuestión de subida de precios. Respaldados por la ley de oferta y demanda piden 20 pesos donde antes se pagaba 10 o sólo te montan si tu camino es corto.
“Antes iba desde 19 y 70 (municipio Playa) hasta el Coppelia por 10 pesos, pero desde hace un tiempo me dicen que no llegan hasta allí (no es cierto) o me piden 20 pesos”, dice Yaimara Castellanos, vecina del reparto Buena Vista. Testimonios como este los brindan personas de casi toda La Habana.
Sucede de manera similar en recorridos como San Miguel del Padrón – Parque del Curita; Boyeros – Habana Vieja; Víbora – Vedado; La Palma – Habana Vieja; La Lisa – Capitolio; Mariano – Parque de La Fraternidad, etc.
Los boteros son indispensables, he ahí una de las razones que les permite obrar de esta manera: “el transporte público es demasiado insuficiente como para lograr que disminuya la demanda de los almendrones. Para ellos existe un horario muerto – entre las diez de la mañana y las dos de la tarde – pero el resto del tiempo son muy solicitados”, explica Maribel Poulot, directora de la Unidad de Trámites de la Dirección General de Transporte.
Simplemente no tienen competencia. Los taxistas, almendroneros, transportistas no estatales, choferes cuentapropistas, boteros – llámele como desee – son los únicos con los que se puede contar para trasladarse medianamente rápido en La Habana. O casi los únicos…
También están los taxis de las agencias estatales, tan caros que sus precios son desconocidos, casi nadie se molesta en preguntarles. Igualmente son piezas de un museo, no por exóticos, sino porque “se miran, pero no se tocan”.
Además están las cooperativas de los ruteros, que en algunos recorridos son pequeñas y cómodas Yutong, en otros enormes y cálidas Transmetros. Cualesquiera, cobran cinco pesos sea un viaje largo o corto. No obstante, “los ruteros no dan abasto, no satisfacen la suficiente demanda como para garantizar que los boteros bajen sus precios”, comenta Poulot.
Entonces, con un transporte público ineficiente y sin más alternativas, quien no dispone de un automóvil y está apurado o enfermo o simplemente quiere ir un poco más cómodo que en los ómnibus, debe pararse en una arteria principal, hacer el gesto correspondiente a su recorrido y pagar lo que pida el chofer. No queda de otra.

¿Cuáles son las razones de los taxistas para subir sus precios?

Ni los taxis ruteros ni mucho menos los arrendados por agencias estatales hacen que la demanda de los boteros disminuya.  Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Ni los taxis ruteros (izq) ni los arrendados por agencias estatales (der.) hacen que la demanda de los boteros disminuya. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
El tema es más complejo de lo que parece. Se les podría describir a todos según el estereotipo del hombre vulgar y codicioso. Aunque la realidad es más diversa. “Muchos de los choferes pertenecen a un sector social con poca educación y no están controlados por sus jefes, así que nadie les exige cómo tratar a los pasajeros, andan en su propio mundo”, dice Orestes González dueño de un Buick de 1951.
“Existen boteros irrespetuosos, pero también educados, hay de todo”, opina por su parte Benito Pérez, propietario de un Chevrolet de 1952, quien agrega: “Este negocio no alcanza para hacerse rico. Gana mucho dinero quien es dueño de varios carros y tiene muchos choferes trabajando para él. Pero el botero normal obtiene lo suficiente para gastar en los productos básicos”.
Según explicaron varios entrevistados, los altos precios de los mercados en divisa provocan que el taxista no pueda bajar los suyos, porque “lo que ganas se te acaba en los mercados estatales ¿por qué atacan a los boteros si en las tiendas todo es muy caro? Si los otros precios bajan, entonces el de los taxis bajará también”, reflexiona Alfredo, quien maneja un Moskvitch y no devela su nombre completo porque aún no tiene licencia.
Sin desviar el tema, en general la vida es cara. Los alimentos y los productos de primera necesidad para el hogar tienen precios demasiado elevados, lo que repercute en las cuentas del cuentapropista, quien para no perjudicarse – al estar regido por la ley de oferta-demanda – puede subir sus precios y quien termina afectado es el cliente.

Las piezas, el combustible. Gastos y dificultades de un botero

Ser botero es un trabajo duro, pero existen muchos otros más complicados y menos remunerados. Foto: Phil O'Brien/Empics Sport.
Ser botero es un trabajo duro, pero existen muchos otros más complicados y menos remunerados. Foto: Phil O’Brien/Empics Sport.
“Abandoné el boteo porque era demasiado estresante, todo el tiempo pendiente de los arreglos del carro, tenía que lidiar con cualquier tipo de gente, porque se montan personas respetuosas, pero también borrachos y ladrones”, comenta Benito Pérez, quien prefería hacer la ruta Habana Vieja – Paradero de Playa.
Un taxi conlleva un gran número de gastos continuos, aunque al final es rentable. Es un trabajo difícil, no por complicado, sino por extenuante. Se debe lidiar con los clientes, los mecánicos, los buquenques (organizadores de piqueras), los compañeros de oficio y sobre todo con el propio carro. Aunque existen unas cuantas profesiones más espinosas y mucho menos remuneradas.
Por otra parte, todo lo necesario para mantener un taxi es caro. Las piezas y el combustible cuestan demasiado en los centros estatales. Entonces, todo se mueve por la izquierda. “En las tiendas no hay piezas y cuando la sacan son demasiado caras. Casi siempre dependes de lo que encuentres en la calle, donde todo es un poco más barato, pero igual cuesta mucho”, añade González.
Una decena de pesos en moneda nacional se paga en el mercado negro por un litro de petróleo, el doble por uno de gasolina. En los servicentros cuesta un CUC (peso convertible equivalente al dólar) el diésel (15 pesos más caro) y la gasolina 1, 20 CUC (10 pesos más).
Mil CUC cuesta una reparación completa del motor. Los neumáticos se cambian cada seis meses y cuestan más de 100 CUC cada uno. La batería, la bomba, el disco de cloche, las bandas de freno, la correa, la mano de obra, el somatón… por todo se pagan considerables cantidades.
“No hay tiendas mayoristas para comprar piezas a menor precio y poder adquirir repuestos”, dice Carmen Sotolongo, quien rentaba su auto hasta que decidió cambiar de negocio, también por el desgaste diario que suponía. Explica también que los carros son demasiado viejos y cuando hacen muchos viajes diarios se rompen.
“En la declaración anual tributaria te permiten declarar las reparaciones y ese dinero quedaría libre de impuestos, pero como todo se hace por la izquierda, no puedes entregar las facturas. Por eso, aunque te exoneran el 20 por ciento de los ingresos anuales por gastos relativos a la actividad, normalmente se invierte más y no se puede probar”, agrega.
Los impuestos son otro tema preocupante para los boteros. Tienen una especie de convenio tácito con la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT), que les exige declarar los ingresos correspondientes a siete viajes diarios de 10 pesos por personas. Si declaran menos los investigan y como nadie quiere que le revisen sus cuentas, pagan. Entonces para ganar más hacen más de siete viajes diarios, porque tienen que cubrir los días en que se detienen para reparar o descansar.
La ONAT no tiene cómo saber cuánto gasta un chofer cuentapropista en arreglos porque la mayoría paga en efectivo. Se utilizan poco las facturas, las transacciones. Los mecanismos de control son fundamentalmente empíricos. Tampoco se puede saber si el declarante dice la verdad exacta o la matizada, si es que existen varios tipos de verdades. En fin, el asunto no está en aumentarles los pagos tributarios, porque entonces subirían aún más los precios.
La reacción de los boteros ante la Ley Tributaria está relacionada concierto misticismo, desconocimiento e inconformidad.

¿Cuánto se gana en un almendrón?

Foto: Fernando Medina/Cubahora.
Los taxistas por cuenta propia tienen ingresos superiores a la media en Cuba. Foto: Fernando Medina/Cubahora.
Tras varios cálculos en los que se tuvo en cuenta el precio de las piezas, la mano de obra de las reparaciones, el costo del combustible, la frecuencia con la que suelen romperse los autos viejos sometidos a tanto trabajo, la cantidad de viajes promedio que hace un taxi de este tipo, el pago de la licencia operativa y de todos los impuestos, entre otras variables, se supo que la ganancia promedio de una persona dedicada a tiempo completo a esta actividad se ubica entre los 200 y 300 CUC mensuales. Estas cifras fueron ratificadas por varios entrevistados vinculados directamente al negocio.
Los gastos y ganancias evaluados corresponden al promedio de los autos estadounidenses de diésel, que son la mayoría presentes en esta actividad, aunque también están los soviéticos de gasolina y algunos de los llamados modernos, pero estos tienen otro balance en las cuentas. No obstante, se estima que sea similar.
Se habla de una media aproximada de ingresos para quien rente o maneje sólo un carro, posea licencia y se dedique a trabajar al menos ocho horas del día durante 20 jornadas mensuales.

Servicio de poca calidad. Indisciplina en la vía

Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Según el director de Inspección Estatal de Transporte los boteros frecuentemente cometen infracciones para recoger a los pasajes. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Subirse a un almendrón puede resultar una molesta travesía. “Más de una vez me he arañado con alguna punta metálica sobresaliente en la puerta o me he roto una blusa. Eso sin mencionar el mal olor con que siempre me bajo”, cuenta Carla Aguilera que espera en la esquina de 23 y L. Su rumbo es “Playa por 19”, pero lleva rato y nada.
Se aparta un momento del grupo de impacientes que se abalanza sobre cada conductor que se detiene. “¿Hasta 41 y 42?” “¡31, Ceguera!” “¿Llega al paradero?” “¿La Lisa?” “¡No, Ceguera!” Números y nombres se gritan entre chofer y posibles pasajeros. Un grito del primero y caras de decepción o movimientos rápidos hacia las puertas de los segundos. Más atrás, camino hacia J, están las paradas, donde esperan quienes también gritan y corren, pero hacia los ómnibus. Esto es 23 y L entre las siete y las nueve de la mañana; entre las cuatro y las seis de la tarde. A veces es así a cualquier hora.
En la céntrica esquina, Carla Aguilera clasifica a los boteros en dos tipos: los educados, que “saludan y nunca se equivocan con el vuelto”, y los que “maltratan”, es como “si yo fuera quien debiera tratarlo bien a él, pero se supone que sea al revés”. Exactamente, es el taxista quien brinda el servicio, pero la máxima: “el cliente siempre tiene la razón” es olvidada con frecuencia en el gremio.
“Vas incómodo – más todavía si te toca al lado del chofer – no te sientes seguro porque muchos manejan como locos y además el precio es alto”, así caracteriza el residente de Plaza, Víctor Portillo, a los boteros de La Habana.
Además de la ausencia de confort en el interior, que no es en todos, pero sí en muchos, como dice Víctor el pasajero puede sentirse “inseguro”.
“Los dichosos boteros o trabajadores no estatales – que es el término correcto –cometen muchas indisciplinas en la vía, por ejemplo el adelantamiento indebido para recoger primero un pasaje, arriesgando la vida de los demás en busca de 10 o 20 pesos. Con frecuencia violan las leyes del tránsito, se llevan la luz roja, no paran en los pasos peatonales”, declara el Ing. Erasmo Arias, director de Inspección Estatal de Transporte.
Continúa explicando que con el objetivo de buscar más dinero, los taxistas por cuenta propia trabajan con autos sin las condiciones técnicas necesarias, lo que “afecta la seguridad activa del vehículo”, porque no poseen requisitos básicos como “el buen estado de la dirección, los frenos y la emergencia”.
Para Erasmo una de las causas principales de estos frecuentes desperfectos es el poco mantenimiento al que son sometidos, en contraposición con el intenso trabajo que llevan a cabo.
En tanto, Rafael Naranjo, Jefe del Departamento de Inspección Estatal de La Habana, explica con énfasis cómo son reincidentes en sobrepasar los límites de velocidad en las arterias principales.
El 60 por ciento de las contravenciones impuestas en el año 2015 fueron al transporte de pasajeros. “Nosotros hemos enfrentado bastante a los choferes por cuenta propia y no es que les estemos haciendo una guerra, lo que queremos es hacer cumplir lo establecido y proteger la vida humana”, ratifica Arias.
Tanto Erasmo como Rafael coinciden en que las vías más conflictivas son las Calzadas de Diez de Octubre, Monte y San Miguel del Padrón, así como las avenidas 51 y 23.

¿Existe una solución?

El transporte público es deficiente, lo que contribuye aún más a la especulación de los taxistas. Foto. José Raúl Concepción/Cubadebate.
El transporte público es deficiente, lo que contribuye aún más a la especulación de los taxistas. Foto. José Raúl Concepción/Cubadebate.
El servicio que ofrecen es de poca calidad y hasta inseguro, sin embargo ingresan más de 200 CUC mensuales. No hay excusa para que el aumento de los precios continúe. Pero al estar regidos por oferta-demanda no necesitan dar explicaciones, si son indispensables pueden cobrar más porque su servicio seguirá siendo necesario. No existe otra alternativa.
Como tienen rutas estables, el pasajero debe adaptarse y si su camino no coincide está obligado a combinar dos o más taxis para acercarse al destino. Al subir los precios la situación empeora y cuando acortan los tramos es el equivalente a cobrar más, porque para trasladarte una distancia que antes costaba 10 pesos, ahora necesitas cambiar de carro y pagar el doble.
Un trasporte público eficiente repercutiría en la demanda y obligaría a bajar los precios. Pero lograr puntualidad en los “Pes” es un tema complicado con rostro de utopía.
Para el ex taxista, Benito Pérez sería una buena opción topar los precios de los boteros, establecerles un máximo a cobrar según la distancia. Siempre que se realice un estudio profundo para determinar el costo de cada tramo. El proyecto sería posible si se le “brindan precios diferenciado a los boteros en la compra de piezas y combustible”.
Una idea similar se lleva a cabo con relativo éxito en los camiones particulares que transitan la ruta del PC (Hospital Naval – Paradero de Playa).
A estos vehículos de transportación masiva se les vende el combustible a un precio diferenciado y se les entrega neumáticos todos los años. A cambio “sólo pueden cobrar 60 centavos, si no lo hacen son multados por alterar el precio. De cada pasaje pagan la cuarta parte al estado para reponer el dinero de los subsidios. Además, tienen derecho a entrar a una terminal de ómnibus y allí los revisan. Son los únicos que están vinculados al estado, junto con los autos convertibles que pertenecen a una agencia”, explica Maribel Puolot. Una alianza similar con los boteros podría ser una alternativa para garantizar la estabilidad de los precios.
Hasta el 2015 se han aprobado cuatro mil 921 licencias para los choferes cuentapropistas (ver infografía). En la Dirección General de Transporte no tienen los datos, pero según cálculos realizados, estos mueven como mínimo unos 175 mil pasajes diarios. Son imprescindibles para la movilidad dentro de la ciudad.
Los gastos de los boteros se mantienen estables mientras sus precios suben. No tienen razones reales para cobrar más, pero la situación se lo permite. Sin embargo, culpar sólo a los taxistas por el aumento de sus precios equivale – parafraseando a Shakespeare – a estar en el bosque y no ver los árboles.
El sistema de transporte estatal no funciona mejor. Quienes dependen de los ómnibus tienen muchas más quejas que quienes pueden trasladarse habitualmente en almendrones. “Con los boteros al menos se resuelve”, termina diciendo Carla Aguilera cuando se despide en busca de un “almendrón por 19”.

Nota al margen

Destacamos un comentario de los Especialistas de la Dirección General de Transporte Provincial La Habana, que tuvieron la gentileza de participar, junto con nuestros lectores habituales, en el espacio de deliberación que sigue a esta nota. Reconforta que nuestras autoridades asistan a estos debates donde se expresa la población:
Consideramos que el artículo está muy bueno, porque refleja la realidad de lo que está pasando, le corresponde a La Dirección General de Transporte buscar soluciones y realizar una propuesta a la dirección del país porque es la misión que nos ha dado el estado cubano, los directivos, funcionarios y especialistas de esta dirección estamos conscientes de nuestra responsabilidad ante el pueblo, que nunca será eliminar (botar el sofá) este modo de transporte que ayuda a la movilidad de la ciudad, sino buscar fórmulas que permitan que puedan reducir los precios y organizar y controlar este tipo de servicio de forma tal que mejore en calidad y seguridad. Nos hemos propuesto como un nuevo estilo de trabajo estar atentos a las opiniones y sugerencias que el pueblo hace, para que con la participación ciudadana poder identificar los problemas y encontrar la mejor solución a estos.
Los boteros son necesarios para el transporte en la capital, pues mueven una gran cantidad de personas cada día. Autor: Jorge Aguirre/Cubadebate.
Los boteros son necesarios para el transporte en la capital, pues mueven una gran cantidad de personas cada día. Autor: Jorge Aguirre/Cubadebate.
Rutas de los boteros en La Habana. Autoras: Yisell Martínez y Lisandra Andrés.
Rutas de los boteros en La Habana. Autoras: Yisell Martínez y Lisandra Andrés.
Los boteros son los únicos que brindan una oferta viable para trasladarse rápido en La Habana. Foto tomada de Cubahora.
Los boteros son los únicos que brindan una oferta viable para trasladarse rápido en La Habana. Foto tomada de Cubahora.
En determinados horarios es bien difícil subir a un taxi. Existe una sobredemanda que influye en la subida de los precios. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
En determinados horarios es bien difícil subir a un taxi. Existe una sobredemanda que influye en la subida de los precios. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate
Los pasajeros suelen sentirse incómodos e inseguros en este tipo de taxis. Foto: Fernando Medina/Cubahora.
Los pasajeros suelen sentirse incómodos e inseguros en este tipo de taxis. Foto: Fernando Medina/Cubahora

*Periodista de Cubadebate, graduado en 2015 en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

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jueves, 21 de enero de 2016

Oferta, demanda y los precios: esas piedras nuestras de cada día

Por Juan Triana Cordoví*

TarimaFue mi amigo Goyo quien me dijo un día que lo que resultaba perverso no era tropezar dos veces con la misma piedra, sino encariñarse con ella. En Cuba hemos estado tropezando con la piedra de los precios varias veces.
Esta vez, ha sido el tomate quien nos lo ha recordado. El Solanum lycopersicum  se convirtió en un gran protagonista de nuestra vida cotidiana a inicios de año, cuando sus precios (20 y 25 pesos cubanos la libra en los mercados agropecuarios, el equivalente a un día de salario medio) lo catapultaron a la fama y facilitaron que, nuevamente, los precios, el mercado, la oferta, la demanda y la magra capacidad de una buena parte de los bolsillos cubanos se vieran las caras.
Durante estos días y en más de una ocasión las culpas han estado pasando desde el Estado, hacia la famosa ley de la oferta y la demanda, la acción de los intermediarios (identificados mecánicamente como especuladores muchas veces) los campesinos y lógicamente la administraciones de los diferentes eslabones de esta cadena de entuertos.
Sin embargo, más que culpables creo que deben encontrarse las causas que provocan estas situaciones anómalas. Apuntaré algunas de ellas.
La primera de todas las verdades es que la producción nacional de algunos de estos productos sigue siendo insuficiente, en 2015 además declinó y por lo general los rendimientos que se obtienen están muy alejados de la media internacional y de nuestras necesidades. Esta es una de aquellas piedras a la que parece profesamos mucho cariño.
Gráfico-1-01aPero no todo lo que se produce va a la venta a la población. La mayor parte de la producción tiene otros destinos; la industria, el turismo y el consumo social, que son el otro componente de la demanda de estos productos.
Gráfico-2-01
Según estos datos de la ONEI, sólo el 50% de la ya menguada producción de papa, el 6% de nuestros ansiados tomates y el 8,5% de nuestras cebollas es lo que llega a los mercados agropecuarios.
Como no existe importación de estos productos para mejorar la oferta en estos mercados, entonces no hay más recursos que incrementar la presencia en las tarimas y solo el consumidor puede acceder a lo que le llega de nuestra menguada producción nacional.
La demanda además, ha crecido, pues hoy centenares de nuevos restaurantes y cafeterías se han sumado como nuevos demandantes de esos productos.
Este año 2015, recién terminado, medio millón más de turistas se han sumado como comensales, parte de los cuales visita en una o varias ocasiones los restaurantes privados. La producción es, a todas luces, insuficiente para cubrir todos estos destinos.
De hecho en nuestros propios hoteles seguimos sorprendiéndonos cuando encontramos vegetales y hortalizas e incluso ¡hasta yuca! importada, ante la ausencia, falta de sistematicidad y calidad inadecuada de la producción agrícola nacional.
La demanda creciente es siempre una oportunidad para incrementar producciones e ingresos, expandir capacidades productivas, introducir mejoras tecnológicas, generar nuevos negocios…Pero en nuestro caso ocurre algo único en el mundo, la demanda creciente es ¡un problema!. Esta es otra de nuestras piedras recurrentes.
Otro aspecto, también interesante, es que en la estructura del mercado agropecuario cubano, los mercados  estatales siguen siendo predominantes en cuanto a su participación en el valor total de las ventas. Así en el año 2014 participaban en el 51% del valor de los productos vendidos, mientras que hasta septiembre del 2015 eran el 37,8%. A su vez, los llamados mercados de oferta y demanda oscilan entre el 7 y el 8% de participación en la facturación y los puntos de ventas y los vendedores ambulantes (carretillas) suman de conjunto, alrededor del 36% de toda la facturación. Son formas organizativas del mercado que muchas veces funcionan con lógicas diferentes y en condiciones también diferentes.
Por estas y otras razones es que los precios son solo en parte el producto de eso que llamamos oferta y demanda. En otra parte, decisiva por cierto, los precios son el resultado de los costos de producción, circulación y comercialización, más los beneficios correspondientes a cada uno de esos segmentos de la cadena.
O sea, que nuestro poco tomate no llega virgen a los puntos de venta a la población, sino con su costo a cuesta. Si los costos de cosecha son altos, porque el salario diario de un jornalero en la agricultura puede cuadriplicar el promedio del salario diario nacional, si el petróleo ha subido de precio, si los insumos para producir nuestro tomate son también caros, sería pues casi ingenuo esperar que el tomate nuestro de cada día sea barato, en especial cuando el término “barato” siempre es algo relativo, que tiene en la ¿fortaleza? del bolsillo del cubano promedio un elemento determinante.
Si además entendemos que las personas que venden los tomates son también compradores de otros productos que se venden en nuestras tiendas estatales en divisas, a precios que a veces duplican y triplican sus costos de importación incluyendo el flete (aceite, perros calientes, muslos y contramuslos de pollo, leche en polvo, espaguetis, puré de tomate, detergente y otros productos de aseo y limpieza, algún refresco y de vez en vez -por qué no- una cerveza) y que los ingresos que reciben como compradores deben permitirle, después de cubrir costos y pagar impuestos, adquirir, al menos, una parte de esos productos,  entonces estamos más cerca de entender la magnitud de la “piedra nuestra cada día”.
En el mercado de los productos en CUC, los precios se multiplicaron por varias veces el valor de sus referentes en el mercado en CUP allá por los inicios de la década de los noventa (por ejemplo, y a la tasa de cambio actual, menor que la que existía en 1993, el precio de un producto prescindible como la cerveza es 41 veces mayor al que tenía en 1989, es decir, 4000 % más; un litro de leche se pagaba a 25 centavos de peso cubano, pero su precio en la TRD alcanza 1,25 cuc, esto es 125 veces más o 12 500% de incremento) lo que redujo drásticamente el poder de compra del salario del trabajador cubano.
Aquella medida, que respondió a urgencias incuestionables,  trae hoy más perjuicios que beneficios, pues genera múltiples incentivos negativos, tanto hacia las empresas como hacia los consumidores.
Para hacerlo más gráfico, la pregunta sería ¿cuántas libras de tomate deben venderse para, luego de cubrir los costos, permitirle al productor, adquirir un litro de aceite, comprar un kilogramo de pollo, un paquete de leche en polvo, etc.?
La economía está muy interconectada, nuestros mercados aparentemente tan segmentados tienen vasos comunicantes, y todo indica que nuestro mercado en CUC se ha convertido, desde hace mucho tiempo, en el referente fundamental de precios para todos nuestros mercados de consumo.
Saltar estas piedras o darle un rodeo es una difícil tarea para un Estado que, por otro lado, subsidia en más de un 97% los primeros 100 KW de electricidad para todas las familias cubanas, mantiene precios de 40 centavos de peso cubano en los ómnibus, varias veces menos que el costo real del pasaje, subsidia alimentos para todos, (los que necesitan el subsidio y los que no) aunque sean muchos menos productos que en aquella época especial en que recibíamos la ayuda fraternal y solidaria de la Unión Soviética, hace lo mismo con los medicamentos y no ha renunciado a mantener los servicios de educación y salud gratuitos, incluso para aquellos que hoy podrían pagar una parte.
Sin embargo, abstenerse de regular correctamente lo que debe ser regulado no es una opción. Tampoco debe serlo viajar hacia atrás en el tiempo y adoptar soluciones de ya probada insuficiencia.
A la lista de piedras con las que seguimos chocando habría que sumar también otras “características” de nuestros mercados de productos agrícolas.
De una parte está su escaso desarrollo y baja tecnología, que recuerda formas casi primitivas de organización y funcionamiento, la ausencia de cadenas de comercios que oferten productos frescos, la inexistencia de importaciones de estos productos  para compensar déficit coyunturales, regulaciones algunas de ellas poco adecuadas a las necesidades actuales, poca transparencia en las operaciones de compra y venta en esos mercados, la existencia de muy pocos mercados mayoristas, y la consiguiente falta de competencia, que favorece precios monopólicos y muchas veces abusivos.
Un dato puede ilustrar la situación, en la Ciudad de la Habana cuando apenas éramos más de medio millón de ciudadanos existían tres grandes mercados al menos, que recibían productos de todo el país: El mercado de Carlos III, el de Cuatro Caminos y el de la Plaza del Vapor. En los años ochenta, operaban tres mercados concentradores: Berroa, Ocho Vías y El Trigal. Hoy tenemos solo El Trigal, a cuya cooperativa se le concedió el monopolio del mayoreo de productos agrícolas en la capital del país: ¿Qué impide estimular la presencia de más mercados mayoristas en la capital de todos los cubanos?
Cuando se afirma que la ley de la oferta y la demanda es la culpable de nuestro tomate de 20 pesos, se reducen de forma muy simplista las causas reales del problema.
Países muy ricos y con una vocación para nada socialista, desde hace muchos años entendieron que la producción y la comercialización de alimentos es un asunto de alta sensibilidad política y han adoptado repetidamente medidas que a la vez de proteger a los consumidores, garantizan las condiciones mínimas para evitar que sus productores agrícolas sucumban a la competencia desleal de los de otros países.
En realidad los consumidores cubanos solo asistimos al último acto de esta larga puesta en escena en sus diferentes temporadas. Somos los que tropezamos con la piedra todos los días, como si alguien la llevara debajo del brazo y la fuera lanzando delante de nosotros a cada uno de nuestros pasos.

Tomado de Jagüeyenses en la red 


*Doctor en Ciencias Económicas, Profesor e Investigador Titular del Centro de Estudios de la Economía Cubana
 

miércoles, 15 de julio de 2015

El alto precio del símbolo

¿Dónde podemos encontrar, a precios razonables, una bandera cubana para colgar en nuestro cuarto o que suba con nosotros el Pico Real del Turquino? ¿Por qué se venden en divisas, y tan caros, los pulóveres del Che que muchos jóvenes quisieran tener?

 
Foto: Kaloian/Archivo JR
 
Una demanda recurrente emanada de los debates previos al X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) es el acceso a artículos que promuevan, en diferentes soportes, la identidad nacional y la cubanía.

El tema ha sido durante años un reclamo de las nuevas generaciones y ha alcanzado los medios de comunicación (periódicos, revistas, emisoras, blogs…), lo cual evidencia el interés de quienes denuncian que esto ha traído como una de sus consecuencia más notables el empleo cada vez mayor de simbologías extranjeras.

En el texto Plantando bandera, publicado por Soy Cuba,  la periodista Yurislenia Pardo señalaba que «Los espacios que no se llenan con lo autóctono, con lo tradicional, con lo nuestro, entonces nos los ocupan con lo foráneo. Muestra de esto es la oleada de prendas de vestir y otros accesorios que revelan la bandera británica, la brasileña, la norteamericana, entre otras que andan y desandan este suelo  a diario».

En ese sentido, en la web Cubahora, con su reportaje de análisis Entre azules y rojos, y no precisamente cubanos el periodista Alejandro Ulloa García cuestionaba: «¿Cómo ha sido tan fácil introducir y comercializar entre cubanos un símbolo foráneo, en detrimento de los nacionales?». Y esa cuestión lleva a una interrogante más preocupante: ¿Será todo eso muestra de que cada vez nos interesamos menos por lo nuestro?

No debe ser así cuando son tantos los que ansían tener prendas que los identifiquen como cubanos, pero nunca han podido acceder a ellas. Es posible, para un estudiante o un trabajador con el salario promedio del país, pagar lo que cuestan sin afectar notablemente los ingresos en su hogar.

En el blog La Joven Cuba, Osmany Sánchez se preguntaba «¿Dónde podemos encontrar una bandera cubana para ponerla en la oficina o en nuestro cuarto? ¿Dónde encontrar un busto de Martí, Mella, Guiteras, José Antonio, Che o cualquier otro patriota nuestro? ¿Por qué se venden sólo en divisas (y bien caros por cierto) los pulóver con la imagen del Che?»
En las tiendas recaudadoras de divisas de ARTEX pueden encontrarse algunas prendas con logos e imágenes identitarias de nuestro país. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

HABLEMOS DE PRECIOS

En la Tienda de ARTEX La Internacional, situada en Obispo, en La Habana, los pulóveres con imágenes del Che, la bandera cubana o un sencillo texto con la palabra CUBA tenían precios que oscilaban entre los 12.95 y los 14.55 CUC.
A media cuadra de distancia, tres locales contiguos dan cabida a vendedores por cuenta propia que ofertan un mayor surtido de artículos. Allí, los pulóveres cuestan de 10 a 18 CUC «de acuerdo a la calidad del tejido y los materiales de su confección», según explicó una de las vendedoras.

Gorras, boinas, bolsas, todas con imágenes atractivas para que los visitantes foráneos se lleven un souvenir que les recuerde la Isla. Y, para los más enamorados de esta tierra, entre las propuestas se incluyen también banderas cubanas con precios que comienzan en los 10 CUC y pueden llegar a los 30, teniendo en cuenta las dimensiones de la pieza. 

Una mayor variedad de artículos pueden encontrarse entre las ofertas de los trabajadores por cuenta propia. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

Los cuentapropistas han segmentado con inteligencia sus mercados: venden ropa y accesorios de estilo importado (aunque se trate de confección local) a los cubanos,  mientras que buena parte de la producción nacional artesanal tiene como destinatario primordial a los extranjeros. De este modo, ponen al alcance del bolsillo de los primeros los productos con símbolos foráneos, mientras que para los segundos (y a precios superiores) colocan artículos con la bandera cubana, imágenes del Che, etc.

Esa situación niega la posibilidad de portar la simbología nacional a los más identificados con ella: los propios cubanos.

¿Economía vs identidad?

Pero ¿cómo se convirtió en lujo de pocos el uso de prendas que resaltan la cubanía? ¿Cómo vino a ser más barato desfilar el Primero de Mayo con un pulóver made in China que con la imagen del Che en el pecho y la bandera de la estrella solitaria en las manos? ¿Por qué casi no se encuentran nuestras insignias colgando en los balcones del barrio los Primero de Enero, 26 de Julio o 27 de Septiembre?

«Cierto que hay consideraciones de tipo económico, pero la producción simbólica es vital en la lucha ideológica contemporánea y no siempre lo económico es lo decisivo. (…) desde una pequeña bandera, hasta pegatinas de entidades que prestan servicio público, o con motivos literarios, son imposibles de conseguir en Cuba.

«¿No los prefieren nuestros jóvenes? Hace pocos años, la acogida de pulóveres y abanicos con versos y pinturas cubanas en un Festival del Libro demostró que sí. ¿O es la ausencia de una estrategia que estimule la presencia de nuestra identidad en esos productos, regule sus precios y lidere su uso inteligente, lo que nos falta?», expresaba al respecto Iroel Sánchez en Sin símbolos pero sin amos.

Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

En tanto Ulloa, en su texto, argumentaba: «En Cuba existe una extrema carencia de producciones nacionales enfocadas en la identidad cubana. La falta de una simbología comerciable —o al menos asequible al bolsillo de todos los cubanos —, o de estrategias de marketing con base en la nacionalidad y la identidad cubanas que potencien un mercado para estos productos nacionales, hacen que una vulnerable juventud asuma cualquier tipo de “moda”, sea cual sea, sin la guía estética o la intencional influencia del mercado simbólico o estético nacional».

El joven Harold Cárdenas Lema, en un escrito titulado El símbolo perdido, publicado en el blog La Chiringa de Cuba, destacó a su vez: «Cuba necesita una dosis muy grande de patriotismo, nacionalismo e identificación con su cultura e historia. En la solución a estos problemas, los símbolos del país juegan un papel importante, daremos los primeros pasos el día que comencemos a utilizar mejor no solo la bandera o el escudo, sino toda la simbología revolucionaria».

Las bolsas, teniendo en cuenta el material con que están confeccionadas, pueden variar sus precios desde los 10, 12,15 hasta 18 CUC. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

Políticamente correcto pero ¿legal?

¿Es permisible o correcto el uso de la imagen de próceres y símbolos nacionales en gorras, pulóveres, jarras, llaveros o mochilas?

El debate al respecto pareciera tornarse en ocasiones confuso pues estos productos se comercializan en divisas en las tiendas estatales, aun cuando el Reglamento de la ley de los símbolos nacionales establezca que está prohibido usar la bandera como distintivo o anuncio; parte del vestuario; pintada, grabada o dibujada en los vehículos (excepto aeronaves); reproducidas en artículos de uso no oficial o como réplica en cualquier material con propósitos ornamentales o comerciales.

El tema no hubiera alcanzado mayores dimensiones si el año pasado en un Congreso organizado por LABIOFAM, esta empresa no hubiera incluido la  presentación de dos perfumes que  llevarían como marcas los nombres de «Ernesto» y «Hugo», en homenaje al Che y al Comandante eterno de la Revolución Bolivariana. La publicación de la noticia atrajo la atención de cientos de usuarios que, a través de las redes sociales, denunciaron fuertemente el hecho.
El Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros emitió, entonces, una respuesta ante la queja popular donde condenaba la iniciativa. 

El valor de los pulóveres depende de la calidad del tejido, según los cuentapropistas. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba


Aleida Guevara, hija del Guerrillero Heroico, afirmó en una ocasión: «Nosotros estamos en contra de la explotación indiscriminada de la imagen de mi papá. Y no aceptamos que la foto del Che esté en ninguna botella de vino o en ropa interior. Nos parece una falta de respeto todo eso. Pero que haya camisetas de jóvenes o banderas que se usan para el combate cotidiano, no podemos estar molestos por eso. Lo que sí quisiéramos es que siempre los beneficios económicos de todo esto fueran a parar a la gente que realmente lo necesita. En todo caso, todo depende del contexto en el uso de su imagen».

En relación con otras latitudes, en Cuba existe mayor conocimiento del legado y la trascendencia de la obra de Ernesto Guevara, por lo que su rostro en un pulóver tiene una connotación diferente.

En el blog La esquina de Lilith, su joven autora expresaba «Para mí portar al Che (en una prenda) es manifestarme, es alzar mi voz y decir que me siento comprometida con lo que representa: la utopía de un mundo mejor, el proyecto de equidad y justicia social, la plena realización de los hombres y mujeres».

Las banderas cubanas, según su tamaño, pueden costar «en la calle» entre 10 y 30 CUC. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

Todos vibramos de emoción cuando Alexander Abreu, trompeta en mano, preludia las notas de nuestro Himno Nacional. La canción y el video de Me dicen Cuba emocionaron nuestras esencias patrióticas, a ello se debió parte de su éxito y popularidad, muestra de que estamos ansiosos de encontrar esas otras maneras de expresar la alegría de formar parte de esta Isla más allá de consignas o del cumplimiento cabal de nuestro pedacito en la gran tarea de construir día a día una nación.

Sentirse cubano es mucho más que mostrar una bandera en el pulóver, es algo que se lleva en la sangre, un orgullo que nace del alma. Pero nadie podría tildarnos de locos por querer expresar también ese amor infinito a la tierra que nos vio nacer coreando El Necio en una plaza, con la imagen del Che en el pecho o agitando nuestra bandera en alto, todo lo cual, más que un capricho de juventud, es una necesidad de símbolos.

Tomado de Soy Cuba
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