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sábado, 12 de diciembre de 2015

Lo que ni Ana Belén Montes ni el régimen Castro-comunista hicieron contra los EE. UU.

LO QUE NI LA ESPÍA ANA BELÉN MONTES NI EL RÉGIMEN CASTRO-COMUNISTA DE CUBA HICIERON CONTRA LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA.
Por Douglas Calvo Gaínza*

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Sin eufemismos aplicaré a mi hermana Ana Belén Montes el término “espía”. No le temo a esa palabra, pues ha habido muchos de tal gremio que han sido considerados “héroes” por sus defendidos, como Juliette Dodu[1], Eli Cohen[2],  Ryszard Jerzy Kukliński[3], Sarah Aaronsohn[4], y otros tantos. Los Imperios turco y prusiano, la URSS o el gobierno sirio, habrían odiado tanto a tales agentes secretos, como mismo los querrían la República de Francia, Israel, Polonia o Inglaterra.
En mi caso, como cubano quien recuerda a mi ciudad de La Habana apagada entre sirenas de simulacro de ataque aéreo, en tanto que nuestra población era movilizada para enfrentar una inminente agresión militar de EEUU, y en la base naval de Guantánamo se declaraba el zafarrancho, los barcos de guerra de la US Navy surcaban nuestras aguas limítrofes, y los aviones-espía SR-71 atravesaban nuestro espacio aéreo de Oriente a Occidente, ante las alabanzas del senador Barry Goldwater declarando ante la CBS que Cuba debía ser invadida y hasta anexada… pues le agradezco sin tapujos a Ana Belén Montes por ser la “espía” que luchó para que las bombas no destrozaran por igual a:
Ø  Cubanos “castristas”, “comunistas”, “revolucionarios”; y cubanos “opositores”, “anticastristas”, “disidentes”.
Ø  Niños cubanos que hoy son adultos residentes en Cuba; y niños cubanos que hoy son adultos residentes en Estados Unidos.
Ø  Los abuelos, las madres y los padres de los cubanos residentes en Cuba; y los abuelos, las madres y los padres de los cubanos residentes en Estados Unidos.
La bomba que hubiera matado sin distinción a personas con las ideas de Nicolás Guillén o con las de Gutiérrez Menoyo. A los ancestros de Andy García o a los de Amaury Pérez. En fin, por igual a Santiago Álvarez, a Compay Segundo, al Cardenal Jaime Ortega, a Oswaldo Payá, a Leonardo Padura, o a Elián González. Pues que yo sepa, ni siquiera el mega-complejo militar industrial estadounidense ha podido inventar todavía los misiles con sensores ideológicos.
De modo que no hay cubano que no esté en deuda con Ana Belén Montes, crea lo que crea en política. El mayor derecho humano de cualquier pueblo es la paz, y ella luchó esencialmente para regalarnos ese tesoro.
Si ello se duda, veamos dos citas de prensa norteamericana sobre la mayor culpa de dicha “espía”:
Ø  “Ella observó las maniobras bélicas que tuvieron lugar en Norfolk, Virginia, lo cual significó que cualquier plan de contingencia que USA preparara para tratar con Cuba en momentos de crisis, habría sido reportada a ellos instantáneamente.”[5]
Ø  “Oficiales retirados y en activo norteamericanos, dicen que ella estaba en posición de decirle a la Habana virtualmente todo lo que la comunidad de inteligencia sabía respecto al Ejército cubano, e incluso puede haber puesto al desnudo planes de contingencia norteamericanos para tomar la Isla por la fuerza. “Creería - dijo Richard Nuccio, asesor especial para Cuba del Presidente Clinton -, que si hubo daño, sería el de que ella sabía acerca de los Estados Unidos, en cuanto a cómo éstos estaban militarmente preparados para lidiar con respecto a Cuba”[6]
En resumen: cuando se afirmó que el Estado comunista-canalla ametrallaría en el mar a sus propios emigrantes, y “La Casa Blanca pidió al Pentágono revisar escenarios que incluían el bombardeo de refugiados cubanos, y acciones militares de USA”[7], la solitaria mujer rodeada de peligros insólitos se dedicó a proteger al pueblo de Cuba contra una peligrosísima amenaza militar.  Fue una “espía”, sí, pero defensiva; una silente y no-reconocida defensora de la subsistencia misma de la cubanía.
¿Fue Ana una sórdida enemiga de su propia Patria, al servicio de un peligroso y destructor Estado irresponsable y empecinado en exterminar a toda costa a “los imperialistas del Norte”? Dejemos que en vez de las palabras respondan los actos: lo que NO HICIERON CONTRA USA ni Ana Belén Montes ni el Gobierno cubano.
Ana luchaba por Cuba dentro de una agencia donde ella tenía acceso a todo el espionaje yanqui, realizado por el Ejército, la Marina, el US Marines corps, y la USAF. Ella laboraba con el Pentágono. Según se publicó más de una vez: “Montes (...) tenía acceso a la red virtual INTELINK que conecta cerca de 60 agencias de inteligencia federal, de defensa, y agencias civiles, involucradas en la recopilación y evaluación de inteligencia. Ella tenía acceso a básicamente todo” dice el oficial de seguridad. “Hablamos de programas que cuestan millones de dólares desarrollarlos. Y ella pudo tenerlo todo.” (...) “Pudiera decirse - dijo un oficial - que ella tenía un potencial para dañar mucho más severo que el de Hanssen o Ames”[8]. “Ella pudo haberles dicho cuál, dónde y cuándo ocurriría (una eventual acción militar de USA) y eso costaría un montón de vidas.”[9]
Es decir, ya que su capacidad informativa no se limitaba a Cuba, sino que abarcaba un amplio rango de materias de Seguridad Nacional, Ana Belén Montes podía no sólo provocar la pena de muerte en Cuba (legal) para varios espías norteamericanos o pro-yanquis capturados en La Isla gracias a ella. También, ella podía ser el instrumento del Estado castrista patrocinador del Terrorismo para transmitir a Irán datos secretos con los que los kamikazes de Hezbollah atacaran por decenas a las guarniciones norteamericanas en el Medio Oriente, o incluso hundieran barcos al estilo del USS Cole en la Base naval de Guantánamo, o usaran programas secretos satelitales “filtrados” para agredir electrónicamente a los marines, tanto en su reducto al este de Cuba como en otras posiciones.
En suma: por medio de ella se pudo haber provocado la muerte de cientos de militares estadounidenses en todo el orbe.
Pero hay más: podía ella por igual colaborar con éxito, vía La Habana, en la planificación de aviones estrellándose contra el edificio de la CIA en Langley, o de comandos atacando en cada sitio neurálgico que lesionara la Seguridad Nacional de EEUU. Incluso, ella podía crear con sagacidad la brecha para que francotiradores bien entrenados y con desprecio a la muerte, le hicieran correr a Bush Padre, a su hijo George W., o a Clinton, la misma suerte que le tocó en 1963 al infortunado Kennedy.
En concreto: un uso maligno por Cuba y sus aliados terroristas de tal “espía” pudo haber descabezado al Gobierno de los Estados Unidos y provocado una hecatombe increíble en la nación norteña, tradicionalmente hostil a La Isla. Ella estuvo en una excepcional capacidad para hacerle daño a su Patria, y en conjunción con los castristas, pudo ocasionar miles de muertes violentas entre sus compatriotas, incluso hasta la más alta esfera. Si en vez de una Ana Belén Montes hubiera estado en tal puesto dentro de la DIA una persona con el odio anti-patriótico de los terroristas nativos Timothy McVeigh o el Unabomber[10], y en lugar de Fidel Castro Ruz hubiera dirigido La Habana alguien como Pol Pot o Adolfo Hitler, la debacle desatada sobre Norteamérica hubiera sido demoledora.
Pero ni Ana ni Cuba atacaron. Ni vía La Habana se gestaron magnicidios o bombardeos a la CIA y el Pentágono, ni un solo espía yanqui o pro-yanqui fue fusilado en La Isla debido a nuestra agente. Lo que sea que ella le haya transmitido al Gobierno cubano, éste no lo utilizó para dañar ni al pueblo ni a la Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Y en cuanto a ella misma, su alegato muestra que amaba “la compasión y generosidad del pueblo norteamericano.” Y que en todo caso, procuró exclusivamente la concordia entre naciones vecinas, pero no la desgracia de su propio Suelo natal.
La conclusión es doble:
1)     El régimen castro-comunista tuvo en sus manos los datos necesarios para herir increíblemente a la súper-potencia que tantos daños previos le había infligido a La Isla. Pero no los utilizó con ese fin, sino que sólo buscó su auto-defensa.
2)     Ana Belén Montes sólo odiaba una guerra EEUU-Cuba, y anhelaba la amistad entre el pueblo norteño y el del Caribe.
Como ciudadano del mundo, agradezco a Fidel Castro por su irreprochable ética al no haberse vengado en represalia por agravios pasados yanquis contra Cuba, usando el privilegiado puesto de “topo” que adquirió nuestra colaboradora Ana dentro del aparato de inteligencia de los Estados Unidos. Lo felicito por su proceder moral al no promover una campaña hostil, donde perecieran millares de hijos del hermano pueblo de Abraham Lincoln, Martin Luther King Jr. y Helen Keller.
A la postre, reconociendo tácitamente que Cuba no es un malévolo enemigo sin límites de USA, Washington ha comenzado un proceso de relativa normalización con La Habana, la cual ya ha sido retirada con sensatez de la lista de los Estados patrocinadores del terrorismo. Bravo por cualquier estadounidense que sea un gestor sincero y de buena voluntad, el cual haya cooperado (sin dobles intenciones) en ese triunfo de la diplomacia sobre la beligerancia.
Pero, ¿y cuándo podremos felicitar también al Gobierno de Norteamérica por reconocer asimismo nuestra segunda y elemental conclusión respecto a Ana? ¿Cuándo le permitirán a esa pionera en la lucha por la normalidad de relaciones mutuas, la cual (junto a La Habana) declinó el gestionar un feroz cataclismo sobre su propio pueblo, el derecho a (si quiera) una merecida amistad supervisada?
Cuando lo hagan, sí, bravo por ellos. Pero entretanto, sin esperar por decisiones imperiales, todos los que reconocemos que el principal derecho humano de cualquier pueblo es su subsistencia, y en particular los cubanos, quienes sin distinción ideológica fuimos particularmente protegidos por esa estoica y benevolente “espía”, le agradeceremos eternamente a Ana Belén Montes por ayudarnos a preservar el más increíble y maravilloso de los tesoros: la PAZ.
(9/12/2015)
[1] Joven quien (hipotéticamente) en 1870 habría interceptado las comunicaciones telegráficas prusianas a favor de Francia, y por ello fue condecorada.
[2] Ahorcado por espiar para los israelíes en la Guerra contra Siria de 1965, y muy respetado en Israel.
[3] Infiltrado por la CIA en las fuerzas armadas polacas, quien a cambio de información militar confidencial maniobró para alejar de Polonia el epicentro del conflicto nuclear, y luego ha sido honrado por su Patria.
[4] Agente judía dentro del Imperio Otomano, la cual fue inspirada por el Genocidio Armenio para ayudar a los ingleses con actividades de espionaje anti-turco, y tras caer presa y ser torturada se suicidó.  
[5] Castro's top spy. Front Page Magazine, Marzo 29, 2002.
[6] Labels of Analyst varied, but "Spy" came as a surprise. The New York Times, Septiembre 30, 2001
[7] Cuba spy suspect was rising into senior intelligence ranks.  Miami Herald, Septiembre 29, 2001.
[8] Espías mercenarios a favor de la ex URSS y de Rusia.
[9] She led two lives; dutiful analyst and spy for Cuba. The Miami Herald, 16 Junio 2002.
[10] Ciudadanos norteamericanos que fueron responsables, respectivamente, del bestial atentado contra la sede de agencias Federales de Oklahoma en 1997, y de las cartas- bomba a universidades y aerolíneas entre 1978-1995.


* Coordinador Comité Cubano Pro Trato Humano Para Ana Belén Montes.

jueves, 10 de diciembre de 2015

¿Quién ganará y quién perderá en la batalla por Ana Belén Montes?

Por Douglas Calvo Gaínza*
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La respuesta superficial es obvia. Bastará un simple “No” desde el Buró de Prisiones, y las condiciones de la condena de la compañera presa proseguirán sin cambio ni alteración, hasta el último día de su pena. ¿Quién ganará? Pues el poderoso Gobierno norteamericano, quien hará así una clara demostración de fuerza: “nosotros sabemos condenar muy bien el delito de espionaje”.

Ciertamente, la perspectiva de vegetar durante 25 años en un aislamiento absoluto y olvidado, desalentará a cualquier futuro candidato a trabajar encubiertamente para Cuba en los EEUU. Tras este ejemplo, nadie imitará a Ana Belén Montes, y podrá decirse sin problemas que ella fue “la última espía defensiva de La Habana”.
Pero esa victoria obvia tiene otros matices que tal vez no se han calculado en Washington, y son igualmente de peso. Los iremos mencionando, y a la vez haremos una serie de preguntas.

a) Cuando empezamos la proyección pública del Comité en octubre, había aproximadamente unas 60 personas involucradas. Hoy, en sólo dos meses, ya hay cientos de simpatizantes en 23 países, crecen las organizaciones y asimismo las personalidades interesadas (entre las cuales se encuentran desde científicos de primer rango o literatos ganadores del Premio Casa de Las Américas, hasta activistas como la ex presa política norteamericana Lynne Stewart, y artistas de tanto mérito como Vicente Feliú y Silvio Rodríguez)
– PREGUNTA: Si en dos meses se ha logrado tanto, ¿Hasta dónde habrá llegado este movimiento en el año 2023? ¿Le conviene a la reacción que esa bola de nieve crezca hasta convertirse en un Himalaya?

b) El Estado Cubano no ha intervenido en nada de esto. Se suele decir por algunos que en la Cuba totalitaria sólo hay tres tipos de ciudadanos: “viles agentes de la Seguridad”, “pobres ciudadanos aterrados” y “valientes opositores”. Además, no hay otra sociedad civil que la que se opone al Gobierno. Y de pronto, vemos cómo espontáneamente, voluntariamente, libremente, las personas de la Isla y también cubanos emigrados, accionan en pro de una compañera presa por defender a Cuba; y ello “sin mandato estatal”, sin recibir un centavo de nadie, ni tampoco una visa para viajar a lares de súper-abundancia, o una beca en Universidades prestigiosas, ni algún loable premio internacional por defender los Derechos Humanos. Ni siquiera obtienen un incremento de su buena reputación (al revés…). Sólo reciben la satisfacción ética y espiritual de cumplir la deuda moral que tenemos todos los nacidos en este país (y reitero, “todos”) con la olvidada Ana Belén Montes.
– PREGUNTA: Si este proceso sigue en marcha, ¿Dónde habrá quedado hacia el año 2023 el mito maniqueo sobre una “sociedad civil cubana” monocromática ideológicamente y en oposición al socialismo? ¿Y cuál de las “Dos sociedades civiles” habrá ganado mayor prestigio moral por aquel entonces: la de los viajes-premios-becas-dineros-publicidad por hacer anti-castrismo, o la del sacrificio-desinterés-altruismo-espontaneidad por ayudar en una tarea tan humanitaria? ¿Seguro que los planes subversivos ideológicos contra Cuba no corren riesgo alguno, si se sigue desarrollando más y más este accionar independiente y abnegado de ciudadanos LIBRES cubanos?

c) Hoy hay un viraje hacia la derecha en el espectro político: pierden elecciones gobiernos progresistas en Latino-América, ascienden al poder en Europa partidos ultra-conservadores. Parecería que Fukuyama es ratificado: llega el fin de la Historia, con la muerte a escala mundial de las utopías y el enaltecimiento radical del mercado ciego y desigual. Y de pronto, en torno a una mujer confinada, se reúnen más y más progresistas de múltiples países; desafían con firmeza los climas militarizados y amenazas terroristas, para obtener cientos de firmas; se comunican entre sí crecientemente, se amistan sin reservas, se organizan in crescendo… Todo en torno a Ana Belén Montes, quien amenaza a las potencias monopolistas con convertirse en una suerte de “Juana de Arco socialista”.
– PREGUNTA: Si en torno a Ana siguen creciendo las simpatías de una izquierda mundial que hoy vuelve a parecer en retirada; si se fortalece más y más el simbolismo circundando a su persona, y si asciende continuamente el aglutinamiento de los progresistas en torno a ella, al llegar el año 2023, ¿Hasta qué punto habrá ayudado ese encarcelamiento a unificar a los “indeseables” opuestos al Nuevo Orden Mundial neoconservador y neoliberal? ¿No estarán creando esos carceleros, día a día, un ícono peligrosísimo para los planes de desarticulación de los movimientos revolucionarios en todo el orbe? ¿No estarán ellos regalándole a la izquierda un modelo de valentía, desinterés, sacrificio y resistencia, el cual extermina en lo espiritual al “héroe pequeñoburgués”, cuyos burdos logros sólo consisten en la mayor cantidad de dinero que sepa amasar? ¿No nos estarán obsequiando crecientemente esos alguaciles un prototipo del ya olvidado “hombre nuevo” del Che, el cual ayudará hasta límites impensables a todos los “levantiscos” del orbe, para reanimarse, fortalecerse, y reencaminarse frente a la contra-ofensiva reaccionaria?

El socialismo es ortodoxamente identificado por muchos con dureza, crueldad, obstinación y “Estado Policíaco”, en oposición a un sistema democrático capitalista muchísimo más liberal, magnánimo y benevolente… Sin embargo, citaremos algo curioso: en la URSS pos-Stalin “A partir de 1953, la cifra de prisioneros fue disminuyendo regularmente. Entre 1953 y 1957, el Presídium del Soviet Supremo anunció diversas amnistías para diferentes categorías de prisioneros; entre ellas, hubo en 1955 una para quienes habían colaborado con el ocupante alemán.” [Eran traidores a la Patria, indultados masivamente por la dura y feroz Unión Soviética tras cooperar con los nazis exterminadores de su propio pueblo.] Le siguieron otras amnistías en 1956-1959. Y por cierto que (aunque había centros equivalentes a éste donde está enclaustrada Ana, diseñados para personas convictas de delitos especialmente severos), resulta interesante el que en las prisiones generales “Había dos regímenes: el “general” y el “estricto”. Un prisionero no podía estar sometido al segundo por más de seis meses” ya que los juristas soviéticos llegaron a desarrollar “la premisa básica de que un prisionero seguía siendo un ciudadano” y de ahí que la cárcel en la Rusia totalitaria es una donde “se acaba con el trabajo esclavista, que posee procedimientos judiciales, donde los prisioneros gozan de algunos derechos y pueden enfrentarse a la administración penitenciaria, en el que no se les veta el acceso al mundo exterior, pueden entrevistarse con un abogado o protestar legalmente por el trato que reciben.” [1]
Obviaremos casos tristes ocurridos con detenidos medio-orientales durante la “Guerra contra el Terror”. Concentrándonos sólo en Ana Belén Montes, ¿Cuántos de esos derechos que concedía la demonizada URSS a sus presos, le están otorgando los filantrópicos Estados Unidos a esa ciudadana suya? ¿Acaso los bolcheviques sabían ser más humanitarios que los yanquis?
-PREGUNTA: Si prosigue ese aislamiento hasta el 2023, ¿dónde habrá quedado a esas alturas la imagen legendaria de la súper-nación que lidera la tutela de los Derechos Humanos a nivel global? ¿Se puede defender Derechos Humanos y comportarse a la vez de modo poco humano? ¿Y qué otro trabajo le daremos a los que viven escudriñando “quién cae preso en Cuba”, para quejarse luego de la brutalidad del régimen castrista? ¿Cómo protestarán algunos en pro de la libertad de ciertos presos en La Isla, y a la vez deberán manifestarse airadamente a favor del aislamiento a ultranza de esa mujer en USA?

¿Tendremos activistas por la emancipación carcelaria, quienes abogarán simultáneamente por encarcelamientos incomunicados cuasi-perpetuos? ¿Humanistas que también son anti-humanos? ¿Protestadores anti-reclusión que a la vez son voceros pro-incomunicación? ¿Laureles otorgados por la lucha en aras de la libertad sin fronteras, ornando las sienes de quienes abogan por el grillete sin paliativos? ¿Hasta dónde se habrá hundido en el 2023, el prestigio de los que gritan “defendemos a la noble democracia y a la humanitaria libertad universal” y a la vez “que Ana Belén se pudra en la cárcel, porque traicionó a nuestra generosa democracia y a nuestra bienhechora libertad universal”?
Patrocinando la “normalización” EEUU-Cuba, la señora Hillary Clinton ha dicho respecto al Embargo: “Debemos sustituirlo por un acercamiento inteligente que le dé poder (…) a la sociedad civil cubana.” Y también: “Los cubanos quieren comprar nuestros productos, leer nuestros libros, navegar en nuestra web y aprender de nuestra gente. Ellos quieren llevar su país al siglo XXI. Ese es el camino hacia la democracia y la dignidad, nosotros debemos caminar a su lado.”
En lo personal, estoy completamente de acuerdo en aprender de cualquiera que pueda enseñarme. Pero, con el mayor respeto:
a) El derecho penal del siglo XXI busca en todo caso reformar al prisionero, promover penas sustitutivas, luchar contra las arbitrariedades carcelarias por medio de instituciones jurídicas antiguas (Habeas Corpus, la VIII Enmienda en EEUU), u organismos noveles (la Organización Mundial contra la Tortura y otros). Así, que me perdone la respetable dama supradicha, pero declino esa instrucción tan gentilmente ofrecida: imitar prácticas como ese aislamiento a Ana Belén, el cual ya pronto arribará a los 15 años (2001-2016), más que hacer a los cubanos avanzar al siglo XXI, nos haría retroceder hacia los tiempos del prisionero de la máscara de hierro en la Bastilla, durante el siglo XVIII.
b) La sociedad civil cubana que se va a empoderar con apoyo norteamericano, ¿incluye movimientos como el nuestro, que sin ser gubernamental ni estatal, sí es de izquierdas y es revolucionario? ¿No dicen ellos que quieren beneficiar al “pueblo de Cuba” y no “a los Castro”? Bien, nosotros somos parte de ese pueblo. ¿No calificaremos para ser escuchados? ¿Acaso la famosa “sociedad civil post-Castro” sólo contempla un apoyo a las mentalidades y organizaciones pro-neoliberalismo, anticomunistas, etc.? Si es así, vuelvo a declinar el brindado aprendizaje. Pues una estrategia que promueve sin más una futura “sociedad civil de derechas” en Cuba, es simplemente una maniobra retrógrada para imponernos una dictadura neo-batistiana o algo por el estilo. Ya es demasiado tarde para eso…
c) Por último, dentro de los eventos de “normalización” Washington-Habana, y teniendo en cuenta que Ana Belén Montes fue una pionera en la política de armonizar las relaciones, según muestra su alegato, me llama la atención que un buen gesto entre dichas naciones ha sido el canje de prisioneros (los “Cinco” por Alan Gross y Sarraf Trujillo, ese “topo” tan alabado públicamente por Barack Obama - quien obviamente no le teme al término “espía”, como tampoco le tiene miedo a éste el Estado Sionista de Israel, el cual, tras arduo cabildeo, consiguió la libertad condicional para su espía Jonathan Pollard -). Durante ese proceso, tales accionares clementes han proseguido, y por ejemplo, durante la visita del Papa a Cuba y a EEUU, 3.522 presos cubanos fueron liberados por el Estado totalitario de los hermanos Castro. Pero Ana siguió en las mismas, dentro de la súper-democracia que se ensaña contra ella.
¿Cómo? ¿Los “villanos castristas” abren la mano, y los líderes del mundo libre la contraen con fiereza? ¿Los “arcaicos tiranos” perdonan, y los adalides de la libertad resultan vengativos y crueles? ¿Cómo se entiende esa contradicción entre el decir y el hacer?
-PREGUNTA: Si prosigue ese aislamiento hasta el 2023, ¿dónde quedará ese programa de instrucción en materia de Derechos Inalienables, preparado en Washington para el tosco pueblo de Cuba? ¿Dónde el discurso sobre la “emergente sociedad civil cubana”, que al parecer es más bien una futura asociación orwelliana de comunidades anexionistas? ¿Dónde se encuentran el ejemplo, la guía, la luz humanitaria que debe exhibir todo maestro de humanismo ante su alumno? ¿Dónde la autoridad moral y ética, con la cual se sacará del analfabetismo espiritual e intelectual a nuestro pobre pueblo, tan iletrado y tan desprovisto de tradiciones o héroes? ¿Acaso dicha futura enseñanza sólo confía en el poder de Don Dinero? Sin dudas, éste es un caballero poderoso. Pero no todos son comprables, y si no, pregúntesele a Ana Belén Montes, quien prefirió el sufrimiento en aras de sus ideas anti-belicistas, a la comodidad burguesa que ya tenía asegurada…

Termino con esto: bastará un simple “No” desde el Buró de Prisiones, y hasta el 2023 Ana seguirá aislada. Pero a su salida la esperará un fraterno colectivo humano de proporciones impredecibles; una sociedad civil cubana polifacética y enérgica, bien fortalecida; una izquierda mundial, alentada y robustecida por el admirable ejemplo de resistencia de esa luchadora solitaria; un programa de la Casa Blanca orientado a enseñarle Derechos Humanos a Cuba, bastante desacreditado; un país poderoso que aspira a servir de ejemplo supremo, muy desprestigiado…

Y una mujer que pese a todo el odio en su contra, habrá entrado en la Historia para siempre y como un símbolo poderosísimo.

De modo que vuelvo a preguntar: ¿Quién ganará y quién perderá REALMENTE en la batalla por Ana Belén Montes?

Pues yo voto por Ana y todos los que la defienden. En cuanto a los otros, el apoyar esa terca violación de los Derechos inalienables de la humanidad, les significará un suicidio moral de incalculables y tétricas consecuencias.

10 de diciembre del 2015 – “Día de los Derechos Humanos”

[1] Moshe Lewin. El siglo soviético. ¿Qué sucedió realmente en la Unión Soviética? Barcelona, Crítica, 2006.
* Coordinador Comité Cubano Pro Trato Humano Para Ana Belén Montes.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Delegación presenta informe final sobre los Cinco a Gobierno de los Estados Unido

Thursday, 6 November 2014
Delegation outside US Embassy. Grahame Morris MP, Cathy Jamieson MP, Len McCluskey, Kevan Higgins, US Embassy First Secretary, Rob Miller, Elizabeth Woodcraft
Grahame Morris MP, Cathy Jamieson MP, Len McCluskey, Kevan Higgins, primer secretario de la embajada de Estados Unidos en Londres, Rob Miller, Elizabeth Woodcraft

Delegación presenta informe final de la Comisión Internacional de Investigación a Gobierno de los Estados Unidos en la Embajada de Estados Unidos en Londres

Esta mañana una delegación de alto nivel que representan a millones de personas de todo el mundo se reunió con funcionarios del Gobierno de Estados Unidos para entregar el informe final de la Comisión Internacional de Investigación sobre el caso de los Cinco Cubanos.

La delegación estuvo compuesta por representantes parlamentarios, sindicatos, abogados y organizaciones no gubernamentales e incluyó dos miembros del Parlamento británico Cathy Jamieson MP, y Grahame Morris MP. Len McCluskey, secretario general del mayor sindicato del Reino Unido Unite, representa el movimiento sindical global y abogada Elizabeth Woodcraft, que fue uno de los coordinadores de la Comisión Internacional de Investigación, llegaron en nombre de la comunidad jurídica. Rob Miller, Director de Campaña de Solidaridad con Cuba, representó a los miles de simpatizantes y organizaciones que componen la coalición internacional "Voces por los Cinco", que había organizado la Comision Internacional de Investigacion sobre el caso de los cinco de marzo 2014.

La delegación se reunió con los diplomáticos de los Estados Unidos Kevan Higgins, Primera Secretaria de asuntos políticos, y Daniel Madar, segundo secretario, y principal tanto para los derechos humanos y  las cuestiones de América Latina.

La delegación describió la posición de la Comisión Internacional de Investigación y el rigor de sus investigaciones sobre el caso celebrada durante dos días de intenso escrutinio en Londres. La Comisión había sido presidida por tres eminentes jueces internacionales  de Francia, la India y Sudáfrica.

Len McCluskey expuso las tres principales conclusiones del informe de la Comisión: En primer lugar, que ningunas de las conductas de cualquiera de los Cinco fue dirigida a los Estados Unidos de América o su Gobierno. En segundo lugar, el informe del Comisionado instó al presidente Barack Obama para conceder indultos humanitarios y liberar de inmediato a los tres prisioneros restantes. En tercer lugar, que la concesión de este tipo de indultos presidenciales tiene el potencial de contribuir sustancialmente a la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Len McCluskey, quien encabezó la delegación, dijo
"Estamos aquí representando a millones de personas de todo el mundo que ahora están pidiendo al Presidente Obama a conceder indultos humanitarios para los tres cubanos que quedan en poder ahora hace 16 años en cárceles de Estados Unidos. Al mismo tiempo nos gustaría ver la liberación del contratista estadounidense Alan Gross, que ha sido encarcelado en Cuba en los últimos cinco años. Es hora de que estos cuatro hombres sean liberados y devueltos a sus familias "

Cathy Jamieson MP dijo

"Este tema es ampliamente apoyado por los parlamentarios del Reino Unido. Los diputados han planteado este caso en varias ocasiones durante muchos años, sin embargo la presentación de preguntas parlamentarias, reuniones en la Cámara de los Comunes y mociones parlamentarias. En 2013 126 diputados firmaron una moción parlamentaria pidiendo derechos de visita y en apoyo a los Cinco. Queremos ver a los Estados Unidos poner fin a esta tragedia humana tan pronto como sea posible "

Rob Miller, Voces por los Cinco, dijo

"La última semana editorial en el New York Times refleja la opinión internacional de que cualquiera que sea la historia de los dos casos, cualesquiera que sean las circunstancias, 16 años es tiempo suficiente y ahora es el momento de llegar, encontrar una solución, y enviar Alan Gross y los restantes tres cubanos de vuelta a casa "

Kevan Higgins, Primera Secretaria de Asuntos Políticos, dijo que él dio la bienvenida a la oportunidad de reunirse con la delegación y escuchar sobre el caso. Él citó un informe de dos páginas enviada a través de Washington, que reiteró la posición de Estados Unidos de que no había equidad entre el trabajo de los tres cubanos que se dedicaban a 'espionaje' y el de Alan Gross, que fue "puramente un trabajador humanitario '.

Había sin embargo, se intercambiaron discusiones y detalles interesantes y fructíferas sobre diversas vías para mirar lo que podría ayudar en el avance hacia las posibles soluciones a los dos casos.

Sr. Higgins aseguró a la delegación que el recurso de indulto humanitario y las copias del informe de la Comisión sería entregado a tanto el embajador estadounidense Matthew W. Barzun y al presidente Obama en Washington.

El informe de la Comisión Internacional de Investigación puede ser visto en su totalidad aquí
http://www.voicesforthefive.com/commission/report/,  

El artículo de opinión del New York Times pidiendo un 'intercambio de prisioneros' se puede ver aquí
http://www.nytimes.com/2014/11/03/opinion/a-prisoner-swap-with-cuba.html?smid=tw-share

La mocion parlamentaria firmada por 126 miembros del Parlamento se puede ver aquí
http://www.parliament.uk/edm/2012-13/497,

viernes, 3 de enero de 2014

Los pájaros que dormían en su alma

 Una historia de ficción que bien pudiera ser real... una historia sobre Los Cinco y tantos otros cubanos que, como ellos, luchan por preservar nuestra soberanía, en las propias entrañas del monstruo:
Los pájaros que dormían en su alma
Por Omar Stainer Rivera Carbó* 

Todo sucedió de repente, como a veces ocurre en las películas. La ciudad se levantó distinta, quizás ya casi otoñal. Lo de distinta lo advertí en mi propia casa, al amanecer… ese amanecer que nunca podré olvidar.

Yo estaba remoloneando, como siempre. No se asomaba en mí el más mínimo atisbo de esas ganas que hacen falta para salir disparado de la cama, sobre todo en otoño —aprendí hace muy poco que existen cuatro estaciones, siempre creí que había solo una, a lo sumo dos—.

Mi mamá dice que soy un vago como mi papá, y mi papá dice que soy un vago como mi abuelo —claro, el papá de mi mamá—. Y lo que dice mi abuelo mejor ni lo digo.

Lo de la pereza no es nuevo, y mi mamá sabe que el otoño es un pretexto. Pero de que antes era distinto, ella mismita que no lo puede negar… ella no lo niega. Un buen día no cedió a mis argumentos —dice que soy medio parlanchín, pero reconoce que tengo a quien salir— y se tumbó junto a mí en la cama, y me miró con la mirada reservada para las reuniones familiares, y muy rampante me dijo que hasta que yo no me levantara de la cama, ella tampoco lo haría. Así es mi mamá. ¡Pero qué digo, concentrémonos en aquel día!

Era sábado 12 de septiembre de 1998. La fecha la recuerdo por el cumple de mi abuelo —no el que dice mi papá que es el responsable de mi vagancia, sino el otro—. Y lo de sábado era muy fácil, pues era el único día que se me permitía remolonear unos minuticos más.

Mis padres se habían levantado bien temprano como de costumbre, pese a que la noche anterior habían llegado bien tarde de las reuniones a las que asiste mi papá. El momento en que se levantan es el preferido por mi papá para discutir con mi mamá, pero ese día no lo hicieron; razón más que suficiente para alarmarse y finalmente salir disparado de la cama.

Yo escuché el teléfono sonar. Con mi remoloneo y todo, ese maldito teléfono tiene un sonido que se te mete por debajo de la sábana como quien está decidido a sonar y sonar hasta que le hagan caso. A veces se me parece a mi mamá cuando intenta llamar la atención, a veces se me parece a mí, cuando hago lo mismo que mi mamá.

El caso es que el teléfono sonó. Y el teléfono casi nunca suena en ese horario; el teléfono casi nunca suena en ningún horario. El ring ring fastidioso era otra prueba de lo distinto del día.

Yo no sé ni quién llamó, ni mucho menos qué dijo, pero de lo que si estoy convencido es de que fue muy importante. Mis padres no habían tenido tiempo todavía de discutir, pero después de esa llamada salieron disparados hacia el televisor.

Lo más normal del mundo es prender la tele el sábado en la mañana, pero en mi casa eso es casi un sacrilegio. Mi mamá dice que no tiene tiempo porque tiene que pensar en la respuesta que dará a mi papá por sus reclamos matutinos, mientras mi papá me dice que mirar la televisión embrutece, especialmente en América —nunca entenderé por qué Estados Unidos es América—.

No sabía qué hacer. Hasta había perdido el sueño. Aunque no sabía lo que pasaba, estaba seguro de que tenía que ser algo muy importante. Al fin tomé una decisión, la única manera de averiguarlo era ponerme en pie de combate y “enfrentar la vida”, como le gusta decir a mi papá.

Por mucho que me empeñé, nada pude averiguar. Mis padres hablan y hablan hasta el cansancio, pero esa mañana solo miraban la tele. Ella, la tele, hablaba de otro escándalo de la ciudad. Eso lo supe por la fanfarria de los periodistas detrás de algo que no definía. Solo alcancé a escuchar que en la madrugada habían detenido como a diez personas por ser espías de Castro. ¿De Castro? ¿Por qué hablan tanto de Castro todo el tiempo?

Quizás por un momento de iluminación comprendí que era mejor no seguir insistiendo. Mis padres estaban imbuidos en un raro trance que si no fuera por su evidente carácter negativo, ya me gustaría repetir.

Entonces comienzo a atar cabos. Mis padres prendieron la tele después de que se produjo la llamada del ring ring insoportable. Eso quiero decir que alguien llamó para decir eso muy importante que estaban pasando por la televisión, pero ¿quién?

El estado de estupor no duró tanto, solo que el tiempo mientras transcurre el estupor parece que dura más. Sobrevino después un proceso de agitación, que en la medida que me era incomprensible, me corroboraba que el día sería diferente. El sábado 12 de septiembre de 1998 fue muy diferente.

Mi papá me dijo que hiciera una pequeña maleta, sin muchas cosas. Yo protesté, porque había quedado con unos amigos. Mi papá ripostó con el descubrimiento de la mentira, yo no tengo amigos. “Recoge algunas ropas, que visitaremos a tus abuelos”.

Era el día del cumple de mi abuelo, eso creo que ya lo había dicho. Pero desde que vinimos de Cuba, nunca la habíamos visitado en su cumpleaños. Al principio mi papá le mandaba un presente, unas pantuflas, una cremita para teñirse el pelo y que no se le vieran las canas, un disco de música vieja de la Sonora Matancera. Poco a poco, los regalos fueron desapareciendo; dice mi papá que por la situación económica, yo no estoy tan seguro. Si mi abuelo cumple años, lo llamábamos por teléfono.

Esa fue una de las cosas que tanto me intrigó de la llamada de ese día. El teléfono casi nunca suena. Parece que abuelo nos lo paga para que solo hablemos con él, una especie de egoísmo de la tercera edad supongo. Pues si no había más remedio, a New Jersey, o como a mi papá le gusta, a Nueva Yersy, para que suene cubano.

La verdad es que no había salido mucho de Miami, pero había aprendido que Miami quiere decir agua grande o agua dulce, aunque lo de dulce debe ser un truco publicitario. En eso pensaba mientras papá tomaba la Route 441.

De muchas maneras Miami se parece al lugar de donde vengo, pero al mismo tiempo, y de muchas otras maneras, también es diferente. Cuando pienso en que esta ciudad es 382 años más joven que de donde vengo, entonces caigo en la cuenta que desde este lado del Atlántico el tiempo corre más a prisa.

Ni qué decir, a mis abuelos casi les da un infarto cuando nos vieron. Lo más curioso es que mi papá le dijo que veníamos por un tiempo largo y que no sabía cuánto podía durar. Pero más curioso todavía fue que mami no protestó; a mami le da un poco de fastidio abuela, no lo dice, pero ni falta que hace.

Lo mejor de todo era la escuela, o sea, no ir a la escuela. Es posible que de repente mi papá creyera que la escuela también embrutece, en lo que estoy totalmente de acuerdo.

Las dinámicas eran raras. Mis padres se la pasaban cuchicheando y mi abuela los espiaba —nunca supe muy bien qué demonios quería decir esa palabra—. Otra cosa buena era que mis padres no discutían tanto, o por lo menos ahora lo hacían como entre dientes, en un susurro.

Las llamadas misteriosas continuaron. Alguna que otra vez el beeper de mi papá recibía algún mensaje y entonces él salía por un tiempo largo de la casa. Yo trataba de leerlos, pero nunca los entendía. A veces mi mamá lo acompañaba, a veces iba solo.

Un buen día, después de muchos días, mi papá llegó con una gran cantidad de periódicos. 

Eran viejos, no tantos, pero no correspondían al día que se estábamos viviendo.

Y yo, en mi nuevo oficio de espía, intentaba adivinar qué pasaba. Pero mi papá era cuidadoso. Siempre miraba para un lado y para el otro, incluso cuando hacía alguna llamada hablaba en voz muy baja, como entre cortada.

El único despiste que recuerdo de aquella etapa fue que dejó los periódicos sobre la mesa. Me pareció un detalle que no podía desaprovechar. Mi papá se había desaparecido de la casa y mi abuela y mi madre jugaban a entenderse.

Sabía que era el Nuevo Herald porque lo había visto mil veces antes. Mi papá en ocasiones es contradictorio. Lo he escuchado decir que ese periódico es una mierda, pero cada día lo compra. A veces pasaba largas horas leyendo, y yo intuía que buscaba algo en los anuncios, pero luego descubrí que hacía marcas con un lápiz en los obituarios.

Si estábamos más cerca de New York que de Miami, por qué mi padre no se traía a casa el New York Times, si a fin de cuentas, era una mierda igual, pero con más hojas.
…el FBI acusó el lunes ante la Corte Federal de Miami a un grupo de diez cubanos de trabajar como agentes del gobierno de Cuba, y de tener como objetivo la obtención de informes sobre instalaciones militares y grupos exiliados del sur de la Florida. (…) El caso, que recibió el número 98-3493 , y cuya acta de acusación consta de 27 páginas, divididas en 49 capítulos, marca un hito en la solapada guerra de inteligencia que durante cuatro décadas han sostenido los dos países.
No entendía bien. O si entendía, porque lo que estaba leyendo se relacionaba directamente con lo que habían visto mis padres esa mañana en la tele. Lo que no tenía ni pies ni cabeza para mí era la relación que ellos podrían tener con aquellos hechos.
Entre las evidencias presentadas por el FBI a la prensa, se encuentran tres computadoras de tipo laptop, radios receptores portátiles de onda corta, transmisores y scaners de onda corta, así como varias antenas, tanto de uso interior como exterior, y de automóvil.
Mi papá no sabe que yo los vi, pero en una ocasión él le mostró a mi mamá cómo sintonizar un radio muy pequeñito. Ese hecho me fue irrelevante, pero ahora que lo pienso, por qué papá daría clases a mi madre en la madrugada, por qué después guardarían el radio dentro de un libro que simulaba ser muy grueso, pero que realmente no tenía nada en su interior, por qué se habrían traído a la casa de abuela el dichoso radio minúsculo. Son tantos por qué… Por qué?

Ahora recuerdo otro asuntico que también me llamó la atención. Yo soy un poco curioso, en eso me parezco a mi padre. Después de ver el radio y su misterio, me pareció muy interesante y cuando sabía que nadie me estaba viendo lo busqué en el estante de los libros. Fue decepcionante la búsqueda, pero encontré otro libro todavía más misterioso que el del radio. Por fuera decía llamarse DESERTOR, por Juan Pablo Roque, pero noté que estaba como despegado y por dentro lo que tenía era poesías de Pablo Neruda.

Joder, mi padre es medio raro, ¿por qué cambiarle la carátula a un libro de poesía, o por qué cambiarle el contenido a una biografía de otro cubano?. Pero más intrigante todavía, por qué mi padre tendría escondido un libro de Neruda. Y para colmo de males, tenía marcado el Poema 12, el que él y mi mami recitan siempre que se reconcilian.
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Seguí la lectura del periódico, tratando de sacar de mi cabeza todos aquellos recuerdos de hechos en su momento intrascendentes, pero que ahora se me antojaban sospechosos.
El jefe de mi papá se llama Ramón Saúl, es dueño de unos yates y a veces llega con ellos cerca de Cuba. Él dice que su jefe no le paga muy bien, pero es lo que casi mantiene a la familia, pero siempre que puede, se caga en su madre y dice bien bajito, pero clarito, que es un tronco de hijo de puta y oportunista.

A veces mi papá es medio hipócrita, porque yo nunca he visto que eso se lo diga face to face. El día menos pensado soy yo quien se lo dice. Mis padres nunca se callan, creo que eso ya lo dije, pero el jefe de mi papá habla sin contenido, un poco como el libro al que papá le arrebató su interior.
…uno de los presuntos espías, René González, era amigo de otro espía y presunto informante del FBI, Juan Pablo Roque, quien jugó un rol clave en el derribo de nuestras avionetas el 24 de febrero de 1996.
Quizás fue este fragmento el que más estupor causó en mí; a mi papá le fastidia que yo utilice esas palabras que parecen que las saqué del diccionario. Pero bueno, no fue otra cosa la que sentí que estupor, como el que sintieron mis padres al escuchar la noticias que nos dio el boleto sin regreso a Nueva Yersy.

El René del que hablaban era un viejo amigo de mi papá, creo que se conocían de Cuba. Muchas veces coincidimos en actividades de trabajo de mi papá y a mí me encantaba porque casi siempre andaba con su hija Irmita. Después casi no iban a las reuniones familiares, porque Olguita le creció demasiado la panza y creo que había dado a luz a principios de años. ¿René era un espía de Castro? ¿Qué diablos era ser un espía de Castro?
¿Juan Pablo Roque? ¿Acaso ese Roque no era el DESERTOR del libro sin contenido? ¿Qué tenía que ver Roque con Neruda? ¿Qué tenía que ver mi papá con Castro? Mi papá no siempre lo llamaba Castro, solo si delante estaba Ramón Saúl, su jefe, si no, solía llamarlo Comandante. ¿Quién entiende a mi padre?
…los espías cubanos son identificables sólo por la mirada –no miran de frente–, y por la forma en que se visten: atildados, a la moda, como soldados de pase. Hablan inglés, y hasta ruso. Se manejan muy bien en éste o cualquier mundo, porque están acostumbrados, como agentes de la Seguridad cubana que son, a viajar por el extranjero en sus misiones secretas. Lo mismo se meten en un laboratorio, un centro de computadoras, un almacén, que en una casa haciéndose pasar por amigos. Si usted se topa con alguno, identifíquelo por el olor: huelen a carroña.
Después de leer este artículo me harté. Olvidé que no quería que papá notara que los había leído y los lancé todo lo lejos que pude. No sé qué hago, mi madre suele decir que ese es el síntoma más evidente de que estoy entrando en la adolescencia. Pero algo ha cambiado en mí.

Y la vida siguió, en esas nuevas circunstancias. Y mi papá seguía preocupado, y mi mamá le daba ánimos y hacía lo que él quería, y mi abuela estaba un poco más vieja y fingía que mi mamá le agradaba, y mi abuelo se seguía tiñendo el pelo.

Y un día salimos de viaje, pero un viaje mucho más largo que de Miami a Nueva Yersy.

Y mi papá me regaló un libro: “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, y me subrayó el final de su Poema 12, y me regaló también una mirada cómplice, y me sentí adulto, y me sentí dichoso.
...Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

*Joven psicólogo espirituano. Este cuento ganó recientemente una mención en un concurso de la Editorial Capitán San Luis.

sábado, 7 de septiembre de 2013

La detención de los Cinco patriotas fue una conspiración entre el FBI y la mafia de Miami

Por Lázaro Barredo Medina*

 
Cada día aparecen mayores evidencias de que lo que aconteció aquel sábado 12 de septiembre de 1998 en Miami obedeció más a la conspiración de oficiales del Buró Federal de Investigaciones (FBI) con la mafia terrorista anticubana, que a la protección de la seguridad nacional de los Estados Unidos.

 En el 2001, cuando abordamos en la Mesa Redonda el proceso judicial contra los Cinco, me llamó la atención una serie de acontecimientos que ocurrieron en torno a la detención en aquellos meses finales de 1998 y publiqué este artículo en el semanario Trabajadores.

 La prensa de Miami reconoció el lunes siguiente a la detención, día 14 de septiembre de 1998, que muchos expertos no se explicaban por qué el FBI había arrestado ese fin de semana a las personas que monitoreaban a grupos contrarrevolucionarios porque era precisamente el FBI uno de los beneficiarios de la información que estas personas recolectaban sobre acciones violentas de estos grupos.

 Un comentario publicado el día 15 de septiembre de 1998 por el Miami Herald planteaba que desde hacía tiempo el FBI tenía conocimiento de la actuación de estas personas dentro de los grupos de Miami, y añadía: "El lunes (14 de septiembre), muchos en La Pequeña Habana conjeturaban que la redada era la forma que tenía Washington de equilibrar la balanza de la justicia contra los siete cubanos exiliados que el mes pasado fueron acusados de tratar de asesinar a Fidel Castro" (se trataba de los detenidos a bordo del yate La Esperanza con la tenencia de fusiles de alto calibre que iban hacia Isla Margarita, en Venezuela, donde se celebraría la Cumbre Iberoamericana).

 Días después, en conferencia de prensa, Héctor Pesquera, recién nombrado jefe del FBI en Miami, reconocía que la detención de los luchadores antiterroristas había generado contradicciones con algunos directivos del órgano de contraespionaje en Washington que no apoyaban esa acción, y agregó que este caso "nunca habría llegado a las cortes" si él no hubiera instado directamente a Louis Freeh, entonces director de ese órgano.

 Evidentemente, algo anormal estaba ocurriendo...

 OFICIALES DEL FBI CÓMPLICES DEL TERRORISMO DE LOS CUBANO-AMERICANOS

 La ola de atentados a hoteles cubanos en 1997 y las posteriores declaraciones del connotado asesino Luis Posada Carriles al The New York Times, pusieron en entredicho a los órganos de la Inteligencia y Contrainteligencia norteamericanos.

 "A mí no me molesta ni la CIA ni el FBI", expresó Posada al Times.

 El diario recordó que hay documentos revelados en Washington por los archivos de Seguridad Nacional que apoyan la insinuación de Posada de que el FBI y la CIA tenían conocimiento detallado de sus operaciones contra la Revolución cubana desde principios de los años 60.

 El Times también reveló por esos días el testimonio del empresario Antonio Jorge Álvarez (Tony), residente en Carolina del Sur, quien dirigía la empresa WRB Enterprises en Guatemala y tuvo en ese país contactos con Posada Carriles y otros terroristas de origen cubano. Con riesgo para su vida, este empresario suministró información al FBI en 1997 sobre los preparativos de atentados contra el Presidente de Cuba durante la Cumbre Iberoamericana en Isla Margarita, Venezuela, y sobre la campaña de bombas que se gestaba contra hoteles en la Isla, pero el FBI demostró poco interés en la denuncia.

 Igualmente, en otra vendetta que olía a chantaje financiero, Posada Carriles reveló que la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) financió durante años actos de violencia en Cuba.

 Días antes de la mencionada Cumbre, la guardia costera de Estados Unidos detuvo en Puerto Rico una embarcación con cuatro hombres, y encontraron dos fusiles especiales Barret calibre 50 con mira telescópica, mientras el jefe del grupo, el cubano-americano Ángel Alfonso Alemán, aseguró a los oficiales del guardacostas, como si fuera una credencial de impunidad, que tenían la misión de matar a Fidel Castro en Isla Margarita.
 El Jefe del FBI en Puerto Rico en ese momento era este Héctor Pesquera, quien seis meses después de esta detención fue nombrado para dirigir la Oficina en Miami.

 Pesquera ya había trabajado en el FBI a principios de los 80 en Tampa y era jefe de la Oficina en Puerto Rico desde 1995, donde ganó renombre con la detención de patriotas independentistas boricuas.

 Las investigaciones posteriores confirmaron que la embarcación detenida en Puerto Rico era propiedad de José A. Llama, directivo de la FNCA, y que uno de los fusiles calibre 50 pertenecía a José Francisco "Pepe" Hernández, presidente de la FNCA, a quien Pesquera ni siquiera citó para interrogatorio, tras encuentros con los enviados de Miami y de intercambiar opiniones con el abogado defensor de estos terroristas, un pariente cercano suyo, Ricardo Pesquera.

 Estos hechos armaron en 1998 gran revuelo en Estados Unidos. En Miami, la prensa reconoció que las "autoridades se muestran suaves frente a actos anticastristas".

 "En medio de informes de que líderes del exilio cubano financiaron atentados dinamiteros en La Habana, fiscales, conspiradores y policías estuvieron de acuerdo en que las conspiraciones anticastristas en el sur de la Florida no solo son comunes, sino casi toleradas", escribió Juan A. Tamayo, un columnista del Miami Herald.

 En ese artículo de Tamayo, publicado el 23 de julio de 1998, se decía: "Durante años la política tácita de las agencias policíacas ha sido espiar a los militantes anticastristas y romper sus conspiraciones antes que enjuiciarlos, dijeron varios actuales y exfiscales de la región.

 "Desde hace mucho tiempo existe la política de recopilar informes de inteligencia y desmovilizar a esa gente, interrumpir, en lugar de arrestar", declaró un importante exfiscal federal.

 "La policía y los agentes del FBI siempre nos vigilaban, pero básicamente nos dejaban tranquilos", afirmó César Roig, un exmiembro de la organización terrorista Comandos L.

 Una de las cosas más interesantes de este artículo, publicado dos meses antes de la detención de los patriotas cubanos, son las declaraciones de Kendall Coffey sobre la marcada parcialidad para celebrar un juicio "anticastrista" en esa ciudad. Coffey había sido Fiscal Federal en Miami y luego sería uno de los abogados de los secuestradores del niño cubano Elián González.

 Reconoce Coffey en ese artículo: "A través de los años hemos actuado en cierto número de casos pero es muy difícil obtener un jurado en esta parte de la Florida que halle culpables a personas que son presentadas como combatientes por la libertad".

 El propio nombramiento de Héctor Pesquera tiene visos de obedecer a influencias de la mafia y la extrema derecha norteamericana. En cuanto llegó a Miami sostuvo reuniones con dirigentes contrarrevolucionarios y reafirmó compromisos con ellos.

 En declaraciones publicadas el 29 de julio de 1998 enfatizó que "a pesar del torrente de informes sobre ataques terroristas de exiliados anticastristas, no planeo aumentar la prioridad de investigación para tales acciones".

 A buen entendedor, pocas palabras...

A LA MAFIA LE URGÍA UN PRETEXTO

 La mafia terrorista de Miami en 1998 estaba en medio de una crisis. La muerte de Jorge Mas Canosa acrecentó las pugnas internas y esa crisis se acentuó con los hechos de Puerto Rico, que involucraron directamente a la FNCA y con otra investigación pública sobre un alijo de armas y explosivos almacenados en una embarcación anclada en el río de Miami y perteneciente a grupos terroristas cubanos (operativo que el FBI realizó gracias a la información suministrada por los patriotas cubanos).

 De igual modo, a pesar del descomunal reforzamiento de la guerra de agresión contra Cuba que se desató a partir de la provocación del 24 de febrero de 1996 y del establecimiento de la Ley Helms-Burton, la política norteamericana comenzó a agrietarse ante la realidad cubana.

 Preocupados con la posibilidad de cambios hacia la Isla, el entonces senador Bob Graham, de la Florida, a instancias de los grupos anticubanos más recalcitrantes, pidió al Pentágono un reporte especial sobre Cuba, en espera de nuevas justificaciones para reforzar la agresión y el "tiro le salió por la culata", porque la conclusión del estudio, en el cual participaron varias instituciones y personalidades políticas y militares norteamericanas, fue que la Isla no constituye una amenaza para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

 También la mafia sufrió otra derrota estratégica cuando en aquel tiempo el llamado "Zar de las Drogas" en el gobierno norteamericano, el general Barry McCaffey, declaró que Cuba no tiene vínculos con el narcotráfico. Sintieron tanta molestia ante esas declaraciones, que el congresista Lincoln Díaz-Balart llegó hasta a tildar ante la prensa de "comunista" a este general de cuatro estrellas, condecorado con los máximos honores y distinciones por acciones combativas.

 A mediados de ese año se profundizó la cooperación entre el FBI y las autoridades cubanas, cuando oficiales de ese órgano viajaron a La Habana tras el envío de una carta del Comandante en Jefe Fidel Castro al Presidente norteamericano William Clinton mediante el escritor colombiano y Premio Nobel Gabriel García Márquez, donde el líder cubano alertaba sobre los peligros de la violencia terrorista desde territorio norteamericano y, sobre todo, la amenaza de comenzar a atentar contra aviones civiles en pleno vuelo, que trasladaban turistas a Cuba.

 Los oficiales del FBI recibieron en La Habana un paquete importante de información con fotos, documentos y cintas de video de al menos 48 terroristas radicados en Miami, material suministrado a las autoridades cubanas precisamente por esos patriotas que monitoreaban a las organizaciones terroristas en La Florida; quienes después serían detenidos y cuyas pruebas serían desestimadas en el juicio al ser clasificadas como "secretas" por el gobierno norteamericano.

 La más connotada derrota la sufrió la extrema derecha cuando, por 72 votos a favor y 24 en contra, el Senado se opuso a Jesse Helms y aprobó una enmienda que facilitaba la venta de alimentos y medicinas a Cuba bajo determinadas prerrogativas. Igualmente, en el Capitolio progresaba la oposición a la inconstitucional medida que prohíbe y penaliza los viajes de los norteamericanos a Cuba.

 Es en este contexto que la mafia terrorista necesitaba urgentemente de un pretexto que paralizara ese movimiento a favor de una mejor relación hacia Cuba, y para ello encontraron un sostén en el Jefe del FBI en Miami y de los personeros de la Fiscalía; mientras en Washington los "padrinos" de la extrema derecha establecían contacto con el máximo nivel para apoyar la detención de los patriotas cubanos al amanecer del sábado 12 de septiembre de 1998.

 Lo insólito es que mientras el Jefe del FBI en Miami empleaba sus recursos para detener y armar un expediente contra cinco personas que trataban de evitar actos de terrorismo que dañaban tanto a su pueblo como a ciudadanos norteamericanos, en esos mismos instantes andaban libres, sostenían sus contactos y se entrenaban en el sur de la Florida, 12 de las 19 personas que tres años después se presume llevaron a cabo los actos terroristas contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington.

 El FBI en Miami jamás obtuvo una sola pista sobre estos terroristas... Estaban demasiado ocupados en el tema cubano.

Fuente Periódico Granma


* Periodista cubano. Director del diario Granma y coautor del libro “El Camaján”

sábado, 8 de junio de 2013

La disciplina mediática y el caso de los Cinco

Por Ricardo Alarcón de Quesada
Tributo a Leonard Weinglass
  “Por bondad de Dios tenemos en nuestro país estas tres cosas indeciblemente preciosas: libertad de expresión, libertad de conciencia y prudencia para no ejercer jamás ninguna de las dos.” Mark Twain
¡¡Descárgalo, imprímelo, difúndelo!!

En la madrugada del sábado 12 de septiembre de 1998, con un aparatoso despliegue de fuerzas, el Buró Federal de Investigaciones arrestó en Miami a Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort y René González Sehwerert. Fueron llevados a un centro de detención federal y, de inmediato, sometidos a confinamiento solitario, en celdas de castigo, aislados del mundo, en lo que allá se conoce como “el hueco”. En tales condiciones habrían de permanecer durante los 17 meses siguientes.

Los Cinco no tenían antecedentes penales, no intentaron escapar o resistir a sus captores, nunca habían violado ley alguna, ni alterado la tranquilidad del vecindario. Pero se les negó la libertad provisional bajo fianza a la espera de un juicio que no comenzaría hasta finales del año 2000 y en el que serían representados por abogados de oficio designados por el tribunal, quienes tuvieron que enfrentar numerosos obstáculos para comunicarse con sus defendidos o para acceder a las evidencias, clasificadas todas como “secretas”, las cuales todavía son reclamadas, al día de hoy, por la defensa.
Ya en la mañana de aquel sábado, la prensa reportaba que oficiales del FBI se habían reunido, para darles cuenta del suceso, con Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart —“legisladores” de prosapia batistiana— y daba inicio contra los Cinco el “tamboreo propagandístico” para usar una expresión de Noam Chomsky.

Los jóvenes, a quienes nadie podía ver o escuchar, serían presentados desde entonces como “peligrosos criminales” cuyo propósito era, nada más y nada menos, “destruir a los EE.UU.”.
Un complicado proceso judicial, el más prolongado de la historia, tras recorrer una empinada senda hasta las puertas, que les fueron cerradas, de la Corte Suprema, está ahora en su etapa final, el procedimiento extraordinario que, en la jerga norteamericana, llaman Habeas Corpus y que debe ser resuelto, ante todo, por la misma Corte que los juzgó en primera instancia.

En junio de 2010, Gerardo presentó su recurso pidiendo la anulación de su condena o que se le permita comparecer ante el tribunal para refutar las falsas acusaciones formuladas en su contra. La Fiscalía se opuso a la solicitud y el tribunal aún no ha respondido.

A mediados del pasado año, su nuevo representante legal, Martin Garbus, introdujo una iniciativa que busca, además, forzar al Gobierno a exhibir evidencias claves hasta ahora ocultas.

Desde que presentó su moción a favor del Habeas Corpus de Gerardo, Garbus espera que la gran prensa norteamericana se de por enterada. Es un jurista eminente involucrado en varios casos que han tenido alto relieve en los medios, ha escrito libros acogidos muy favorablemente por la crítica especializada, y sus artículos y ensayos han encontrado espacio en publicaciones de amplia circulación. Se le considera como uno de los principales expertos en el sistema judicial de EE.UU., especialmente en cuestiones relacionadas con la Primera Enmienda de la Constitución. Su solicitud trata que el gobierno sea obligado a revelar la información relativa a la conjura con un grupo de “periodistas” que recibieron pagos de agencias oficiales mientras atendían el caso en que su representado era el principal acusado.

Él insiste en que la batalla legal en que ahora está enfrascado tiene un carácter excepcional, sin precedentes, en la trayectoria de ese país. Sin embargo, apenas atrae la atención del público. Algo aún más sorprendente ya que en el centro de su demanda están, precisamente, los medios y el papel de la prensa.

Ya en agosto de 2005, el panel de la Corte de Apelaciones había decidido por unanimidad anular el juicio que tuvo lugar en Miami contra Gerardo y sus cuatro compañeros condenados allí por luchar contra los grupos terroristas anticubanos que operan desde esa ciudad. El argumento principal de los jueces fue que aquel proceso había sido, en realidad, una crasa violación a los principios constitucionales. Más que un juicio, fue, según los magistrados, “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”.

Al año siguiente se filtró, en un artículo que dejó sin empleo a su redactor, que esa “tormenta perfecta”, desatada en la prensa local, había sido financiada por el Gobierno, con recursos extraídos del presupuesto federal. Desde entonces, septiembre de 2006, varias organizaciones de la sociedad civil norteamericana han hecho incansables gestiones para que el gobierno muestre lo que esconde acerca de esa operación: ¿cuántas personas participaron, cuánto les pagaron, quién la dirigió y cómo se realizó?

Pese a que el gobierno se ha resistido a los esfuerzos realizados al amparo de la denominada Ley de Libertad de Información ha sido posible reunir algunos datos que prueban que se trató de una operación multimillonaria cuyas dimensiones, aún desconocidas en su totalidad, carecen de punto de comparación en el pasado estadounidense.

Garbus ha acompañado su petición con una declaración jurada en la que, poniendo en juego su autoridad moral y su prestigio profesional, denuncia frontalmente la conducta ilegal del Gobierno y la entraña corrupta de la conspiración. En su declaración aporta nuevos datos, fruto de una investigación acuciosa y difícil, sobre los “periodistas” pagados por el gobierno: todos, sin excepción, están vinculados con o pertenecen a conocidos grupos terroristas, algunos fueron condenados como tales por tribunales norteamericanos y aún promueven abiertamente el culto a la violencia. Esos “periodistas” inundaron los medios locales con miles de artículos e informaciones —más de cinco por día durante el desarrollo del proceso— que se repetían día y noche en las emisoras locales de radio y televisión, una campaña de la que nadie podía escapar, en ninguna parte de la comunidad miamense.

Ese ambiente se produjo, incluso, antes del comienzo del juicio durante la etapa de selección de las personas que integrarían el Jurado, la mayoría de las cuales expresaron temores por las consecuencias que para ellas y sus familias tendría un fallo absolutorio, y recordaron los violentos disturbios asociados al secuestro del niño Elián González cuya liberación, mediante una acción sorpresiva de fuerzas especiales enviadas desde Washington, acababa de ocurrir.

La labor de los “periodistas” no se limitó a las actividades normales de quienes desempeñan ese oficio. Desde la instalación del tribunal, junto con la intensificación de la campaña mediática, se repitieron incidentes con los miembros del Jurado y también con abogados defensores y testigos que se quejaron a la Jueza Lenard por la persecución y el hostigamiento a que eran sometidos por los “periodistas”. La Jueza, por su parte, no solo reconoció que existía miedo entre los jurados causado por las acciones de los “periodistas” sino que pidió a la Fiscalía que la ayudase a poner fin a esa situación. Como consta en las actas del tribunal, la señora Lenard lo hizo desde los días iniciales hasta el final de un juicio que duró siete meses. Obviamente, sus ruegos no fueron escuchados. Era imposible que el Gobierno la ayudase porque era precisamente el Gobierno el que organizaba, pagaba y dirigía a los provocadores, algo que la jueza, como el resto del mundo, desconocía.

Además de utilizar a los “periodistas” incluidos secretamente en su nómina el Gobierno ejerció su influencia para que los medios locales contratasen para desempeñar similar función a individuos que nunca habían ejercido la profesión, algunos incapaces de redactar un par de cuartillas, que eran veteranos agentes de la CIA o habían sido miembros de la brigada mercenaria derrotada en Playa Girón, o habían cumplido condenas por acciones terroristas en Cuba o en EE.UU. Toda la operación fue también un imperdonable agravio al periodismo, una profesión cuyos principios y valores fueron groseramente pisoteados por el gobierno, hecho absolutamente sin precedentes, que no había ocurrido antes y que, al menos hasta ahora, no se ha repetido en EE.UU.

La conspiración mediática tuvo un doble carácter. Por una parte los medios locales de Miami fueron empleados como instrumentos para imponer un ambiente de odio irracional, de verdadera histeria colectiva que condenaba de antemano a los acusados y, como si esto fuera poco, para asegurar el veredicto anticipado, impusieron el terror sobre los miembros del jurado. Por la otra parte, fuera de Miami, han decretado la más férrea censura silenciando completamente el caso de los Cinco.

El juicio más largo en la historia de Norteamérica; en el que participaron como testigos almirantes, generales y altos oficiales, incluyendo un asesor principal del Presidente de EE.UU.; en el que rindieron testimonio, sin mostrar remordimiento, varios jefes terroristas, algunos vistiendo sus atuendos guerreros; un juicio que involucró las relaciones internacionales y cuestiones de seguridad nacional y terrorismo, temas que la prensa norteamericana seguía con obsesión, en pleno auge de la guerra de Bush contra el terrorismo.

Ese juicio, sin embargo, no tuvo la más mínima cobertura en los medios de comunicación de EE.UU. Ni una palabra apareció nunca en los grandes diarios o revistas, ni en las cadenas de televisión o de radio, ni siquiera en los canales televisivos que, dedicados a reseñar, exclusivamente los pleitos de tribunales, trasmiten veinticuatro horas todos los días. Ni una palabra.

Curiosamente, los corresponsales de esos medios nacionales en Miami reportaban el juicio cotidianamente pero solo para sus audiencias locales y algunos participaban también gozosamente en el asedio constante a los atemorizados miembros del Jurado.

El silencio  mediático sigue acosando a los Cinco héroes cubanos a lo largo de un prolongado proceso apelativo que aún continúa. Sistemáticamente han ocultado momentos importantes de la contienda legal que habrían sido noticia si no hubiera existido la orden de no divulgarlos. Prácticamente nada se ha publicado sobre: la decisión de Agosto de 2005 del panel de la Corte de Apelaciones anulando lo sucedido en Miami y disponiendo se celebrase un nuevo juicio en otra sede; la decisión de esa misma Corte, en 2009, revocando las sentencias impuestas respecto al Cargo 2 (Conspiración para cometer espionaje) porque, unánimemente, los 14 jueces determinaron que en este caso no había nada que afectase la seguridad nacional de EE.UU. ni prueba alguna de espionaje;  el recurso presentado por la propia Fiscalía en mayo de 2001 y su solicitud de retirar la acusación formulada contra Gerardo (Cargo 3, Conspiración para cometer asesinato) reconociendo que no podía sustentarla. Estos son tres ejemplos de acontecimientos que merecieron titulares de primera página pero fueron deliberadamente sepultados.

La lista de omisiones es larga. Solo agregaré las numerosas ocasiones en las que el Gobierno y el propio tribunal admitieron que la verdadera acusación contra los Cinco era la de haber luchado en Miami contra los grupos terroristas y que proteger a estos era el objetivo del juicio. El propósito de respaldar a los terroristas fue más allá del injusto y desmesurado castigo carcelario a los Cinco. A las sentencias impuestas a todos —incluso a Gerardo, condenado a morir dos veces en prisión— les fue agregada, a petición del gobierno, la llamada cláusula de “incapacitación”, o sea, la prohibición específica, una vez fuera de prisión, de intentar cualquier daño a los terroristas. Por extraño que parezca esa delirante restricción allá mantiene plena vigencia. A René González, quien está ahora retenido contra su voluntad en territorio norteamericano1. se lo recordó la Jueza al salir de la prisión: “Como una condición especial adicional de la libertad supervisada se le prohíbe al acusado acercarse o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos tales como terroristas”. Todo lo anterior puede encontrarse visitando el sitio oficial del Tribunal del Sur de la Florida y leyendo el caso EE.UU. versus Gerardo Hernández et al. Ahí está la verdad de este caso, disponible para quien se atreva a divulgarla.

Tampoco han dado cuenta los grandes medios norteamericanos de los incontables reclamos a favor de los Cinco del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la ONU o de Amnistía Internacional, o de varios parlamentos nacionales, o el número excepcionalmente elevado de Amicus (documentos de apoyo) dirigidos a la Corte Suprema de EE.UU., suscritos, entre otros, por diez Premios Nobel y por centenares de organizaciones y personalidades, incluyendo juristas, parlamentarios y religiosos de todo el planeta.

Hasta ahora han hecho caso omiso al Habeas Corpus, la Declaración Jurada y otros documentos presentados por Martin Garbus. Entre tanto, el gobierno no solo se opuso a esta petición, también le ha pedido a la Corte que la elimine, que no quede siquiera en la historia legal del caso y la haga desaparecer por completo. Esta insólita acción de la Fiscalía, por supuesto, tampoco ha sido noticia.

El gobierno quiere evitar cualquier examen de su operación secreta con un grupo de “periodistas” para lograr la más severa condena de cinco personas inocentes. Trata de impedir a toda costa que el asunto sea discutido y que trascienda a la opinión pública porque sabe que se trata de una clara violación a la Constitución y un acto de prevaricación sin precedentes que lo obligaría a poner en libertad inmediatamente a Gerardo y sus compañeros. Nunca antes se conoció de semejante transgresión a las normas del debido proceso. La jurisprudencia norteamericana está repleta de casos en que por faltas incomparablemente menores, incluso por errores procesales o técnicos, los juicios han sido anulados y los acusados devueltos a la libertad.

El eje de la campaña mediática —sobre la que Washington no quiere que se hable— fue la acusación contra Gerardo, su supuesta participación, que el propio gobierno reconoció le fue imposible probar, en el incidente del 24 de febrero de 1996 provocado por la intromisión ilegal en territorio cubano de tres aeronaves de un grupo terrorista asentado en Miami y el derribo de dos de ellas por la defensa antiaérea cubana.

Este cargo completamente inventado no formaba parte de la acusación inicial y fue incorporado medio año después del arresto de los compañeros mientras ellos estaban encerrados en “el hueco”, imposibilitados de replicar. Lo agregaron tras un intenso despliegue noticioso sobre los reclamos de los grupos terroristas y de reuniones entre ellos y los fiscales que culminaron en la presentación de una imputación completamente falsa que envenenó aún más el ambiente y habría de ocupar más tarde la mayor parte del juicio.

La falsedad absoluta de ese cargo está perfectamente documentada. Según el Acta acusatoria el FBI había descubierto quién era Gerardo y lo que hacía en Miami, por lo menos desde 1994, dos años antes del suceso, pero no lo arrestaron ni lo acusaron entonces cuando la ciudad era dominada por la histeria anticubana con manifestaciones llamando a la guerra y mientras en la Casa Blanca, según registra Clinton en sus Memorias, se le proponía al Presidente bombardear a Cuba. ¿Quién puede creer que no habrían actuado contra el “culpable” del incidente si lo hubieran tenido allí mismo en Miami controlado por el FBI? Tampoco lo acusaron cuando lo detuvieron casi tres años más tarde, el 12 de septiembre de 1998. La calumnia surgió solo después, en mayo de 1999, luego de lanzarla en los medios y convertirla en el tema predilecto de la Fiscalía y sus “periodistas”. Tan falaz y endeble era la imputación contra Gerardo que así lo reconoció la misma Fiscalía, como ya se dijo, en mayo de 2001, poco antes del veredicto. A esas alturas era ya demasiado tarde, pues el Jurado, víctima del terror, solo emitiría un fallo de culpabilidad. Gerardo fue condenado a morir en prisión por un supuesto delito que ya no era sostenido por los acusadores.

Pero, para colmo, lo castigaron por un “crimen” que no existió, algo que sabían desde el primer día las autoridades norteamericanas quienes han mentido y mienten procazmente sobre el acontecimiento y sus consecuencias. Para respaldar esta afirmación es preciso dar mi testimonio personal.

Manhattan fue testigo

Poco después de haber llegado a New York, en el verano de 1996, encontré a un amigo que era el conductor del principal noticiero de una de las cadenas nacionales de televisión. En aquellos días, era escasa la actividad diplomática en Naciones Unidas y a él le sorprendió encontrarme allí cuando la modorra estival parecía esquivar cualquier novedad.

Le conté que venía de Montreal donde el Consejo de la Organización de Aviación Civil Internacional acababa de aprobar su informe sobre lo ocurrido el 24 de febrero de ese año. En los próximos días, el Consejo de Seguridad de la ONU lo discutiría en una reunión en la que me correspondería representar a Cuba.

Mi sorpresa fue mayor que la suya cuando le escuché decir que no reportaría esa reunión como tampoco lo harían las otras cadenas nacionales. “No diremos absolutamente nada”, me dijo, “aunque te pares en medio de la reunión y le arrojes un vaso de agua a la cabeza de Madeleine Albright”, refiriéndose a la dama que entonces era la embajadora norteamericana ante la ONU y que después sería Secretaria de Estado.

De todos modos me pidió organizar un encuentro al que invitaría a unos pocos especialistas de su empresa para examinar el tema, obviamente “off the record” puesto que para ellos era un terreno vedado. Lo hicimos en su oficina, desde cuyos ventanales podía verse el animado desplazamiento de personas y vehículos en la cercana Avenida Broadway.

Llevé el documento elaborado por los investigadores de la OACI y se los expliqué párrafo a párrafo. Las peripecias de la comisión encargada de esclarecer lo sucedido, su infructuosa búsqueda en EE.UU. de testigos y datos elementales que había forzado a postergar varias veces la discusión en el Consejo de la OACI hasta el último día, justo para concluir su sesión anual. Las dudas, objeciones y protestas de varios miembros del Consejo.

La naturaleza de las aeronaves empleadas en la provocación a las que los medios norteamericanos bautizaron para siempre como “avionetas civiles desarmadas” pese a que, en los manuales oficiales norteamericanos que les mostré, se precisa su uso como el avión O-2 en tareas paramilitares como las que desempeñó en la guerra de Vietnam. En el caso específico de las involucradas en el incidente habían participado en la guerra recién concluida en El Salvador y el Informe incluía fotos que mostraban todavía en algunos fuselajes la inscripción USAF (Fuerzas Aéreas de EE.UU.). Referí la larga lista de provocaciones anteriores, nuestras protestas oficiales y el intercambio de notas diplomáticas incluyendo aquellas en las que el Departamento de Estado pedía datos sobre las violaciones cometidas, agradecía su entrega y nos comunicaba que habían iniciado el proceso para retirarle su licencia de vuelo a José Basulto, el jefe del grupo y responsable de ataques con bombas contra Cuba desde los años 60.

Comenté también que habíamos hecho gestiones discretas a altos niveles de las que resultó la promesa de poner fin a las provocaciones.

La investigación de la OACI registraba el testimonio de funcionarios norteamericanos que señalaron estar advertidos de antemano de que algo iba a ocurrir y habían tomado medidas previamente para documentar el suceso. En paradoja incomprensible, sin embargo, solo entregaron a última hora las informaciones contradictorias de algunos de sus radares y comunicaron que otras habían sido destruidas sin explicación.

Se negaron a la solicitud que entonces les hiciera la OACI para acceder a las imágenes que del incidente habían tomado los satélites norteamericanos. Hacer imposible que nadie más pueda ver esas imágenes ha sido y es la terca posición de Washington todavía 16 años después del incidente.
Los únicos objetos de las avionetas destruidas fueron encontrados por Cuba dentro de su mar territorial a cuyas aguas solicitaron permiso para entrar los navíos norteamericanos después de su infructuosa búsqueda fuera de nuestros mares. A pesar de que, como lo sabe cualquiera, las corrientes marinas en esa zona los habrían alejado de nuestro espacio e impulsado hacia el norte.

El único testimonio “imparcial” que hallaron los investigadores fue el de un marino de origen noruego, pero radicado en Miami, capitán del crucero Majesty of the Seas que tiene su sede y opera desde esa ciudad y quien les fue presentado por las autoridades norteamericanas. Según este señor, había visto ocurrir el derribo en un punto de las aguas internacionales aunque muy próximo a Cuba. Alegó haber hecho algunas anotaciones en un pedazo de papel y solo las inscribió en su bitácora después de ser visitado por oficiales del Buró Federal de Investigaciones. Ningún otro tripulante, nadie más de quienes iban a bordo del crucero fue entrevistado. Datos curiosos: la empresa que opera ese barco es uno de los principales contribuyentes de la Fundación Nacional Cubano-Americana y el capitán es un notorio militante “anticastrista”. Estos reveladores detalles no aparecen en el Informe de la OACI aunque sus redactores sí dejaron constancia de que no habían podido comprobar independientemente dónde estaba el Majesty of the Seas cuando ocurrió el incidente.

Fue un intercambio animado y respetuoso. Mis interlocutores, pese a ser periodistas especializados en cuestiones internacionales, manifestaron total desconocimiento del asunto, de su contexto y antecedentes y expresaron sincero interés por aprender, sin dejar de manifestar frecuentemente su asombro.

La conversación derivó hacia la Ley Helms-Burton que el Presidente Clinton había promulgado pocos meses antes. Todos los interlocutores lamentaron el agravamiento de las relaciones con Cuba y repitieron al unísono que lo más deplorable del asunto era que el incidente había puesto fin a los esfuerzos del inquilino de la Casa Blanca por mejorar la situación y lo había forzado a aceptar un texto al que él y sus principales asesores se oponían.

El coro se interrumpió cuando les dije simplemente: “You are dead wrong” y les mostré otro documento al tiempo que les conté cómo llegó a mis manos.

Ocurrió también en Manhattan casi un año antes, en 1995. Estaba reunido, en absoluta privacidad, con una persona que ocupaba entonces un alto cargo en el Departamento de Estado y sigue perteneciendo hoy a ese organismo. Para la fecha ya el proyecto de Ley había recibido la aprobación de la Cámara de Representantes y se especulaba, entre los entendidos, si recibiría también el voto del Senado que dependería de la actitud que frente al texto tuviese la Casa Blanca, y la persona con quien charlaba a solas cerca del siempre apacible East River me preguntó cómo yo apreciaba la situación. Me embarqué en un análisis basado en la información a mi alcance hasta que me interrumpió: “You are dead wrong” y me entregó el documento que ahora les mostraba a periodistas especializados en problemas internacionales de una red de televisión que abarca toda Norteamérica y va más allá.
Se trata del texto de la Ley Helms-Burton y el intercambio electrónico entre la dirección del Departamento de Estado y los principales jefes del Consejo de Seguridad Nacional en el que estos últimos, de modo muy explícito, daban luz verde al engendro legislativo.

No fue esa la única vez que coloqué ante los ojos de algún periodista norteamericano un documento que prueba irrefutablemente que la Administración Clinton había aceptado la Ley Helms-Burton desde 1995, mucho antes del incidente de 1996, el cual sería utilizado después como falaz justificación para lo que ya había sido pactado con anticipación. Me he cansado de enseñarlo a quienes se supone tienen el oficio de informar. Ninguno lo convirtió en noticia. Nadie ha dicho nada jamás sobre su existencia. Tampoco lo hicieron los que participaron en aquel encuentro en el corazón de Manhattan. Se pasaron el documento, mano a mano, lo revisaron uno tras otro, mientras yo los miraba a la espera, inútilmente, de alguna reacción. El silencio fue total. Solo lo interrumpía el bullicio que llegaba del exterior.

Para concluir la reunión, el siempre recordado amigo dijo más o menos estas palabras: “¿Comprenden ahora por qué no podemos publicar nada sobre este tema?”.

Cuando me retiré, ya los letreros publicitarios de la gran avenida reemplazaban la claridad disipada del atardecer.

Un par de días después se celebró la reunión del Consejo de Seguridad, de la que salió la señora Albright seca y sin un solo rasguño. Ningún medio norteamericano publicó nada sobre esta discusión en la ONU.

Años más tarde, alejada ya ella de responsabilidades gubernamentales, en una entrevista televisiva la vi confesar que aquella reunión del Consejo de Seguridad había sido su experiencia diplomática más difícil. Como había sido totalmente silenciada por los grandes medios me temo que nadie entendió sus palabras.

El derribo de las avionetas fue utilizado como burda excusa para enrarecer aún más las relaciones entre los dos países. Resonaron entonces los tambores de la guerra y como alternativa se intensificó el bloqueo económico que fue, además, codificado con la Ley Helms-Burton, vergonzoso adefesio que el Presidente Clinton firmó en grotesca ceremonia en la que abdicó prerrogativas presidenciales, gesto sin memoria en las crónicas de la Casa Blanca.

El incidente, además, ilustra como pocos el papel no solo desinformativo sino también embrutecedor de las grandes corporaciones mediáticas. Gracias a una censura que es tan eficaz como insidiosa, pues se ejerce sobre un pueblo al que se le hace creer, cínicamente, que está más informado que nadie, multiplicando incesantemente la mentira y castrando el espíritu crítico al reducir la capacidad de análisis con la constante repetición de fórmulas y consignas a la usanza de la publicidad comercial, esas corporaciones imponen una verdadera dictadura de alcance global, pero que convierte al pueblo norteamericano en su primera y principal víctima.

Se ha hecho pensar a muchos que el 24 de febrero de 1996 —cuando Cuba atravesaba la peor crisis económica de todos los tiempos y no contaba con el apoyo de ningún otro estado— el gobierno cubano había decidido provocar la guerra con EE.UU., atacando aviones norteamericanos en aguas internacionales. La irracionalidad de semejante teoría salta a la vista. Cuba no habría tenido nada que ganar y sí muchísimo que perder con una conducta que hubiera sido un absurdo suicidio colectivo.

¿Cómo explicar tal actitud en un país que nunca, en toda su historia, ha sido agresor de nadie?
Los antecedentes están perfectamente documentados aunque totalmente silenciados. Antes de febrero de 1996, el grupúsculo terrorista autodenominado Hermanos al Rescate había realizado decenas de incursiones al territorio nacional, todas y cada una de ellas protestadas por Cuba ante el Departamento de Estado y denunciadas públicamente.

El suceso del 24 de febrero de 1996 fue precedido de reiteradas advertencias de La Habana por canales diplomáticos y otras vías privadas, pero también abiertamente ante los medios de comunicación social. El jefe del grupo provocador había hecho también repetidas declaraciones públicas, desafiando las leyes norteamericanas, anunciando la continuación de sus vuelos y alardeando de que seguiría haciéndolo porque Cuba estaba supuestamente en una situación tan crítica que no podía defenderse.
En cualquier caso, la acusación contra Gerardo es también un insulto a la inteligencia y al sentido común. Hace mucho tiempo que existen los radares que son los instrumentos que todos los estados emplean para detectar los movimientos de los aviones. Los datos sobre todos los vuelos entre Miami y La Habana, incluido el del 24 de febrero de 1996, los recibieron las autoridades cubanas de los controladores de vuelo del país vecino desde que las aeronaves despegaron. Para recibir esas informaciones, en tiempo real, no se requería de los servicios de nadie más. Que ese día ocurriría un vuelo lo había anunciado Basulto mucho antes en provocadoras y estridentes declaraciones que disfrutaron amplia difusión.

Toda la discusión técnica acerca del lugar exacto donde ocurrió el lamentable suceso debería resultar muy esclarecedora para cualquier persona con capacidad de razonar. Estamos hablando de distancias aéreas que se miden en segundos de diferencia. El gobierno de Washington reconoció que la aeronave que conducía Basulto había penetrado el territorio cubano y por eso le retiró la licencia de piloto. En cuanto a las dos avionetas derribadas que siempre acompañaron e iban próximas a la de Basulto, Washington alega que estaban fuera de nuestro territorio, aunque muy cerca de él, cuando fueron interceptadas. Según el informe de la OACI, sin embargo, desde que llegaron frente a la capital las tres volaron juntas en línea recta rumbo sur hasta que se produjo la interrupción del vuelo. Tómese en cuenta que, en cualquier caso, incluso en la versión norteamericana, en unos pocos minutos habrían atravesado la ciudad de La Habana y cruzado la Isla hasta la costa sur.

Se podrá discutir eternamente la ubicación precisa del lugar donde se produjo el hecho, pero nadie cuestiona que ocurrió muy cerca de la Isla de Cuba y de la zona de mayor concentración urbana, el centro de la ciudad de La Habana. La acción de los cazas cubanos tuvo un carácter eminentemente defensivo, no se realizó dentro del mar territorial norteamericano, ni cerca de él, ni siquiera dentro del ancho espacio internacional que separa ambas fronteras marítimas. Toda la discusión técnica giró acerca de la distancia del hecho y la línea fronteriza cubana, distancia que en términos de velocidad aérea se mide en segundos, pero nadie cuestiona que ocurrió en un punto muy próximo a lugares por los que, en ese instante, un pueblo inerme se movía libre y confiado, ajeno por completo al peligro.
Aquella tarde de sábado frente al litoral habanero se realizaba una competencia deportiva acuática y a lo largo del Malecón se hacían los preparativos para el último desfile del carnaval, mientras miles de habaneros se desplazaban hacia el estadio de béisbol para asistir a un juego decisivo entre el equipo insignia de la capital y uno de sus principales rivales, mientras que muchos otros, en la Universidad y junto al Malecón celebrábamos el cuadragésimo aniversario de la fundación del Directorio Revolucionario.

¿Cuál habría sido la respuesta norteamericana si una provocación parecida se hubiera producido cerca de la desembocadura del río Hudson frente a la isla de Manhattan?

En cuanto a la patraña sobre el carácter “civil” de las avionetas, pese a que así las bautice con machacona insistencia la propaganda yanqui, lo que define su carácter no es la supuesta naturaleza intrínseca de las aeronaves sino su uso, tal como prescriben los protocolos de la OACI. Los aviones empleados en las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001 eran aparatos comerciales que transportaban pasajeros pero a nadie se le ocurriría decir que su vuelo tenía un carácter civil.   

Chomsky empleó el calificativo de “disciplinados” para describir a los grandes medios de comunicación norteamericanos. Su relación con las autoridades y con los dueños de los principales resortes de la economía —los grandes propietarios que según los redactores de la Constitución debían ser quienes gobernasen el país y así lo han hecho desde la independencia de las Trece Colonias— es muy específica y peculiar. No opera con los resortes comunes a las dictaduras tradicionales como las que sufrieron en muchas ocasiones los países latinoamericanos. Allá no instalan censores en las salas de redacción para dictaminar sobre lo que puede o no publicarse. El sistema es más sutil y resulta más eficaz.

Se basa en un dato fundamental de la realidad contemporánea. Los diarios y revistas principales, al igual que la radio y la televisión, no son, como antaño, vehículos independientes para la diseminación de informaciones y opiniones. Quienes los poseen integran poderosos conglomerados que controlan otras actividades de la llamada industria cultural y del entretenimiento, y están estrechamente asociados, a su vez, con otras ramas de la economía. Los dueños de los medios de información, en otras palabras, son inseparables de los grupos monopólicos que en EE.UU. ejercen el verdadero poder. Nadie tiene que obligarles a mentir o a ocultar la verdad si eso es lo que conviene a intereses que también son suyos. Lo saben los directores de esos medios y los periodistas bien informados. Basta una llamada telefónica para recibir la “guía informativa” que allá todos conocen lo que significa.

Ese es, en el fondo, el obstáculo principal que encaran los Cinco luchadores antiterroristas cubanos presos en EE.UU.

Gerardo lo dijo hace ya bastante tiempo. Solo “un jurado de millones” les hará justicia.
¿Cómo formar ese jurado? ¿Qué hacer para que la verdad llegue a millones de personas que no la conocen porque dependen de los grandes medios para saber qué pasa en el mundo que los rodea? ¿Cómo hacerlo si esos medios se empeñan precisamente en ocultarla?

Para ello se requiere multiplicar los esfuerzos que se llevan a cabo en todo el mundo, para que alcancen niveles superiores, en amplitud y eficacia, hasta transformarse en una fuerza social real capaz por sí misma, sin contar con los dueños de la información, de movilizar a la opinión pública en los EE.UU. y obligar a su Presidente a hacer lo que debe y puede hacer: poner en libertad inmediatamente y de modo incondicional a los Cinco, a todos y cada uno de ellos, sin excepción alguna.

Esa es una facultad que la Constitución otorga, de manera exclusiva y sin limitación de ningún tipo al Presidente de los EE.UU. Para Barack Obama no debería ser difícil si se basa en lo que en esta materia ha heredado su Administración.

Contra los Cinco se formularon dos Cargos importantes: el Cargo Dos (conspiración para cometer espionaje) y el Cargo Tres (conspiración para cometer asesinato). Los fundamentos de ambos habían sido demolidos por un tribunal superior o por la propia Fiscalía antes que Obama fuera electo Presidente.

La Corte de Apelaciones ya determinó por unanimidad que las sentencias relacionadas con el supuesto espionaje eran ilegales y las anuló.

La Fiscalía de George W. Bush admitió su fracaso respecto al Cargo Tres y pidió retirarlo en una acción excepcional (Emergency Petition for Writ of Prohibition).

Sin embargo, el arbitrario castigo discurre ya por su décimoquinto año. Mientras ellos cumplían su injusto encierro, otros individuos fueron sancionados en EE.UU. por espionaje real o incluso por la comisión de actos terroristas y salieron en libertad porque les fueron impuestas sentencias incomparablemente menores. Desde luego, ninguna de esas personas eran patriotas cubanos juzgados en Miami.

La cruel injusticia contra Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René es, por encima de todo, un mensaje muy claro para todo el pueblo de Cuba. Ellos fueron condenados por combatir el terrorismo que ha sido promovido por sucesivas administraciones norteamericanas y que ha causado muerte y dolor a varias generaciones cubanas a lo largo de más de  medio siglo. La perpetuación del castigo contra ellos significa que esa política criminal sigue vigente y continúa como una grave amenaza sobre los cubanos y las cubanas de hoy y de mañana. No es razonable imaginar una mejor relación entre ambos países mientras esta situación persista. Obama sabe que mejorar las relaciones con Cuba es un factor importante para una vinculación constructiva y respetuosa con los países de América Latina y el Caribe, algo que él ha declarado como uno de los objetivos de su gobierno.

Para convencer al Presidente es necesario que el caso de los Cinco sea verdaderamente una causa que interese y motive a millones de norteamericanos que desgraciadamente, hay que reconocerlo, poco o nada conocen al respecto, porque se les ha prohibido acceder a ella. Es grande la tarea para quienes se empeñan en liberarlos.

El líder histórico de la Revolución cubana, el compañero Fidel Castro, en discurso memorable proclamó: “Solo les digo una cosa: Volverán”. Pero no se trata de esperar a que vuelvan. Se trata de hacerlos volver, usando los instrumentos al alcance de cada cual, desde las acciones solidarias en las calles, hasta el rezo, la poesía y la canción. Que cada cual se plantee con toda sinceridad la pregunta que se hacen los niños de La Colmenita en la hermosa obra Abracadabra: “¿Y ahora qué más podemos hacer?”

Es un desafío que reclama voluntad de acero y requiere también creatividad en el uso de todas las vías alternativas que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación para derribar el muro de silencio que levantan los monopolios mediáticos.
Solo así podrá constituirse ese jurado de millones. Es una pelea difícil pero que puede culminar con la victoria. “Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas” (San Lucas 12, 2.3).    

Bibliografía
  • U.S. District Court for the Southern District of Florida. United States vs. Gerardo Hernández et al.
  • Transcript of Trial before the Honorable Joan A. Lenard.
  • Transcript of Sentencing Hearings before the Honorable Joan A. Lenard.
  • U.S. Government Emergency Petition for Writ of Prohibition before the U.S. Court of Appeals for the Eleventh Circuit, May 30, 2001
  • United States Court of Appeals for the Eleventh Circuit No. 01-17176, 0311087, August 9, 2005
  • Martin Garbus: Declaración Jurada, 17 de agosto de 2012.
  • Martin Garbus: Memorándum de Respuesta a nombre de Gerardo  Hernández solicitando que se anulen su condena y sentencia o, en su defecto, se haga cumplir la acción exhibitoria y se le conceda una audiencia oral, 31 de agosto de 2012.
Estos dos últimos documentos, suscritos por Garbus y sus anexos con copiosa información son parte de la petición de Habeas Corpus y están registrados ante la Corte del Distrito Sur de la Florida (Case No. 1. 10-CV-21957- JAL Criminal Case No. 98-721- Cr. Lenard)
El Gobierno de EE.UU. ha solicitado eliminarlos, hacerlos desaparecer (Motion to Strike).
 
1. En la fecha de publicación de este trabajo (mayo de 2013) ya rené González se encuentra de regreso de manera permanente en Cuba, luego de cumplir con el trámite de renunciar a la ciudadanía estadounidense. (N.E)
Ensayo presentado al concurso internacional Pensar a Contracorriente, y que recibió Mención del Jurado, durante la 22 Feria Internacional del Libro de La Habana.
 
Tomado de La Jiribilla, con imagen del Periódico Trabajadores