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domingo, 13 de enero de 2013

Ley Migratoria Cubana: Una legislación para la familia

Próximamente entrarán en vigor las nuevas medidas migratorias que eliminan trámites, y ahorran dinero y tiempo a las personas que deseen viajar por asuntos personales...
Las decisiones que entran en vigor este lunes tienen como contexto, que nadie lo olvide, la permanencia de la hostilidad de Estados Unidos, el poderoso vecino que durante varias décadas ha alentado la salida de Cuba.
Precisamente, ese uso del tema migratorio como arma política contra la Revolución Cubana es lo que fija los límites de las medidas que aplica el país, que, como todos, se defiende del robo de cerebros con la aplicación de mecanismos de control.
No se puede perder de vista que Estados Unidos, además de la Ley de Ajuste Cubano, aprobada en 1966, tiene vigentes al menos seis programas para favorecer a los emigrados cubanos por encima de todas las otras nacionalidades.
La nefasta Ley de Ajuste, que facilita de manera expedita la residencia de los cubanos que lleguen por cualquier vía a suelo norteamericano, es un descarado estímulo a las salidas ilegales que alienta una emigración ilícita e insegura y que ha provocado numerosas pérdidas de vidas humanas.
También el gobierno norteamericano mantiene un programa para estimular la deserción de nuestros médicos, en particular de aquellos que realizan misiones de colaboración.
A pesar de esa hostil política norteamericana, Cuba ratifica ahora la voluntad de continuar favoreciendo las relaciones con la emigración y garantizar que los movimientos migratorios se realicen de forma legal, segura y ordenada.
Las medidas se adoptaron por una decisión soberana del Estado cubano y no responden a presiones ni a imposiciones externas. Tampoco el país busca con ellas un certificado de buena conducta ante Estados Unidos, que mantiene el obcecado afán de destruir a la Revolución Cubana.
Las normas migratorias que entran en vigor este lunes son similares a las que se aplican en diferentes Estados, por eso hay restricciones para quienes están sujetos a procesos penales, o los que están pendientes o en cumplimiento de una sanción judicial, o quienes son poseedores de secretos del Estado, o aquellos que cumplen con las obligaciones del Servicio Militar. También hay otras muy propias de la singularidad de Cuba, que responden a la legítima defensa del Estado revolucionario frente a la constante acción subversiva de Estados Unidos, que no renuncia a destruir el orden sociopolítico de la Isla.
Sin embargo, en general, las decisiones que se aplican desde este lunes constituyen una flexibilización que mucho agradece la familia cubana, pues en la profunda transformación que vive el país, la política migratoria tenía que ser también modificada y no podía ser de otro modo.
Ese proceso ha tenido que hacerse sin apresuramientos y calculando todo al detalle para no solo beneficiar a quienes quieren viajar al extranjero, sino también a una emigración que cada vez mayoritariamente trata de normalizar sus relaciones con la Patria.
Eliminar trámites hacia afuera y hacia adentro de Cuba, además de ahorrar dinero y tiempo a la ciudadanía, es una decisión que favorece una emigración organizada y segura, pero, sobre todo, alimenta los lazos familiares, por eso es una legislación para la familia.
Algunos beneficios de la nueva política migratoria:
  • Suprimir el permiso de salida y la carta de invitación, lo que hace el trámite más beneficioso, más expedito, además de que ocasiona menos gastos a la ciudadanía.
  • El hecho de que los menores puedan viajar de manera temporal con sus padres también es una medida muy positiva.
  • La ampliación de las causales para la repatriación de los cubanos que residen en el exterior y puedan volver a su tierra, igualmente es muy loable.
  • El tiempo que pueden estar en el exterior los cubanos sin considerarse emigrados se extiende hasta los 24 meses, de los 11 que hasta hoy estaban establecidos.
  • Los emigrados podrán visitar la isla por hasta 90 días, a diferencia de los 30 fijados anteriormente.
  • Quienes emigraron ilegalmente después de los acuerdos migratorios de 1994 con Estados Unidos pueden regresar al país si han transcurrido ocho años de su salida.
Más informaciones
Información tomada de CubAhora

Video en Youtube:

La Dirección de Inmigración y Extranjería (DIE) de Cuba informó que las condiciones están creadas para la entrada en vigor de las normas jurídicas referidas a la actualización de la política migratoria, prevista para el 14 de enero. (JR)

jueves, 22 de noviembre de 2012

Carta de una joven que se ha ido (...a vivir a Cuba)

Hay, cómo no! y para no variar, los usuales comentarios ofensivos, airados o displicentes con que "castigan" a Vincenzo y claro, ahora también a Martina; pero la respuesta a esos comentarios la da otro lector, con esta frase lapidaria:
"El punto de la disidencia cubana (dentro o fuera) es siempre el mismo: la crítica sin propuestas, sin ideas"...

Carta de una joven que se ha ido
Por Martina Manfrin

Nota de Vincenzo Basile (Capítulo Cubano): Tras todas las especulaciones de mi Carta de un joven que se irá, les presento ahora -siguiendo con el mismo tema- una carta de una joven italiana que se ha ido a Cuba...

No era fácil explicar por qué, desde los 15 años de edad, siempre soñé con quedarme a vivir en Cuba. Era entonces una isla que se encontraba al otro lado del Atlántico, que nunca había visto y que tenía una forma de gobierno de las más extrañas, elogiada por muchos y fuertemente criticada por otros. Desde Italia me salía imposible, por mucho que estudiara y coleccionara artículos varios sacados de revistas y periódicos, tener una visión objetiva del asunto; sin embargo, seguía buscando aquella Isla, y su aura de misterio acrecentaba mis deseos de adolescente. Y fue así que pasé unos cuantos años estudiando todo lo que encontraba sobre la mayor de las Antillas y su Revolución, y lo hice tan bien que hoy en día puedo citar de memoria los nombres de los hijos del Che y Fidel, los principales combates en la Sierra Maestra y las técnicas básicas de la guerrilla. Tuve también el privilegio de conocer al Expedicionario Italiano del Granma, Gino Doné, y a Alberto Granado, el de la motocicleta.


Hasta aquí –Ustedes pensarán- era una infatuación de niña, y por supuesto tendrían razón, si no fuera que en el 2009, acabada de graduarme en Letras, hice mi primer viaje a Cuba. Tenía en aquel entonces 22 años y más preguntas que respuestas, y con ese espíritu me metí de viaje. O iba a amarla o a odiarla profundamente, la Cuba real. En realidad me equivocaba, regresé a Italia con más dudas que antes, perpleja y al mismo tiempo con el deseo de regresar para buscar a fondo un centro de gravedad permanente, un punto de vista desde el cual formular una opinión clara y personal sobre la isla. Así que di otra vuelta en el noviembre de 2010, un viaje muy mochilero que me metió en el medio del campo y de la calle, dándome la posibilidad de preguntarle a la gente cualquier cosa, del funcionamiento de la libreta al transporte. Recogí de esta forma muchos datos, críticas y sugerencias, con unos cuantos meses de antelación al Sexto Congreso del PCC. El único juicio que pude formular al regreso de mi segunda expedición fue que había en Cuba muchas cosas que había que cambiar, pero el núcleo socialista permanecía bueno, válido y fundamental para un positivo desarrollo de la sociedad cubana, y precisamente en ese sentido me atrevía a definirme revolucionaria. Como dice Pablito Milanés, “no todas las cosas me complacen, pero por ella daría la vida”.

El año pasado, en diciembre de 2011, a un par de días de mi graduación de posgrado, ya estaba en Cuba tratando de buscar una forma para quedarme a vivir allí. Para darme más posibilidades de éxito había participado en Italia, unos meses atrás, a una trasmisión televisiva a premios. Será materialista decirlo, pero hasta para hacer revoluciones hay que recaudar fondos. Lamentablemente, a pesar de eso, mi tercer viaje a Cuba fue un desastre, y tuve que regresar a Italia porque se me vencía la visa de turista y me faltaban los papeles para empezar los trámites. Lo que más recuerdo de aquel período fue el peloteo entre las oficinas (a todos le encanta tu proyecto, pero nadie al final quiere hacerse cargo) y la ciguatera que cogí comiendo pescado en casa de mis abuelitos cubanos. Regresé a Italia herida en el cuerpo y en el espíritu.

Nunca estuve tan cerca de rendirme como entonces; quería dejarlo todo, pero al mismo tiempo me daba cuenta que sin Cuba yo no era nada, y que no se pueden olvidar años de estudio y dedicación así de pronto. Debía cubanizarme un poco más y aprender a inventar pa’ conseguir.

26 de marzo de 2012. Mi tierra me llama a vencer o a morir, esta vez con todos los papeles legalizados y sellados como Inmigración manda. Cuba en estos años está cambiando, ya hace unos cuantos meses trabajan muchos particulares por cuenta propia y se habla de una reforma migratoria que tendría que salir pronto. Paso trabajo, mucho trabajo. Pero al final encuentro El Trabajo, el que me va a permitir quedarme en la Isla, bajo la categoría migratoria de Residente Temporal. Ahora soy trabajadora de Finauto International Ltd (www.finautointernational.com), empresa distribuidora oficial de carros Kia, Ssangyong y Daewoo en Cuba. En estos meses he logrado conquistar el cariño de todos mis compañeros de trabajo y paso los fines de semana empeñada en actividades culturales: teatro, ballet, pasarelas, eventos públicos, etc. Fuerte de la experiencia que me ha llevado hasta aquí, para ayudar mis compatriotas a emigrar hacia mi Isla Querida he abierto también un servicio de consultas legales y laborales a precios baratísimos que se llama La Habana Fácil.

Estoy en procinto [proceso] de empezar el trámite para sacar mi Carnet de Identidad y la Reforma Migratoria ha sido aprobada hace unas semanas. El cielo se está abriendo poco a poco, para mi Cuba Socialista y para mí. Estoy convencida que este país tenga un futuro radioso por delante, y creo que es maravilloso vivir aquí y crecer con él. Si tropezaremos lo haremos juntos, pero también nos levantaremos y lucharemos para mejorarnos cada día un poco más.

¡Ahora sí que es fácil explicar por qué siempre soñé con quedarme a vivir en Cuba!

 
Fuente Blog Capítulo Cubano:


http://capitulocubano.blogspot.it/2012/11/carta-de-una-joven-que-se-ha-ido_17.html#more

viernes, 19 de octubre de 2012

Emigrar es un verbo duro: tres historias de vida

Por  Enrique Ubieta Gómez/Tomado de La Calle del Medio 54

Emigrar es un verbo duro. Pero quienes habitan una isla sueñan con rebasar el muro de agua que los circunda. No es igual la imaginaria y con frecuencia caprichosa línea que divide a las naciones de un continente y establece un más allá previsible, que el horizonte como frontera, desconocido y tentador. Un horizonte que se insinúa en películas, seriales y novelas de televisión cuidadosamente construidos sobre vidas de clase media y alta, o sobre pobres que rompen los límites de su clase gracias al buen comportamiento, la suerte o el esfuerzo individual. Un horizonte de primer mundo que se promociona como un enorme casino, en el que un golpe de suerte puede situar al jugador en el nivel más alto. «El sueño americano» –sustentado sobre un imaginario de vida que prioriza el tener, no el ser: si usted es rico, no importa cómo lo consiguió o cuánto aporta a la sociedad– no es una opción para el latinoamericano común, perseguido y expulsado del territorio estadounidense, adonde suele llegar de forma clandestina para cubrir el déficit de mano de obra barata. ¿Y para los cubanos? Las facilidades de radicación que recibe a su llegada y su mayor nivel de instrucción –lo primero, un aporte de la guerra contra la Revolución; lo segundo, un aporte de la Revolución– han creado el mito del inmediato éxito. Algunos buscavidas calculan mal: suponen que si en Cuba ganan mucho más que la media y no tienen que trabajar en exceso, allá serían millonarios.

Un día escuché un comentario que me turbó: en Cuba viven muchos ciudadanos que han regresado. Que se fueron del país, y por alguna razón regresaron para quedarse. Los hay que se fueron de forma legal y regresaron de igual forma. Otros compraron una embarcación y se lanzaron al mar, en dirección opuesta a la que suele promocionarse.

Las reglas migratorias son estrictas, y el escarceo es difícil, porque el país no puede recibir de golpe a todos los que desean reinstalarse. El que llega es investigado en coordinación con las autoridades policiales de sus países de residencia. Quise conocer las motivaciones de esas personas, algunas sorprendentemente ingenuas, como un albañil jubilado de 60 años, que sin hablar inglés ni contar con apoyos familiares se acogió al llamado «bombo» y se marchó a Las Vegas: nunca, por supuesto, encontró trabajo. O como ese chef de cocina de un lujoso hotel de Varadero, que fue estafado por un turista mexicano que le prometió una plaza en su inexistente hotel, y tuvo que cruzar la frontera norteamericana para sobrevivir, comprar una pequeña lancha y regresar a Cuba. Historias múltiples, razones para partir muy alejadas de la política –amores traicionados, deseos de aventura, reencuentros familiares–, aunque siempre supeditadas a ella. Más de 15 cubanos de Matanzas, Sancti Spíritus y La Habana, me contaron sus historias. Por razones de espacio, narraré tres de ellas.

I
María Josefa tiene hoy 24 años. Cuando el padrastro fue seleccionado en el sorteo (el «bombo») de la Sección de Intereses de Estados Unidos, ella tenía apenas 18 años, era una maestra de primaria recién graduada de la Allende y estudiaba el primer año de la Licenciatura en Comunicación Social. No quería emigrar, pero tanto ella como su pequeño hermano fueron arrastrados por la mamá. Vivió en Miami desde 2004 hasta 2006. Durante ese tiempo mantuvo la comunicación con el novio que dejó en La Habana, y cuando decidió y pudo regresar –su familia se quedó allá–, se casó con él. Vive actualmente en la casa de la suegra. Y recuperó su puesto de maestra en la misma escuela primaria que abandonó al partir.

¿Dónde trabajabas allá?

Primero trabajé en una cafetería como dependiente. La cafetería tenía servicio de lunch para que las personas que salen del trabajo y no quieren o no tienen tiempo de cocinar compren la comida ya hecha. Yo hacía eso. Las otras muchachas se encargaban de atender a los clientes que venían, de servirles. Yo no hablo inglés, no tenía tiempo de estudiar. Llegó un momento en que tuve dos trabajos a la vez.

Pero la mayoría de los clientes eran latinos, allí hay muchos cubanos. Ya después que salí de la cafetería –ahí no duré mucho porque no me gustaba eso–, empecé en una fábrica, donde me quedé fija hasta el momento en que regresé. Una fábrica de juguetes y golosinas, de confituras. Trabajábamos de lunes a viernes, desde las siete de la mañana hasta las tres y media. Si nos daban horas extras las aprovechábamos, porque las pagan doble. Aunque estuviera reventada me quedaba. Y si el dueño anunciaba que el sábado podíamos ir, llegábamos desde la mañana. Y una hacía un esfuerzo, porque el miércoles ya pensabas que era viernes, el trabajo te acababa. Era muy duro.

¿Qué hacías en la fábrica?

Yo pasé por todos los trabajos, porque era la más jovencita del salón. Allí cumplí 19 años. Como era la más jovencita y era rápida –y eso era lo que hacía falta para aumentar la producción–, la jefa del salón me fue pasando por todos los trabajos, hasta que terminé en menos de nada en un puesto que normalmente hacían las personas que más tiempo llevaban allí, que era el más duro aunque no se cobraba más. En otros tiempos –me contaban las más viejas–, quienes hacían ese trabajo (sellando en la máquina las bolsas de juguetes y poniéndoles la etiqueta), se iban con dos cheques, porque eran las que más trabajaban. Tenía que sellar la mercancía que hacía todo el salón. Pero eso después lo quitaron y yo ganaba igual que todas las demás.
 
¿Cuánto ganabas?

El salario mínimo, que cuando yo estaba allá era de 6.15 dólares la hora. No sé, ahora debe ser más. 

Me decías que en algún momento tuviste dos trabajos…

Sí, pero por la izquierda.

¿Por qué por la izquierda?

Porque fue el que conseguí. Por la izquierda porque no te descuentan los impuestos, los casi 40 dólares a la semana que se descuentan de tu salario. Estuve un tiempo hasta que el dueño dijo que ya no nos necesitaba. Era en una papelera, sentada, a diferencia del primero que me obligaba a estar las ocho horas de pie, con media hora nada más para el almuerzo. Trágate la comida y entra otra vez. Cargando cajas. El primero sí me acababa. Este otro era como un Correo, yo tenía que meter en un sobre grande cartas y cosas de la gente, sellarlo e irlo poniendo; facilito.

Terminaba a las diez y media u once de la noche. En ese tiempo no tenía paz, porque yo salía a las tres y media del primer trabajo, pasaba a recoger a mi mamá –porque yo le conseguí también a ella ese segundo trabajo y nos íbamos juntas–, y cuando ella se montaba en el carro ya me traía la comida, porque de un trabajo al otro era distante, y yo comía en ese intervalo. Entraba a las cinco, pero como era lejos, llegaba justo rayando. Salíamos a las diez y media, once de la noche, regresaba a bañarme y a dormir, para levantarme al otro día a las seis y media de la mañana. Así era.

¿Cómo empezaste a valorar la posibilidad del regreso?

Desde que mi mamá me enseñó el sobre amarillo del «bombo», yo le dije que no, que aquello no me motivaba, que no me quería ir. Pero bueno, como madre al fin decía: «cómo te vas a quedar sola aquí, te tienes que ir conmigo». Al final me fui, pero prácticamente en contra de mi voluntad.

Mira, al lado de mi mesa trabajaba una señora que tenía cáncer. Ella vivía sola, y todos sus hijos estaban en Cuba. Tenía 65 años. Su enfermedad estaba en una fase avanzada, pero vivía solita en una renta que le costaba 300 dólares y pico, que no era un apartamento, era un eficiency: dentro de una casa grande, un espacio que cerraban con una salida independiente, un apartamento dentro de una casa. No tienes privacidad, porque cuando no estás, no sabes si los dueños entran.

Ella pagaba eso. Al final murió. En mi trabajo no te podías sentar, las cámaras estaban por todos lados, y nada más que te sentabas, venían a regañarte y podían llamarte a la dirección para hacerte pasar una pena o para botarte, y allá no te puedes dar el lujo de que te boten de un trabajo porque tú vives de él. Pero ella estaba en un estado terminal, y una amiguita y yo nos poníamos frente a las cámaras para que se pudiera sentar. Pobrecita, se quejaba del dolor. Era cáncer en los huesos. Le dolía estar tanto tiempo de pie, y la ayudábamos a adelantar, porque con el dolor no producía casi, y si no produces te botan. Yo tenía que sellar, por ejemplo, 600 docenas en el día, que eran 600 cajas. Sellarlas, cargarlas, ponerlas en el paile, para que los hombres se las llevaran. Era lo único que hacían los hombres, todo lo demás lo hacíamos las mujeres. Nosotras sabíamos que ya la jefa del área había hablado con ella para que hiciera un esfuerzo porque el jefe «estaba puesto para ella», decía que no producía lo suficiente. Nosotras la ayudábamos porque si perdía ese trabajo, con qué iba a pagar la renta.

Quizás si tu novio hubiese estado contigo las cosas hubiesen sido diferentes…

No hubiese cambiado nada, a mí lo que no me gustaba era el sistema de vida de allá. Tú vives para trabajar, no tienes tiempo para nada; hay lugares para ir de paseo, pero estás muy cansada. El trabajo te saca el kilo. No tienes tiempo para tomarte un respiro, para ir a la playa… Mi padrastro se fue prácticamente joven de aquí y ya casi está calvo de la tensión, que si la renta la subieron y tengo que buscarme otro trabajo, porque el que tenía me daba exacto, y ahora no da. A él allá le han dado dos parálisis, de la misma tensión, de que si me botan porque están haciendo recorte de personal… Vivir eso no es fácil. El año antes pasado la renta subió tres veces: tres veces en un año. A los dueños no les importa, ellos pasan y te dicen el día antes: la renta va a subir 75 dólares. Lo que a ellos les de la gana. No cuentan con que tú llevas una contabilidad, que ya tienes ese dinero separado. A veces en el trabajo si el dueño es cubano es más malo aun, no sé por qué. Esos cubanos que llevan mucho tiempo allá a veces son peores que los americanos.

¿El dueño de tu fábrica era cubano?

Sí, era cubano. Cuando vi que me quedaba sin trabajo, porque el dueño iba a vender la fábrica donde estaba, me entró la locura por irme. Cuando ellos venden la fábrica o el trabajo que sea, el dueño que llega cambia todo el personal, trae el suyo de confianza, todas nos íbamos a quedar en la calle. Llegando a Cuba me dio un dolor muy fuerte, fui al policlínico, el doctor me hizo las pruebas y le dijo a mi esposo: llévala directo a la Covadonga, porque esto es una apendicitis. Tuve suerte.

¿No piensas volver a la universidad?

Ahora estoy estudiando para alcanzar el 12 grado integral, no sé lo que haga después.

 
II


Yamil es chapista, tiene el 12 grado vencido y vive en el barrio habanero de Pogolotti. Vivió en Miami entre los años 2006 y 2008, adonde llegó por el «bombo».

¿Dónde vives en ahora?

Con mi familia aquí, tratando de ver cómo creo lo mío. Aquí somos cinco personas. Todavía no estoy casado. Hoy cumplo 37 años.

¿Tienes familia en Estados Unidos?

Un tío. Tengo uno en Canadá y otro en Estados Unidos.

¿Él te recogió cuando llegaste?

A mí me iban a mandar para Carolina del Norte, imagínate, ahí sí me hubiese ahorcado yo. Y un día antes de irme lo encontré, mediante amistades de aquí del barrio. Él sabía que yo iba, pero no sabía cuándo. Nosotros estábamos desvinculados. Me había dado un teléfono, pero él es una gente que contesta cuando le da la gana, allá la gente hace así, tú miras el teléfono y si no sabes de dónde es, no contestas la llamada. Entonces él no sabía que yo llegaba ese día. Pero la gente de aquí del barrio cuando me vio y les conté que me iban a mandar para Carolina, me dijeron: no espérate, vamos a buscarlo. Nos montamos en un carro y empezamos a recorrer todo Miami, a preguntar: oye, ¿por dónde se mueve fulano? Hasta que llegamos a un lugar donde una gente conocía a mi tío, y con tremendo misterio porque allá matan a cualquiera parece –esa fue la primera impresión que me llevé al llegar–, mira el lío este para llamar, me miraban como un extraño, abrían una ventana y me miraban, y yo decía, ¿en qué está esta gente? Entonces lo llamaron: oye, tu sobrino está aquí. Ah sí, mi sobrino, entonces me recibió. Y me fui a vivir a casa de mi tío. Me recibieron bien, él, su mujer y mis dos primos. Tenía un buen apartamento. Él me consiguió un trabajo como chapista en un taller.

Pero ahí me sacaron el kilo. No quiero acordarme de eso. Yo ganaba 150 dólares a la semana; cuando me lo dijeron dije, coño, bastante dinero, y aquello no me alcanzaba ni para comer casi, me salvaba por los cheques que me daba el gobierno, que me los dio por ocho meses, 150 en una tarjeta para comida y 180 en efectivo, que era para ir tirando. Si yo hubiese tenido que vivir solo, con 150 dólares a la semana nadie vive. Y trabajando diez y doce horas al día. El local tenía un dueño, y cinco personas rentaban espacios de ese local. Yo trabajaba para una de esas personas. A él le decían el Negro, era nicaragüense. Estuve trabajando con él un mes y pico, pero había un cubano que rentaba otro pedazo del local, y como su asistente se fue, empecé después con él. Ahí ganaba 200, un poquito más, y él me enseñó, porque yo no conocía el sistema de trabajo de allá. Allá no se usa soldadura, hay mil cosas que no son iguales que aquí. Estuve allí como tres meses. Después nos fuimos juntos para un taller de una gente que tenía varios locales de pintura. Y ahí estuve hasta que regresé.

¿Por qué decidiste volver?

Porque la gente cree que todo lo que brilla es oro, hay de todo, pero aunque no lo creas se extraña, la comunidad, tú me entiendes, mil cosas. Y la situación estaba fea, para una persona que tenga vista larga no había un futuro. Allá nunca voy a tener una casa ni voy a tener nada, porque aquí uno tiene su casita y un trabajo tranquilo, pero allá no hay ni tranquilidad ni estabilidad, no hay nada. Allá se tiene que vivir al día. Y si pierdes el trabajo mañana, no duermes. Yo no veo la posibilidad, como está el mundo hoy, de vivir allí. La gente dice: «pero aquí está más malo»; pero bueno, aquí es donde nací. Aquí yo sé cómo es todo. Allá yo pierdo el trabajo y termino debajo de un puente. Yo tenía miedo de ir al médico porque la consulta más barata me costaba 80 dólares, y no tenía seguro médico. Hay que pensar en mil cosas también. Para vivir, mi país. Aquello es duro, yo trabajé diez, doce horas al día, me salía sangre de la yema de los dedos, escupía sangre cuando iba al baño, porque el polvo de lijar carros es tóxico y te dan unas careticas que son incómodas, te dan falta de aire, la gente no las usa. No pude aprender inglés, cuando iba a la escuela me quedaba dormido. La escuela era gratis, pero me quedaba dormido, llegaba cansado del trabajo.

¿Cómo te ve la gente después que regresaste?

Normal, todo el mundo me ve normal. Una pila de gente me ha dicho mil cosas, que yo estoy loco, pero no cojo lucha con eso, les paso por al lado y me río. Allá no hay perspectivas, ¿qué casa? Si allí todo el mundo está perdiéndolo todo, los negocios están cerrando, todo está en candela. Yo aquí, aunque digan que estoy loco.


III


Prefiere no exponer su nombre. Es arquitecta, una mujer decidida, hermosa a sus 53 años. Su esposo, médico, se quedó en un viaje de trabajo. Entonces la reclamó a ella y a sus dos hijos. Vivió en Canadá entre el 2000 y 2007. La niña tenía 13 años cuando abandonó el país; el varón apenas 10. Pero el matrimonio no se sostuvo. Vivieron años difíciles bajo el mismo techo, hasta que pudo independizarse. El varón se enfermó. El país –sin dudas más benévolo que Estados Unidos– y la alta calificación profesional de los padres, auguraba un futuro mejor que no llegó.

¿Los niños llegaron a sentirse parte de aquello?

A él le fue más fácil, porque se fue muy joven, y asimiló mejor la música, las costumbres, el idioma. Para mi hija no fue igual. Para ella es muy importante tener amigos. Y allí eso se convirtió en algo muy difícil. Nosotros vivíamos en Toronto, una gran ciudad. Ella siempre extrañó mucho eso. A tal extremo que se inscribió en un programa de intercambio entre universidades y el último año que cursó allá lo hizo en España, porque quería irse de Canadá. Cuando regresó, ya el hermano estaba enfermo y nuestra situación era difícil, porque en aquellas condiciones tuve que acogerme a un programa de ayuda del gobierno de ese país, porque no podía trabajar. Y entonces ella empezó a trabajar también.

El medio social en que estábamos viviendo, el estrés, las circunstancias que nos rodeaban, no ayudaban a que mejorara. Aquí en Cuba la vida es más tranquila. Nosotros teníamos allá una vida muy agitada, teníamos que vivir pagando cosas, al día. No podía dedicarle el tiempo suficiente a mi hijo. Y él se convirtió en mi primera prioridad. Mi hija y yo conversamos, porque él no estaba en ese momento en condiciones de decidir. Los médicos me habían dado un buen pronóstico, me dijeron que podía estar perfectamente bien, que era solo un desorden por estrés. Entonces me dije: el lugar especial para encontrar ese ambiente que él necesita es Cuba.

¿Usted allá trabajó como arquitecta?

Llegué a trabajar para una compañía de arquitectos, pero no como arquitecto, sino como dibujante. Yo pasé un curso para aprender un programa que permite hacer diseños en computadoras, lo pagó el gobierno canadiense y después empecé a trabajar en eso. Me pagaban como dibujante, pero yo aprovechaba las libertades que me daban para aprender, porque lo que uno pueda aprender nunca está de más. Hacía de todo en aquella compañía, lo mismo mandaba planos por e-mail, que recibía faxs o ponía llamadas por teléfono. Me creó un gran estrés al principio, pero al final me fui sintiendo más cómoda. Yo trabajé en muchas cosas. Al principio no sabía una palabra de inglés, tuve que limpiar, trabajar en restaurantes, en las cocinas fregando platos. Es una historia larga, aprendí a sacar sangre, a hacer cardiogramas… Esa, en breves palabras, fue mi historia.

El ser humano tiene una gran capacidad de adaptación. Llega un momento en que te vuelves parte de aquel medio, aunque extrañas a tus amigos, extrañas las conversaciones prolongadas, porque todo se vuelve rápido y corto, en realidad frío y distante, es la verdad. Y una de alguna manera se vuelve fría y distante también. A mí me pasó. Aquí nos faltan muchas cosas como todos saben, económicamente hablando, pero tenemos a los amigos, tenemos a los vecinos, a las personas con las que podemos contar si nos sentimos mal, tenemos a quien llamar por teléfono por una hora, y molestarlo en su tiempo, y contarle lo que nos pasa, y nos da recetas y nos dice. Hay cosas que no tienen precio en la vida. Esas son las diferencias culturales más grandes que yo veo. Aunque en Canadá existen beneficios bastante parecidos a los nuestros en el sistema de salud, y tienen planes de apoyo a los desempleados; no es un país tan contrastante como Estados Unidos donde las diferencias son abismales.

¿Cómo eran las escuelas donde estudiaron sus hijos? ¿Existían problemas de violencia?

Sí, había problemas de drogas, de violencia. Básicamente eso fue en la última escuela donde estuvo el varón. La primaria fue muy buena, muy infantil, tranquila; pero después de la primaria hay una enseñanza que llaman junior high, y después high school. La primera es corta, dura dos años creo; pero la otra es más dura. Porque ellos tienen una teoría completamente diferente a la nuestra; mientras más el alumno quiere estudiar, más tonto parece. Allá mientras más loco y desaplicado eres, más muchachas tienes detrás, es como decir, eres el cool, porque te destacas en el deporte por ejemplo. El que se destaca mucho en los estudios es un perdedor. Eso es en high school, lo que aquí sería el preuniversitario, pero de cuatro años. Allí se vuelven muy hostiles, los que son tranquilos empiezan a cambiar. Hay dos grupos, o uno se integra al grupo de los bandidos, o se queda en el de los perdedores. Y a estos los martirizan, les hacen la vida imposible. Los maestros no se meten en eso. Y también aparece la droga, los vendedores de drogas se aprovechan de las circunstancias y llevan la droga a la escuela y la cuelan. Ellos nunca consumen. Su primer requisito es que no consumen drogas. Pero ponen a todos esos infelices a tomar aquello que les desgracia la vida, porque jamás son gente. De la droga no se sale. Y hay violencia, porque una vez que la droga se mete en la escuela, el que la consume es capaz de cualquier cosa. Puede matar por un poco de droga. También depende del área donde vivas. Esa es la edad más mala. Si usted es un adicto puede desde luego encontrarla. Yo nunca la vi, pero sé que estaba allí, en la esquina. Ya después que salen de allí y cogen la universidad o los estudios tecnológicos, está más controlado.

¿Han tenido dificultades para insertarse aquí?

Bueno, no mucho. Mis hijos venían todos los años. Teníamos en la casa una bandera cubana permanentemente, créalo o no, eso es algo que yo no cuento, porque puede parecer absurdo. Aquí la bandera es algo que uno asocia con los organismos, con la escuela, etc., pero ese hijo que yo traje de vuelta se llevó de aquí dos banderas cubanas y todas las noches tenía la misión de doblarla. Él la colgaba en la pared, desde mucho antes de enfermarse, y por la noche la recogía y la doblaba como se dobla oficialmente. Siempre tuvimos la bandera. Se añora mucho la patria.

Yo logré reinsertarme como arquitecto, mi hija siguió estudiando Psicología en la universidad; tuvo que traer un millón de documentos, pero logró continuar con sus estudios, aunque perdió un año de la carrera. Estudia en Santa Clara. Está muy contenta porque ahora de nuevo tiene amigos y amigas. Tiene un novio. Mi hijo está completamente recuperado, tengo que dar gracias a Dios porque es algo milagroso. Él está en la universidad también. Estudia y trabaja. Terminó el primer año de la Licenciatura en Estudios Socioculturales. Tiene días en los que se entristece. De alguna manera, me dice, yo no soy parte. Me perdí todos los años que mis amigos vivieron aquí. Y me perdí esos cuentos que ellos hacen, esas historias que yo no puedo hacer, porque no estaba. Mis amigos tienen calle, una calle que yo no conocí, saben enamorar a una muchacha, y nosotros somos más tímidos, no nos abrimos a la gente. Yo le digo que todo es un problema de tiempo.


Tomado de Cuba Sí

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Disfruten su freedom


Tristeza siento por los que se han ido sin ver más allá. Me causa desconsuelo la imagen en los ojos de quienes todavía tienen tatuada La Habana, pero no los juzgo. Entiendo las razones, pero insisto, no vieron más allá.

Crecí en el barrio de Buena Vista, de los más modestos de la capital cubana en pleno Periodo Especial. Algunas mañanas partía a la escuela con tan sólo un pan con aceite y un agua con azúcar en la barriga, pero iba contento.  


José Martí se llama la primaria que me forjó en el amor a mi país y a mis compañeros. Mercedes fue mi maestra de Historia y Lengua Española, quien además alimentó con hazañas y aventuras mi infantil delirio. Eso no puedo olvidarlo.

Era difícil esa época, pero tuve la suerte de conocer otras realidades que me sirvieron para contrastar y lo hice, no con la conciencia de un adulto contaminada de intereses, sino con la pureza de mis primero años.

Tuve la fortuna de estar un tiempo en Bolivia gracias al trabajo de mi papá. Allí pude abrir los ojos en otra realidad. Ya no iba a la escuela con un pan con aceite y un agua con azúcar, pero entre mis compañeros habían quienes ni siquiera iban con bocado alguno. Disfruté esos años porque me llené de juegos y códigos nuevos. Aprendí cómo se relacionaban los niños felices “que en la falda de los cerros iban a jugar”. Pero no puedo sacar de mi memoria la anécdota aquella cuando mi madre vio a una niña de 5 o 6 años en la calle descalza y se llenó de espanto. 

Mi madre, cubana al fin, jamás había visto eso, así que cargó con la niña hasta nuestra casa, la bañó, le dio ropas nuevas y unos 50 bolivianos y la dejó en el Mercado Rodríguez, donde la habíamos encontrado. Al otro día unos diez pequeñines estaban en la puerta de mi casa para que mi madre los ayudara a ellos también.

Algunos dirán que yo soy fatal, como “Chicho”, por haberme ido a Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, pero están equivocados. Bolivia es uno de los países más ricos de América, tiene selva, llano, montaña, frutas, ganado, gas y muchos minerales. En La Paz, ciudad donde vivía, no todos andaban con los pies desnudos. Quien ha ido a esa bella ciudad sabrá que La Paz tiene tres realidades: el Alto, el Centro y la Zona Sur. El primero es un lugar pobre y desgarrador, las imágenes del Alto son fuertes, a veces de niños en los latones de basura buscando sobras de comida o lamiendo los paquetes de galletas buscando desesperados la última miga perdida en el sobre; el Centro es la zona de oficinas y comercial donde nosotros vivíamos y que está llena de barrios acomodados, modestos y pobres; y abajo, lejano de todos está la Zona Sur, llena de calles bellas, edificios altos, de una arquitectura exquisitamente moderna, donde nadie va la escuela descalzo, ni en bus escolar, sino en el auto del padre que lo va a dejar, un auto del año.

En mi Cuba no existen esos contrastes. No puedo negar que si hay diferencias, pero es falso decir que la sociedad cubana es una sociedad de ostentaciones.

Jamás olvidaré a Elizabeth, la compañerita más bonita de José Martí, quien recibía mes a mes la remesa de su padre, un hombre que llevaba años en “la otra orilla”.  Ella llevaba una latica de Tukola, un sándwich de la tienda, mientras que otros nos teníamos que fajar con el diminuto pan de la bodega. El tema, es que con Elizabeth tuvimos la oportunidad de compartir un buchito de su Tukola, porque ella no vivía en la Zona Sur, sino en Buena Vista, a una cuadra de mi casa. Ambos éramos compañeros de la misma escuela y juntos, con nuestras pañoletas bien atadas al cuello, prometíamos cada mañana ser como el Che.

Al pasar de los años descubrí nuevos amores, la literatura, la poesía, la trova y el rock. Me hice cientos de amigos en el mundo de los frikis, como le decimos en Cuba al mundo del rock, y con ellos aprendí nuevas visiones. En la calle G teníamos horas de halagos a la música de Pink Floyd, de Led Zeppelin, pero también nos poníamos a discutir sobre la realidad y “lo dura que estaba la cosa”. Nadie en esa discusión negaba que “la cosa” estaba fea, pero el debate que algunos planteábamos, era poder descubrir el origen del problema. Hablar del Bloqueo sonaba a poner el disco rayado, al discurso repetitivo que sonaba en la radio y la televisión, eso parecía ser verdad. Era tanta la reiteración del mensaje ese, que ya no era tema y pocos prestaban atención a las nuevas medidas que podían aplicar Clinton, Bush u Obama. Tuvimos que ser insidiosos y eso nos ayudó a no ser tan sólo críticos y mucho menos automarginados, como sucedió con algunos, quienes se restaron del debate y decidieron reclamar en los tumultos donde nadie los escuchaba. Muchas quejas se gritaron al vacío, pero quienes se restaron, no participaban en las discusiones de las asambleas locales y mucho menos en las juntas de los CDR.

Por un tiempo la cosa se contaminó seriamente, porque había mucha necesidad. Nacieron los cuenta propistas, que hoy tienen su auge, pero al mismo tiempo nacieron quienes alimentaron la desvergüenza regalando propinas por aquí y por allá, alimentando el oportunismo.
A pesar de esto y de aquello, de las necesidades y alguna que otra carencia, era feliz con mi guitarra vieja, descargando con el piquete en el malecón, sonando “Lágrimas negras” en el parque del Amadeo Roldan o divirtiéndonos un rato en la Casona de la Trova. Esas madrugadas eran libres. La confronta siempre estaba antes que nosotros, pero nos íbamos cantando alegres hasta “El Niágara”, mientras que el eco de las calles nos hacía el coro. Allí pedíamos un refresco dispensado, un disco con queso crema y a esperar que llegara la guagua. Al final nos montábamos en la 222 hasta la calle 58, lugar donde me dejaba caer rumbo a 60 y 25. Luego entraba a mi casa, tiraba los zapatos, vacilaba un poco la noche y me dormía con la música de los grillos.

Otra vez, por las circunstancias de la vida, tuve la oportunidad de conocer el país de mi padre, Chile. Mi viejo me pidió que estudiara aquí junto a él, para recuperar todos los años que estuvimos alejados, pero la condición a eso, era que al final retornaría a Cuba.

Todos los días en Chile han sido de añoranza. Me he sumado a las luchas de los estudiantes y los trabajadores del que es también mi país, porque mi padre me enseñó que antes que cubano, soy latinoamericano, pero a pesar de ello, no puedo zafarme de mi tierra. Cada mañana me levanto, pongo Radio Reloj por Internet y trato de inventarme una rutina como si estuviera en La Habana.

A veces me da tristeza cuando “pregunto por un viejo amigo” y me cuentan “que nos lo ha podrido el enemigo” o que “degollaron su alma en nuestras manos”. Más desazón me da cuando converso con aquellos que se han ido y me hablan de oportunidades, de progreso, de buena vida. Yo aquí estoy rodeado de objetos que sólo me dan soledad. No hallo en el computador un amigo con el cual descargar, ni con el cual esperar infinitas horas la guagua; no hallo las madrugadas calurosas, ni los mosquitos; pero tampoco el sabor del mamocillo, ni de la guayaba.

Hay otros que me hablan de la desilusión, de Martí, de la cita aquella donde critica el socialismo y los veo tan lejanos al apóstol aunque lo citen mil veces. La lejanía la siento porque desconocen ellos que Martí y Fidel tuvieron como impulso el mismo motor humanista; desconocen que ambos se equivocaron alguna vez. He conocido algo a Martí y siento que me falta un millón, pero conciencia tengo de que este hijo de la sociedad feudal, al conocer el capitalismo, sintió admiración porque supo de la meritocracia, el emprendimiento y una sociedad sin esclavitud, pero no pocos años pasaron para que descubriera la política Monroe, la ambición imperialista, la gula insaciable de los monopolios, la desdicha de los trabajadores, hechos que lo llevaron a escribir sobre Marx cuando falleció:

“Karl Marx estudió los modos de enseñar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos”.

“Aquí están buenos amigos de Carlos Marx, que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los obreros europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer el bien. El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha”.

No critico a nadie que se haya marchado por temas económicos o de otra índole, pero permítanme ser como soy, construir el país que quiero, permítanme llamarle autonomía a ese sentimiento que llevo en el pecho. Pido humildemente que nadie venga de afuera a decirme cuál es mi camino y a quienes lo hagan desde el país que más agrede a mi bastión, que disfruten su freedom. Yo soy feliz con mi libertad, que la puedo compartir porque es inmensa y a la vez “cabe en un grano de maíz”.

Tomado de Mauricio Leandro: Blog cubano no financiado por el gobierno de Estados Unidos

martes, 25 de septiembre de 2012

La migración “en el bombo”. ¿Lo digo literalmente?

Por Rodolfo Romero Reyes

El mar se traga los sueños, se traga los
hombres… las culpas se quedan en la otra orilla,
bien lejos de La Habana.
Del viaje al Turquino regresamos Camilo y yo en avión por lo que las peripecias de este viaje de vuelta a La Habana nada tuvieron que ver con lo que pasamos para llegar a Santiago de Cuba. Solo puedo decir que pudimos dormir sin sobresaltos, sin lluvia y sin frío.

Cuando salimos de la terminal de vuelos nacionales tuvimos que pasar obligatoriamente por delante de las vallas que están ubicadas en la intersección de las calles que siguen para Boyeros y las que conducen a las distintas terminales del aeropuerto “José Martí”. Para los que no los han visto, les cuento que estos letreros son inmensamente grandes y tienen los mensajes que queremos trasmitir a los visitantes que llegan a nuestro país.

Para mi sorpresa, habían quitado la más vieja de estas vallas. Era aquella que aseguraba que “EL 70 POR CIENTO DE LOS CUBANOS habíamos nacido BAJO EL BLOQUEO DE LOS ESTADOS UNIDOS”. Esa es una de las verdades más grandes e irrefutables: todos los que nacimos a mediados de los 80 para acá, y escuchamos los cuentos de nuestros padres, sabemos lo duro que es ser hijos del llamado “periodo especial”, momento en que el bloqueo se ha sentido más que nunca. Y es que nacer bajo el bloqueo, es una realidad que a veces se nos despinta, y como la valla misma va perdiendo su impacto; aunque todos los días los problemas que tenemos que resolver por su causa sean tan terribles como las paradas de ómnibus al mediodía.

Ahí mismo, tan cerca del aeropuerto con sus aviones, con la connotación que los viajes tienen para todos los cubanos, me puse a pensar que es también por culpa de los Estados Unidos (y fíjense que no es muela) que ese 70 por ciento de cubanos vemos la emigración de una manera distinta a como la vive el resto del mundo. Todo el mundo emigra desde que el mundo es mundo, sin embargo en Cuba la cosa se ve diferente.


Los cubanos, gracias a la beligerancia de Estados Unidos hacia Cuba, tenemos otro status, otros “privilegios” como emigrantes. Yo me imagino que muchos latinoamericanos, sobre todo los mexicanos, sentirán por nosotros cierta envidia. ¿Por qué los gringos favorecen a los panas cubanos?, se preguntarán muchos de ellos. Porque esa es la emigración que prefieren en el Norte: cubana, y preferiblemente ilegal.

Dice mi amigo Rafa, quien siempre está detrás de las estadísticas y chismes políticos, que desde antes del 59 las visas que se daban para Estados Unidos también eran muy pocas. Solo clasificaban los pocos trabajadores que quisieran hacer allá los trabajos que los propios estadounidenses no querían. Los trámites se demoraban cantidad y al que se le ocurriera irse de forma ilegal ilegal se exponía a la expulsión inmediata o a la prisión.

Sin embargo, cuando triunfa la Revolución, los Estados Unidos acogieron a todos los batistianos, esbirros, estafadores, asesinos y ladrones que salieron corriendo de aquí. Desde entonces la visa dejó de ser un documento indispensable para acceder al territorio norteamericano. Ser cubano y llegar de manera ilegal eran suficientes cartas credenciales. Y sí de paso hablabas un poquito mal de Fidel, te daban propina.

Fue gracias a este acto divino de bautismo del Tío Sam, hacedor de milagros, que dejamos de ser emigrantes para ser “exiliados políticos”, a diferencia del resto de los latinoamericanos que seguían siendo extranjeros, sujetos a las leyes migratorias norteamericanas.

Después decidieron que el tema migratorio sería uno de los platos fuertes para sacar de circulación a la Revolución, de ahí que fuera tan importante “ayudar” a los “refugiados” que procedían del entonces campo socialista.

Por eso se creó el Programa de Refugiados Cubanos, se estimuló la salida de Cuba de más 14 mil niños hacia los Estados Unidos durante la Operación Peter Pan, y finalmente, en 1962, se eliminaron los vuelos y salidas legales hacia ese país. Los cubanos de aquí y sus familiares de allá, los mismos padres engañados que enviaron a sus niños se quedaron entonces sin saber qué hacer.

Entonces no quedaba otra: las salidas ilegales.

Quizás por eso en Cuba inventamos la tan polémica política migratoria, que imagino se habrá hecho más rígida después de la Ley de Ajuste Cubano en 1966.

Los yanquis entonces buscaron apoyo en los medios de prensa. ¿Resultado? Las crisis migratorias de Boca de Camarioca en 1965, la del Mariel en 1980, la de los inicios de los noventa, el robo y secuestro de aviones y embarcaciones muchas veces con lamentables pérdidas de vidas humanas, y hasta los vecinos míos que intentaron irse el pasado fin de semana, a pesar del mal tiempo anunciado por Rubiera.

No nos quieren quitar el bloqueo, a pesar de que ha demostrado su ineficacia como purgante para la Revolución. Lo mantienen porque son miles de millones de pesos los que hemos perdido año tras año, y como dice Pánfilo (el de Chequera), hay una pila de gente allá, que gracias al bloqueo, “vive del cuento”.

Estoy convencido de que nunca quisimos ese “tratamiento especial” que Estados Unidos no ha dado en diversas materias, específicamente en el tema migratorio.

Para mucha gente la emigración, es ayuda y es apoyo. No los mercenarios que hablan mal de Castro, o los Oteros que se van a ganarse limosnas a cambio de mentiras, sino los familiares y amigos que trabajan honradamente, y mandan sus remesas de mes en mes, o el tío de mi amiga pinareña, que se muere por verla otra vez. Por estos meses, el tema de la emigración está “en el bombo”, así que quizás escribiré dos o tres post.

Fuente Blog Letra Joven

lunes, 24 de septiembre de 2012

La emigración cubana y su manipulación política por Estados Unidos


 

Las migraciones han sido parte del actuar humano prácticamente desde los inicios de la especie. Pero en el mundo globalizado y profundamente injusto de hoy, el creciente flujo migratorio internacional –alentado por las hondas desigualdades económicas y sociales, la inestabilidad política, los conflictos armados, los desastres naturales y otras causas–, se ha convertido en uno de los más serios problemas de la humanidad.

Miles de personas mueren todos los años intentando emigrar en precarias condiciones a través de fronteras terrestres y los mares. Otros miles, que llegan a las naciones más ricas del Norte buscando mejores condiciones de vida, son sometidos a abusivas y prolongadas detenciones y expulsados hacia sus países sin contemplaciones. Crecen las medidas restrictivas y xenófobas contra los inmigrantes en EEUU y Europa.

En este complejo y duro panorama hay una clara excepción: el tratamiento que el Gobierno de EE.UU le da a la emigración cubana con evidentes fines políticos, como parte de sus planes agresivos contra la Revolución.

Antes de 1959 eran contadas las visas que la Embajada de los Estados Unidos concedía a los ciudadanos cubanos para emigrar a ese país; lo que constituía una aspiración de millones de personas en el mundo, atraídos por el estándar de vida en la nación que emergió de la Segunda Guerra Mundial como la más rica y poderosa del planeta. Unos pocos humildes trabajadores dispuestos a asumir las duras labores que el estadounidense se rehusaba a hacer y componentes de la burguesía y de algunos sectores medios del país, eran los afortunados en esa ruleta migratoria.

Los trámites legales para que un cubano emigrara a Estados Unidos entre 1945 y 1959 eran prolongados y rigurosos. Al que ingresaba ilegalmente le esperaba sin remedio la expulsión o la prisión. Eran tan perseguidos por la “migra” como lo son ahora muchos emigrados latinoamericanos. Ahí esta el testimonio de Camilo Cienfuegos en sus cartas a la familia durante el tiempo que debió permanecer en territorio norteamericano, en la década del 50, ante la persecución de la dictadura batistiana.

Todo cambió con el Triunfo de la Revolución en 1959. Desde el primer día de la victoria de nuestro pueblo, Estados Unidos se convirtió en seguro refugio para los esbirros, torturadores, asesinos, malversadores y ladrones de la derrocada tiranía de Fulgencio Batista. El ingreso sin obstáculo al suelo estadounidense de cualquier persona que saliera ilegalmente de Cuba pasó a ser la norma. La visa dejó de ser un trámite necesario para ser recibido. La categoría de emigrante desapareció para los cubanos que salían del país, que pasaron sin excepción al tratamiento de exiliados, gracias a la política implantada por Washington.

El gobierno norteamericano, consciente de que en Cuba había una verdadera Revolución, se planteó una estrategia de hostilidad permanente hacia nuestra Patria sustentada en un feroz bloqueo económico y comercial y que tenía también al tema migratorio como uno de sus componentes esenciales para la desestabilización. Cuba pasó a formar parte de la política implementada por la Casa Blanca en los años 50 para beneficiar con el estatus de “refugiado” a los migrantes del entonces campo socialista.

Nació así el Programa de Refugiados Cubanos, a inicios de los 60, y se ejecutó la inescrupulosa Operación Peter Pan mediante la cual fueron virtualmente secuestrados hacia EE.UU más de 14 mil niños, arrancados a sus padres atemorizados por la propalación de la falsa e infame noticia de que sería suprimida la Patria Potestad en Cuba.

Tras la derrota sufrida en Playa Girón, el escalamiento de la guerra sucia contra Cuba y las tensiones de la Crisis de Octubre, el Gobierno norteamericano suprimió abruptamente, a fines de 1962, los vuelos normales y salidas legales desde nuestro país a esa nación, cortando de facto los vínculos de miles de cubanos con sus familiares en EE.UU, entre ellos la de los padres que habían enviado a sus hijos durante la Operación Peter Pan. Solo quedó el camino de las salidas ilegales.

En febrero de 1963, la administración Kennedy dio un poderoso estímulo a esas salidas al anunciar que los cubanos que llegaran a EE.UU directamente desde nuestro país serían recibidos como refugiados; mientras, quienes lo hicieran desde terceros países serían considerados extranjeros y quedarían sujetos a las restricciones migratorias norteamericanas.
Se buscaba el show político y mediático. El intento de pintar una Revolución que naufragaba. El propósito de mostrar una sociedad supuestamente quebrada y fracasada que obligaba a sus ciudadanos a lanzarse desesperadamente a la aventura migratoria.

El Congreso estadounidense dio un espaldarazo final a la perversa política al aprobar la llamada Ley de Ajuste Cubano, firmada por el presidente Johnson el 2 de noviembre de 1966. Con ella se concedía el derecho inmediato al permiso de residencia a cualquier emigrante ilegal cubano que llegara a territorio norteamericano, y al año se le otorgaba automáticamente la residencia permanente.

Esa aviesa legislación –aplicada desde entonces invariablemente y actualizada varias veces para promover aún más la emigración ilegal–, unida a la intencionada denegación de cuantiosas solicitudes de visas para la emigración legal, al endurecimiento del bloqueo y a las miles de horas de incesante propaganda subversiva y de guerra política y sicológica desde EE.UU llamando a la indisciplina social, al delito y a las salidas ilegales del país, han provocado sucesivas y graves crisis migratorias como las de Boca de Camarioca (1965) , el Mariel (1980) y la de 1994.

Impunidad, violencia y robo de cerebros

La impunidad total y los estímulos con que se ha recibido en EE.UU a todas las personas salidas ilegalmente de Cuba en estas cinco décadas, han dado lugar al robo y secuestro de embarcaciones, la piratería aérea, la violencia, el empleo de armas y hasta a asesinatos. Autores de crímenes atroces como Leonel Macías, el asesino del guardamarina Roberto Aguilar Reyes, viven hoy en la Florida al amparo de esta política.
A sectores de esa estimulada emigración han acudido el gobierno estadounidense, la extrema derecha, los servicios especiales y la mafia cubano americano para ejecutar sus planes agresivos y terroristas contra nuestra Patria.

Esa mafia y sus representantes en el Congreso han utilizado a su antojo el tema migratorio en su agenda anticubana. Estimulan por un lado la emigración a través de declaraciones y acciones precisas como el programa Éxodo manejado por la Fundación Nacional Cubano Americana en la década de los 90, y por el otro, presionan al Gobierno norteamericano a actuar en el supuesto interés de la Seguridad Nacional de EE.UU si se produjera una nueva crisis migratoria. Sueñan con provocar un conflicto armado entre Estados Unidos y Cuba.

En todos estos años, las autoridades norteamericanas y los sectores anticubanos han alentado y priorizado la salida del país de médicos, enfermeros, profesores, ingenieros y otros profesionales universitarios o técnicos de nivel medio, en un descarado robo de cerebros. Miles de millones de dólares le han costado a la nación la pérdida de ese personal calificado formado gratuitamente en nuestras universidades y escuelas politécnicas.

No satisfechos con extraerlos del país, los persiguen por diversas partes del mundo. Vigente está el programa ideado por la administración Bush para captar médicos y otros especialistas de salud cubanos que prestan importantes servicios en decenas de países.

Permanente es también el asedio a nuestros deportistas, reconocidos en los escenarios mundiales y forjados gracias al sudor de nuestro pueblo y la capacidad de nuestro sistema de formación deportiva.

El objetivo es apropiarse desvergonzadamente del talento de la nación, e intentar desmoralizar, obstruir nuestro desarrollo, generar desaliento.

Pese a los acuerdos migratorios logrados entre Cuba y EE.UU, el gobierno norteamericano continúa aplicando para nuestra nación los esquemas de la Guerra Fría y el anticomunismo que caracterizaron la política inmigratoria de ese país en décadas pasadas.


Una y otra vez han violado esos acuerdos en diferentes administraciones, mantienen en vigencia la Ley de Ajuste Cubano que estimula la emigración ilegal y ha provocado numerosas muertes en el estrecho de la Florida, y sostienen las campañas de aliento a esa emigración y la manipulación mediática sobre este sensible tema.

Mientras más de 429 mil indocumentados fueron detenidos y más de 397 mil inmigrantes fueron expulsados de Estados Unidos en el 2011, según reconoció hace unos días el Departamento de Seguridad Interior, los inmigrantes cubanos continúan recibiendo un tratamiento privilegiado a tono con los intereses subversivos de la política norteamericana hacia nuestro país.

Cuba ha cumplido rigurosa y estrictamente sus compromisos en los acuerdos migratorios, sostiene la necesidad de garantizar una emigración legal, ordenada y segura hacia la nación norteña, mantiene una relación respetuosa con el creciente y mayoritario sector de la emigración cubana en Estados Unidos y otras partes del mundo que profesa amor a su Patria, promueve los vínculos familiares, condena el bloqueo y otras políticas agresivas contra su pueblo y defiende el derecho de nuestra nación a vivir y desarrollarse en paz, y ha dado pasos en todos estos años para hacer más fluida esa relación entre la Nación y su emigración.

Tomado de Cubadebate

Imagen agregada RCBáez

martes, 1 de noviembre de 2011

La Ley que asesina desde hace 45 años



 
La Proclama adoptada por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 12 de julio del 2000, denunció la criminalidad de la Ley de Ajuste Cubano refrendada por el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Jonhson, el 2 de noviembre de 1966, hace 45 años.

En aquella oportunidad, los parlamentarios cubanos, recordaron cómo esta política migratoria criminal, inmoral y discriminatoria que aplica el imperialismo contra Cuba desde el triunfo de la Revolución y que se expresa en la Ley de Ajuste Cubano, es una política perversa, deliberadamente concebida para desestabilizar y socavar a la sociedad cubana, cínicamente calculada para provocar muertes y sufrimientos, manipulando desvergonzadamente las tragedias que esa Ley ocasiona.

Tal engendro legislativo, adoptado en 1966, tenía, ante todo, un carácter batistiano. Su texto, explícitamente, subraya que se aprobó para beneficiar a quienes habían escapado de Cuba el primero de enero de 1959 excluyendo a los no pocos cubanos que habían emigrado a Estados Unidos, precisamente, antes o durante el periodo de la tiranía. Por eso, en su origen mismo, la Ley nació con un sentido discriminatorio, inmoral, contra los cubanos. Los que allá llegaron en aquella fecha o en el período inmediato posterior, en los primeros años de la década del sesenta, no lo hicieron en rústicas y endebles embarcaciones sino que viajaron en yates lujosos, en sus aviones privados o en vuelos regulares, que existieron directamente desde Cuba hasta que fueron prohibidos por las autoridades yanquis a finales de 1962, como parte de su guerra económica contra nuestro país.

Al extender la vigencia de la Ley sin límite hacia el futuro, después de haber roto las relaciones diplomáticas y suspendido el otorgamiento de visas y cancelado las posibilidades de viajar normalmente entre ambos países, su único propósito era alentar a ciudadanos cubanos a intentar la emigración mediante procedimientos clandestinos y con los riesgos de la vía marítima. Quienes lo hicieron durante muchos años, contaron con la activa cooperación de las autoridades y del servicio de la guardia costera norteamericana, que sistemáticamente y como norma, recogieron a los viajeros en aguas cercanas a Cuba y los trasladaron hasta el territorio norteamericano. Otros, lamentablemente, perdieron la vida cuando no tuvieron la suerte de encontrar en su ruta a las unidades navales de Estados Unidos. Unos y otros han sido utilizados de modo cínico por la propaganda del imperio contra Cuba, a la que han destinado miles de millones de dólares en cuatro décadas.

En una colosal operación de falsificación de los hechos y promoción de la mentira, han tratado de presentar a los cubanos como gente que desea “escapar” a Norteamérica, y a Estados Unidos como a la nación “generosa” que los acoge. Ni lo uno ni lo otro tiene un átomo de verdad. Ahí están las estadísticas oficiales norteamericanas para probarlo.

Pese a que durante más de cuarenta años solo para Cuba ha existido una política especial, expresada en la Ley de Ajuste, y promovida por diversos medios, para provocar las salidas del país y que solo contra el pueblo cubano se lleva a cabo una guerra económica genocida que, entre otras cosas, impone condiciones que fomentan la tendencia a emigrar, Cuba no está entre los principales emisores de emigrantes. En nuestro continente hay varios países que, contando con menos población, tienen cifras de emigrantes mucho más altas que las de Cuba. Si se pudiese calcular con precisión los que en Estados Unidos permanecen indocumentados, el contraste sería aún más notable: allá hay incontables millones de latinoamericanos en esa condición, mientras que, debido a la infame Ley, ningún cubano es ilegal.

Durante todos esos años, y en forma creciente hasta hoy, fueron numerosos los emigrantes de otras nacionalidades que también intentaron llegar hasta las costas norteamericanas procedentes de territorios más distantes sin recibir la protección y ayuda de los guardacostas que invariablemente, si los encuentran, los expulsan hacia sus países de origen. Teniendo que evadir a los norteamericanos, esos emigrantes han enfrentado siempre mayores riesgos y han sufrido más pérdidas humanas. Pero de ellos poco se habla, su tragedia es ignorada. Los que han logrado penetrar en Estados Unidos van a sumarse a los millones de indocumentados víctimas de constante persecución por el Servicio de Inmigración de aquel país.

Estados Unidos ha incitado criminalmente a los cubanos a arriesgar la vida en travesías peligrosas con el único, innoble y repugnante fin de calumniar a Cuba y distorsionar groseramente su imagen. Para quienes estén dispuestos a arriesgar la propia vida y la de otras personas, incluyendo niños, mujeres y ancianos, abre sus puertas sin obligarlos a cumplir requisito alguno. Así ha admitido allá a miles de individuos a los que les habían o hubieran negado la visa, entre ellos, no pocos con pésimos antecedentes penales. Así ha permitido que florezca el vil negocio del contrabando de personas, asociado al del narcotráfico, frente al que no toma ninguna medida efectiva.

Son muchos los cubanos, o sus descendientes, que habiendo sufrido la experiencia real de vivir en aquella sociedad corrupta, violenta, racista y profundamente injusta, padeciendo, ellos también, la explotación y la discriminación, añoran con tristeza la Patria que abandonaron.

En 1994 y 1995 Washington firmó con Cuba acuerdos migratorios por los que se comprometía a no continuar con esa irresponsable política y a esforzarse por encauzar la emigración solo mediante procedimientos legales, seguros y ordenados. Estos acuerdos han facilitado que un número apreciable de quienes lo quisieron hacer, emigrasen de manera apropiada. Pero no han conducido a una normalización en esta materia porque su aplicación ha estado viciada por el propósito, nunca abandonado, de usar el tema de la emigración como parte de su arsenal contra la Revolución cubana. En la práctica, las disposiciones sobre la política de “pies secos y pies mojados”, como parte de la Ley de Ajuste y su aplicación, constituyen una permanente violación de esos acuerdos, como los violan también la constante incitación a la emigración ilegal que realizan las transmisiones radiales dirigidas hacia Cuba desde Estados Unidos, incluso con el patrocinio oficial.

Estados Unidos debe poner fin a su política criminal, irresponsable y demagógica, concebida y practicada contra los cubanos, pero que perjudica también a los pueblos latinoamericanos y es dañina para los intereses de los propios norteamericanos. La asesina Ley de Ajuste cubano debe ser abrogada.

Si Estados Unidos está dispuesto a conceder la residencia legal a cualquier cubano que entre a su territorio, como efectivamente hace con los que arriesgan innecesariamente la vida, debería darle la visa a todos los que deseen emigrar de forma legal y normal sin pedirle documentación o requisito alguno, tal como hacen con los que ignoran sus leyes y las nuestras.

(Fuente: Granma)

Tomado de Cubadebate

Imagen agregada RCBáez

jueves, 7 de julio de 2011

Las remesas desde EEUU… ¿Sostienen la economía de Cuba?

Uno de los temas más socorridos en lo tocante a la comunidad cubana en el exterior -y muy especialmente en los EEUU- es éste del envío de dinero a Cuba. Este sencillo trabajo de un cubano "de a pié" -sin embargo profesor universitario- da un espaldarazo a mis ideas sobre el tema y nos regala dos conceptos muy valiosos: la buena vida... y la vida buena. Gracias Eduardo, de Matanzas, por este excelente trabajo:

Las remesas desde EEUU… ¿Sostienen la economía de Cuba?
Por Eduardo

 
Mi barrio de Versalles

Este artículo reúne ciertas ideas que ya he manejado en algunas intervenciones mías en la blogosfera. Me las motivó un artículo de mi amigo Tatu en La Joven Cuba, el cual abordaba una solicitud al Congreso de los EEUU de uno de los más connotados especímenes de la Mafia de Miami; el Congresista Mario Díaz Balart. Esta medida infame está destinada a retrotraer al estado en que se encontraban durante la fatídica “Era Bush”, la posibilidad de viajar a Cuba, y de enviar remesas a familiares en la isla. 

Los alabarderos de la contrarrevolución cubana y la prensa reaccionaria, sobrevaloran tanto el envío de las remesas familiares a Cuba, que cualquiera pensaría que este país sobrevive gracias a ellas, y que el cubano que no tenga familiares en los Estados Unidos, vive una vida plagada de miserias y calamidades. No se puede desconocer que muchas familias cubanas se benefician de ellas, pero en cierta medida las llevadas y traídas remesas, que no son un componente esencial en nuestra economía, desestimulan nuestra productividad del trabajo. 

Un artículo de Fernando Ravsberg en su blog “Cartas desde Cuba” de la BBC, indica varias ideas básicas:

  1. De acuerdo a Manuel Orozco, especialista en remesas de Diálogo Interamericano (DI), un tanque pensante con sede en Washington, el valor de las remesas hacia Cuba oscila entre los US$ 830 y US$ 985 millones al año.
  2. Coincide en tal sentido con el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola de la Organización de Naciones Unidas y con el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo. Ambos sitúan las remesas en los US$ 983 millones.
  3. Es difícil encontrar cubanos, de acuerdo al periodista, a los que les envíen más de US$100 al mes.
  4. Si así fuera el caso, y Cuba recibiera anualmente 1000 millones en remesas anualmente, suponiendo que el 80% de los cubanos reciba remesas, resulta que a cada uno le tocarían alrededor de US $0,28 diarios.
  5. Se puede asegurar que la vida en Cuba no es tan barata como para poder comer, vestirse y pagar la electricidad con la cuarta parte de un dólar al día. ¡Y hay optimistas que suponen que les sobra dinero para vacacionar en hoteles de 5 estrellas!
  6. Se compara con los envíos de remesas desde la comunidad cubana en el exterior, con los envíos de los emigrados de El Salvador, un país con la mitad de los habitantes de Cuba, solo en enero del 2010 se recibieron US$236 millones en el país centroamericano, lo que significa que esa comunidad envía anualmente a sus familias casi 3 veces más que los cubanos.
  7. El millón de emigrados, apenas envía la cuarta parte de lo que se obtiene por el trabajo en el extranjero de los 50.000 cooperantes cubanos empleados del Estado Cubano.
Si usted recibe en Cuba una remesa de 100 dólares todos los meses, vive como un ciudadano de clase media en los EEUU. Si algo beneficioso para nuestra economía se les puede señalar, es que constituyen entradas de divisas en el erario de la nación, que no están afectadas por las restricciones cambiarias que incluye el bloqueo a nuestro país.

En conclusión, el cuento de que la comunidad cubana, principalmente en los EEUU está manteniendo este país es pura falacia, aunque no deje de ser cierto que las familias de los emigrados se beneficien. Mi experiencia me dice que algunas de las personas que viven sin trabajar en Cuba, lo hacen porque son mantenidos por algún pariente desde el exterior.
En mi barrio algunos jóvenes en edad laboral, viven sin trabajar gracias al dinero que les envían sus parientes del norte. No es la misma situación que presentan esos humildes mexicanos y centroamericanos que son masacrados en la frontera norte de México, que en sus patrias no tienen fuentes de empleo, cosa que no ocurre en nuestro país a pesar de sus carencias, porque uno de los grandes problemas de la sociedad cubana es que se puede vivir sin trabajar. Esta situación debe ser revertida, como lo ha indicado en sus últimos discursos el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el compañero Raúl. 

Mi esposa y yo tenemos un ingreso de 1857.00 pesos cubanos en salario, sumados ambos cobros. A veces gano un poco más por servicios técnicos (cobramos el 2% de lo que cobra la universidad), o actividades metodológicas en los municipios (pagan 100 pesos adicionales), pero básicamente vivo de mis ingresos legales. Es verdad que nuestro salario está por encima del salario del cubano promedio, pero no percibo otros ingresos que no sean esos. Además, nuestro salario está en correspondencia con la labor que realizamos, y con los largos años de servicio a la Educación Cubana. 

Sin embargo, no tengo el don, común en muchos cubanos, de poseer habilidades adicionales de supervivencia, como un amigo que además de ser un profesor muy calificado, es uno de los mejores artesanos artistas de Matanzas. En mi casa nos vestimos con modestia, y nos alimentamos bien, sobre todo en los últimos tiempos, en que saltan a la vista los incrementos de las producciones agrícolas de nuestra provincia. 

Mi vida tiene otros paradigmas que no son los de muchas personas signadas por la banalidad y los patrones de consumo. Yo soy seguidor de la música clásica, el ballet, el teatro y el cine. En mi ciudad, una función de primer nivel, en el Sauto, uno de los mejores teatros de Cuba, cuesta 5 pesos en platea por persona, 10 en palco y 3 pesos la tertulia, o como le decimos en Cuba, la guanajera. Si voy a ver una película al cine Velazco, como cuando Matanzas es Subsede del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, la entrada cuesta 5 pesos cubanos. Si voy con el niño al estadio Victoria de Girón a ver un juego de la Serie Nacional de béisbol, pago un peso por ver deporte de primera calidad. Para el lector no cubano, les aclaro que 25 pesos cubanos equivalen a un Dólar Estadounidense. Por tanto si usted paga un peso cubano por ver un juego entre los Cocodrilos de Matanzas, y los Leones de Industriales (este último equipo es el equivalente en Cuba a los Yankees de Nueva York) estará pagando solo 4 centavos de dólar.

Practico el excursionismo y el deporte al aire libre con mis amigos. Voy todos los años a Varadero, en el Plan Vacacional de la Universidad, que consiste en dos días en que la guagua del campus nos lleva a la playa, con un aseguramiento de almuerzo y merienda. Esos dos días cuestan 36 pesos cubanos, y voy casi siempre por mi hijo, porque siempre he preferido bañarme en la bahía de la ciudad. Yo no necesito viajar a la Riviera Francesa para nadar en el mar, solo debo caminar 10 minutos desde mi casa, y me sumerjo en cualquiera de las Playas de mi barrio, que son como siete, todas con arena fina. No son como Varadero, pero para mí están bien; y como no tienen turistas, me gustan mucho más. En esas playas de Versalles, los que nos encontramos frecuentemente, somos los vecinos que nos vemos todos los días en el barrio. 

En la UMCC, pagado con el dinero que el Ministerio de Educación Superior asigna a nuestro presupuesto para pagar talento artístico, he visto en vivo, sin pagar un centavo a Buena Fe, Arnaldo y su Talismán (dos veces), Gardy y su orquesta, Pupy y los que Son Son, Héctor Daniel y la Constelación, X Alfonso, David Blanco, y hasta a Carlos Manuel y su Clan, antes de que este último abandonara Cuba. Para los no cubanos, les aclaro que los nombres antes mencionados son figuras de la cultura cubana, de primer nivel. 

Eso sin contar, que ver un Festival de Artistas aficionados de la FEU en la UMCC, es un espectáculo de calidad superior. En la Universidad hay trovadores con su peña establecida, grupos de teatro, músicos, pintores, escritores y poetas, uno de los cuales recientemente ganó el Premio Nacional de la Asociación Hermanos Saíz. 

Yo disfruto mucho leyendo, y nunca prescindo de este placer, porque cuando no tengo dinero para comprar un libro, saco uno en préstamo de la biblioteca de la universidad. En fin que como dije anteriormente, defiendo el concepto de la  “vida buena”, que difiere un poco de la opinión de muchos humanos en este planeta consideran acerca de lo que se ha dado en llamar la “buena vida”. La segunda tiene mucho que ver con el despilfarro y el consumismo y la primera, en disfrutar las cosas buenas que te rodean  diariamente, y que te permiten vivir en primer lugar con dignidad, y con el suficiente bienestar material, como para sentirte realizado como persona, y útil a la sociedad. 

A pesar de que no recibo remesa, vivo feliz en mi tierra. 


Matanzas. Playa El Judío, adyacente al Viaducto. Versalles al fondo. 




Matanzas. Playa del Tennis. 
Tomado de http://LosViajeros.com