jueves, 29 de octubre de 2015

Las intenciones de Estados Unidos con Cuba no son nuevas


Por Omar Segura*

enmienda-platt2La “preocupación” de Estados Unidos con Cuba no tiene nada que ver con los “derechos humanos”, la “democracia”, la “libertad de expresión”, la “promoción del terrorismo”, el “antiimperialismo”, el “comunismo”, el “castrismo” o, simplemente, con nuestra convicción de construir el socialismo.

Cuando en fecha tan temprana como el 23 de junio de 1773 (3 años antes de decretarse la independencia de las Trece Colonias), John Adams, segundo presidente de Estados Unidos (1797-1801), en carta a Robert Livingston, uno de los principales colaboradores de Thomas Jefferson en la redacción de la Declaración de Independencia y firmante de la Constitución de Estados Unidos por el Estado de New Jersey, expuso lo siguiente: “…es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión”, en ese momento faltaban aún:

44 años para el natalicio de Carlos Marx
74 años para que él y Federico Engels redactasen el Manifiesto Comunista
80 años para el nacimiento de José Martí
95 años para el nacimiento de Vladimir Ilich Lenin
143 años para el inicio de la Gran Revolución Socialista de Octubre.
152 años para el nacimiento de Fidel
185 años para el triunfo de la Revolución Cubana
187 años para la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución.

La teoría de la “fruta madura”, de John Quincy Adams; la doctrina Monroe, la concepción del “Destino Manifiesto”… y lo que cuelga, no son cosa reciente ni olvidadas en la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Los deseos de los gobernantes y los grandes intereses de Estados Unidos por intentar apoderarse de Cuba, no son nuevos. No se originaron el Primero de Enero de 1959, como algunos, interesados, pretenden hacer ver y creer.

En la actualidad –y desde siempre- quienes rigen la política en Estados Unidos justifican sus intenciones alegando la “incapacidad de los cubanos para gobernarse”, “violación de los derechos humanos”, “persecución de las personas”, “violación de los derechos humanos y de los derechos civiles”, “terrorismo”, “torturas”… en fin, han pretendido convertirse en “salvadores” y “libertadores” de los cubanos, sometidos al “comunismo” y a la “dictadura de los Castro” o al “régimen”, como también gustan llamarlo.

Precisamente a esas “violaciones” de las que acusan a Fidel y a la Revolución han endosado sus “justificaciones” para inmiscuirse en los destinos de la Isla y sus habitantes, organizar agresiones de todo tipo y mantener su injusto y criminal bloqueo, tantas veces condenado en la ONU por amplia mayoría… y nuevamente en esta ocasión con un récord histórico de sólo 2 votos en contra: el propio Estados Unidos y su socio Israel. Casi lo mismo como si uno sólo de ellos hubiera levantado las dos manos.

Pero, como decíamos al principio, estos intentos, y mucho más, esas pretensiones, no son nuevas.

Fidel Castro nada tiene que ver con el surgimiento y la aplicación de esta tradicional política. No había nacido cuando comenzaron a surgir estas manifestaciones de anexarse a Cuba por cualquier vía y con cualquier motivo.
Fidel nació el 13 de agosto de 1926, sin embargo, ya…

159 años antes, en 1767, faltando una década para que las Trece Colonias inglesas declararan su independencia, Benjamín Franklin, uno de sus padres fundadores, escribió acerca de la necesidad de colonizar el valle de Mississipi: “(...) para ser usado contra Cuba o México mismo (...)”

153 años antes, el político norteamericano John Adams, vicepresidente de Estados Unidos en 1789, reelegido en 1792, y electo presidente en el periodo 1796–1800, en carta fechada el 23 de junio de 1783, dirigida a Robert R. Livingston, uno de los principales colaboradores de Thomas Jefferson en la redacción de la Declaración de Independencia y firmante de la Constitución de Estados Unidos por el Estado de New Jersey, expuso lo siguiente: “…es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión”.

139 años antes, en 1787, Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro, uno de los padres fundadores de esa nación, exhortó a que su país creara un gran sistema norteamericano, superior al dominio de toda fuerza trasatlántica, y para lograrlo recomendaba: "La creación de un imperio continental americano que incorpore a la unión los demás territorios de América, aún bajo el dominio colonial de potencias europeas, o las coloque, al menos bajo su hegemonía".

En 1805, 121 años antes, Thomas Jefferson, tercer presidente estadounidense (1801-09), notifica al Ministro de Gran Bretaña en Washington que, en caso de guerra contra España por la posesión de La Florida Occidental, EE.UU. tomarían a la Isla, porque la consideraban una posición imprescindible para la defensa militar de Louisiana y La Florida.

115 años antes, en 1811, el Gobierno norteamericano envía a Cuba a un agente especial para establecer contactos con elementos anexionistas en la Isla y realizar actividades conspirativas simulando actividades comerciales.

103 años antes, el 28 de abril de 1823, John Quincy Adams, secretario de Estado del presidente Monroe y su sucesor en el ejecutivo, escribió: “(…) es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad”; pero, como no considera oportuno actuar aún, diseña su teoría de la “fruta madura”, asegurando que cuando la isla se separara de España no podría sostenerse por sí misma y gravitaría hacia la Unión, “exclusivamente”. (Aquí no se cumplió la Ley de gravedad).

103 años antes, el 2 de diciembre de 1823, James Monroe, quinto presidente estadounidense (1817-25), en su discurso anual ante el Congreso de la Unión, expondría la estrategia de dominación regional que pasaría a la historia como: Doctrina Monroe, basada en el principio de "América para los americanos"… del Norte, se sobreentiende).

Cien años antes, en 1826, Estados Unidos se opone denodadamente a que Cuba quedara enrolada en los procesos independentistas de América Latina y bloquea cualquier intento, de cualquier patriota o internacionalista, por lograr ese objetivo.

En 1845, 81 años antes, se proclama la doctrina del Destino manifiesto: “misión histórica inevitable que le compete asumir a Estados Unidos de expansión agresiva”… porque "es nuestro destino manifiesto expandirnos por el continente que nos ha dado la Providencia".

76 años antes, en 1850, Millard Fillmore, decimotercer presidente estadounidense, sería el primero en sugerir medios armados para ejercer su política expansiva. Varios generales del sur organizaron expediciones armadas integradas por aventureros. La más conocida fue en 1850, dirigida por el venezolano Narciso López, quien se apoderó de la ciudad de Cárdenas, pero no contó con apoyo popular y se vio obligado a reembarcar. Alentaron esta idea con la finalidad de continuar su política de anexión de nuevos territorios, como ya habían hecho con Texas.

Veintinueve años antes, en 1897, Theodore Roosevelt, entonces subsecretario de Marina y posteriormente presidente (1901-1909), escribió a un amigo: “En estricta confidencia, agradecería cualquier guerra, pues creo que este país necesita una”.

El 29 de marzo 1898, 28 años antes, el presidente William McKinley (1897-1901) exige a Madrid cesar las hostilidades en Cuba, y doce días después el Congreso le aprueba intervenir en la guerra mediante la “Resolución Conjunta”, en la que se establece que Cuba “debe ser libre”; se ordena al Presidente “usar las fuerzas militares y navales”, y se declara la determinación “de dejar el gobierno y dominio de la isla a su pueblo” luego de pacificado.

El 15 de julio de 1898, 28 años antes, las fuerzas españolas capitulaban en Santiago de Cuba ante los estadounidenses, apoyados por el Ejército Libertador, que mantuvo a raya a los 300 mil peninsulares empantanados en la Isla. El presidente Mc Kinley sabía que España estaba desangrada y en bancarrota frente al Ejército Libertador.

El 10 de diciembre de 1898, 28 años antes se firma del Tratado de París a espaldas del pueblo cubano: “(…) Cuba con un territorio mayor, tiene una población mayor que Puerto Rico. Ésta consiste en blancos, negros, asiáticos y sus mezclas. (…) la inmediata anexión de estos elementos a nuestra propia federación sería una locura y antes de hacerlo debemos limpiar el país aún cuando eso sea por la aplicación de los mismos métodos que fueron aplicados por la Divina Providencia en las ciudades de Sodoma y Gomorra. Debemos destruir todo lo que esté dentro del radio de acción de nuestros cañones. Debemos concentrar el bloqueo de modo que el hambre y su eterna compañera, la peste, minen a la población civil y diezmen al ejército cubano. (…) debemos crear dificultades al gobierno independiente y éstas y la falta de medios para cumplir con nuestras demandas y las obligaciones creadas por nosotros, los gastos de guerra y la organización del nuevo país, tendrán que ser confrontadas por ellos (…). Resumiendo: nuestra política debe ser siempre apoyar al más débil contra el más fuerte hasta que hayamos obtenido el exterminio de ambos a fin de anexarnos la Perla de la Antillas”. Esto fue refrendado el 24 de diciembre por el secretario de la guerra de EE.UU., Mr. N. Breckenridge, en instrucciones sobre la Campaña de las Antillas al teniente general N. A. Miles del ejército de esa nación.

Al referirse a las anexiones de nuevos territorios a Estados Unidos (Puerto Rico, Hawai, Cuba), respecto a esta última expresó:

“…Sus habitantes son por regla general, indolentes y apáticos. En ilustración se hayan colocados desde la más refinada hasta la ignorancia más grosera y abyecta. Su pueblo es indiferente en materia de religión, y por lo tanto, su mayoría es inmoral, como es a la vez de pasiones vivas, muy sensual, y como no posee sino nociones vagas de lo justo y de lo injusto, es propenso a procurarse los goces no por medio del trabajo, sino por medio de la violencia; y como resultado eficiente de esta falta de moralidad, es despreciable de la vida.”

A continuación, le expone los métodos de exterminio a aplicar a la población, reflejados en el referido Tratado… Después de trazar la estrategia para ir ocupando palmo a palmo el territorio cubano a partir de Oriente, y crear conflictos al gobierno independiente que se creara, Breckenridge, le reitera: “…nuestra política se concreta a apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas”.

26 marzo de 1900, 26 años antes, Grover Cleveland, ex presidente de Estados Unidos que gobernó ese país entre 1893 y 1897, en carta que remitió a su Secretario, Richard Olney, el 26 marzo de 1900, expresó: “Me temo que Cuba debiera ser sumergida por algún tiempo antes de que pudiera ser un estado, territorio o colonia de los Estados Unidos del que estuviéramos orgullosos”.

Veinticinco años antes, el 28 de mayo de 1901, el gobernador interventor yanqui de la Isla, Leonardo Wood, le impuso a la Asamblea Constituyente la tristemente célebre Enmienda Platt, que deja claro su título de propiedad sobre la Isla y que poca o ninguna libertad deja a la naciente República. La Enmienda se impone bajo la amenaza de prolongar indefinidamente la ocupación.

El General Leonard Wood, gobernador militar de la Isla durante la ocupación norteamericana (1898-1902): expresó:
“(...) Por supuesto, que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión. Esto, sin embargo, requerirá algún tiempo y durante el período en que Cuba mantenga su propio gobierno, es muy de desear que tenga uno que conduzca a su progreso y a su mejoramiento. No puede hacer ciertos tratados sin nuestro consentimiento, ni pedir prestado más allá de ciertos límites y debe mantener las condiciones sanitarias que se le han preceptuado, por todo lo cual es bien evidente que está en lo absoluto en nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que la considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de los Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración. Con el control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. La isla se norteamericanizará gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo (...)”.
Veinticuatro años antes, se firma el Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos, el cual se suscribió el 22 de mayo de 1902. En el mismo estaban incluidos los siete primeros apéndices de la Enmienda Platt.

El 2 de octubre de 1903, es aprobado por el Presidente de EE.UU. el Tratado de arrendamiento de bases navales o Carboneras (ratificado por el presidente cubano Estrada Palma). Poco después, el 10 de diciembre de 1903, los Estados Unidos toman posesión, en calidad de arrendamiento, de la bahía de Guantánamo y tierras adyacentes para la creación de la Base Naval que aún ocupan ilegalmente, contra la voluntad del pueblo y el Gobierno de Cuba.

El 27 de diciembre de 1903, 23 años antes, se firma el Tratado de Reciprocidad Comercial entre Cuba y Estados Unidos. Roosevelt, en mensaje al Congreso de EE.UU., expresó: “Insisto en aconsejar el planteamiento de la reciprocidad con Cuba, no solo por favorecer eficacísimamente nuestros intereses, dominar el mercado cubano, e imponer nuestra supremacía en todas las tierras y mares tropicales que se hallan al sur de nosotros…” Este Tratado, calificado por Raúl Roa, el Canciller de la dignidad, como “El tratado del esqueleto”, propició la penetración acelerada del capital financiero norteamericano y comprometió y empeñó el futuro desarrollo de la nación cubana.

El 14 noviembre de 1905, 21 años antes, ciudadanos estadounidenses residentes en la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), promueven un movimiento y se declaran “separados de Cuba”, y proclaman su “adhesión a la Unión”. Mr Squiers, ministro norteamericano en La Habana, pide a las autoridades cubanas que abandonen la isla y solicita un cañonero a su país. Declara que el Gobierno cubano debía entregar la isla a Estados Unidos.

Veinte años antes, el 13 de septiembre de 1906, a solicitud del presidente Don Tomás Estrada Palma, Estados Unidos ocupa a Cuba por segunda ocasión. La división de los cubanos, el surgimiento y proliferación de múltiples partidos políticos: Nacional, Liberal, Moderado, Conservador; Autonomista, Constitucional, entre otros; unido a las aspiraciones y ambiciones políticas de Tomás Estrada Palma, José Miguel Gómez, Alfredo Zayas y otros, propiciaron pugnas y contradicciones que se manifestaron en forma violenta. Estrada Palma intentó reelegirse como presidente de la República y tras unas fraudulentas elecciones, provocó la cruenta guerrita, en la que se vieron enrolados un grupo de generales veteranos de la Guerra de Independencia contra el colonialismo español en el siglo XIX.

En 1912, catorce años antes, Estados Unidos interviene por tercera ocasión en Cuba, pretextando “proteger los intereses” de esa nación, ante la rebelión encabezada por el Partido Independiente de Color.

En 1917, nueve años antes, Se produce la cuarta intervención estadounidense para imponer la reelección de Mario García Menocal. Para ello, nuevamente pretextaron la protección de la Base Naval de Guantánamo y la salvaguarda de las propiedades norteamericanas en la Isla.

Seis años antes, en 1920, se produce una nueva intervención estadounidense en los asuntos de la Isla, que duró hasta 1922. Envían al general Enoch H. Crowder, que dispuso la celebración de nuevas elecciones en Cuba, basadas en un código electoral confeccionado por él mismo. Estas elecciones se efectuaron en marzo de 1921.

Todo esto ocurría, y aun Fidel no había nacido; por supuesto, tampoco la Revolución que encabezara ni el socialismo que propugnara.

Así que, por favor, ¿cuáles son las verdaderas intenciones?

Vea además:

*Periodista cubano