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lunes, 15 de diciembre de 2014

El Times con un nuevo editorial, entre "asombros", verdades, medias verdades y sutilezas…

¿Inesperada franqueza en un país que se caracteriza por que sus más altos dirigentes hablen a calzón quitado con el pueblo y reconozcan ante él sus errores…? Ya por ahí me saltó un poco la liebre…  pero leer que se describa a Batista como un líder autoritario y no como el bestial asesino que fue, ya me pareció el colmo… Como en esos dibujos en que nos invitan a buscar el gazapo, los invito a leer este nuevo Editorial del New York Times "con los ojos bien abiertos", como nos invitaba Chuncha en aquél spot televisivo de nuestros años juveniles. Una razón más para confirmarnos en una idea: los cambios en Cuba nos tocan a nosotros, no para facilitarles a los yanquis el "cambio de régimen" si no porque son imprescindibles para lograr la patria socialista que merecemos y por la que hemos luchado. De todas formas, continúa siendo un punto a favor de nuestro país que estos temas lleguen a la opinión pública norteamericana:

La economía de Cuba en una encrucijada

En julio de 2007, cuando Raúl Castro estaba al mando del país mientras su hermano recibía atención médica, el presidente interino emitió una crítica asombrosa de la economía cubana al describir las ineficiencias de la industria láctea. Su descripción del oneroso y costoso mecanismo para llevar la leche de las vacas hasta la mesa familiar era una historia ya conocida para los cubanos, quienes han sido sometidos por décadas a una economía centralizada, que se encuentra entre las más disfuncionales y anómalas del mundo. Pronto se hizo evidente que la inesperada franqueza de Castro ese día representaba el inicio de una era de transformación para la economía de la isla.

Luego de que Fidel Castro cediera el poder a su hermano en 2008, el Gobierno cubano inició una serie de reformas que han permitido que sus ciudadanos comiencen a crear formas de sustento que no están completamente sujetas al control del Estado. El ritmo ha sido vacilante, con mucho retroceso propiciado por la antigua guardia del Gobierno, que considera una mayor liberalización de la economía como un repudio del sistema socialista que Fidel Castro hizo sacrosanto.

El inminente final de la era de los Castro —Raúl Castro, de 83 años, ha dicho que dejará el cargo en 2018— coincide con un intenso debate sobre el futuro de la economía del país.
Hasta ahora, la administración Obama ha observado las reformas con escepticismo. La Casa Blanca ha flexibilizado las restricciones de viaje a la isla y de remesas, pero ha hecho relativamente poco para empezar a levantar la red de sanciones que Estados Unidos ha impuesto a Cuba durante décadas.

El presidente Obama podría ayudar a expandir el papel de la pequeña pero creciente clase empresarial al flexibilizar sanciones mediante pasos que puede tomar unilateralmente la rama ejecutiva. También puede colaborar con el creciente número de legisladores que apoyan la expansión de relaciones comerciales con Cuba. La Casa Blanca podría iniciar el proceso eliminando a Cuba de la lista del Departamento de Estado de países que respaldan a organizaciones terroristas. También es posible ampliar los mecanismos mediante los cuales los estadounidenses pueden proveer capital a las empresas independientes.

Hacer eso empoderaría a los cubanoamericanos que desean desempeñar un papel más robusto en la transformación económica de la isla. Además, gradualmente, disminuiría la habilidad del Gobierno cubano de culpar a Washington por las deficiencias de una economía que está fallando a sus ciudadanos, principalmente como resultado de las políticas estatales.

Antes de que Fidel Castro asumiera el poder en 1959, la economía de Cuba estaba dominada por su relación con Estados Unidos, entonces el más importante importador del principal producto cubano, azúcar. Los turistas estadounidenses viajaban a la isla por montones, atraídos por su proximidad, clima tropical y deleitante vida nocturna.

Luego del derrocamiento de Fulgencio Batista, un líder autoritario que había protegido los intereses comerciales estadounidenses, el Gobierno de Fidel Castro afianzó el control sobre, prácticamente, todo segmento de la economía. Decomisó tierra y propiedades de empresas estadounidenses y prometió garantizar vivienda, atención médica y educación a todos los ciudadanos. El sistema comunista generó una economía retrógrada y lánguida, respaldada ampliamente por Moscú. Pero luego del colapso de la Unión Soviética en 1991, la economía cubana se desplomó.

Los cubanos llaman de manera eufemística a la austera privación de los años 90 el “periodo especial”, una época en que el Gobierno cubano fue forzado a permitir cierta inversión extranjera y autorizar, de manera limitada, el empleo por cuenta propia. En 1999, la Habana encontró un nuevo benefactor en el recién elegido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuyo apoyo hizo posible que las autoridades cubanas apretaran el control estatal de la economía.

Pero en los últimos dos años, Venezuela, que provee petróleo ampliamente subvencionado a Cuba a cambio de servicios médicos, lidia con una crisis política y económica que empeora, y que podría forzar la eliminación de subvenciones a La Habana.

La precariedad de esa relación le ha dado más urgencia al debate sobre cuán rápido el Gobierno cubano necesita implementar las reformas que respaldó Raúl Castro. Los líderes de la antigua guardia advierten que una economía de mercado liberalizada podría convertir a Cuba en una sociedad menos igualitaria y proveería una apertura a que Estados Unidos desestabilice al gobierno mediante una inundación de inversión privada. Los reformistas, incluidos algunos de los economistas más respetados del país, argumentan que el estado actual de la economía es insostenible.

La realidad es que los logros en la previsión social de la isla no pueden sustentarse si se mantienen las tendencias económicas y demográficas actuales. Cuba, Argentina y Chile son los únicos países de Latinoamérica y el Caribe actualmente clasificados en el rango superior del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, una medición del nivel educativo, expectativa de vida, entre otros indicadores, de un país.

El salario promedio en Cuba, en la actualidad, equivale a aproximadamente el 28% del valor adquisitivo antes del colapso de la Unión Soviética, según el Centro de Estudios de la Economía Cubana, una entidad estatal adscrita a la Universidad de la Habana. La devaluación ha causado hurtos descontrolados en los centros laborales. También ha incentivado a miles de profesionales cubanos que han emigrado a Estados Unidos y Latinoamérica en los últimos años en busca de una vida mejor. La tasa de natalidad del país ha descendido, a la vez que los ciudadanos en edad avanzada viven más tiempo.

El sector agrícola sigue obstaculizado por tecnología desactualizada y políticas bizantinas. Una ley para atraer inversión extranjera que la Asamblea Nacional de Cuba aprobó en marzo, aún no produce un solo acuerdo. Y, para aumentar los desafíos, el Gobierno cubano ha prometido eliminar próximamente su sistema de doble divisa, un proceso que podría generar inflación. El sistema dual, que incluye un peso ajustado al dólar, se estableció en los años 90, cuando se abrió el turismo.

A pesar del estancamiento económico, hay que destacar el crecimiento de una nueva clase de empleados del sector privado, actualmente casi 500,000. Aunque no es una cifra enorme en una nación de 11 millones de habitantes, constituye una clase sorprendentemente ingeniosa en un país donde administrar un restaurante privado exige adquirir prácticamente todos los ingredientes en el mercado negro. Un producto tan básico como la papa tiene que adquirirse como contrabando en Cuba.

Muchos de los que han establecido negocios, tales como posadas, son cubanos que regresaron con ahorros obtenidos en el extranjero y aquellos con parientes que aportaron el capital inicial. Todos luchan con la burocracia ante la imposibilidad de importar legalmente productos tan básicos como colchones y almohadas. Traer artículos de Estados Unidos es costoso y complicado, como consecuencia de las sanciones estadounidenses.

Las autoridades cubanas parecen tener una actitud inconstante respecto al creciente sector privado. Aunque dan la bienvenida al empleo y a la ganancia tributaria que genera, los burócratas están poniéndoles trabas a los negocios particularmente exitosos, y obligando algunos a convertirse en cooperativas administradas conjuntamente con el Estado. El mensaje parece ser: queremos prosperidad pero no personas más prósperas que otras.

Washington podría empoderar el campo reformista al facilitar que los empresarios cubanos obtengan financiamiento externo y formación empresarial. Es poco probable que esa estrategia sea exitosa, a menos que Estados Unidos abandone su política de cambio de régimen. A pesar de que la transformación económica de Cuba está avanzando lentamente, bien podría conducir a una sociedad más abierta. Por ahora, el continuo antagonismo proveniente de Washington solo está ayudando a la antigua guardia.

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 Otros editoriales del NYT sobre Cuba

  Foto AP/ Ramón Espinosa; Fuente The New York Times;

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Una charla en OnCuba con el editorialista del New York Times

Por Marita Pérez Díaz      


Este martes la revista OnCuba recibió en su sede de La Habana al periodista colombiano Ernesto Londoño, miembro del equipo editorial de The New York Times, uno de los diarios de mayor influencia en Estados Unidos.

Durante casi tres horas Londoño dialogó, preguntó y respondió a nuestras inquietudes. El mismo joven detrás de los seis editoriales que publicara recientemente el diario norteamericano sobre la relación Cuba-Estados Unidos, durante seis semanas seguidas, continuará desarrollando el tema, esta vez con un trabajo de investigación que realiza por quince días en la isla.

Londoño preguntó sobre las reformas económicas y cómo es posible sustentar el mismo proyecto de sistema socialista ante los cambios que se realizan en el país, el ideal del periodismo en Cuba y la libertad de expresión, entre otros muchos tópicos. Por nuestra parte, la curiosidad no pudo evitar que editores, comerciales y reporteros nos uniéramos en una especie de entrevista colectiva.

¿Por qué Londoño trata el tema Cuba? ¿Por qué con tanta pasión?

 “Alguien escribió un artículo espantoso en Martí Noticias y el primer comentario decía que “Londoño estudió en Miami y seguramente una cubana le partió el corazón”. A mí Cuba siempre me interesó desde que era estudiante en la universidad. Evidentemente tuve contacto con el exilio cubano, hice mis prácticas en el Nuevo Herald, escribí un poco en el Miami Herald, estuve en Miami durante la época de Elián González…Y  digamos que siempre tuve ese interés intelectual sobre su futuro y su pasado. Durante los nueve años de mi carrera nunca tuve oportunidad de escribir sobre Cuba ni América Latina. Y cuando comencé en The New York Times les expresé como iniciativa comenzar a tratar este tema. A ellos les encantó esa idea, pues en los últimos años no le han podido dedicar el espacio que merece y confiaron en mí porque al hablar español se me facilita un poco estar al tanto de todo lo que ocurre en América Latina.

 “Al principio la idea fue hacer solo un editorial, pero la reacción fue muy interesante y decidimos darle continuidad. Como todos los periódicos, The New York Times tiene interés en expandir sus audiencias y este es uno de los mecanismos para atraer más lectores fuera de Estados Unidos, nos dio una idea de cómo podemos expandirnos en la región publicando esta serie en español e inglés. Pero no es que alguien del gobierno, ni ninguna persona con interés de lobby nos haya puesto el tema. Surgió de forma espontánea, orgánica, y ha generado mucho interés, mucho debate y sentimos que podemos seguir alimentando este proceso”.

¿Cuáles han sido sus impresiones de la Cuba que encontró ahora, diez años después de su primera visita?

 “Llevo nada más dos días, así que no logro formarme una impresión completa aun. Pero lo que más me ha llamado la atención es que se ven muchos negocios, mucha gente emprendedora y creativa que ha logrado desarrollar proyectos muy importantes a pesar de los desafíos que todavía siguen siendo considerables. Lo otro que me llamó la atención, es que cuando yo vine la otra vez era muy difícil tener conversaciones sobre temas sensibles y que la gente se expresara sobre problemas con el gobierno o sobre el día a día. En ese momento lo percibía. Ahora siento que hay espacios muchos más libres para que la gente se exprese”.

¿Por qué una visita a Cuba en este preciso momento?

“El primer editorial dio mucho interés y generó debate y consideramos que ahora hay una confluencia de circunstancias ideal para un acercamiento. Estamos en una posición de ofrecer propuestas, ideas, abordar temas que puedan fomentar un diálogo constructivo, interesante, y puedan poner este tema en un nivel más alto en el radar. Es posible que los líderes políticos de ambos lados se tomen la oportunidad para tomar bases. En el pasado ha habido oportunidades pero no se ha concretado. Creo que no va a ser una relación fácil de la noche a la mañana, va a ser muy compleja. Pero considero que se logra más por vía del diálogo constructivo. Y si lo  que nosotros hacemos ayuda en eso, tratamos de convertirnos en un vehículo para generar logros importantes en ese sentido.

 “El periodo desde ahora hasta la Cumbre de las Américas puede ser importante. Sería el primer foro diplomático en el que tendrían contacto líderes estadounidenses y cubanos. Tratamos además de visibilizar puntos donde se puede intercambiar más, para desacelerar el antagonismo que ha caracterizado a las relaciones Cuba-Estados Unidos durante décadas. Al final los que terminan pagando son los cubanos de ambos lados, los de adentro y los del exilio, pues mientras las relaciones estén turbias es más difícil mantener contacto con la isla, con la familia. Yo creo que si pudiéramos generar un ambiente de mayor conexión, pudiéramos crear más oportunidades para todos”.

¿Recibe algún tipo de asesoría para abordar el tema?

 “He tratado de establecer contacto con todo el mundo en este debate. Por supuesto que en los editoriales no salen explícitamente las entrevistas ni las fuentes, pero llevan un trabajo de investigación y de reporterismo muy profundo. No podemos llegar y opinar solo con nuestras ideas en la mesa editorial. Llegar a Cuba y pedir dos semanas para hacer periodismo es precisamente en busca de eso, salir a la calle, encontrar temas. He tenido oportunidad de reunirme con quien yo quiera. Hasta el momento no ha habido ningún problema al respecto ni implícito ni explícito y espero que así siga”.

¿Qué opina de las críticas que ha recibido en diversos medios de comunicación norteamericanos y la disidencia cubana sobre su visita a la isla y al diario Granma?

“Cuando hacemos periodismo de opinión siempre surgen criterios encontrados. Hay que ser respetuosos de las opiniones frente a nuestras propias críticas. Yo creo que lo esperábamos y a mí me parece que es valioso tener un diálogo y contestar a algunos de esos críticos. Generalmente yo lo hago más desde el punto de vista constructivo y en forma respetuosa. Pero es claro que para mucha gente Cuba es un tema arraigado al alma, con opiniones muy fuertes. Yo aprendo de esas críticas, es valioso oírlas, analizarlas. No huir de ellas”.

Se habla mucho de cuán importante sería para Cuba normalizar las relaciones con EE.UU., pero para este último también sería una elección inteligente en muchos sentidos, sobre todo si tenemos en cuenta la disminución de su influencia en una Latinoamérica actual más inclinada a la izquierda. ¿Qué pudiera comentar al respecto?

“A nivel geopolítico Estados Unidos está muy aislado. Cualquier conferencia que se dé, cualquier participación política, Cuba es siempre la espinita atravesada, la pregunta que no falta, que genera controversia y discordia. En el momento en que se normalicen las relaciones, Cuba deja de ser el asunto en el que todo el mundo se enfoca. Estados Unidos creo que puede llevar una relación mucho más amistosa con su vecino. Pudiéramos hablar de cooperación económica, científica, cambio climático, cultura. Siempre van a haber diferencias, algo de tensión, pero creo que sacar a Cuba de esa ecuación sería muy importante para la diplomacia estadounidense en el hemisferio. Por otro lugar, creo que somos países vecinos, y deberíamos tener más contactos, conocernos mejor, intercambiar ideas. Nuestro punto es que Estados Unidos no debe diseñar un esquema político acá, como intentó hacer en Afganistán o Iraq. Los resultados históricos cuando Estados Unidos intenta ser un agente de cambio nunca han funcionado.  La influencia mutua sí puede ser positiva”.

¿Existe un debate público real con respecto al tema Cuba en Estados Unidos?

 “Creo que nosotros hemos elevado un poco el perfil del debate. Pero existen opiniones todavía muy encontradas. La página editorial de The Washingtong Post, donde yo trabajaba antes,  tiene una posición muy rígida con respecto al gobierno cubano, y piensan que no puede haber un acercamiento, ellos lo consideran como concesiones y que primero Cuba debe hacer reformas mucho más democráticas. La prensa de Miami está condicionada por la opinión del exilio, aunque ha habido cambios, pero predomina la influencia de esa generación de cubanos que fue la primera ola migratoria. Pero yo creo que hay académicos, emigrados jóvenes, politólogos, que están hablando sobre el tema y explorando sobre los diferentes ángulos de esta relación tan complicada”.

“Ayer vino el ministro español y según El País trae un mensaje de la administración Obama, no tengo detalles todavía, pero sí se están tomando muy en serio la política exterior respecto a Cuba.  Sí creo que hay voluntad política para explorar cambios, en cuanto sea posible, pero no sé hasta qué punto se logre concretar. Ahora mismo el Congreso está dominado por republicanos y hay una relación muy adversaria en estos momentos con la Casa Blanca. Hay otros temas como las reformas migratorias que generan mucha polémica, o las nuevas guerras en Iraq y en Siria, en medio de un proceso complejo que domina la atención de los más altos niveles del país. Pero a pesar de esas otras prioridades, nosotros queremos que se reconozca este momento como oportuno para un acercamiento entre ambos gobiernos”.

Con respecto a nuestra revista OnCuba expresó sus mejores deseos de que el proyecto siga creciendo y ganando espacio dentro del periodismo que se hace desde la isla. Y sobre los futuros temas de editoriales sobre las relaciones Cuba-Estados Unidos comentó: “Solo les puedo aconsejar una cosa: sigan leyendo”.

 Foto Alain L Gutiérrez
Tomado de OnCuba Magazine

martes, 18 de noviembre de 2014

Estados Unidos-Cuba: ¿Qué viene ahora?

Por Iroel Sánchez
 
Siendo yo un niño iletrado en vías de dejar de serlo, siempre llamaba mi atención en el librero de mi padre un libro grueso con unas letras grandes rojas y negras en el lomo. Yo, que no sabía aún que la u no se pronuncia después de la g si no tiene diéresis, leía una palabra inexistente: la “güerra”.

Mucho después supe se trataba de un clásico, La guerra de Karl von Klausewitz, cuya frase más citada me ha venido a la mente por estos días.

El 26 de julio del año 2000, poco antes de terminar el gobierno de Bill Clinton, Fidel afirmó:

“Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen.

“Sin ánimos de perturbar los dulces sueños de los que esto último piensan, cumplo el cortés deber de advertirles que la Revolución cubana no podrá ser destruida ni por la fuerza ni por la seducción.”

La reciente saga de editoriales del diario The New York Times sobre Cuba ha evidenciado que hay un sector influyente en Estados Unidos que parece decidido a asumir la confrontación en el terreno propuesto por el líder cubano y “jugar limpio”.

Este ha venido a ser el último de una serie de acontecimientos que han marcado durante el año 2014 lo que muchos consideran la crisis terminal de la actual -y cincuentenaria-  política estadounidense hacia Cuba.

El mes en que cada fin de semana han aparecido declaraciones de la junta editorial del periódico neoyorquino pidiendo modificar la estrategia estadounidense hacia la isla caribeña, ha estado acompañado del reconocimiento del papel de Cuba en la lucha contra el ébola por el Secretario de Estado norteamericano John Kerry y la embajadora de EE.UU. en la ONU, Samantha Power.

El año 2014 había comenzado con la Cumbre de la Comunidad de Estados de Lationoamérica y el Caribe (CELAC), celebrada en La Habana que no sólo condenó de manera unánime el bloqueo estadounidense contra la Isla, sino que reconoció  “el compromiso de los Estados de la América Latina y el Caribe de respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”, en un respaldo total al derecho de Cuba a construir una sociedad diferente de la que Washington ha intentado imponerle.

El consenso latinoamericano sobre Cuba es tal que nadie discute si el presidente Raúl Castro estará en la próxima Cumbre de las Américas en abril de 2015. Lo que se debate es si Obama asistirá -en esas condiciones- a un espacio donde Washington se ha negado, desde su surgimiento en 1994, a aceptar a Cuba.

Por su parte, la Unión Europea reabrió las negociaciones con Cuba para un acuerdo de cooperación, cambiando tácitamente la “posición común” que Washington había impuesto a través del gobierno de José María Aznar. Infuyentes personalidades estadounidenses como el Presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. y la casi segura candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, se manifestaron públicamente contra el bloqueo.

Además del tema del bloqueo y la “impresionante contribución” cubana a la lucha contra el ébola, el Times le ha dedicado editoriales a los cambios en el electorado estadounidense con respecto a Cuba, a la necesidad de un “canje de prisioneros” entre ambos países, al descrédito provocado por el financiamiento destinado por Washington a grupos “disidentes” cubanos a través de la USAID y a reclamar el cese del programa estadounidense para estimular la emigración de médicos cubanos que colaboran en terceros países. Una por una, el Times ha ido descalificando las viejas y nuevas armas de la guerra estadounidense contra Cuba.

La propuesta de que EE.UU. conmute las penas de prisión de los tres cubanos del grupo de “Los Cinco” que aún están en cárceles estadounidenses por vigilar las actividades de grupos terroristas asentados en el Sur de la Florida a cambio de que Cuba libere al “subcontratista” estadounidense Alan Gross, condenado por implementar dentro del territorio cubano un plan del gobierno estadounidense llamado “Cuba Democracy and Contingency Planning Program” para el cambio de régimen, era ya vade retro para la extrema derecha cubanoamericana. Pero el cuestionamiento del dinero para quienes The New York Times llama “charlatanes y ladrones” es la gota que terminó de disparar las alarmas para el llamado negocio de la industria anticastrista que, como instrumento al fin, sienten que pueden ser sustituidos.

No es cualquier opinión. Desde el diario con el nombre de la Gran manzana habla una parte muy influyente del establishment estadounidense y global que ha comprendido que sus intereses se verían favorecidos con un cambio en la relación entre Cuba y EE.UU.

¿Qué puede pasar ahora? 
Dos cosas. Incluso si el presidente Barack Obama no utilizara en el corto plazo sus prerrogativas -que las tiene- para comenzar a avanzar en la normalización con Cuba -amplia licencia para viajes de ciudadanos estadounideses, canje de prisioneros, retirar a la Isla de la lista de países terroristas, por ejemplo- los sectores que se oponen al cambio -especialmente la llamada extrema derecha cubanoamericana- empleará todas sus artes para provocar un incidente que atore el proceso. Ya lo hicieron en el pasado cada vez que se vio en el horizonte cualquier posibilidad de acercamiento y ahora mismo deben andar desesperados buscando una provocación. 
En paralelo, veremos el incremento de las acciones para lo que The Times llama  “influir de manera positiva en la evolución de Cuba” con el consiguiente florecimiento -ya en parte apreciable y financiado desde terceros países aliados a EE.UU-. de proyectos para lo que el quinto editorial del periódico neoyorquino describe como  “mecanismos para empoderar al cubano común y corriente, expandiendo oportunidades de estudios en el exterior, organizando más enlaces profesionales, e invirtiendo en las nuevas microempresas en la isla”. Un desafío que es parte de ese acercamiento que Cuba jamás rechazará pero cuyo objetivo tampoco se debe desconocer.
También lo hicieron en el pasado. Desde que con Bill Clinton en la presidencia se vislumbró la posibilidad de un cambio de política -frustrado por las provocaciones de grupos como Hermanos al rescate- surgieron varios proyectos que cristalizaron en la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana y su revista Encuentro, apoyada desde la socialdemocracia otanista de Suecia y España. Ya otro gobierno socialdemócrata nórdico cuyo líder es hoy el Secretario General de la OTAN se involucró este año en proyectos intelectuales “de izquierda” en Cuba.
La National Endownment for Democracy (NED) definía así el objetivo de Encuentro: “Para promover un diálogo entre escritores, artistas y académicos en Cuba y en la diáspora sobre el cambio político y el futuro de Cuba”. Si los nacientes proyectos niegan tener una “agenda partidista” y no desean “criticar a ningún segmento de cubanos”, Encuentro en su primer editorial declaraba que “no representa ni está vinculada en modo alguno a ningún partido u organización política de Cuba o del exilio” y proclamaba “que no haya jamás ataques personales”.
Y lamentablemente, aunque sea motivo para que algunos digan, “puff, otra vez lo mismo”, tenemos que hablar de lo mismo: la CIA y sucedáneos. Encuentro, absolutamente derechizada con la llegada de George W. Bush al poder se escindió entre los portales de Internet Cubaencuentro y Diario de Cuba, financiadas actualmente por la NED -que el mismo Times definiera como pantalla de la CIA-, tomó el modelo y hasta el nombre de la revista Encounter del Congreso por la Libertad de la Cultura que durante la Guerra Fría Cultural fueran pagados también por Estados Unidos pero con sede en París.
Siempre serán proyectos “de izquierda no comunista” que buscarán legitimación intelectual porque, como concluyó la CIA al inclinarse por el novelista Arthur Koestler para liderar inicialmente su Congreso por la Libertad de la Cultura: “¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas?”. En su libro La CIA y la Guerra Fría cultural, Frances Stonor Saunders refiere la “revolución silenciosa” -en palabras de Arthur Schlesinger- en que “las personas en la Administración cada vez comprendían mejor y apoyaban en mayor grado las ideas de los intelectuales que estaban desilusionados con el comunismo pero que aún tenían fe en los ideales del socialismo”.
Del lado de los que han sido señalados como “charlatanes y ladrones” también hacen sus ajustes. Sólo días después del quinto editorial sobre Cuba del New York Times, Diario de Cuba adecuaba su lenguaje y presentaba un “órgano sin fines de lucro, no partidista, destinado a abogar por los derechos de los afrodescendientes y de otros grupos marginados en Cuba, al recuperar su historia de activa participación en la fundación y desarrollo de la nación y su cultura”. Altos y nobles fines para personajes que acaban de ser descalificados tan duramente por el periódico más importante el mundo, y que por cierto, nunca los buscó a ellos sino a personas involucradas en la vida institucional cubana para abordar esos temas. Porque como acaba de decir el Times al gobierno de Obama “es más productivo lograr un acercamiento diplomático, que insistir en métodos artificiosos”.
No olvidan ellos que fue con el acercamiento diplomático y desde arriba que lograron estimular la implosión de la URSS liderada por los que se planteaban “un socialismo con rostro humano”.
The New York Times y quienes el periódico representa -al describir tan exactamente a los empleados de la política estadounidense en Cuba- han comprendido que nada que no se identifique como “de izquierda” ni declare estar de acuerdo con la soberanía y la justicia social tiene espacio político en la sociedad cubana de hoy . Si Capriles se presentaba contra el bolivarianismo “desde abajo y a la izquierda” y en Brasil “socialistas” y “socialdemócratas” se unieron contra Dilma Rouseff, cómo será en Cuba donde la cultura política antimperialista y por la justicia social están mucho más acendradas.
Lo decisivo
La actuación del líder de la Revolución a inicios del Siglo XXI fue un intento de adelantarse, con lo que ha sido descrito por Martínez Heredia como “la ofensiva de Fidel que “pretendió frenar desigualdades y reforzar al socialismo”, a lo que inevitablemente ocurriría.
Luego de aceptar el desafío de lo que el New York Times propone ahora como nueva política hacia Cuba, Fidel se refería al antídoto en un nuevo escenario que el extremismo de la Administración Bush hizo retroceder y se vuelve a vislumbrar ahora como inminente:
“Con ideas verdaderamente justas y una sólida cultura general y política, nuestro pueblo puede igualmente defender su identidad y protegerse de las seudoculturas que emanan de las sociedades de consumo deshumanizadas, egoístas e irresponsables. En esa lid también podemos vencer y venceremos.”
Parte de esa cultura es saber qué es el imperialismo estadounidense en relación con Cuba y qué rol ocupa The New York Times dentro de él. Martínez Heredia lo describió con bastante exactitud a raíz de una polémica desatada hace un año y medio desde ese periódico sobre nuestro país:
“The New York Times es una gran empresa del sector de información y formación de opinión pública, antigua e influyente, y se sujeta a normas correspondientes a la idea que tiene de su función y al papel que le toca al servicio del orden vigente en su país y su política exterior imperialista. En todo sistema de dominación desarrollado cada uno tiene su esfera, sus maneras y su función. Que yo sepa, nunca ha mostrado alguna simpatía por la sociedad que tratamos de edificar en Cuba, pero puedo admitir que forma parte del sector educado de nuestros enemigos.”
No obstante, habrá que recordar y agradecer siempre la actual contribución de este medio de comunicación a hacer visible entre las élites norteamericanas el fracaso y descrédito de la guerra económica y de subversión estadounidense contra Cuba. Invirtiendo la archicitada frase de Klausewitz, la nueva política sería en este caso la continuación de la guerra por otros medios, una lid en la que como dijo el líder de la Revolución sólo podemos vencer “con ideas verdaderamente justas y una sólida cultura general y política”. Más que preocuparnos por lo que hagan nuestros adversarios, lo decisivo es una vez más qué hacemos nosotros.

(Publicado en CubAhora)

Tomado de su blog La Pupila Insomne

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Por qué The New York Times quiere que se acabe el embargo a Cuba?

¿Por qué The New York Times quiere que se acabe el embargo a Cuba?


El diario estadounidense The New York Times ha publicado cinco editoriales sobre Cuba en cinco semanas consecutivas, todos en sus ediciones de fin de semana, todos en inglés y en español.

En ellos, los editorialistas piden que Estados Unidos le ponga fin al embargo que mantiene desde 1960, retire a la isla de su lista de países patrocinadores del terrorismo, deje los “esfuerzos ocultos para derrocar el gobierno” en La Habana y restaure las relaciones diplomáticas de más alto nivel, ausentes desde 1961.

El periódico también defiende la idea de un intercambio de presos que permita la liberación del subcontratista gubernamental estadounidense Alan Gross, detenido en Cuba desde hace casi cinco años, a cambio de tres agentes de inteligencia cubanos que fueron condenados en Estados Unidos por espionaje.

“Un canje podría abrir el camino para reanudar lazos diplomáticos, lo cual permitiría que Estados Unidos tuviera mayores oportunidades de fomentar cambios positivos en la isla mediante la expansión de comercio, turismo y mayor contacto entre cubanos y norteamericanos”, dice el editorial sobre ese tema, del 2 de noviembre.

“De lo contrario, se perpetuará la enemistad que ha reinado durante más de 50 años, continuando así un ciclo de desconfianza y actos de sabotaje por ambos lados”.

Lea también: Qué debe pasar para que EE.UU. levante el embargo a Cuba
 
¿Por qué cinco editoriales ahora?

El editor de las páginas editoriales de The New York Times, Andrew Rosenthal, le dijo a BBC Mundo que los cinco artículos del último mes corresponden con la postura histórica que ha tenido el diario sobre Cuba y el embargo.

Fidel Castro citó en una de sus columnas casi todo el editorial del Times que pide por el fin del embargo.
Fidel Castro citó en una de sus columnas casi todo el editorial del Times que pide por el fin del embargo.
Pero no deja de llamar la atención, más allá de que concuerde con una opinión de vieja data, que el periódico esté publicando tantos editoriales sobre el mismo país y con intervalos claramente definidos.

La razón para hacerlo ahora es que el diario considera que “por primera vez en más de 50 años”, la situación política de ambos países está dada para que se puedan reanudar las relaciones.

El periódico destaca cómo Cuba se está preparando para una “era post-embargo” con las reformas que ha implementado, mientras hay un creciente número de voces en Estados Unidos que abogan por una mayor cercanía con ese país.

Además, en Washington se está discutiendo cómo el presidente Barack Obama tiene una oportunidad importante de señalar cambios políticos sobre Cuba en los próximos meses, antes de la Cumbre de las Américas en abril, donde puede coincidir con el mandatario cubano Raúl Castro, quien fue invitado por el país anfitrión, Panamá.

Según Rosenthal, lo que en últimas busca el diario es “influenciar a los legisladores estadounidenses a medida que continúan contemplando las políticas sobre Cuba” y “fomentar reformas en la isla para empoderar a los cubanos comunes y corrientes y aumentar las libertades personales”.
Esta apuesta coincide con la llegada a las páginas editoriales de Ernesto Londoño, un periodista colombiano quien trabajó en The Washington Post.

Desde su contratación en septiembre, el periódico no sólo empezó a publicar algunos de sus editoriales en español, sino que aumentó su énfasis en América Latina con editoriales sobre Colombia, Bolivia y Venezuela.

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Los cinco editoriales bilingües sobre Cuba
Tiempo de acabar el embargo de Cuba – 11 de octubre de 2014 La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el ébola – 19 de octubre de 2014 Los cambios electorales respecto a Cuba -25 de octubre de 2014 Un canje de presos con Cuba – 2 de noviembre de 2014 En Cuba, desventuras al intentar derrocar un régimen – 9 de noviembre de 2014

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¿Qué tan influyentes son los editoriales?
The New York Times es considerado por muchos el diario más influyente de Estados Unidos. Sus editoriales tienden a discutirse en los círculos políticos en Washington y con frecuencia tienen resonancia internacional.
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El más reciente editorial fue reseñado en la portada del diario oficial cubano Granma.
Rosenthal opina que está satisfecho de haber “fortalecido el debate acá, en Cuba y alrededor de América Latina” con los cinco textos.

Éstos se han mencionado tanto en Estados Unidos como en la isla e incluso este lunes, el diario oficial cubano Granma reseñó en su artículo principal en internet cómo el Times reconocía “la política injerencista de EE.UU. contra Cuba”.
Fidel Castro también citó, en una de sus columnas en medios estatales, casi todo el editorial del periódico neoyorquino que pide el fin del embargo.

Los artículos, además, llamaron la atención en Miami, donde organizaciones del exilio cubano criticaron, por ejemplo, la propuesta del canje entre Gross y los tres agentes de inteligencia.
El diario considera que el embargo de EE.UU. a Cuba es "insensato".
El diario considera que el embargo de EE.UU. a Cuba es “insensato”.
Pero algunos comentaristas son un poco escépticos sobre el efecto que puedan tener los editoriales.

“No asumiría demasiado de (los artículos) de The New York Times, aunque sí son un pilar más de apoyo para que actúe la Casa Blanca”, le dijo a BBC Mundo Ted Piccone, analista de temas latinoamericanos en el centro de estudios Brookings, en Washington.

Piccone agregó que The New York Times “a veces tiene una sensación inflada de poder e influencia” y opinó que por sí mismos no cree que los editoriales sean muy influyentes.
Pero más allá de ese impacto percibido, el editor Andrew Rosenthal se siente satisfecho y concluye, en sus respuestas a BBC Mundo, que el diario seguirá buscando ángulos “que alimenten el debate” sobre Cuba.
(Tomado de BBC Mundo)

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Fuente Progreso Semanal

sábado, 25 de octubre de 2014

The New York Times pide el levantamiento del bloqueo contra Cuba en un nuevo Editorial


The New York TimesEn un nuevo editorial publicado en inglés y español -el tercero en menos de un mes-, el diario The New York Times exige el levantamiento del bloqueo contra Cuba por considerarlo “una política fallida”.

Este editorial, titulado “Los cambios electorales respecto a Cuba“, que saldrá mañana en la edición impresa y se adelantó este sábado en la digital, se suma a otros dos en días recientes: “Tiempo de acabar el embargo de Cuba” (12 de octubre) y “La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el Ébola” (20 de octubre), en los cuales se pide al Presidente Barack Obama que levante las sanciones contra la Isla.

El Times asegura que “en tiempos pasados, no muy lejanos, todo candidato político creíble haciendo campaña en Florida para elecciones estatales o nacionales obligatoriamente debía recitar denuncias contra el gobierno cubano y proclamar su fe en que el embargo a la isla finalmente sacaría a los Castro del poder”.

Añade que “durante generaciones, para los cubanoamericanos, un grupo que anteriormente fue altamente monolítico a la hora de votar, el embargo representó un símbolo de desafío, más credo que política”.
Eso ha cambiado drásticamente en los últimos años, asegura, “a medida que los más recientes miembros de la diáspora se han manifestado a favor de fomentar lazos estrechos con la isla. Cuba sigue siendo un tema político importante en Florida y, hasta cierto punto, a nivel nacional. Pero el tema se ha vuelto mucho más complejo”.

Agrega que

“esa evolución ha permitido que un creciente número de políticos destacados puedan llamar el embargo una política fallida, y argumentar que ponerle fin a la era de enemistad con Cuba representa la mejor oportunidad para fomentar un futuro más próspero en la isla. Muchos industriales cubanoamericanos que defendieron el embargo en el pasado se han convertido en partidarios de establecer nuevos nexos con la isla. El lobby pro-embargo, hoy en día, recauda una fracción de los fondos que colectaba en años anteriores. El Presidente Obama recibe actualmente más correspondencia de legisladores que están a favor de reanudar la relación, que de aquellos que aún quieren mantener sanciones.“

En el Editorial, la publicación reconoce que en la Casa Blanca los asesores del presidente están considerando cuánto progreso pueden lograr al ampliar lazos con Cuba, una aspiración que Obama ha tenido hace mucho tiempo. “El presidente se pronunció a favor de abolir el embargo cuando era candidato al Senado en 2004, aunque se retractó durante la contienda presidencial, argumentando en 2008 que las sanciones permitían que Washington ejerciera presión sobre el gobierno cubano”, dice el Times.

Asegura que “cualquier giro significativo en política exterior respecto a Cuba sería riesgoso. Pero la reacción de quienes se oponen a normalizar la relación sería tolerable, aún en la comunidad cubanoamericana, si se tienen en cuenta las oportunidades que una expansión del comercio, comunicación y relaciones interpersonales representaría para empresas norteamericanas y cubanos en la isla”.

El diario recuerda que Charlie Crist, el antiguo gobernador de Florida, quien se ha postulado para regresar al cargo, recientemente dijo que estaba dispuesto a viajar a Cuba durante la campaña.

“Abandonó la idea, diciendo que su agenda estaba demasiado apretada. Sin embargo, Crist ha dicho enfáticamente que el embargo es una política obsoleta que debe ser abandonada. Hillary Rodham Clinton escribió en su autobiografía recién publicada, y lo reiteró en una entrevista, que hoy en día está a favor de terminar el embargo, llamándolo una estrategia fallida”.

En Florida, los congresistas han planteado posiciones respecto a Cuba que, en otra época, hubieran representado un suicidio político. “Kathy Castor, una representante Demócrata de Tampa, viajó a la isla el año pasado y, a su regreso, hizo un fuerte llamado por terminar el embargo, diciendo que Estados Unidos no estaba sacando provecho de las reformas económicas que el gobierno Cubano había implementado. Ella piensa que, lejos de que esto le haya costado políticamente, su posición ha sido aplaudida por miembros de su electorado, incluidos los cubanoamericanos, que quieren influir en el futuro de la isla”, confirma el diario.
The New York Times reconoce los obstáculos que significa la ultraderecha de origen cubano:
“Aún así, acabar el embargo exigirá mayores giros en la opinión pública, dado que se requiere acción en el Congreso, y hay un pequeño pero apasionado grupo de legisladores de ascendencia cubana quienes abogan por mantener el embargo. Los defensores más visibles son el Senador Robert Menéndez, un Demócrata de Nueva Jersey; el Senador Marco Rubio, un Republicano de la Florida; y dos congresistas Republicanos de Miami: Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart.”

Sin embargo, asegura el Times, “a la Casa Blanca le preocupan menos los ataques de legisladores Republicanos, ya que suelen criticar su política exterior reflexivamente. Mientras varios de sus colegas han viajado a Cuba recientemente, Ros-Lehtinen, una de las más fervientes defensoras del embargo, parece estar desinformada del día a día en la isla. Durante una entrevista reciente, al criticar la visita a La Habana de Beyoncé y Jay-Z, Ros-Lehtinen expresó indignación de que la pareja de artistas se hubiera hospedado en un hotel lujoso al cual los cubanos no tienen acceso, aún si tuvieran dinero. Resulta que el gobierno cambió esa regla en 2008″.

Añade que “a medida que el ámbito electoral respecto a Cuba ha cambiado, algunos políticos cubanoamericanos han comenzado a pedir que se evalúe la ley que permite que los cubanos que llegan a Estados Unidos se vuelvan ciudadanos norteamericanos de manera expedita. Esto parece ser a raíz de que muchos de los nuevos inmigrantes desean mantener vínculos cercanos con la isla y crecieron detestando el embargo”.

Finalmente, el periódico afirma que la administración estadounidense no debe seguir “anclando la política exterior estadounidense en un curso errado”.

Lea el Editorial íntegramente en The New York Times

Fuente Cubadebate

viernes, 13 de diciembre de 2013

Embajada de Cuba critica artículos irrespetuosos con la Revolución cubana de El Mundo y ABC

El Embajador cubano Eugenio Martínez Enríquez envió cartas a los diarios El Mundo y ABC, en respuesta al editorial “Grandeza y algo de miseria en el adiós a Mandela” y el artículo “Los negros en Cuba, fuera del Gobierno, del turismo y la TV”, respectivamente.

En ambos casos los rotativos intentan señalar de forma irrespetuosa que la Revolución cubana no cuanta con suficientes méritos para ocupar el lugar prestigioso que le fue otorgado durante el servicio religioso oficial en memoria del expresidente sudafricano Nelson Mandela.

La costumbre de desviar las noticias sobre Cuba hacia procesos que no guardan relación con las verdaderas noticias sobre Cuba, no debería sorprendernos, pero su diario lo logra. Bapela Mbete, Coordinadora Nacional del Congreso Nacional Africano, invitó al quinto presidente que hablaría a Sudáfrica y al mundo durante el ceremonial a Nelson Mandela. Era el Presidente cubano. Al hacerlo, la señora no vaciló en recordar que correspondía hablar al Presidente de “una pequeña Isla, el país que liberó a Sudáfrica; el país vencedor en la batalla de Cuito Cuanavale”, incluyó la misiva.

Esa frase y la ovación de los sudafricanos, serían suficiente para que todos los cubanos nos sintiéramos orgullosos de nuestra historia y de nuestro Presidente, quien recordó en su discurso que “Cuba, que lleva en sus venas sangre africana, surgió en la lucha por la independencia y por la abolición de la esclavitud y, posteriormente, ha tenido el privilegio de combatir y construir junto a las naciones africanas.” Su diario puede intentar confundir a muchos, pero ya no puede confundir a África, ni al mundo que observó como brilló el dignatario cubano y toda Cuba en Johannesburgo.

Su editorial olvida y omite que la contribución de Cuba, que costó más de 2 mil vidas de mis connacionales (blancos, negros, mestizos por igual), liberó para siempre a Sudáfrica y al mundo del más cruel sistema de discriminación racial denominado apartheid. Sólo similar a la esclavitud practicada durante siglos por las potencias occidentales en varios países como en Cuba que apenas se abolió hace 127 años. No alcanzaría el tiempo para resarcir el mayor crimen racial de la historia. Cuba ha hecho un enorme esfuerzo y Sudáfrica, su pueblo y Mandela, lo reconocieron, concluyó.

*Eugenio Martínez Enríquez, Embajador de Cuba ante el Reino de España
Tomado de Tercera Información