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martes, 18 de noviembre de 2014

Estados Unidos-Cuba: ¿Qué viene ahora?

Por Iroel Sánchez
 
Siendo yo un niño iletrado en vías de dejar de serlo, siempre llamaba mi atención en el librero de mi padre un libro grueso con unas letras grandes rojas y negras en el lomo. Yo, que no sabía aún que la u no se pronuncia después de la g si no tiene diéresis, leía una palabra inexistente: la “güerra”.

Mucho después supe se trataba de un clásico, La guerra de Karl von Klausewitz, cuya frase más citada me ha venido a la mente por estos días.

El 26 de julio del año 2000, poco antes de terminar el gobierno de Bill Clinton, Fidel afirmó:

“Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen.

“Sin ánimos de perturbar los dulces sueños de los que esto último piensan, cumplo el cortés deber de advertirles que la Revolución cubana no podrá ser destruida ni por la fuerza ni por la seducción.”

La reciente saga de editoriales del diario The New York Times sobre Cuba ha evidenciado que hay un sector influyente en Estados Unidos que parece decidido a asumir la confrontación en el terreno propuesto por el líder cubano y “jugar limpio”.

Este ha venido a ser el último de una serie de acontecimientos que han marcado durante el año 2014 lo que muchos consideran la crisis terminal de la actual -y cincuentenaria-  política estadounidense hacia Cuba.

El mes en que cada fin de semana han aparecido declaraciones de la junta editorial del periódico neoyorquino pidiendo modificar la estrategia estadounidense hacia la isla caribeña, ha estado acompañado del reconocimiento del papel de Cuba en la lucha contra el ébola por el Secretario de Estado norteamericano John Kerry y la embajadora de EE.UU. en la ONU, Samantha Power.

El año 2014 había comenzado con la Cumbre de la Comunidad de Estados de Lationoamérica y el Caribe (CELAC), celebrada en La Habana que no sólo condenó de manera unánime el bloqueo estadounidense contra la Isla, sino que reconoció  “el compromiso de los Estados de la América Latina y el Caribe de respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”, en un respaldo total al derecho de Cuba a construir una sociedad diferente de la que Washington ha intentado imponerle.

El consenso latinoamericano sobre Cuba es tal que nadie discute si el presidente Raúl Castro estará en la próxima Cumbre de las Américas en abril de 2015. Lo que se debate es si Obama asistirá -en esas condiciones- a un espacio donde Washington se ha negado, desde su surgimiento en 1994, a aceptar a Cuba.

Por su parte, la Unión Europea reabrió las negociaciones con Cuba para un acuerdo de cooperación, cambiando tácitamente la “posición común” que Washington había impuesto a través del gobierno de José María Aznar. Infuyentes personalidades estadounidenses como el Presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. y la casi segura candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, se manifestaron públicamente contra el bloqueo.

Además del tema del bloqueo y la “impresionante contribución” cubana a la lucha contra el ébola, el Times le ha dedicado editoriales a los cambios en el electorado estadounidense con respecto a Cuba, a la necesidad de un “canje de prisioneros” entre ambos países, al descrédito provocado por el financiamiento destinado por Washington a grupos “disidentes” cubanos a través de la USAID y a reclamar el cese del programa estadounidense para estimular la emigración de médicos cubanos que colaboran en terceros países. Una por una, el Times ha ido descalificando las viejas y nuevas armas de la guerra estadounidense contra Cuba.

La propuesta de que EE.UU. conmute las penas de prisión de los tres cubanos del grupo de “Los Cinco” que aún están en cárceles estadounidenses por vigilar las actividades de grupos terroristas asentados en el Sur de la Florida a cambio de que Cuba libere al “subcontratista” estadounidense Alan Gross, condenado por implementar dentro del territorio cubano un plan del gobierno estadounidense llamado “Cuba Democracy and Contingency Planning Program” para el cambio de régimen, era ya vade retro para la extrema derecha cubanoamericana. Pero el cuestionamiento del dinero para quienes The New York Times llama “charlatanes y ladrones” es la gota que terminó de disparar las alarmas para el llamado negocio de la industria anticastrista que, como instrumento al fin, sienten que pueden ser sustituidos.

No es cualquier opinión. Desde el diario con el nombre de la Gran manzana habla una parte muy influyente del establishment estadounidense y global que ha comprendido que sus intereses se verían favorecidos con un cambio en la relación entre Cuba y EE.UU.

¿Qué puede pasar ahora? 
Dos cosas. Incluso si el presidente Barack Obama no utilizara en el corto plazo sus prerrogativas -que las tiene- para comenzar a avanzar en la normalización con Cuba -amplia licencia para viajes de ciudadanos estadounideses, canje de prisioneros, retirar a la Isla de la lista de países terroristas, por ejemplo- los sectores que se oponen al cambio -especialmente la llamada extrema derecha cubanoamericana- empleará todas sus artes para provocar un incidente que atore el proceso. Ya lo hicieron en el pasado cada vez que se vio en el horizonte cualquier posibilidad de acercamiento y ahora mismo deben andar desesperados buscando una provocación. 
En paralelo, veremos el incremento de las acciones para lo que The Times llama  “influir de manera positiva en la evolución de Cuba” con el consiguiente florecimiento -ya en parte apreciable y financiado desde terceros países aliados a EE.UU-. de proyectos para lo que el quinto editorial del periódico neoyorquino describe como  “mecanismos para empoderar al cubano común y corriente, expandiendo oportunidades de estudios en el exterior, organizando más enlaces profesionales, e invirtiendo en las nuevas microempresas en la isla”. Un desafío que es parte de ese acercamiento que Cuba jamás rechazará pero cuyo objetivo tampoco se debe desconocer.
También lo hicieron en el pasado. Desde que con Bill Clinton en la presidencia se vislumbró la posibilidad de un cambio de política -frustrado por las provocaciones de grupos como Hermanos al rescate- surgieron varios proyectos que cristalizaron en la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana y su revista Encuentro, apoyada desde la socialdemocracia otanista de Suecia y España. Ya otro gobierno socialdemócrata nórdico cuyo líder es hoy el Secretario General de la OTAN se involucró este año en proyectos intelectuales “de izquierda” en Cuba.
La National Endownment for Democracy (NED) definía así el objetivo de Encuentro: “Para promover un diálogo entre escritores, artistas y académicos en Cuba y en la diáspora sobre el cambio político y el futuro de Cuba”. Si los nacientes proyectos niegan tener una “agenda partidista” y no desean “criticar a ningún segmento de cubanos”, Encuentro en su primer editorial declaraba que “no representa ni está vinculada en modo alguno a ningún partido u organización política de Cuba o del exilio” y proclamaba “que no haya jamás ataques personales”.
Y lamentablemente, aunque sea motivo para que algunos digan, “puff, otra vez lo mismo”, tenemos que hablar de lo mismo: la CIA y sucedáneos. Encuentro, absolutamente derechizada con la llegada de George W. Bush al poder se escindió entre los portales de Internet Cubaencuentro y Diario de Cuba, financiadas actualmente por la NED -que el mismo Times definiera como pantalla de la CIA-, tomó el modelo y hasta el nombre de la revista Encounter del Congreso por la Libertad de la Cultura que durante la Guerra Fría Cultural fueran pagados también por Estados Unidos pero con sede en París.
Siempre serán proyectos “de izquierda no comunista” que buscarán legitimación intelectual porque, como concluyó la CIA al inclinarse por el novelista Arthur Koestler para liderar inicialmente su Congreso por la Libertad de la Cultura: “¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas?”. En su libro La CIA y la Guerra Fría cultural, Frances Stonor Saunders refiere la “revolución silenciosa” -en palabras de Arthur Schlesinger- en que “las personas en la Administración cada vez comprendían mejor y apoyaban en mayor grado las ideas de los intelectuales que estaban desilusionados con el comunismo pero que aún tenían fe en los ideales del socialismo”.
Del lado de los que han sido señalados como “charlatanes y ladrones” también hacen sus ajustes. Sólo días después del quinto editorial sobre Cuba del New York Times, Diario de Cuba adecuaba su lenguaje y presentaba un “órgano sin fines de lucro, no partidista, destinado a abogar por los derechos de los afrodescendientes y de otros grupos marginados en Cuba, al recuperar su historia de activa participación en la fundación y desarrollo de la nación y su cultura”. Altos y nobles fines para personajes que acaban de ser descalificados tan duramente por el periódico más importante el mundo, y que por cierto, nunca los buscó a ellos sino a personas involucradas en la vida institucional cubana para abordar esos temas. Porque como acaba de decir el Times al gobierno de Obama “es más productivo lograr un acercamiento diplomático, que insistir en métodos artificiosos”.
No olvidan ellos que fue con el acercamiento diplomático y desde arriba que lograron estimular la implosión de la URSS liderada por los que se planteaban “un socialismo con rostro humano”.
The New York Times y quienes el periódico representa -al describir tan exactamente a los empleados de la política estadounidense en Cuba- han comprendido que nada que no se identifique como “de izquierda” ni declare estar de acuerdo con la soberanía y la justicia social tiene espacio político en la sociedad cubana de hoy . Si Capriles se presentaba contra el bolivarianismo “desde abajo y a la izquierda” y en Brasil “socialistas” y “socialdemócratas” se unieron contra Dilma Rouseff, cómo será en Cuba donde la cultura política antimperialista y por la justicia social están mucho más acendradas.
Lo decisivo
La actuación del líder de la Revolución a inicios del Siglo XXI fue un intento de adelantarse, con lo que ha sido descrito por Martínez Heredia como “la ofensiva de Fidel que “pretendió frenar desigualdades y reforzar al socialismo”, a lo que inevitablemente ocurriría.
Luego de aceptar el desafío de lo que el New York Times propone ahora como nueva política hacia Cuba, Fidel se refería al antídoto en un nuevo escenario que el extremismo de la Administración Bush hizo retroceder y se vuelve a vislumbrar ahora como inminente:
“Con ideas verdaderamente justas y una sólida cultura general y política, nuestro pueblo puede igualmente defender su identidad y protegerse de las seudoculturas que emanan de las sociedades de consumo deshumanizadas, egoístas e irresponsables. En esa lid también podemos vencer y venceremos.”
Parte de esa cultura es saber qué es el imperialismo estadounidense en relación con Cuba y qué rol ocupa The New York Times dentro de él. Martínez Heredia lo describió con bastante exactitud a raíz de una polémica desatada hace un año y medio desde ese periódico sobre nuestro país:
“The New York Times es una gran empresa del sector de información y formación de opinión pública, antigua e influyente, y se sujeta a normas correspondientes a la idea que tiene de su función y al papel que le toca al servicio del orden vigente en su país y su política exterior imperialista. En todo sistema de dominación desarrollado cada uno tiene su esfera, sus maneras y su función. Que yo sepa, nunca ha mostrado alguna simpatía por la sociedad que tratamos de edificar en Cuba, pero puedo admitir que forma parte del sector educado de nuestros enemigos.”
No obstante, habrá que recordar y agradecer siempre la actual contribución de este medio de comunicación a hacer visible entre las élites norteamericanas el fracaso y descrédito de la guerra económica y de subversión estadounidense contra Cuba. Invirtiendo la archicitada frase de Klausewitz, la nueva política sería en este caso la continuación de la guerra por otros medios, una lid en la que como dijo el líder de la Revolución sólo podemos vencer “con ideas verdaderamente justas y una sólida cultura general y política”. Más que preocuparnos por lo que hagan nuestros adversarios, lo decisivo es una vez más qué hacemos nosotros.

(Publicado en CubAhora)

Tomado de su blog La Pupila Insomne

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Por qué The New York Times quiere que se acabe el embargo a Cuba?

¿Por qué The New York Times quiere que se acabe el embargo a Cuba?


El diario estadounidense The New York Times ha publicado cinco editoriales sobre Cuba en cinco semanas consecutivas, todos en sus ediciones de fin de semana, todos en inglés y en español.

En ellos, los editorialistas piden que Estados Unidos le ponga fin al embargo que mantiene desde 1960, retire a la isla de su lista de países patrocinadores del terrorismo, deje los “esfuerzos ocultos para derrocar el gobierno” en La Habana y restaure las relaciones diplomáticas de más alto nivel, ausentes desde 1961.

El periódico también defiende la idea de un intercambio de presos que permita la liberación del subcontratista gubernamental estadounidense Alan Gross, detenido en Cuba desde hace casi cinco años, a cambio de tres agentes de inteligencia cubanos que fueron condenados en Estados Unidos por espionaje.

“Un canje podría abrir el camino para reanudar lazos diplomáticos, lo cual permitiría que Estados Unidos tuviera mayores oportunidades de fomentar cambios positivos en la isla mediante la expansión de comercio, turismo y mayor contacto entre cubanos y norteamericanos”, dice el editorial sobre ese tema, del 2 de noviembre.

“De lo contrario, se perpetuará la enemistad que ha reinado durante más de 50 años, continuando así un ciclo de desconfianza y actos de sabotaje por ambos lados”.

Lea también: Qué debe pasar para que EE.UU. levante el embargo a Cuba
 
¿Por qué cinco editoriales ahora?

El editor de las páginas editoriales de The New York Times, Andrew Rosenthal, le dijo a BBC Mundo que los cinco artículos del último mes corresponden con la postura histórica que ha tenido el diario sobre Cuba y el embargo.

Fidel Castro citó en una de sus columnas casi todo el editorial del Times que pide por el fin del embargo.
Fidel Castro citó en una de sus columnas casi todo el editorial del Times que pide por el fin del embargo.
Pero no deja de llamar la atención, más allá de que concuerde con una opinión de vieja data, que el periódico esté publicando tantos editoriales sobre el mismo país y con intervalos claramente definidos.

La razón para hacerlo ahora es que el diario considera que “por primera vez en más de 50 años”, la situación política de ambos países está dada para que se puedan reanudar las relaciones.

El periódico destaca cómo Cuba se está preparando para una “era post-embargo” con las reformas que ha implementado, mientras hay un creciente número de voces en Estados Unidos que abogan por una mayor cercanía con ese país.

Además, en Washington se está discutiendo cómo el presidente Barack Obama tiene una oportunidad importante de señalar cambios políticos sobre Cuba en los próximos meses, antes de la Cumbre de las Américas en abril, donde puede coincidir con el mandatario cubano Raúl Castro, quien fue invitado por el país anfitrión, Panamá.

Según Rosenthal, lo que en últimas busca el diario es “influenciar a los legisladores estadounidenses a medida que continúan contemplando las políticas sobre Cuba” y “fomentar reformas en la isla para empoderar a los cubanos comunes y corrientes y aumentar las libertades personales”.
Esta apuesta coincide con la llegada a las páginas editoriales de Ernesto Londoño, un periodista colombiano quien trabajó en The Washington Post.

Desde su contratación en septiembre, el periódico no sólo empezó a publicar algunos de sus editoriales en español, sino que aumentó su énfasis en América Latina con editoriales sobre Colombia, Bolivia y Venezuela.

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Los cinco editoriales bilingües sobre Cuba
Tiempo de acabar el embargo de Cuba – 11 de octubre de 2014 La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el ébola – 19 de octubre de 2014 Los cambios electorales respecto a Cuba -25 de octubre de 2014 Un canje de presos con Cuba – 2 de noviembre de 2014 En Cuba, desventuras al intentar derrocar un régimen – 9 de noviembre de 2014

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¿Qué tan influyentes son los editoriales?
The New York Times es considerado por muchos el diario más influyente de Estados Unidos. Sus editoriales tienden a discutirse en los círculos políticos en Washington y con frecuencia tienen resonancia internacional.
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El más reciente editorial fue reseñado en la portada del diario oficial cubano Granma.
Rosenthal opina que está satisfecho de haber “fortalecido el debate acá, en Cuba y alrededor de América Latina” con los cinco textos.

Éstos se han mencionado tanto en Estados Unidos como en la isla e incluso este lunes, el diario oficial cubano Granma reseñó en su artículo principal en internet cómo el Times reconocía “la política injerencista de EE.UU. contra Cuba”.
Fidel Castro también citó, en una de sus columnas en medios estatales, casi todo el editorial del periódico neoyorquino que pide el fin del embargo.

Los artículos, además, llamaron la atención en Miami, donde organizaciones del exilio cubano criticaron, por ejemplo, la propuesta del canje entre Gross y los tres agentes de inteligencia.
El diario considera que el embargo de EE.UU. a Cuba es "insensato".
El diario considera que el embargo de EE.UU. a Cuba es “insensato”.
Pero algunos comentaristas son un poco escépticos sobre el efecto que puedan tener los editoriales.

“No asumiría demasiado de (los artículos) de The New York Times, aunque sí son un pilar más de apoyo para que actúe la Casa Blanca”, le dijo a BBC Mundo Ted Piccone, analista de temas latinoamericanos en el centro de estudios Brookings, en Washington.

Piccone agregó que The New York Times “a veces tiene una sensación inflada de poder e influencia” y opinó que por sí mismos no cree que los editoriales sean muy influyentes.
Pero más allá de ese impacto percibido, el editor Andrew Rosenthal se siente satisfecho y concluye, en sus respuestas a BBC Mundo, que el diario seguirá buscando ángulos “que alimenten el debate” sobre Cuba.
(Tomado de BBC Mundo)

Vea también:

Fuente Progreso Semanal

lunes, 10 de noviembre de 2014

Nuevo editorial de NYT: Acciones contra Cuba han sido “contraproducentes”

 
the new york times cubaLejos de haber logrado su objetivo, las iniciativas de EEUU para el cambio de régimen en Cuba han resultado bastante contraproducentes, asegura The New York Times en  un quinto editorial en menos de 30 días sobre las relaciones bilaterales entre ambos países.

Publicado en la edición digital este domingo -en la impresa el lunes-, el Comité Editorial del diario titula su nueva entrega “En Cuba, desventuras al intentar derrocar un régimen”, en la que asegura que los llamados fondos para la democracia cubana “han sido un imán para charlatanes y ladrones”, y concluye que ”es más productivo lograr un acercamiento diplomático, que insistir en métodos artificiosos”.

El Times confirma las denuncias que ha hecho la Isla durante años acerca de la venalidad de los fondos estadounidenses para la subversión y el estrepitoso fracaso de la política de cambio de régimen. Reitera la necesidad de un acercamiento diplomático entre ambos países, pero de la mano una manzana envenenada: el llamado Carril II.

A continuación, el texto íntegro:

En 1996, motivados por un apetito de venganza, legisladores estadounidenses aprobaron un proyecto de ley promulgando una estrategia para derrocar el Gobierno de La Habana y “asistir al pueblo cubano a recobrar su libertad”. La Ley Helms-Burton, aprobada por el Presidente Clinton, semanas después de que Cuba derribó dos avionetas civiles estadounidenses, ha servido como fundamento para que el Gobierno norteamericano gastara $264 millones de dólares, durante los últimos 18 años, en un intento por instigar reformas democráticas en la isla.

Lejos de haber logrado su objetivo, las iniciativas han resultado bastante contraproducentes. Los fondos han sido un imán para charlatanes, ladrones y buenas pero infructuosas intenciones. Los sigilosos programas han agravado la hostilidad entre las dos naciones, le han dado a Cuba una bonanza propagandística y han bloqueado oportunidades de cooperar en áreas de interés mutuo.

Estados Unidos debe hacer un esfuerzo por promover mayores libertades personales en la isla poblada por 11 millones de habitantes y flexibilizar la rigidez de uno de los gobiernos más opresivos del mundo. Pero tiene que hacerlo mediante una estrategia nueva, producto de la lección de dos décadas de esfuerzos fallidos por desestabilizar el régimen de los Castro.

Durante los últimos años de la administración Clinton, Estados Unidos gastó relativamente poco en programas para promover reformas democráticas en Cuba bajo Helms Burton. Eso cambió cuando George W. Bush llegó al poder en 2001, con el ambicioso objetivo de liberar pueblos reprimidos en todo el mundo. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, por su sigla en inglés, mejor conocida por su labor humanitaria que por misiones furtivas, se convirtió en el principal vehículo para implementar proyectos de reforma democrática en Cuba, donde es ilegal.

La inversión en iniciativas para derribar el gobierno aumentó de unos cuantos millones anualmente, a más de $20 millones de dólares en 2004 durante los primeros años de la administración Bush. La mayoría de contratos se otorgaron sin mayores controles a grupos de cubanoamericanos. Uno invirtió el dinero en una estrategia de lobby internacional, de cuestionable legalidad, para persuadir a gobiernos extranjeros a que apoyaran el impopular embargo que Estados Unidos impone sobre la isla. Otro envió montones de revistas de historietas cómicas a la misión diplomática estadounidense en Cuba, desconcertando a sus funcionarios. El dinero también se utilizó para comprar ropa y comida, pero nunca fue posible verificar cuánto llegó a manos de los familiares de presos políticos, como se tenía previsto.

Según un informe publicado en noviembre de 2006 por la Oficina de Rendición de Cuentas, GAO, por su sigla en inglés, un contratista usó los fondos de programas pro democracia para comprar una motosierra de gas, equipos electrónicos, entre ellos Nintendo Game Boys y Sony Play Stations, una bicicleta montañera, abrigos de cuero, carne de cangrejo, y chocolates Godiva. Al momento de hacer una auditoría, los gastos no fueron justificados.

Adolfo A. Franco, el entonces director de la oficina de América Latina de la agencia de ayuda internacional, defendió los programas durante un discurso en la Universidad de Miami, en abril de 2007, afirmando que estaban contribuyendo al gradual fortalecimiento de la oposición política en Cuba. Argumentó que la agencia debía seguir asumiendo “riesgos calculados”, aunque en el Congreso, varios legisladores dudaban de que los esfuerzos estuvieran dando fruto. “Terminar este régimen es una obligación solemne”, declaró Franco, quien es de origen cubanoamericano.

La investigación de la GAO llevó a que la agencia otorgara un mayor porcentaje de los fondos a organizaciones de desarrollo establecidas, incluidas algunas que propusieron iniciativas ambiciosas. En 2008, el Congreso autorizó $45 millones de dólares para los proyectos, una cifra récord.

Un gran proyecto que comenzó durante la administración Bush para expandir el acceso a Internet en Cuba tuvo repercusiones nefastas para el Gobierno de Obama. Una funcionaria de relativo alto rango del Departamento de Estado visitó La Habana en septiembre de 2009, procurando restablecer el servicio postal y cooperar en asuntos migratorios. La visita representó el contacto a más alto nivel con el Gobierno cubano en varios años.

En diciembre, las autoridades en Cuba detuvieron a un subcontratista estadounidense que viajó a la isla cinco veces como parte de una iniciativa de USAID, fingiendo ser turista, para contrabandear equipo de comunicación que no es permitido en la isla.

En ese entonces, varios funcionarios de USAID y el Departamento de Estado no estaban al tanto de la envergadura y naturaleza de algunos de los proyectos encubiertos. Sin embargo, los cubanos, furiosos tras percibir que Washington tenía una política engañosa de dos fases, asumieron una posición rígida frente al prisionero estadounidense, Alan Gross, quien ha sido condenado a 15 años de prisión.

Funcionarios de USAID y el Departamento de Estado quedaron asombrados al caer en cuenta del tipo de riesgos que se estaban tomando, y algunos argumentaron que era hora de suspender los programas encubiertos, llamándolos contraproducentes. Sin embargo, legisladores cubanoamericanos se resistieron enérgicamente para asegurarse de que siguieran en marcha.

Después del arresto de Gross, la agencia de asistencia no volvió a enviar contratistas estadounidenses a Cuba, pero permitió que las misiones las desempeñaran latinoamericanos, que algunas veces fueron detectados por el servicio de inteligencia cubano.

Una investigación de Associated Press reveló un controvertido programa que se llevó a cabo durante el mandato de Obama. De 2009 a 2012, Creative Associates International, una firma con sede en Washington, desarrolló un sistema de mensajes de texto rudimentario, similar a Twitter, conocido como ZunZuneo. El objetivo del proyecto era proveer una plataforma para que los cubanos pudieran difundir mensajes a una audiencia masiva, un mecanismo que finalmente pudiera haber sido usado para organizar multitudes.

El programa fue abolido en 2012. El contratista estaba pagando miles de dólares a la empresa estatal de telecomunicación, y no hubo manera de convertirlo en un proyecto autosuficiente. AP reveló en agosto que USAID estaba enviando a jóvenes latinoamericanos a identificar personas que pudieran ser “agentes de cambio social”, bajo el pretexto de organizar eventos, entre ellos un seminario sobre el virus VIH. Los contratistas, bajo el mando de Creative Associates International, recibieron un poco de entrenamiento para evadir a agentes de inteligencia, y recibieron $5.41 dólares por hora, por una labor que, fácilmente, hubiera podido llevar a que terminaran en la cárcel.

El dinero estadounidense ha proveído comida y alivio a familiares de presos políticos, y ha generado una red limitada de Internet satelital. Pero ha estigmatizado, más que fortalecido, a la comunidad de disidentes.

En lugar de proyectos encubiertos para derrocar el gobierno, los líderes estadounidenses deben encontrar mecanismos para empoderar al cubano común y corriente, expandiendo oportunidades de estudios en el exterior, organizando más enlaces profesionales, e invirtiendo en las nuevas microempresas en la isla. Es positivo que sigan promoviendo mayor conectividad a Internet, pero deben entender que lograr ese objetivo de manera sustancial exige coordinación con el Gobierno cubano. Más importante aún, Washington tiene que reconocer que a lo único que puede aspirar, es a influir de manera positiva en la evolución de Cuba hacia una sociedad más abierta. Para eso, es más productivo lograr un acercamiento diplomático, que insistir en métodos artificiosos.

Tomado de Cubadebate

sábado, 8 de noviembre de 2014

Cartas al editor de The New York Times apoyan intercambio de prisioneros entre Cuba y Estados Unidos

Dos cartas al Editor del diario norteamericano The New York Times apoyando el editorial de ese medio de comunicación que pidió días atrás un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y Cuba, el cual abriera cauce a una nueva relación bilateral, fueron publicadas el jueves. Reconocidos juristas e investigadores estadounidenses son los autores de estas misivas que Cubadebate reproduce para sus lectores.
Cartas el Editor de The New York Times

Los Prisioneros cubanos y el norteamericano

NOV. 6, 2014

Al Editor:
 
Su editorial del 3 de noviembre “A Prisoner Swap With Cuba” presentó una razonable solución al mayor obstáculo para normalizar las relaciones de Estados Unidos con Cuba, pero no mencionó algunos aspectos claves.


Más allá de las referencias a los “espías cubanos convictos” que Cuba quiere de regreso después de haber permanecido más de 16 años en prisiones norteamericanas, el juicio de 7 meses de estos reconocidos agentes cubanos no incluyó evidencias de que ellos hayan obtenido ninguna información clasificada.

Con creces, la version cubana de que su misión primaria era monitorear y prevenir los planes terroristas de los exiliados en Miami contra Cuba, es apoyada por la evidencia, incluyendo el libro de investigación del periodista canadiense Stephen Kimber, “What Lies Across the Water”. Ninguno de los cinco hombres fueron acusados del cargo de espionaje (dado que ellos no tenían información clasificada), aunque el jurado de Miami los declaró culpables de una “conspiración” cometer espionaje.

Ellos monitorearon a figuras como Orlando Bosch, quien recibió protección en los Estados Unidos por más de 20 años hasta su muerte en el 2011, a pesar de ser “resuelto e invariable en su vocación a la violencia terrorista”, de acuerdo con Joe Whitley, un Vice Fiscal General y luego consejero general del Departamento de Seguridad Interna. Y actualmente, un terrorista de carrera, Luis Posada Carriles, está aún protegido por los Estados Unidos en Miami.

ART HEITZER
Milwaukee, Nov. 3, 2014


El autor es Presidente del subcomité Cuba del National Lawyers Guild (Colegio Nacional de Abogados).


Al Editor:

Su persuasivo argumento para intercambiar una subcontratista de USAID, Alan Gross, por 3 espías cubanos que han cumplido más de 16 años en prisiones de Estados Unidos carece de un componente crucial: el precedente historico para tal tipo de intercambio.

Dos ejemplos de intercambios de prisioneros entre Estados Unidos y Cuba son particularmente relevantes. En 1963, el Presidente John F. Kennedy liberó a un cubano convicto por haberle disparado y matado accidentalmente a una niña de 9 años y liberó a otros tres cubanos que habían sido arrestados por cargos de conspiración para cometer actos de sabotaje en Nueva York.

A cambio, Cuba liberó inmediatamente a dos docenas de ciudadanos norteamericanos presos en cárceles cubanas por cargos de actividades contrarrevolucionarias; entre ellos tres miembros de un team de la CIA capturados cuando estaban plantando aparatos para la escucha en un edificio de La Habana.

En septiembre de 1979, el Presidente Jimmy Carter aceptó una recomendación del Departamento de Justicia de otorgar clemencia y liberar a tres nacionalistas puertorriqueños, incluyendo Lolita Lebron, quienes habían sido declarados culpables de abrir fuego en el pleno del Congreso, hiriendo a cinco legisladores. Como parte de un no declarado “intercambio humanitario” negociado detrás de escena, 11 días después Fidel Castro liberó a cuatro agentes de la CIA.

En esos tiempos, estos dos intercambios fueron políticamente controversiales, requirieron de determinación y tenacidad presidencial. Pero, como el presidente Obama puede notar, ellos avanzaron intereses nacionales de los Estados Unidos y retornaron a los norteamericanos presos a sus familias.

WILLIAM M. LEOGRANDE
PETER KORNBLUH

 
Washington, Nov. 4, 2014


Los escritores son coautores del libro “Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana.”
(Traducción al español de Cubadebate)

sábado, 25 de octubre de 2014

The New York Times pide el levantamiento del bloqueo contra Cuba en un nuevo Editorial


The New York TimesEn un nuevo editorial publicado en inglés y español -el tercero en menos de un mes-, el diario The New York Times exige el levantamiento del bloqueo contra Cuba por considerarlo “una política fallida”.

Este editorial, titulado “Los cambios electorales respecto a Cuba“, que saldrá mañana en la edición impresa y se adelantó este sábado en la digital, se suma a otros dos en días recientes: “Tiempo de acabar el embargo de Cuba” (12 de octubre) y “La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el Ébola” (20 de octubre), en los cuales se pide al Presidente Barack Obama que levante las sanciones contra la Isla.

El Times asegura que “en tiempos pasados, no muy lejanos, todo candidato político creíble haciendo campaña en Florida para elecciones estatales o nacionales obligatoriamente debía recitar denuncias contra el gobierno cubano y proclamar su fe en que el embargo a la isla finalmente sacaría a los Castro del poder”.

Añade que “durante generaciones, para los cubanoamericanos, un grupo que anteriormente fue altamente monolítico a la hora de votar, el embargo representó un símbolo de desafío, más credo que política”.
Eso ha cambiado drásticamente en los últimos años, asegura, “a medida que los más recientes miembros de la diáspora se han manifestado a favor de fomentar lazos estrechos con la isla. Cuba sigue siendo un tema político importante en Florida y, hasta cierto punto, a nivel nacional. Pero el tema se ha vuelto mucho más complejo”.

Agrega que

“esa evolución ha permitido que un creciente número de políticos destacados puedan llamar el embargo una política fallida, y argumentar que ponerle fin a la era de enemistad con Cuba representa la mejor oportunidad para fomentar un futuro más próspero en la isla. Muchos industriales cubanoamericanos que defendieron el embargo en el pasado se han convertido en partidarios de establecer nuevos nexos con la isla. El lobby pro-embargo, hoy en día, recauda una fracción de los fondos que colectaba en años anteriores. El Presidente Obama recibe actualmente más correspondencia de legisladores que están a favor de reanudar la relación, que de aquellos que aún quieren mantener sanciones.“

En el Editorial, la publicación reconoce que en la Casa Blanca los asesores del presidente están considerando cuánto progreso pueden lograr al ampliar lazos con Cuba, una aspiración que Obama ha tenido hace mucho tiempo. “El presidente se pronunció a favor de abolir el embargo cuando era candidato al Senado en 2004, aunque se retractó durante la contienda presidencial, argumentando en 2008 que las sanciones permitían que Washington ejerciera presión sobre el gobierno cubano”, dice el Times.

Asegura que “cualquier giro significativo en política exterior respecto a Cuba sería riesgoso. Pero la reacción de quienes se oponen a normalizar la relación sería tolerable, aún en la comunidad cubanoamericana, si se tienen en cuenta las oportunidades que una expansión del comercio, comunicación y relaciones interpersonales representaría para empresas norteamericanas y cubanos en la isla”.

El diario recuerda que Charlie Crist, el antiguo gobernador de Florida, quien se ha postulado para regresar al cargo, recientemente dijo que estaba dispuesto a viajar a Cuba durante la campaña.

“Abandonó la idea, diciendo que su agenda estaba demasiado apretada. Sin embargo, Crist ha dicho enfáticamente que el embargo es una política obsoleta que debe ser abandonada. Hillary Rodham Clinton escribió en su autobiografía recién publicada, y lo reiteró en una entrevista, que hoy en día está a favor de terminar el embargo, llamándolo una estrategia fallida”.

En Florida, los congresistas han planteado posiciones respecto a Cuba que, en otra época, hubieran representado un suicidio político. “Kathy Castor, una representante Demócrata de Tampa, viajó a la isla el año pasado y, a su regreso, hizo un fuerte llamado por terminar el embargo, diciendo que Estados Unidos no estaba sacando provecho de las reformas económicas que el gobierno Cubano había implementado. Ella piensa que, lejos de que esto le haya costado políticamente, su posición ha sido aplaudida por miembros de su electorado, incluidos los cubanoamericanos, que quieren influir en el futuro de la isla”, confirma el diario.
The New York Times reconoce los obstáculos que significa la ultraderecha de origen cubano:
“Aún así, acabar el embargo exigirá mayores giros en la opinión pública, dado que se requiere acción en el Congreso, y hay un pequeño pero apasionado grupo de legisladores de ascendencia cubana quienes abogan por mantener el embargo. Los defensores más visibles son el Senador Robert Menéndez, un Demócrata de Nueva Jersey; el Senador Marco Rubio, un Republicano de la Florida; y dos congresistas Republicanos de Miami: Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart.”

Sin embargo, asegura el Times, “a la Casa Blanca le preocupan menos los ataques de legisladores Republicanos, ya que suelen criticar su política exterior reflexivamente. Mientras varios de sus colegas han viajado a Cuba recientemente, Ros-Lehtinen, una de las más fervientes defensoras del embargo, parece estar desinformada del día a día en la isla. Durante una entrevista reciente, al criticar la visita a La Habana de Beyoncé y Jay-Z, Ros-Lehtinen expresó indignación de que la pareja de artistas se hubiera hospedado en un hotel lujoso al cual los cubanos no tienen acceso, aún si tuvieran dinero. Resulta que el gobierno cambió esa regla en 2008″.

Añade que “a medida que el ámbito electoral respecto a Cuba ha cambiado, algunos políticos cubanoamericanos han comenzado a pedir que se evalúe la ley que permite que los cubanos que llegan a Estados Unidos se vuelvan ciudadanos norteamericanos de manera expedita. Esto parece ser a raíz de que muchos de los nuevos inmigrantes desean mantener vínculos cercanos con la isla y crecieron detestando el embargo”.

Finalmente, el periódico afirma que la administración estadounidense no debe seguir “anclando la política exterior estadounidense en un curso errado”.

Lea el Editorial íntegramente en The New York Times

Fuente Cubadebate

miércoles, 22 de octubre de 2014

El Ébola y los medios de comunicación

Por Aixa Hevia González
La información sobre la ayuda médica cubana a África Occidental es manipulada por muchos medios, aunque otros, como The New York Times, reconocen el gesto de Cuba

En la Cumbre Extraordinaria  de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) de la Habana, donde se reunieron varios mandatarios de los países integrantes de este bloque y de otras naciones del Caribe para abordar las amenazas del virus del Ébola, se habló también sobre los medios de comunicación.

 La Doctora Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), apuntaba a su llegada a Cuba que "otro factor importante es la habilidad de comunicarse, le llamamos comunicación de riesgo", y explicaba que "en la población general se crea un estado de ansiedad, y se necesita brindar información a la población; se debe ser honestos y veraces con ellos y brindarles aliento".

 También la Sra Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su mensaje a este evento expresaba que  "los medios hacen bien en mostrar cómo los países se preparan para una pandemia tan grave".

 Es decir que las funcionarias de los organismos mundiales y regionales relacionados con la salud, de una manera u otra, reconocen el papel que los medios de comunicación pueden y deben jugar en relación con esta pandemia.

 Por estos días hemos visto con dolor cómo algunos medios españoles han dejado al lado la ética, en el caso de la enfermera Teresa Romero,  contagiada en su país cuando atendía a misioneros que contrajeron el Ébola en África.
 Teresa ha sido perseguida hasta la saciedad por periódicos que se ubicaron permanentemente frente al hospital donde está ingresada para construir portadas sensacionalistas a costa de su delicada situación.

 La fotografiaron inescrupulosamente con lentes que la captaban en su gravedad, la mataron estando viva e incluso llegaron a hablar de que sería incinerada sin autopsia.

 Pocos medios divulgaron lo que trascendió en uno de sus contactos telefónicos con su esposo Javier Limón, donde afirmaba que al curarse estaba dispuesta a seguir cuidando personas enfermas porque “ahora tiene los antivirus y no le pasará nada”.

 No fue muy conocido el pedido de su esposo cuando dijo "parece que en este mundo civilizado nos acordamos de los problemas cuando nos tocan directamente. Por eso desde esta habitación de un Hospital de Madrid hago un llamamiento a las autoridades de todo el mundo para que pongan los recursos necesarios, que todos sabemos que los tienen, para acabar con el virus". Tampoco se difundió su deseo de que cada niño que muere en África, tenga el mismo eco que se dio al sacrificio de su perro Excalibur.

 Según se informó por los medios internacionales, unas 300 mil personas firmaron en España, en un par de días, una petición para no matar al can, en tanto, las peticiones referidas a personas, para movilizar recursos destinados a los infectados en África o enviar a personal de salud a ese continente no alcanzaron la misma repercusión.  El periódico español El Mundo, por ejemplo,  llegó a crear un álbum con “las fotos más íntimas de Excalibur”.

MANIPULADA TAMBIÉN LA AYUDA MEDICA CUBANA

 A pesar de que importantes medios de Estados Unidos como The New York Times y Washington Post reconocieran la contribución de Cuba en la lucha contra el Ébola y que en un gesto poco común, el Secretario de Estado de Estados Unidos, John F. Kerry, elogiara el aporte de nuestro país, la información sobre la ayuda médica cubana a África Occidental se manipula.

 Medios de la Florida en Estados Unidos intentan minimizar el gesto heroico de los trabajadores de la salud cubanos diciendo que el Estado los ha enviado para obtener cuantiosas ganancias. Solo hablan de sumas de dinero y de que están en África occidental a cambio de una casa o un automóvil. ¿Cuán poco conocen al pueblo cubano?

 No se ha escuchado en otras naciones que 15 mil personas, entre ellas médicos y enfermeras, se hayan brindado voluntariamente para combatir el Ébola, como lo han hecho los profesionales cubanos, o que dentro del grupo de los que marchan a África Occidental exista un especialista que acumule más de cinco misiones internacionalistas, como sucede en esta oportunidad. Pero eso no es noticia para la prensa miamense o para aquellos que se pliegan a su línea editorial.

 Como en otras oportunidades, Cuba antepone el deber, para preservar a nuestra población y responder a la solicitud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de enviar especialistas capaces, mientras otros mandan soldados.

 Telesur, la televisora que ahora da cobertura desde Sierra Leona al combate contra esta mortal enfermedad, sí supo catalogar el gesto, por eso sus reportes aparecen en una sección a la que han denominado “Héroes contra el Ébola”.

Cubaperiodistas.cu
 
Foto tomada del Periódico Invasor (Ciego de Ávila), en Facebook: Desde Sierra Leona, médicos de esa provincia en lucha contra el ébola

Cuba y los ataques viscerales de The Washington Post, un reducto de la Guerra Fría

por Miguel Fernández Martínez
   Da pena, en estos tiempos en que el mundo está saturado de tensiones, que el “prestigioso” diario estadounidense The Washington Post se convierta, de golpe y porrazo, en un reducto de la Guerra Fría y disponga de sus páginas –y del prestigio de su Consejo Editorial-, para contribuir, desde la mentira y la manipulación, a difundir calumnias y falsedades.

   El pasado 20 de octubre, el Washington Post publicó un editorial titulado Cuba should not be rewarded for denying freedom to its people (Cuba no debe ser recompensado por negar la libertad a su gente), atacando al gobierno cubano, y cuestionando los esfuerzos de otros, incluso desde dentro de Estados Unidos por conseguir poner fin al criminal bloqueo comercial, económico y financiero que Washington impone a la isla desde 1962.

   Su conejillo de Indias fue el joven político español Ángel Carromero, quien el 22 de julio de 2012, estuvo involucrado en un accidente de tránsito que le costó la vida a dos ciudadanos cubanos - Oswaldo Payá, y Harold Cepero-, que viajaban en el automóvil conducido por el español.

   Pero, ¿por qué The Washington Post, y el equipo de editores que dirige Fred Hiatt y que ahora pretende erigirse en paladín de la verdad, no dice cómo ocurrieron los hechos desde el principio?

¿Qué hacía Ángel Carromero en Cuba?

   Medios cubanos explicaron que Carromero, en el momento del accidente en Cuba en 2012, era el vicesecretario General de Nuevas Generaciones, sector juvenil del Partido Popular (PP) de España, un hombre cercano al expresidente español José María Aznar, y a Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, afiliados ambos a las políticas anticubanas.

   Viajó a Cuba junto al ciudadano sueco Jens Aron Modig, líder del Partido Demócrata Cristiano Sueco, y presidente de su Liga Juvenil, y antes de llegar a la isla sostuvieron reuniones con el Instituto Republicano Internacional (IRI).

   La visita a Cuba de ambos personajes –aunque The Washington Post no menciona a Modig-, no fue por propia iniciativa, sino como parte de una operación organizada por Anikka Rigo, jefa de la Sección de Relaciones Exteriores del Partido Demócrata Cristiano Sueco, con el objetivo de traer financiamiento al minúsculo y contrarrevolucionario Movimiento Cristiano Liberación, que presidía Oswaldo Payá, uno de los fallecidos en el accidente; y de asesorar la constitución de una organización juvenil asociada a este.

   Con ese propósito, el diputado del PP, Presidente de Nuevas Generaciones, miembro del Comité Ejecutivo Regional del PP y ex Asesor de Aznar, Pablo Casado Blanco, había instruido a Carromero ponerse en contacto con la española Cayetana Muriel Aguado, residente en Suecia y también del Partido Demócrata Cristiano Sueco, de la que recibió instrucciones, el dinero a entregar y un teléfono celular programado con los números necesarios.

   Posteriormente, Carromero contactó al sueco Modig mediante Facebook y luego se conocieron en un restaurante madrileño.

Las supuestas “dudas” de The Washington Post

   Según el editorial publicado en The Washington Post, Cuba “no hecho nada para disipar la niebla de la sospecha de que aún persiste sobre la muerte de Payá y Cepero” y “exigen” al gobierno de La Habana, la apertura de una investigación internacional que esclarezca los hechos ocurridos en una carretera del oriente cubano en julio de 2012.

   Cuba lleva 55 años soportando las acusaciones maliciosas y las difamaciones que generan los grandes monopolios mediáticos de la prensa mundial, regidos desde Washington. Ya nada asusta al pueblo cubano cuando de mentiras se trata.

   Muchas han sido las toneladas de tinta y papel empleados para tratar de desacreditar a Cuba, a su Revolución y a su pueblo, pero esta vez el The Washington Post no lo ataca a Cuba, sino que pone en entredicho a la justicia española.

   Carromero es un mitómano empedernido, que dice una cosa en Cuba, otra en España y otra en Estados Unidos. Es un vil mentiroso que anda buscando protagonismo y al no conseguir apoyo en su propio país, no tuvo más remedio que restregar su conciencia con lo más retrógrado de la emigración cubana en Miami, y los calenturientos que en Washington quieren seguir jugando a eliminar por hambre a los cubanos.

   Evidentemente el The Washington Post le dio el minuto de gloria y fama que Carromero necesitaba, aunque para conseguirlo tuviera que repetir mil veces las mentiras que dice.

   La Audiencia Nacional española, que vio en detalles el caso y las alegaciones de Carromero, reconoció legalmente el juicio celebrado en Cuba contra Carromero, y en el que fue condenado por homicidio imprudente.

   A su vez, el juez Eloy Velasco, de la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia española declaró sin lugar la querella presentada por la esposa y la hija de Oswaldo Payá, por supuesta complicidad de las autoridades cubanas en el accidente.

   Llama la atención, que estas dos señoras fueron las que originaron el rumor de un supuesto segundo automóvil involucrado en el accidente, aun cuando no habían podido tener contactos con Carromero por encontrarse detenido en el lugar de los hechos.

   Tanto la esposa como la hija de Payá, de la manera más deshumanizada, trataron de convertir este trágico hecho, en un evento político, sin respetar siquiera la muerte de un ser querido, algo que ahora The Washington Post enarbola como punta de lanza para atacar a Cuba.

La irracionalidad de The Washington Post a la hora de mirar a Cuba

   Lo grotesco de esta nueva falacia guerrerista de The Washington Post contra la pequeña isla caribeña, es tratar de castigar a Cuba con el mantenimiento del bloqueo económico, comercial y financiero, que firmó el expresidente John F. Kennedy en 1962, esperanzado que con esa política de presión sacaría del poder al comandante Fidel Castro y con él, todo vestigio del proceso revolucionario que se desarrollaba en la Mayor de las Antillas.

   The Washington Post, como en los viejos tiempos imperiales, asume que eliminar tan cruel práctica, condenada por 188 países de todo el mundo, sería una “concesión”, como si el pueblo cubano fuera un vasallo arrodillado a los pies del amo del Norte.

   Cuba y su gente saben que es una auténtica libertad, míster Hiatt. No será su Consejo Editorial quién venga a dar lecciones de independencia y soberanía a los cubanos, y muchos menos sugerirles que se vean en el espejo de los que vendieron su alma por unas pesetas.

Tomado de su blog Cuba, la isla infinita