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miércoles, 17 de septiembre de 2014

El dúo Buena Fe y la mala fe del exilio intransigente de Miami

Por Miguel Fernández Martínez
 
   El anuncio de un nuevo concierto del dúo Buena Fe en Miami, demostró, hasta a los más escépticos, que el autoproclamado “exilio cubano histórico e intransigente” anda de capa caída, y como buen perdedor acorralado, trata de enseñar sus dientes rotos, ante una realidad que lo apabulla a la distancia de 55 años.

   De nada valen sus carteles estridentes, sus consignas gastadas, su estancamiento en el tiempo, su inmoral manipulación de la historia y la verdad. De nada sirven sus arrebatos de histeria, sus chantajes políticos –ya sea a la metrópoli yanqui o los emigrados de a pie-, su intransigencia enfermiza –y terrorista-, su pesadilla a 90 millas al sur de sus cloacas.

.   La reacción de esos grupúsculos ante la llegada de cualquier mensajero de paz procedente de la isla es obvia. Puro odio detrás de cada palabra, de cada acción. Un odio que los remuerde –y los revuelve- en su propio estercolero. Un odio que crece después de cada derrota, de cada humillación. Un odio que nació en las arenas de Playa Girón, en aquel tormentoso abril de 1961, cuando la frustración y la derrota anunciaron que habían llegado para quedarse con ellos, más allá de sus trajes de mercenarios camuflados.

   Cada día y en cada protesta-show son los mismos de siempre, y menos. Con cada entierro en los cementerios de la calle Ocho, se reducen las nóminas de los intolerantes que se niegan a asumir una verdad más grande que ellos mismos, y los vemos, en aburrida comparsa, luciendo las migajas que sus amos le dejan en los rincones de una ciudad que se rejuvenece y los obvia.

   Para nada esconden su visceral sumisión al imperio que los acogió después de la estampida de 1959, a donde llegaron aterrados de miedo, de no caer en manos de la justicia del pueblo.

   En cada una de esas organizaciones vemos variedad de especímenes que, gracias a Dios, ya están en proceso de extinción. Todavía sobreviven torturadores, esbirros batistianos, asesinos a sueldo, politiqueros, chulos y proxenetas, devenidos ancianos con vocación terrorista, con kepis del cuerpo de Veteranos del US Army y la banderita de las 50 estrellas en la diestra, repitiendo un incoherente discurso de patriotismo barato.

   Con ellos y a su sombra, están sus descendientes más abyectos, y algún que otro mercenario asalariado que logró el sueño de vivir su american way of live (o su pesadilla americana).

Son tan pocos cada día, que ya piden refuerzos entre las huestes de sus congéneres venezolanos antichavistas acampados en El Doral, o de algún que otro excontra antisandinista que viva del “welfare” en Little Havana.

   Ese es el exilio cubano histórico e intransigente de hoy, que a pesar de presentar “orgullosos” a sus representantes anexionistas en el Congreso de Estados Unidos –Ileana Ros-Letinhen, Mario Diaz Balart, Marcos Rubio, Bob Menéndez, Albio Sires y Joe García-, cada día pierde el poco poder e influencia política que le va quedando entre los emigrados cubanos en Estados Unidos.

   Porque es bueno y sano saber distinguir entre unos y otros. Ese “exilio” ya poco o nada tiene que ver con la mayoría de los emigrados, cualquiera que sea su bandera ideológica, que salieron de Cuba buscando mejores horizontes y terminaron siendo manipulados por la caterva de vejetes pícaros que descubrieron una industria de la nostalgia a costa del bolsillo de los miles de emigrados, y que ahora los chantajean y tratan de impedirles conectarse con el natural cordón umbilical que los une a la Patria.
 
¿Cacería de brujas o de artistas?

   A Israel Rojas, Yoel Martínez y los músicos que acompañan al popular dúo cubano –de la Isla-, Buena Fe, quienes estarán presentándose este jueves en el Miami Dade County Auditorium, con un concierto-homenaje a lo mejor del cine cubano, les tocó ahora recibir la andanada de ataques distróficos y virulentos de esa parte más visceral de la emigración cubana de Miami.

   Pero no son ni los primeros, ni los únicos. Su intransigencia terrorista, a la que muchas veces le ha faltado el suficiente valor para enfrentar cara a cara a sus supuestos “enemigos”, por aquello de que “el muerto lo ponga otro”, se descarga contra indefensos artistas y contra aquellos que elijan disfrutar del arte venido de Cuba.

   La lista sería demasiado larga. Solo algunos ejemplos que detallen el “valor y arrojo” de estos patrioteros de café con leche, que se atrincheran en el Versailles de la Ocho Street y la 35 Avenida.
   Nadie olvida la quema de un cuadro del pintor cubano Manuel Mendive, a manos de José M. Juara, un exparacaidista de la derrotada Brigada 2506, durante una subasta celebrada en el Museo de Arte y Cultura cubana de Miami, en abril de 1988.

   Tampoco se olvida la bomba que estalló en el Centro Vasco, en 1996, durante una actuación de la vedette cubana Rosita Fornés, o de la explosión de un artefacto incendiario en el club Amnesia, de Miami Beach, durante una presentación de Compay Segundo, en 1998.

   Muchos recordarán la encerrona que le hizo el presentador Carlos Otero al popular sonero Cándido Fabré, en su programa Pellízcame que estoy despierto, del canal 41 América Tevé, al permitir que el venezolano Nelson Bustamante tratara de desprestigiar al músico cubano.

   O la alharaca que hicieron los congresistas anticubanos –a pesar de haber nacido en Cuba- para que el Departamento de Estado norteamericano negara visa de entrada a Arnaldo Rodríguez, cantante y líder de la orquesta Arnaldo y su Talismán, en diciembre de 2013, por haber participado en una actividad cultural con niños pioneros en La Habana.

   Más recientemente, presenciamos el show que armó contra el trovador matancero Tony Ávila, una exDama de Blanco, quizás buscando notoriedad y ser tomada en cuenta por los “olvidadizos” ejecutivos de la industria contrarrevolucionaria de Miami.

   Estos señores “intransigentes” atacan todo lo que vaya contra sus preceptos cavernícolas. Por ejemplo, los salseros Manolín, el Médico de la Salsa, e Isacc Delgado, el Chévere de la Salsa, recibieron los peores improperios después que decidieron rehacer sus maletas y regresar a vivir a su patria natal.

   Al cantautor Descemer Bueno, que comparte su vida entre la Habana, Miami y Barcelona, por haberse atrevido a criticar el criminal bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos impone unilateralmente contra Cuba desde hace más de medio siglo, trataron de satanizarlo, algo así como lo que tratan de hacer con el cantante Francisco “Pancho” Céspedes, por decidir venir a ofrecer a Cuba un concierto después de 24 años de ausencia.

   Buena Fe no es el primero ni será el último en estos intentos desesperados y balbuceantes del “exilio cubano histórico e intransigente” por seguir imponiendo a la fuerza sus puntos de vista entre la emigración cubana de Miami, que cada día se separa más de tanta intolerancia.

   El jueves 18 de septiembre seremos testigos una vez más, de hasta donde la frustración, el dolor de la derrota y la impotencia, llega hasta el tuétano de esta cofradía senil, condenada a morir a la sombra de los cubanísimos framboyanes que adornan los cementerios de Miami.

Tomado de su blog Cuba, la Isla infinita

viernes, 14 de junio de 2013

El apoyo de Lincoln Díaz-Balart a tres proyectos fantasmas de la contrarrevolución cubana

Por Edmundo García*
 

El pasado martes circuló en Miami una declaración de prensa de la organización contrarrevolucionaria llamada La Rosa Blanca que preside el ex congresista Lincoln Díaz-Balart. Es la primera organización contrarrevolucionaria y terrorista del llamado exilio cubano, fundada por Rafael Díaz-Balart y otros batistianos que como él huyeron de Cuba en medio de la revolución triunfante el propio 1ro. de enero de 1959. El viejo Díaz-Balart la llamó con infamia La Rosa Blanca evocando el conocido poema de José Martí, pero ahora Lincoln Díaz-Balart la rebautiza como Instituto La Rosa Blanca y como éste no hace nada por gusto, algún tumbe hay entre manos en ese aire académico que le da la palabra Instituto a esa organización.

Como Lincoln no acepta la realidad de que ya él no es un congresista que puede otorgar condecoraciones y chapitas a los mercenarios, ni dar discursos en la cámara de representantes contra Cuba (aunque solo tenía a su hermano Mario y a Ileana Ros-Lehtinen como oyentes), ni tampoco tolera que se estén moviendo 20 millones este año para provocar un cambio de gobierno en Cuba sin meter las manos, se ha puesto las pilas para retomar la dirección de la contrarrevolución y hacer que una parte de la tajada vaya a La Rosa Blanca. Lo cual quiere decir a él mismo.

Detrás de la referida declaración está ese objetivo; en ella Lincoln ha dejado saber cuáles son los tres proyectos contrarrevolucionarios con los que su organización se identifica. Cualquiera de ellos puede ser más anexionista, más entreguista, más antipatriótico y con menos aceptación en el pueblo cubano que el otro. Los propios amos que manipulan a los pseudo líderes reconocen que esta gente no tiene pueblo y que todo se trata de una fabricación. Los tumbes personificados que La Rosa Blanca declara que va a apoyar son el proyecto Emilia del esquizofrénico político Oscar Elías Biscet, el mismo que pidió “solución Kosovo” para Cuba en el congreso de los Estados Unidos (Véase http://latardesemueve.com/archives/551). Antonio Rodiles con un engendro titulado “Demanda ciudadana por otra Cuba” y el desaparecido Movimiento Cristiano Liberación, que iba a encabezar en Cuba la familia de Oswaldo Payá. Pero resulta que dicha familia hace unos días que plantó campamento en Miami dejando muy claro que lo hacían como emigrantes y no como exiliados políticos.

En la práctica el Movimiento Cristiano Liberación está sepultado; y no porque haya fallecido Payá, ni por el hecho en sí de que la familia haya salido de Cuba sino por la forma sinuosa en que lo hicieron, por la falta de respeto al manipular la opinión argumentando persecuciones y aguajeando con que se quedarían en Cuba para luchar contra el gobierno; a la vez que planificaban echar un pie con todas las comodidades. Una farsa sin dudas; una estafa a su pequeñísimo grupo de seguidores. Pocos días antes de que los Payá se aparecieran con los bártulos en el Aeropuerto Internacional de Miami la propia hija de Oswaldo, Rosa María Payá, recorría los medios y casonas de algunos contrarrevolucionarios de Miami guapeando con que regresaba a Cuba para buscar un cambio de régimen y llevar desde allá una demanda contra las autoridades cubanas. Pues parece que solo regresaron a Cuba a empacar, porque transcurrió poco tiempo para que en los restaurantes de la calle 8 las recibieran con un “Welcome to Miami” que la masa de puerco está servida. Nada de lo que planificaban tenía que ver con el cacareado legado de Payá inventado por mentes afiebradas; ni con lo de conservar su memoria, ni con el inoperante e incompleto proyecto Varela, ni con el proyecto Heredia o todos los que se les hubiera ocurrido imaginar. No sé qué apoyo le dará Lincoln Díaz-Balart al Movimiento Cristiano Liberación en Cuba si eso ya ni existe; a no ser en la imaginación de periodistas como Juan Carlos Chávez de El Nuevo Herald que previendo el “deschave” ha publicado un fantasioso artículo donde habla de persecuciones en Cuba, ¿qué persecución y qué movimiento si la movida de los Payá está ahora en Miami y en España, de la que varios son ciudadanos? La ayuda que debería darle Lincoln a la familia Payá es para encontrar trabajo, aunque toda la comunidad cubana del sur de la Florida comenta que esta gente no viene a Miami a curralar. Los Payá son, como diría Marcelino Miyares, “disidentes de primera clase”.

Dice La Rosa Blanca que también va a apoyar el proyecto de Rodiles. ¿Qué proyecto Lincoln? Rodiles es un globero que vive del dinero que le dan los americanos, que hasta lo reclutaron aquí en Florida; y en México. El “Tony” vive en una cómoda casa en Miramar donde hacía reuniones intelectuales aburridísimas, con presencia de diplomáticos norteamericanos, y ha terminado haciendo debates de películas que despiertan menos interés que las que pasa la televisión de Tasmania. A Rodiles lo trataron de vender como intelectual en Miami, salía hasta en la sopa y causaba pena ajena porque recitaba capítulos del libreto de la gusanera fracasada y gastada. Como intelectual Rodiles no convenció en Miami ni a los encargados de actualizar el mural de los Municipios de Cuba en el exilio. Lo que más risa provoca de todo esto es que quienes cuidaron de la imagen de Rodiles no tuvieron en cuenta que en este pueblo, lleno de terroristas y pone bombas, se pasaron unas fotos suyas mostrando un arañacito ante una cámara, como un llorón, sin ni siquiera intentar defenderse de quien se lo abrió. Imagino lo flojito que luciría Rodiles en la Finca Medialuna conversando tú a tú con terroristas como Posada Carriles y los otros trogloditas de Alpha 66. A lo mejor Lincoln le puede pagar a Rodiles un verano con los Boys Scouts, aunque tenga que llevar repelente de mosquitos y pomada a la excursión. Que todo sea por fortalecer el poquito de carácter de esta persona que disfrutando de todas las comodidades en Cuba tiene la miserable actitud de pedir un recrudecimiento del bloqueo económico contra su propio país.

Lo otro que dice Lincoln que va a apoyar, y que no es un bolero aunque lo parezca, es un llamado proyecto Emilia de Oscar Elías Biscet. Imagínense un programa político que tiene la locura de pedir, de entrada, la salida del país de Fidel y Raúl; la renuncia en pleno de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado, además del veto a la Constitución vigente. Lincoln Díaz-Balart quiere hacerle el juego a las fantasías de una persona que ya ni su propia esposa Elsa Morejón escucha ni tolera.

Pero lo de Lincoln es a la oposición rogando y con el mazo dando. Porque además de todo este trapicheo con los Payá, Rodiles y Biscet, el líder de La Rosa Blanca es el abogado y cabildero de los magnates asiáticos que quieren promover el juego y construir casinos en Miami. Y aquí hay hasta sorpresas porque Lincoln Díaz-Balart, que se dice anticomunista y crítico de China, tiene muy buenas relaciones con empresarios taiwaneses que serían algo así como lo que en Miami se llama “dialogueros”; gente que hace negocios con la China continental comunista y unipartidista, que no cede en sus principios nacionales, pero que como es poderosa Estados Unidos no bloquea ni apunta en una lista de países que promueven el terrorismo. 

Al final todo esto es un globo. Tanto Jonathan Farrar como Michael Parmly, ex jefes de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, informaron en su momento al Departamento de Estado que la llamada oposición carecía de base social sencillamente porque lo único que le importa es el dinero americano. Los llamados opositores no están interesados ni en ganarse al barrio, ni en fundar un partido sólido ni redactar un programa. Tampoco tienen una idea de país. 

Lo que yo creo es que este montaje es en verdad una operación diversionista para esconder los verdaderos planes de la política norteamericana hacia Cuba; que es atender a la situación histórica que se va a producir en el año 2018 cuando una nueva generación salida de la generación histórica de la revolución esté a cargo. Las agencias norteamericanas conocen muy bien que el legado de Fidel y de Raúl está en buenas manos y le interesan esos jóvenes que ahora mismo participan en el Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) o juegan la final del beisbol revolucionario. Ahí es donde los norteamericanos tienen realmente puesta su mirada.



*Edmundo García, periodista cubano residente en los EE.UU., conductor del programa “La Tarde se Mueve”.

Publicado por Virgilio PONCE en Martianos
Imagen agregada RCBáez. Infografía: Contrainjerencia

viernes, 4 de enero de 2013

54 años de fracasos

Por Osmany Sánchez

fracaso-yanqui Como cada año por esta fecha, siguiendo un guión escrito allá en el Norte, los principales medios de prensa y los pseudos periodistas -también llamados mercenarios de las teclas- de dentro de Cuba se lanzan a describir a la Revolución Cubana y su sistema social como un completo fracaso. Nada nuevo, los mismos argumentos una y otra vez.

El supuesto fracaso de nuestro sistema lo podemos analizar desde dos puntos de vista, el primero por las cosas que no hemos logrado hacer y el segundo por las cosas que hemos permitido que sucedan. Los pesimistas, los agoreros, preferirán siempre ver lo que falta, los optimistas, los revolucionarios, además de no conformarnos con lo que nos falta, vemos también lo que no hemos permitido que suceda.

Me dicen que mi sistema es un fracaso y que no es viable porque no tenemos un desarrollo económico como un país del primer mundo y ahí empiezan las comparaciones. No tiene mérito alguno que los cubanos cuenten con salud y educación gratuita porque en Canadá y Noruega también la tienen…
A la hora de analizar los tropiezos de nuestro país en su desarrollo económico, jamás nuestros detractores se detienen a analizar los factores externos que nos impiden ese desarrollo. La culpa es toda del gobierno, del sistema. Por supuesto que no me voy a aparecer yo aquí a decir que no se han cometido errores, se han cometido y muchos pero ignorar el bloqueo sería imperdonable.

En una ocasión escuché decir al presidente ecuatoriano Rafael Correa que decir que el sistema cubano fracasó sin tener en cuenta las acciones norteamericanas para impedir el desarrollo económico de Cuba, era como tomar a una persona, amarrarle los pies y las manos, lanzarla en una piscina y entonces decir que se ahogó porque no sabía nadar. 

Desde el propio inicio del proceso revolucionario hemos tenido a noventa millas de nuestro país a la principal potencia del mundo tratando de ahogarnos por todos los medios posibles, desde terrorismo hasta bloqueo económico. ¿Es despreciable el bloqueo? Yo creo que no.

Cuantas cosas hubiésemos podido hacer si pudiéramos utilizar el dólar para comerciar como cualquier país del mundo, si pudiéramos comprar y vender en el primer mercado del mundo y no tener que hacerlo a miles de kilómetros de distancia. Qué ventajoso sería que los barcos pudieran entrar a Cuba sin tener que estar luego 6 meses sin poder entrar a Estados Unidos. 

Cuántas oportunidades de negocios se abrirían para Cuba si para venderle un producto a Estados Unidos el vendedor no tuviera que demostrar que no contiene más de un 10 % de productos de origen cubano. La plataforma Scarabeo 9 que recientemente exploró en Cuba en busca de petróleo, tuvo que ser construida especialmente para esta operación pues para perforar en Cuba no podía contener más de un 10% de productos norteamericanos. ¿Es despreciable el bloqueo? Yo creo que no.

Dicen que el sistema cubano es un fracaso porque los cubanos emigran. En esto hay algo de cierto, yo aspiro a que mi país sea un lugar de donde los jóvenes –sobre todo los jóvenes- no quieran irse y que los que estén fuera quieran regresar, pero es que no podemos obviar que somos un país del tercer mundo y es normal que exista migración. 

El nivel de instrucción de los cubanos –gracias a la Revolución- le da ventajas sobre otros cuando emigran por eso no solo optan por países del primer mundo sino también viajan hacia el Sur. A diferencia de lo que insinúa la gran prensa no son los cubanos quienes más emigran, en esa lista están por delante de Cuba muchos países a los que nadie le cuestiona su vocación “democrática”. Otra curiosidad sobre este tema es que mientras que las personas que emigran de otros países son emigrantes económicos, los cubanos son automáticamente denominados “exiliados”. 

Cuando un cubano llega a los Estados Unidos tiene inmediatamente permiso de trabajo, acceso al Social Security, reciben una tarjeta de residencia permanente (green card), residencia legal al año y un día, Federal food stamps (alrededor de 170 dólares por 6 meses, si tienen hijos pequeños les pagan más, además reciben 180 dólares en efectivo por 6 meses), educación universitaria gratis por cinco años para algunas carreras, por ejemplo Contabilidad, acceso al medicare (atención médica gratuita por un año)

Si el resto de los habitantes del mundo tuvieran estas ventajas unos cuantos países se quedarían vacíos y nadie los llamaría exiliados.

Les decía al inicio que los logros o fracasos de nuestro sistema en estos 54 años podemos medirlos no solo por las cosas que no hemos logrado hacer sino por las cosas que hemos impedido que sucedan. Gracias a la Revolución hemos impedido que los niños se vean amenazados por las drogas, la desnutrición o la prostitución infantil, que las calles se llenen de armas y que cualquier loco comenta un asesinato en masa, que la población se quede abandonada en tiempos de crisis, que el gobierno apoye a los banqueros y no al pueblo, que ningún cubano no tenga acceso a salud o educación por falta de dinero…

Este es el cuento de nunca acabar. Unos preferirán siempre ver el vaso medio lleno y comenzarán este 2013 con muchas esperanzas y ganas de trabajar para contribuir a tener cada un día un país mejor. Otros seguirán viendo el vaso completamente vacío y hasta roto, estos son los mismos que llevan 54 años de fracasos. Y seguirán contando…

Tomado de La Joven Cuba

viernes, 21 de septiembre de 2012

Máquina del tiempo

Un joven me invito en Facebook a leer un texto suyo sobre la Brigada Henry Reeve, constituida por jóvenes médicos internacionalistas...
Estimada: Soy un joven cubano que vivo en Chile hace unos años. Aquí le envio una nota que hice sobre lo realizado por la Henry Reeve a su paso por Chile. Un abrazo:
Me gustó el trabajo, lo difundí rápidamente y me puse a "chusmear" en su blog... y di con esta verdadera joya... sólo puedo decir que a mí me hizo llorar...

Máquina del tiempo
Por Mauricio Leandro
Yo conozco la máquina del tiempo. Me he subido un par de veces en ella, ignorando totalmente esa capacidad.

Estoy seguro que no soy el único que la conoce. Siento que aquellos que han vivido la distancia, el exilio, saben claramente a qué me refiero.
Aún recuerdo y puedo sentir en mis venas el sabor de las calles en que anduve una vez. Aún puedo llegar a la cola de la 190 y pedir el último y esperar eternamente hasta hoy. Aún puedo verme dándole una vuelta al árbol que está en el Parque de la Fraternidad.

Tomé mi maleta, hace ya varios años (qué increíble: “hace ya varios años”) y la llené de prendas y cajas de tabaco. Guardé monedas del Che y grabé todos los discos de Silvio Rodríguez. También pude conseguir la última producción de Habana Abierta y el recién estrenado disco de Interactivo “Goza pepillo”.



Gracias al formato mp3, casi toda esa música cupo en 3 o 4 discos y partí de La Habana con el impulso que le dio al avión, las melodías de Carlos Varela que zumbaban en mi oído.

Mi ciudad se hizo tan pequeña, al punto que pude guardarla en una mirada. Tras el último adiós, empezó de inmediato el mundo nuevo, justo cuando la aeromoza me ofreció una Coca Cola y la comida compacta.

Hice dos escalas en unos aeropuertos inmensos y llenos de productos, tan llenos que me colmaron y dejé de lado por un rato mis canciones.

Finalicé mi viaje en Santiago y viví allí por primera vez la máquina del tiempo, sin sospecharlo siquiera.

En el aeropuerto Arturo Merino Benítez sentí un estruendo en la cabeza que no pude comprender con claridad a mis 19 años. Mi padre estaba un poco más viejo, su cabeza gris y sus manos eran tristes como la cordillera. El abrazo fue fuerte, pero no lloré. Hoy sé, o por lo menos creo saber, por qué no lloré. No lloré porque ese no era mi padre, mi padre tenía el pelo largo e intensamente castaño; sus manos eran fuertes y las arrugas que tenía eran muy pocas. 

Aquel señor que me invitó un café, era mi padre en el futuro, no el que dejé de ver. En el dedo anular de su mano izquierda había un anillo, que en el pasado fue de mi abuelo y bastó un gesto, para darme cuenta que no había nada que preguntar.

Al pasar los días y los meses redescubrí a mi viejo, a mi abuela, a mis primos, a mis tíos.
No todo el proceso fue triste, recuerdo en la mesa, a la hora del almuerzo, toda la familia chilena muertos de la risa con las historias que les contaba de mi Habana y sus particularidades.

La comida era diferente, sabrosa, pero poco a poco empecé a extrañar, desde el bistec, hasta el picadillo de soya.

Mi discurso era repetitivo, contaba las mismas historias una y mil veces: cantaba las mismas canciones, ponías los discos hasta sabérmelos de memoria, leía los mismos poemas y los cuentos que empecé a redactar tenían un estilo muy parecido y una cadencia única.

Pero insisto, no todo fue triste. Me asombraba con muchas cosas: los edificios, las plazas, el metro, el Internet y claro, mi primer celular. Parecía un guajirito en La Habana.

Cuando llamaba a mi madre, le contaba y hasta exageraba sobre las cosas que habían acá. Nunca lo hice con la intención de afirmarle que “esto” era mejor que “eso de allá”, pero es que para mí todo era tan sorprenderte que para que ella me entendiera, necesitaba exagerar un poco.

En Chile me enamoré, entristecí, volví a enamorarme, canté, aprendí a tocar la guitarra, conocí las luchas y me desilusioné. Al pasar de los años entendí que todo esto ocurría porque mi padre también navegó en la máquina del tiempo.

Para él, el exilio fue algo más que un viaje. Fue el destierro, pero mi padre estaba anclado en su puerto, en su ciudad. Me imagino lo triste que debe haber sido para él, mirar el horizonte pleno, pero no hallar su cordillera.

De niño supe de un Chile lindo, un Chile nuevo, no el de los golpes y los desaparecidos. De niño Chile sonaba a Manns, a Jara, a Parra, a Inti; sabía a sopaipilla, a cola de mono (sin alcohol); era en blanco y negro y tenía un fusil en la mano. En el aeropuerto de Pudahuel mi padre también sintió un estruendo en su cabeza y no pudo comprender qué había pasado. La cordillera ya casi no se veía, su calles eran grises y su pueblo tenía miedo. El abrazo fue fuerte, pero sé que no lloró.

No han pasado muchos años, pero “todo lo malo se ha ido bailando” como dirá alguna canción popular, y mi pueblo así lo hecho. Tal vez a regañadientes, tal vez aguantando los bloqueos, tal vez mirando con nostalgia la puerta de salida.

Son muchos los que han tomado un avión en mi país, en busca de “mirar un poco más allá”. Tengo cientos de amigos que han sido bebidos sorbo a sorbo por “la Coca Cola del olvido” y tengo varios más que se desgarran con añoranza por volver.

Yo muero por descargar una trova en la azotea de un amigo, por tomarme un ron Cienfuegos y despreocuparme por llegar junto al sol a mi barrio de Buena Vista. Pero nada es lo mismo. El viaje de ida no tiene vuelta. Cuando vuelves después de un par de años las cosas cambian, a pesar de que algunos insistan de que Cuba está detenida en el tiempo.

Intenté tomar el pasaje de vuelta seis años más tarde y fue mentira. Cuando llegué, La Habana era otra. Muchos no estaban y sólo eran mis amigos por correo o facebook. Mi madre había sufrido la misma transformación que mi padre y también tuve que redescubrir a cada uno de los míos. Mi primo menor, que era casi mi hermano, estaba en otra onda. Su tatuaje del Che en la espalda y su discurso cargado de desidia y apoliticismo lo delataban como un ser ajeno. 
Nadie recordaba la melodía de “si tú te fuiste perdiste, yo no, yo me quedé”, canción de El Médico de la Salsa, un músico que ahora vive en Miami y se presenta en los programas de televisión de la mafia cubano-americana. La gente estaba en otra “vola’a”, casi todos tenían celulares y alguno que otro pensaba en emigrar para poder ayudar a la familia o para “progresar”.

Un día conversé con el vocalista de un muy famoso grupo cubano, Israel de Buena Fe y él me explicó todo. Cada palabra iba descifrando sus canciones, temas que conocía hace tiempo pero que jamás me senté con detenimiento a escuchar. Versos como “tengo un catalejo donde la Luna se ve, Marte se ve, hasta Plutón se ve, pero el meñique del pie no se me ve”, o como “y que aventurera que se ha puesto la juventud, le da lo mismo Tokio, Barcelona, que Moscú”, me hicieron mucho sentido.

A pesar de todo, como dijera Israel, “no puedo navegar contra la corriente”, tampoco puedo negar que tengo fe en mi pueblo y algo en él me da esperanza. Aún me siento libre en Cuba. Mi tierra navegará hacia donde su pueblo bogue, yo no puedo ser infeliz por eso. Tengo que reconocer que aquel que no vive el día a día, está condenado a aterrizar en otro tiempo, en el futuro de la página que se dejó de escribir. 

Tomado de EL Blog de Mauricio Leandro.



sábado, 31 de marzo de 2012

El exilio que no existe

Por Lázaro Fariñas*

En esta ciudad de Miami, en la que he vivido por más de cincuenta años, los términos generalmente están invertidos. Casi siempre lo que aquí se afirma como verdad, es en realidad mentira. Lo que se bautiza como grandioso, la mayor parte de las veces es insignificante. Lo que se califica como totalidad, casi siempre es mínimo o minoritario.

Hace años atrás, al comienzo de la Revolución, llegaron huyendo de la justicia una cantidad bastante significativa de personas comprometidas con el régimen de Fulgencio Batista. Unos por malversadores y otros por asesinos, salieron corriendo de Cuba en aquellos primeros días y meses de 1959. Aquí se encontraron con cubanos emigrados que residían en esta ciudad, la mayoría de ellos personas que habían emigrado a los Estados Unidos buscando una mejor vida, por razones puramente económicas y muy alejadas de los problemas políticos de Cuba. Es verdad que también había un grupo de exiliados políticos, pero la mayor parte de estos regresaron a Cuba inmediatamente después del triunfo revolucionario. Así fue que, los criminales del régimen batistiano y sus compinches, los ladrones malversadores que vinieron junto con ellos, crearon las bases para esto que hoy en día se conoce mundialmente como el Exilio Político Cubano de Miami. Y yo me pregunto, ¿exilio?

En realidad, el comienzo de todo el llamado exilio, no es nada más que la fuga hacia otro país de una serie de delincuentes, asesinos y malversadores, que huyendo de la justicia busca refugio en un lugar que les abre las puertas y los acepta. No son personas que, por motivos políticos, son perseguidos por las autoridades de su país y buscan asilo en otro. Son personas que, habiendo cometido delitos comunes, salieron huyéndole a la justicia. En verdad, a eso no se le puede llamar exilio político. Como mejor se puede calificar es como santuario de delincuentes.

Poco después de la llegada de esos tránsfugas de la justicia, empezaron a llegar a Miami personas que, a pesar de no haber cometido ningún delito, se opusieron a los cambios revolucionarios que se estaban llevando a cabo en Cuba.

Burgueses que no aceptaban perder parte de sus privilegios, personas que no estaban de acuerdo con una revolución social profunda y algún que otro revolucionario que solo estaba dispuesto a aceptar una revolución limitada. Al principio, los batistianos y los recién llegados no se mezclaban, al contrario, se repelían y se recelaban. Los batistianos llamaban a los que llegaban como fidelistas sin Fidel y estos a la vez los acusaban de esbirros de la tiranía.

No fueron pocos los desencuentro entre unos y otros. Muy pocos eran los que llegaban como exiliados políticos, como personas que habían actuado contra el gobierno revolucionario y por sus actividades subversivas tuvieron que abandonar la isla. La mayor parte de aquella temprana emigración de los primeros años lo hicieron por no estar de acuerdo con el nuevo sistema que se estaba implantando en la isla y no por ser perseguidos políticos. A muchos les confiscaron sus negocios, pero a ninguno les confiscaron sus viviendas ni los obligaron a salir de Cuba. Salieron como emigrados y no como exiliados políticos. Ahí consiste el engaño en la terminología, ya que los verdaderos exiliados políticos eran muy pocos, y no como se ha querido hacer ver, que todo el que salía de Cuba lo hacía por razones políticas. Si eso fuera verdad, entonces habría que rebautizar a todas las comunidades de latino americanos que viven en los Estados Unidos y llamarlas el exilio mejicano, el dominicano, el hondureño, el salvadoreño, además de los otros como el exilio italiano, el exilio irlandés, británico y exilio a cuantas comunidades distintas de emigrados componen esta gran nación.

Al pasar los año, tanto se ha repetido el nombre del "exilio político cubano", que todos lo llaman así, a pesar de que ese exilio no existe. Centenares de miles de cubanos viajan a Cuba todos los años. Millones de dólares se mandan a la isla como remesas familiares. Decenas de vuelos parten semanalmente del aeropuerto de Miami hacia diferentes ciudades de Cuba. Aquí no hay exilio, aquí hay una comunidad de cubanos emigrados que trabajan por una vida mejor y que conviven con un grupo de descarados, pícaros y anticubanos, que viven del cuento, tumbándole el dinero a los contribuyentes de este país para hacerle daño a Cuba.

*Lázaro Fariñas periodista cubano residente en EE.UU.

Fuente original: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad
Estos textos pueden ser reproducidos libremente siempre que sea con fines no comerciales y cite la fuente

Foto Archivo

viernes, 24 de abril de 2009

El respeto a la soberanía nacional

Por Francisco G. Aruca

Progreso Semanal Estados Unidos, Semana del 16 al 22 de abril, 2009


El domingo 12 de abril recibí un documento circulado por sus autores a un número de destinatarios bajo el título El Presidente Barack Obama Ha Cumplido su Parte.

No deseo hacer un análisis total del documento de Lorenzo Cañizares y Rolando Castañeda. Hay partes que comparto y otras que no -o comparto menos. Respeto a los autores, al igual que a muchos de los que recibieron el articulo y que conozco. Pero vale la pena aclarar puntos que considero demasiado importantes como para no responder.

El asunto en particular en cuanto a la "nueva" Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) merece discutirse. Mis críticas están basadas en la lectura completa del documento producido por la FNCA, no en la interpretación que de ella ha hecho una buena parte de la prensa establecida. Entre otras cosas la FNCA plantea:

1. Que el gobierno de Obama no debe eliminar el embargo unilateralmente "sin evidencia significativa de cambio irreversible" (por parte del gobierno de Cuba). Personalmente, considero plattista (*) e injerencista defender la política norteamericana de bloqueo unilateral a Cuba como forma de llevar el cambio a nuestra patria. Los cambios en Cuba son responsabilidad de los cubanos, no de gobiernos extranjeros. Aliarse a gobiernos extranjeros, particularmente al norteamericano debido a la relación histórica, para promover planes políticos en Cuba no es nada nuevo en nuestra historia y siempre constituyó una violación de la soberanía nacional. La soberanía nacional cubana no es ni puede ser negociable, so pena de negarse a sí misma.

2. "El pueblo cubano, respaldado por la política norteamericana, debe tener el poder de expresarse, organizarse y pacíficamente implementar el cambio democrático". Esto es una reconfirmación del punto anterior. Creo, además, que cualquier conocedor de la realidad cubana y de nuestra historia se preocuparía, entre otras cosas, porque si precisamente el proceso de cambio es producto del respaldo de la política norteamericana, más temprano que tarde dejaría de ser pacifico. Con todas sus desastrosas consecuencias.

3. Entre las cuatro recomendaciones que la FNCA hace a la Administración Obama deseo enfatizar las siguientes:

a) Debe aumentar el respaldo al desarrollo de la sociedad civil en Cuba.

Aquí acaban abogando, como lo han hecho públicamente en los medios de Miami, por el envío directo y eficiente de fondos para financiar y ayudar a la disidencia u oposición. Es decir, los mismos objetivos de Bush, pero con mayor eficiencia. Esa injerencia de EEUU convierte al oposicionista cubano que la reciba en agente a sueldo del gobierno norteamericano. Vuelve a confirmarse el punto ya mencionado sobre la soberanía. Desde hace rato los gobiernos norteamericanos, y particularmente el de Bush, vienen respaldando el desarrollo de "la sociedad civil" en Cuba.

b). Aumentar y mejorar la comunicación en y con Cuba, para defender la libertad de información.

En concreto, aumentar y mejorar a Radio y TV Martí. Estos son productos de la época de la FNCA que el artículo de Cañizares y Castañeda describe como la era de antiguos líderes recalcitrantes e intransigentes", en los tiempos de su alianza con Reagan. No debiera sorprender a nadie que la Fundación acabara convirtiéndose, además, en ministerio al servicio de los sectores extremistas del exilio en Miami. Este punto, como otros en el documento, muestran más el deseo de recuperar el nivel de influencia que disfrutaron con Jorge Mas Canosa que el de ser una nueva institución, con un nuevo enfoque.

4. La FNCA defiende la libertad de viajes familiares a Cuba y la eliminación de límites a los envíos de ayuda familiar, no por su valor humanitario o porque es y debiera ser nuestro derecho como cubanos, sino porque facilitaría el envió de los fondos federales a "oposicionistas" y "disidentes en Cuba, tanto a individuos como a grupos. Bushismo eficiente. Fondos de gobierno extranjero. Atadura a los grupos de poder conocidos en Miami. Plattismo. Nada nuevo aquí tampoco. Ni respetable.

5. Finalmente, aunque hay muchos otros puntos relevantes, quiero terminar señalando que todas las recomendaciones de la FNCA en su documento se justifican con que lograrían dos objetivos que debe tener "una nueva política hacia Cuba". Dos objetivos que califican de "inseparables", "entrelazados": a) promover los intereses de Estados Unidos en la región (América Latina), y b) darle el poder al pueblo cubano en su lucha por la democracia y la prosperidad. Es decir, invitan al plattismo y a la injerencia norteamericana, so pena de que Estados Unidos sea afectado en sus intereses en América Latina. Creo que ni siquiera un norteamericano ligeramente progresista y que refleje los tiempos que vivimos defendería de esta forma una política de Estados Unidos hacia Cuba. Sin embargo, así ha sido, desde el comienzo de la existencia del exilio cubano en Miami, la manera de justificar la alianza y pedir la ayuda de los gobiernos norteamericanos.

Mis comentarios buscan estimular el diálogo entre nosotros con el objetivo de ir desarrollando, de la forma más transparente posible, una posición entre los cubanos que vivimos en Estados Unidos para contribuir genuinamente a los cambios que se avecinan. En la creación de ese diálogo y de esa posición, será indispensable tener claros principios que no debieran ser negociables. El documento de la FNCA nos permite comenzar a discutir o a dialogar sobre lo que considero más importante, precisamente por ser cubanos en Estados Unidos: el respeto a la soberanía nacional.

(*) El término se deriva de la Enmienda Platt (propuesta por el congresista Orville Platt) y aprobada en el Congreso de EEUU en 1901. Dicha enmienda fue anexada a la Constitución cubana como condición para que EEUU le otorgara la independencia (mediatizada) a nuestro país. La Enmienda Platt, que se mantuvo hasta la década de 1930, le concedía a Estados Unidos, entre otras indignidades, el derecho a intervenir a su capricho en Cuba y le cedía territorios para bases militares (Guantánamo), por lo que el país se convertía en la práctica en una colonia que debía comportarse según los dictados de Washington.

Francisco G.Aruca, analista político y comentarista radial, dirige el espacio de Radio Progreso Alternativa y particpa los lunes, miércoles y viernes en el estelar programa La tarde se mueve junto con Edmundo García.

Para acceder al documento completo de la FNCA, enlazar con http://can2.org/artman/publish/inicio/index.shtml

http://progreso-semanal.com/index.php?option=com_content&task=view&id=910&Itemid=1