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sábado, 9 de agosto de 2014

Ponerle fondo al barril

 
Cuba se empeña en alcanzar una sociedad superior, pero cuánto es necesario hacer para combatir la ineficiencia e improductividad que nos desangra...
 
Sociedad Cubana__
La sociedad cubana necesita de un análisis exhaustivo
 para lograr salir adelante y ser más eficiente.
A principios de los años 70 del pasado siglo, el Comandante en Jefe Fidel Castro se preguntaba durante un intercambio con los delegados a la plenaria nacional de la Industria Básica: “¿Cuál es el barril sin fondo que se traga los recursos humanos del país hoy?”. Y enseguida respondía: “…sencillamente la ineficiencia, la improductividad, la baja productividad”.

Justo este ha sido un factor que el modelo socialista, debido a causas objetivas y subjetivas, no ha podido colocar en el punto exacto que necesita el desarrollo económico de la nación. Escasez de materias primas, falta de liquidez para la modernización técnica y tecnológica, imprecisiones en los sistemas de pago para estimular a los obreros, carencia de recursos materiales, deficientes métodos de dirección, etc., influyen en que el resultado productivo sea menor del esperado en muchas ocasiones.

En la última reunión del Consejo de Ministros, por ejemplo, se conoció que 124 empresas que habían planificado utilidades incumplieron sus planes en el pasado año, lo cual influyó directamente en los ingresos al presupuesto del Estado. Parece sencillo, pero si se trata de Cuba y de su economía, en ocasiones falla la lógica matemática. Sumar, restar, multiplicar y dividir constituyen procedimientos que se tornan más complejos en la dinámica de la economía de la isla.

No hace mucho, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en una de las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, enfatizaba: “Dos más dos siempre suma cuatro, jamás cinco”. Y añadía que “…en las condiciones de nuestro socialismo imperfecto, a causa de insuficiencias propias, muchas veces dos más dos da como resultado tres”.
¿Qué elementos de nuestro hacer cotidiano provocan la distorsión de la cuenta? Sin duda alguna existen fuerzas negativas que inciden en cualquier cálculo y viajan siempre en sentido contrario al de la eficiencia.

Durante varias décadas, la costumbre de trabajar por campañas circunstanciales, sin consolidar resultados, ha afectado a la larga la productividad del trabajo y ha hecho más daño que el propio marabú.

En 2007, cuando Raúl habló en Camagüey sobre la necesidad de erradicar esta planta, enseguida aparecieron brigadas y pelotones que entraron a la manigua y dejaron parte de la tierra lista para producir. A pesar del impulso inicial, todavía queda bastante terreno infestado u ocioso, a pesar de las medidas adoptadas para hacer más provechosa la tierra, como la aplicación del Decreto Ley-259 y posteriormente le sustituyó el Decreto Ley-300.

Cuba necesita consolidar resultados con una obra que sea duradera y no responda a entusiasmos circunstanciales. De eso se trata cuando hablamos de la implementación de los Lineamientos, ahora en su etapa más profunda de puesta en práctica. Son medidas que fortalecen las propias bases estructurales de la economía y constituyen garantía de seguridad y estabilidad en largo tiempo.

En busca del perfeccionamiento

De gran importancia resulta entonces el inicio de un proceso gradual de ampliación de la autonomía y las facultades en la empresa estatal socialista. El objetivo es crear las condiciones que faciliten un desempeño más apegado a los intereses de las entidades, con un objeto social más amplio y sin las trabas que hasta ahora han atado el relanzamiento de las fuerzas productivas.

Las empresas podrán retener el 50 % de sus ganancias y decidir su destino final después de cumplir los compromisos e indicadores planificados. Ello implica mayor responsabilidad y superación de los directivos, pues tendrán en sus manos el encargo de llevar por buen camino y sin violaciones el funcionamiento de sus centros. El sindicato, por su parte, deberá alcanzar igualmente un papel protagónico en este proceso.

La sustitución de importaciones, medida estratégica ante la subida de precios en el mercado internacional, debe merecer toda la prioridad. Su reflejo en el desenvolvimiento de la economía ha de ser real, medible y diverso. Cada centro, según sus potencialidades, debe preocuparse por sus gastos e ingresos y adecuarse a las condiciones objetivas de la nación y el territorio.

A su vez, La Ley de Inversión Extranjera, aprobada recientemente por el parlamento, permitirá nuevas relaciones que estimularán el trabajo y la productividad en los sectores donde se aplique, pues su alcance revolucionador es consustancial a los resultados económicos palpables para el país y los inversionistas foráneos.

Sabemos que la mayoría de los problemas pueden resolverse en el radio de acción en el que se originan. Cuando los trabajadores proponen ideas, buscan alternativas y junto a los administrativos llegan a acuerdos, las soluciones aparecen más rápido. Y la velocidad resulta mayor cuando los que dirigen poseen amplia receptividad y adoptan decisiones desde la experiencia colectiva.

Si queremos que la suma de dos más dos siempre sea cuatro, deben regir la disciplina y el control, ausentes hoy en el mundo laboral. ¿Cuántas leyes, resoluciones y reglamentos resultan letra muerta para funcionarios y entidades? La Contraloría General de la República, creada hace cinco años, ha brindado su contribución en ese sentido, pero la responsabilidad recae en todos.

Cuba aspira a una sociedad superior, en la que el salario cumpla su función de estimular al obrero, quien ha de recibir según lo que aporte, a partir de la fórmula socialista “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. Pero el cumplimiento de este fin no se obtendrá por arte de magia. Requiere del mayor esfuerzo para que el dinero tenga un respaldo productivo. De lo contrario, habría mucha circulación monetaria y pocos bienes y servicios disponibles.

Para enfrentar estos asuntos, la dirección del Partido y el Gobierno recibe el apoyo de la inmensa mayoría de los cubanos. Como bien ha reiterado Raúl: “Desde el mismo primero de enero de 1959, ha sido línea invariable analizar con el pueblo cada problema importante, por duro que sea”.
Hagamos nuestras propias cuentas, y perfeccionemos nuestro socialismo, frente a los que apuestan por su derrota. Corregir errores cometidos, así como propugnar nuevas ideas, dará más fuerza y dinamismo al proyecto revolucionario. Pero, sobre todo, habrá que convertir el trabajo en prioridad permanente. Solo así podremos ponerle fondo al barril de la improductividad.
Yoerky Sánchez Cuellar
Soy un joven cubano, periodista y soñador, un loco de esperanzas. Me gusta tanto la literatura como la política. Mi más sincera convicción es el pensamiento martiano de que los buenos son los que ganan a la larga.
  Tomado de CubAhora

lunes, 4 de agosto de 2014

Más urgente que el pan

Por Carlos L. Zamora


 En una de las tantas colas a las que estamos habituados los cubanos, en una panadería de un pequeño pueblo provinciano,  un viejo compañero de espera me contó, ante la pésima calidad del producto que recibía, que antes del triunfo de la Revolución, el panadero dueño, cuando alguna hornada no cumplía los requerimientos a los que él tenía acostumbrados a sus clientes, se disculpaba personalmente con cada comprador, rebajaba unos céntimos y prometía que la siguiente oferta estaría impecable. Y jamás incumplía su promesa, me aseguraba el camarada de infortunio que, como yo, se llevaba a casa aquella mala versión  del pan nuestro de cada día.

 Pero no quiero referirme a la calidad del pan que, con algunas ilustres excepciones,  casi se ha convertido ya en una metáfora de la producción estatal, sino a la disculpa.

 En el aeropuerto internacional José Martí, ante un retraso enorme de un vuelo de Cubana de Aviación y la incomodidad creciente de los futuros pasajeros, entre los que se encuentran mujeres, ancianos y niños; en nuestro bien prestigioso (sin ironía alguna) Hospital Hermanos Ameijeiras, donde una extensa cola para recoger los análisis se alarga hasta el infinito por un error (comprensible por humano) en el  registro de uno de los pacientes; en un Banco Metropolitano, informatizado,  bien aclimatado y recién pintado, donde una falla en la conexión propicia que se detenga el servicio, lo cual es más crítico para las personas que esperan fuera, bajo la inclemencia de nuestro cálido sol veraniego; en nuestras calles, donde fructifican todo tipo de baches e imperfecciones, consecuencias de trabajos mal realizados y peor controlados; en los agromercados, donde se ofrecen a precios astronómicos productos de ínfima calidad, en medio de una campaña por nuevos mecanismos que favorezcan los resultados de la agricultura cubana y sobre todo, a la precaria mesa doméstica; en unos y otros lugares… ¿dónde está la necesaria, imprescindible, baratísima disculpa?

 No es un producto importado, no necesita de insumos especiales ni siquiera en un mínimo porciento, no se ve limitada por eventos meteorológicos, no tiene que pasar por Acopio ni algún intermediario burocrático, no es políticamente incorrecta, no implica una consecuencia de raza o de género, no es contagiosa…y entonces… ¿por qué falta?

 ¿Acaso alguna directiva o memorando, algún inciso oscuro de la Constitución, pretende proscribirla de nuestra vida cotidiana?

 ¿Cuánto cuesta, cuánto tiempo invertimos, cuánto puede afectarnos ofrecerla cuando no tenemos algo mejor que dar?

 Y cuando un ministro, un administrador, un asalariado tiene una responsabilidad que cumplir ante aquellos que le han designado, ¿no es la disculpa lo menos que puede esgrimir cuando ha incumplido sus deberes? ¿Y quién exige su presencia cuando la ética no lo ha conseguido antes?

 Sigo pensando que al pan pudo faltarle la harina adecuada o la mejor grasa, pero a la disculpa le falta un valor que escasea más y es más notable que la sal: el respeto al prójimo. 

Y no puedo disculpar a los indolentes que asumen esa falta gravísima como un mal incurable. Pero hay que dar ejemplo, que esa es otra lección pendiente.

Publicado en su blog La ventana de Carlos Zamora

viernes, 4 de julio de 2014

Los daños del burocratismo y la mala gestión

Mientras no asumamos, "con la manga al codo", la necesidad impostergable de asumir los retos del momento que vivimos; mientras no derribemos el burocratismo, mientras no sancionemos la mala gestión… seguiremos arrastrando una economía insuficiente y la insatisfacción de nuestro pueblo:

Los daños del burocratismo y la mala gestión
Por Rolando López del Amo*
 
Me contaba Samuel Feijoo que en una ocasión, conversando con el Che, éste le dijo: “Samuel, cuidado con los curas rojos”. Era la advertencia del legendario comandante guerrillero y constructor de la nueva sociedad necesitada por nuestro pueblo contra los dogmáticos y los extremistas. El Che conocía lo que había dicho Lenin acerca de que si se raspaba la piel de un extremista se encontraría debajo a un oportunista.

Si se le pregunta a un ciudadano de la calle cuál es la prioridad en materia de problemas a resolver en la Cuba de hoy se puede asegurar que responderá que son los problemas económicos. No por gusto el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba concentró sus discusiones en la aprobación de los lineamientos para la actividad económica. Sin embargo, la puesta en práctica de lo acordado entonces, tras previa discusión masiva a nivel popular, pasa por una complicada red burocrática que la desfigura y entorpece.

Mientras tanto, el tiempo corre y las soluciones se enredan.

Basta dar un vistazo a algunas noticias y vivir algunas realidades cotidianas para desalentar o indignar al ciudadano común. Lo peor es que son diversas las esferas de trabajo en que ocurren estas cosas.

La producción agropecuaria es emblemática en cuanto a incumplimientos de planes esenciales. Todos conocimos la información dada por el propio ministro del ramo que en 2013 se incumplió la producción en diez renglones principales que incluían el arroz, los frijoles, la leche de vaca, el café, entre otros, y que se habían perdido 185,000 cabezas de ganado por inanición y enfermedades y ya en enero de 2014 se habían perdido otras 7,000. Después vino la información del retraso del pago de veinte millones de pesos a unos campesinos de un pueblo cercano a la capital por varios meses. Más adelante, en carta de los lectores, el diario Granma publicó la información del adeudo de dos meses de pago a unos pescadores de la Isla de la Juventud. En los exámenes de ingreso a la Universidad, por segundo año consecutivo, se produjo el robo de los exámenes de matemáticas para negociarlos con padres y alumnos inescrupulosos. El diario Juventud Rebelde informaba de la compra disparatada e inútil del equipamiento para echar andar nuevamente el aire acondicionado central del hospital insignia “Hermanos Ameijeiras”.

Otras quejas tienen que ver con las demoras de los paquetes postales. Tanto los que se envían de una parte del país a otra, como las que vienen del extranjero de las que hay denuncias de casos en que se han abierto los bultos. Es todo un rosario de quejas diversas.
Una noticia más reciente es la de la zafra azucarera. Según información oficial de la empresa Azcuba, la zafra de 2014 solamente crecerá un 3% en comparación con la de 2013 en lugar del 18% programado. De nuevo escuchamos que las condiciones climáticas son las responsables del incumplimiento. Sin embargo, una información de una provincia incumplidora, de lo que habla es de la mala calidad de las reparaciones, de la poca preparación del personal joven, de la falta de sentido de pertenencia, de las malas condiciones de los bateyes. Esta zafra comenzó en Noviembre de 2013 y continúa, en dos provincias, en Junio de 2014, o sea, ocho meses de zafra para producir poco más de un millón de toneladas de azúcar. ¡Qué pena! Mi suegro, que fue cincuentenario de la industria azucarera y era perito químico de un central en el norte de la provincia de Las Villas, me explicaba que la zafra debía comenzar en enero y terminar el 30 de abril, antes de las lluvias de mayo, porque entonces bajaba mucho el rendimiento. Y él participó en zafras de no menos de 5 millones de toneladas antes del triunfo de la revolución y de 8 millones después del triunfo de esta.

Pasando de lo macro a lo micro.

En la última rendición de cuentas de nuestra Delegada al Poder Popular conocimos que los funcionarios más diversos del gobierno municipal no atienden a sus reclamos, no asisten a las reuniones de trabajo y se le hace muy difícil la tarea que sus electores le encomendaron. De otra parte, ciertos inspectores de organismos, confunden sus tareas o están absurdamente orientados. En nuestro barrio hay un antiguo supermercado cuyo edificio está en muy malas condiciones desde hace años. Finalmente, en el 2013 se tomó la decisión de repararlo. Pero, ¡oh! desdicha, la Delegada nos informa que el responsable de incluir la reparación en el presupuesto del año, simplemente se olvidó de hacerlo. Otra cosa, muy sensible para una población local con una cuarta parte de adultos mayores, fue la intención de cerrar el mercado agropecuario del barrio debido a que no podía tener sus tarimas en los portales de la edificación porque obstruía el paso de las aceras. Este argumento era falso porque el acceso a los productos no se hacía desde la acera, sino dentro del amplio portal mismo que se utiliza desde hace años, cuando el antiguo portal en que estaba el agro, que era el del supermercado, y en el que comprábamos desde hace 35 años, se quedó sin techo y se trasladó al espacio actual.

De otra parte, los que hemos tenido la posibilidad de vivir, por razones de trabajo, en otras ciudades del mundo, somos testigos de que en barrios refinados de Paris, como el número 7, cerca del Campo de Marte y la Torre Eiffel, los establecimientos que venden vegetales y frutas, exponen sus tarimas junto a las aceras y los cafés extienden sus mesas y sillas hasta el borde de las aceras. En New York, justo a un costado de la Misión Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas, había un puesto de frutas de un emigrante coreano que llegaba hasta la acera. No creo que mi querida Habana, que no cambio por ninguna otra sin ser un aldeano vanidoso, sea más ciudad que París o New York.

Lo que ocurre con muchos burócratas es que pierden el contacto con el pueblo y su realidad y quieren conformar el mundo a imagen y semejanza de sus enajenaciones oficinescas. Otros, prefieren vivir del cuento. Ambos olvidan lo que advirtió José Martí acerca de que “el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones” (4-193) y que “las instituciones políticas…no andan seguras sino cuando se cimentan sólidamente en el bienestar público”. (14-37)

Se olvidan de lo que Fidel anunció tempranamente y Raúl no se cansa de reiterar acerca de que esta es la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, la revolución del pueblo cubano y que los que desempeñan

Recibido por correo electrónico
*La Habana, 1937. Se desempeñó como profesor de literatura en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona y en la universidad de La Habana, así como vicedecano de la Facultad de Humanidades y presidente de la Comisión de Extensión Universitaria. Miembro de la UNEAC. Subdirector de la Editora Política, ha atendido publicaciones como Vida Universitaria y Universidad de La Habana, siendo asiduo colaborador de diversas publicaciones periódicas cubanas. Desde 1989 se ha desempeñado como director en la Dirección de Organismos Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores, así como director de prensa y relaciones culturales de dicho organismo. Ha sido embajador de Cuba en China, Pakistán, Sri Lanka, Myanmar, Maldivas y Naciones Unidas.