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martes, 18 de agosto de 2015

Las 10 verdades del New York Times sobre las sanciones económicas de Estados Unidos contra Cuba

Por Salim Lamrani*
  Nytimesxl
 
El más prestigioso diario del mundo lanza un llamado al Congreso estadounidense para que ponga término al estado de sitio que asfixia al pueblo cubano.[1]
 
1.      La administración Kennedy impuso sanciones económicas totales en 1962 con el objetivo de derrocar al Gobierno revolucionario de Fidel Castro. Esta política hostil, que los distintos gobiernos estadounidenses han reforzado, salvo algunas excepciones, es un fracaso total.
 
2.      Una gran mayoría de los ciudadanos y la inmensa mayoría de los cubanos desean un levantamiento de las sanciones económicas anacrónicas, crueles e ineficientes. “Un número creciente de parlamentarios de ambos partidos han emprendido pasos alentadores en ese sentido estos últimos tiempos”, con la introducción de diferentes proyectos de ley destinados a poner término al estado de sitio económico.
 
3.      Los ciudadanos estadounidenses pueden visitar cualquier país del mundo, incluso China, Vietnam y Corea del Norte, pero no están autorizados a viajar a Cuba como turistas ordinarios.
 
4.      “El embargo […] ha hecho daño al pueblo cubano”.
 
5.      “El embargo perjudica de modo sustancial a las empresas estadounidenses. Los capitales extranjeros invierten en Cuba para conseguir cuotas de mercado, dejando lo menos posible para las empresas estadounidenses cuando se levanten las sanciones”.
 
6.      Sin un cambio rápido de la política exterior hacia Cuba y la eliminación de las sanciones, los intereses estadounidenses se verán inevitablemente afectados. “Lo que va a pasar es que cuando los americanos estén autorizados a viajar a Cuba, se hospedarán en hoteles españoles, comerán comida alemana y usarán ordenadores chinos”.
 
7.      Durante años los legisladores de origen cubano “han controlado la política hacia Cuba” y “han favorecido el embargo”. Los políticos estadounidenses han seguido esa vía temiendo perder al electorado cubanoamericano.
 
8.      Los tiempos han cambiado. Según un sondeo del 21 de julio de 2015, el 72% de los estadounidenses es favorable a un levantamiento de las sanciones económicas. “El 55% de los republicanos apoya el fin del embargo”.
 
9.      Pronunciarse ahora a favor del mantenimiento de las sanciones contra Cuba, como es el caso de Marco Rubio y Jeb Bush, dos de los candidatos republicanos a las elecciones presidenciales de 2016, es un hándicap. Entre los cubanoamericanos, el 40% declara que brindaría su apoyo a un candidato que siguiera la política de acercamiento con La Habana que ha emprendido Barack Obama. Sólo el 26% afirma que no votaría a favor de semejante política. Entre la comunidad latina de Estados Unidos, el 34% está a favor del diálogo con Cuba y sólo el 14% ha expresado su desacuerdo al respecto.
 
10.  Hillary Clinton, candidata demócrata a la presidencia en 2016, ha entendido muy bien este cambio de época y ha lanzado un llamado para levantar las sanciones económicas contra Cuba durante un discurso en Miami, bastión de la comunidad cubana, en julio de 2015.
 
 
*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, New York, Monthly Review Press, 2014, con un prólogo de Eduardo Galeano.



[1] The New York Times, «Growing Momentum to Repeal Cuban Embargo», 3 de Agosto de 2015. http://www.nytimes.com/2015/08/03/opinion/growing-momentum-to-repeal-cuban-embargo.html?_r=0 (sitio consultado el 7 de agosto de 2015).
 
 
Publicado en Al Mayadeen
 

sábado, 9 de agosto de 2014

Ponerle fondo al barril

 
Cuba se empeña en alcanzar una sociedad superior, pero cuánto es necesario hacer para combatir la ineficiencia e improductividad que nos desangra...
 
Sociedad Cubana__
La sociedad cubana necesita de un análisis exhaustivo
 para lograr salir adelante y ser más eficiente.
A principios de los años 70 del pasado siglo, el Comandante en Jefe Fidel Castro se preguntaba durante un intercambio con los delegados a la plenaria nacional de la Industria Básica: “¿Cuál es el barril sin fondo que se traga los recursos humanos del país hoy?”. Y enseguida respondía: “…sencillamente la ineficiencia, la improductividad, la baja productividad”.

Justo este ha sido un factor que el modelo socialista, debido a causas objetivas y subjetivas, no ha podido colocar en el punto exacto que necesita el desarrollo económico de la nación. Escasez de materias primas, falta de liquidez para la modernización técnica y tecnológica, imprecisiones en los sistemas de pago para estimular a los obreros, carencia de recursos materiales, deficientes métodos de dirección, etc., influyen en que el resultado productivo sea menor del esperado en muchas ocasiones.

En la última reunión del Consejo de Ministros, por ejemplo, se conoció que 124 empresas que habían planificado utilidades incumplieron sus planes en el pasado año, lo cual influyó directamente en los ingresos al presupuesto del Estado. Parece sencillo, pero si se trata de Cuba y de su economía, en ocasiones falla la lógica matemática. Sumar, restar, multiplicar y dividir constituyen procedimientos que se tornan más complejos en la dinámica de la economía de la isla.

No hace mucho, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en una de las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, enfatizaba: “Dos más dos siempre suma cuatro, jamás cinco”. Y añadía que “…en las condiciones de nuestro socialismo imperfecto, a causa de insuficiencias propias, muchas veces dos más dos da como resultado tres”.
¿Qué elementos de nuestro hacer cotidiano provocan la distorsión de la cuenta? Sin duda alguna existen fuerzas negativas que inciden en cualquier cálculo y viajan siempre en sentido contrario al de la eficiencia.

Durante varias décadas, la costumbre de trabajar por campañas circunstanciales, sin consolidar resultados, ha afectado a la larga la productividad del trabajo y ha hecho más daño que el propio marabú.

En 2007, cuando Raúl habló en Camagüey sobre la necesidad de erradicar esta planta, enseguida aparecieron brigadas y pelotones que entraron a la manigua y dejaron parte de la tierra lista para producir. A pesar del impulso inicial, todavía queda bastante terreno infestado u ocioso, a pesar de las medidas adoptadas para hacer más provechosa la tierra, como la aplicación del Decreto Ley-259 y posteriormente le sustituyó el Decreto Ley-300.

Cuba necesita consolidar resultados con una obra que sea duradera y no responda a entusiasmos circunstanciales. De eso se trata cuando hablamos de la implementación de los Lineamientos, ahora en su etapa más profunda de puesta en práctica. Son medidas que fortalecen las propias bases estructurales de la economía y constituyen garantía de seguridad y estabilidad en largo tiempo.

En busca del perfeccionamiento

De gran importancia resulta entonces el inicio de un proceso gradual de ampliación de la autonomía y las facultades en la empresa estatal socialista. El objetivo es crear las condiciones que faciliten un desempeño más apegado a los intereses de las entidades, con un objeto social más amplio y sin las trabas que hasta ahora han atado el relanzamiento de las fuerzas productivas.

Las empresas podrán retener el 50 % de sus ganancias y decidir su destino final después de cumplir los compromisos e indicadores planificados. Ello implica mayor responsabilidad y superación de los directivos, pues tendrán en sus manos el encargo de llevar por buen camino y sin violaciones el funcionamiento de sus centros. El sindicato, por su parte, deberá alcanzar igualmente un papel protagónico en este proceso.

La sustitución de importaciones, medida estratégica ante la subida de precios en el mercado internacional, debe merecer toda la prioridad. Su reflejo en el desenvolvimiento de la economía ha de ser real, medible y diverso. Cada centro, según sus potencialidades, debe preocuparse por sus gastos e ingresos y adecuarse a las condiciones objetivas de la nación y el territorio.

A su vez, La Ley de Inversión Extranjera, aprobada recientemente por el parlamento, permitirá nuevas relaciones que estimularán el trabajo y la productividad en los sectores donde se aplique, pues su alcance revolucionador es consustancial a los resultados económicos palpables para el país y los inversionistas foráneos.

Sabemos que la mayoría de los problemas pueden resolverse en el radio de acción en el que se originan. Cuando los trabajadores proponen ideas, buscan alternativas y junto a los administrativos llegan a acuerdos, las soluciones aparecen más rápido. Y la velocidad resulta mayor cuando los que dirigen poseen amplia receptividad y adoptan decisiones desde la experiencia colectiva.

Si queremos que la suma de dos más dos siempre sea cuatro, deben regir la disciplina y el control, ausentes hoy en el mundo laboral. ¿Cuántas leyes, resoluciones y reglamentos resultan letra muerta para funcionarios y entidades? La Contraloría General de la República, creada hace cinco años, ha brindado su contribución en ese sentido, pero la responsabilidad recae en todos.

Cuba aspira a una sociedad superior, en la que el salario cumpla su función de estimular al obrero, quien ha de recibir según lo que aporte, a partir de la fórmula socialista “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. Pero el cumplimiento de este fin no se obtendrá por arte de magia. Requiere del mayor esfuerzo para que el dinero tenga un respaldo productivo. De lo contrario, habría mucha circulación monetaria y pocos bienes y servicios disponibles.

Para enfrentar estos asuntos, la dirección del Partido y el Gobierno recibe el apoyo de la inmensa mayoría de los cubanos. Como bien ha reiterado Raúl: “Desde el mismo primero de enero de 1959, ha sido línea invariable analizar con el pueblo cada problema importante, por duro que sea”.
Hagamos nuestras propias cuentas, y perfeccionemos nuestro socialismo, frente a los que apuestan por su derrota. Corregir errores cometidos, así como propugnar nuevas ideas, dará más fuerza y dinamismo al proyecto revolucionario. Pero, sobre todo, habrá que convertir el trabajo en prioridad permanente. Solo así podremos ponerle fondo al barril de la improductividad.
Yoerky Sánchez Cuellar
Soy un joven cubano, periodista y soñador, un loco de esperanzas. Me gusta tanto la literatura como la política. Mi más sincera convicción es el pensamiento martiano de que los buenos son los que ganan a la larga.
  Tomado de CubAhora

jueves, 19 de abril de 2012

El oxígeno del debate

Por José Alejandro Rodríguez

 

En medio de un país cada vez más heterogéneo, el socialismo cubano desestima hoy esa obsoleta e inviable unanimidad que pretendió en años de excesivos verticalismo y centralización, y navega en las aguas retadoras de los consensos y las discrepancias, sin hacerle el juego ingenuamente a los que, adentro y afuera, desean desarticular cualquier vestigio de Revolución.

Claro que es muy complejo rediseñar una sociedad, sin referentes ya consumados de socialismo, un sistema tan joven y aún a gatas frente a siglos de pícaro y camaleónico capitalismo. Lo más fácil sería derruirlo todo con la receta neoliberal, para después empezar a vivir lo más difícil y retrotraerse al pasado. Y tampoco sirve ya el modelo de socialismo real que fracasó en Europa, del cual Cuba asumió grises e inoperantes herencias, que hoy necesita soltar como lastres, para empinarse en un progreso efectivo y no solo en palabras y deseos.

La intolerancia contumaz, a la derecha más torcida de la política, sataniza a Cuba, haga lo que haga. Y le exige pluripartidismo, como si esta fuera la kryptonita del supermundo. Esa fustigadora nunca va a aceptar que el país ya lleve un tiempo mirándose por dentro y exorcizando gradualmente sus atavismos, dogmas y fracasos, sin remover las buenas savias que corren por sus venas, esas que lo han traído hasta aquí, y no aceptarían “transfusiones” incompatibles con los ideales de justicia, saber, luz y bienestar para todos.

Respetuoso del criterio adverso, y discrepante de quienes a lo interno en Cuba pretenden estandarizar los estados de opinión, no pido permiso ni a unos ni a otros para afirmar que en mi país cobra cada vez más fuerza el debate de los asuntos domésticos.

Los cambios que se registran en la economía y en la sociedad, aunque lentos  para muchos, ya comienzan a tocar zonas sensibles de la vida y del inventario y el imaginario del cubano. Y esas transformaciones nacieron de un debate popular en torno a los Lineamientos Económicos y Sociales del Partido Comunista de Cuba. Un ágora plural convocada por un solo Partido. ¿Podrá negársele a Cuba que intente enhebrar la diversidad desde los cimientos de la unidad nacional, frente a enemigos tan poderosos?

El propio presidente Raúl Castro ha llamado a la discrepancia y el debate, pero ese estilo, que no caos sino elucidación colectiva, no puede quedar en lo abstracto o en la mera ocasión de una convocatoria. Tiene que hacerse carne y sangre de la vida cotidiana.  Todo el sistema de Gobierno cubano, desde el barrio hasta el Parlamento, está desafiado a dejar atrás la tranquila complacencia de las concordancias que no ven ni oyen lo que pasa a tu lado, mirando a los celajes y esperando señales.

En la última reunión ampliada del Consejo de Ministros, el presidente cubano insistió en la necesidad de “discutir cualquier propuesta a todos los niveles, dándole la participación al pueblo”. Y ello afianza la apreciación de que la consulta popular debe ser un estilo sistémico y no ceñirse al sentido instrumental de convocatorias ocasionales.

Claro que los propios cambios en lo que ha dado en llamarse “actualización del modelo económico cubano”, generan inevitablemente transformaciones sociales, en la institucionalidad y en las formas de gobernar; e implican desarrollar mayores espacios de la democracia socialista y de participación popular; y eso le molesta a ciertos inmovilistas ortodoxos adeptos al ordeno y mando. Aún así, es la oportunidad para hacer una revolución dentro de la Revolución, y alcanzar martiana y marxistamente la aspiración de gobernar “con todos y para el bien de todos”.

El otro antídoto contra el voluntarismo y los bandazos, el otro facilitador de un permanente observatorio crítico que preserve a la sociedad de repetir viejos errores y engendrar nuevos fiascos, es la medida en que la conducción de los destinos de la nación y las decisiones –siempre políticas- estén avaladas por criterios y diagnósticos cada vez más científicos. La reciente Conferencia Extraordinaria del Partido refrendó la importancia de ese fundamento científico, y de tener más en cuenta los aportes de la investigación en las ciencias sociales a la hora de la toma de decisiones.

¿Cómo podrá Cuba alcanzar estos objetivos, sin distraerse con el asedio y la hostilidad de quienes se conjuran en negarle la posibilidad del intento desde dentro del socialismo, sin brincar la cerca? ¿Cómo lo hará sin cansarse frente a la resistencia interna de cierta burocracia que aplaude por un lado, y entorpece por el otro, ya en actitud francamente contrarrevolucionaria? Eso lo dirán la vida, la tenacidad, la inteligencia y  el tino de los revolucionarios. Pero hay que dejar a Cuba probarse en el intento.


Tomado de Progreso Semanal/Weekly

Imagen agregada RCBáez

viernes, 24 de junio de 2011

Planes de ajuste

Por Juan José Oppizzi

Me parece que a nadie le es ajena la frase del título. En especial a los habitantes de Hispanoamérica. Todos la hemos oído alguna vez asociada a señores de habla muy rebuscada, explicando cosas muy difíciles, que al poco tiempo se transformaban en situaciones muy fáciles de percibir: baja de sueldos, disminución de jubilaciones, quita de presupuesto educativo, merma en los recursos de salud pública. En estos días estamos oyéndola aplicada a una región del mundo que nadie, en los años noventa del siglo anterior, hubiera soñado: Europa. ¡Paradojas de la historia! La poderosa Europa, la que parecía haber hallado la solución a todos sus males, la que orgullosamente amplió la Unión, la que creó una moneda competidora del dólar (buen dolor de barriga para los EE.UU.), esa misma, ahora está repartiendo entre sus miembros las recetas que otrora el FMI se dignaba a obsequiar a los países del Tercer Mundo para que supuestamente entraran al Primero. Los pueblos de Portugal, España y Grecia (mañana tal vez sean otros) están probando cuán maravilloso es ese camino.

¿Por qué sucede esto? Hay varias causas. Una es elemental: la Unión Europea no es una federación basada en principios de solidaridad social ni en sistemas igualitarios, sino en un rígido orden corporativo, dictado por conglomerados económicos particulares. Por ejemplo, el libre empleo de los habitantes de los países integrantes del bloque (es decir, la posibilidad de que cualquiera acceda a un trabajo en cualquiera de las naciones) es una cínica herramienta de los países más poderosos para tomar mano de obra baratísima proveniente de los menos favorecidos. A su vez, en naciones como Polonia, Eslovenia o Bulgaria se ha formado –de la mano de lamerones partidos de derecha– una mentalidad que considera óptimo seguir el derrotero (nunca mejor aplicado el sonido de esa palabra) de los estados de Europa Occidental.

La crisis ya es innegable; no sirve de nada echarle la culpa a la inmigración africana o latinoamericana. Y hay algo más que a quienes pensamos de modo diferente –o sea: a quienes no nos tragamos la píldora capitalista– nos inquieta: que partidos autodenominados “socialistas” hayan sido, justamente, los encargados de ejecutar al pie de la letra las órdenes de la burocracia establecida en Bruselas. Los gobiernos de Portugal, España y Grecia han bajado la cabeza y han aplicado planes sideralmente ajenos a cualquier ideario que lleve, siquiera apenas, el título de “socialista”. Creo que a esta altura, esos partidos deberían elegir entre dos opciones: o cambiarse el nombre o tener algo de dignidad y resistir los disparates que les imponen aquellos centros despiadados de poder.

Supongo que serán muchos los que a esta altura se preguntarán qué sentido tiene el seguir perteneciendo a la Unión Europea; ¿qué males mayores han de sufrir si se niegan a acatar los siniestros dictados que les aseguran años de penurias? El salvataje que les proporcionan los cuantiosos préstamos otorgados por el FMI y por los bancos centrales de los patrones de la UE, Alemania y Francia, no es para el grueso de la población; son transfusiones a las grandes empresas; esas corporaciones se dan el lujo de extorsionar a los estados, amenazándolos con quiebras y despidos de trabajadores. Aquí, en mi país, Argentina, padecimos el engaño monstruoso de los noventa, durante el cual los portavoces neoliberales nos decían que fuera de sus dogmas estaba el abismo; y luego vimos que ése era el abismo.

En Europa se aprecian movimientos de protesta. La mayoría de la gente no está de acuerdo con las medidas que toman sus gobiernos. Sin embargo, la trampa del sistema es demasiado compleja; la burocracia combate las rebeldías: las disuelve a través de los entramados electorales o con los bastones policiales. Falta –y quizá no está lejos– llegar al punto en que los cuestionamientos adquieran dimensión totalizadora. Tal vez ese punto sea la conciencia de que el capitalismo europeo al fin se ha quitado la máscara; ahora es El Capitalismo a secas, dueño de haciendas y personas, señor metálico de la vida y de la muerte.