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viernes, 1 de enero de 2016

Una misa de Paz sin contratiempos


Acaba de concluir la misa por la Paz en la iglesia de la Catedral de la Habana con la asistencia de unos cientos de feligreses que, como de costumbre, asisten a esta ceremonia religiosa. La misa fue ofrecida por el cardenal Jaime Ortega quien pidió reconciliación entre todos los cubanos, los que vivimos en Cuba o fuera de ella, y destacó que sólo el amor y el perdón entre todos será un medio válido para una verdadera y pacífica renovación de nuestra nación cubana. Las palabras del Cardenal fueron recibidas con beneplácito por los asistentes a la ceremonia.

La misma transcurrió en paz y armonía, en una tarde calurosa. A pesar que estamos en el mes más frio del año, parece que la “madre natura” nos va a conceder otro mes de esplendido verano. No obstante, bendecido sea, somos una isla del caribe bañada de un refrescante clima que atrae a diferentes personas del mundo desde un Jefe de Estado, un artista famoso o hasta un simple turista.

Pero siempre en la viña del señor hay quienes intentan manipular la realidad y publicar en las redes que son “vigilados”, “amenazados”, “desaparecidos”. A esos curiosamente puede vérseles después disfrutando en hoteles, recibiendo premios, comprando pacotilla en las tiendas o importándola desde el exterior. Una pieza sin dudas anacrónica en un escenario de paz espiritual.


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Publicado por M. H. Lagarde para Cambios en Cuba el 1/01/2016 06:05:00 p. m.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Homilía de Francisco en la Plaza de la Revolución: "Quien quiera ser grande que sirva a los demás"

 
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El Papa Francisco llega a la Plaza de la Revolución este domingo. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Evangelio nos presenta a Jesús haciéndole una pregunta aparentemente indiscreta a sus discípulos: «¿De qué discutían por el camino?». Una pregunta que también puede hacernos hoy: ¿De qué hablan cotidianamente? ¿Cuáles son sus aspiraciones? «Ellos –dice el Evangelio– no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante». Los discípulos tenían vergüenza de decirle a Jesús de lo que hablaban. En los discípulos de ayer, como en nosotros hoy, nos puede acompañar la misma discusión: ¿Quién es el más importante?

Jesús no insiste con la pregunta, no los obliga a responderle de qué hablaban por el camino, pero la pregunta permanece no solo en la mente, sino en el corazón de los discípulos.

¿Quién es el más importante? Una pregunta que nos acompañará toda la vida y en las distintas etapas seremos desafiados a responderla. No podemos escapar a esta pregunta, está grabada en el corazón. Recuerdo más de una vez en reuniones familiares preguntar a los hijos: ¿A quién querés más, a papá o a mamá? Es como preguntarle: ¿Quién es más importante para vos? ¿Es tan solo un simple juego de niños esta pregunta? La historia de la humanidad ha estado marcada por el modo de responder a esta pregunta. Jesús no le teme a las preguntas de los hombres; no le teme a la humanidad ni a las distintas búsquedas que ésta realiza. Al contrario, Él conoce los «recovecos» del corazón humano, y como buen pedagogo está dispuesto a acompañarnos siempre. Fiel a su estilo, asume nuestras búsquedas, aspiraciones y les da un nuevo horizonte. Fiel a su estilo, logra dar una respuesta capaz de plantear un nuevo desafío, descolocando «las respuestas esperadas» o lo aparentemente establecido. Fiel a su estilo, Jesús siempre plantea la lógica del amor. Una lógica capaz de ser vivida por todos, porque es para todos.

Lejos de todo tipo de elitismo, el horizonte de Jesús no es para unos pocos privilegiados capaces de llegar al «conocimiento deseado» o a distintos niveles de espiritualidad. El horizonte de Jesús, siempre es una oferta para la vida cotidiana también aquí en «nuestra isla»; una oferta que siempre hace que el día a día tenga sabor a eternidad.

¿Quién es el más importante? Jesús es simple en su respuesta: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás.

He ahí la gran paradoja de Jesús. Los discípulos discutían quién ocuparía el lugar más importante, quién sería seleccionado como el privilegiado, quién estaría exceptuado de la ley común, de la norma general, para destacarse en un afán de superioridad sobre los demás. Quién escalaría más pronto para ocupar los cargos que darían ciertas ventajas.

Jesús les trastoca su lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo.
La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Las personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, son las que estamos invitados por Jesús a defender, a cuidar, a servir. Porque ser cristiano entraña servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta a los más frágiles.

Hay un «servicio» que sirve; pero debemos cuidarnos del otro servicio, de la tentación del «servicio» que «se» sirve. Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los «míos», en nombre de lo «nuestro». Ese servicio siempre deja a los «tuyos» por fuera, generando una dinámica de exclusión.

Todos estamos llamados por vocación cristiana al servicio que sirve y a ayudarnos mutuamente a no caer en las tentaciones del «servicio que se sirve». Todos estamos invitados, estimulados por Jesús a hacernos cargo los unos de los otros por amor. Y esto sin mirar al costado para ver lo que el vecino hace o ha dejado de hacer. Jesús nos dice: «Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos». No dice, si tu vecino quiere ser el primero que sirva. Debemos cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora a la que nos invita Jesús.

Este hacernos cargo por amor no apunta a una actitud de servilismo, por el contrario, pone en el centro de la cuestión al hermano: el servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca su promoción. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas.

El santo Pueblo fiel de Dios que camina en Cuba, es un pueblo que tiene gusto por la fiesta, por la amistad, por las cosas bellas. Es un pueblo que camina, que canta y alaba. Es un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos, que marcha con esperanza, porque su vocación es de grandeza. Hoy los invito a que cuiden esa vocación, a que cuiden estos dones que Dios les ha regalado, pero especialmente quiero invitarlos a que cuiden y sirvan, de modo especial, la fragilidad de sus hermanos. No los descuiden por proyectos que puedan resultar seductores, pero que se desentienden del rostro del que está a su lado. Nosotros conocemos, somos testigos de la «fuerza imparable» de la resurrección, que «provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo» (cf. Evangelii gaudium, 276.278).

No nos olvidemos de la Buena Nueva de hoy: la importancia de un pueblo, de una nación; la importancia de una persona siempre se basa en cómo sirve la fragilidad de sus hermanos. En eso encontramos uno de los frutos de una verdadera humanidad.

«Quien no vive para servir, no sirve para vivir».
Tomado de Cubadebate

miércoles, 28 de marzo de 2012

Declaraciones del Portavoz de la Santa Sede sobre visita del Papa y encuentro con Fidel



De acuerdo con las declaraciones del portavoz de la Santa Sede, conversaron sobre el actual escenario mundial, así como en torno a temas de ciencia, cultura y ecología y cómo las religiones enfrentan esa realidad..

La Radio del Sur

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, destacó la tarde de este miércoles el encuentro que sostuvieron el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro y el papa Benedicto XVI.

En conferencia de prensa realizada en el Hotel Nacional de la Isla, Lombardi calificó de cordial, sereno y animado el intercambio que por treinta minutos aproximadamente mantuvieron el Sumo Pontífice y el Comandante en la Nunciatura Apostólica.

De acuerdo con las declaraciones del vocero de la Santa Sede, conversaron sobre el actual escenario mundial, así como en torno a temas de ciencia, cultura y ecología y cómo las religiones enfrentan esa realidad.

También abordaron la liturgia de la Iglesia y sus cambios en las últimas décadas, en un diálogo muy participativo, indicó Lombardi, ya que Fidel Castro realizó preguntas al papa, las que contestó Su Santidad con mucho placer.

Intercambiaron además bromas sobre las edades de ambos, mientras el líder cubano expresó su agradecimiento por la estancia del Santo Padre a Cuba, 14 años después de la visita realizada por el beato Juan Pablo II.

Por su parte, el papa comentó su beneplácito por la acogida del pueblo cubano y explicó al líder su misión al frente de la Iglesia Católica.

Lombardi aprovechó el momento para aclarar a su vez que el presidente venezolano Hugo Chávez y Benedicto XVI nunca se encontraron, ya que el dirigente suramericano no lo solicitó.

El jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano llegó a la nación caribeña el pasado lunes procedente de México y regresará esta tarde a Roma, luego de cumplir una intensa agenda en la Isla.

La Radio del Sur

Homilía de Benedicto XVI en la Misa de la Plaza de la Revolución en La Habana



Queridos hermanos y hermanas:

«Bendito eres, Señor Dios…, bendito tu nombre santo y glorioso» (Dn 3,52). Este himno de bendición del libro de Daniel resuena hoy en nuestra liturgia invitándonos reiteradamente a bendecir y alabar a Dios. Somos parte de la multitud de ese coro que celebra al Señor sin cesar. Nos unimos a este concierto de acción de gracias, y ofrecemos nuestra voz alegre y confiada, que busca cimentar en el amor y la verdad el camino de la fe.

«Bendito sea Dios» que nos reúne en esta emblemática plaza, para que ahondemos más profundamente en su vida. Siento una gran alegría de encontrarme hoy entre ustedes y presidir esta Santa Misa en el corazón de este Año jubilar dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Saludo cordialmente al Cardenal Jaime Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana, y le agradezco las corteses palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Extiendo mi saludo a los Señores Cardenales, a mis hermanos Obispos de Cuba y de otros países, que han querido participar en esta solemne celebración. Saludo también a los sacerdotes, seminaristas, religiosos y a todos los fieles aquí congregados, así como a las Autoridades que nos acompañan.

En la primera lectura proclamada, los tres jóvenes, perseguidos por el soberano babilonio, prefieren afrontar la muerte abrasados por el fuego antes que traicionar su conciencia y su fe.
Ellos encontraron la fuerza de «alabar, glorificar y bendecir a Dios» en la convicción de que el Señor del cosmos y la historia no los abandonaría a la muerte y a la nada. En efecto, Dios nunca abandona a sus hijos, nunca los olvida. Él está por encima de nosotros y es capaz de salvarnos con su poder. Al mismo tiempo, es cercano a su pueblo y, por su Hijo Jesucristo, ha deseado poner su morada entre nosotros.

«Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8,31). En este texto del Evangelio que se ha proclamado, Jesús se revela como el Hijo de Dios Padre, el Salvador, el único que puede mostrar la verdad y dar la genuina libertad.

Su enseñanza provoca resistencia e inquietud entre sus interlocutores, y Él los acusa de buscar su muerte, aludiendo al supremo sacrificio en la cruz, ya cercano. Aun así, los conmina a creer, a mantener la Palabra, para conocer la verdad que redime y dignifica.

En efecto, la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. 

Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad (cf. Jn 18, 38), proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos.

Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el corazón, haciéndolos fríos, vacilantes, distantes de los demás y encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse.

Por otra parte, hay otros que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en «su verdad» e intentando imponerla a los demás. Son como aquellos legalistas obcecados que, al ver a Jesús golpeado y sangrante, gritan enfurecidos: «¡Crucifícalo!» (cf. Jn 19, 6). Sin embargo, quien actúa irracionalmente no puede llegar a ser discípulo de Jesús. Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad.

Dios creó al hombre con una innata vocación a la verdad y para esto lo dotó de razón. No es ciertamente la irracionalidad, sino el afán de verdad, lo que promueve la fe cristiana. Todo ser humano ha de indagar la verdad y optar por ella cuando la encuentra, aun a riesgo de afrontar sacrificios.

Además, la verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una ética con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad, en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano.

Este patrimonio ético es lo que puede acercar a todas las culturas, pueblos y religiones, las autoridades y los ciudadanos, y a los ciudadanos entre sí, a los creyentes en Cristo con quienes no creen en él.

El cristianismo, al resaltar los valores que sustentan la ética, no impone, sino que propone la invitación de Cristo a conocer la verdad que hace libres. El creyente está llamado a ofrecerla a sus contemporáneos, como lo hizo el Señor, incluso ante el sombrío presagio del rechazo y de la cruz. El encuentro personal con quien es la verdad en persona nos impulsa a compartir este tesoro con los demás, especialmente con el testimonio.

Queridos amigos, no vacilen en seguir a Jesucristo. En él hallamos la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Él nos ayuda a derrotar nuestros egoísmos, a salir de nuestras ambiciones y a vencer lo que nos oprime. El que obra el mal, el que comete pecado, es esclavo del pecado y nunca alcanzará la libertad (cf. Jn 8,34). Sólo renunciando al odio y a nuestro corazón duro y ciego seremos libres, y una vida nueva brotará en nosotros.

Convencido de que Cristo es la verdadera medida del hombre, y sabiendo que en él se encuentra la fuerza necesaria para afrontar toda prueba, deseo anunciarles abiertamente al Señor Jesús como Camino, Verdad y Vida. En él todos hallarán la plena libertad, la luz para entender con hondura la realidad y transformarla con el poder renovador del amor.

La Iglesia vive para hacer partícipes a los demás de lo único que ella tiene, y que no es sino Cristo, esperanza de la gloria (cf. Col 1,27). Para poder ejercer esta tarea, ha de contar con la esencial libertad religiosa, que consiste en poder proclamar y celebrar la fe también públicamente, llevando el mensaje de amor, reconciliación y paz que Jesús trajo al mundo.

Es de reconocer con alegría que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misión insoslayable de expresar pública y abiertamente su fe. Sin embargo, es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la Nación a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana.

El derecho a la libertad religiosa, tanto en su dimensión individual como comunitaria, manifiesta la unidad de la persona humana, que es ciudadano y creyente a la vez. Legitima también que los creyentes ofrezcan una contribución a la edificación de la sociedad. Su refuerzo consolida la convivencia, alimenta la esperanza en un mundo mejor, crea condiciones propicias para la paz y el desarrollo armónico, al mismo tiempo que establece bases firmes para afianzar los derechos de las generaciones futuras.

Cuando la Iglesia pone de relieve este derecho, no está reclamando privilegio alguno. Pretende sólo ser fiel al mandato de su divino fundador, consciente de que donde Cristo se hace presente, el hombre crece en humanidad y encuentra su consistencia. Por eso, ella busca dar este testimonio en su predicación y enseñanza, tanto en la catequesis como en ámbitos escolares y universitarios.

Es de esperar que pronto llegue aquí también el momento de que la Iglesia pueda llevar a los campos del saber los beneficios de la misión que su Señor le encomendó y que nunca puede descuidar.

Ejemplo preclaro de esta labor fue el insigne sacerdote Félix Varela, educador y maestro, hijo ilustre de esta ciudad de La Habana, que ha pasado a la historia de Cuba como el primero que enseñó a pensar a su pueblo.

El Padre Varela nos presenta el camino para una verdadera transformación social: formar hombres virtuosos para forjar una nación digna y libre, ya que esta trasformación dependerá de la vida espiritual del hombre, pues «no hay patria sin virtud» (Cartas a Elpidio, carta sesta, Madrid 1836, 220). Cuba y el mundo necesitan cambios, pero éstos se darán sólo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad.

Invocando la materna protección de María Santísima, pidamos que cada vez que participemos en la Eucaristía nos hagamos también testigos de la caridad, que responde al mal con el bien (cf. Rm 12,21), ofreciéndonos como hostia viva a quien amorosamente se entregó por nosotros.

Caminemos a la luz de Cristo, que es el que puede destruir las tinieblas del error. Supliquémosle que, con el valor y la reciedumbre de los santos, lleguemos a dar una respuesta libre, generosa y coherente a Dios, sin miedos ni rencores.

Amén.

Fuente ACI Prensa
FOTO/Omara GARCÍA MEDEROS

martes, 27 de marzo de 2012

La primera misa en la Plaza de la Revolución...

Dentro de pocas horas, en la Plaza de la Revolución, los cubanos creyentes y no creyentes, estaremos en la gran misa que oficiará su Santidad Benedicto XVI. Todos recordamos la grandiosa y emotiva misa oficiada en esta plaza por el papa Juan Pablo II. Fue el domingo 25 enero de 1998, hace apenas 14 años. Sin embargo, muchos desconocen que, el 28 de noviembre de 1959, ese histórico lugar, entonces conocido como Plaza Cívica, transformado en un gran templo al aire libre, fue escenario de una misa memorable, la primera misa:

La primera misa en la Plaza de la Revolución...
Por Eugenio Suárez Pérez

Hace 53 años, pocos meses después del triunfo revolucionario, la jerarquía católica cubana convocó a un Congreso Católico Nacional para los días 28 y 29 de noviembre. Varias fueron las actividades religiosas programadas para esos dos días, pero el acto cumbre del Congreso era una grandiosa misa en homenaje a la Virgen de la Caridad del Cobre. Las expectativas fueron diversas. Los enemigos, como también lo hacen hoy, trataron de interferir la ejecución del evento. Primero dijeron que el Congreso no podría ser celebrado o que sería dificultado por las obstrucciones de un régimen al que se trataban de pintar como enemigo de la religión. Cuando esos infundios fueron desmentidos por los hechos, acudieron a otra versión: la de que el evento sería una demostración de repulsa al Gobierno Revolucionario. Esta última maniobra fue desvirtuada a tiempo, gracias a las oportunas aclaraciones del episcopado, los dirigentes de Acción Católica y la comisión organizadora del Congreso.

La revista Bohemia, en un editorial, denunció que el Congreso Católico Nacional estaba “siendo centro de numerosas suspicacias, de tendenciosos comentarios por parte de aquellos que pretenden parcializar la multitudinaria demostración de fe que hará el pueblo de Cuba, en beneficio de su particular criterio político, de interesado enfoque de la actualidad nacional”.

En la Universidad de La Habana, durante la velada solemne de homenaje a los estudiantes de Medicina asesinados el 27 de noviembre de 1871, el propio Comandante en Jefe, explicó como la contrarrevolución había intentado utilizar la celebración en Cuba del Congreso Católico Nacional para enfrentar la religión a la Revolución:

"Incapaces de comprender el profundo sentido humano y justo del pensamiento cristiano, sobre todo con lo que entraña de prédica a favor de los pobres y de los humildes, y que por lo tanto no puede ser de la devoción de los egoístas y de los avaros y que sí puede caber dentro de una Revolución justa y de un pueblo justo, pero jamás en las mentalidades inescrupulosas de los explotadores de los humildes y de los pobres, para que pueda estarles rondando la idea de enfrentar el sentimiento religioso al sentimiento revolucionario de una manera inescrupulosa, porque con los sentimientos religiosos del hombre no se comercia ni se juega.

Lamentable es que tengamos que salir al paso a las maniobras, y que sentemos bien claro, que los elementos latifundistas y garroteros y especuladores de toda laya, elementos sin escrúpulos, incapaces de comprender el sentido revolucionario de las prédicas de Cristo, elementos inescrupulosos que quieren herir el tradicional sentimiento religioso y la devoción de nuestro pueblo noble hacia la propia virgen de la Caridad, porque esa imagen es de todos los cubanos, es incluso de la Sierra Maestra, y surgió en la fe de los cubanos, [...] entendemos que no es justa ni es honesta la maniobra de querer aprovechar el congreso, que es un acto legítimo de los creyentes cubanos, como es un acto legítimo y respetado para las demás religiones; de haber querido aprovechar esa fe de nuestro pueblo, las decenas y los cientos de miles de devotos de nuestro pueblo, que van a ir allí a rezar por Cuba y por las leyes revolucionarias; porque estamos en la calle y son miles las personas que en estos meses y durante la guerra se nos han acercado para darnos alguna estampa, para exclamar algún deseo cristiano, para expresarnos alguna bendición, porque esa forma abierta de la naturaleza espiritual de nuestro pueblo, que está con la Revolución porque es justa, porque es humana y porque en ella caben todos los sentimientos nobles del hombre. Y los que no cabrán ¬jamás en ella son los sentimientos egoístas e inhumanos. Y bueno es que no se ande tratando nadie de alzar con la fe sana y la devoción honesta de nuestro pueblo, porque ese sentimiento no servirá ¬jamás para encubrir actos que van contra la caridad cristiana, y que van contra los sentimientos humanos". (Revolución. 28 de noviembre de 1959, p. 13.)

En vísperas del evento, el Monseñor Evelio Díaz, entonces Administrador Apostólico de La Habana y Pinar del Río, declaró: “Nunca un gobierno, en el tiempo que llevamos de prelado, ha dado tantas facilidades a la Iglesia”. Y por su parte, el Monseñor Pérez Serantes [En la foto, al arribar a la Misa en la entonces Plaza Cívica] afirmó que recibía de las autoridades oficiales incondicional apoyo para la celebración de su Primer Congreso Nacional y “nos sentimos deudores de las autoridades por las facilidades brindadas a este evento”.

El Ministerio de Obras Públicas, trabajó intensamente para que en la fecha de inauguración del Congreso estuvieran terminadas varias calles cercanas a la Plaza Cívica; el de Transporte facilitó el arribo a la capital de cubanos procedentes de otras provincias y puso, a disposición del Congreso, un servicio de ómnibus entre la noche del sábado y la mañana del domingo; la Policía Nacional Revolucionaria cooperó estrechamente con la comisión de parqueo, integrada por cien estudiantes de la Agrupación Católica Universitaria; y el Ministerio de Gobernación tramitó sin demora todos los permisos necesarios.

Además, la Iglesia recibió el apoyo de las Fuerzas Aéreas Rebeldes para transportar, en el avión Sierra Maestra, a la venerada Virgen de la Caridad desde su Santuario a La Habana y de su regreso a El Cobre en la tarde del domingo 29. Las acciones del Gobierno Revolucionario echaron por tierra los infundios lanzados en torno al Congreso con ánimos de enfrentar el catolicismo a la Revolución.

El sábado 28 de noviembre, comenzaron las actividades del Congreso Católico Nacional. A las ocho de la noche, desde Prado y Neptuno partió el desfile de antorchas que, tras recorrer varias calles habaneras, acompañando a la Virgen, llegó a la Plaza Cívica para participar en la misa convocada para la medianoche.

Alrededor de la una de la madrugada, poco antes de llegar la Virgen de la Caridad del Cobre, las exclamaciones del público aumentaron, anunciando la llegada de Fidel Castro. Numerosos feligreses se disputaban el acceso a Fidel quien se aproximaba acompañado del presidente Osvaldo Dorticós, los comandantes Juan Almeida y Efigenio Ameijeiras, varios ministros y otros altos oficiales rebeldes. En la Plaza Cívica se confundían los comandantes del Ejército Rebelde con los eclesiásticos y devotos.

La escolta del Comandante en Jefe luchaba en vano por abrirse paso, chocando contra la muralla del entusiasmo popular. Al fin, el líder de la Revolución consiguió avanzar, llegando hasta donde se hallaban su madre y sus hermanas. Seguidamente, cambió impresiones con altos dignatarios de la Iglesia y con el sacerdote, comandante del Ejército Rebelde, Guillermo Sardiñas, quien vestía su tradicional sotana verde olivo.

A pesar de la inclemencia del tiempo, la lluvia y el viento no hicieron mella en el entusiasmo cristiano y patriótico. Nadie se movió de su puesto, nadie se quejó, nadie desertó. En medio de la noche llegó la Virgen a los acordes del Himno Nacional.

La Misa de Pontifical, fue oficiada por monseñor Pérez Serantes quien agradeció emocionado la firmeza y sacrificio del pueblo y repitió sus manifestaciones, hechas a todo lo largo del desfile, de reconocimiento a las autoridades revolucionarias “que nos han ofrecido mucho más de lo que hubiéramos podido solicitar”.

Terminó su oración con las siguientes palabras:

-Bendice a las autoridades de tu pueblo…

Los micrófonos y altavoces llevaron después a toda la Isla las palabras de Monseñor Evelio Díaz en su ofrenda de homenaje a la patrona de Cuba. Otro momento de gran emoción fue cuando se escuchó la voz del pontífice Juan XXIII, trasmitida por la Radio Vaticana, dirigiéndose al pueblo de Cuba, y muy especialmente a la feligresía católica cubana.

La palabra clara y firme de Juan XXIII, en perfecto castellano, se escuchó a través de los micrófonos de la Federación de Radioemisores de Cuba. El papa concluyó su mensaje exclamando: “¡Cómo queremos en estos momentos poner a Cuba entera a los pies de su amada Patrona, María Santísima de la Caridad del Cobre, para que reine su amor en el alma de cada cubano, para que bendiga sus hogares, para que brillen sin nubes días de paz y tranquilidad sobre esa querida Isla!”

En horas de la mañana del domingo 29, tuvo lugar el segundo acto del Congreso en el Estadio de la Tropical, con la Asamblea del Apostolado Seglar y clausura del evento. En la tarde, la Virgen de la Caridad, regreso a su sitial permanente en el Santuario del Cobre.

Enviado por su autor
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Justo a las nueve y treinta de la mañana, acompañado por el Séquito Papal y el obispado cubano, el Santo Padre Benedicto XVI arribó a la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, ubicado en el pequeño poblado del Cobre, en la oriental provincia de Santiago de Cuba.

El auto en el que viaja su Santidad entró lentamente al atrio del Santuario, mientras la banda de tambores metálicos Steel Band interpretaba el Ave María de Shubert y la pieza Virgen Mambisa, dedicada a la Virgen de la Caridad.

El Sumo Pontífice llegó como humilde peregrino a la Basílica Menor para rezar a los pies de la Virgen de la Caridad, Reina y Patrona de Cuba, encender un cirio y lucrarse de las indulgencias del Año Jubilar, que se celebra con motivo del 400 aniversario del hallazgo en la Bahía de Nipe de la bendita imagen de la Virgen, y de su presencia en Cuba como un regalo de Dios.

Al igual que el Santo Padre, miles de fieles del país y del mundo han peregrinado hasta el pequeño poblado del Cobre para honrar a la Virgen y ganar las indulgencias del Año Jubilar.
La leyenda que acompaña la llegada de la Virgen a Cuba refiere que en 1612 dos hermanos descendientes de indígenas y un negrito de nueve o diez años, mientras buscaban sal en la bahía oriental de Nipe, divisaron la imagen flotando en el mar.

La población de aquel entonces consideró el hallazgo como un milagro, por lo que construyeron una ermita para proteger a la Virgen al borde de la mina, justo en el mismo sitio que ocupa en la actualidad. Este primer santuario se desplomó en 1906, como consecuencia de las explosiones y excavaciones en las minas.

No fue hasta el 8 de septiembre de 1927 que se levantó el actual Santuario del Cobre. Desde entonces, unas 500 personas acuden al lugar cada día, siendo así el mayor santuario de peregrinación de Cuba.

El 30 de diciembre de 1977 el Papa Pablo VI envió a Cuba como delegado suyo al cardenal Bernardín Gantín, portador de la Bula Papal. A partir de ese momento, el entonces Santuario Nacional se proclamó Basílica Menor.

La imagen de la Caridad del Cobre está estrechamente ligada a la historia de la Nación cubana, pues acompañó en los campos de guerra a las tropas del Ejército Libertador en su lucha contra la metrópoli española.

Precisamente, fueron los veteranos de la guerra de independencia de Cuba quienes escribieron al Papa Benedicto XV para que coronara a la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba. Recibieron una respuesta afirmativa el 10 de mayo de 1916.

El 24 de enero de 1998 el Papa Juan Pablo II coronó personalmente a la Virgen de la Caridad en la Plaza Antonio Maceo de la ciudad de Santiago de Cuba, durante su visita a la Isla.

Benedicto XVI llegó al Santuario luego de ser recibido este 26 de marzo con calidez y respeto por las más autoridades cubanas encabezadas por Raúl Castro, el pueblo santiaguero y peregrinos de otras provincias que vinieron a su encuentro.

El Santo Padre ofició su primera Misa en una plaza de la Revolución Antonio Maceo colmada por más de 200 000 personas al atardecer de este lunes.

A la celebración litúrgica, que estuvo presidida por la imagen original de la Virgen de la Caridad del Cobre, que por cuarta ocasión excepcionalmente salió de su santuario, asistió el presidente cubano Raúl Castro.
Saludo del Papa Benedicto XVI a los cubanos en su visita al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre
Queridos hermanos y hermanas:

He venido como peregrino hasta la casa de la bendita imagen de Nuestra Señora de la Caridad, «la Mambisa», como ustedes la invocan afectuosamente. Su presencia en este poblado de El Cobre es un regalo del cielo para los cubanos.

Deseo saludar cordialmente a los aquí presentes. Reciban el cariño del Papa y llévenlo por doquier, para que todos experimenten el consuelo y la fortaleza en la fe. Hagan saber a cuantos se encuentran cerca o lejos que he confiado a la Madre de Dios el futuro de su Patria, avanzando por caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos. También he suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad.

He puesto asimismo en su inmaculado Corazón a los jóvenes, para que sean auténticos amigos de Cristo y no sucumban a propuestas que dejan la tristeza tras de sí. Ante María de la Caridad, también me he acordado de modo particular de los cubanos descendientes de aquellos que llegaron aquí desde África, así como de la cercana población de Haití, que aún sufre las consecuencias del conocido terremoto de hace dos años. Y no he olvidado a tantos campesinos y a sus familias, que desean vivir intensamente en sus hogares el evangelio, y ofrecen también sus casas como centros de misión para la celebración de la Eucaristía.

A ejemplo de la Santísima Virgen, animo a todos los hijos de esta querida tierra a seguir edificando la vida sobre la roca firme que es Jesucristo, a trabajar por la justicia, a ser servidores de la caridad y perseverantes en medio de las pruebas. Que nada ni nadie les quite la alegría interior, tan característica del alma cubana. Que Dios les bendiga. Muchas gracias.
A través de ACI Prensa

Programa de Benedicto

Santiago de Cuba, Martes 27 de marzo de 2012.
09.30 AM Visita al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre de Santiago de Cuba.
10.30 AM Salida del aeropuerto internacional Antonio Maceo de Santiago de Cuba hacia La Habana.

La Habana, Martes 27 de marzo de 2012.
12.00 M Llegada al aeropuerto internacional José Martí de La Habana.
05.30 PM Visita de cortesía al Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros de la República en el Palacio de la Revolución de La Habana.
07.15 PM Encuentro y cena con los obispos cubanos y el séquito papal en la Nunciatura Apostólica de La Habana.

La Habana, Miércoles 28 de marzo de 2012
 09.00 AM Santa Misa en la Plaza de la Revolución de La Habana.
 04.30 PM Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana.
 05.00 PM Salida del aeropuerto internacional José Martí de La Habana.

(Tomado de la página oficial del Vaticano)

Intensa jornada de Papa y pueblo

 
 
Del equipo RPA/Progreso Semanal
 
SANTIAGO DE CUBA - Los habitantes de la zona oriental cubana vivieron un día de emociones y relajado jolgorio. Así resume alguien poco dado a las jactancias y con apego a la descripción exacta. Es una imagen adecuada de los primeros acontecimientos relacionados con la visita de Benedicto XVI, y así lo testimonian aquellos a quienes el equipo de RPA/ Progreso Semanal, le pidió criterios.

Lo excepcional de sacar a la Virgen de la Caridad del Santuario del Cobre, siendo esta la cuarta oportunidad en cuatro siglos que tal acontecimiento ocurre, se unió a la organización evidente, la tranquilidad y alegría religiosa y ciudadana, el respeto y el agasajo, que no son adjetivos insustanciales, sino algo expresado de nuevo en las calles recorridas por el jefe de la Iglesia Católica y su comitiva o durante la misa masiva, al aire libre y en un marco de jubileo eclesiástico y popular, en la Plaza Antonio Maceo.

El presidente de los Consejos de Estado y Ministros de Cuba, junto con otros dirigentes oficiales y dignatarios religiosos, estuvieron en los dos momentos capitales de la jornada.

Watch live video from Cubadebate on Justin.tv"Así lo vieron nuestros encuestados:
  • “Las palabras del papa Benedicto XVI a su llegada a Santiago de Cuba fueron muy buenas y sabias, pues recordó a José Martí y a los héroes de la independencia, clamó por la paz y la reconciliación entre los cubanos”. (Antonio Arce Herrera, técnico en refrigeración, Plaza)
  • “Como dice la canción, que la palabra Amor, se haya repetido tanto esta tarde en Santiago, me alegra y emociona. Es lo que más me animó hasta ahora de la visita de este Papa”. (Celeste Ávila, ama de casa, 10 de Octubre)
  • “Para empezar le digo que no soy creyente, pero sí martiano. Muy interesante me resultó ver esos sacerdotes jóvenes alegres, como si estuvieran en una fiesta y hasta a los mayores, se les veía felices. Escuché con atención lo dicho por monseñor García Ibáñez y, francamente, en casi todo coincido con su enfoque”. (Armando Ezequiel, ingeniero informático)
  • “Para mí, si algo le da trascendencia a esta visita del Papa (y no paso por alto el valor político que tiene) es por ese llamado a la unidad y al entendimiento, a rescatar los valores perdidos, y no solo en Cuba, sino en el mundo, porque reconoce un mal de esta época y convida a mejorarlo”. (Violeta Almaguer, médico)
Con similar distendida expectación se espera la eucaristía del miércoles en la Plaza de la Revolución José Martí, de La Habana.

Progreso Semanal

    Martes, Marzo 27, 2012
    Semana: 22/Mar - 28/Mar/2012

lunes, 26 de marzo de 2012

Homilía de Su Santidad Benedicto XVI en la Santa Misa (Texto completo)


Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje. Saludo a Monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba.

 Queridos hermanos y hermanas:

 Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje. Saludo a Monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, agradeciéndole sus amables palabras de acogida en nombre de todos; saludo asimismo a los obispos cubanos y a los venidos de otros lugares, así como a los sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos presentes en esta celebración.

 No puedo olvidar a los que por enfermedad, avanzada edad u otros motivos, no han podido estar aquí con nosotros. Saludo también a las autoridades que han querido gentilmente acompañarnos.

 Esta santa Misa, que tengo la alegría de presidir por primera vez en mi visita pastoral a este país, se inserta en el contexto del Año Jubilar mariano, convocado para honrar y venerar a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, en el cuatrocientos aniversario del hallazgo y presencia de su venerada imagen en estas tierras benditas.

No ignoro el sacrificio y dedicación con que se ha preparado este jubileo, especialmente en lo espiritual. Me ha llenado de emoción conocer el fervor con el que María ha sido saludada e invocada por tantos cubanos, en su peregrinación por todos los rincones y lugares de la Isla.

Estos acontecimientos importantes de la Iglesia en Cuba se ven iluminados con inusitado resplandor por la fiesta que hoy celebra la Iglesia universal: la anunciación del Señor a la Virgen María. En efecto, la encarnación del Hijo de Dios es el misterio central de la fe cristiana, y en él, María ocupa un puesto de primer orden. Pero, ¿cuál es el significado de este misterio? Y, ¿cuál es la importancia que tiene para nuestra vida concreta?

Veamos ante todo qué significa la encarnación. En el evangelio de san Lucas hemos escuchado las palabras del ángel a María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios» (Lc 1,35). En María, el Hijo de Dios se hace hombre, cumpliéndose así la profecía de Isaías: «Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"» (Is 7,14). Sí, Jesús, el Verbo hecho carne, es el Dios-con-nosotros, que ha venido a habitar entre nosotros y a compartir nuestra misma condición humana. El apóstol san Juan lo expresa de la siguiente manera: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

La expresión «se hizo carne» apunta a la realidad humana más concreta y tangible. En Cristo, Dios ha venido realmente al mundo, ha entrado en nuestra historia, ha puesto su morada entre nosotros, cumpliéndose así la íntima aspiración del ser humano de que el mundo sea realmente un hogar para el hombre. En cambio, cuando Dios es arrojado fuera, el mundo se convierte en un lugar inhóspito para el hombre, frustrando al mismo tiempo la verdadera vocación de la creación de ser espacio para la alianza, para el «sí» del amor entre Dios y la humanidad que le responde. Y así hizo María como primicia de los creyentes con su «sí» al Señor sin reservas.

Por eso, al contemplar el misterio de la encarnación no podemos dejar de dirigir a ella nuestros ojos, para llenarnos de asombro, de gratitud y amor al ver cómo nuestro Dios, al entrar en el mundo, ha querido contar con el consentimiento libre de una criatura suya. Sólo cuando la Virgen respondió al ángel, «aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), a partir de ese momento el Verbo eterno del Padre comenzó su existencia humana en el tiempo. Resulta conmovedor ver cómo Dios no sólo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla. Y vemos también cómo el comienzo de la existencia terrena del Hijo de Dios está marcado por un doble «sí» a la voluntad salvífica del Padre, el de Cristo y el de María. Esta obediencia a Dios es la que abre las puertas del mundo a la verdad, a la salvación.

En efecto, Dios nos ha creado como fruto de su amor infinito, por eso vivir conforme a su voluntad es el camino para encontrar nuestra genuina identidad, la verdad de nuestro ser, mientras que apartarse de Dios nos aleja de nosotros mismos y nos precipita en el vacío. La obediencia en la fe es la verdadera libertad, la auténtica redención, que nos permite unirnos al amor de Jesús en su esfuerzo por conformarse a la voluntad del Padre. La redención es siempre este proceso de llevar la voluntad humana a la plena comunión con la voluntad divina (cf. Lectio divina con el clero de Roma, 18 febrero 2010).

Queridos hermanos, hoy alabamos a la Virgen Santísima por su fe y con santa Isabel le decimos también nosotros: «Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1,45). Como dice san Agustín, María concibió antes a Cristo por la fe en su corazón que físicamente en su vientre; María creyó y se cumplió en ella lo que creía (cf. Sermón 215, 4: PL 38,1074). Pidamos nosotros al Señor que nos aumente la fe, que la haga activa y fecunda en el amor. Pidámosle que sepamos como ella acoger en nuestro corazón la palabra de Dios y llevarla a la práctica con docilidad y constancia.

La Virgen María, por su papel insustituible en el misterio de Cristo, representa la imagen y el modelo de la Iglesia. También la Iglesia, al igual que hizo la Madre de Cristo, está llamada a acoger en sí el misterio de Dios que viene a habitar en ella. Queridos hermanos, sé con cuánto esfuerzo, audacia y abnegación trabajan cada día para que, en las circunstancias concretas de su País, y en este tiempo de la historia, la Iglesia refleje cada vez más su verdadero rostro como lugar en el que Dios se acerca y encuentra con los hombres. La Iglesia, cuerpo vivo de Cristo, tiene la misión de prolongar en la tierra la presencia salvífica de Dios, de abrir el mundo a algo más grande que sí mismo, al amor y la luz de Dios.

Vale la pena, queridos hermanos, dedicar toda la vida a Cristo, crecer cada día en su amistad y sentirse llamado a anunciar la belleza y bondad de su vida a todos los hombres, nuestros hermanos. Les aliento en su tarea de sembrar el mundo con la Palabra de Dios y de ofrecer a todos el alimento verdadero del cuerpo de Cristo. Cercana ya la Pascua, decidámonos sin miedos ni complejos a seguir a Jesús en su camino hacia la cruz. Aceptemos con paciencia y fe cualquier contrariedad o aflicción, con la convicción de que, en su resurrección, él ha derrotado el poder del mal que todo lo oscurece, y ha hecho amanecer un mundo nuevo, el mundo de Dios, de la luz, de la verdad y la alegría. El Señor no dejará de bendecir con frutos abundantes la generosidad de su entrega.

El misterio de la encarnación, en el que Dios se hace cercano a nosotros, nos muestra también la dignidad incomparable de toda vida humana. Por eso, en su proyecto de amor, desde la creación, Dios ha encomendado a la familia fundada en el matrimonio la altísima misión de ser célula fundamental de la sociedad y verdadera Iglesia doméstica. Con esta certeza, ustedes, queridos esposos, han de ser, de modo especial para sus hijos, signo real y visible del amor de Cristo por la Iglesia. Cuba tiene necesidad del testimonio de su fidelidad, de su unidad, de su capacidad de acoger la vida humana, especialmente la más indefensa y necesitada.

Queridos hermanos, ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios.

Fuente CubaSí

Santa Misa en Santiago de Cuba: “Llevamos el orgullo de ser cubano” (+ Fotos)

El Papa Benedicto XVI,  oficia la Santa Misa en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012.   AIN  FOTO/Juan Pablo CARRERAS/
El Papa Benedicto XVI, oficia la Santa Misa en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012. AIN FOTO/Juan Pablo CARRERAS/
“Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje”, fueron las palabras del Papa Benedicto XVI al iniciar su intervención en la Santa Misa, celebrada en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, en el oriente de la Isla, a las 6:45 pm (hora local, 23:45 GMT), y ante la presencia Presidente cubano Raúl Castro.

Recordó que esta Santa Misa se inserta “en el contexto del Año Jubilar mariano, convocado para honrar y venerar a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, en el 400 aniversario del hallazgo y presencia de su venerada imagen en estas tierras benditas”.

El Papa habló del “misterio de la encarnación”, en el que “Dios se hace cercano a nosotros, nos muestra la dignidad incomparable de la vida humana”, y dijo a los congregados en la Plaza santiaguera que “Cuba tiene necesidad del testimonio de su fidelidad, de su unidad, de su capacidad para acoger la vida humana, especial la más indefensa y necesitada”.

En medio de una plaza atestada de feligreses, cientos de miles de personas pudieron a saludar a Su Santidad Benedicto XVI, quien se abrió paso a bordo del papamóvil poco antes de dar inicio a la Santa Misa en la Plaza Antonio Maceo.

“Benedicto, amigo”,  se escuchó gritar entre la multitud, que desde horas tempranas tributó al Papa una calurosa bienvenida a lo largo de las calles santiagueras. Obispos de Cuba y del Vaticano están presentes en la misa, junto a personalides políticas de la Isla encabezadas por el Presidente Raúl Castro.

Una gran valla con el mensaje “la Caridad nos une” acompañaba a los reunidos, todos prestos a celebrar los 400 años de la Virgen de la Caridad del Cobre. “Dondequiera que estemos, llevamos con orgullo el nombre de cubanos“, dijo el Arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez, quien dio la bienvenida a su Santidad Benedicto XVI.

“Recelamos de toda injerencia foránea en nuestros asuntos y nos sentimos comprometidos en lograr, con esperanza y decisión, una República próspera, incluyente, participativa, “con todos y para el bien de todos”, dijo el Arzobispo, quien llamó a la hermandad y unidad entre las voluntades de todos los cubanos para construir el bien común.

Benedicto XVI llegó hace pocas horas a Santiago de Cuba proveniente de México y fue recibido en el aeropuerto de esa ciudad por el Presidente cubano Raúl Castro, con quien se reunirá mañana oficialmente.

El General de Ejército Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, junto a dirigentes del estado y gobierno cubano, durante la celebraci{on de la Santa Misa del Papa Benedicto XVI, en la Plaza de la Revoluci{on Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012.  AIN   FOTO/Juan Pablo CARRERAS/
El General de Ejército Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, junto a dirigentes del estado y gobierno cubano, durante la celebraci{on de la Santa Misa del Papa Benedicto XVI, en la Plaza de la Revoluci{on Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012. AIN FOTO/Juan Pablo CARRERAS/
El Papa Benedicto XVI,  oficia la Santa Misa en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012.   AIN  FOTO/Juan Pablo CARRERAS/sdl
El Papa Benedicto XVI, oficia la Santa Misa en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012. AIN FOTO/Juan Pablo CARRERAS/sdl
El Papa Benedicto XVI,  oficia la Santa Misa en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012.   AIN  FOTO/Juan Pablo CARRERAS/
El Papa Benedicto XVI, oficia la Santa Misa en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 26 de marzo de 2012. AIN FOTO/Juan Pablo CARRERAS/

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