Mostrando entradas con la etiqueta Corrupción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Corrupción. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de julio de 2015

El socialismo cubano y la corrupción

Numerosos trabajos de carácter crítico hemos leído sobre este tema: ninguno, sin embargo, con esta profundidad de análisis y, lo que es mejor, con numerosas propuestas de solución como este que hoy presento a la consideración de los lectores de mis blogs:

El socialismo cubano y la corrupción

Por Ernesto Escobar Soto*
Corrupcion
 

Se requiere la creación de un entorno cada vez más democrático en
el que se estimule la crítica revolucionaria, el debate franco y se
escuchen las sugerencias del pueblo para hacer realidad
lo que expresara Fidel de «cambiar todo lo que deba ser cambiado»

Desde hace algún tiempo, en diversas ocasiones,  el Dr. Esteban Morales ha alertado públicamente, con coraje y pasión, sobre el espinoso tema de la corrupción. Del mismo modo el Dr. Luis Toledo Sande, en varios de sus artículos, ha expuesto con agudas valoraciones su reclamo a afrontar este complejo y peligroso entramado de ilegalidades. Sin intenciones académicas incursiono brevemente en tan dificultoso contenido con algunas sugerencias y el propósito de estimular el análisis y una mayor comprensión sobre un tema cardinal para la Revolución.

 La corrupción burocrática es consustancial a los Estados y sistemas en los que señorea la propiedad privada, sustentadas en la ideología del despojo y la explotación de las mayorías. De disímiles maneras consigue introducirse en el sistema político de un país y en sus componentes de gobierno. Este fenómeno imperó en el periodo de la República neocolonial. La degradación era tal que en la década del 50 Fulgencio Batista, ocupando la presidencia de la República, estableció íntimas relaciones con la mafia italoamericana, a la que le permitió controlar los casinos de juego de los grandes hoteles de La Habana y el negocio del tráfico de la droga hacía Estados Unidos. Después de 1959, los representantes de la mafia fueron expulsados del país, se prohibieron los juegos de azar y ante el avance revolucionario la corrupción perdió fuerzas. Bajo distintas formas pudo sobrevivir y reacomodarse gracias a diversos factores.

En el proceso de construcción del socialismo no desaparecen por decreto las condiciones que servían de base a la corrupción y que caracterizan al capitalismo: la nueva sociedad hereda fuertes rezagos de la conciencia y la cultura burguesas. Se debe señalar también que tras la nacionalización de las grandes empresas capitalistas cubanas y extranjeras, medida imprescindible para comenzar a edificar el socialismo, se declaró como una verdad absoluta el equívoco enunciado de que la propiedad estatal adquiría la condición de ser la propiedad de todo el pueblo. En la práctica los trabajadores y el pueblo en general no las sintieron como suyas y no las protegieron como era de esperar. Con la posterior nacionalización de todos los pequeños negocios (acción determinada principalmente por objetivos políticos e ideológicos ante las agresiones de los Estados Unidos y el anhelo de hacer avanzar con mayor rapidez el proyecto socialista), surgió para el Estado la irrealizable tarea de administrar desde una pequeña barbería hasta enormes empresas. En medio del torbellino revolucionario, por inexperiencia y marcado idealismo, no se advirtió el rol que debían desempeñar los sistemas contables y los asesores jurídicos. Se hizo presente la poca exigencia de los jefes por la disciplina laboral y el cumplimiento de los planes, la deficiente planificación y organización, las fallas en los controles administrativos.

Luego de 1990, a causa de la intensa crisis económica que provocó la desaparición de la URSS y sus efectos desmoralizadores en el orden ideológico, así como al recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos, la población cubana comenzó a sufrir extraordinarias penurias y escaseces. Cuba rechazó la aplicación de las conocidas fórmulas neoliberales, lo que hubiera acabado con la Revolución. La dirección del Partido aplicó una consecuente y audaz política de principios en defensa de la soberanía nacional y por la preservación de las conquistas alcanzadas en salud, en educación, empleo e igualdad social, y desafió a la inevitable hostilidad de los grandes centros de poder. En ese titánico esfuerzo se vio obligada a ejecutar diversas medidas que provocaron el aumento de las diferencias sociales entre la población.

Fue entonces que, por primera vez desde 1959, la corrupción comenzó a revelarse con pujanza no conocida hasta entonces en la Cuba revolucionaria, lo que se expresó en el hurto de productos de los almacenes y comercios, el acaparamiento y reventa de mercancías, la exigencia de comisiones y dádivas por parte de funcionarios para viabilizar tramites y gestiones, el soborno a inspectores y otros, como el elaborar falsos informes y estadísticas, acompañados de una progresiva pérdida de valores morales, en muchos casos encubierta con la excusa de que "era necesario luchar por cualquier medio para solucionar los graves problemas que afectaban la vida". Estas ilegalidades, habitualmente de pequeño monto, multiplicadas de manera sostenida en el tiempo, provocan severos perjuicios económicos al país y afectan la moral del pueblo.

Es opinión generalizada que este fenómeno de la corrupción abarca actualmente a un segmento no desdeñable de la población: cuadros, funcionarios, gerentes, y lo más peligroso, se presenta en no pocos trabajadores y hasta en sectores claves como el del magisterio. Ejemplos notorios fueron la venta de exámenes de ingreso a la Universidad consumado por varios funcionarios y profesores, o los actos delictivos cometidos por directivos de los servicios comunales en la capital. Se extendieron prácticas corruptas en el comercio minorista  (bodegas, carnicerías, panaderías, etc.) gracias a las “ventas a granel”, a pesas engañosas, con el contubernio de inspectores corrompidos y a la falta de control administrativo. Existen grandes tiendas por departamentos, hoteles, restaurantes y bares, en las que gerentes corruptos cobran una suma diaria por piso o por área para “dejar hacer” a sus subordinados y estos a su vez repiten estas mañas con los empleados. En bares y restaurantes se hallan empleados que sustituyen las mercancías, llámese bebidas alcohólicas, productos alimenticios y otros por las que ellos previamente han comprado a menor precio o que han sido extraídas de hoteles de zonas turísticas y de otras entidades del Estado. Este actuar de diferentes formas se repite en almacenes y tiendas dedicadas al comercio de otros productos, los que luego son vendidos en las cercanías de las propias entidades. Para que esto suceda, debe haberse creado previamente un amplio armazón de relaciones dolosas que lo permitan.

El mundo global y neoliberal, en el que campea el capital financiero, está inmerso en un proceso hasta ahora indetenible de descomposición económica, política, social, cultural y moral, acompañado de la destrucción del hábitat planetario. Esta crisis general que lo abarca todo, también se expresa en un extraordinario acrecentamiento de la corrupción e impera y alcanza plenamente a gobiernos, poderes parlamentarios y judiciales, órganos de seguridad, gran parte del tejido social, el sistema financiero internacional, y en los vergonzosos vínculos que se forman entre las instituciones oficiales con el narcotráfico y el crimen organizado. La corrupción para el sistema capitalista se ha convertido en una práctica delictiva admisible y hasta necesaria. Valorando sus dimensiones y la influencia que ejerce este fenómeno en nuestra sociedad, no es posible, ni merece siquiera comparar la situación de Cuba con lo que acontece en esos países. Pese a esto, el fenómeno de la corrupción requiere ser valorado como el principal enemigo capaz de envenenar el sistema socialista cubano y destruirlo. Además, es notorio que tiende a unirse y formar estrechas alianzas con la subversión política [1].

 El Socialismo es un proyecto en el que su principal protagonista es el pueblo, por lo que la conducta transparente y honesta de quienes son sus servidores públicos, adquiere una connotación especial. En este concepto incluimos con sentido amplio a los dirigentes del Gobierno y del Estado, a los funcionarios de la administración pública y también a los directores y gerentes de empresas estatales, quienes con su ejemplo  influyen y determinan en la moral de los trabajadores y del pueblo en general. Ocupar un cargo de servidor público es un inmenso honor, pero al mismo tiempo los responsabiliza con el deber de mantener una conducta honesta.

 En Cuba, aunque se han adoptado importantes acciones por el más alto nivel del PCC, del Estado y del Gobierno, como la creación de la Contraloría General de la República, y leyes como la de Control Interno, y las acciones ejecutadas por instituciones como los tribunales, la fiscalía y la policía y otras para enfrentar este fenómeno, se mantienen numerosas vulnerabilidades y aún no se aprecia que se logre revertir de manera significativa la situación. En nuestro país están ocurriendo sucesos trascendentales que obligan, sin dilaciones ni dudas, a actuar de inmediato. Adoptada la acertada y estratégica decisión de que se realicen cambios en los cargos de primer nivel cada una decena de años y luego de 50 años bajo la dirección de los líderes históricos de la Revolución, se aproxima la renovación generacional; de igual modo, el pasado 17 de diciembre se inició el proceso para restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y, como han señalado sus voceros, el asedio contra la Revolución se concentrará en las vías de la subversión política; al unísono se desarrollan otras acciones medulares como las de estimular la inversión extranjera y la aprobación de la apertura de pequeños negocios privados, se trabaja en la unificación de las dos monedas, al tiempo que se labora en el acelerado incremento del turismo. Estas acciones con certeza propiciarán el desarrollo de la economía cubana, pero de igual modo crearán un panorama social, económico y político mucho más complejo.

En el proceso de crear un socialismo cada vez más Democrático y de Derecho, única forma de garantizar la continuidad de la Revolución (responsabilidad que por el acontecer histórico le corresponde cumplir a una nueva generación), el tema de la corrupción solo puede ser concebido revolucionando nuestros objetivos y procedimientos y así, expresarlos con  la mayor claridad posible en las modificaciones que se propondrán a la Carta Magna. Esta lucha no puede circunscribirse a la labor de algunas instituciones, hay argumentos suficientes para que la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) elabore un programa institucional e integral que adopte la forma de proyecto de Ley, para imbricar de forma sistémica al pueblo y a todas las instituciones del Estado y el Gobierno. La Contraloría es y debe ser la institución responsabilizada ante las máximas autoridades y la población, en velar por el cumplimiento de esta Ley.

La nueva Constitución y la (posible) Ley Institucional de enfrentamiento a la corrupción, como es usual deberán ser debatidas, enriquecidas y aprobadas por la población. No podemos dejar de señalar la indispensable actualización del Código Penal, para que esta legislación se ponga a tono con la lucha contra la corrupción, así como es tarea a priorizar el justo y necesario fortalecimiento de los Tribunales, la Fiscalía y la Policía. No se requiere justificar la jerarquización para afrontar de todas las maneras posibles el lavado de dinero y el narcotráfico, e impedir que crezcan y se organicen en nuestro país por su enorme poder de corrupción. Otra de las ideas indispensables a considerar en la Ley Institucional de enfrentamiento a la corrupción (y de su Reglamento), sería la de determinar el decisivo papel que jugarían los trabajadores en los centros de trabajo, la población en las cuadras, y las organizaciones de masas y sociales, así como el rol a desempeñar por los medios periodísticos en cuanto a criticar y divulgar los hechos de corrupción; uno de los aspectos a incluir sería el de definir las vías para las quejas y denuncias de la población comenzando con la creación de un sitio WEB nacional abierto a la población, y en cada organismo central del estado y en los diferentes niveles, sin olvidar la recepción de las cartas por correo y las llamadas telefónicas, y lo de regular el consiguiente e inexcusable proceso de investigación y respuesta.

Se deben estudiar los planes de otros países contra la corrupción (casi siempre fallidos) que ofrecen importantes opciones a aplicar en Cuba, por ejemplo, la declaración oficial de los patrimonios personales y familiares de los servidores públicos y su información pública antes de ocupar el cargo y al finalizar en sus funciones; la creación de un fondo de viviendas de protocolo, propiedad del Estado para que sean ocupadas oficialmente por los funcionarios del primer nivel al ser designados en elevados cargos y solo mientras se desempeñen como tales, pues entonces pasarían a ser ocupadas por los funcionarios  que los sustituyen; el control de manifestaciones de nepotismo y la definición de las instancias en cada nivel que velarán, revisarán y aprobarán o no, los procesos de los hijos y familiares cercanos de los altos funcionarios en  activo, para optar por plazas de elevadas responsabilidades y/o sustanciosos ingresos financieros. Se debía estudiar el instituir los exámenes por oposición y su previa divulgación pública para optar por cargos de funcionarios en la administración pública, velando por la limpieza de los pasos que se ejecuten para ello. La aplicación de este programa conllevaría también la obligación de organizar un sistema informatizado de control y chequeo sistemático a nivel nacional para velar por su cumplimiento.

Otros aspectos a tener en cuenta serían la actualización de los Códigos de ética, así como de las Normas que regulan los procesos de firma de contratos de inversiones, las licitaciones, los estudios de mercado que preceden a las operaciones de compras de productos, y otros que nuestras administraciones ejecutan en su práctica diaria en Cuba y en el extranjero y que en no pocas ocasiones han sido violados (no se debe dejar en el tintero las disposiciones para fiscalizarlas sistemáticamente). Con el objetivo de darle un sentido armónico a este gran propósito es determinante la participación de los dos Ministerios de Educación, e incluir como disciplina el tema del enfrentamiento contra la corrupción en los programas docentes por su significado estratégico en la educación de los niños, jóvenes y el pueblo. 
Hay criterios de que parte de la solución para impedir la continuidad de las anomalías conocidas en el sector del magisterio, radica en hacer participar a los padres y para ello se deben crear, lograr que funcionen y elevar la autoridad de los Consejos de padres, los que además de ocuparse conjuntamente con el claustro de profesores del rendimiento académico de los alumnos, la calidad de la enseñanza, la disciplina y la cooperación con el centro escolar, contribuirían a velar por la ética y la lucha contra todo tipo de irregularidades.

Otros primordiales aspectos a considerar serían la reorganización total del criticado sistema de inspectores a todos los niveles, que incluye la selección, verificación, evaluación y capacitación, la asignación de salarios que se correspondan con sus labores y el establecer los mecanismos de control sistemático y contra chequeo para garantizar la depuración permanente de los deshonestos (aplicar el principio de que todo el que inspecciona debe a su vez ser objeto de chequeo); la solución de una vez por todas del serio y viejo problema de la falta de especialistas en contabilidad, con la elevación de sus ingresos, autoridad y capacidades técnicas; el imperioso fortalecimiento, en todos los sentidos, de los asesores legales que prestan servicios a las empresas; y la continuación de los planes de formación y superación de los cuadros en contenidos de economía, contabilidad y leyes.

 Un tema que reviste una gran importancia y está previsto para cuando se eleve sustancialmente el salario de los trabajadores es, además, el de aumentar de manera adecuada el de los altos funcionarios y directores de empresas, lo que les permitiría vivir en base a sus ingresos acorde con sus significativas responsabilidades. De esta forma los estimularemos y se les podrá exigir con mayor energía que cumplan con eficiencia sus labores, a lo que acompañará la prohibición legal de las llamadas “gratuidades” y el uso indebido de recursos estatales tan comunes hoy.

 Es esencial el uso de las Ciencias Sociales para realizar investigaciones y sugerencias sobre estas problemáticas, valorar los resultados de la aplicación de las medidas que se acuerden, así como de su posterior seguimiento. Muchos consideran que se requiere pasar a una etapa de mayor severidad en cuanto la aplicación de la Ley de Control Interno y reclamarles a las direcciones de organismos y empresas incumplidoras que deben solucionar en plazos determinados las deficiencias que les son señaladas de manera reiterada años tras año. En la generalización en todo el país de la útil  experiencia aplicada en Artemisa y Mayabeque de concentrar a las diferentes oficinas administrativas que prestan servicios de trámites, se requerirá el examen previo y la revisión a fondo de las plantillas de algunos de esos organismos dadas sus negativas prácticas ampliamente conocidas por el pueblo.

 El Estado cubano ha expuesto que mantendrá el control de las grandes empresas, el comercio exterior, las inversiones extranjeras y el comercio mayorista (se ha informado públicamente el interés de desarrollar el mercado mayorista en asociación con empresas extranjeras), por la importancia estratégica de estos sectores económicos se necesitará reforzarlos con los más capaces y honestos cuadros e instituir un  férreo control contable y organizativo para evitar que se extienda en ellos la corrupción. Por otra parte, es sabido que en ningún país del orbe se logra impedir el hurto en los comercios minoristas: las grandes cadenas, calculan estas pérdidas y las cargan a los precios a los clientes. En Cuba se transita por la transformación de los comercios minoristas en cooperativas (estas son la mejor solución socialista a este problema). Esperamos que cuando se organicen los comercios mayoristas también se conviertan en cooperativas las tiendas en CUC, las farmacias, los restaurantes y bares en divisas, y las gasolineras. Queda pendiente la crítica situación de las panaderías, bodegas y carnicerías, debido al papel que juegan en relación a la libreta de abastecimiento a la población.

Una segunda tarea que complementa la anterior consiste en el traspaso (en arrendamiento) de las más pequeñas unidades a sus propios trabajadores. Estas dos medidas liberarán al Estado del enmarañado problema de administrar miles de medianos y pequeños negocios, lo que deberá mejorar la calidad del servicio que prestan y eliminarán este tipo de hurtos que perjudica a la economía del país y a la población. Esta nueva situación no exime a estudiar el tema de la defensa del consumidor, es algo que se requiere hacerlo y hacerlo bien en el futuro. Existen manifestaciones de ilegalidades de otro tipo, que degradan y corrompen al pueblo como son el juego de bolita y las peleas de gallos y perros en las que se apuesta dinero. Son transgresiones de la ley muy difíciles de erradicar. Por su carácter contribuyen a estimular peligrosas tendencias marginales en algunos segmentos sociales, por lo que es una necesidad luchar contra ellas y evitar que ante la vista de todos sigan proliferando.

Sería imprescindible que cada institución nacional analizara con profundidad aquellas disposiciones legales o administrativas que provocan ilegalidades y corrupción por ser ilógicas o debido a la imposibilidad de hacerlas cumplir. Pueden ser ejemplo de ello, las prohibiciones (ya suprimidas) de la venta de las viviendas y autos por sus propietarios, o la compra de celulares. Otro caso menor que sirve de muestra, ha sido la venta de piezas de repuesto para los autos. Para las entidades estatales se fijaba un precio, en cambio a los propietarios particulares se les imponía uno superior, lo que se convirtió de inmediato en fuente de corrupción.  Existen opiniones sobre la instrucción que prohíbe la entrada en el país de ropa y otros productos que precisa la población. Es sabido que esta disposición ha sido continuamente violada y que es causa de corrupción. En este caso, tal vez la solución sea el determinar el pago de la sobrecarga por el viajero.

En consonancia con las acciones que se adopten sería preciso, con vistas a comenzar el próximo quinquenio, actualizar y uniformar los métodos y los mecanismos de cómo se realizarán en cada nivel los nuevos procesos de selección, verificación, evaluación, ratificación, promoción y sustitución de los cuadros, funcionarios y gerentes, para evitar el mantener o promover a los corruptos y garantizar la transparencia y la pureza de los que ocuparán esos cargos en esa casi ya inmediata y trascendental etapa.

Es válido recordar que el Che en una ocasión señaló que los cuadros corruptos podían ser sustituidos, pero había que preservar en primer lugar la honestidad de los trabajadores. Es conocida la formulación de Carlos Marx  «El hombre piensa como vive». La conciencia social está determinada por las condiciones económico-materiales de la sociedad. Es imprescindible insistir en que el hombre requiere satisfacer las necesidades esenciales de su familia y las propias para resguardar su virtud y su dignidad, y rechazar las incitaciones que ofrece la corrupción [2].

No podemos permitir que la corrupción se amplíe y forme un sólido estamento que daría al traste con la Revolución. Los que se han acostumbrado a beneficiarse de las ilegalidades, nunca apoyarán nuevos mecanismos de control y tratarán de frenar con argucias de disímiles formas, cualquier esfuerzo dirigido a la adopción de medidas para enfrentar la corrupción [3]. El momento es el de exigir la actuación honesta de los servidores del Estado, el de instituir la participación popular en este empeño, el de terminar de crear un orden basado en el derecho y elevar la conciencia jurídica de la población, el de aplicar la pauta moral de que ante la ley todos somos iguales.

 Cuba socialista, por sus impares condiciones, quizás sea uno de los pocos países del mundo que puede ganar este desafío, solo si  reorganiza todas sus fuerzas, se apoya en las reservas morales existentes, en los funcionarios honestos y desarrolla una interactiva labor concientizadora sobre este tema. Debemos actuar ahora, mañana sería tarde.

NOTAS:

[1] El mejor ejemplo se aprecia en la desaparición de la URSS. La nación que tuvo el extraordinario mérito de realizar la gran revolución de Octubre, derrotar al fascismo alemán y alcanzar enormes logros y conquistas se desmoronó. Su socialismo Estatal, no resistió el empuje de la alianza del burocratismo corrupto y oportunista en contubernio con la subversión política.
[2] Solo el desarrollo de la economía socialista permitirá en el futuro elevar el nivel de vida de los cubanos, pero existe un criterio general que en las condiciones actuales la rebaja de los precios de las mercancías, especialmente las que se venden en CUC, y los producidos por la agricultura, y una mayor subvención por parte del Estado de algunos de los productos agrícolas e industriales que forman parte esencial de la canasta familiar, contribuiría a paliar las severas dificultades económicas de gran parte de la población.
[3] «En 2012, cuando la dirección del Partido Comunista Chino propuso implantar en el país un sistema para hacer pública la información sobre bienes de los funcionarios y controlar la objetividad de esos datos, contra esa propuesta votó el 98,7%, casi todos los delegados de la Asamblea del Pueblo de toda China. Eran esos los "datos primarios", al momento de encabezar la nación el Presidente chino Xi (Jinping). La magnitud de la amenaza exigía una respuesta a gran escala, y no se hizo esperar » según Ígor Pankratienko,en su artículo China: la gran depuración, de la publicación rusa Stolietie del 6 de mayo de 2015.
*Ernesto Escobar Soto. Escritor y periodista. Es autor de la novela El largo regreso de José publicada por la editorial Letras Cubanas en 2014.

martes, 29 de julio de 2014

Cultura de la honradez o La carga necesaria

Por Luis Toledo Sande*

 

En 1973, en su discurso del acto central con que se honraron los sucesos ocurridos en Santiago de Cuba y Bayamo el 26 de julio veinte años atrás, Fidel Castro, guía de aquellos hechos y de la Revolución desatada con ellos, exclamó antes del Patria o Muerte final: “Desde aquí te decimos, Rubén: el 26 de Julio fue la carga que tú pedías”. Acababa de citar el “Mensaje lírico civil” de Martínez Villena, un texto enlace de la dignidad de la poesía y la civilidad por la cual la vanguardia del pueblo cubano había combatido durante décadas, y que seguía quebrantada. Ejemplo él mismo de la lucha revolucionaria, el autor del “Mensaje” proclamó en los versos citados: “Hace falta una carga para matar bribones, / para acabar la obra de las revoluciones”, y tenía en mente un fin mayor: “para que la República se mantenga de sí, / para cumplir el sueño de mármol de Martí”.

Los actos armados de 1953 fueron el brote ígneo de una nueva etapa de insurgencia para  transformar una realidad nacional que negaba las aspiraciones de los fundadores de la patria. Era contraria en especial a los ideales del José Martí que había abrazado como brújula el afán de que la ley primera de la república buscada fuera “el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, declaración en la cual el sentido del propio legado martiano autorizaría a sustituir hombre por ser humano, para conjurar la herencia patriarcal.

Sería un grueso acto de ignorancia, o de invidencia voluntaria, desconocer lo hecho por la Revolución Cubana para abonar la aspiración rectora que Martí legó a nuestra Constitución vigente y, aún más, a la necesaria cultura de funcionamiento social afincada en la ética como baluarte de la civilidad y la ley. Y sería un suicidio nacional menospreciar esos valores porque hayamos satanizado el concepto de república al identificar estrechamente con él a la Cuba que existió de 1902 a 1958, cuyas calamidades tampoco autorizan a subvalorar los ímpetus revolucionarios vividos en esa etapa. Entre ellos se ubican los que desde 1953 protagonizó la vanguardia de la generación del centenario martiano.

Soslayar la importancia de la ética y de la civilidad republicana nos haría cómplices de una realidad ante la cual el propio guía histórico de la Revolución expresó el 17 de noviembre de 2005: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”. Puso por encima de la hostilidad que “ellos”, los enemigos, han lanzado contra la Revolución desde el exterior, los males que pueden minarla desde dentro, y ninguno es más letal que la corrupción, crecida en el desorden y la indisciplina.

Tampoco puede Cuba permitirse autocomplacencia alguna por el hecho de que los índices de la corrupción que hay en ella puedan ser o parecer irrisorios comparados con la que prima en otros lares del mundo. Para ella cualquier grado de corrupción es grave, porque resulta medularmente incompatible con el proyecto de justicia social con que está responsabilizada como aspiración.

No es casual que el discurso pronunciado por Fidel Castro en noviembre de 2005, lo recordara de manera explícita y perentoria el general de ejército Raúl Castro ante la Asamblea Nacional del Poder Popular el 7 de julio de 2013. A despecho de normas de silencio que pudieran estimarse buenas, no se detuvo por previsibles usos que haría de sus palabras “la gran prensa internacional, especializada en denigrar a Cuba y someterla a un frenético escrutinio”, con campañas que no se detendrán por muy prudente que sea la prensa revolucionaria, cuya “discreción” puede equivaler al incumplimiento de su tarea.

Sin ignorar riesgos, el dirigente puntualizó que seguía una razón fundamental: “no debemos restringirnos” cuando es necesario “debatir con toda crudeza la realidad, si lo que nos motiva es el más firme propósito de rebasar el ambiente de indisciplina que se ha arraigado en nuestra sociedad y ocasiona daños morales y materiales nada despreciables”. Y añadió: “Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de veinte años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.

En ese punto citó el discurso de Fidel de 2005 y enumeró problemas cuya erradicación urge, empezando por el hecho de que “una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado”. Sería útil saber qué porciento de la sociedad integra la parte que considera normal hurtarle al Estado, como se denomina comúnmente el saqueo de la propiedad social, con la que, para cuidarla y administrarla, están responsabilizados los organismos estatales, y el Estado mismo, que no es propietario. Quizás la connivencia se haya generalizado en el cuerpo social por los caminos de la llamada pequeña corrupción cotidiana.

Por esos vericuetos se entroniza una cultura de la tolerancia y la complicidad opuesta desde la raíz a la cultura de la honradez, necesaria para que la propiedad social funcione como es debido y los valores justicieros ocupen el lugar y desempeñen el papel activo que les corresponden. No cabe responsabilizar por completo del mal a las penurias que el pueblo viene sufriendo como consecuencia del encarnizado bloqueo imperialista, en primer lugar, y, también, del insuficiente trabajo y la ineficiencia en la administración de los recursos. Ver como causa única las penurias aludidas sería desentenderse de un hecho que debe hacernos reflexionar, no solo para conocerlo, sino para actuar mejor: no será exagerado ni irresponsable afirmar que en Cuba parece haberse perdido aquella cultura de la decencia popular que hacía a los humildes decir de sí mismos con orgullo: “pobres, pero honrados”.

Quien no olvide que el lenguaje es la expresión material del pensamiento, dará justa importancia a un hecho en el cual no será impertinente insistir: las palabras decencia y decente se perciben en retirada, si no olvidadas ya, mientras que, en la otra cara de la moneda, robar se suplanta por luchar, resolver y otros eufemismos. Las calamidades no se dan solas, aisladas: minan a la sociedad en su conjunto, y así la prostitución —que en sus versiones actuales quizás tenga más bases en el quebranto de la familia y en el desorden social desde edades tempranas que en la precariedad económica— ha dado lugar a términos como jinetera y jineterismo, y dejemos el punto ahí para olvidar que alguna vez a las jineteras hubo quienes las llamaron mambisas, por su condición de “luchadoras”.

Claro, es “moralmente” más cómodo comprar artículos diversos —alimentos, piezas de repuesto, ropa, calzado, cosméticos…—, y dialogar con esas personas si las llamamos luchadores y jineteras que si les decimos ladrones y prostitutas. Pero no es cuestión de vocablos, sino de normas de comportamiento y convivencia, y resulta imprescindible conocer las raíces, para tratar de limpiar de esas yerbas el país.
Probablemente parte de esas raíces se hundan en el llamado igualitarismo, no visto como aspiración que no se ha alcanzado plenamente ni en los socializados servicios funerarios, sino como fruto de prácticas y nociones que han llevado a confundir al pueblo con el lumpen. En su discurso citado, Raúl Castro señaló: “Conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar, han venido incorporándose al actuar de no pocos ciudadanos, con independencia de su nivel educacional o edad”.

Conceptos como centro y marginalidad son dinámicos, y sus connotaciones se mueven. En estas líneas no se pretende analizar a fondo el hecho de que, si uno sale por sus medios, como un paisano más, y recorre las calles de una ciudad como La Habana a pie o haciendo uso del transporte público, puede percatarse de que, a menudo, en el centro activo se ve a la chusma, y, como arrinconadas, a las personas decentes. Y un aliado natural de esa chusma son los delincuentes de cuello blanco que hasta la usan como intermediaria en el trasiego comercial —clandestino, se dice, pero con alta eficiencia— de artículos sustraídos de almacenes cuya administración se les ha confiado a ellos, o a ellas.

La chabacanería es ostentosa; pero cabe conjeturar que el núcleo duro del desorden se hallará en el manejo turbio de la propiedad social. Y quizás ese nocivo torcimiento se afinque, mucho más que en el mal entendido igualitarismo, en la vulneración de la igualdad, de la honradez con que debe ejercer su papel quien administre no un emporio privado —cuyos dueños harán todo lo posible y lo imposible para que no les roben—, sino quienes asuman la tarea de administrar, en representación del Estado, bienes públicos.

Por eso hay razones más que suficientes para alarmarse ante alguna tendencia que asoma a pedir piedad, o falta de vigilancia, para funcionarios públicos que “luchan”. En apoyo de esa tendencia se dice que nadie quiere dirigir, y que no está bien que la población ponga ojos vigilantes, de antemano, sobre quienes acepten hacerlo. Muchos no querrán ocupar cargos de dirección, pero no faltarán, ni escasearán, quienes compitan con el macao para mantenerse en su concha. Si lo hacen para defender causas justas, merecen ser felicitados; pero si los guía el propósito de mantener ventajas materiales no siempre bien habidas, toda vigilancia será poca. 

Nadie tiene derechos especiales sobre los bienes de la patria, que van desde el pago del transporte hasta las mayores empresas, y pasan por la información.
Difícilmente lo que le haya hecho mal al país sea el exceso de control eficaz. Lo más probable es lo contrario, y no será la fiscalización la fuente de daños que lamentar.

Arduo será probar que se equivoca quien sostenga que el origen mayor de calamidades no está en descubrir deformaciones, sino en que estas se den y, al darse, muestren cómo personas llamadas a representar el orden y la honradez acumulan beneficios inmorales, nómbrese como se nombre la causa legal que se les siga cuando se descubren sus manejos. El intento de desterrar el igualitarismo mal asumido no debe conducirnos a olvidar que quien, en Cuba, acepte dirigir o administrar recursos de propiedad social, no debe aspirar a las ventajas materiales que logra un negociante exitoso en un país capitalista.

La brújula no debe descuidarse, sino todo lo contrario, porque la realidad se haga más compleja en la medida en que las formas de propiedad se diversifiquen y se interconecten. En ese entorno serán mayores los peligros; pero únicamente la legalidad, establecida claramente y aplicada con el debido rigor a partir de la Constitución, y una conciencia ciudadana cultivada con esmero, podrán poner freno a irregularidades y delitos que hacen peligrar no solo a la economía de la nación, sino a la propia sobrevivencia de esta frente a los desafíos que la asedian por fuera y por dentro. Si se da alguna contradicción entre la ética y la ley, habrá que revisar y replantearse la segunda.

En los rejuegos terminológicos promovidos por adalides de la desideologización, no es imposible oír que se desapruebe, como supuesta maniobra deslegitimadora, la aplicación del calificativo de bandidos con que se bautizó a los alzados contrarrevolucionarios que intentaron derrocar a la Revolución armados por el imperio. De hecho eran bandidos: integraban bandas. Pero está sobre el tapete algo más que un aséptico deslinde etimológico. Se trata de saber quiénes son los enemigos del pueblo.

Si aquellos bandidos sobresalieron entonces entre los enemigos de la Revolución, popular desde sus cimientos, hoy la ponen en peligro —con mayores posibilidades de éxito quizás, puesto que no forman bandas aisladas y pueden confundirse, o se confunden, con el resto de la sociedad— los que medran con la corrupción y propician que ésta se generalice. Hay que afinar la puntería en cuanta medida se aplique para no darles cuartel. Urge impedir que las normas, lejos de poner coto a los delincuentes —dicho sea en el sentido más etimológico de la palabra, aplicable a quien viola la ley—, genere más restricciones que, en vez de favorecer la productividad, ofrezcan asideros y trillos para las infracciones y, por tanto, para la corrupción, con la cual colaboran los burócratas de la inercia y las trabas.

No hay mecanismo infalible, pero cada ley, cada control, cada declaración jurada de contribuyente o funcionario, cuanto se haga en ese terreno, debe combinar prevención y pulso educativo, y la represión que sea justo y menester aplicar. Sigue siendo necesaria una carga contra los bribones, para perfeccionar la obra de la Revolución que barrió “la costra tenaz del coloniaje”, y para que no se vuelvan inútiles “en humillante suerte, / el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte”. Continúa en pie el reclamo de una meta mayor: “para que la República se mantenga de sí, / para cumplir el sueño de mármol de Martí”. Sólo así se le rendirá a Rubén Martínez Villena el mejor tributo a su memoria.

*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia.     Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.

lunes, 23 de junio de 2014

Un tesoro en el que nos va la vida


Cuando era niño y recién había aprendido a leer me detenía ante todo lo que me encontraba por la calle que tuviera letras. En la medida en que crecemos uno va perdiendo esa costumbre, pero desde entonces hay un cartel que no ha dejado de llamarme la atención. Está a la entrada del hospital habanero Calixto García con una frase del Che: “Vale, pero millones de veces más, la vida de un solo ser humano, que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra”.

A lo largo de los años, el cartel ha cambiado de formato pero el texto sigue siendo el mismo. En su versión más reciente, las imágenes de Fidel y el Che escoltan las palabras pronunciadas por el Comandante Ernesto Guevara el 20 de agosto de 1960 en la inauguración de un “curso de adoctrinamiento” organizado por el Ministerio de Salud Pública de Cuba. Entiendo aquí “adoctrinamiento”, no en el sentido peyorativo con el que suele utilizarse el término, sino en el de divulgación de una doctrina que —como explica el Che en ese discurso — antepone la solidaridad a la caridad. Reconoce el médico devenido combatiente, dirigente político y ministro que hasta entonces los médicos se han acercado al pueblo “practicando la caridad, y lo que nosotros tenemos que practicar hoy, es la solidaridad”. Decía el Che:

“…la Revolución hoy exige que se aprenda, exige que se comprenda bien que mucho más importante que una retribución buena, es el orgullo de servir al prójimo, que mucho más definitivo, mucho más perenne que todo el oro que se pueda acumular, es la gratitud de un pueblo. Y cada médico, en el círculo de su acción, puede y debe acumular este preciado tesoro, que es el de la gratitud del pueblo”.

A pesar de deficiencias y obstáculos ese tesoro está vivo. Por razones de salud de uno de mis hijos y mi madre he visitado en las últimas semanas cuerpos de guardia de hospitales cubanos en horas incómodas. El médico atento, las pruebas radiológicas y los análisis clínicos rápidos, los medicamentos suministrados con oportunidad, las ambulancias llegando y partiendo en función de salvar vidas fue lo que viví.

Los médicos son un ejemplo de la lealtad de no pocos cubanos a esa concepción solidaria. Aún cuando durante las dos últimas décadas la retribución de su labor no haya sido buena, la mayoría de ellos, como también muchos deportistas, entrenadores, maestros, científicos, han permanecido en sus puestos y rechazado ofertas de abandonar el compromiso con el prójimo. El desarrollo en el tiempo de una concepción que coloca al ser humano en el centro de las decisiones llevó en Cuba a la creación de un tejido que, integrando organizaciones comunitarias como los Comités de Defensa de la Revolución y la Federación de Mujeres Cubanas, instituciones de salud como el Médico de la Familia y el delegado del Poder Popular, convierten a la sociedad cubana en la mejor preparada para evitar fenómenos que inundan las ciudades latinoamericanas y del Tercer Mundo. Allí abunda el trabajo infantil, la pernoctación callejera, la represión policial a lo que suele llamarse “la cultura de la pobreza” que ya se ha vuelto endémica en nuestros países muchas veces con su carga de violencia y drogadicción.

Es también ese tejido social cubano el que ha permitido al liderazgo revolucionario afirmar reiteradamente, desde que comenzaron los cambios socioeconómicos impulsados al calor de la aplicación de los Lineamientos económicos y sociales, que nadie quedará abandonado. Si en el capitalismo los pobres venden su sangre y sus órganos, y ya hasta las mujeres pobres alquilan sus úteros para que los ricos se ahorren esos menesteres, en Cuba aspiramos a que eso no ocurra jamás.

La presencia en algunas zonas céntricas de la capital, y otras del país, de fenómenos que prácticamente desaparecieron del paisaje cubano con la Revolución, como la mendicidad y el “buceo” en los depósitos de basura, no puede ser vista con indiferencia ciudadana e inercia institucional. Y detrás de las condiciones para que ocurran hay algún vacío en la articulación concreta de ese tejido social para con cualquiera de esos cubanos y cubanas que primero que todo son hijos de la Revolución aunque muchas veces sus familias les hayan dado la espalda. Con el mismo empeño que se salva la vida de cualquier hombre o mujer sin preguntar si tiene o no cuenta bancaria, hay que evitar el daño progresivo a la dignidad individual y colectiva que puede suponer que uno solo de los seres humanos que habita en esta isla asegure su existencia desde una situación así.

Por supuesto, esos vacíos son utilizados propagandísticamente para poner en entredicho la voluntad de no permitir el abandono de un solo cubano y cuestionar la efectividad del conjunto de organizaciones e instituciones que el país ha creado desde 1959 para concretar su doctrina solidaria. Como hace el corresponsal extranjero que desde la comodidad que le brindan sus ingresos en euros se erige en voz de los afectados, generaliza la situación descrita arriba como la de “los ancianos” en Cuba y termina diciendo “las campanas que hoy suenan por ellos sonarán, tarde o temprano, por cada uno de nosotros”, luego de citar a un cubanólogo que ha hecho carrera intentando demostrar la inviabilidad de la Revolución. En Cuba existen un millón 700 mil jubilados, cuyas pensiones —en palabras del Presidente Raúl Castro— “son reducidas e insuficientes para enfrentar el costo de la canasta de bienes y servicios” pero si la generalización que hace el corresponsal fuera cierta tendríamos casi dos millones de mendigos. Mucho más cerca de la verdad está la “Carta abierta sobre Cuba” de Pablo González Casanova:

“Es bien sabido. En Cuba todos los niños y jóvenes en edad de aprender tienen escuelas, universidades e institutos, todos los enfermos médicos, medicinas y hospitales, todos los trabajadores empleo, y los ancianos asistencia… Es cierto que uso aquí la palabra “todos” como la definió García Márquez, como el 80% o más de la población, o mucho más, con limitaciones de que se encargarían los cubanos si en la práctica los hubierais dejado cumplir con vuestros buenos deseos”.

Sin embargo, lo doloroso es que oportunismos y manipulaciones puedan encontrar algún asidero y causa en nuestra realidad. Si una empresa ingresa millones de dólares reciclando materia prima y provoca de manera indirecta pero creciente que un grupo de personas —no solo ancianos— arriesgue su salud hurgando en los desechos en busca de aluminio, plástico, cristal y cartón, en el socialismo próspero y sostenible al que aspiramos tal empresa debería ser responsable de organizar la entrega segura de esos desechos a esas personas por los establecimientos gastronómicos y comerciales que los generan antes de que lleguen a los contenedores de basura.

Suministrarles a un precio en relación con sus ingresos medios de protección, ropa e instrumentos de trabajo y transporte, conveniar con las organizaciones de la comunidad lugares para entregarlos, como antes ocurría en las farmacias con los frascos de medicamentos, sería una vía entre muchas posibles.

Se ha explicado, con toda razón, que no podemos elevar salarios y pensiones sin aumentar la productividad y crear riqueza, pero lo que no debería ocurrir en una sociedad como la nuestra es que alguien gane dinero convirtiendo en normal y frecuente que seres humanos hurguen entre lo que otros desechan, mientras ponen en peligro su salud y la de la comunidad, y verlos regresar a los inicios del homo sapiens machucando en plena calle latas de cerveza y refresco con una piedra. Como planteó el Che, la salud y la dignidad de uno solo de ellos vale mucho más que todo lo que pueda recaudarse con eso. Por ese peligroso camino, mañana nos podría parecer normal que entre quienes hagan esa labor haya niños y pasado que esos niños duerman en las calles como ocurre en casi todos los países “normales”.

Otra cosa es el fomento al vandalismo que provoca aceptar cualquier cosa como materia prima, que en ciudades como Santa Clara —según escuché en un reportaje radial— ha llevado a que la búsqueda de aluminio y bronce a cualquier costo deje sin identificación calles y casas. A pesar de lo que declaró un empresario al diario Granma, explicando por qué su entidad estuvo quince años contaminando las aguas del río Cuyaguateje, en el socialismo el mercado no “es quien dice la última palabra”.

El mercado es en el socialismo, como lo definen los Lineamientos, un instrumento que puede ser muy útil, pero nunca el sustituto de la política ni de la acción social. A mediados de la década de 1960, en su libro Capitalismo y libertad, el fundador del neoliberalismo, Milton Friedman, confesó la relación entre mercado y política:

“Cuanto más amplio sea el uso del mercado, menor será el número de cuestiones en las que se requieren decisiones expresamente políticas y, por tanto, en las que es necesario alcanzar un acuerdo”.

¿Diremos en Cuba adiós a la movilización política para la promoción de una cultura del reciclaje y la salud? ¿No hacen falta ya acuerdos entre los CDR, la Organización de Pioneros y la Empresa de de Recuperación de Materias Primas? ¿Todo lo resolverá el mercado? ¿Dejamos sólo a las Direcciones de Servicios de Comunales el cuidado del ornato público y la higiene colectiva? Basta asomarse al paisaje sucio y enyerbado que ofrecen no pocas esquinas de La Habana para ver lo bien que nos va.

Como afirmó Raúl en un Consejo de Ministros “no es perfecto lo que hacemos, a veces nos falta experiencia en algunos temas y cometemos errores, por eso cada asunto tiene que estar sometido constantemente a las observaciones críticas”. Los mecanismos solos no resuelven los problemas, es necesaria la actuación comprometida de las personas y la regulación que evite a tiempo distorsiones y efectos indeseados. La insistencia de Fidel, durante el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, en que no son los mecanismos los que construirán el socialismo está hoy —a mi juicio— más vigente que nunca. Se necesita una nueva mentalidad, cambiar y crear mecanismos, pero sin abandonar algo que nos ha traído victoriosos hasta aquí: la educación, participación solidaria y acción consciente del pueblo. A eso llamó en aquellos años Raúl con su enérgico “Sí se puede” que permitió atravesar lo más duro del llamado Período Especial con muchas carencias, pero sin que el paisaje urbano se poblara de lo que llamamos indisciplina social y que no es más que la actuación en parte de nuestra cotidianidad de la ley de la selva propia del capitalismo subdesarrollado.

En aquellas sociedades se maneja con represión y a veces con algo de caridad lo que no puede tener solución en los marcos de ese sistema. En el socialismo estamos obligados a solucionarlo con la solidaridad, la participación y la educación, que no excluye en última instancia la coerción basada en la legalidad y el trato humanista, hurgando primero que todo en las causas del problema. Porque como reconoció en el Encuentro Eclesial Cubano la Iglesia Católica, en lo que el reverendo Raúl Suárez califica como su mejor documento desde 1959: “La sociedad socialista nos ha enseñado a dar por justicia lo que antes dábamos por caridad”.

Precisamente, en los días del proceso de rectificación —ante el escepticismo de unos y la duda de otros— andaba Fidel prometiendo que Cuba sería una potencia médica e impulsando en medio de escaseces la biotecnología al servicio de nuestro pueblo. A los que reniegan de Fidel y sus ideas y los presentan a él y al Che como responsables de nuestras carencias económicas, vale recordarles que esa concepción humanista y solidaria de la medicina -que hace a los médicos cubanos ir a donde muy pocos de sus colegas de otros países han puesto un pie y tratar a cualquier persona como un igual- es la que le reporta hoy al país su mayor ingreso por exportaciones, 8 200 millones de dólares este año, según se informó a raíz del aumento salarial a los trabajadores de la salud.

Es también su visión de la formación masiva de profesionales —procedentes de los sectores más humildes del pueblo— en todas las ramas la que permite hoy que Cuba pueda proponerse atraer la inversión extranjera en condiciones más ventajosas que cualquier otro país de nuestro entorno.

Como pidió el Che, la Revolución pintó la Universidad de negro, de mulato, de obrero y de campesino. El hecho de que mediante el fraude, como viene evidenciándose en los últimos años, algunos quieran volver a pintar la Universidad del color del dinero no es un síntoma aislado sino prueba de la emergencia de quienes piensan que todo puede tener un precio, incluyendo la sanidad y la educación. Es el mismo espíritu actuando en realidades distintas el del que vende lo que tiene a mano, ya sea un examen, una gestión pública o alcohol metílico, poniendo en peligro la salud ética y hasta la vida misma de sus conciudadanos, y el de quienes en un lenguaje aparentemente cultivado edulcoran el propósito de arrebatarle a nuestro pueblo sus conquistas por invitación de un poder extranjero.

“¡La Revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, solo con el pueblo!”, dijo Raúl el 1ro. de enero en Santiago de Cuba. Permitir que por interés empresarial o personal, por desidia burocrática o insensibilidad política, se pongan en entredicho los valores que nos han traído hasta aquí y que un oportunista lucre en base a ello, cuestionando la lealtad al espíritu fundacional de la Revolución que expuso Fidel en La historia me absolverá, al enseñarnos quién es el pueblo, sería traicionar la gloria que se ha vivido y perder un tesoro que va con el orgullo de ser cubanos. (Publicado en CubAhora)

Tomado de La Pupila Insomne

martes, 9 de octubre de 2012

Cuba: Ciencias penales en sintonía con actualización socioeconómica

Por Joel Michel Varona*

La Habana (PL) Las ciencias penales en Cuba desempeñan hoy su rol enmarcado en el proceso de reordenamiento socioeconómico que adelanta el país, donde se hace necesario garantizar el control y la preservación de la legalidad.


En el recién concluido  efectuado en La Habana, abogados, jueces, fiscales, asesores jurídicos, policías, penitenciaristas, criminalistas y médicos legales debatieron temas que demandan atención; como la lucha contra la corrupción y el delito informático, entre otros.

Al intervenir en la cita, la Contralora Eeneral de la República, Gladys Bejerano, aseguró que la corrupción administrativa puede ocasionarle serios daños al proceso social de la nación antillana, iniciado en 1959, pero la prevención evitaría sus estragos.

Para prevenir la corrupción no se deben admitir actitudes débiles y tolerantes, sencillamente no se puede convivir con la impunidad, subrayó la también vicepresidenta del Consejo de Estado.

Cada uno de los procesos penales debe responder a la investigación, al análisis de las causas y condiciones propiciadoras o facilitadoras de tales manifestaciones negativas, y eso es solo posible si se logra la máxima cooperación e intercambio entre organismos y entes de control, apuntó.

La batalla contra la corrupción para que sea efectiva es necesaria una firme voluntad política del Estado, la demostración de altos valores éticos y el perfeccionamiento constante de las estructuras administrativas, indicó.

El fortalecimiento de los órganos de control interno debe ser cada vez más integral desde la base hasta los niveles superiores, enfatizó la vicepresidenta.

Los auditores -recalcó- juegan un gran papel en la lucha contra la corrupción y ellos tienen que caracterizarse por su imparcialidad, analizando siempre los hechos alejados de cualquier predisposición o preferencias acerca de las personas e identidades.

También -ante un caso- deben anteponer los criterios técnicos y las evidencias, y no otras circunstancias, añadió Bejerano, quien llamó a trabajar apegados al respeto y al cumplimiento de la Constitución de la República.

El gobierno cubano considera el control interno y el enfrentamiento de las ilegalidades y la corrupción componentes claves de la actualización del modelo económico, proceso encaminado a lograr mayor eficiencia y productividad.

La reestructuración del aparato estatal, el fortalecimiento de la empresa socialista, la adecuación de las leyes y el impulso al sector privado en actividades de menos peso estratégico para el país forman parte de las transformaciones en curso, regidas por los lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista, celebrado en abril del 2011.

EL DELITO INFORMÁTICO EN LA MIRA

Sobre el delito informático, el director de Organización y Control de la Oficina de Seguridad de Redes Informáticas del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, Gonzalo García, declaró a Prensa Latina que en la medida en que se informatice la nación, esta dependerá más de cómo funcione la tecnología.

En la actualidad, Cuba es blanco de ataques informáticos al igual que otras naciones, pero el país, -enfatizó- cuenta con las herramientas y conocimientos necesarios para combatir esta modalidad delictiva.

La isla muestra hoy avances en materia de seguridad en comparación con 10 años atrás, pues ahora existe mucha más conciencia y conocimiento de esta actividad, aseguró García a propósito de su participación en el Encuentro Internacional Ciencias Penales 2012.

También -agregó el experto- se perfeccionó la base legal a partir de la resolución 127/2007 del citado Ministerio, la cual puso en vigor el reglamento de seguridad en las tecnologías de la información, el cual es mucho más completo que las normas anteriores.

Nosotros lo hemos palpado, porque además de cumplir una función rectora y reguladora en relación con estas tecnologías, tenemos también la facultad de inspeccionar y, de manera sistemática, estamos monitoreando los diversos organismos de la Administración Central del Estado, expresó.

Una de las pautas a seguir para combatir el delito informático en Cuba es el trabajo en equipo, pues los especialistas deben saber preservar las evidencias, pues a veces con la premura de restablecer el sistema tras un ataque esto las puede dañar, señaló.

Al mismo tiempo -puntualizó García- los profesionales de la ley deben adentrarse en el mundo de las tecnologías pues, de lo contrario, terminan soslayando este apartado y priorizan lo que mejor conocen.

Cuando se intenta sancionar este delito es muy complicado, de ahí que soy de la opinión de agilizar el proyecto que promoverá la tipificación de esta infracción en el Código Penal, indicó el director de Organización y Control de la Oficina de Seguridad de Redes Informáticas.

LUCHA ANTIDROGAS, COMPROMISO RATIFICADO

El foro de Ciencias Penales con sus 300 delegados de 17 países también abordó el tema del narcotráfico y de la importancia de la cooperación internacional para combatirlo.

En referencia a la lucha que libra Cuba contra el flagelo de las drogas, el jefe del Departamento de Cooperación Operacional de la Policía Nacional Revolucionaria, Teniente coronel Yoandry González, recordó que la posición geográfica de Cuba representa una amenaza.

La isla se ubica en medio de las rutas entre los países productores y de tránsito de estupefacientes y su principal mercado, Estados Unidos.

Ante tal amenaza, el gobierno cubano mantiene firme su voluntad política de enfrentar los ilícitos de drogas y otros asociados, a partir de estrategias que buscan un equilibrio entre la prevención y el enfrentamiento, dirigidas a no permitir el uso del territorio nacional para estas actividades, dijo.

González explicó que el sistema de enfrentamiento del Ministerio del Interior de Cuba con la participación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la Aduana General del República reportó 135 hechos relacionados con el narcotráfico y fueron asegurados mil 644 kilogramos durante el primer semestre del 2012.

Destacó que el gobierno invirtió cuantiosos recursos técnicos y humanos para la protección de aproximadamente 123 mil kilómetros cuadrados de mar territorial y aguas interiores, así como la revisión permanente de cinco mil 746 kilómetros de líneas de costas.

El oficial mencionó un incremento de operaciones hacia Cuba, fenómeno asociado en lo fundamental a los altos precios de la comercialización de la droga en el ámbito interno, muy superiores a los existentes en los restantes países del área y al interés de traficantes extranjeros y cubanos radicados en el exterior de buscar nuevos mercados.

A despecho de la situación, no se observaron cambios en el panorama interno en cuanto al tráfico y consumo de drogas, aseguró el Teniente coronel al referirse al escenario de Cuba, país que no es productor, tránsito o destino importante de estupefacientes, pero cuya ubicación geográfica lo obliga a permanecer alerta ante el flagelo.


Fuente Prensa Latina
Vinculados con este tema

lunes, 1 de octubre de 2012

Debatirán en La Habana sobre terrorismo, corrupción y otros temas

Por Ana María Domínguez Cruz

La Fiscalía General de la República celebrará el XI Encuentro Internacional Ciencias Penales 2012 del 2 al 4 de octubre próximos en el Palacio de Convenciones

La prevención y enfrentamiento al tráfico ilegal de drogas y emigrantes, los delitos económicos, el terrorismo y la corrupción son algunos de los temas que se abordarán en el XI Encuentro Internacional Ciencias Penales 2012, que celebrará la Fiscalía General de la República del 2 al 4 de octubre próximos en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Sesiones plenarias, conferencias magistrales, talleres, mesas redondas y ponencias sobre aspectos de interés y actualidad de las diferentes disciplinas penales, guiarán el debate y el intercambio de experiencias entre jueces, asesores jurídicos, fiscales, procuradores, criminalistas, profesores y estudiantes asistentes.

Patricia María Rizo Cabrera, fiscal jefa de la Dirección de Relaciones Internacionales y Colaboración de la Fiscalía General, dijo que la presencia de más de 300 delegados cubanos y extranjeros, de 17 países de Asia, África y América Latina y el Caribe, privilegia este cónclave científico, en el que se debatirá en torno al delito, sus causas y consecuencias y su enfrentamiento, tema de universal importancia.

Momentos trascendentales del evento tendrán lugar el primer día, cuando la contralora general de la República, Gladys Bejerano, ofrezca la conferencia “El sistema de control interno, potencialidades para promover una gestión administrativa eficiente y probada”, y posteriormente el profesor mexicano Eduardo López Betancourt aborde “La corrupción, sus efectos y medidas urgentes”, adelantó Caridad Sabó Herrera, de la Fiscalía General.

“El desarrollo de la criminalística en Cuba”, a cargo del especialista José Antonio Posada; “El trabajo en la escena del crimen”, del doctor Jorge González Pérez, entre otras conferencias, serán también eje central de la cita, coauspiciada por el Tribunal Supremo Popular, la Unión de Juristas de Cuba, la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana y la Junta Directiva Nacional de Bufetes Colectivos.


Tomado deJuventud Rebelde

martes, 26 de junio de 2012

Lo que importa es el cash



Uno, de muchos actos solidarios en el mundo...

La Habana, 25 jun (AIN) Pablo Berti, delegado de Cuba al XX período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, agradeció este lunes el apoyo de la comunidad internacional a los Cinco Héroes de la Isla condenados injustamente en EE.UU.

Destacó la importancia de la solidaridad mundial para conseguir una solución humana, inmediata y definitiva al caso de René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y Gerardo Hernández, quienes brindan al mundo un ejemplo de inquebrantable resistencia.

El diplomático cubano participó en debates interactivos con las relatoras especiales Gabriela Knaul, sobre la independencia de los Magistrados y Abogados, y Rashida Manjoo, sobre la Violencia contra la Mujer, sus Causas y Consecuencias, refiere una nota de Prensa Latina, fechada en esa ciudad de Suiza.

Ante el llamado de Knaul a los fiscales a no ceder a las presiones de la prensa, Berti precisó la gravedad de que fue un Gobierno (el de EE.UU.) quien promovió una campaña mediática contra los acusados e impidió la realización de un juicio justo e imparcial en el caso de estos Héroes.

El Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, incluyó en esa categoría a la efectuada contra Los Cinco, agregó Berti.

Asimismo, el representante cubano denunció la ausencia -en el informe de la Relatora Knaul- de una respuesta de Washington a la carta de alegación de ella sobre el caso.

En diálogo interactivo con Manjoo, el diplomático de la Isla se interesó por las acciones de esta funcionaria a favor de los reclamos de familiares de Los Cinco, en relación con las negativas de visas para Olga Salanueva y Adriana Pérez, esposas de René y Gerardo, respectivamente.

Ambos Héroes, además de Fernando, Ramón y Antonio, fueron arrestados en 1998 en Miami y sometidos a politizado juicio en esa ciudad, concluido en 2001, como resultado del cual recibieron injustificadas condenas, que oscilaron desde 15 años de prisión hasta dos cadenas perpetuas más 15 años.

Los Cinco -como se les conoce en las campañas internacionales de solidaridad- monitoreaban las acciones de grupos terroristas anticubanos radicados en el estado de Florida.

Fuente Agencia Cubana de Noticias


lunes, 10 de mayo de 2010

Jugar con el enemigo o cerrar filas

Por Néstor García Iturbe

aqui-estamos-fidel.jpgAntes de comenzar a escribir lo que intento expresar en este artículo, voy a permitirme situar en el mismo algunas ideas que considero de gran importancia y que deben tomarse en consideración en el análisis que quisiera compartir con ustedes.

En su escrito “Nuestra América”, planteó José Martí, “¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata de las raíces de los Andes. A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tiene fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás”.

El propio Martí en su discurso titulado “Heredia” que pronunció en Hardman Hall, Nueva Cork, dijo que “Ver en calma un crimen, es cometerlo”.  Considero que estas frases de nuestro Héroe Nacional se pueden aplicar a situaciones relacionadas con los momentos en que vivimos.

Algunos compañeros han hecho verdaderas alocuciones relacionadas con la corrupción, el desvío de recursos y otros delitos económicos. Para sustentar sus ideas citan casos de corrupción que recientemente han salido a la luz pública y entonces expresan su criterio en el que aseguran que la corrupción está generalizada y presente en todos los organismos del estado, que hay funcionarios acumulando el dinero que se roban para, al igual que sucedió en los países socialistas, en caso de un “cambio” comprar y hacerse dueños de industrias y otras propiedades. ¿Esto se lo imaginan o conocen casos concretos en que está sucediendo lo que dicen?

Tenemos que luchar contra la corrupción, el desvío de recursos y otros delitos que atacan nuestra economía y no permiten que esta avance a la velocidad y con la fuerza que necesita nuestro Partido, Gobierno y el pueblo en general.

Cada uno de nosotros que conozca un hecho concreto en que esos delitos se ponen de manifiesto, debe plantearlo concretamente, con nombres  y apellidos a las autoridades correspondientes.

A nadie se le ocurre llamar a los bomberos para decir que hay un fuego y colgar el teléfono sin decir donde es el fuego. Que los bomberos averigüen.

El deber  ciudadano no se cumple solo con mencionar el hecho de forma general, donde por utilizar esa forma se involucran también a funcionarios honestos.  Si usted conoce del hecho, denúncielo con todos sus detalles. Recuerde la frase de Martí donde plantea que “Ver en calma un crimen es cometerlo”. Sienta la satisfacción de revolucionario de haber denunciado una acción que estaba atentando contra los intereses de nuestro país. No vacile en hacerlo. Aquí volvemos nuevamente a Martí, en la “Revista Extranjera”, publicada en la Revista Universal de México en abril de 1875, decía “Todas la vacilaciones buscan pretexto para engañarse a sí mismas; todo lo temeroso necesita alardear de indiferencia”.

Hace algunos meses un compañero de la Asociación de Combatientes habló conmigo sobre un problema de corrupción y desvío de recursos que estaba cometiendo el jefe de su centro de trabajo. Inmediatamente lo puse en contacto con el DTI, al que le dio toda le información que conocía.  Según el oficial del DTI esta colaboración les ahorro meses de investigación, además de conocer que no podían confiar en el jefe de aquel centro.
Unos meses después el compañero de la Asociación de Combatientes, un poco molesto me dijo que no habían hecho nada, que aquel ciudadano continuaba robando a manos llenas.  Yo le aconsejé tener calma…  En la última reunión el compañero se me acercó, su cara era distinta: “Cogieron al hombre”, me dijo, “pero además cayeron otros quince, incluyendo dos del propio centro sobre los cuales no tenía sospecha alguna. Valió la pena esperar, me siento satisfecho de que la revolución les pasó la cuenta”.

Nuestro enemigo principal trata por todos los medios de afectar la imagen pública de la revolución.  Aquellas acciones que se apartan de nuestros principios son dadas a la publicidad con toda la fuerza posible y muchas veces magnificadas. Después las incluyen como un tema más dentro de su campaña mediática. Los que realizan actos de corrupción, desvíos de recursos y delitos económicos, están actuando acorde a los intereses de nuestros enemigos. Los revolucionarios al denunciar estas situaciones no debemos proporcionar al enemigo elementos que puedan explotar. Que los exploten si quieren después que la justicia revolucionaria se ha hecho cargo de los transgresores, después que nuestro gobierno, como siempre hace, informa públicamente lo sucedido y las medidas aplicadas a los mismos. Si la prensa hostil a Cuba habla de eso, dará una muestra de lo que significa la justicia revolucionaria, que no conoce  privilegios ni componendas. Esos y otros males, hay que extirparlos de raíz. No admiten  pañitos calientes que dan la impresión de que se ataca la enfermedad, cuando en realidad no se está haciendo. Hay que ponerse los pantalones y denunciar el hecho que se conoce a las autoridades correspondientes.

Finalizo este escrito con Martí, el artículo que el mismo escribió se titula “A la raíz”, publicado en el periódico Patria el 26 de agosto de 1893. Este artículo lo termina nuestro Héroe Nacional planteando: “A la raíz va el hombre verdadero.  Radical no es más que eso: el que va a las raíces.  No se llame radical quién no vea las cosas en su fondo.  Ni hombre, quién no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres”

Néstor García Iturbe, Dr. en Ciencias Históricas, Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, MINREX; Investigador Titular del Instituto de Historia de Cuba; Escritor y Experto en Estados Unidos

Boletín Informativo El Heraldo EDITOR Néstor García Iturbe